Resumen: "¿Recucuerdas la leyenda del Fenix Ginny?" me pregunto mi abuela......Por que yo no quiero olvidar el pasado, solo quiero seguir adelante, y renaciendo de las cenizas podré hacerlo.
Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, todos lo derechos reservados son de J.K Rowling y W.B.
Verano – Otoño – Invierno - Primavera
Verano de 1997
Capitulo 1- Au Revoir Papa (Adios Papá)
El sol de agosto prometía una tarde seca en Oterry St. Chaptole. Todos los habitantes de la madriguera estaban reunidos en el comedor, disfrutando de la primera comida del día.
Los Gemelos y mi padre disfrutaban del gran desayuno que mi madre había preparado para ellos.
-Buenos días- salude a mi Mamá que limpiaba sus manos en su largo delantal blanco
-Buenos días cariño-contesto mientras ponía frente a mí un plato con mi desayuno. Casi al momento, los gemelos se levantaron
-Debemos irnos-anuncio Fred acercándose a mi madre y dándole un beso en la mejilla
-¿Tan pronto?- se quejo angustiada
-Solo queríamos ver que todo siguiera en orden -apoyo George- Vendremos mañana y nos quedaremos todo el día-
- Después de todo, mañana es un día especial- dijo Fred sonriéndome cómplice, entonces ambos salieron por la puerta.
Mamá lanzo un suspiro resignado y desapareció tras la puerta de la cocina. Yo y Papá nos sumimos en un silencio incomodo.
-¿No han tenido noticias?-me anime a preguntar, refiriéndome claro al trío dorado
-Ninguna-contesto abatido papá-No ha pasado mucho desde que desaparecieron en la boda de Bill-
Solo asentí con la cabeza y comencé a jugar con mi comida.
- En dos días es mi cumpleaños-solté de repente.
A mi padre se le ilumino el rostro y con una sonrisa asintió.
-Cumplirás 16 años-anuncio como si yo aun no lo supiera.
Solo atine a sonreír, pero la sonrisa no llego a mis ojos, en esos momentos me importaba muy poco mi cumpleaños, con todo lo que estaba pasando, no era tiempo para celebrar. Mi padre como siempre, pareció saber que pasaba conmigo, por que tomo mi mano sobre la mesa y me dedico una mirada llena de ternura.
- Supongo que podremos organizar algo discreto, ¿te parece?-
Sonreí. No estaba segura de que responder, mi cumpleaños para mis padres era una fecha importante, siempre organizaban una enorme fiesta e invitaban a muchísima gente, Mamá preparaba suficiente comida para todos, mis hermanos sin excepción alguna venían a celebrar en la madriguera. Papá observo que dudaba y sonrío apretando mi mano otra vez.
-En momentos tan oscuros, una fiesta es una excelente excusa para estar felices aunque sea un día-me guiño un ojo-Apuesto a que eso mantendrá ocupada a tu madre-
Eso acabo de convencerme, volví a sonreír mas emocionada y asentí enérgicamente con la cabeza.
oOo
Mañana seria mi cumpleaños. Todo el mundo estaba ansioso por la fiesta.
Luna Lovegood, mi mejor amiga, vendría junto a su padre para la celebración. Aunque nuestras casas no estaban muy lejos, no solíamos vernos con frecuencia, ya que casi siempre Luna estaba de Expedición con su padre. Mis otras amigas, Amanda Carrigan y Will Arcord también vendrían, pero ellas vivan mas lejos y solo las veía en la escuela.
Me cubrí los ojos por el fuerte sol que había y observe el cielo despejado mientras recordaba las instrucciones de Mamá.
-Mañana debe haber ramilletes de rosas en toda la casa-
Papá había prometido encontrarse conmigo en el jardín cuando volviera del trabajo y el siempre cumplía su palabra. Me agache para cortar una rosa roja completamente abierta y me piche con una espina. De la punta de mi dedo índice brotaron grandes perlas de sangre y automáticamente pensé "Mala Suerte". Envolví el dedo con la esquina de mi delantal y decidí no seguir pensando tonterías. Luego corte con cuidado la rosa que me había herido. Al mirar hacia el horizonte, vi desaparecer el último rastro de sol detrás de la colina. Pronto caería la noche y un sentimiento de intranquilidad me envolvió. ¿Dónde estaba papá? Se había marchado por la mañana por un improviso en el ministerio, pero había prometido volver en la tarde, y ahora la noche casi había caído.
