El Demonio Uchiha

CAPÍTULO 2

Lenguas de fuego subían por su brazo hasta su pecho. Cada inhalación se tornaba más acuciante. No la estaba ayudando que su captor todavía la sujetase firmemente contra su cuerpo. No podía moverse mientras la agonía la invadía. Sus pensamientos comenzaron a debilitarse, pero ella luchó por aferrarse a la consciencia. Ella innumerables veces se había desmayado, pero esta vez no quería hacerlo, en este mismo momento estando en los brazos de un Uchiha lo único que podía hacer y sentir era terror.

—Quédese quieta, señorita.

—D-duele— ella gimió, cubriendo su rostro en su hombro.

— Deje que pase el dolor.

Su voz bajó hasta ser un murmullo reconfortante. Sus brazos se aflojaron mientras ella intentó disminuir la velocidad de su respiración. Él giró hacia sus subordinados, que estaban saliendo de la casa.

—Hizashi no está adentro. — Dijo uno de ellos gritado. — Solamente encontramos algunos criados, ninguna niña entre ellos.

—La bebida — Itachi le ordenó a otro de sus subordinados, y luego le pusieron algo en su mano. — Beba esto— Él sujetó el sake cerca sus labios. — Le calmará el dolor.

Ella lo miró con lágrimas nublando sus ojos.

— ¿H-ha matado a Kurenai Sensei, y ha Ko?

Él la miró fijamente, inalterable por su dolor.

—Yo no maté a esas personas. Ellos no están aquí. Ahora tome esta bebida. — La intensidad de su mirada penetrante la compelió a obedecer.

Ella cubrió su mano con la suya y tomó un gran trago. Luego comenzó a sofocarse.

Hinata empezó a toser. Nunca había probado nada tan amargo y ardiente. Era como beber fuego líquido. Su piel se tiñó de verde, y ella tembló tan violentamente que sus dientes se chasquearon. Ella llevó su mano hacia su boca para no gritar... o vomitar.

—Ya pasará — su captor se alejó ligeramente y le ordenó mirarlo. Cuando ella lo hizo, sus ojos se clavaron en los suyos, y algo en sus profundidades ardieron diciéndole que él no esperaba ver debilidad en ella. Hinata inhaló profundamente. Él no encontraría eso.

¿Q-qué me dio de beber Uchiha San?

—Es Sake. — Una casi imperceptible sonrisa se curvó en su boca, pero esa era la única evidencia de suavidad en sus facciones marcadas. Un momento más tarde, la sonrisa se había ido. — ¿Dónde está su tío?

—P-por última vez, no lo sé. — Hinata cerró sus ojos para evitar llorar delante de su enemigo. Su maestra Kurenai y Ko habían sido como padres para ella y para Hanabi. Dios querido ¿Dónde estaban ellos? ¿Dónde estaba su tío? Y qué había pasado con su pequeña hermanita— Él e-estuvo aquí antes. Estábamos por partir para Kakure mañana. Él debe haber huido cuando vio a los Ninjas.

—Un verdadero Hyuuga, cobarde por naturaleza.

Hinata lo miró. Mas cobarde era el Ninja que mato a su padre y a casi la mitad de su Clan "El Demonio Uchiha" El hombre al que más le temía y al cual debería de odiar con toda su alma.

—S-suéltame p-por favor.

Por un momento terrorífico, Hinata pensó que podía estar mirando al Demonio Uchiha en persona. Pues sus ojos eran color rojo intenso y en el centro de estos se mostraban tres aspas negras ese debía ser el Kenkai Gankai de los Uchiha: la observaban debajo de unas pestañas negras. Luego su boca se curvó en una sonrisa inhumana mientras él abría sus brazos y la soltó.

Hinata tuvo que agarrarse al antebrazo de él para evitar caerse de su regazo y chocar con el suelo. Ella apretó los dientes cuando una nueva oleada de dolor la invadía. Necesitaba curar su brazo, pero no tenía suficiente Chakra.

—D-duele— Ella se lamentó, estrechando sus ojos y viéndolo a través de la niebla de sus lágrimas. Ese hombre en verdad era cruel.

Su mirada era de fría indiferencia.

—Aunque parece que podría ser tratada con algo de compasión, no tengo el estómago para hacer eso. —El deseaba tratarla bien pero le era imposible por su odio al Clan Hyuuga, para el todos eran de la misma calaña, todos igual de despiadados y cobardes.

