Hakuouki no me pertenece. Los personajes originales y la trama son mías. Lo que está entre comillas son pensamientos del personaje. Lo que está en cursivas son sueños o recuerdos según el caso. Disfruten la lectura.


KIOTO, SEPTIEMBRE – DICIEMBRE 1863

El sonido de las espadas chocando entre ellas era atemperado por el de la lluvia y los truenos. Habían recibido su orden e iban a cumplirla: eliminar a Serizawa Kamo. Pero éste no pensaba morir fácilmente por lo que bebió el ochimizu para, convertido en furia, poder derrotar a sus antiguos camaradas. Sannan lo atacó con su espada, la cual fue rota con un rápido movimiento de Serizawa. Okita corrió para atacarlo enterrándole su katana en el brazo. En ese breve instante de distracción, Hijikata tomó su espada y con ella atravesó el corazón de Serizawa. Hijikata respiraba pesadamente. Todo había terminado.

̶ Esto es lo mejor… bien… hecho… - murmuró Serizawa a su asesino.

Hijikata contempló con sorpresa la expresión de paz en el rostro de Serizawa. Finalmente, el hombre se desplomó sobre su espalda y cerró sus ojos, mientras que los demás involucrados miraban su cuerpo inerte bajo la fuerte lluvia.


La expresión de Akesato no hubiese demostrado a su cliente, la repulsión que la intimidad con él le ocasionaba. Era una destreza que con los años había desarrollado. Ella sabía perfectamente cómo hacer sentir a sus clientes como los mejores amantes sobre la faz de la tierra. Por eso mismo su popularidad había crecido.

De aquella chica de catorce años que había llegado de Hokkaido, no quedaba casi nada. Si tan siquiera hubiese podido convertirse en una geisha. Entretener como geisha, no implicaba tener que agradar sexualmente a los hombres. Su única opción fue aceptar convertirse en una cortesana. Ellas a diferencia de las geishas, si el cliente lo quería, los complacían en la alcoba. Esa era la gran diferencia. Pese a sus orígenes humildes, Akesato era atractiva, de porte elegante, inteligente y sabía tocar el shamisen. Ese instrumento era algo de ese casi que aún quedaba de su antiguo yo. Finalmente el hombre llegó a su clímax y ella fingió acompañarle en su éxtasis. El hombre sudoroso, se derrumbó sobre la joven y sonrió.

̶ ¿Estás bien Akesato-san? – preguntó mientras besaba la clavícula de la joven.

̶ ¿Cómo no estarlo si estoy con usted Shigure-dono?

El pobre infeliz sonreía. Que una mujer joven y hermosa le dijera eso a un hombre que fácilmente podría ser su padre lo rejuvenecía. El hombre se levantó y empezó a vestirse. Akesato se sentó en el futon sin preocuparse por cubrirse.

̶ Tengo que viajar a Edo, estaré fuera por un buen tiempo.

̶ Me voy a sentir… tan triste sin usted… - se quejó Akesato usando ese tono de reproche infantil que sabía lo volvía loco.

̶ Ya, ya mi pequeña. Sabía que te sentirías triste. Por eso te traje esto.

El hombre colocó un envoltorio en las manos de la chica. Akesato lo abrió con sumo cuidado para descubrir dos exquisitas agujas de plata para el cabello, con diseño de dragones los cuales tenían en sus bocas una bola de jade verde mientras que pequeñas hojas de plata colgaban de ellas. Saltaba a la vista lo costoso que era su regalo.

̶ ¡Oh Shigure-dono muchas gracias!

̶ Espero vértelas lucir a mi regreso, entonces me lo agradecerás. – dijo Shigure, acariciándola y mirándola lascivamente.

̶ Esperaré con ansias su regreso. – contestó Akesato sonriendo coquetamente.

El hombre sonrió. Su tiempo había expirado y debía marcharse. Akesato vio cómo el hombre cerraba la puerta. Escuchaba las voces de las personas del servicio despidiéndole. Era obvio que venía sólo por ella. Por el momento era su cortesana favorita y eso significaba buen dinero para el negocio. Akesato dejó caer su premio por ser una buena amante sobre el futon. Se levantó y cubrió su cuerpo con una yukata.

