Capítulo 2
Provocando la locura
La semana había transcurrido con tranquilidad.
Dos arresto por exceso de velocidad; paseos con Henry, hablando por supuesto de las historias de ese libro que ya se sabía de memoria; cuatro o cinco peleas con Regina; una cena en lo de la abuelita, donde Mary Margaret le había presentado a Ruby, la nieta del a dueña del restorán aunque ella ya la conocía de palabra y no precisamente por su amiga; y no mucho más para ser sincera.
Hoy, durante el descanso, habían quedado para junarse e ir a tomar unos tragos. Le agradaba la idea de hacer algo diferente. Por lo tanto, luego de que terminara su turno, pasaría a buscar a Margaret al apartamento y se reunirían con Ruby y unas amigas suyas para ir al antro que tanto habían mencionado durante el almuerzo. A decir verdad, poco le importaba el lugar, mientras vendieran alcohol y hubiera buena música, era más que suficiente.
La necesidad la estaba saturando y por una de las razones que había aceptado ir, era para ver si pescaba algo…sí, necesitaba sexo duro, salvaje y sucio…muy sucio.
De los siete días que completaron la semana, cuatro había dormido en la misma cama que su compañera de piso, y no era que no se hubiera sentido alagada cuando le había expresado, con sus mejillas sonrosadas, que entre sus brazos dormía como nunca lo había hecho, pero su cuerpo estaba a punto de explotar y necesitaba con urgencia liberar la tensión acumulada…Mary Margaret la estaba volviendo loca.
—¡Algo te ocurre!—habló Graham, al otro lado del escritorio y balanceándose en su silla.
—Todo me ocurre—bufó, con todas las ganas de arrancase los pelos.
—Déjame adivinar—sonrió, haciendo girar un lápiz entre sus dedos—. Mary Margaret.
—¿Es tan evidente?—dijo, mirándolo de golpe.
—Tienes unas ojeras que parecen bolsas—señaló con la punta del lápiz.
—Me está volviendo loca—confesó, con gesto agotado.
—¿Por qué no se lo dices?—aconsejó con tranquilidad, como si simplemente estuvieran hablando del tiempo.
—No, ni de broma, es mi amiga—negó con efusividad y una mezcla de pánico—. Además a ella no le gustan las mujeres—descartó con seguridad.
—¿Y eso tú como lo sabes?
—Porque le gusta David—contó, poniendo sus ojos en blanco. El pobre hombre no tenía la culpa, pero una cosa era segura…desde ya que no le caía, ni siquiera un poco.
—¿David, el esposo de Kathryn?—inquirió, frunciendo las cejas.
—El mismo—asintió.
—Pero te pide que la abraces todas las noches…es raro, ¿no te parece?
—Se siente protegida, no lo sé—dijo, exasperada.
—Si fuera tú, tantearía el terreno, tal vez te llevas una sorpresa—incitó.
—Sí, ya, y luego tocaré el timbre de tu casa para pedirte asilo político, porque de seguro mis cosas no serán las únicas que volarán por la ventana—expresó con dramatismo—. Ya es la hora—avisó poniéndose en pie para colocarse su chaqueta roja—. Deséame suerte para esta noche.
—Ni que lo digas— sonrió divertido—. Cruzaré los dedos para que encuentres una morocha de pelo corto y ojos verdes, y si es maestra de escuela mejor, ¿no?—bromeó, aguantando la risa.
—¡Jajajaja, muy gracioso!—dijo, arrojándole una carpeta que se encontraba sobre el escritorio—. Nos vemos mañana.
—¡Que te diviertas!—la despidió.
—Es bueno tenerte de compañero—se frenó en la puerta.
Nunca había sido muy demostrativa, pero con Graham era diferente. Había resultado ser un buen amigo confiable y eso no se encontraba habitualmente.
— Gracias por soportar ser mi confidente—asintió, con una giñada.
—¡Quiero detalles!—le aclaró, masticando su sándwich—. Tendrás que confirmarme si soy buen consejero.
—¡Ni lo sueñes!—rió negando, saliendo de la comisaria, dejándolo con su ronda nocturna.
—¿Qué llevas puesto?, ¿acaso irás así?—trató de no chillar demasiado, pero sin éxito.
—¿Me veo tan mal?—preguntó Mary Margaret, con gesto preocupado mirándose el corto, blanco y medio transparente vestido de gaza con breteles.
