"Sincronicidad."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandoms: Shadowhunters (Freeform) & Gotham (Fox).

Parejas: Alec Lightwood/Jim Gordon. Implicaciones de muchas otras.

Rating: Adult.

Resumen: Por mucho tiempo, Jim Gordon había sido terreno prohibido. Quizás por ello, el choque de contacto entre sus cuerpos, fue un shock. (Alfa/Omega/Beta 'verse)

Categorías: Universo Alterno/Fusion Fic. Imagina los personajes de Gotham siendo Shadowhunters/Downworlders. Academy AU, donde la academia siguió abierta después de la guerra contra Valentine y los Lightwoods asistieron por un tiempo. Unas cuantas chispas de Omega 'verse. ¿Por qué no?

Continuidad: Vagamente tomé elementos de la tramas de la temporada 3 de Gotham; Post 2x19 de Shadowhunters, después del rompimiento Malec.


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"En otro universo

Esto podría funcionar

Pero aquí y ahora…

Yo no me puedo arriesgar."

-Moenia.

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2.

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Por mucho tiempo, Jim Gordon había sido terreno prohibido.

Quizás por ello, el choque de contacto entre sus cuerpos, fue un shock.

Donde tocar a Magnus había sido un proceso natural, una liberación final de tensión comprimiendo hasta su última molécula, rozar sus yemas por la actual llanura de piel desnuda fue despertar de un sueño, sólo para percatarse, que no se trataba un sueño en lo más mínimo.

Arrebatado, como era su personalidad, Alec succionó el sabor a sangre del paladar de Jim con ligera culpa—Pensó en Izzy y luego, no pudo; pensó en Jace, en sus advertencias, y experimentó fascinación en la acción de corromperlas. Luego, no le fue posible atar más pensamientos y análisis continuo, porque su camiseta estaba siendo arrancada de su cuerpo y Jim era increíblemente fuerte y directo en lo que deseaba.

"Acuéstate."

Deseaba a Alec. En este momento.

Si había alguna duda respecto a la reciprocidad de su atracción, la boca de Gordon se encargó de volverla insignificante. Su lengua fue caliente, la fuerza del restriegue de su rostro en el torso de Alec, una muestra cruda de pasión. Sus manos fueron un desbalance entre suavidad y dureza, tocando en reverencia la piel desnuda que estuviera a su disposición.

Alec no podía moverse. El momentum—la inexperiencia para procesar sexo sin vínculos más sentimentales—lo tuvo paralizado. Sentía la lava en sus venas, hilos de sensualidad comandando sus nervios.

Mueve-Toma-Arranca.

Fue difícil. Fue difícil liberarse del autocontrol que solía regirlo.

Jim no susurró Alexander para romantizarlo. No hubo magia para suavizar la realidad de lo que estaban haciendo.

Su erección presionaba contra la de Jim, y los sonidos húmedos de sus besos no tuvieron filtros.

Sus runas se sentían heladas. Con un gemido urgente, Alec encajó sus manos en las caderas del Omega, apretando sus dedos para hacerse sentir. Los posicionó sobre sus costados, cara a cara. El chillido que salió de la boca de Jim, lo destrozó y le invitó a tomar el rostro de su amante entre sus palmas.

La barbilla del Omega raspó contra sus labios. Fue justo allí en la curva tosca de su mentón, que Alec inició otra serie de besos.

Podía no haber vuelta atrás a su transformación licántropa, pero Alec podía embalsamar otras necesidades igual de urgentes.

Besó a Jim de acorde a las pocas veces que se había permitido fantasear.

Sus extremidades en conjunto fueron un desastre en movimiento: Alec se rehusaba a soltar una de las piernas de Gordon, porque la piel estaba cubierta en cicatrices, contando distintas historias. Gordon resultó ser más suave en complexión de lo que había esperado. Alec palmó la planicie de su estómago blando. Los pectorales compactos, cubiertos en lunares y esporádicos vellos rubios.

No podía ser más diferente a Magnus, aunque así lo quisiera.

Alec tembló, rostro cabizbajo en el hombro desnudo de su nuevo amante. Las sensaciones estaban nublando lo que quedaba de coherencia en su cerebro.

