¡Buenas tardes! Estrenamos cuenta con esta primera historia (primera primerísima, desde tiempos inmemoriales jaja). Pusimos la sinopsis en un capítulo aparte porque básicamente no entraba en el mini espacio que dejan para el resumen. Y tampoco pensamos que quedase bien meterla en conjunto con el primer capítulo jaja. Avisar de antemano que esta historia se subirá también en otras páginas (Fanfic y Wattpad) bajo el seno de otra cuenta que tiene el mismo nombre (Belicochas).
Ya entrando en un ámbito más concreto, advertiros que esta historia es narrada en primera persona desde la perspectiva de diferentes personajes (aunque habrá dos que tengan un mayor protagonismo). En este caso, el presente capítulo es narrado por la chica protagonista, Ice. ¡Ah, por cierto! La letra en negrita y cursiva son los pensamientos de los personajes (en este caso, Ice)
Solo nos queda decir, que esperemos que los disfrutéis ;)
CAPÍTULO 1: La chica de hielo: Ice Rivers Tears.
Repentinamente un sonido desagradable proveniente de la alarma de mi móvil hizo que me despertara de mi profundo sueño. Lo único que recordaba de este era una especie de medallón plateado que tenía grabado, lo que parecía, un escudo, cuya forma ni siquiera recordaba… Un sueño realmente peculiar, para qué engañar. Vi el móvil y eran las ocho de la mañana…
Bonita hora para despertarse uno.
Miré a mis alrededores y ya pude ver la tímida luz natural que penetrara en mi habitación a través de los pequeños huecos de la persiana. Si ya me costaba despertarme tan temprano, levantarme de la cama era un auténtico suplicio... Sobre todo si te encontrabas por el camino con una serie de obstáculos, como podrían ser unas simples sábanas desperdigadas de una forma un tanto traicionera a lo largo y ancho del suelo, llegando a formar, incluso, pequeños montículos de ropa.
Me acerqué a la ventana lentamente para subir la persiana y contemplar el hermoso día que cabía esperar: con sus cielos despejados e iluminados por los radiantes rayos de sol, acompañados de los dulces y harmoniosos cánticos mañaneros de los pajarillos, propiciando así un ambiente sumamente agradable e idóneo para hallar tu paz interior... La vida es de color rosa… Definitivamente, no podía seguir con esta historia. Era demasiado hasta para mí.
De hecho, deberías de parar de hacer esto cada mañana, Ice...
La realidad era que el día era un auténtico asco. Ya por la mañana hacía un calor y un bochorno insoportables. Además, en el cielo se veían algunos nubarrones dispuestos a empaparme en cualquier momento del día. Y si a eso le añadimos el pequeño detalle de madrugar para ir al instituto pues… en fin. No sabía si morirme de aburrimiento, de asco o por asfixia. Tal vez de las tres cosas a la vez si tenía suerte. La verdad es que me hubiese gustado levantarme algún día con esa sensación de bienestar, cosa que, por cierto, ya tenía asumido que nunca iba a suceder.
Me lo tomé con calma, puesto que no tenía ninguna prisa de ir a esa cárcel encubierta. Fui al baño a darme una ducha de agua fría, a ver si de esa forma espabilaba un poco, y seguidamente me vestí con una ropa, tirando a cómoda, para ir a clases. Traducción: unos vaqueros, una camiseta algo floja y unas sandalias. Me miré al espejo y cada vez me replanteaba más seriamente el tema de si cortarme o no el pelo tan largo que tenía, ya que era una verdadera molestia para este tipo de días tan calurosos. Acabaré rapándome al cero…
Poco después bajé a desayunar, básicamente porque tenía que comer algo ya que mi "querida" tía, Norma, me había sermoneado lo suficiente con este tema. Como imaginaba, ella ya no se encontraba en casa pues es una adicta a su trabajo. Ella es una abogada de gran prestigio que tiene que cargar, literalmente, con su sobrina, es decir, servidora. Esto se debe a que, por un lado, mi padre y también su hermano, Héctor, murió cuando era muy pequeña. De hecho, casi ni me acuerdo de su cara, por lo que si me ponen una foto suya delante, no sería capaz de reconocerle. En cuanto a mi madre, simplemente desapareció sin dejar rastro. Quizá sea uno de los motivos por el que mi tía le tenga un "pelín" de rencor…
Salí de aquella solitaria casa tan deprimente y, como todavía me sobraba tiempo, decidí dar un paseo por la pequeña isla de Seyrini. Aunque era octubre hacía demasiado calor. Tal era así, que parecía que estaba en pleno mes de agosto. Eso significaba que daba igual el lugar al que fuese, porque la isla entera era un auténtico asadero de pollos y yo… como que no toleraba mucho esas altas temperaturas.
