Titiritero y la Bandida

Desperté con el costado de mi cuerpo vendado. Una enfermera se llevaba un kunai para limpiarlo. Me incorporé dolorido. La enfermería estaba llena de pacientes, pero no encontraba por ningún lado a mis amigas. Un violín me sobresaltó. Nadie me vigilaba. Sigilosamente, me escabullí afuera.

El día era esplendido. Matilda dibujaba árboles y Violeta tocaba su violín distraídamente.

-Ah, ahí estás- me recibió- Ven, Kakashi quiere vernos.

El Junin nos esperaba leyendo Icha Icha, la novela para adultos de Jiraiya.

-Buenas noticias, Genins. El concejo de maestros los ha premiado por su actuación frente al ataque de anoche. Podrán elegir su primer misión de entre estas tres.

De su mochila, extrajo cuatro pergaminos, uno con el sello de mi aldea, uno con el sello de la aldea de Violeta y uno con el sello de la aldea de Matilda. El último, tenía los tres sellos, pero fue rápidamente guardado por el sensei.

-Bien, elijan, no tengo todo el día.

Cada uno de nosotros abrió el pergamino de su aldea. Las misiones eran simples, transporte de objetos o personas peligrosas, extinción de incendios, captura de bandidos. Ninguna era muy fácil, pero tampoco eran interesantes.

-¿Quién de nosotros elige?- pregunté, cuando le devolvimos los pergaminos al sensei.

-Yo creo que nuestra artista debe elegir- dijo Violeta, mirando a Matilda.

-Elijo la misión que has guardado en tu mochila- contestó finalmente.

Kakashi sonrió. Evidentemente nos había mostrado esa misión a propósito. Nos entregó el pergamino y desapareció. La misión era de rango B pero tenía un muy buen pago. Una chica de la clase alta de la Aldea de la Arena y un chico de la Aldea de la Hoja buscaban a dos amigos suyos que, creían, estaban juntos. No entendíamos por qué era de clase B. El último indicio era que estaban en un oasis cercano a la Aldea del Sonido. Las tres aldeas se unían en una misión.

-¿Cómo vamos a llegar hasta allá?- pregunté.

-Será mejor que empecemos a caminar- contestó Violeta.

Caminamos todo el día y a la noche acampamos. Ninguno de nosotros sabía cocinar así que comimos la comida enlatada. Estaba por ofrecerme a hacer la primer guardia cuando Matilda se ofreció.

-Ahm, la oscuridad es su elemento, dejala-dijo Violeta, y se acurrucó en su manta.

Matilda no durmió en toda la noche.

Al día siguiente, llegamos al oasis. Una enorme extensión de verde, con muchos árboles, arbustos de bayas, animales y lagos. Era una vista perfecta, si no tuvieramos en cuenta los dos cadáveres cuya sangre regaba dos arbustos de frutos rojos, rojos como la sangre.

-¿Son… son esos?

-Claro que no- dijo una voz a nuestras espaldas- Supongo que nos buscan a nosotros.

Sobre un árbol, un chico con marcas de pintura violeta en la cara y una túnica negra nos miraba. En su espalda tenía dos terrorificas momias. A su lado, una chica vestida de rosa con dos rodetes, afilaba un kunai.

-Larguense- continuó el chico- no tienen nada que hacer aquí.

-¿Eres Kankuro, no es así?- le pregunté, armandome de valor- Soy de tu aldea, te están buscando.

-Denle el premio al chico-contestó, sarcástico- Claro que soy Kankuro. Y ella es Tenten.

La chica dejó su kunai y nos miró. En sus ojos había algo oscuro, al igual que en los de Kankuro. Una oscuridad que había visto… en los ojos de Toroi.

-¿Y qué hacen aquí?-pregunté para ganar tiempo, mientras, disimuladamente, trataba de que mi equipo mirara sus ojos.

-Bueno, puedo decirte, pero tendría que matarte.

Mis amigas miraron sus ojos y comprendieron.

-Adelante- dijo Violeta- intentalo.

Los tres levantamos nuestras armas y nos pusimos en posición.

-Mmm… ¡Es injusto! Ustedes son más- se quejó Tenten, falsamente.

-Eso es… ¡Equilibremos!-dijo Kankuro.

Rápido como la luz, agarró una de las vendas se sus momias y tiró de ella. La más grande comenzó a girar rápidamente y a volar hacia los arbustos de sangre. Allí, agarraró a los cadáveres y los movió como marionetas, marionetas humanas dispuestas a atacar.

Divide y vénceras.

Violeta levantó su violín y enfrentó a las marionetas. Tenten separó a Matilda con su arsenal de armas. Kankuro desenfundó su última momia y saltó hacia mí. Debo confesar que estaba asustado. Kankuro debía de pesar el doble que yo y francamente sus momias daban miedo. Corrió hacia mí y me golpeó. Salí despedido y caí al agua. A mi lado, Matilda esquivaba ataques mientras dibujaba frenéticamente jutsus de protección. Violeta tocaba notas al azar en su violín buscando la combinación que detuviera a las marionetas que… ¿Le lanzaban fruta?

Me concentré en Kankuro. Era de mi aldea… Aldea de la Arena. Elemento Tierra. Elemento Aire. Títeres… Títeres… Los títeres son oscuros… ¿Funcionaría…?

Levanté mi Kunai. Un simple movimiento de manos lo rodeó de agua. Se lo lancé con todas mis fuerzas. Un truco de principiante. Lo apartó de un manotazo y el kunai fue a para a un árbol. Cerca de allí, Tenten desenrrollaba dos pergaminos y lanzaba armas a velocidades extremas a una Matilda herida que dibujaba más y más sellos de protección. Violeta apartó su violín. Se la veía cansada pero decidida. Se lanzó hacia las marionetas.

Sentí una sombra detrás mío. La momia de Kankuro me atrapó con sus vendajes y su dueño corrió hacia mí con mi propio kunai, dispuesto a atravesarme. Esto iba a doler…

-Jutsu Remplazo de Luz.

Empecé a girar y mis heridas del pecho perdieron sus vendas. Cambié de lugar con la momia y la atrapé.

-Jutsu Lupa.

Levanté mi kunai de reserva. La luz del Sol impactó sobre él y fue proyectada sobre las vendas que se prendieron fuego. Mi velocidad de la luz fue mayor a la de Kankuro que lo notó muy tarde. Chocó de lleno contra su momia.

Miré a mis amigas. Violeta tomó un fruto de sangre y lo aplastó contra el piso. Luego usó un pergamino médico y la sangre volvió a los cadáveres quienes obtuvieron peso y fueron demasiado para la marioneta. La aplastaron. Luego le lanzó un kunai a Tenten que estaba distraída. Lo bloqueó a tiempo pero no vio el sello de Recuperación de Matilda. Cayó del árbol.

Matilda corrió hacia Kankuro y utilizó el mismo sello. Cayó desmayada pero los ojos negros desaparecieron.

Mi costado comenzó a sangrar. Yo también me desplomé.

-¿Tengo que cargar con todos?- gritó Violeta.

Todos estabamos destruidos.

-Está bien, me ayudarán las marionetas- suspiró, resignada.

Tres días después, recibimos la recompensa. Grata fue mi sorpresa al ver que uno de mis clientes era la sexy rubia que me ayudó el día de graduación, la hermana de Kankuro. Debió ver mi cara de bobo porque, luego de pagarme, me beso en la mejilla.

-Pareces idiota- se burló Violeta.

No importaba...