—Lo siento— Hinata se disculpó y escondió su rostro con su flequillo, no sabía que había hecho para merecer tanto odio, pero de lo que si estaba totalmente segura era que aquel hombre llamado Itachi en cualquier momento podría matarla, lo podía ver en su mirada escarlata, en sus expresiones llenas de asco y de rencor. Claramente el la odiaba.

Itachi se sorprendió, era increíble que esa pequeña niña no lo insultara o lo mirase con desprecio, eran enemigos naturales, además se disculpaba, cuando era el quien debería de hacerlo después de su mal comportamiento.

El rostro de Hinata mostró sorpresa cuando el brazo de él la rodeó nuevamente.

El dolor estaba comenzando a entumecerse, junto con sus sentidos. Dios querido, ella nunca había sido tan seriamente herida. Los Ninjas atacando para robar ganado era una cosa. Pero que hubiese intentando matarla era otra cosa completamente diferente. Ellos nunca habían hecho algo así antes. Pero hoy, porque los Shinobis de su tío se habían unido en la pelea en el patio, los Ninjas habían atacado con el objetivo de matar. Cuando dos de los Ninjas Renegados se abalanzaron sobre ella, no había tenido otra opción más que utilizar las técnicas de su Clan y defenderse, ella odia los combates pero tenía que luchar por su vida y por las personas que amaba. Después de más de un cuarto de una hora, su Chakra se había agotado y ella había sabido que no podría sostener la pelea por mucho más tiempo. Había pensado que iba a morir. Aunque había pasado muchos años aprendiendo a combatir como una gran Ninja, los oponentes de paja no servían para prepararla para enfrentar a un contrincante de carne y hueso. Había pasado por miedos muchas veces en su vida... pero ninguno como ese.

Tenía mucho miedo del Uchiha, aunque la primera vez que lo vio, él estaba combatiendo con una docena de Ninjas, mientras llamas negras atrapaban a otros consumiéndolos por completo, ella había estado segura que su muerte era inminente. Pero en vez de matarla, él le había salvado la vida. Incluso después de que ella lo había herido, él había luchado por protegerla. ¿Por qué un Uchiha haría algo así?

De repente su cabeza parecía muy pesada como para levantarla. Poco antes de cerrar sus ojos, ella miró al hombre que la envolvía en sus brazos. Él olía a brezo y a niebla. Ese olor la invadió, yendo directamente a su cabeza. El sol estaba justo detrás de él, desparramando luz encima de sus hombros como un manto dorado, recordándole los cuentos de Neji sobre Los grandes Shinobis que se habían vuelto Hokages de su Aldea. Ella sonrió y luego cayó laxa en sus brazos.

Itachi observó su cabeza caer derramando su cabello encima de su brazo. Su mirada recayó en sus labios levemente abiertos de color rosa y su piel de porcelana, bajo su mirada a su cuello, ¡Por Dios! debía estar volviéndose loco, pero la encontraba completamente hipnotizarte. Ella se ajustaba perfectamente a sus brazos. Tuvo la sensación que ellos habían sido creados artesanalmente de ese modo y que no sabía que ella le estaba faltando hasta ese día. No, él se recordó a sí mismo, ella era una niña, debía tener la misma edad que su tonto hermanito, además y más importante aún una Hyuuga, alguien a quien él había nacido para odiar.

Había venido aquí para matar al Patriarca del Clan Hyuuga, no salvar a la bastarda de su sobrina. La miró, y sus ojos ardieron con frustración.

—Junta a los hombres y nos vamos de aquí.

— ¿Y la muchacha? — Deidara preguntó antes de girar hacia los otros.

—Bueno, Tobi no la quiero si ella no puede tolerar su preciado sake. —Surgiendo detrás de ellos, Tobi se rió cuando su líder le lanzó el sake.

Ella había tolerado la bebida mejor que muchos hombres, Itachi decidió, incapaz de evitar de mirarla nuevamente. Otros normalmente vomitaban después de un solo trago de la potente bebida. El modo en que esa niña había luchado contra el peor efecto del sake revelaba el tipo de fuerza que él estimaba y nunca había esperado hallar en un Hyuuga.

—Me la llevo — Itachi dijo, levantando su mirada hacia sus hombres. — Si Hizashi quiere ver a su sobrina viva nuevamente, tendrá que encontrarme y finalmente enfrentarme en una batalla.