Jim sujetó su nuca por un momento, aunque el gesto reconfortante no duró. Alec sintió el corazón caerle al estómago del vértigo, al ser tumbado sobre el colchón con súbita fuerza.

"Había olvidado..." Jim susurró, a juego de sus dedos raspando la mejilla ruborizada de Alec. "Había olvidado la cosa preciosa que eras en aquel entonces."

Alec tembló. El calor en aquella voz lo deshizo por entero.

Jim sonrió ligeramente, agazapándose para darle otro beso. "Aun lo eres."

"Ya no soy un niño." Alec lo demostró al juntar sus caderas en otra ondulación.

"Mm." Un gruñido se perdió entre otro beso. Un gemido después, al Jim sentir el roce de los dedos de Alec por la apertura de calor en medio de sus piernas.

El olor. La humedad.

Alec dejó de ser el perfecto Shadowhunter que todos tanto adoraban.

El Alfa lo sobrepasó.

Podía distinguir el aroma del virus licántropo corriendo por el cuello de Jim, ahora en su sangre, en sus células. Su bello Omega ya no era perfección, sino una criatura corrompida.

Y aun así, el Omega le seguía siendo irresistible. El Alfa lo había deseado para sí desde la primera vez que lo había olfateado.

"A-Ah-Mierda." James jadeó al aire, momentos después, retornando a la posición de cuclillas sobre el cuerpo del Alfa para tomar los dos dedos de Lightwood con mayor facilidad. Su erección golpeó contra su abdomen, obscena, todavía irreal para la mirada de Alec.

Su centro fue un infierno que los dedos del Alfa exploraron y torturaron en ritmo lánguido, solo frenando cuando el Omega se congeló en su posición, espasmos llevándolo al clímax tan necesitado. Eyaculación humedeció sus regazos. Y fue delirante, como la tensión sexual de antaño entre los dos, finalmente rompió su cansada secuencia.

Después de años de existir fuera de tiempo, fuera de contexto, y fuera de alguna clase de fortuna, Alfa y Omega encontraron sincronización.

Orillar a un cansado -y aun atolondrado Jim- de regreso al colchón, fue a base de la necesidad del Alfa de asegurarse del confort del otro hombre. Lo quería cerca, lo quería sólo mirándolo a él, mientras el mundo seguía dando vueltas allá afuera.

Ninguno de los dos rompieron conexión, besándose de manera estúpida, mientras sus cuerpos buscaron como coexistir juntos en tan pequeño espacio. Una de la piernas de Alec terminó colgando sobre el suelo frio, mientras Jim tuvo que realizar un similar sacrificio del costado contrario.

Entonces.

Alec se estremeció cuando los dedos de Jim lo guiaron, susurrando sentencias dulces y alentadoras que eran inherentes a su naturaleza. Siempre nutriendo, siempre mentor aun bajo estas circunstancias.

"Justo así, dulzura." Magnus le sonrió en su recuerdo, un fantasma escurriéndose entre los dos sin invitación. "Te vas a sentir tan bien… Ya verás."

El ensarte de sus cuerpos fue delicioso.

"Dios." Alec gimió, caderas a la merced de la urgencia fisiológica, comenzando a embestir desde el instante que estuvo unido. "Jim—Por Raziel."

Al llamado, Jim haló de su cuello. Chocaron en cuerpo y boca, ambos gimiendo en feroz duelo. Jim mordió su labio, Alec aruñó su espalda—El colchón fue víctima del asalto de sus pesos, y vagamente Alec rezó porque resistiera.

Resistió.

Magnus no era una Omega. Y no era un problema—Nunca lo sería—Alec lo amaría siempre, justo la forma que Magnus era.

Aún así, lo que un Omega daba—Lo que un Omega ofrecía… Dios. A veces, uno no podía engañar a su propia biología.

A veces, uno no sabía lo que necesitaba para sentirse absuelto, hasta que lo obtenías de manera inesperada.

Y con un demonio, ¿qué había de malo en encontrar consuelo y alivio en alguien inconsecuente?

