Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Tite Kubo, a mi solo me pertenece mi OC.
Luke
Cuando veo que se desmaya temo. Temo que mi poder no haya sido lo suficientemente fuerte como para que ella siga aquí, y sobretodo temo no poder volver a traerla, dándome cuenta de lo débil que realmente sigo siendo y que soy. Y soy consciente de que no valgo ni para eso.
Trato de negarme a seguir pensando en ello, aunque soy consciente de que no voy a poder evitarlo. Que aquello que tengo en la cabeza volverá y que seguirá volviendo. Una vez que entras en la espiral es imposible salir de ella.
Trago saliva, aunque parece que ni siquiera eso puede pasar por el nudo que tengo formado en la garganta. Acerco mis dos dedos a su cuello buscando su pulso como única esperanza que realmente no tengo, y creo que por eso mismo me choca notar sus latidos.
Me siento exhausto. Traerla ha sido demasiado poder para mí, y hacerle recordar su muerte ha acabado con todas mis fuerzas. Aunque tampoco sé cuánto tiempo podría aguantar tenerla aquí conmigo. Sin lugar a dudas gastara una gran cantidad de mana, y seguramente incluso haya días que no pueda casi ni caminar. Pero ahora mismo no me importa como estaré yo, al igual que nunca me ha importado.
No sé cuánto tiempo ha pasado hasta que por fin puedo intentar levantarme. Me agacho para coger a Hisana en brazos y llevarla conmigo a mi refugio. Qué, aunque no sea muy grande, es una pequeña casa a la que casi nadie se suele acercar.
Es el lugar perfecto para mí, al igual que es mi prisión.
Cuando llego dejo a Hisana sobre mi cama y me quedo un rato observándola. Al contrario que antes ahora parece estar más relajada, supongo que ya habrá recordado todo y ahora tan solo está sumergida en un profundo sueño hasta que recobre fuerzas. Paso una mano por su rostro en una leve caricia sin llegar a saber cuánto tiempo llevaba sin poder tocar a otra persona.
Voy hasta la cocina y comienzo a preparar algo, supongo que ella tendrá hambre cuando se despierte. No podría decir a ciencia cierta cuando se levantará, por lo que al terminar de hacer la comida me tumbo en el sofá, pensando en lo que acabo de hacer. No sé si traerla ha sido lo correcto o no, y tampoco quiero pensar en ello porque ni siquiera es algo que me importe, lo único importante es que, le guste o no, ella ahora está conmigo y nadie más sabe que ella ahora está con vida. Claro está, hasta el momento en el que yo decida que deba estar muerta.
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Cuando escuchó un sonido me despierto moviendo el cuello entumecido. Me siento y veo que ella acaba de salir de la habitación y se encuentra observándome, con aquella extraña tranquilidad con la que me veía en el bosque. Algo extraño que hace que me den ganas de sonreír, pero no lo hago porque pensaría que me estaría burlando de ella.
-¿Tienes hambre?- es lo único que le pregunto. Siempre se me ha dado mal interactuar con la gente. Ella solo asiente con timidez.
Puedo observar que su rostro está más apagado que antes, y supongo que debe ser de tristeza, al fin y al cabo acaba de descubrir que está muerta.
Me dirijo hasta la cocina y veo que ella también me sigue. Le señalo la mesa para que tome asiento, saco dos platos y me dispongo a calentar la comida que ya se había quedado fría. Mientras espero a que suene el pitido del microondas me apoyo en la encimera y la observo. Al contrario que antes no veo ningún brillo en su rostro y parece que ni siquiera quiere mirarme. Parece un pequeño cordero al que están a punto de llevar al matadero. Me muerdo el labio mirando a otro lado porque creo que no puedo aguantar si quiera que ella este así.
-No es tan malo.- le digo encogiéndome de hombros.- piensa que ahora estas viva y ya.
Ella me observa un momento y después vuelva a mirar a la mesa. Yo me giro porque creo que no puede verla así y el pitido del microondas hace que me mueva mecánicamente; sin pensar si quiera, saco su plato y es cuando me vuelvo a girar que la veo. Veo como las lágrimas van bajando por su rostro en silencio. Y yo me quedo completamente paralizado ignorando el calor que abrasa mi mano.
Nunca he visto a nadie llorando, nunca he visto como se le ha tratado a la gente cuando esta así. Ni siquiera la conozco para saber cómo puedo hacerla sentir mejor. Y verla así tan solo hace que yo me sienta desconcertado, perdido. Dejo el plato sobre la mesa, aprieto los puños y aparto otra vez la mirada arrepintiéndome de haberla traído. De haber hecho que ella vuelva a la vida para tratar de apagar mi soledad, pero trayendo su sufrimiento con ello.
Mátala.
La oscuridad que hay dentro de mí me susurra. La oscuridad que día a día trata de volverme un asesino y contra la que trato de luchar, la que creía que durante meses por fin estaba dormida en un intento de aislarme del mundo.
Otra vez sigue ahí.
Otra vez vuelve a aparecer.
Y esta vez soy yo quien se sienta en el suelo escondiendo mi rostro en las rodillas en un intento de controlarlo.
-Dime…- le susurro a Hisana- ¿Qué puedo hacer? ¿Qué quieres que haga?
Mátala. Absorbe su vida y serás más fuerte. Ella solo hace que estés debilitado.
No. No puedo hacerlo, no quiero matar a nadie.
Mátala.
No. Si lo hiciera volvería a estar solo.
Hazlo. Mátala.
No. El único que tendría que morir soy yo.
Mátala.
-¡Para! ¡Cállate de una vez!
No soy consciente de que he gritado al igual que tampoco soy consciente de que ahora soy yo quien ha empezado a llorar, ni tan siquiera me he dado cuenta de que ella está a mi lado hasta que ha puesto una mano sobre mi hombro y ahora ella es quien esta desconcertada. Yo tan solo la observo, sin saber que decir.
-No te estaba hablando- es lo único que ella me dice.
-Lo sé.- no quiero decirle nada. No quiero tener que explicarle que la oscuridad me habla siempre que estoy con alguien más.- ¿Qué quieres que haga?
-¿A qué te refieres?
-A ti. Estar aquí, darte cuenta de todo esto, ha hecho que estés así, llorando.
-¿Me estas preguntando si quiero seguir viva o estar muerta?- yo calló. Mientras veo que ella se seca sus lágrimas- no es fácil estar así, vale. Saber que llevas muerta 50 años. Pero… no quiero seguir muerta.- y yo no entiendo porque ella quiere vivir cuando yo haría lo que fuera por poder morir.
-No creo que estés segura estando a mi lado. Y lejos de mi no podrías seguir viviendo. Mi poder tiene un límite.
-No creo que me hagas ningún daño.
