02. ODIO ESA INSISTENCIA DE PREOCUPARTE POR MI BIENESTAR.
Disclaimer: He de aclarar que los personajes no son de mi propiedad, pertenecen a la franquicia de cómics MARVEL. Así cómo la interpretación de sus personalidades, habilidades, debilidades, virtudes, defectos, historia, entre otra información que se considere verídica en este universo ha sido sacado tanto de los cómics cómo de las películas producidas por la cadena directiva de DISNEY. Aclararé que lo único que me pertenece es la historia que será narrada a continuación, personajes originales cómo pequeños cambios en los protagonistas.
Pareja principal: Rogers Steven G. and Stark Anthony E.
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—Hablan los personajes.
Pensamiento de los personajes —
–intervención para agregar detalles posiblemente relevantes–
—Hablan por teléfono, radio u otro medio de comunicación.
—Otro idioma (traducción al español)
« Diálogos pasados, recuerdos de algún personaje y/o sueños »
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Advertencias: Esta pequeña historia está ubicada en algún universo alternativo en que nuestros héroes no son más que estudiantes universitarios; no tiene una secuencia en concreto, únicamente son fragmentos de la vida de nuestros protagonistas.
Este conjunto de drabbles está dedicado a VIENTOYHIELO y a MR. ROGERS-STARK.
DISFRUTEN DE LA LECTURA
En el caso de no hacerlo, HULK SMASH algunas cabezas.
[UNIVERSO ALTERNATIVO]
— ¡ERES UN MALDITO HIJO DE PUTA, ANTHONY STARK!
Edward no alcanzó a escuchar el insulto que profirió uno de sus compañeros de fraternidad, a decir verdad, ninguno de los presentes restantes lo había escuchado. La hélice del helicóptero había protegido la virginidad auditiva de algunos; la de los demás, no estaba demás decir, que se encontraba destruida. Lo único que se alcanzaba a escuchar dentro del helicóptero era la risa nerviosa del único hijo del matrimonio Stark.
— ¡¿Ustedes no creen que Wilson abrió demasiado rápido el paracaídas?! —Clint levantó la voz lo suficientemente alto para que el instructor le escuchara; el hombre, de aspecto militar retirado, miró por la ventana del vehículo aéreo antes de volver a su posición para tranquilizar a los universitarios.
— ¡Estará bien!
— ¡Es usted quién no terminará nada bien cómo alguno de esos imbéciles se llegue a romper el cuello!
Laufeyson había levantado finalmente la voz desde el asiento en dónde se encontraba ubicado; ni siquiera, por todo el amor que sentía por su madre adoptiva, iba a atreverse a saltar con un maldito paracaídas con rumbo a quién sabe dónde mierda. Escuchó nuevamente la voz del instructor, quién, con su vasta experiencia en deportes extremos, aseguraba que abrir antes o después el paracaídas no interrumpiría en su caída. La atención del abogado se perdió, al igual que la de aquel científico, quién estaba más concentrado en intentar disminuir su ritmo cardiaco, no podía únicamente centrarse en la idea de que iba a morir aterrizando un paracaídas.
Cómo odiaba estar enamorado. ¡Lo odiaba, lo odiaba! ¿Es que acaso no podía simplemente desenamorarse?
Al igual que una fangirl que entendía finalmente, después de madurar, que su ídolo jamás será de ella.
Hacía una semana atrás había escuchado –casualmente, no es que él se encontrara espiando al rubio– una conversación entre ese dúo de amigos que él tanto envidiaba. James estaba recordando, cómo un niño pequeño que rememora ese episodio en que su padre le entregó finalmente ese juguete que tanto pataleo en el centro comercial, la época en la que practicaron paracaidismo extremo con el tío ruso de su novia –había utilizado un montón de palabras indescriptibles para el castaño porque no entendió del todo su significado, pero estaba seguro que el tipo era o un espía o un mafioso ruso–. Esa misma noche, en la reunión cotidiana en la habitación del deportista, comentó casualmente que conocía un instructor de paracaidismo que entrenó a su primo, quién sabe qué primo, hacía un par de años atrás.
En menos de media hora, la habitación se encontraba llena de estudiantes universitarios que estaban interesados en practicar paracaidismo; la otra mitad, estaba únicamente allí para chismosear.
Esa noche, James se convirtió en su persona favorita.
— ¡¿Qué es lo que te está ocurriendo, Stark?! ¡¿Es que acaso tienes miedo de saltar?! —En efecto, únicamente por esa noche.
James fue el tercero en saltar, después de haberle pegado una patada en la espalda baja a Clint para que se tirara del maldito helicóptero de una vez por todas.