Con sus parpados cerrados, Jim estaba transportado a otro lugar, sus labios formando el nombre de alguien más, y no hubo problema. Alec lo entendió, sabiendo que no era el único con fantasmas arrastrando.

Luego, Jim abrió sus ojos, regresando al presente con una obvia resolución en sus facciones. Sonrió feral, dientes al descubierto. "Fuerte, Lightwood. No tendrás esto todos los días."

El Alfa reiteró con un arremate, que por poco, tumbó a ambos del colchón. Risas breves pronto morfaron a chillidos de placer. Ambos no necesitaron de mucho a esas alturas—Jim masturbándose sin ritmo y solo ansías por el orgasmo, Alec sintiéndose a punto de desfallecerse cuando los músculos internos de Jim lo aceleraron al clímax.

"Sí, justo así, cariño." Jim lo rodeó en un abrazo cansado, besando su sien con una suavidad que Alec nunca olvidaría. "Lo hiciste tan bien..."

Cerrando sus ojos, Alec evocó a Magnus rodeándolo, corriendo hilos de magia para hacer marca sobre su piel, sin acudir a la acción de tocarlo.

Luego, sintió sólo a Jim, extremadamente terrenal, cuando Magnus seguía siendo elusivo para el agarre de sus manos.

Alec regresó a aquel pulso caliente bajo la piel del Omega, encontrando el ritmo tranquilizador. Bum-Bum-Bum

—Bum bum bum.

Los minutos se alargaron. Sus respiraciones recobraron aliento. El sudor de sus cuerpos se fue secando.

"… No la amo."

Alec emitió un sonido contemplativo.

Jim aclaró su garganta. "Me di cuenta… Cuando lo conocí, supe que todo sería poco, a comparación con él. Y cuando te das cuenta de algo así, te aterrorizas… Lee estaba allí. Me aferré a ella mejor. Intenté ayudarla después de su transformación, pero ella no quería mi ayuda. Quería que me uniera a ella. Eso no es amor, sino manipulación."

Frunciendo su ceño, Alec intentó adherir las piezas de información en los lugares apropiados. Recordó lo que Jim había confesado después de regresar a su forma humana. Por lo que podía comprender, Jim estaba huyendo de alguien realmente importante para él, y no se trataba de Leslie Thompkins. Alec podía imaginar por qué.

"¿Lo amas?"

Jim resopló sus narices. "Apenas lo conozco. Ese es el problema. ¿Qué acaso, no es eso una locura? ¿Apenas cruzar miradas con alguien y saber que estás arruinado por una cara bonita?"

"No creo que nos hayamos presentado. Soy Magnus Bane."

Alec sonrió. "Es para morirse de miedo."

El pecho de Jim subió y bajó en profunda exhalación. Después de un rato de quietud, Alec supuso que eso sería lo único que Jim estaría dispuesto a compartir de su críptico relato. Volviéndose a relajar, Alec cerró sus ojos de nuevo, dispuesto a disfrutar lo ultimo de su...

Luz.

Alec parpadeó, el brote de luz dorada no teniendo un punto de origen específico hasta que Alec fijó su atención con verdadero interés.

Provenía del pecho de Jim. Justo donde su corazón descansaba debajo de la piel.

"¿Qué pasa?" Alec se elevó sobre sus codos, el pánico matando todo rastro de intimidad entre ambos.

Jim no emitió respuesta. Alec pronto supo que el dolor no se lo permitía. Con quijada apretada, el Omega sostuvo su pecho. Mechones dorados cayeron sobre su frente al querer inspeccionar su propio cuerpo.

Alec sufrió un inmenso deja-vu.

Ya había visto este fenómeno con anterioriad. Retiró los dedos de Jim para inspeccionar la tinta dorada sobre su piel. Tragó saliva, al tener sus sospechas constatadas.

Era una runa.

Y cuando Jim alzó su mirada para encontrarse con la suya, sus irises fueron dos aros de oro líquido. Con un gemido herido, Jim se escondió en su pecho.

En segundos, la tinta dorada se expandió por el cuerpo entero de su dueño, iluminando cada vena y arteria.