Al día siguiente era mi cumpleaños y sabía que mis padres entrarían a mi cuarto en la madrugada para cantarme Feliz Cumpleaños. Yo despertaría entre risas y los abrazaría, luego bajaríamos para abrir mis regalos, sabia que Papá me regalaría una muñeca de porcelana, desde que nací, todos los años me regalaba una. Mamá me regalaría algo que ella misma hubiera hecho: Sabanas, Camisones o blusas con bordados. Las sabanas siempre las guardaba en el baúl que había a los pies de mi cama para "Algún día".
Mi pulgar no dejaba de sangrar. Recogí la cesta con rosas y corrí al jardín, me detuve en el patio para lavarme la mano en el arroyo que había a un lado de mi casa, mientras el agua me aliviaba, observe que las estrellas comenzaban a aparecer en el cielo y escuche a los grillos cantar entre la maleza.
Forcé la vista para buscar alguna nube de polvo o silueta que me anunciara que Papá había vuelto a casa, pero no vi nada. Bajo la luz del crepúsculo cruce el pateo y fui a la parte posterior de la casa, allí encontré a mamá que también veía el horizonte.
-Mamá, me pinché el dedo-fue lo primero que dije
-Mala suerte-dijo ella, confirmando mi superstición, pero esbozando una calida sonrisa.
Ambas sabíamos que la mala suerte no pasada del simple hecho de volcar una jarra de agua o romper un florero.
Mamá me abrazo por la cintura y ambas posamos la mirada en la ventana.
-Solo se ha demorado un poco-dijo ella.
Yo le creí, pero reprendí mentalmente a mi padre, ¿Por qué debía tardar tanto?
-Mamá, anoche se aviso que los Mortifagos estaban por esta zona-
Ella asintió y se mordió el labio con preocupación.
-Nuestra familia es Traidora y tu hermano es el mejor amigo de Harry, por eso es obvio que estamos en la mirada del que no debe ser nombrado y sus seguidores-dijo con voz preocupada- Nosotros no sabemos nada de Harry, lo sabe la orden-
-Pero… ¿tú crees que lo sepan los Mortifagos?-
-Eso espero-susurro-ya envíe a Fred y George a buscarlo. Abra que esperar-
~O~
Mama sirvió el Té en la sala, mi abuela también estaba allí.
-Ven aquí Ginny-dijo mientras de su bolso sacaba hilo y gancho-estoy empezando una manta y voy a enseñarte el Zigzag-
Cedrella Weasley, mi abuela, solía visitarnos mas seguido ahora que el abuelo Septimus había muerto. Según decían todos, ella era una versión más pequeña, anciana y arrugada de mí. Tenia un aspecto elegante y distinguido con su vestido negro, los aretes de oro que se ponía todos los días y el cabello blanco y recogido en un moño sobre la nuca, el cabello que alguna vez había sido exactamente del mismo tono rojo que el mío. A veces, cuando me trenzaba el cabello y lo ponía sobre mi cabeza, me daba cuenta de que lo que decían todos estaba muy cerca de la verdad, bastaba con ver las fotos de mi abuela cuando era joven. Teníamos el mismo cabello, Rojo Sangre, ondulado y tupido en las puntas. Las mismas facciones, la piel pálida y tersa. Sin embargo, yo no tenía los ojos de mi abuela, los ojos de Cedrella eran de un tono Gris azulado, un tono característico de los Black. Los míos por otra parte eran iguales a los de mi madre, que parecían gruesas almendras de color café.
Yo amaba a mi abuela, más que nada por sus ideas y su apego a los convencionalismos sociales. Ella podía ofrecer un té formal a un grupo de señoras estiradas y después, cuando todas se iban, la podía encontrar caminando descalza en su jardín con un libro, leyendo poemas a los pájaros. Aunque algunas cosas siempre eran iguales, el pañuelo bordado que siempre asomaba de la manga de su vestido, otras cosas eran sorprendentes, una flor en su cabello, una piedra en su bolsillo o un pensamiento filosófico en su conversación. Cuando mi abuela entraba en una habitación, todo el mundo se esforzaba para que estuviera cómoda. Incluso mi padre le cedía el asiento.
-Vamos siéntate-insistió mi abuela
-¿Es que lo único que podemos hacer para distraernos es tejer?-me queje yo.
De todas formas me senté junto a ella, sintiendo su olor a menta y flores.
