Capítulo 2: Longview.
El interior del auto estaba fresco gracias al aire acondicionado. Me apoyé sobre el asiento y suspiré, sintiendo un gran alivio por no tener que estar bajo el sol ardiente. Sonaba música de The Ramones.
- ¿De dónde vienes?- preguntó mirándome con interés.- Parece que viajaste mucho.
- No demasiado, pero tuve que caminar un par de kilómetros y hace mucho calor.- contesté mientras tomaba mi botella de agua y le daba un trago. Se la ofrecí y él la tomó con una sonrisa.- Vengo de Seattle.
- ¿Qué hacías allí?- dejó la botella y bajó el volumen de la música para poder conversar más tranquilos.
- Vivía allí.- dije simplemente.
- ¿Ya no?
- No. Decidí mudarme esta mañana.- expliqué y él me miró con aspecto divertido. Parecía esperar que comentara algo más, así que me explayé un poco.- Es que… bueno, tuve un par de problemas. Me dije a mí misma que necesitaba un cambio y pensé que sería mejor empezar de inmediato.
- ¿Qué tipo de problemas?- quiso saber TK, casi preocupado. Me pregunté si no se imaginaba algo que no era. Tal vez pensaba que estaba huyendo de la policía o algo así. De seguro no quería tener problemas.- ¿Puedo ayudarte de alguna forma?
- No, no te preocupes. Si de verdad quieres saberlo, dejé a mi novio. Eso es todo.- respondí, tratando de que se tranquilizara, pero agradeciendo su actitud de todas maneras.
- Ah… bueno, eso lo explica todo.
Nos callamos unos momentos. Me quedé algo pensativa y, a juzgar por su aspecto, también TK.
- ¿Y qué hay de ti?- pregunté después de un rato.
– Estuve en Vancouver, trabajando. Tenía ganas hace rato de hacer un viaje largo en auto. Me dije que era una buena oportunidad, ya que empezaba mis vacaciones.
- ¿A qué te dedicas?- quise saber, encontrándolo de repente muy interesante.
- Eh… soy músico.- dijo.
- ¿De verdad? ¿Tocas la guitarra o algo de eso?
- Sí, soy guitarrista y cantante en una banda.- contestó, casi de forma evasiva.
- ¿Y tienen algún disco editado? ¿Son conocidos?- traté de recordar su cara de entre los grupos y bandas que conocía. Tenía un aire que me sonaba familiar, pero no me recordó a nada.
- Se podría decir que sí. ¿Y tú a qué te dedicas?- preguntó de inmediato.
- De momento a nada.- respondí, recordando que hasta el día anterior había trabajado en un Mc Donald's.- Dejé mi trabajo ayer.
- Parece que dejaste muchas cosas.- comentó sonriendo.
- Bueno, no lo hice precisamente porque quería. Las circunstancias…- vi en mi cabeza la imagen de Joe, en nuestra cama, el lecho que compartíamos juntos cada noche, donde nos demostrábamos el amor que nos teníamos, revolcándose con esa rubia que al parecer podía ofrecerle más cosas que yo. Sentí que se me hacia un nudo en la garganta. De repente me había inundado la idea de que ya no estábamos juntos, de su traición.
- ¿Estás bien?- me estaba observando atentamente.- ¿Quieres que hablemos de algo?
- No, es que… no sé…- me sentí confundida. ¿Había hecho lo correcto al irme así, sin pensarlo bien? ¿Debí quedarme a hablar con Joe, a plantearle la situación? ¿Qué habría hecho él?- Encontré a mi novio en mi cama, con otra mujer.- escupí casi sin darme cuenta, confiando en él repentinamente. Necesitaba hablarlo con alguien. Llevaba pensando toda la noche, todo el tiempo, desde que lo había descubierto.
- Lo siento.- dijo de forma compasiva.
- Llegué a casa del trabajo y entré a mi habitación, buscándolo. No recuerdo qué, pero quería contarle algo. Abrí la puerta y allí estaban. Él estaba desnudo, a su lado había una chica rubia, parecía una modelo… estaba en ropa interior. Joe quiso explicarse, pero no lo dejé. Los eché de la casa y esta mañana él se apareció a hablar conmigo. Así que tomé mis cosas, le saqué su auto y me fui.- casi me atragantaba con las palabras, me sentía terrible.- Se quedó sin gasolina a unos diez kilómetros de aquí, más o menos. Lo abandoné y empecé a caminar.
- Recuerdo haber visto un auto vacío, en el camino, no hace tanto. Es un buen auto.- me miró de manera severa. Creí que me haría bajar y me dejaría sola, pensando de mí cosas horribles.- Yo en tu lugar lo hubiese destruido con un bat de baseball. – agregó, con la misma expresión.
Sentí un gran alivio: no iba a abandonarme en el medio de la carretera.
- Amaba ese auto. Casi muere de un ataque al corazón cuando me vio que me lo llevaba.- comenté.
Nos quedamos de nuevo en silencio.
- ¿Qué piensas hacer en Los Ángeles?- preguntó.
- En realidad no estoy muy segura. Solamente elegí el rumbo. Pero supongo que buscaré trabajo y un lugar donde vivir. Nada del otro mundo.- contesté. En ese momento mi estomago hizo un ruido que sonó al quejido de un animal.- Lo siento, no como nada desde el desayuno.- me disculpé con una sonrisa.
