Disclaimer: los personajes le pertenecen al gran Masashi Kishimoto.
Avanzar
#1. Época feliz.
Estaban ahí, nerviosos, de pie frente a la puerta de su nuevo hogar.
Ninguno de los dos se había atrevido a tomar las llaves, y abrir la cerradura. Tenían un gran miedo a lo desconocido, a lo que habría detrás de aquella puerta. Sabían que en el momento en que dieran un paso hacia adelante, no existiría marcha atrás.
Hinata apretaba fuertemente la manija de su maleta. Todo el camino, desde que se había bajado del tren, hasta que tomaron el autobús, se mantuvo positiva.
Pero ahora que estaba a un paso de su nueva vida, le temblaban las piernas.
No era como que se arrepintiera de algo, simplemente estaba asustada. Desde que dejó Tokio, no se detuvo ni una sola vez a pensar si estaba haciendo lo correcto o no, porque fue fácil tomar la mano de Naruto, y salir corriendo. Sí, fue algo tonta, pero sinceramente no tenía nada que perder, su padre fue el primero en echarla, no tenía a nadie que se preocupara por ella, bueno… quizá su hermana la llegaría a extrañar un poco, pero al final la olvidaría, así que en conclusión, nadie la iba a echar de menos.
Siempre había representado el papel de una torpe y débil chica. Demasiado inútil como para considerarse digna heredera de la empresa de su padre, y tan estúpida, que no podía hacer nada por sí misma.
No quería ser esa persona nunca más. Casarse fue la primera decisión que tomó por sí misma, aunque todo el mundo la llamara ilusa por creer que su matrimonio iba a funcionar.
«Ustedes no son más que niños, queriendo jugar a ser adultos», había dicho la madre de Naruto.
Jamás en su vida le había desagradado tanto una frase. Pero por eso estaba decidida a demostrar lo contrario.
Los pensamientos de Hinata fueron interrumpidos, al escuchar un suspiro de parte de su esposo.
—Es un poco estúpido estar nervioso por esto, si hemos llegado hasta aquí, ¿no crees? —dijo el rubio.
—Lo sé, pero no lo puedo evitar —respondió ruborizada—, me tiemblan las manos.
Él se rascó la nuca avergonzado.
—A eso me refiero —le mostró su propia mano, la cual también estaba temblorosa—, no eres la única nerviosa. Yo también me siento impaciente, por eso opino que es un poco estúpido, ya que hicimos todos esos actos imprudentes, sin siquiera pensarlo dos veces, y ahora estamos aquí, con miedo de abrir una puerta.
—S-supongo que es cierto… pero, también estoy algo emocionada —jugueteó con sus dedos—. Viviremos juntos como un verdadero m-matrimonio —se sintió tan estúpida al tartamudear y sonrojarse como preadolescente.
Naruto arqueó una ceja confundido.
—Pero, ¡qué cosas dices Hinata! Es obvio que ya somos un verdadero matrimonio, hasta tenemos anillos de bodas, y toda la cosa.
La chica apretó los labios, haciendo una mueca muy graciosa.
—Es sólo que, um, a veces no se siente real —miró al techo—, es como si todo fuera a desaparecer en cualquier momento.
Tenía sus razones para sentirse insegura, sobre todo cuando se trataba de Naruto.
La historia de ambos era larga y bastante llena de enredos, de hecho, a veces era casi un sueño el saber que estaba casada con el amor de su vida. Incluso, durante el tiempo que estuvieron en la luna de miel, sentía que un día despertaría del sueño, y volvería a su aburrida rutina de antes.
Pero iba dar todo de sí, para adaptarse a esa nueva vida, porque si de algo estaba segura, es que el tener al Uzumaki al lado, siempre traía un montón de cambios. Si lo iba a saber ella…
Se conocían desde pequeños, solían pasar horas en el patio de la casa de Naruto, jugando, o simplemente haciendo cualquier tontería que les llamara la atención. Sus padres eran amigos de muchísimos años, por lo que era normal que a menudo las familias se reunieran para convivir.
Las cosas eran muy diferentes en aquel entonces, ella solía llamarlo «La época feliz». En ese tiempo, nadie se preocupaba por nada, su madre estaba viva, Kushina no la odiaba… todo era tranquilidad.
Sin querer, se dejó llevar por los recuerdos.
La niña, al ver que sus padres se inclinaban para saludar, hizo la reverencia también.
Estaban de nuevo en la casa de los Uzumaki, un lugar, que para ser sinceros, la ponía muy nerviosa.
Y no es que hubiera algo mal con esa familia, de hecho eran muy gentiles. En especial el señor rubio de ojos azules, quien sonreía amablemente, pero en cambio, la mujer de cabello rojo, siempre la estresaba, sobre todo cuando se enojaba y le gritaba cosas a su papá.