Alec apretó sus brazos, esta vez, no teniendo idea de qué diablos estaba sucediendo. Bajo sus palmas sosteniendo la espalda desnuda del hombre, Alec observó el resplandor cubriendo a Jim, sin poder hacer nada para evitarlo.

Una runa.

Una maldita runa.

Jace apareció frente a ellos, del otro lado de la prisión. Luke le siguió. Alec se apresuró a cubrir a Jim con la manta previamente rechazada. Su rostro hirvió con el recuerdo de que las cámaras aun habían estado encendidas y se apresuró a ponerse sus pantalones.

Jace, probablemente, había visto todo.

Al sentir la manta hacer contacto con su cintura, Jim levantó su rostro del refugio del Alfa. Su mirada era azul de nuevo y su rostro estaba humedecido con transpiración. Jadeando, permitió que Alec lo cubriera hasta los hombros, sumergido en un trace que lo llevó a examinar su muñeca izquierda.

Lentamente, el resplandor fue desapareciendo.

Lentamente, la tinta dorada adoptó estética oscura.

Alec reconoció la runa de Santidad Suprema tatuada en el pectoral del Omega. Una runa que Alec consideraba extinta.

"¿Alec?" Jace fue el primero en abrir la celda. Cauteloso. Luke los examinaba desde un punto más lejano, manos en la cintura y una expresión de completo shock en su rostro. "¿Qué diablos hicieron, tontos?"

Jim estableció lo obvio.

"Esto es imposible."

Alec tomó su muñeca. A comparación con la runa anterior, este nuevo diseño fue completamente desconocido para su conocimiento. Tragó saliva. "Fuiste curado."

"¿Curado?"

Se levantó para recuperar su camiseta. Al darse la vuelta y darle la cara a Jace, reiteró lo que ya estaba formando conexión en su cabeza. "Su estado licántropo ha sido invertido. Es un nefilím de nuevo."


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"Nunca he visto algo similar." Luke ya tenía una zanja marcada en la alfombra de la oficina, inquieto con la reciente revelación. "Y créanme, si tal cosa siempre ha sido posible, desde hace mucho tiempo lo hubiera intentado también."

"Alec, ¿dijiste que fue igual al poder que tiene Clary para crear runas desconocidas?" Jace preguntó por tercera ocasión. "¿Pero, cómo se activó? Ninguno de los dos tenían sus estelas a mano—"

"Lo sé, Jace." Alec gruñó. "Sólo… sólo sucedió." Sonaba de lo más estúpido, pero que ¿màs quería Jace de él? Ni el mismo Alec entendía lo que había transpirado.

Desde que se había sentado de regreso en su escritorio, Alec había buscado en la base de datos por las runas que habían aparecido en el cuerpo de Gordon. Sólo la runa de Santidad había arrojado resultados. La otra, ahora escaneada para ser guardada en la base, era un total enigma. Eran dos caracteres distintos, separados ligeramente por dos puntos. Lucían estéticamente bellos. Íntimos.

Peligrosos.

Izzy entró a la oficina sin tocar. Estaba vestida con su bata y estaba en proceso de remover sus guantes de látex. Todas las miradas se encajaron en su presencia, esperando ansiosos.

Ante el protagonismo, su hermana suspiró. "Tomé muestras de sangre. Alec tiene razón. No hay rastro del virus."

Luke se puso de pie. "Quiero hablar con él."

"¿Para decirte qué? Jim no tiene idea de cómo sucedió tampoco." Alec se alzó de su asiento con combate en su corazón. Rodeó el escritorio para acomodarse cerca de la puerta.

Luke miró a Alec meditativo. Algo de su dureza se ablandó. "Escucha, Alec. Sé que lo aprecias, pero, la verdad es que apenas lo conoces."

"¿Y tu sí?"

"Ciertamente sí. Crecimos en los mismos círculos, nuestras familias tuvieron relaciones cercanas por generaciones. Conocí a su padre. Peleamos contra Valentine juntos. Jim Gordon es todo menos inocente, hijo."