La única razón por la que soportó que ese montón de deportistas descerebrados fuesen con él a practicar paracaidismo era porque su Capitán de equipo, el Príncipe, se encontraba en ese mismo helicóptero esperando su turno para saltar. Lo observó desde su posición, con ese traje ajustado, deseó internamente que no tuviese que abrirlo en medio del aire, porque tendría que ocultar ese cuerpazo de…
Maldita sea, era cómo un dios griego encarnado.
— ¡Vamos a ir también, Hermano! ¡No te quedes allí sentado cómo un gusano aburrido! —Loki ni siquiera se molestó en moverse, de hecho, ni siquiera tuvo que intentar forcejar, de hacerlo, hubiese perdido con la fuerza bruta que poseía su hermano. Aquello que le salvó, no fueron más que los cinturones de seguridad que se ajustaron mucho más en el asiento, de allí no se movió.
Deseó ser su mejor amigo por primera vez en toda su vida.
— ¿Vas a saltar también? —Edward se sobresaltó. La voz del rubio se escuchaba demasiado cerca para él, pero al mismo tiempo, tan distante. Volteó su rostro con el cuerpo temblándole, aún, había estado a punto de caerse del helicóptero sino fuese por aquel fuerte brazo del atleta que se envolvió alrededor de su antebrazo.
Disfrutó del contacto por un minuto más.
— ¡Me iré adelantando, Amigo Rogers!
Thor le regresó a la cruel realidad.
— ¡Saltaré! —Aseguró.
— ¿Estás seguro, Tony? —Volvió a preguntarle, demasiado cerca de su oído, era una tortura—. Ya sé lo irritante que pueden resultar mis compañeros de equipo, no es necesario que también tengas que demostrar hombría cómo lo están haciendo ellos…
—Tú también vas a saltar —puntualizó.
—Lo haré porque me gusta —le sonrió, no obstante, desde la posición del menor, ni siquiera la pudo apreciar con exactitud; sí se hubiese enterado que le estaba sonriendo únicamente a él, se suicidaría por perder semejante oportunidad de arrancarle aquella mueca de un beso.
Cómo sí pudiese besar al Príncipe tan fácilmente, él no era Romanoff.
¿Por qué demonios ella sí podía? —. ¿Y? ¿Eso qué? Yo también quiero saltar —la frustración de sus pensamientos le invadieron.
Después de un minuto se arrepintió; había descargado todo el enojo que comenzó a cultivar encima de él, Steven no tenía la culpa de lo que estaba sintiendo. La tenía, en parte, pero eso no significaba que toda la irritación que embulló dentro de él debía de descargarla en su contra.
Él únicamente estaba actuando como siempre, cómo el Príncipe.
—Perdón.
—Es tú primera vez, es normal que estés nervioso —Anthony deseó permanecer en esa posición mucho más tiempo, más de lo estipulado por su cerebro; más de lo que tenía permitido por aquella ley invisible que separaba al crush de su persona—: ¿quieres que saltamos juntos?
¿Por qué demonios su cerebro únicamente entendió: juntos? ¡¿Le había propuesto que saltaran, los dos, juntos, juntos?!
Juntos, juntos, juntos…
Un momento, debía de ser un mal entendido de su cerebro—. ¿Quieres que saltemos juntos?
Edward no llegó a escuchar la forma en la que le había preguntado aquello, pero la tierna sonrisa, maldita sea, era hermosamente adorable, que le había dedicado su compañero de fraternidad le hizo entender que sonó como el perfecto imbécil, el más grande del universo.
Había llegado el momento, debía de matarse con el paracaídas.
—Sí, hagamos un salto tándem —propuso.
—Eso me ha sonado cómo una nueva posición indecente que trae la última versión del kama-sutra que salió la semana pasada —la ceja levantada del deportista le hizo carcajearse—. Es una broma, una broma. ¿Por qué todo te lo tomas con seriedad, Anciano?
— ¿No debería hacerlo?
—No, no cuándo se trata de una broma —Juró que su compañero de fraternidad se había sentido incómodo con la broma—. ¿Qué es el salto tándem?
—Es una variación del paracaidismo —comenzó su explicación—, en él se utiliza un sistema de doble arnés; uno que utilizaré yo, mientras que el otro, obviamente, lo vas a utilizar tú, ese es especial, porque es de tándem, el propósito de ese arnés es ceñirse a tú cuerpo, de esa forma, podré moverme con libertad en el aire aun teniéndote pegado a mí.
» Te moverías como un profesional.
Teniéndote pegado a mí, teniéndote pegado a mí, teniéndote pegado a mí, teniéndote pegado a mí...
Maldita sea.
Eso era lo único que se encontraba resonando en su cabeza, golpeteaba constantemente cómo un compás de tambores que le indicaban el inicio de un enfrentamiento final. Edward perdió el hilo de la explicación cuándo comenzó a hablar sobre un sistema doble de arnés, bendita seas, ciencia. No obstante, la gota que derramó el vaso fue, definitivamente, que él estaría restregando su trasero en ese perfecto cuerpo de adonis, en el aire, con un paracaídas puesto.