̶ ¿Puedo entrar?

̶ Pasa Aya-chan.

Una joven entró para llevarse el futon y vio los hermosos adornos que Akesato había dejado caer sobre él.

̶ Lo tienes loco Akesato-san. No tiene reparos en pagar altas sumas por separarte y gasta mucho dinero en sake y comida, y además te da hermosos regalos.

̶ Por ahora soy su consentida. Un día descubrirá a otra más joven o más bonita y entonces cesarán sus atenciones. Pero mientras eso pasa, aprovecharé para sacarle todo lo que pueda. Algún día cuando mi belleza se extinga y ya no pueda seguir aquí esto me mantendrá – respondió mientras tomaba los adornos y los guardaba en el cofre junto con los demás regalos que premiaban su cariño, como ella decía.

̶ Estás distinta desde que recibiste aquella visita. ¿Te encuentras bien? – dijo Aya con una expresión de tristeza.

Akesato caminó hasta la ventana dándole la espalda a Aya.

̶ Digamos que la razón de hacer lo que hago cambió – respondió Akesato con la mirada fija en las gotas de lluvia que agitaban los charcos de agua que se habían formado en el jardín.

Aya la continuaba observando sin entender. Akesato se volvió hacia ella. En su rostro la misma sonrisa con la que engañaba a sus clientes.

̶ ¿Aya-chan está listo el baño? Quiero asearme.

̶ Por su supuesto. Tendré tendido tu futon limpio para cuando salgas.

Akesato caminó por el pasillo. Ya no quedaban clientes y las demás cortesanas ya dormían. El dinero que Shigure había pagado le aseguraba una permanencia más larga de lo habitual. Todo para mantener contento a la nueva gallina de los huevos de oro.

Tal y como Aya lo había prometido el baño caliente la aguardaba. Poder quitarse el sudor y el olor de sus clientes era necesario. Si tan solo el agua pudiese borrar el dolor y los recuerdos.

"Esta no era la vida que quería para mí. ¿Por qué padre? ¿Por qué hiciste que me convirtiera en esto?", pensaba Akesato recostada en la tina mientras que unas lágrimas rebeldes recorrían sus mejillas.

"No. No debo llorar."

Se hundió bajo el agua y permaneció así hasta que sus pulmones clamaron por aire. Volvió a emerger un poco más serena.

"Por diez años procuré para los demás, ahora procuraré para mí".

Sintiéndose finalmente limpia en su cuerpo, regresó a su cuarto. Ahí la esperaba su futon. Ahora ella debía descansar. Quizás descansaría de Shigure por un tiempo, pero en este trabajo siempre habrá alguien a quien entretener.


Tras el relato de Okita acerca de cómo Ryunosuke, el único testigo de lo sucedido con Serizawa, había caído al caudaloso río, los comandantes acordaron que no sería necesario buscar su cuerpo. Okita hizo una inclinación y se retiró dejando solos a los comandantes. Los demás temas que éstos debían tratar no eran de su incumbencia. Además deseaba descansar.

Fue Sannan quien finalmente tocó el tema del ochimizu.

̶ En cuanto a la investigación de Niimi-san, a partir de ahora continuaré con ella. A fin de cuentas el Bakufu ordenó continuar con ello. Es nuestro deber cumplir con esa orden. – continuó diciendo Sannan.

̶ Eso es cierto; además aún hay hombres convertidos en furias, y necesitamos decidir qué hacer con ellos- dijo Kondou.

̶ Respecto a eso – respondió Sannan- he estado pensando que podríamos darles un lugar dentro del Shinsengumi. Organizarlos como una fuerza secreta y hacerlos su propio ejército.

̶ ¿Una fuerza secreta? No lo sé, una vez que las furias prueban la sangre se vuelven incontrolables. Posiblemente sean más un problema que una solución. - dijo Hijikata.