Me dejé llevar por mi instinto, llegando así a una de las playas de Seyrini, atraída por la brisa marina y por el sonido tan relajante que se producía tras romper las olas sobre las rocas. No creía que hubiese nadie por allí a esas horas de la mañana, así que me quité las sandalias para sentir la arena blanquecina sobre mis pies.
En ese entonces no pude controlar la necesidad que tenía de acercarme a la orilla y sentir el contacto del agua sobre mi piel. Estaba un poco fría, sí… pero estaba tan a gusto, que ni siquiera me importaba mojar los bajos de los pantalones. De hecho, una locura pasaba por mi mente y era meterme en el agua con la ropa puesta. No lo hice, pero ganas no me faltaron…
Estaba tan absorta en mi pequeña felicidad, que no me percaté de que había alguien más en la playa. Era un chico de aproximadamente mi edad. Tenía el cabello corto y rubio, las puntas algo más claras debido al sol y su tez era morena. Seguramente había terminado de hacer surf o algún deporte parecido… Lo supuse por la tabla que llevaba bajo sus brazos y porque estaba empapado.
Nuestras miradas entraron en contacto y en ese instante me quedé bloqueada. Nos estábamos observando minuciosamente, diría que hasta de una forma descarada… Me imagino que ambos estábamos sorprendidos de ver a alguien más en ese mismo lugar a esas horas y en este mes. O puede que fuera porque nos resultaba increíble el que no nos diésemos cuenta antes de la presencia del otro. El caso era que seguíamos analizándonos, sin mover ni un solo músculo de la cara ni del resto del cuerpo.
De improviso, sentí un terrible sentimiento de vergüenza que se apoderó de mí. No sabía por qué, pero de la nada me puse nerviosa, terriblemente nerviosa… Me encontraba en un ambiente enrarecido, por lo que tuve unos deseos irrevocables de salir corriendo de esa playa para no volver. Estaba casi al borde de la desesperación. Sí, a veces era un poco drástica.
Por fin reaccioné y decidí dar el primer paso. Agaché la cabeza como señal de saludo y me fui de allí lo más rápido que pude. Por el amor de Dios… Espero que ese chico no sea ningún alumno del instituto. Rezaba a todos los dioses para evitarme el encontrarme con él y hacer nuevamente el ridículo. Estaba totalmente presa del pánico. Había huido de un pobre chico como si de un asesino se tratase… ¿Qué es lo que estaba mal conmigo? Sabía perfectamente la respuesta, pero no quería oírla.
A medida que más me aproximaba al instituto, más personas jóvenes se veían por las calles, hasta que llegó un momento en que todos los transeúntes eran alumnos. Por esa misma razón decidí acelerar un poco el paso, puesto que algunos de los grupos, por no decir todos, comenzaron a realizar un arte milenario que les apasionaba: el cotilleo. Y conmigo he de decir que tienen material más que suficiente…
- ¿La viste? Otra vez sola – decía una chica riendo.
- Está en mi clase y la verdad es que nunca la veo con nadie. Da un poco de miedo… Siempre va con esa mirada hostil. Parece que en cualquier momento te vaya a morder por dirigirle la más mínima palabra… – murmuraba con cierto miedo otra de las chicas.