"Pero tampoco es culpable de algún cargo." Alec le sonrió con frialdad. "Y no me creas un ingenuo, Lucius. Estoy consciente de que siempre ha existido una clase de censura alrededor de la familia Gordon de parte de la Clave. No significa que no puedo averiguar por qué."

"¿Es por su estado Omega?" Izzy interrogó a Luke, tan frustrada como todos los presentes. "Siempre me he preguntado. Jim Gordon fue un personaje importante durante el nacimiento del Círculo. Fue uno de los pocos en oponerse a Valentine y su campaña, y luego ayudó a separar el movimiento, pero nunca ha tomado reconocimiento oficial por ello. Eligió ser un maestro en el Instituto, cuando debió de haber sido un General conmemorado."

"Su padre era un desgraciado." Luke se encogió de hombros. "Lo despojó de muchos de sus títulos formales y parte de su herencia para pasarla a su hijo menor. Jim fue criado por su tío mayormente. Y sí… que sea un Omega tiene mucho que ver al respecto. Los Gordons… bueno, siempre pensé que era una tonta fantasía, pero hay antecedentes de que su linaje tiene lazos con sangre de Arcángel. Peter Gordon siempre se lo tomó muy en serio. Por lo que sé, creía que su primogénito podría ser un descendiente directo." Luke se acercó a Alec. "Claro, para sus estándares, un Omega nunca podría ser descendiente directo de un mismísimo Arcángel. Qué tontería. Todos lo creíamos un viejo loco, incluso la Clave. Ahora…. Mm. No estoy del todo seguro de su locura, después de todo."

Jace resopló. "Suena a que Peter Gordon debió llevarse muy bien con alguien como Valentine. ¿Por qué nunca decidió unírsele?"

"Era un hombre listo."

Todos saltaron ante la nueva voz agregándose a la conversación. Alec e Izzy se giraron hacia el umbral. Jim Gordon había aceptado la ropa que Alec le había donado, y aunque la gabardina le quedaba un poco grande, el Omega lucía mil veces mejor que cuando se había estado arrastrando en las escaleras del Instituto.

Ojos índigos, analíticos, pasaron sobre todos los presentes. Cuando pararon sobre Luke, Gordon rodó sus ojos.

"Ni siquiera te molestes. No tengo la fórmula mágica para este nuevo truco, Lucian."

"Pero debes de tener alguna clase pista." Luke era un gigante frente a alguien de la estatura de Gordon. Aun así, el Omega no mostró ninguna clase de señal de sentir intimidación.

Jim posó su mirada en Alec. "Yo…" Luego, el hombre prosiguió a destapar su muñeca. Hizo un puño con sus dedos. "No estoy mintiendo."

Alec mordió su labio inferior. "Nadie te está acusando de nada-"

"Pero apreciaríamos tener la historia completa de como llegaste aquí en primer lugar." Jace interceptó, brazo cruzados desde el escritorio, donde había plantado su trasero. "Sólo tenemos piezas desconectadas, pero muy probablemente si las unimos con lo que usted sabe, tal vez..."

Jim ya estaba negando con su cabeza. "No tengo tiempo. Necesito regresar a Gotham inmediatamente."

Jace emitió un sonido incrédulo, pero Alec ya tenía sus manos alzadas. "Tomé la libertad de llamar al Instituto para dar estatus de tu situación—"

Jim se giró hacia Alec con ojos engrandecidos.

Alec le sonrió. "Harvey Bullock está en camino." Intentó bajar el volumen de su voz para apaciguar al Omega. "Te sintió regresar. Dijo que conseguiría ayuda por una… vieja amiga para transportarse en cuanto pudiera."

El rostro de Jim mostró rara vulnerabilidad ante la mención de su Parabatai. "Gracias." Luego, el rostro se volvió a endurecer. "Pero, si lo que intentas hacer es querer tenerme preso aquí mientras Harvey aparece..."

Alec respiró hondo, todas las miradas sobre su persona fueron un peso en conjunto, esperando por la decisión objetiva que Alec debía aplicar. Fue difícil, más no imposible. "No eres un prisionero. Pero tú, mejor que nadie, conoces los protocolos a seguir. No puedo permitirte salir de aquí, así nada más. No después de lo que sucedió."