-¿Qué te paso en el dedo?-pregunto
-Me pinché con una espina-le conteste
Ella meneo la cabeza y dijo pensativa.
-No hay rosa sin espinas-
Yo sonreí. Ahí estaba uno de sus comentarios filosóficos. Yo sabia que no se refería a las flores, si no que en la vida siempre había dificultades.
Mire el gancho que bailaba de arriba abajo en su mano, siempre que caía un cabello en su ragazo, ella lo recogía y lo tejía junto con el hilo.
-De esta manera mi amor y mis buenos deseos estarán siempre en ella. Ahora, mira, Diez puntos arriba hasta la cima de la montaña. Sumas un punto-me decía mientras guiaba mis manos entre el hilo y el gancho- nueve puntos abajo hasta el fondo del valle. Saltas uno-
Yo intentaba imitar los movimientos que ella hacia y luego veía lo que tejía. Las cimas de mis montañas estaban muy torcidas y mi valle abultado.
Mi abuela sonrío, se inclino hacia mí, pensé que me diría algún comentario positivo, algo como "Lo hiciste bien Ginny", pero en vez de eso, estiro el brazo y tiro del hilo, deshaciendo todo mi trabajo.
Yo abrí la boca como si no lo creyera y luego lance un gemido de tristeza.
-Nunca temas empezar de nuevo- me dijo mientras seguía con su manta.
Yo suspire y comencé de nuevo.
Más tarde llego la Señora Venner, nuestra vecina.
-Dieter y Derek se encontraron con tus hijos, decidieron ayudarlos a encontrar a Arthur-dijo la mujer mientras se sentaba en la sala con nosotras.-les traje bocadillos-añadió mientras dejaba la bandeja en la mesa, yo no había comido nada así que tome varios pastelillos. La mujer le ofreció uno a mi madre.
-No gracias-dijo ella
-No te preocupes, lo encontraran-dijo mientras se colocaba a su lado.
Los Venner habían vivido junto a nosotros desde que tenía uso de memoria. De hecho no recordaba un momento en el que Solvieg Venner no estuviera ahí para cuidarnos. Era una mujer noruega, Alta, con el cabello rubio y los ojos azules. Observe a las dos mujeres que miraban hacia la oscuridad y no pude evitar pensar que Solvieg era lo opuesto a mi madre.
Dieter Venner era el marido de Solvieg, era un viejo compañero de Papá, su mejor amigo. Tenía la piel tan clara como la de su esposa, pero era mucho más alto. Yo pensaba que con sus ojos redondos y sus pestañas largas, parecía un cachorro abandonado. Sin embargo, el no era una persona triste. Amaba la tierra tanto como Papá y ambos habían conseguido resucitar la rosaleda abandonada que había entre nuestras casas.
Derek era el hijo de Dieter y Solvieg. A sus dieciséis años ya era más alto que su madre. Tenía la piel sonrosada y los ojos grandes y soñadores. Derek había sido un niño inquieto y burlón, pero había crecido para convertirse en un adolescente maduro. Era cierto que el conocía las partes mas alejadas del valle que rodeaba las casas de ambos mejor que nadie, y para mi fortuna, siempre estaba dispuesto a mostrármelos. La relación que teníamos era algo extraña, no nos llevábamos nada bien, a decir verdad, casi siempre terminábamos gritándonos el uno al otro, aunque al día siguiente actuáramos como si nada hubiera pasado. Supongo que era por el recuerdo de la gran amistad que habíamos tenido de niños.
Varios años atrás, cuando todavía era pequeña, mi abuela hablaba de los niños de "buenas familias" que algún día conocería. No podía imaginarme que me buscara una pareja que ni siquiera conocía, así que anuncie.
-¡Me casare con Derek!-
-Cambiaras de opinión cuando crezcas-dijo mi abuela riendo de mi.
-No, no cambiare de opinión-respondí obstinada.
Pero ahora no pensaba igual. Mi corazón después de todo, ya pertenecía a alguien más, y para mí, Derek Venner no podía ser más que un "amigo". Además, entre el y yo, corría un profundo río, yo estaba en una orilla y el en la otra, y ninguno podía cruzar.
Hacia algunos años, poco después de entrar a Hogwarts, se me ocurrió mencionárselo una noche en la que estudiábamos en la sala común. El actúo normal y me dio la razón, pero después de eso, las cosas jamás volvieron a ser lo mismo entre los dos.