- Se debe creer superior a nosotros. Siempre está atacando a cualquier persona que le hable. Incluso mantiene esa odiosa actitud con los profesores… Es una paria de la sociedad – decía la última del trío susurrando. No entendía por qué, si la escuchaba igual…
Me tenía que morder la lengua en situaciones como esta para no saltar a la primera… ¿Quién era ella para criticarme?... ¿Dios? Tenía unas ganas terribles de responder a sus comentarios, pero ya me había metido en muchos líos… Lo mejor sería ignorarlas. No merecían la pena.
- Madre mía no había visto cosa igual… – Vaya, parece que a la snob del instituto no le gusta como visto... Qué raroooo.
Siempre lo mismo, no eran nada originales. Los mismos comentarios, las mismas risillas… Por mucho tiempo que pasara, la rutina no se rompía. Todavía no logro entender como no se cansaban de hablar de mí y encima de lo mismo… Me sabía los comentarios de memoria. Pero tampoco mentían. Efectivamente, no tengo amigos y no los tengo porque no los necesito. ¿Para qué? ¿Para hablar de cosas triviales y escuchar tonterías? ¿Para meterme con pobres inocentes y renunciar a lo que pienso, para que esas cabezas huecas me acepten como su MAIPS? No gracias, para eso ya está la televisión. Además los amigos son lo más poco fiable que puedes tener. Como uno pase por algo difícil, despídete de ellos, porque están repentinamente ocupados y, claro, te dan la espalda. Pero solo porque están ocupados que si no… era otra historia. Vale, ironías aparte, también es cierto que no puedo meter a todos en el mismo saco, pero no lo puedo evitar. No confío en la gente y lo que he visto dejaba mucho que desear.
Llegué al instituto y entré en mi clase, la de 2º Bachillerato, concretamente al aula correspondiente a la de ciencias, y me senté en mi sitio de siempre, situado al fondo en una esquina. La verdad es que nunca encontraría un sitio tan adecuado como ese. Me ahorra las molestias.
Sonó el timbre y apareció un profesor cincuentón, con pinta anticuada, cuyo rasgo más distintivo eran aquellas gafas de culo de botella. Tenía el pelo canoso y era calvo por la coronilla.
- ¡Buenos días alumnos! Antes que nada voy a pasar lista…
Como siempre– pensé para mí aburrida.
- Evans Fletcher, Anne
- Presente.
- (...) Reynolds Stamford, Duncan
- Aquí.
- Lágrimas Ríos, Hielo
- ...
- Qué tía más borde… Ni siquiera puede dar una simple respuesta – decía una de mis compañeras.
- Rivers Tears, Ice – repitió el profesor.
- ¿Al menos contesta no? – dijo molesto el compañero que tenía delante.
- Contestaré cuando me venga en gana – comenté en un tono seco.
- (…) Wilson Adam, David – continuó el profesor, ya cansado de que casi todos los días pasase lo mismo.
- Presente.
- Vale, estamos todos… Bien, he corregido vuestros exámenes de inglés y he de decir que me habéis dejado sin palabras, pero por lo mal que os ha salido. Aunque también me he llevado alguna que otra sorpresa. Como comprenderéis dedicaremos esta hora para rehacerlo y corregir los fallos frecuentes. Dicho esto, reparto los exámenes.
Y así lo cumplió. Cada vez que entregaba uno, el profesor Arwyn hacía algún breve comentario.
- David, en vez de inventarte un nuevo idioma, deberías estudiar más…
- Sally, buen trabajo. Me he llevado una grata sorpresa.
Cada vez se iba acercando más, hasta que tocó mi turno. Ya me imaginaba lo que pasaría. De todo, menos que me entregase un diploma. No había estudiado y algunas preguntas que sabía las fallé a propósito.
