Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Bienvenida a Seirin.
Decirle a su padre sobre su expulsión fue sin duda la misión más suicida a la que se ha enfrentado Sakura. Aunque solo fuera por teléfono. Porque si, su padre nunca está con ella. Y su madre murió cuando la pelirosa solo tenía un año.
Después de que su papá predicara de lo mucho que ella lo saca de quicio y todas esas cosas, se decidió que él ya no le pagaría más escuelas costosas. Y es que… ¿Se puede encontrar una escuela cuando prácticamente ya están a mitad de año? y menos con la tarjeta disciplinaría de la chica. Pero de todas formas, su tío hizo la labor de convencer a su padre de matricularla en la preparatoria Seirin, donde estudia su primo.
Sakura sinceramente hubiera preferido quedarse en casa durmiendo, jugando y evitando ver a la humanidad estúpida. Pero ahí estaba su tío. En su habitación, brindándole esa sonrisa tranquilizadora.
―Sakura -chan. No puedes abandonar tus estudios. Sé que este último año no fue el mejor, pero en Seirin no están esas personas que no te querían. Las personas serán más amables.
―Tú solo dices eso porque los amigos de Teppei-nii son buenos. Pero dudo que todo Seirin sea así. ―Sakura dijo en un encogimiento de hombros. A pesar de que ella no ha visto a su primo desde que ella inició la preparatoria, ella conocía a unos cuentos amigos de él.
―Hay que darles el beneficio de la duda, ¿no lo crees? además, piensa en que Teppei sería muy feliz al saber que estarás estudiando con él en su instituto cuando vuelva.
―¿Y qué hay de la escuela en sí? ¿Me van a aceptar aun cuando el año inició hace dos meses? ―preguntó, dando su brazo a torcer.
―Por supuesto. De eso ya se encargó tu papá. ―su tío le informó.
―Claro, al gran senador no le queda nada grande.
―Sakura chan, él sigue siendo tu papá, sea como sea.
―¿Y cuándo empezaría? ―finalmente preguntó.
―Bueno, ya que la semana dorada acabó, creo que desde este mismo lunes. ―su tío le sonrió al saber que la pelirosa había aceptado seguir con su proceso de aprendizaje.
La niña suspiró. Al parecer, su plan de no hacer nada había sido frustrado.
Sola.
Sentada en un rincón lleno de oscuridad y vacío completamente sola. El único objeto visible era un gran espejo en la mitad de la sala. No quería estar ahí. Pero del lugar lúgubre no había salida. La desesperación se hizo cargo de ella en el momento en que se vio en el espejo. Tenía manchas de sangre por todas partes. Trató de limpiarse pero solo conseguía que se propagaran más. Se puso de cuclillas y agarró su cabeza cerrando los ojos muy fuerte.
―¡Sa-chan!
―¡Sakura!
―¡Sakura-chan!
―¡Kiyoshi!
¿Quién era toda esa gente llamándola con entusiasmo? nunca en su vida había oído esas voces. Y esperen…. ¿¡Llamándola con entusiasmo!? Era como si estuvieran esperando que ella llegara. El sentimiento de alguien tomándola de la mano la hizo tranquilizarse. Como si todos sus temores se hubieran ido lejos. Como si solo necesitase ser tomada de esa mano para seguir adelante.
―Sakura- san. ―una voz suave la llamó.
Ella la conocía.
Ella la había oído en alguna parte.
Sakura se despertó sudando y con un grito ahogado. ¿Qué demonios fue ese sueño? Sin duda fue lo más espeluznante que nunca haya soñado. Se miró la mano derecha, como si la sensación tranquilizante se hubiera quedado allí.
―Ugh…debo dejar de tomar pastillas para dormir. ―se dijo a si misma antes de levantarse, tomar una toalla, y dirigirse a la ducha.
Después de quince minutos, salió del baño para ponerse su uniforme nuevo. Una vez completada esta tarea, arregló su cabello rosa en las acostumbradas dos colas. Por último, y más importante, empacó su Psp.
Ya estaba lista para lo que sea que le esperase en su nueva escuela.
Seirin era grande. A pesar de ser un instituto formado hace dos años, era grande. El edificio constaba de cuatro pisos, siendo el último la azotea. Lugar en donde seguro Sakura estaría muy seguido.
―Oh, debes ser Kiyoshi Sakura, ¿cierto? ―una mujer de avanzada edad le dijo.
―Sí, soy yo. ―la pelirosa dio una pequeña inclinación.
―Soy la sensei de la clase B-2. Permítame acompañarla al aula.
La mujer y ella subieron hasta el segundo piso, hasta llegar al aula ya antes mencionada. La maestra abrió la puerta y sorprendentemente, no había tanto desorden y ruido como se escuchaba en el salón de al lado.
―Muy bien jóvenes, hoy tenemos una nueva compañera que se une a nosotros en el instituto. Por favor, sean amables con ella. ―la sensei la miró para que se presentara.
―Mi nombre es Kiyoshi Sakura, tengo 17 años y espero que nos llevemos bien. ―nuevamente, la chica se inclinó.
―Muy bien. Furihata-kun, ¿podrías ayudarle en todo lo que necesite? ―el muchacho antes mencionado se sobresaltó un poco pero luego asintió. ―ve a tu asiento, Kiyoshi san.
Las primeras horas de clase fueron bastante normales. Furihata la ayudó en casi todo lo que ella no entendía, ya que no estaba estudiando hace dos meses, por lo que se había atrasado bastante. Lo bueno es que pudo darse cuenta de que el chico era agradable. No se molestó ninguna de las veces en que ella lo llamó en medio de la clase. Hasta aceptó enseñarle la escuela completa después de clases.