—Oh, pero mira a Hinata-chan, cada día está más grande —exclamó la pelirroja, mientras le pellizcaba una de las mejillas a la pequeña—. Gracias al cielo se parece a ti Hana, porque imagínate si hubiera salido con la cara de Hiashi.
—Ah, jaja, Kushina, tú y tus comentarios —río nerviosa su mamá, en un vago intento de calmar la tormenta que se avecinaba.
Su padre frunció el ceño molesto.
—Tsk, lo mismo digo de su hijo, Kushina-san —dijo el hombre secamente—. Es más agraciado debido a los genes de Minato, ¿no cree?
Y fue ahí donde Hinata supo que se armaría en grande.
En menos de un minuto, Kushina se puso a insultar a Hiashi como loca, mientras Minato la sostenía fuertemente de los brazos, para evitar que corriera a golpear al Hyūga.
Su mamá se alejó despistadamente, con la excusa de ir al baño. Su padre tomó a la pequeña Hanabi en brazos, mientras observaba toda la escena, que aunque no lo dijera, parecía divertirle bastante.
Al ver la discusión entre los adultos, Hinata se sintió fuera de lugar. Empezó a caminar despreocupada, directo al patio trasero de la casa, porque justo ahí había un gran árbol, con un columpio, ¡el cual era muy divertido!
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se dio cuenta que el columpio ya no estaba, se sintió decepcionada, y no pudo evitar hacer una mueca triste.
—Hey, ¡hey! —escuchó una voz algo aguda.
Cuando levantó la mirada, no se sorprendió al ver que un niño rubio corría energéticamente hacia ella.
—Hola —respondió suavemente.
—¡Sí viniste! —exclamó el chico animadamente—. Estaba a punto de ir a preguntarle a mamá por ti.
La niña, sin comprender muy bien qué pasaba, se ruborizó, y se comenzó a sentir rara.
—¿E-en serio?
—¡Síp! Es aburrido jugar solo… —sonrió abiertamente—. ¡Por eso me alegra que estés aquí!
A sus ocho años, Naruto era bastante parlanchín e hiperactivo, en cambio, Hinata era tranquila y asustadiza, era como si intentaras unir dos polos opuestos, pero, por alguna extraña razón, se llevaban bastante bien, a pesar que era sólo la cuarta vez que se encontraban.
—N-Naruto-kun, ¿qué pasó con el columpio? —preguntó tímidamente.
—¡Oh! Papá lo quitó porque lo va a arreglar, las cuerdas estaban muy gastadas. Pero no te preocupes, ¡a la próxima que vengas, el columpio ya estará de nuevo aquí!
«La próxima que vengas… », el escuchar esas palabras hizo que le dieran cosquillas en el estómago. Era un sentimiento muy extraño.
—Um, s-sí
—¿Eh? Hinata, ¿estás enferma? —dijo rápidamente Naruto, mientras que con su dedo índice, tocaba suavemente la frente de la pálida niña.
En respuesta, ella dio un saltito hacia atrás.
—N-no, y-yo… ¡hace calor!
Como el rubio no entendió nada, decidió no preguntar más, así que se sentó en el suelo, pegando su espalda al tronco del gran árbol, Hinata lo imitó, dejando una distancia prudente entre ambos.
—Yo te iba a mostrar un escarabajo, pero papá me dijo que no era educado, al final, se me escapó —comentó de la nada—, así que esta ocasión no tengo nada que enseñarte.
El sólo imaginar el insecto, hizo que la Hyūga sintiera escalofríos.
—No me agradan los insectos —comentó bajito.
—¿Eh? ¿En serio? —comentó decepcionado—. Pero la otra ocasión aceptaste el saltamontes.
—P-porque era pequeñito… y no daba miedo.
—Bueno, supongo que a las niñas no les gustan esas cosas —frunció el ceño—. Pero, ¡Sakura-chan no se asusta cuando le enseño algún bicho!
Ella no supo cómo responder a eso.
—P-pues a todos nos gustan cosas diferentes… a mí no me agradan mucho los animales, pero —miró las hojas del frondoso árbol—, me gustan las plantas.
—¡A mí también me gustan las plantas! —Naruto agitó sus manos emocionado—. Un día tendremos un gran jardín, Hinata, ¡y será muy divertido!
Sonrió en respuesta.
—S-sí —apretó su falda, porque esas palabras sonaban como a una promesa, y eso la hacía feliz.
—Por cierto, ahora que lo pienso, ¿qué te gusta hacer? Mamá dice que lees muchos libros llenos de números, y que eres muy inteligente.
—M-mi padre dice que me debo preparar con tiempo, porque cuando sea grande, voy a dirigir nuestra empresa —miró hacia el suelo—. Por eso leo muchos libros sobre números.