A ver, si suspendo, suspendo en condiciones…
- Ice… En fin… No sé qué decirte. Bueno solo una cosa. En el momento que entregue todos los exámenes sal afuera. Necesito hablar contigo, pues no estoy de acuerdo con tu nota…
Ni yo tampoco– pensé en el momento en el que me entregó la hoja con un miserable tres enmarcado en rojo. No sabía el porqué de mi indignación, si es lo que tenía merecido. No le había puesto ningún empeño porque me parecía una pérdida de tiempo. La vida no consiste en hacer exámenes en un tiempo récord…
- Bien, echad un vistazo y fijaros muy bien en los errores. Señorita Rivers… por favor, salga un momento con su examen.
- Sí… – mientras me levantaba, todos mis compañeros de clase se me quedaron mirando. Seguro que esperaban que el profesor me echase de su clase de una vez por todas o, mejor para ellos, del instituto… A fin de cuentas, ellos creen que ese es mi propósito.
- Y los demás tranquilitos. Estaré al otro lado de la puerta, así que si os pasáis un poco os bajo un punto a todos.
- Sí – murmuraron todos cansados de las mismas advertencias.
Salí lo más discretamente que pude de clase, siendo un total fracaso. Todas las miradas se centraron en mí y de nuevo se iniciaron los cuchicheos. Ya estaban haciendo apuestas de qué era lo que me iba a decir el profesor Arwyn… Otra de las cosas que odiaba del trabajo de los profesores era el anunciar todo lo que iban a hacer. Realmente molesto.
- Señorita Rivers…
- Prefiero que me llames Ice. Ya lo hizo antes.
- Bien Ice, no sé cómo decirlo sin que suene extraño, pero… No me creo la nota de tu examen – expresó casi riéndose Arwyn.
- No sé cómo responder a eso…
- Verás Ice, a pesar de mi apariencia, los años que llevo enseñando me sirvieron de ayuda para distinguir de aquellas personas que pueden pero no quieren estudiar y de las que no pueden pero lo intentan. Y precisamente tú, no te encuentras en ninguno de los dos bandos.
- ¿Cómo que no? Es obvio que pertenezco al grupo de los que no tienen ganas de estudiar…
- Como cualquier estudiante de tu edad, claro está. Pero tu caso es excepcional. ¿Cómo decirlo?… es como si en tus propios exámenes te corrigieses para hacerlo mal.
- Eso es una tontería y no tiene sentido.
- He visto tachones en las respuestas correctas… – me dijo incrédulo.
- Profesor, realmente me siento halagada por depositar tanta confianza en mí, pero… ¿no se te ocurrió pensar que a lo mejor en ese instante taché lo correcto, porque no lo consideraba como tal?
- Ice, Ice, Ice… Como quieras, pero tú y yo sabemos que lo que dices no es así. No me trates de engañar… He visto muchos de los test que has hecho y tienes mucho potencial. Eres más inteligente que cualquier alumno que haya conocido. Una de las más inteligentes, si no fuera por lo que haces en los exámenes. No sé por qué lo haces y no me quiero meter, pero me gustaría ayudar a una alumna a forjar su camino hacia un futuro brillante. Tú puedes, pero no quieres. Sé que tu situación en la casa y en el colegio es un poco complicada, así que si necesitas ayuda o te preocupa algo, puedes hablarlo con cualquier profesor…
¿Y ahora es cuando debía aplaudir o bien sacar el paño lleno de lágrimas? En ese momento tuve ganas de reír yo. Ya estamos otra vez. Entrometiéndose donde no les llaman. Siempre sacando a relucir la misma historia y montándose sus propias películas traumáticas, tratando de hacerse los comprensivos… Lo que nunca entenderán es que no me gusta que me traten como a una víctima.
- Gracias por su preocupación, profesor… – dije apartando su mano de mi hombro – pero no tengo tal situación que me haga la necesidad de hablar. No soy una víctima de nada, así que no me trate como tal, ¿me enferma, sabes? – expresé con una falsa sonrisa.