A la hora del almuerzo, la pelirosa sacó su Psp para continuar jugando el dios de la guerra del olimpo, pero dos chicas de su clase, al parecer gemelas, se acercaron a hablar con Sakura.
Ambas tenían el cabello largo y negro. Ella decidió ser precavida con las mujeres esta vez. Nunca se sabe cuáles son sus intenciones verdaderas. Se presentaron como Chitanda Susuka y Chitanda Anuka.
―Así que, Kiyoshi-san, tenemos una pregunta para ti. ―dijo Anuka. Logró diferenciarlas por un brazalete que llevaban de distinto color.
―Díganme.
―¿Conoces por casualidad a Kiyoshi Teppei? ―preguntó. Bueno, la pelirosa no se había esperado que su primo fuera popular entre las niñas.
―Si. Él es mi primo. ―informó Sakura.
―¿¡De verdad!? ―las gemelas dijeron con impresión.
―Si. ¿Cómo lo conocen?
―Conocemos a todo el club de baloncesto de Seirin. ―dijo Anuka. ―Son…..peculiares.
―Ya veo.
―Por lo tanto, serás Sa-chan. Me enredaría si tuviera que llamarte a ti Kiyoshi y también a Kiyoshi-sempai y…..ya me enredé. ―dijo Susuka.
A pesar de que no la conocían bien, estás dos niñas decidieron ser amables con ella. Hasta le pusieron un apodo o lo que sea. Tal vez ella había juzgado mal. Quizá su tío si tenía razón al decir que Seirin era un buen lugar. Ellas siguieron hablando por el resto del almuerzo como si la hubieran conocido de toda la vida. Esto dejó más que sorprendida a la chica.
Las clases de la tarde acabaron exitosamente. Por lo menos, Sakura no se metió en ningún problema y no está sancionada por golpear a alguien (ya estaba muy acostumbrada a estarlo en Kirisaki Dai Ichi). Como lo había prometido Furihata, le enseñaría la escuela completa a la chica.
―Kawahara, Fukuda, vayan adelante. Yo debo hacer algo. ―Furihata les dijo a otros dos chicos. Ellos dos se despidieron y siguieron. ―Así que….Kiyoshi-san. Vamos a empezar de arriba hacia abajo. ¿De acuerdo?
―Está bien.
Así lo hicieron. Le mostró el piso de los chicos de tercer año, en donde había una reunión de un club, al parecer, de arte. Esto le hizo acordar a ella de algo que debía preguntar.
―Furihata, ¿crees que todavía pueda ingresar a un club?
―¿Eh? bueno, eso depende. ¿A qué club quieres ingresar?
―Kendo.
―¿¡Kendo!? Pero si eres una chica…
Sakura frunció un poco el ceño a lo que dijo. ―¿Y eso que? ¿Crees que por ser una chica no puedo ingresar?
―No quise decir eso….es solo que los miembros son todos hombres. ―explicó Furihata.
―¿Puedo entrar o no?
―Si…..supongo. No pierdes nada con intentarlo. ―Furihata se rindió. Nunca pensó conocer a otra chica poco femenina, al igual que su entrenadora, o su gerente.
Él le mostró los últimos lugares de la escuela, hasta que llegaron a un árbol, en donde estaba un perrito orinando. A la vista del can, Sakura se volvió como de gelatina. Corrió hacía el perro y lo tomó en los brazos para encontrar un par de ojos azules hermosos. ¡Ella se enamoró de un cachorro! bueno, era mucho mejor que de un humano. Por lo menos el perro no la lastimaría.
―Número 2, ¿Qué estás haciendo aquí? ―Furihata le dijo al perrito, que ladró.
―¿Eres el dueño? ―preguntó Sakura, que estaba siendo lamida por el perro.
―No. O bueno…más o menos. Es la mascota del equipo de baloncesto. ―informó el muchacho, viendo que el animal lamía toda la cara de la chica. ―Parece que le agradas. Él le lame la cara a quienes quiere.
Sakura se sorprendió al darse cuenta de que Furihata pertenecía al club que fundó su primo, pero el perro era más importante por ahora. ―¿De verdad? ¿Por qué se llama Número 2?
―Es idéntico al chico que lo cuida. Su nombre en realidad es Tetsuya Número 2, pero para abreviarlo lo llamamos así.
Dios mío. Si el perrito era parecido al dueño, entonces el muchacho debía ser hermoso, apretable y tierno. Porque por lo menos, el can lo era.
―Bueno, Kiyoshi-san. Creo que ya terminamos. Debo ir ahora al club antes de que me maten con un bate. Voy a llevar a Número 2 conmigo. ―dijo Furihata.
La pelirosa no quería dejar ir al perrito. ¡Ella quería quedarse con él para siempre! pero bueno, pensándolo bien, su padre no lo aceptaría. Nunca la dejó tener mascotas, y después de haber causado tantos problemas, sus posibilidades habían pasado a ser nulas completamente.
Con el dolor de toda su alma, la chica entregó al perro a los brazos de Furihata. Cuando ya se estaban yendo, Número de repente saltó al suelo y empezó a jalar a Sakura. Como pidiéndole que fuera con ellos.
―Creo que no quiere dejarte. ―comentó Furihata. ―Realmente tengo que irme ya. ¿Qué te parece si me acompañas?
―¿Eh? ¿Estás seguro que no hay problema? ―ella preguntó.
―Por supuesto que no. No muchos van a vernos practicar, de todas formas.
―¿Tú quieres que vaya? ―Sakura le preguntó al animal, que le contestó con un ladrido. ―Está bien.
Ambos se encaminaron al gimnasio. Y Sakura definitivamente no se esperaba lo que había tras esas puertas.