—Bah, eso es aburrido —el niño cruzó sus brazos detrás de su cabeza—. A mí me gusta correr, y el fútbol, cuando sea grande, quiero ser deportista ¡eso sería genial!
Hinata se alegró de verlo tan emocionado. Se suponía que ella también se alegrara al hablar de su futuro, pero por alguna razón, no se sentía feliz en lo más mínimo.
—E-eso encaja con… Naruto-kun —lo decía de corazón.
El chico le regaló una sonrisa sincera.
—Hinata, también deberías encontrar algo que te guste.
«Sí, lo sé» quiso contestar.
Pero en cambio, sólo se quedó callada, porque su mente infantil no se tomó la molestia de descifrar esas palabras.
—Hinata, ¡Hinata!
¿Eh? ¿Qué pasaba?
—¿Sí?
—¡Te quedaste en las nubes! —Naruto la miró curioso—, ¿en qué pensabas?
Estaba decidida a no contarle sobre lo que acababa de recordar, porque no venía al caso, y además era algo que había pasado muchos años atrás. Era como remarcar el hecho de que lo amaba incluso a los ocho años…, pero de un momento a otro, las palabras salieron solas.
—Naruto-kun no cumple sus promesas.
—¿Promesa? Pero si yo siempre cumplo lo que digo…
Hinata soltó una risa ante la reacción de su marido, quien la miraba con cara de no entender nada.
—Me prometiste un jardín, un escarabajo, y un columpio —sonrió dulcemente.
Pasaron alrededor de dos minutos, mientras Naruto razonaba todo aquello. Entonces, su rostro se llenó de alivio, y la luz iluminó sus ojos.
—Espera, pero eso no cuenta, fue hace… —empezó a contar con la mano—, ¡doce años! Y yo te iba a dar un escarabajo, porque igual no lo ibas a aceptar, y con respecto al columpio, eso no es mi culpa, mi padre jamás terminó de arreglarlo, es malo para reparar cosas. —Naruto frunció el ceño, al recordar a su padre tratando de arreglar la lavadora, al final, el pobre artefacto había quedado peor de lo que estaba.
Para la chica, esos recuerdos de la infancia, siempre la hacían sentir conmovida, y era inevitable, porque todos esos momentos formaban parte de su pasado con Naruto. Ella tenía tanto que agradecerle, le ayudó a ver que las cosas podían seguir un rumbo distinto, que cada quien era libre de decidir su propio destino.
«—Hinata, también deberías encontrar algo que te guste. ».
Probablemente desde hace mucho había encontrado aquello que la motivaba.
Volteó y miró a su esposo, y la embargó el alivio, haciendo que todo el nerviosismo que sentía, se esfumara. Sabía que iban a estar bien, no eran el matrimonio más fuerte y experimentado del mundo, porque vamos, tenían apenas mes y medio de casados, sin embargo, los respaldaba la confianza de conocerse de toda la vida.
Hinata siempre había sido una chica conformista y tranquila, aquello que le ordenaban, lo hacía, porque según ella, esa era la mejor forma de no crear problemas. No se dio cuenta en qué momento, esa actitud tan pacifista y sumisa, se convirtió en su marca personal. Ya no era la niña que por ayudar, trataba de no ser un estorbo, con el paso del tiempo, se había convertido en una muñequita, manejada al antojo de su familia, y lo más triste, es que no ponía queja alguna.
Muchas veces, cuando era una adolescente, y su padre la encerraba para que leyera esos gruesos libros de economía, mientras los otros chicos de su edad se divertían, ella se preguntaba, ¿en qué momento las cosas había cambiado tanto?
¿Fue cuando tenía diez, y su mamá murió? ¿Quizá cuando su padre se convirtió en ese extraño hombre frío y centrado en el trabajo? ¿O cuando la relación laboral y personal con los Uzumaki terminó para siempre? Pasaba horas leyendo, era tanto, que al llegar la noche, los ojos le ardían, y la cabeza le taladraba. Aun así, sus sesiones de aprendizaje nunca se detuvieron. Para cuando tenía quince, era excelente en finanzas, y conocía los movimientos de la bolsa como ningún otro.
«La heredera del legado de los Hyūga», el peso de ese título, que cargaba incluso antes de nacer, era demasiado. Lo peor vino después, cuando se dio cuenta, que realmente a su padre le importaba muy poco lo que pasara con ella.
¿Que Hinata logró memorizar el libro "Los principios de la economía, por Carl Menger? Su padre no decía nada.
¿Que obtuvo el primer lugar durante los exámenes de segundo grado en la preparatoria? Hiashi sólo le dio una mirada fría.
¿Que decidió estudiar administración de empresas en la Universidad? El hombre simplemente le dijo: «es lo menos que puedes hacer. No sé qué esperas, eso es lo que te corresponde.»