— ¿Y si él encuentra nuestra propiedad? — Deidara preguntó.

—Déjalo. — El gruñido de Itachi era como una navaja afilada. — Él me teme y sin duda reunirá otro ejército para llevar con él. Los veremos llegar a diez leguas de distancia y los acabaremos como hicimos en Konoha. Pero Hizashi morirá lentamente.

— ¿Y si la muchacha muere antes que lleguemos a Kirigakure no sato? — Kisame preguntó. Pues la piel estaba mortalmente pálida y su respiración era muy baja.

—Uno no se muere de una flecha clavada en el hombro— Tobi se burló.

Hidan lo golpeó en el pecho con su puño.

— ¿Como él podría saber eso? Nunca antes vimos una flecha clavada en una muchacha. —Deidara concordó, lanzando una mirada prolongada a la muchacha en brazos de Itachi. —Las mujeres son más delicadas que los hombres, pero ella es una Ninja. Además es muy bella.

— ¿Y qué tiene eso que ver? — Tobi preguntó dando otro profundo trago a su sake. Itachi la miró nuevamente.

—Ella vivirá.

Él movió su brazo para envolverla en un ángulo más confortable cuando su muslo comenzó a dolerle, y luego frunció el ceño cuando ella gimió, eso sonó para sus oídos como un gatito ronroneando después de una cena abundante. Ella se abrazó más contra su pecho, sus brazos la sostuvieron con más fuerza, cuidando de la flecha que sobresalía de su hombro. Ese gesto tierno que ciertamente estropearía su feroz reputación. Abrazando a un Hyuuga.

— ¿No deberíamos sacarle la flecha, Itachi? — Kisame preguntó, manteniendo su paso al lado de Itachi mientras corrían por el valle.

Itachi consideró eso, pero la idea le causaría más dolor y eso no le atraía. Pero no quería que sus subordinados pensasen que estaba siendo suave, y menos con un Hyuuga.

—La llevaremos a donde Shizune. Ella no está lejos de aquí. Ella es una Ninja médico. Una vez que le saquen la flecha, la muchacha precisará de Chakra para su total curación. La necesitaré viva si la quiero usar como un anzuelo para su tío.

—No seremos bienvenidos en esa Aldea— Deidara le recordó. —

—Lo seremos si esos putos de mierda quieren seguir con vida — hablo Hidan dando un gruñido detrás de ellos.

Deidara estudió mejor a su líder con una chispa de humor brillando en sus ojos azules.

—Ven, déjame llevarla. Pareces más serio que lo habitual desde que la tienes en tus brazos, creo que la pequeña Hyuuga estará mejor en mis brazos.

—Yo la tengo — Itachi le advirtió sucintamente. — Y dejen de mirarla.

—Sí, dejen de mirarla —Tobi repitió frunciéndole el ceño a su amigo. — A Itachi le gusta esta niña y no dejará que caiga en tus garras como las demás mujeres.

—No me gusta, Tobi— Itachi lo corrigió con una dosis extra de disgusto para convencerlo. — Ella es una Hyuuga además por si no lo has notado, debe tener la misma edad que Sasuke.

—Oh vamos, solo estoy bromeando un poco. No te habrás tomado en serio mi comentario. — Comento Tobi rápidamente.

—Apresuren el paso. Dijo Itachi ignorando la pregunta de su primo.

— ¿Entonces la odias? —Los ojos de Kisame se clavaron en Itachi.

Si, Itachi pensó, él despreciaba la sangre que corría en las venas de esa muchacha. Su Clan era responsable por haber matado a casi todo el Clan de los Uchiha en las últimas cuatro generaciones. Ellos habían torturado a la única persona en su vida que él se había atrevido a amar, le habían sacado todo hasta que nada le quedó excepto rabia, oscuridad, y venganza. Sasuke era lo único y más importante en su vida, jamás les perdonaría el haberlo lastimado.

Si, la odiaba. Pero no tenía el valor para pronunciar las palabras, porque en el fondo muy en el fondo de su atormentado corazón sabía que la pequeña niña que tenía entre sus brazos no tenía la culpa de su odio desmesurado. Apretó su mandíbula y corrió a un ritmo veloz.

—Si — Kisame sacudió la cabeza, y luego corrió detrás de él. — Él la odia.