Notas Principales:
¡hola! Sé que me tardé como un siglo para subir el primer capítulo, que por cierto es demasiado corto ;_; Lo siento.
Quiero agradecer a la pequeña Scream por su comentario, es una pequeña muy cuqui sugA u-u ves, ya continué mi fic XDDD Y a todas las demás personitas que le dieron follow o fav a mi historia, en verdad gracias!
Sin más que decir les dejo el primer y corto capítulo uno
—Capítulo Uno—
"Así fue como te conocí"
…
— ¡Kuroko! Con un demonio apúrate a atender a los clientes—.
Esos eran los gritos que tenía que soportar a diario Kuroko Tetsuya, no lo hacía porque quisiera, lo hacía porque no tenía otra opción.
Desde que sus padres y su hermana murieron, tuvo que valerse por sí mismo, pero enfrentar a la vida solo era una tarea muy difícil y triste, sobretodo triste.
Kuroko se tragó su dolor y suspiró.
—No pongas esa cara Kuroko—. Lo animó un muchachito delgado de cabellos cafés. —Sabes que el jefe se pone como ogro en estas temporadas, sonríe y anímate, ¿sí? —.
Esas cortas palabras lo hicieron sonreír, su amigo era siempre un gran apoyo.
—Gracias, Ogiwara-kun—.
—Kuroko, ¡Ven aquí de inmediato! —.
Se volvieron a escuchar más gritos al fondo de la cocina, otro suspiro salió de la boca de Kuroko, sin su trabajo no sería capaz de sobrevivir… así que se aguantó las ganas de gritarle unas cuantas cosas a su jefe.
—Kuroko, toma—. Le dijo su jefe arrojándole un trozo de papel.
El señor Hyuuga Junpei era su jefe desde hace dos años, hace dos años cuando la oscuridad golpeó su vida arrebatándole todo lo bueno que tenía, cuando se quedó completamente solo.
Kuroko trabajaba en una pizzería cada día después de clases, obtenía un salario muy bajo pero al menos era suficiente para costear la escuela. El señor Hyuuga a pesar de su mal genio era una persona noble y sensata, cuando no tenía ese horrible carácter rondándole la cabeza incluso podía llegar a ser agradable. Aunque últimamente se ensañaba con Kuroko y él no sabía por qué.
—Lleva la motocicleta y entrega este pedido a la dirección que te acabo de anotar. Hazlo bien, si no olvídate de tu pago del mes—.
—Si señor—. Contestó Kuroko, sin dejar de observar los cuadrados en el azulejo del piso.
Desganado, Kuroko se dirigió al almacén por las llaves de la vieja motocicleta. Ogiwara vio cómo su amigo desquitaba toda su frustración en una lata vacía de refresco, arrojándola a la pared una y otra vez.
— ¿Iras a dejar un pedido? —. Preguntó Ogiwara, con un brillo triste en su mirada, no le gustaba ver a Kuroko así.
—Acertaste. Ya casi son las nueve y el jefe me mandó a entregar un pedido—. Contestó Kuroko y luego tomo unas doradas llaves de una pequeña vitrina.
— ¿Quieres que te acompañe? —.
Kuroko negó con la cabeza, si su amigo Ogiwara lo acompañaba, seguramente ambos terminarían sin empleo. Y encontrar uno en pleno Diciembre y aun siendo menores de edad era difícil, por no decir imposible; a menos que quisieran terminar en un bar de mala muerte vendiendo su cuerpo, no, esa no era la vida que quería para él ni para su mejor amigo.
—Solo te encargo mi mochila, dudo que cuando regrese este lugar continué abierto. Mañana me la das por favor—.
Salió azotando la puerta, el frio estaba en su punto más fuerte y Kuroko solo contaba con una delgada sudadera, tenía que entregar 25 pizzas a 7 kilómetros de ahí. La motocicleta estaba oxidada y vieja, lo máximo que podía correr era a 15 kilómetros por hora o tal vez menos. A este paso terminaría sin sueldo, sin empleo y con una grave hipotermia al terminar la noche.
Sin más remedio, Kuroko arrancó la motocicleta y se aventuró a entregar el pedido, esperaba encontrar el lugar sin problemas, la nieve y la espesa oscuridad no lo ayudaban en nada. El frio viento se sentía como pequeños alfileres atacando su pálida cara, debió pedirle su chamarra de piel a Ogiwara, pero ya iba a medio camino y no podía darse el lujo de regresarse.
Mientras mantenía el firme agarre del volante, aquella oscura y vacía carretera le estaban haciendo mal sin querer. Los recuerdos caían constantemente en su cabeza como lo hacía la helada nieve, no lo podía distinguir muy bien por la escases de luz, pero estaba seguro que por esos lugares había ocurrido el accidente de su familia. Kuroko no estuvo ahí cuando sucedió, aunque podía visualizar cuando cerraba los ojos la manera en que el carro de sus padres fue embestido por una gran limosina, cada detalle pasaba detenidamente en su cabeza causándole un terrible dolor. Detener las lágrimas era algo imposible, el recuerdo de su familia muerta era algo muy triste.
Esos dos años que pasaron se dedicó a buscar con fervor al culpable del accidente, iba cada día a la estación de policía para ver si encontraban algún indicio de quien lo podía haber causado. Nada, absolutamente nada, total, quien iba a tomar en cuenta a un pobre chico huérfano. Kuroko desde ese día juro vengarse de aquel quien había cavado su tumba en vida.