Poco a poco, sin desearlo, se fue quebrando, y también se dio cuenta que tenía todo en la vida, pero a la vez nada. Sin embargo, había pequeñas cosas que la hacían feliz, como pasar las tardes con Shino y Kiba, sus mejores amigos. Tejer, cocinar, y observar a Naruto… sí, su placer culposo.
El rubio y ella, había sido amigos de la infancia, así como compañeros de juegos, se volvieron realmente cercanos. Después, pasaron un montón de cosas, como la muerte de la madre de Hinata, una disputa laboral entre Minato y Hiashi, que terminó en el rompimiento de una bella amistad, y una horrible crisis financiera para los Uzumaki. A los doce años, fue la última vez que pasó la tarde en casa de Naruto.
En ese entonces, ella lo admiraba. Le gustaba su risa estrepitosa, su cabello dorado ante la luz del sol, sus bellos ojos azules llenos de determinación. Le encantaba esa atmosfera brillante y llena de felicidad que lo rodeaba. El Uzumaki representaba todo lo que la pequeña y cohibida Hinata, no podía ser.
Esa admiración, con el tiempo se transformó en amor. Sabía que ese cariño que empezó en una tarde de verano, cuando tenía ocho años, se extendería por mucho tiempo.
Y así fue.
Ahora, estaba ahí, parada frente a una estúpida puerta, con el hombre que tanto amaba a su lado.
—Creo que deberíamos entrar —comentó suavemente. Ya no sentía miedo, nervios, ni nada. Estaba contenta, dichosa.
Si pudiera pasar el resto de sus días, junto a Naruto, no le iba a importar el lugar. Ese tipo de felicidad, era incomparable.
—¡Lo sé! —comentó el chico frustrado—. Llevamos media hora viendo sólo la puerta…
—Cierto.
—Entonces debería sólo poner la llave en la cerradura, ¿no?
—Exacto.
—…Y, la puerta se abrirá...
—Eh, ¿Naruto-kun? —Hinata ya no entendía nada.
Sólo observaba al chico, quien estaba con la llave en la mano, a cinco centímetros de la cerradura, parecía congelado, como si el abrir el cerrojo fuera a despertar alguna maldición gitana
—¡No puedo hacerlo! —gritó frustrado—. Hinata, por favor no pienses que soy un cobarde, pero justo en este momento, tengo pavor —lo único que Naruto podía recordar, era la voz grave de Sasuke, diciéndole con malicia «disfruta tu nueva casa», conocía al muy maldito de su mejor amigo, no quería ni pensar qué tipo de lugar había detrás de la puerta.
Hinata simplemente soltó una risa suave, y le quitó la llave a Naruto. ¿Qué tan malo podía ser? Es decir, el edificio departamental no tenía un mal aspecto, era bastante normalito, de tres plantas, y con doce departamentos por cada piso. El de ellos, estaba en el segundo piso, justo en medio.
—Yo abriré la puerta, ¿de acuerdo?
Los ojos de Naruto se iluminaron.
—Hinata, eres la mejor esposa que puede existir sobre la tierra —exclamó con alegría.
Ella sólo se sonrojó ante el comentario, no era como si estuviera haciendo una gran hazaña, porque, dios, sólo era una puerta. Sin embargo, entendía los sentimientos del chico, no se trataba de lo que había detrás, si no de lo que significaba. Vivirían juntos, compartirían el mismo espacio, iniciarían una vida al lado del otro, y probablemente habría un montón de cosas difíciles por delante, pero Hinata, por primera vez en su vida, podía sentir que estaba haciendo lo correcto.
Le gustaba esa sensación de independencia, era tan refrescante.
—B-bien… um, introduciré la llave —y lo hizo lentamente.
Naruto se escondió detrás de su esposa, evitando mirar. El cerrojo hizo "clic", y luego se escuchó el rechinar de las bisagras de la puerta, dando a entender que ésta se estaba abriendo.
Fue cuando el rubio abrió los ojos, decidido a afrontar la realidad… entonces, se quedó congelado al ver el interior del departamento.
Hinata estaba en un estado de sorpresa similar al suyo.
Hola, hola.
He aquí el primer capítulo.
No tengo mucho qué decir, sólo que, imaginar a Naruto y Hinata de pequeños, hace que muera de ternura. En esta historia habrá muchos flashback sobre la adolescencia e infancia de ellos.
Y, ¿qué tipo de departamento les habrá conseguido Sasuke? Jajaja, pobre Naruto, estaba siendo torturado por la duda, y Hinata siempre tan linda y positiva.
¡Muchísimas gracias a cada uno de ustedes por sus lindos comentarios! Muero de amor, con sus bonitas palabras, espero que el capítulo haya sido de su agrado. Anímense a dejar un review y cuéntenme qué les pareció el capítulo
Un abraz
Lolli.
11/08/15
