Cielo Ámbar
La primera impresión que tuvo de él, fue que, era inexperto y atolondrado.
Después, se fueron agregando más cosas a la lista negativa. Como que era ruidoso, poco capaz y algo torpe.
Por eso era tan indiferente con él. Por eso, le reprendía con miradas asesinas a sus indiscreciones.
Sin embargo, cuando estaba lejos de él, estando sola en su jaula, allá en Privet Drive, sentía que algo le faltaba a su existencia. Algo como una chispa, una energía que le hacía sentirse completa, feliz y libre.
En un principio, creyó que aquella sensación se debía a que no terminaba de acostumbrarse a esa soledad, lejos de otras aves y privada de su libertad, encerrada en la jaula durante mucho tiempo en los días que su amo volvía a ese rincón muggle.
Y, cuando estaba en la Madriguera, junto al ruidoso de Pigwidgeon esa soledad se disipaba y volvía a ulular con ánimo.
Entonces, la realidad le cayó como agua fría: Sentía algo especial por esa despistada avecilla.
Consciente de esto, comenzó a tratarlo mejor: ya no era tan indiferente con él y por las noches de caza, le permitía que volara a su lado y le alegrara sus momentos con sus detalles despistado, que para Hedwing, eran muy tiernos.
Hubo una noche en especial. La primera en que, juntos, volaron bajo la luna llena y Hedwing quiso que la hiciera suya en ese momento¹.
Realizaron más paseos nocturnos y Hedwing lo conocía más y más; hasta que se dio cuenta de que si no estaba con él, no se sentiría entera.
Estaba decidida a comunicarle ese mensaje. A decirle que, sin él, no era nada. Le transmitiría el mensaje cuando llegará a la Madriguera, junto con su amo y después después de que Pigwidgeon revoloteara emocionado en su jaula por verla otra vez.
Porque si algo no había aprendido Pigwidgeon, eso era ser discreto. Y a Hedwing le encantaba que no lo fuera. Se sentía especial al darse cuenta de los efectos que producía en su compañero y eso, la alegraba… entonces, era correspondida.
Así pues, esperaba ansiosa el regreso a la Madriguera.
Por fin llegó el día de la partida.
Lo supo en cuanto su amo comenzó a poner más empeño en el arreglo del equipaje y a limpiar su jaula.
Cuando surcó los cielos, ya era de noche. Iba en su jaula, sobre una escoba, a lado de Harry.
Iba exaltada, emocionada… pero no alerta.
De pronto, muchas luces y ruido comenzaron a rodearlos. Luces cegadoras, como los rayos de una tormenta, los alcanzaban por todos lados.
Aleteó con nerviosismo dentro de su jaula. Estaba por avisarle a su amo –a través de ulúlelos – que la soltara, que abriera los barrotes, cuando algo le pegó en el pecho.
Todo se obscureció. El ruido se fue apagando.
* * *
Se visualizó surcando los cielos de Hogwarts bajo la luna llena –como aquella primera noche- y con Pigwidgeon a su lado, tan cerca, que la punta de las plumas de sus alas, tocaban las suyas.
Volaron juntos hasta el amanecer y más allá: hasta la eternidad… Como debió de hacer sido.
1. Me pareció buena idea poner esto. Ya que, la aves -a diferencia de la mayoría de los humanos- se dejan guiar por el instinto. Así que Hedwing no podía esperar solo un beso... ¿o si?
Aquí esta. Como dije en un principo, no tiene mucho -o nada- que ver con Harry y mi pelirrojo favorito, aún así, espero sus comentarios.
Sinceramente yo no estoy muy convencida con el resultado pero fue todo lo que pude lograr U.U
Pinchen las letritas verdes para comentarios, quejas, dudas, tomatazos... lo que sea XD