—No, quiero decir, yo…es que no creí—balbuceó, haciéndole una radiografía completa—. Olvídalo, te vez bien—se giró para ocultar el chorrete de baba—. Mejor vámonos de una vez, antes de que me arrepienta—apuró, batallando consigo misma si debía permitir que saliera con ese diminuto y sugerente vestido.
Es adulta, puede ponerse lo que le plazca…pero, ¿por qué no había elegido uno de sus atuendos de maestra? Eran largos, con mangas, con estampados horribles…eran perfectos.
—¿No te cambiarás?—preguntó, sacándola de sus divagaciones.
¿En qué momento había llegado a la entrada?, se preguntó.
Esto era serio, tenía que desahogarse, sus lagunas mentales la estaban afectando…mejor dicho, toda ella la estaba desquiciando.
—No es como si mi otra muda de ropa fuese diferente a esta—dijo, sosteniendo la puerta mientras su amiga se colocaba sobre sus hombros un fino saco negro—. Además ya es tarde y si entro a ducharme las haremos esperar.
—Está bien—aceptó sin replicas, saliendo del apartamento.
El barullo se sentía desde la calle.
Ruby y dos chicas más, las estaban esperando en la puerta.
—Justo a tiempo—saludó Ruby a las recién llegadas.
—Entremos, muero por un tequila—apuró Ashley, sonriéndole al guardia que se encontraba en la puerta, después de haber saludado a sus nuevas compañeras de tragos.
—Sí, vamos.
El lugar estaba atestado.
—Creo que allí,—señaló Emma, levantando su brazo, indicando al final de la barra—hay una mesa vacía.
Las cinco lograron atravesar la masa de gente y efectivamente consiguieron una pequeña mesa, pegada a la pared del fondo del local.
—Veré si consigo dos sillas—avisó Loren, haciéndose camino al mostrador principal.
—Genial, iré por alcohol, ¿qué quieren tomar?—preguntó Ruby.
—Cerveza—dijo Emma.
—Para mí también—agregó Mary Margaret.
—Ya regreso.
Dos rondas de bebidas y Ashley estaba para devolverla a su marido.
Emma se rió con ganas al verla zarandearse, porque eso era, aunque ella dijera que estuviera bailando. Observó a Ruby, concentrada en beber el tercer daiquiri y apretando la mandíbula, se dijo: Al cuerno, es preciosa y la música se presta. Obvio que no haría nada con ella, su compañero la mataría, pero pondría inicio a su plan de buscar alguna chica entre la multitud cuando llegaran a la pista de baile.
—¿Quieres bailar?—invitó, alzando una de sus cejas, inclinándose hacia ella.
—No, no quiere—intervino Mary Margaret, pellizcando a Ruby en la pierna, olvidándose de sutilezas—. No sabe bailar—afirmó, enderezándose en su asiento para observarlas a ambas.
—Gracias, Emma, pero Mary tiene razón…soy pésima bailando—mintió, corriendo su silla para escapar de las uñas su amiga.
Emma quería refutar, sabía que estaba mintiendo. La había visto cuando habían ingresado al bar y sus movimientos no eran precisamente de una persona que se tropezara con sus propios pies, al contrario. ¿Y por que Margaret la miraba como queriéndola asesinar?
—Si quieres bailar, ven—propuso Margaret, estirando su mano para que la tomara.
—Sí, de acuerdo, está bien…—aceptó sin tener otra opción.
Emma tomó su vaso de cerveza de un solo trago y se dejó arrastrar hasta la pista de baile bajo la atenta y divertida mirada de Ruby. ¿Pero qué demonios había ocurrido?
—¡No se pierdan!—gritó la morena, llamando al cantinero para que trajera a la mesa una nueva ronda de tragos.
La canción no era ni rápida ni lenta, tenía un ritmo que su amiga estaba definiendo demasiado bien para sus atontados sentidos. La letra decía algo de hacerlo despacito y respirarse en el oído…
¡Por amor a los dioses!, exclamó su cerebro al verla darse la vuelta balanceándose con lentitud para pegarse a su pecho y vientre, meneando su redondo trasero.
¿Estaba subiendo la temperatura o era ella?, se preguntó, desprendiéndose los dos primeros botones de la camisa, moviéndose a la par con sus ojos idiotizados.