- Desde luego que el nombre te va que ni pintado – rió Arwyn rindiéndose.
- Y desde luego que usted es un poco rudo ¿no?
- Tregua Ice, no te saqué afuera con la intención de ofenderte.
- ¿Puedo volver?
- Sí… Pero piensa en lo que te dije, estás a tiempo de rectificar.
- Estudiaré la oferta…
Regresé a la clase y la decepción era visible. A partir de ese momento, las horas pasaron demasiado lentas, haciendo que estuviese viviendo el mismísimo infierno… Menos mal que la última clase era educación física y tocaba clases de natación. Al fin hacían algo bien. Podía refrescarme y sentirme relajada, aunque solo fuese durante unos minutos…
Me cambié en el vestuario con las demás y entramos al pabellón. La clase fue dividida en dos grupos: el de los chicos y el de las chicas. En este caso, en el pabellón estábamos tanto los alumnos de letras como los de ciencias, correspondientes al curso de 2º Bachillerato.
Los dos grandes grupos fueron subdivididos a su vez en pequeños grupos de cinco, escogidos por orden de lista, en relación con las calles de las piscinas. Obviamente, yo me encontraba entre las últimas. Al parecer hoy tocaba hacer una carrera entre nosotros. Supongo que esta es su brillante idea para fichar a nuevos atletas y acosarlos hasta que entren en su club. No somos más que títeres…
Entre el grupo masculino se encontraba el mismo chico que había visto en la mañana. Una pequeña vocecita hizo su aparición en mi mente diciendo "tierra trágame". Al menos, no estábamos en la misma clase, así el bochorno que estaba pasando era menor. Volvimos a cruzar otra mirada, pero esta vez desviamos la vista con mayor rapidez.
Decidí dejar de lado ese pequeño detalle y centrarme en la competición, así que en el instante en que escuché el silbato, me tiré de cabeza al agua sin pensármelo dos veces. Quería que el agua arrastrase mis problemas y todos aquellos sentimientos de vergüenza que estaba sintiendo. No sabía la razón, pero solo lograba esa sensación de paz cada vez que estaba cerca del agua. Nadar era una forma de relajarme. Sentir algo frío lograba poner mi mente en blanco.
Cuando terminé la carrera de cuatro largos, la profesora me miró con interés, mientras que los demás quedaron algo descolocados. La palabra "peligro" fue la primera que se me pasó por la mente.
- Impresionante, señorita Rivers… Tienes un gran fondo y eres bastante veloz. La verdad es que nos gustaría que entrases en nuestro club. Nos vendría muy bien tener a alguien como tú.
- Me lo pensaré.
Mentí. No tenía nada que pensar. No iba a aceptar porque no me gustan los clubs. A mí me gustaba más ir por libre.
Terminó finalmente la hora, y con ella las clases del día y de la semana. Fui al vestuario a cambiarme para salir de aquí y regresar a casa donde descansaría de este infierno durante un par de días. De pronto, se me pasó la idea de volver a la playa y hacer algo de surf. Mi único propósito era hacer tiempo, prolongar el día con el único fin de no llegar a casa y escuchar por 9.999 vez el sermón de mi tía… Pero para qué hacerse ilusiones, era imposible librarme de eso.
Llegué a la playa y me cambié para ponerme el traje de neopreno. Sin dudarlo me metí al agua con la tabla de surf alquilada y me subí a las olas, sintiéndome la reina del universo. Surfeando sentía que, por un momento, estaba tomando las riendas de mi vida. Cuando pasaba por esa especie de túnel acuático, despejaba mi mente y realmente me sentía bien, como en casa. Era extraño… Todo lo relacionado con el agua era como mi hogar, mi verdadero hogar.
De improviso, me dio un pequeño dolor de cabeza y como si se tratase de pequeños flashes, aparecieron imágenes en mi mente. Otra vez vi la imagen de ese colgante plateado, pero esta vez había más. Había una caja, cuya tapa tenía un falso fondo y detrás de este había una… ¿cerradura?... Últimamente me estaban pasando cosas la mar de extrañas.