TK se inclinó hacia mi lado y, buscando en la guantera, me entregó un paquete de papas fritas.
- Tengo que comprar más en el primer lugar que encontremos. Prometo un mejor menú.- reí mientras aceptaba la bolsa que agradecí.
- No te preocupes por mí. Sólo tendrás que llevarme, no hace falta que me cuides y me alimentes.- dije, sintiéndome un estorbo.
Cuando llegamos a Chehalis, el primer pueblo en kilómetros, nos detuvimos en una estación de servicio. Fui al baño mientras TK cargaba gasolina y luego me reuní a él en el autoservicio.
Estaba eligiendo algunas cosas de comer y de tomar: en los brazos tenía varias botellitas de coca cola, bandejas que contenían dos sándwiches, papas fritas, galletas dulces y saladas. Me acerqué al mismo tiempo que buscaba mi billetera.
- Déjame pagar la mitad.- dije, pero TK no me hizo caso. Le dio a la vendedora un poco de dinero y pidió cigarrillos.
- ¿Vamos?- dijo, tomando la bolsa con sus compras y saliendo en dirección al auto. Asentí con la cabeza, pero en vez de seguirlo, me quedé allí.
Tomé algunas golosinas para masticar en el camino, como chocolates, caramelos, goma de mascar, pastillas y otras cosas varias que no había probado. Me pregunté cuáles le gustarían a TK, así que llevé bastante variedad, para que pudiera escoger.
- ¿Qué es eso?- preguntó cuando subí al auto y vio mis compras.
- No me dejaste comprar comida, de modo que traje golosinas.- contesté.
- ¡Uh! Me encantan estos.- tomó una bolsa de caramelos confitados y me sonrió.
- Que bueno porque no tenía idea de qué podía gustarte.- comenté.- ¿Qué vamos a hacer esta noche? ¿Piensas detenerte a dormir en alguna parte?
- No lo sé.- respondió. Tomó un mapa y me lo tendió.- ¿A cuánto está la siguiente ciudad?
- Mmm…- examiné el mapa y calculé las distancias.- El siguiente pueblo es Longview, a unos sesenta kilómetros de aquí.
- ¿Cómo se llama?- preguntó y sonrió divertido.
- Longview. ¿Por qué?
- Por nada, me parece un nombre gracioso.- dijo él, sonriente, como si recordara algo. Me le quedé mirando unos segundos, porque yo no le encontraba nada gracioso ni particular a aquél nombre, luego volví a mirar el mapa.
- Está en el límite con Oregon, derecho por esta misma carretera.- proseguí.- No sé qué planes tenías tú para este viaje.
- Nada en especial. Me parece bien seguir derecho por la carretera número 5, así no nos perderemos, y lo más probable es que lleguemos más rápido.
De forma que continuamos hablando sobre el rumbo que tomaríamos. Antes de que nos diéramos cuenta, Chehalis había quedado atrás.
Ni TK ni yo estábamos cansados, así que decidimos conducir toda a noche para llegar a Longview, o mejor aun a Pórtland.
Cerca de las nueve de la noche, cambiamos de roles: yo me puse al volante. Íbamos escuchando música, bromeando y comiendo.
- No te pregunté qué edad tienes.- dijo él mientras mordía su sándwich.
- Veinticuatro. ¿Y tú?- pregunté, antes de darle un trago a la coca cola.
- Treinta y cuatro.- contestó, haciendo que me atragantara con la bebida.- ¿Qué?
- Estás bromeando.- susurré, limpiando el volante con una servilleta.- No puedes tener diez años mas que yo… te ves tan… no sé, joven.
- Gracias.- sonrió orgulloso.- Pero es cierto.
Terminamos de comer y nos pusimos a conversar de varias cosas al mismo tiempo. Yo le conté de mi infancia en Nueva Orleáns y él de la suya en Berkeley. La conversación nos dejó a ambos recordando viejos tiempos y acabamos quedándonos callados y absortos en nuestros pensamientos.
Cuando volví a mirar a TK, se había dormido, acurrucado en su asiento, con una expresión parecida a la de un ángel en el rostro.
Como que casi no se nota que me gustan los hombre músicos y mayores que yo, ¿verdad? Jajaja...
Aclaro: aquellos que me empezarán a decir: "es que le falta algo a la historia" sí, lo sé xD la escribí hace casi 5 años, yo tenía entre 15 y 16, no me acuerdo en qué fecha o momento la hice; la saqué del baúl de los recuerdos y sólo le corregí unas cuantas cosas gramaticales así que, si le falta desarrollo y demás, pues sí pero xD qué rayos! Tan sólo imagínense todo jajajajajajaja...
Rose: no la he leído, aunque está en mis favoritos, ya muchos me la han recomendado y doy mi palabra de que la empezaré a leer esta semana, de poder terminarla no prometo nada, pero si encuentro interesante la historia, arreglo mi tiempo y consigo el permiso de la autora, ¿por qué no hacerlo? :D
Zero: Simplemente como Takari no funcionaba jajaja pero la original sigue en pie :)
Y para los demás, mil gracias por comentar, me alegra que de momento los haya entretenido :D