Moriré, moriré aquí mismo de un colapso, gritó por dentro, cerrando los ojos y pegando el rostro a su cabello para aspirar profundo ese dulce aroma a cerezas. Animándose a abrazarla por la cintura, la atrajo a su cuerpo para marcar los pasos.
—Bailas bien—elogió, girando su rostro con una sonrisa, sin dejar de torturarla con sus sensuales movimientos.
—Y tú no deberías mover el trasero como lo estás haciendo—se le escapó al sentir un fuerte tirón en su parte baja.
¿Por qué le dio la sensación que lo estaba haciendo peor? ¿Qué se estaba pegando a su jean, incrementando el contacto?
Observó sus hombros, su cuello, sin soltar el fuerte agarre en su cadera….
Ya es suficiente, si no lo frenaba ahora, su amiga terminaría empalada delante de todo Storybrooke. Le levantaría el vestido de un solo movimiento y la tomaría así, de espalda y sin prepararla siquiera.
—Volvamos a la mesa—dijo separándose de golpe, con la vena de su cuello bombeando enloquecida.
No habían terminado de bailar la segunda canción, pero eso daba igual.
—De acuerdo—asintió, estrechando sus cejas, y siguiéndola.
Después de beberse casi una cerveza completa su estado se había calmado. Las chicas eran divertidas y se conformó escuchando sus disparates, sonriendo de vez en cuando.
—Voy al baño, ya regreso—dijo, retirando la silla.
—¡Espera, deja que te acompañe!—se apuró a decir Margaret, levantándose como resorte.
Emma no dijo nada, ¿qué le ocurría? ¿Acaso no habían ido para divertirse?
Por un demonio, no era que se fuera a ir, solo iba al baño, pero parecía que Margaret no estaba dispuesta a dejarla respirar por su cuenta.
La vio delante de ella, guiando el camino entre la gente y no supo que pensar. Su mente se había quedado en blanco…blanco como el vestido que se contorneaba frente a sus ojos.
Emma sacudió su cabeza…había aceptado venir por un propósito y estaba claro que su compañera de cuarto, consciente o no, no estaba dispuesta a que lo cumpliera.
Para lo que estaba acostumbrada, no había bebido tanto, ni siquiera se sentía mareada, era muy decepcionante.
Mary Margaret al segundo vaso de cerveza había dicho, entre risas, que no bebería más, ya que mañana su turno comenzaría una hora antes. Estaba segura que solo había sido una escusa. Lo había hecho más que apropósito, solo para estar alerta de sus movimientos . Era eso, o su paranoia se le había agudizado a un punto sin retorno.
La observó de reojo y a pesar de que la salida había sido un chasco, no pudo enojarse con ella, ¿cómo hacerlo si esa bella sonrisa no abandonaba su rostro?
Salieron del local y despidiéndose entre risas, emprendieron la vuelta.
El camino de regreso había sido en absoluto silencio.
La noche estaba fresca y Emma, caminando con sus manos en los bolsillos de su jean, suspiró agotada mentalmente.
—¿Has pasado bien?—preguntó Margaret, que seguía sus pasos por la calle desierta.
—Supongo—dijo, sin entusiasmo y encogiéndose de hombros.
Lo único que su mente podía pensar era en llegar al apartamento para darse una ducha fría. Y observando el cielo nocturno, rogó para que esa noche pudiera dormir en soledad. No había podido concretar con nadie, y no había sido por falta de esfuerzos, su amiga había interceptado cada una de sus chances. Deseaba acomodarse en la cama y por lo menos tocarse…sí, eso era lo que necesitaba una buena masturbada sin que nadie la interrumpiera, ¿era mucho pedir?
—A mi me ha parecido que fue una buena noche—siguió, abrazándose por el frío. Tendría que haber traído un saco más grueso, pensó, sin desacelerar el paso—. La música estuvo bien, ha sido divertido.
Emma sonrió a penas, abriendo la entrada del edificio para dejarla ingresar primero. De verdad que no quería entablar una conversación, no ahora. Ingresaría al apartamento, al baño y a la cama…en ese mismo orden y velocidad.
Subieron las escaleras, Margaret abrió la puerta del apartamento, y cuando Emma, se disponía a pasar llave para finalizar la noche, con determinación se situó en el centro de la sala.
—¡Hazme el amor, Emma!—dijo, haciendo que se girara con los ojos a punto de salirse.
—Pe…pero, no tomaste nada, no estás borracha—se atragantó cuando la vio deslizar los breteles de sus preciosos hombros.