̶ Las furias que Niimi dejó atrás mantenían su sed aplacada con un medicamento que Niimi les daba. Podré recrearlo. Además conforme logremos perfeccionar el ochimizu conseguiremos deshacernos de esos molestos efectos secundarios. – respondió Saanan.

̶ Estás muy seguro de ti, Sannan-san… - dijo Hijikata.

̶ Nuestro deber es perfeccionar el ochimizu y usarlo como arma secreta contra los enemigos del Bakufu.

̶ En ese caso Sannan-san, lo dejaré en tus manos – respondió Kondou.


Al día siguiente la noticia de la muerte de Serizawa Kamo se había propagado por todo Kioto. Los rumores en cuanto a las circunstancias diferían entre sí. Unos decían que había sido asesinado por uno de los tantos enemigos que con su peculiar carácter había ganado. Otros hablaban de traición dentro del Shinsengumi y no faltaba quienes dijeran que altos miembros del clan de Aizu lo habían mandado asesinar.

En una casa de cortesanas de Shimabara el tema era discutido entre las mujeres del lugar. Aya y otra sirvienta lavaban y tendían la ropa cerca del pozo mientras escuchaban atentas los comentarios de las demás cortesanas.

̶ Es una lástima ¿no lo creen? Serizawa Kamo era un cliente asiduo a Shimabara.

̶ Así es y solía traer a muchos hombres con él.

̶ Era un poco temperamental, pero si sabías complacerlo podía ser generoso con la paga.

̶ Buenos días. – dijo Akesato al grupo mientras se dirigía al pozo para mojarse la cara con agua.

̶ ¿Días? Querrás decir tardes Akesato, has dormido toda la mañana. ¿Será que tu anciano cliente no te dejó dormir anoche? Quien iba a decir que el viejo aún podía servir para algo. – dijo Yumiko haciendo que las demás mujeres rieran mientras Akesato la ignoraba.

̶ Hablas demasiado Yumiko. – respondió Aya.

̶ ¡Tú cállate mocosa! – dijo Yumiko dándole una bofetada a Aya, luego de lo cual volvió a centrar su atención en Akesato - Bueno, Akesato parece que ya tienes quien te defienda.

̶ Nunca he necesitado de alguien que me defienda Yumiko. Sólo que no veo razón para responderte. Además tú debes saber lo gran amante que Shigure puede ser. Por un tiempo tú fuiste su favorita cuando eras más joven después de todo.

̶ ¡Maldita zorra! – respondió Yumiko mientras alzaba su mano para abofetear a Akesato, pero ésta la detuvo.

̶ Somos dos zorras Yumiko pero no de la misma categoría. Lo que no soportas es que te haya superado y ahora sea la favorita de Shigure. Te recomiendo que lo superes. Una cortesana que ya no atrae clientes no es buena para el negocio.

̶ Akesato tiene razón chicas – dijo la anciana dueña del local desde la puerta mientras exhalaba el humo de su pipa – Que mis chicas se peleen entre ellas no es bueno para el negocio. Yumiko debes endulzar un poco ese carácter tuyo. Si sigues así pronto tu rostro se marcará de arrugas.

̶ Lo que pasa señora es que hablábamos acerca de cómo la muerte de Serizawa Kamo nos va a afectar. – dijo otra de las chicas tratando de calmar los ánimos.

̶ Confío en que mis mujeres sabrán cómo mantener a la clientela interesada. Quizás el líder del Shinsengumi haya muerto pero sé que otros lo van reemplazar.

̶ Me han dicho que uno de los vicecomandantes es sumamente guapo. De cabello negro y ojos como amatistas. Si es como dicen me encantará atraerlo a mi cuarto.

̶ Poco me importa que sea o no atractivo en cuanto pague y gaste mucho dinero – respondió Akesato.

̶ Concuerdo con Akesato. Me interesa más que esté dispuesto a pagar por tu tiempo Sayo, mucho más a que si es o no atractivo. Ahora chicas descansen esta noche habrá mucho movimiento y quiero que luzcan tan hermosas como siempre.