¿Qué diablos significa eso? No tiene sentido…
Perdí la concentración y con ella el equilibrio, por lo que caí al agua. Encima me dio un calambre en la pierna, por lo que me costaba moverme. Estupendo.
Mierda– pensé para mí.
Sin embargo, la situación dio un giro inesperado en el momento en el que alguien se introdujo en el mar y acudió en mi ayuda. Como estaba un poco atontada por el susto no supe, hasta rato después, que se trataba del chico de antes.
- ¿Estás bien? – me preguntó preocupado – No te preocupes, ahora te saco de aquí – decía mientras colocaba uno de mis brazos sobre su hombro.
- Au… – murmuré por el dolor que me provocaba la pierna.
- ¿Tienes mal la pierna? – preguntó ya en la orilla.
- Me dio un calambre… que inoportuno.
- Bueno a mí también me pasaba lo mismo – decía riendo el chico – Tuviste que llevarte un susto – dijo mirándome a la cara.
Fue entonces cuando me percaté del color de sus ojos. Eran unos preciosos ojos azules, que te recordaba al mismo cielo en un día despejado… Vale, buen momento para pensar en ñoñerías.
- Vaya ahora que te veo de cerca puedo apreciar el bonito color de tus ojos. Pensaba que eran azules pero son más bien de un verde agua, como el mar…
- Gracias… ¿Pero te importaría parar? Me resulta incómodo – dije entrecortada.
- Qué chica más interesante… Nunca me he encontrado con alguna chica que rechace los cumplidos – rió – Nos volvemos a encontrar otra vez… ¿Qué hacías por aquí? ¿Entrenas?
- ¿Eres un poquito entrometido, no? Lo que yo haga no es de tu incumbencia…
- Bueno… Vale, no estás de humor, lo capto – decía mientras exageraba los gestos.
- ¡Oh! Qué bien… Será mejor que me vaya – decía alejándome de él.
Sé que estaba siendo injusta con él y que tampoco era honesta conmigo misma, pero no podía evitarlo. Estaba nerviosa y no conocía otro modo de hacer las cosas.
- Por cierto, me llamo Drake. Te lo digo, no por nada, por si algún día de estos te da por decirme algo como "gracias" – decía elevando la voz, irónico.
- Si sigues por ese camino pasaré de ti. No me gusta que la gente se aproveche para luego reírse de los demás… Y ya te aviso de primeras: nadie en su sano juicio se atrevería a hacer tal cosa delante de mis narices, a no ser que, claro, quiera salir MUY mal parado.
- Ah… que fría eres mujer.
- Ya ves… Me pusieron de nombre Ice, así que tengo que hacer justicia de mi nombre, así que… ¡Fuss, pitas, fuss!
Drake comenzó a reírse por el comentario, mirándome de reojo. Vaya parece que soy divertida para alguien... Ese chico era un poco extraño ¿o tal vez lo consideraba extraño porque era la primera persona con la que hablaba desde hacía ya mucho tiempo? Lo cierto es que me estaba arrepintiendo por lo grosera que fui con él, pero no sabía actuar de otra forma. No sé como relacionarme con los demás sin usar un tono borde o lanzar algún que otro comentario venenoso, pues es mi manera de protegerme. Sin embargo, Drake no se lo tomó mal, lo que es un punto a su favor.
Me marché de la playa directa a mi casa. Me estaba preparando mentalmente para no estallar nuevamente con mi tía, porque discutir era inevitable. Esperaba que no me hiciese encerrona y que al menos no soltara alguno de sus comentarios hirientes, cosa que veía imposible. Antes de entrar en casa me quedé en la puerta un rato. Cerré los ojos y di un suspiro. Abrí la puerta y estaba preparada para lo que se me venía encima.