¿Había escuchado bien? Tal vez se había desmayado en el bar por una borrachera y estaba alucinando. Sí, eso debía ser, ahora mismo estaría despatarrada en una silla.
—No lo estoy—confirmó, dejando que su vestido cayera en su totalidad, revelando su pequeño juego de ropa interior, color durazno y de encaje.
Pero para ser producto de su imaginación, se veía muy…pero muy real, se dijo, inmóvil y sin saber que hacer realmente.
—Entonces, tú..lo dices…—balbuceó, con su corazón latiéndole a mil.
—Sí, lo estoy diciendo en serio—asintió, acercándose a ella.
Margaret sostuvo sus manos acariciándolas con los pulgares y con lentitud, las llevó a su propia cintura.
Eso fue demasiado para su juicio, sin pensarlo asaltó su boca en un beso desesperado. Si era un simple sueño se despertaría en el acto.
En un limpio movimiento la sujetó de la cadera para colocarla en su cintura y avanzar sin separar los labios de los suyos. La sentó sobre la mesada de la cocina, y quedando entre sus piernas, apoyó su frente con la de ella, para respirar un momento.
No estaba divagando…estaba sucediendo realmente. Le había pedido que la hiciera suya.
—Eres hermosa…demasiado hermosa—susurró, sosteniéndole el rostro con ambas manos—. ¿Te das cuenta que me enloqueciste toda la noche?—soltó, dejando libre todo lo que su cerebro había maquinado desde que habían iniciado la salida.
—Perdón, pero no podía dejar que te fueras con alguna chica—habló bajito y acariciando sus brazos.
—¿Por qué?—preguntó, con sincera curiosidad—. ¿Dime por qué no dejaste de torturarme, sabiendo que tengo una seria debilidad por cierto género?
—Porque casi muero de celos cuanto intentaste coquetear con Ruby—confesó, ocultando su rostro, pegándose a su cuello.
—¿Coquetear con Ruby?, pero…¿Eso quiere decir que sientes algo por mí?—quiso saber, apartándola solo un poco para poder observarla.
—Solo sé que no quiero que estés con nadie y no sé qué significa, pero…
—Significa que eres increíblemente posesiva,—concluyó con una amplia sonrisa— y lo demostraste, ya lo creo—confirmó—. ¿Eres consciente que casi muero de un infarto cuando bailamos juntas?, ¿qué estuve a nada de cometer una locura?—le hizo saber, masajeando su cintura.
—No era esa mi intención—dijo apenada.
—No dejabas de refregarme este precioso y redondo trasero—contó, apretándolo con las dos manos—. Si no era esa tu intención, ¿cuál entonces?
—Bueno, logré mantenerte entretenida, básicamente ese era mi plan—dijo avergonzada.
—Eres perversa—susurró, capturando sus labios.
Sabían riquísimo, y le urgía probarla entera. Hacía años que no sentía el hambre y la urgencia que estaba experimentando.
—Yo…yo nunca estuve con una chica—se separó un momento, recuperando el aire y con su mejillas encendidas—. No sé cómo..
—Shhh, no te preocupes, seré delicada para ti—le dijo besando la curva de su cuello a la vez que sus manos comenzaron a recorrer su espalda, encontrando el clip del sujetador.
—No quiero que lo seas—negó, ayudándola a deshacerse de su sostén.
Emma alzó una ceja, sugestiva, mirando sus ojos un momento.
—¿A qué te refieres, exactamente?—quiso cerciorarse, antes de continuar.
—Quiero que me lo hagas como si hubiera sido la chica que tanto ansiabas conseguir esta noche—dijo mojándose los labios.
Emma quedó sin habla. No podía mostrarle esa faceta suya, no en la primera noche. No con ella.
—Quiero saber cuáles eran tus intenciones si lograbas escabullirte con alguien.
—¿Estás segura de lo que me estás pidiendo?
—Lo estoy—confirmó, expectante.
Emma exhaló hondo, nunca le había temblado el pulso a la hora de tener relaciones , pero era distinto…Mary Margaret era distinta. Sucio, duro y salvaje, no hacían juego con ella, pero…si lo deseaba, ¿quién era para negárselo?, se dijo.
—De acuerdo, señorita Blanchard—susurró, quitándole la ultima prenda interior que restaba para dejarla como había venido al mundo—. ¡Mírame!—pidió, pero con firmeza.