̶ Sí señora – respondieron Yumiko y las demás mujeres mientras cada una se dirigía a su cuarto.

̶ Akesato – dijo la anciana – ven conmigo.

Akesato siguió en silencio a la mujer. Juntas entraron a la recámara de ésta. El cuarto tenía el olor al tabaco que fumaba la dueña del lugar. En la mesa estaba una bolsa abultada. Akesato tomó asiento frente a la mesa, mientras la mujer tomaba la bolsa y la ponía bajo llave en donde guardaba el dinero.

̶ Shigure se fue muy satisfecho anoche, Akesato. Y pagó muy bien por reservarte, hice mucho dinero. – dijo finalmente cerrando la caja y guardaba la llave dentro de su yukata. Entonces se sentó a la mesa frente a Akesato.

̶ Es mi trabajo señora.

̶ Si sigues a este ritmo pronto saldarás tu cuenta conmigo. Una vez termines de pagar tu deuda, ¿has pensado qué harás?

̶ Si me lo permite seguiré aquí mientras ahorro algo de dinero.

̶ No me molestaría conservarte por más tiempo, pero dime ¿acaso no piensas cambiar de vida?

̶ No le veo el objeto señora. ¿Cree que algún hombre honorable me tomará como su esposa?

̶ Podrías irte a otra ciudad, o regresar a Hokkaido.

̶ Ya no tengo familia a la cual regresar. Y después de haber conocido cómo son los hombres no me interesa unirme a uno de ellos.

̶ ¿No crees en el amor Akesato?

̶ Creo en el amor que todas las noches doy a quienes buscan mi compañía.

̶ Te has vuelto dura Akesato. Aún recuerdo a esa niña de catorce años que llegó aquí entre lágrimas.

̶ Eso fue hace diez años. Mucho cambia una persona en diez años. ¿Puedo preguntar a qué viene esta plática señora?

̶ Akesato… has superado en mucho a Yumiko. Ahora tienes el rango de Tenjin mientras que ella ha quedado relegada a una Kakoi. Yumiko es consciente de que eso no va a cambiar. Los clientes jamás pagarán por ella lo que ellos están dispuestos a pagar por ti. Y si eso no es suficiente, los clientes que antes la buscaban a ella ahora te buscan a ti.

̶ Eso no ha sido mi culpa.

̶ No es bueno tentar al diablo Akesato y humillar a quien ya se siente en desventaja es peligroso. Ningún enemigo es pequeño.

̶ Entiendo. Agradezco sus palabras y procuraré no ofender a Yumiko. – dijo Akesato inclinándose para retirarse del cuarto - Nunca comprenderé porqué se preocupa tanto por mí señora.

̶ Somos mujeres en un mundo en donde las reglas las dictan los hombres. Esta vida que llevamos en su mayoría la tomamos porque no teníamos otra opción. ¿O me vas a decir que en otras circunstancias habrías escogido este camino?

̶ En otras circunstancias, señora, elegiría nunca haberla conocido. – respondió Akesato y salió del cuarto.

La anciana se sonrió mientras daba un golpecito a su pipa sobre el cenicero.

"De todas mis chicas Akesato, eres una de las que nunca hubiese querido conocer. En esta casa, eres el loto que crece en el fango".


En su laboratorio en el cuartel del Shinsengumi, Sannan mezclaba unas substancias en un tubo. La mezcla de los líquidos generó otro de color rosado. Concentrado, miraba el medicamento.

̶ El ochimizu –dijo para sí mismo - si pudiéramos convertirlo en nuestra fuerza.

Tres meses habían pasado desde la muerte de Serizawa, los mismos tres meses que Sannan, casi exclusivamente, se había dedicado a la investigación iniciada por Yukimura y Niimi. Sannan se quitó sus lentes para frotarse los ojos debido al cansancio. A diferencia de Hijikata y Kondou, Sannan era un intelectual. Su curiosidad había hecho que de los tres, fuese el que más se hubiese interesado en la investigación de Yukimura.