- Ya estoy en casa – murmuré en aquella silenciosa vivienda.
Me adentré y allí se encontraba mi tía Norma sentada con una expresión seria, sin mover ni un músculo y sin murmurar ni una sola palabra. Peligro segunda parte. Eso no era bueno. Para empezar, porque mi tía rara vez llega tan pronto a casa y, para seguir, la pose en la que estaba más el ambiente pesado significaba tan solo una cosa:
Hoy toca bronca… y de las buenas.
Intenté alejarme del salón y tratar de ganar algo de tiempo subiendo a mi habitación, pero no pude hacerlo.
- Ni se te ocurra subir a tu cuarto Ice. Entra aquí.
Miré hacia arriba y volví a cerrar los ojos. Obedecí y entré en el campo de minas imaginario, esperando a que diese inicio una de las pequeñas explosiones de mi tía.
- ¿Qué pasa?
- Que "qué pasa" dice… Me han vuelto a llamar del instituto y no para darme una buena noticia, precisamente…
- No sé qué decirte... Mira tú, estoy cansada de decirles que no te llamen, pero siguen insistiendo... Mañana les dejaré las cosas claras – me giré para irme a mi cuarto, pero Norma no se dejaba engañar… No por nada era una de las mejores abogadas de la isla.
- No he acabado Ice – estaba muy enfadada – Es que no quiero que me digas nada por el momento. Resulta que me llaman porque has vuelto a suspender, otro examen más… Estamos en octubre y todos los exámenes que has hecho hasta ahora los has suspendido –¡Eso es mentira! Aprobé uno… y por despiste– Si da la casualidad de que aprobaras alguno, fue con una nota muy baja. No sé de quién heredaste esa faceta de "negada para los estudios", pero de Héctor no fue. Es que es ponerme a pensar en algo que tengas en común con él y no tienes nada…
- Siento molestarte por ser tan nula y no parecerme a mi padre…
- ¡No me interrumpas, Ice! Eso no es lo que me molesta, querida. Lo más cómico y más novedoso de la llamada que recibí, es que me entero de que no suspendes porque no estudias, sino que lo haces a propósito. ¿Cómo debería tomarme esto Ice? ¿Te estás burlando de mí? Estoy pagando tus gastos con mi trabajo, ¿y es así como me lo agradeces?
- Yo no te he pedido que lo hicieras… – expresé molesta.
- Tienes razón. Fue la zorra de tu madre la que me encasquetó su responsabilidad… Aunque ahora que lo pienso, a la hora de hacer estupideces te pareces mucho a ella. Sin embargo, de tu padre no has heredado ninguna de sus buenas cualidades – mi ira iba en aumento y tenía que morderme el labio para no gritarle algo –… Estoy harta, francamente. Escuchar los mismos discursos, agachar la cabeza y después decir "no se volverá a repetir" o "se esforzará" para que luego me dejes mal. Sí, estoy harta de todo eso… Así que si no estudias por las buenas, tranquila, que por las malas lo harás. Y si aún así no lo haces, me rindo contigo, dejaré de preocuparme por ti y te dejaré a la deriva. No es muy difícil tu trabajo Ice.
- No tienes ningún derecho a decirme lo que tengo o no que hacer. No eres mi madre…
- ¡Y suerte que no lo soy! Pero por desgracia estoy a cargo de tu cuidado, eres menor de edad y mientras vivas bajo este mismo techo, vas a hacer todo lo que te diga.
- Ja, eso sí que es estúpido… ¿No es una molestia para ti cuidarme? Entonces ¿para qué hacerlo? Pasa de mí, no te debe de costar mucho a estas alturas.
- Querida, lo que hago es por tu padre, aunque… teniendo semejante hija, no sé yo si merecerá la pena.
- Que excusa más barata… Déjame decirte una cosita más o un par de cositas más. Dejando de lado tu complejito de hermano mayor, yo no puedo opinar y decir si lo que comentas es cierto o no, porque nunca llegué a conocer a mi padre y tampoco tuve una madre el tiempo suficiente. Así que… lo que soy ahora es fruto de lo que tú has hecho de mí. Esto que ves delante es producto de tu educación, querida tía.