Emma se llevó dos dedos a la boca y bajo su atenta e inocente mirada, los introdujo en su boca un par de veces. Abrió más sus piernas y tanteando su entrada los deslizó en su interior de un solo movimiento, abalanzándose para explorar cada rincón de sus carnosos labios entre abiertos.
Rápido, urgente y sin previa, así era como lo había imaginado. Entrar y salir de ella sin pausas, hasta que gritara su nombre.
Mary Margaret ahogó una exclamación, deteniendo el beso para gemir rozando sus labios.
—¿Hace cuanto que tú no…? ¡Dioses!
Emma no logró terminar la pregunta, se sentía tan estrecha…exquisitamente apretada…Sentirla como se abrazaba a ella, gimiendo en su oído mientras sus caderas comenzaban a moverse acoplándose perfectamente a su mano, era demasiado para su propia excitación.
—Ahhh…hace mucho…demasiado—jadeó, sosteniéndose de su cuello, con los ojos fuertemente apretados.
Acelerando las envestidas, llevó su boca para capturar uno de sus pezones endurecidos y succionar con fuerza.
—Emma..creo que me…
—¡Eso es, suéltalo!—animó aferrándose de su trasero para intensificar los movimientos, empujando en su interior de forma dura y marcada—. ¿Te gusta así?—preguntó mordiendo la piel expuesta de su blanco cuello—. ¿Así era como querías que te lo hiciera?
—Síiii…ahhhh, no puedo…me vengo—casi gritó, clavando sus uñas en las hombros de Emma, que no había tenido ni tiempo de quitarse su chaqueta.
El jadeó se hizo más profundo y Mary Margaret, dejó caer su cabeza hacia atrás, cuando todo su cuerpo convulsionó por el anunciado orgasmo.
—Eso es, demuéstrame cuanto te gustan mis atenciones —incitó a punto de enloquecer cuando sus piernas se cerraron con fuerza alrededor de su cintura, finalizando la liberación en un largo y sonoro jadeo entrecortado.
Aguardando un momento para que los espasmos, lentamente desaparecieran, con un delicado beso, retiró sus dedos con suavidad provocándole un último gemido. Atrayéndola, la sostuvo entre sus brazos, dejando que su sudoroso y exhausto cuerpo se tranquilizara.
—¿Te gustó?—preguntó en su oído, calmando su corazón.
—Me encantó…yo hace tanto que no…fue ufff—confirmó, con una risita graciosa—. Has dicho cosas sucias.
—¿Muy sucias?—preguntó, besándola con una picara sonrisa—. No creo haberme pasado.
—Quiero tocarte también—dijo, tomándose unos segundos antes de hablar.
—¡Oh, sí!—suspiró Emma, mordiéndose el labio—. Estaba esperando que lo dijeras. No quería terminar la noche masturbándome en la tina.
—Eres guarra—rió.
—No sabes cuánto—afirmó, bajándola de la mesada y apurándose para desprender los botones de su jean. Pero cuando intentó hacerlo, Mary Margaret detuvo sus movimientos.
—Déjame hacerlo—pidió, mirándola con intensidad.
—Por supuesto…toda tuya—aceptó, extendiendo sus brazos y dejándose hacer.
Bueno, nuevo capítulo y seguimos con el experimento. Emma ha sufrido durante una semana completa, pero tuvo su recompensa jaja. Espero que les gustara. Recuerden que seguiré actualizado si es que los comentarios, favoritos y seguidores siguen subiendo, así quee...a ello chicas/os. Escriban y digan que les ha parecido este capítulo :)
Abrazo y buena semana para todos.
Miloshane: Muchas gracias! Espero que este cap también te gustara. Margaret ha enloquecido a Emma por una semana completa jaja.
Ragamuffin47: Me alegra que te gustara el primer cap. No, no será un trío, el pequeño acercamiento de Swan/Queen y de Snow/Queen no será estrictamente como lo piensan (lo dejo picando jaja).
Tokha Chan: Qué bueno que te gustara! La verdad es que no encontré ninguno con esta pareja y me dije: Ok, tengo que hacerlo, por lo menos para saber si a alguien le interesa.
Lulairs: Gracias por tu comentario. Veremos como sigue avanzando la historia. Ahora todo es color de rosa, el tema será cuando la maldición se rompa y descubran quienes son en realidad :)