Realmente quería tener éxito. Cada pequeño logro lo impulsaba a seguir, a hacer nuevos experimentos para mejorar el ochimizu. En cierta forma el ochimizu lo había transformado. Por la ventana abierta veía caer los copos de nieve, en una danza caprichosa.

̶ Souji ¿quién es ese chico?

̶ Ahora no Heisuke-kun

Al escuchar las voces de Heisuke y Okita, Sannan volvió a colocarse los espejuelos, caminó hasta la ventana y miró hacia el jardín. Okita llevaba a una persona inconsciente al cuartel. A su lado Heisuke continuaba interrogándolo. Detrás de estos venían Saito y Hijikata. Saito tenía su rostro ensangrentado mientras que Hijikata traía en sus manos dos haoris del Shinsengumi cubiertos de sangre. El vicecomandante miró hacia arriba encontrándose con la mirada de Sannan. Hijikata siguió su camino. Unos instantes después, el pelinegro se encontraba a la entrada del laboratorio.

̶ Pasa Hijikata-kun, por tu expresión veo que algo ha sucedido. ¿Y esos uniformes?

̶ Dos de los soldados de las fuerzas especiales perdieron el control.

̶ ¿Cómo? – dijo Sannan tomando asiento, lo mismo que Hijikata.

̶ Atacaron a dos rebeldes. Destrozaron los cuerpos en su afán por beber sangre.

̶ El medicamento que les di debería haber suprimido ese impulso.

̶ Pues no fue así. Saito los mató. Les quitamos los uniformes para evitar levantar sospechas. Yamazaki y Shimada se encargarán de los cuerpos.

̶ Hijikata-kun ¿quién es la persona que Okita-kun traía consigo?

̶ Esa es otra complicación.

̶ ¿Qué quieres decir?

̶ Ese chico fue testigo de lo ocurrido.

̶ ¿Por qué lo has traído al cuartel en lugar de eliminarlo?

̶ No me gusta matar inocentes. Su único crimen fue estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

̶ Sigues siendo considerado Hijikata-kun.

El pelinegro hizo un gesto de disgusto, mientras que Sannan sonreía.

̶ ¿Qué piensas hacer con el testigo?

̶ Aún no lo sé, debemos primero cerciorarnos qué es lo que sabe.

̶ ¿Y si lo vio?

̶ Entonces… ya veremos. Buenas noches.

Hijikata salió del cuarto. Sannan volvió a sonreírse. Hijikata Toshizo aparentaba ser un demonio. Indudablemente, era el más severo de los líderes del Shinsengumi. Pero aún era, en el fondo, el mismo joven idealista con el que llegó a Kioto con el deseo de servir al Shogun. No obstante no debía perder el tiempo en eso ahora. Su medicina para controlar los impulsos vampíricos de las furias no era lo suficientemente fuerte. Debía continuar trabajando.


Shinpachi y Sanosuke estaban pasando una amena noche en Shimabara. Con algo de dinero, los amigos habían decidido salir a beber y disfrutar.

̶ Sano dime ¿cómo le haces para ser tan popular con las mujeres?

̶ ¿De nuevo la misma pregunta Shinpachi?

̶ Es que no es justo que cada vez que salimos todas te prestan más atención a ti que a mí.

̶ Eso no es cierto.

̶ Claro que sí lo es.

̶ Si tú lo dices. Quizás deberíamos regresar, ya es tarde.

̶ No me cambies el tema.

̶ Buenas noches Harada-san, Nagakura-san espero que todo haya sido de su agrado.

̶ La comida fue excelente y el sake también – respondió Sanosuke a la sirvienta que acababa de asomarse. – Pero ya debemos volver al cuartel.

̶ Vuelvan pronto.

Shinpachi y Sanosuke caminaban por el pasillo. Shinpachi estaba molesto con su amigo por terminar demasiado temprano el festejo para su gusto.

̶ Eres un pesado Sano.

̶ Tenemos que patrullar temprano mañana.

̶ Excusas, excusas.