- Increíble… No puedes tener la sangre más fría. Eres una desgraciada como tu madre… Vete preparando, mocosa, para el mayor castigo de tu vida. Por ahora vas a limpiar el sótano. Después te confiscaré todas las cosas con las cuales te puedas entretener, empezando por la tabla surf.
- No te atreverás…
- ¿Qué no? Querida, yo que tú iba empezando con lo del sótano, a ver si así me replanteo lo otro.
- Vas a acabar sola como sigas con ese carácter, vieja amargada– dije en bajito, pero lo suficientemente alto para que se me oyera.
- Te he oído Ice.
- Lo sé. Si no lo fueses a oír, no lo hubiese dicho. No me gusta malgastar energías.
Subí corriendo al cuarto y cerré la puerta de un portazo. La tabla no me la iba a quitar, ¡por encima de mi cadáver! La había ganado honrosamente con mi dinero de la competición de surf del año pasado… Así que no me queda más remedio que ceder y llevar a cabo su mandato. Bajé al sótano a ordenar la mierda que acumuló esa bruja desde la Edad Media.
Entré y lo que vi no se podía describir con meras palabras. Bueno, quizá sí. Solo con seis: arañas con sus telas de araña. Si a eso le sumas la cantidad de cajas, polvo y papeles desperdigados, sin quitar los muebles de la época victoriana, esto es, momento de la historia en el que mi "queridísima" tía vivió su adolescencia, cuya diversión se basaba en observar los movimientos de los demás, es decir, lo que está haciendo conmigo ahora… Ah… Eso explica el porqué de todo… Bueno, el caso es que iba a tener trabajo para rato.
Ya curada de espantos, me puse manos a la obra con la mierda del sótano. No sabía por dónde empezar, así que decidí comenzar por lo más fácil: las cajas. Mientras apartaba cada una de las cajas, hubo una que llamó mi atención, ya que esta solo ponía "HÉCTOR". Mi padre… La curiosidad sobre las pertenencias de mi padre, al cual no conocía ni en foto, me impulsó a abrirla. Lo primero que me llamó la atención fue un trofeo de surf…
¡Qué mentirosa la vieja! Sí que tengo cosas en común con mi padre...
Después, vi su anuario y algunas fotos de cuando era pequeño junto a una chica que sonreía. Se parecía a la vieja amargada, pero no podía ser… Ella no sonríe. Luego solo había ropa, de lo más hortera. Debajo de esa montaña de ropa había una caja de madera con una tapa dorada llena de bordados, los cuales me recordaban a las olas del mar. La abrí y lo que vi fueron fotos en las que salía mi padre con una mujer que se parecía a mí. Supuse que era mi madre. También había fotos mías de pequeña con mis padres, no muchas, pero algo era algo… Parecíamos felices. Debajo de las mismas, se encontraban unas viejas cartas que se escribieron entre ellos. Las guardé para leerlas más tarde y cuando creí que no había nada más, vi una pequeña llave.
De pronto vinieron a mi mente las imágenes de antes. Mi mano se movió automáticamente por sí sola, encontrando así en la tapa un falso fondo. Lo aparté y hallé una cerradura en la que encajaba aquella llave. La giré, escuché un "clic" y la tapa se abrió, cayendo el medallón con el que había soñado esa noche.
Eso es todo por hoy, mañana más y mejor... Y cuando decimos mañana, lo decimos en un sentido metáforico xD El próximo capítulo caerá o bien para el fin de semana o bien para la semana que viene ya jajaj
Esperemos que os haya gustado o que al menos os haya llamado la atención, de todos para entrar más en materia habrá que esperar mínimo un capítulo más jajaja.
Nos veremos próximamente si así lo queréis y se despide atentamente:
Belicochas.