En el cielo, con una erección.
— ¿Tony?
La dulce voz del deportista llamándole, con los labios demasiado cerca de su oído, le regresaron a la cruel realidad. Anthony parpadeó estúpidamente, buscando cómo ese equilibrio de lo que estaba ocurriendo, tanto dentro como fuera de su cabeza. Todo se estaba convirtiendo en un desastre, estaba incluso sudando. Llegó a la conclusión que debía o debía de autodestruirse.
Era muchísimo mejor que esperar el apocalipsis.
— ¡NO! ¡DEFINITIVAMENTE ESO NO ES NECESARIO! ¡Yo saltaré, sólo, lo haré! —Lo iba a hacer, estaba convenciéndose de eso, maldita sea—. ¡Lo haré! ¡Lo haré! Lo haré… lo haré.
En definitiva, no iba a hacerlo.
Grant lo tomó nuevamente del antebrazo, con dulzura—: no es necesario que lo hagas sí no quieres.
Bendito seas, Steven Grant Rogers.
— ¡YA DIJE QUE LO IBA A HACER!
Edward lo empujó con toda la fuerza que pudo recuperar en esos momentos, el helicóptero sufrió una turbulencia gracias al fuerte viento que sopló sacudiendo por completo su estructura, el estudiante de ciencias salió del vehículo aéreo, rumbo a tierra.
Esa tarde se meó el traje aéreo, pero logró gritar a todo pulmón que estaba enamorado de ese estúpido Príncipe.
Allá arriba, nadie le iba a escuchar.
.
.
De: Starktic [08:15]:
» ¿Ya llegó el profesor? «
De: Barnescile [08:15]:
» Todavía no ha llegado, ¿por qué? «
De: Starktic [08:15]:
» Anótame en la lista de asistencia «
De: Barnescile [08:16]:
» ¿No vas a venir a clases? «
De: Starktic [08:16]:
» No imbécil, estoy refriado «
De: Barnescile [08:17]:
» Verdad que sí, te measte el traje aéreo, me hubiese sorprendido sí no te hubieses refriado… «
De: Starktic [08:19]:
» Vete a comer mierda, Barnes «
De: Barnescile [08:19]:
» ¿Quién demonios se enferma después de mearse un traje aéreo? «
» ¿Tony? «
» ¡Es una broma! ¡Ya sabes que este profesor es un maldito calvario! ¡No me abandones con él! «
» ¡No firmaré la puta lista de asistencia! «
» ¡Stark, contesta el puto celular! «
.
.
Anthony todavía se encontraba medio dormido cuándo sintió una pequeña presión sobre su frente, una realmente cálida, porque el objeto en cuestión, que permaneció allí, estaba húmedo, tibio. Le llenaba de una tranquilidad indescriptible, después de todo, desde esa mañana, había comenzado a sentir un escalofrío que no había podido controlar, ni siquiera con un par de cubrecamas extras que le robó al imbécil con el que se había mensajeado. Intentó forzar la vista, más sin embargo, lo único que logró observar fue una figura masculina borrosa; deseó que fuese él, no obstante, él más que nadie, sabía que era producto de su estúpido corazón que no se resistía a crear un montón de escenarios, los cuales, utilizaba al rubio deportista como protagonista.
Estaba completamente consciente de que su amigo se preocupaba en exceso por los demás, él, sobretodo, odiaba que se preocupara por su bienestar porque le hacía ilusionarse falsamente. En especial, cuándo estaba a punto de hacer algo estúpido; por esa razón regañó a su corazón: él no podía estar allí con él.
La mano del rubio se alejó de su frente—: espero que te mejores, Anthony.
NOTAS DEL AUTOR:
—A decir verdad, no sé un carajo de paracaidismo (sí, así de simple), no obstante, según Wikipedia, este se abre (o lo abre el paracaidista) a una altura en específico, es decir, se miden los pies de alto. Y, a partir de eso, este se abre. Wilson pudo haberlo hecho antes o después (supongamos que cinco segundos después) no tiene problema alguno, aunque tardaría mucho más tiempo en el aire (esto lo explica la sección de salto tándem)
—Steve explica lo que es el salto tándem.
—La parte de los mensajes de texto:
Starktic: Stark – Idiotic, cortesía de James Barnes.
Barnescile: Barnes – Imbecile, cortesía de Anthony Stark.
(Ellos se llevan así de bien)
—James está estudiando Ingeniería Mecánica, Anthony está estudiando Ciencias Físicas, tienen un par de clases juntos.
—Steven es el Capitán del equipo de Fútbol Americano en la universidad.
—Loki está estudiando Derecho.
—Steven está estudiando Arte (creo que en el primer drabble se dan cuenta al estar leyendo un libro de arte renacentista)
—Gracias por leer hasta aquí, besos.