Shinpachi caminaba distraído y no se percató de las personas que venían por el mismo pasillo en sentido contrario hasta que tropezó con ellos.

̶ Oh disculpen – dijo Shinpachi

̶ ¡Bruto¡ ¿por qué no te fijas por dónde vas maldito borracho?

̶ Oye idiota te pedí disculpas.

̶ Crees que decir eso es suficiente, bastardo.

̶ Eiji-san, es suficiente – dijo una voz femenina – no ha sido más que un accidente.

̶ Pero Akesato-san.

̶ Les pido que excusen el comportamiento de mi escolta. Si me disculpan me están esperando.

̶ Sí... seguro – respondió Shinpachi.

Akesato hizo una inclinación y continuó con Aya al salón donde la esperaban.

̶ Es muy atractiva no lo crees Sano.

̶ No te hagas ilusiones bastardo. Akesato es una cortesana de rango Tenjin y una de las más populares. – dijo Eiji

̶ ¿En serio?

̶ Así. Primero volarán los cerdos antes de que alguien como tú pueda pagar por el tiempo de Akesato.

̶ Voy a partirte la boca maldito.

̶ Suficiente Shinpachi vámonos.

Shinpachi vio una vez más hacia donde estaba Akesato. En ese instante ella volteó y sus miradas se cruzaron. La mujer sonrió e hizo una leve inclinación. La puerta del salón se abrió y Akesato y Aya entraron al lugar siendo recibida de muy buena gana por su cliente. Sanosuke y Shinpachi se marcharon al cuartel. En la entrada los esperaba Heisuke.

̶ ¿Dónde estaban? Hijikata preguntó por ustedes.

̶ Es nuestra noche libre. ¿Para qué nos buscaba Hijikata? Además mañana debemos patrullar temprano.

̶ Ha habido un cambio de planes, debido al rehén que trajo Souji.

̶ ¿Un rehén? – preguntó Sanosuke.

̶ Espera ¿a qué te refieres con un rehén Heisuke? – preguntó Shinpachi.

̶ Déjenme que les cuente lo que sucedió mientras ustedes estaban de fiesta.


Notas de la autora: Hola aquí continuamos con la historia. Espero no haberlas hecho esperar mucho. Que emoción tres reviews hasta ahora.

Luisalawliet: Muchas gracias. Me alegro que te gustara el primer capítulo. Espero que sigas el resto de la historia y que cada vez te resulte más interesante.

Althea de Leo: Gracias por comentar, espero que esta actualización no haya demorado demasiado. El trabajo sólo permite escribir durante los fines de semana, así que puede ser que demore un poco, pero ten por seguro que no abandono ninguna de mis historias. Gracias por tus buenos deseos.

Linmeihua: Thank you very much for your review. I understand English so feel free to write your reviews in English. Sannan is a very challenging character. There really isn't too much information about him at the Hakouki. But once I got the idea for the story I knew I have to write it. Hope you enjoy this new chapter

En el capítulo de hoy hice referencia a las categorías de cortesana. Entre las cortesanas existían rangos: las de más alto rango eran las Tayuu le seguían las Tenjin, las Kakoi y las Hashi siendo estas las de menor rango. Habían diferencias entre las cortesanas. Por ejemplo si bien tanto las Tayuu y las Tenjin eras las más cotizadas, era digamos menos complicado poder obtener una cita con una Tenjin que con una Tayuu. Igualmente era menos probable que la Tenjin rechazara a un cliente a diferencia de las Tayuu. Otra diferencia entre las Tenjin y las Kakoi era que las primeras podían salir a entretener a sus clientes fuera de los burdeles, en lugares especiales para citas o en casas de té. Por el contrario las Kakoi no salían del burdel. Vale la pena mencionar a las kamuro que eran las más jóvenes que servían de ayudante y aprendices para las Tayuu y Tenjin. En esta historia Akesato sería una Tenjin, Yumiko sería una Kakoi y Aya una kamuro.

Y aquí termina la clase de historia :-) Espero no haber sido muy pesada pero creo que eso ayuda a entender un poco más a los personajes.