"Como buen soldado de plomo." Jim huyó de la mano de Alec, cuando el Líder del Instituto quiso aplacarlo con un apretón. "De acuerdo. ¿Pero, como planean sacarme una verdad que no conozco? ¿Vas a involucrar a la Clave para satisfacer tu curiosidad?"

Luke alzó sus cejas. "Hay otras maneras que no involucran a la Clave—"

"Suficiente." Alec gruñó en intensidad Alfa. Luke no desistió al instante, Alfa contra Alfa, pero Luke era un hombre que sabía reconocer el territorio de otros. "Jim es nuestro huésped. Izzy lo entrevistará, pero repito, no es un prisionero." Alzó sus brazos. "Ahora, ¿no tienen otros asuntos que necesitan su atención? Sino, para darles nuevas asignaciones."

"Alec, por todos los cielos. Cálmate." Jace sin embargo, ya estaba abriéndose camino a la salida. Al rozar a Gordon, el joven pausó para asentir en la dirección del Omega. "Como sea que haya sucedido, estoy contento por usted, Prof. Bienvenido de regreso."

Izzy la distrajo de atestiguar la respuesta de Jim, al jalarlo fuera de la oficina, a la privacidad del pasillo.

La emboscada fue súbita y sin esperanza de escape. "Alec, ¿qué demonios está sucediendo contigo?"

Alec y Jace intercambiaron una mirada fugaz antes del que cobarde huyera de la escena en la dirección de los elevadores. Traidor. En pánico, Alec acudió a los viejos clásicos. "No sé de qué hablas."

Izzy rodó sus ojos. Luego, lo golpeó en el pecho. Duro. "Respuesta equivocada. Alec, nunca… Nunca habías marcado a alguien de esta manera. Gordon huele a ti, y tú a él, y todo el Instituto lo notará, si no te tranquilizas. O ya sabes, sino tomas diez duchas ates de dar la cara en la estación de operaciones."

Alec gruñó, cubriendo su rostro con sus manos. "¿Así de mal?"

Isabella suspiró. "¿Alec, que hay de Mag-?"

"No." Alec destapó su rostro. Levantó su dedo en advertencia. "No lo hagas." Su hermana estaba preocupada, y Alec odió ser la causa. Pero, Alec no podría soportar la mención de Magnus ahora mismo. Suspirando, tomó una de las manos de Izzy. "Mira… Tú eres la que siempre me ha dicho que me permita querer cosas… ¿Ahora me vas regañar por hacerte caso?"

"Lo haré si veo que estás haciendo algo de lo que te arrepentirás." Izzy apretó sus manos entrelazadas. "Siempre hemos sabido de tu pequeña admiración por Gordon. Te vi con él en aquella gala. Pero Luke tiene razón. Si Jim Gordon ya era un misterio andante, imaginate lo que pasará ahora. No puedes confiarte sólo porque..."

"No me estoy confiando de nadie." Alec levantó su mentón, apretando su quijada. "Tuvimos sexo, Izzy. No nos hicimos ninguna clase de promesa." El susurro furtivo fue con la intención de que Gordon no escuchara. "Pero, honestamente, en este momento, necesitamos todos los aliados que podamos tener. Su Parabatai dirige el Instituto del resto de la Costa. Son parias igual que nosotros, con actitudes flexibles hacia los Downworlders. Estoy pensando en eso, y en que si hay una forma de tener más gente en nuestro lado, la voy a aprovechar, ahora que Magnus quiere aliarse a la Reina Seele." No era oficial, pero Alec había escuchado todos los rumores. Mañana durante la sesión con los clanes, sería obvio. Sin la ayuda de los Downworlders contra Valentine, Alec tenía que pensar en su gente también.

Izzy comprendió muy bien lo que Alec le desnudó. El mismo miedo que Alec estaba sintiendo se le fue reflejado en su rostro. "Entiendo. Pero si algo ha demostrado Jim Gordon, es que es bastante impredecible. Tienes que tener cuidado, hermano mayor." La mujer torció su nariz, entonces. "Ahora, por favor, por todo lo sagrado, vete a tomar una ducha."