Luna, que también conocía a Derek, tenia la teoría de que éramos tan parecidos el uno al otro que por eso no nos llevábamos bien, "Polos Iguales se repelen", solía decir mi amiga. Derek Venner había sido mi mejor amigo, pero ahora era un simple conocido.
Distraída, Mamá paseaba frente a la ventana, haciendo un ruido sordo cada vez que daba un paso sobre el piso.
Solvieg encendió las lámparas.
Los minutos se convirtieron en horas.
-Veo luces-dijo Mamá y corrió a la puerta.
Pero no eran mis hermanos y mi padre, se trataba de Luna y su padre, Xenophilius.
-Molly-saludo el padre de Luna-parece que tengo malas noticias, una de mis lechuzas trajo esto.
Le dio a mamá las gafas de mi padre, fáciles de reconocer para cualquiera que lo conociera por la torcedura que había en el puente.
Mama se puso pálida. Los examino volteándolos una y otra vez en sus manos.
-Quizás no significan nada-dijo, luego ignorándonos a todos, se volvió a la venta y comenzó a pasear de nuevo agarrando las gafas contra su pecho.
-Las acompañaremos en estos momentos difíciles-dijo Xenophilius y al pasar junto a mi me dio un suave golpe en el hombro. Esto hizo que un miedo me invadiera y me estremecí por mi padre. Luna se sentó a mi lado y apretó mi mano, aun cuando su mirada se perdió en la sala.
Mi abuela y Solvieg habían encendido velas y juntaban sus manos en modo de rezo para que todos volvieran sanos y salvos. Mamá, con los brazos cruzados sobre el pecho, seguía paseando de un lado a otros frente a la ventana, sin quitar la vista de la oscuridad. Intentamos pasar el tiempo con una conversación, pero las palabras fueron desapareciendo hasta que todo se convirtió en silencio. Los sonidos de la casa parecían intensificarse, el tic tac del reloj (que realmente no nos decía nada pues todos los miembros marcaban "Peligro de muerte"), la tos del señor Lovegood, el tintineo de la taza de mi abuela.
Yo seguí peleando con los puntos y en cierto momento Luna me ayudo con la tarea. Trate de pensar en mi fiesta, y en todos los regalos que recibiría, aun cuando no fuera materialista, me ayudaba a distraerme. Intente pensar en los ramilletes de rosas y cestas de comida que habría en cada mesa. Intente pensar en Will, Amanda, Luna y las otras chicas que vendrían, riéndonos y contando historias. Pero esos pensamientos duraban muy poco en mi mente, antes de transformarse en preocupación. No dejaba de sentir dolor en mi pulgar, donde la espina había dejado su marca de mala suerte.
Ya no quedaba nada en los candelabros excepto pequeños pedazos de cera, cuando finalmente Mamá hablo.
-Veo luz, ¡Alguien viene!-
Corrimos al patio y vimos unas luces a lo lejos, un pequeño faro de esperanza que oscilaba en la oscuridad.
Vimos sombras. El señor Venner encabezaba la marcha, y atrás iban mis hermanos y Derek. Entonces se detuvieron.
Atrás de ellos había un cuerpo, completamente cubierto por una manta.
-¡¿Dónde esta Papá?!-grite con la voz ahogada
El señor Venner hundió la cabeza. Los gemelos no dijeron anda, pero había lágrimas corriendo por sus mejillas confirmando lo peor.
Mi madre se desmayo.
Mi abuela, el señor Lovegood y la señora Venner corrieron a su lado.
Yo sentí que se partía mi corazón. Luna me sostuvo mientras de mi boca salía un sonido que creció lentamente hasta convertirse en un grito de dolor. Caí de rodillas y me hundí en un agujero negro de desesperación e incredulidad.
N/A: Bueno, aquí estoy otra vez con un fic largo. Una vez mas me e valido del recurso de la muerte para hacer despegar esta historia. Ahora le perdone la vida a Molly pero no asi a Arthur. Espero que este hecho no disminuya su interes en el fic y sobre toda las cosas comprendan que solo es un medio para desarollarlo, no piensen en ningun momento que tengo algo contra los padres de Ginny :)
Debo aclarar que aunque esto esta como un Harry Ginny, estos se reencontraran un poco adelante en la historia, segun lo planeado, pero si por ahi tienen una sugerencia, sera bienvenida, en un Review yeyy!!:)