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Alec tomó la ducha. Una bastante larga.

Al salir del baño, la silueta de Gordon sobre la cama le hizo saltar. Luego, sabiendo que Gordon ya había visto todo, se adentró a la recámara a buscar sus cajones de ropa.

Jim estaba sentado al pie de la cama, revisando su tableta en profunda concentración. No fue hasta que Alec estuvo vestido en ropa de entrenamiento que se aventuró a hacerle compañía al Omega.

"¿Estás bien?"

Jim no levantó su mirada del reporte de la tableta. "Hablé con Harvey. No ha tenido oportunidad de escaparse de sus responsabilidades, pero le dije que no se precipitara."

"¿Le dijiste todo?"

Jim pausó. "Lee fue arrestada por la Clave—No, entregada, más bien fue como lo describió."

Alec se apresuró en buscar una solución. "Pero, la Clave la dejará ir al saber que sigues siendo un Shadowhunter y que no te infectó."

La evasión de Jim los siguiente minutos habló de algo más feo. Alec hizo una mueca.

"¿Infectó a otros?"

Jim colocó la tableta en la cama. "No me sorprende que haya terminado así. Lee… está fuera de control. Lo que no esperaba es que fuera entregada a la Clave por el mismo Bruce Wayne."

Alec levantó una ceja. "¿Por qué Bruce Wayne se involucraría en acciones criminales de una mujer lobo?"

"Lo haría..." Jim conectó sus miradas. "Si estuviera seguro que Lee es responsable de mi supuesta muerte."

Alec parpadeó. "¿Pero, porqué le importaría…?" Le desconcertó ver rubor en las mejillas de Gordon. Luego, Alec finalmente comprendió. "Oh."

Jim rodó sus ojos. "No me mires así."

"¿Como qué?" Alec no pudo evitar sonreír.

"Como si fuera un viejo pervertido."

Alec levantó una mano aplacadora. "No esperes que te juzgue. He escuchado las historias de terror de los emparejamientos toda mi vida. Sé que a veces… son arreglos no-convencionales."

Jim gruñó. "No hay ningún arreglo entre Bruce y yo."

"Pero tienen algo suficientemente fuerte para qué aplique justicia en tu honor. Eso habla de una estima muy alta de su parte."

"He ayudado en el caso de sus padres. Así lo conocí, a decir verdad… Por ser el primero en llegar a la escena de los asesinatos."

Wow. Bruce Wayne. La élite de Alicante. La persona que Jim, muy probablemente, sentía que era su Elegido. Un adolescente de 17 años que tenía de afición sacarle más canas a Imogen Herondale. Con razón Jim Gordon prefería ser comido por mujeres lobos, a lidiar con sus problemas.

"Mereces ser feliz, Jim." Alec recordó el mismo consejo que cierta manera, el mismo Jim había intentado darle años atrás. "Deberías hablar con él."

Jim se tomó una pauta. Luego, se puso de pie. "No tengo nada para ofrecerle."

Alec sintió algo romperse al escuchar tal cosa. Era triste que Jim se viera en tal luz. Antes de que Jim se alejara de más, Alec le detuvo la manga de su abrigo. "Puedes quedarte si quieres."

Jim volteó hacia él. Luego su mirada rebotó a la cama.

Así de fácil, la electricidad volvió. Tronó.

Después de lo sucedido la ultima vez, probablemente pudiera ser considerado mala idea una repetición, pero la maldita atracción era insistente. Y después de oír a Luke, Alec estaba sospechando que otras razones habían sido las responsables de la milagrosa transformación de Jim.

Alec lo deseaba aun. Sabia que su tiempo juntos era algo único, con un marcado limite de tiempo. Alec no quería dormir solo. Lo odiaba tras conocer la diferencia de dormir con un cuerpo cálido a su lado.

Jim concluyó su propio debate interno con un ladeo de su mentón. "De acuerdo."

De acuerdo.

Por ahora, tendrían esta noche.


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Fin de Parte 2.

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