Kuroko estaba tan adentrado en su mente que no notó un auto negro aparcado en un solitario lugar. Perdió el control de la motocicleta y con tres vueltas terminó tirado frente a las llantas delanteras de aquel elegante auto, y por si su mala suerte fuera poca, las pizzas terminaron regadas por toda la blanca nieve.
Él no era una persona que decía groserías, su padre le aconsejo solo decirlas cuando era necesario, y esta vez era más que necesario.
— ¡Demonios! ¡Qué persona tan inepta deja estacionado su ridículo coche en un lugar con poca luz! ¡Agh! —.
Los insultos salieron de su boca a la velocidad de la luz, con sus botas cafés pateó con furia la nieve, las pizzas deshechas y la defensa del lujoso auto.
Entre tantas patadas soltadas al viento, Kuroko tuvo un error de cálculo y cayó de espalda enterrando todo su cuerpo en la fría nieve.
— ¡Aaah! —. Dio un grito que duro varios minutos. —Cuando encuentre a la persona dueña de esta porquería le voy a sacar los ojos, me comeré sus entrañas y sobretodo—. Inhaló mucho aire y después soltó: — ¡Le gritaré que es un completo estúpido! —.
Se sintió aliviado al decir eso, se levantó lentamente, hasta que una fuerte presencia lo hizo voltear a todos lados como un cachorro asustado.
—Bueno, estoy esperando a que realices cada una de esas asombrosas hazañas que acabas de listar—. Una voz grave dijo tras de él.
»OhDiosMíoOhDiosMíoOhDiosMío« Pensaba Kuroko, ahora, seguramente el dueño del auto caro lo demandaría, iría a la cárcel y ahí terminarían sus sueños de convertirse en maestro de preescolar.
Con todo el temor que tenía se le olvido el enojo y todo el frio que hacía, se volteó con cuidado para ver quién era el dueño del auto.
—Me estoy cansando de esperar, ¿cómo iba la lista? —. Había mucha oscuridad, sin embargo, Kuroko pudo ver como el desconocido se llevaba una mano al cabello y se lo revolvía un poco.
—Ah, sí. Primero me ibas a arrancar los ojos, después comerías mis entrañas y ya para finalizar me gritarías lo estúpido que soy—. Finalizó con una sonrisa.
Kuroko sonrió por primera vez en la semana, la manera en que el extraño repitió sus palabras le resultó agradable.
—Lo siento, no fue mi intención decir eso—. Kuroko se disculpó con una leve vehemencia, y cuando alzo el rostro tenía al extraño a escasos centímetros de él, observándolo como si fuera un espécimen en peligro de extinción.
—Al parecer se te cayeron las pizzas—. Kuroko rodó los ojos, eso ya lo sabía. —Y además, me abollaste la defensa de mi automóvil—.
Oh, no. Eso si no se lo esperaba.
—No sé mucho acerca de autos, pero por lo que se ve, te costará una fortuna y más porque no tiene ni un año que lo compré—.
El desconocido sonrió y Kuroko puso una cara de tristeza infinita, ahora si sus sueños se encontraban truncados permanentemente.
—Hey, hey, no pongas esa cara. Odio en verdad cuando la gente pone cara de tristeza—.
»Suficiente tengo con mi tristeza, como para que tú también te pongas triste, ángel. «
—Odio este mes en especial, mi trabajo es un asco, me siento infinitamente solo, no llegué a la entrega de las pizzas y por si fuera poco abollé el auto de un desconocido—. Pensó Kuroko en voz alta, inexplicablemente sacar todos esos sentimientos con un extraño era refrescante.
—Puedo ayudarte—. Afirmó el desconocido con esa voz grave.
— ¿Cómo? —. Preguntó Kuroko, incrédulo.
—Por lo que veo tienes muchos problemas que yo soy incapaz de solucionar—. Kuroko rio para sus adentros, el extraño solo le estaba tomando el pelo. —Lo único que puedo solucionar es tu problema con las pizzas—.
— ¿Eh? —. Kuroko no lograba comprender que era lo que quería decir el extraño.
—Puedo pagarlas, todas—.
Kuroko quiso sonreír pero el frio tenía agrietados sus labios y si hacía una mueca terminarían con llagas.
— ¿En serio? —.
—Por supuesto—. Claro, el desconocido seguramente podía comprar hasta su risa, el auto abollado era prueba de eso. —Solo tendrás que pagar un pequeño precio—.
Era demasiado bueno para ser verdad, el encontrarse un bondadoso desconocido en la calle era mucha suerte para él.
— ¿Cuál es? —. Preguntó tímidamente Kuroko, nada perdía con preguntar.
—Esto—.
El desconocido atrajo a Kuroko con un fuerte agarre hasta quedar completamente juntos viéndose de frente. Kuroko se quedó inmóvil cuando unos cálidos y poderosos labios tomaron prisioneros su tímida boca, quiso apartarse pero su cuerpo no le respondía.
Fue un beso lo bastante largo como para estremecer cada una de las células de Kuroko, cuando el desconocido se apartó el de ojos azul cielo se sentía un poco mareado. De repente el frio desapareció y su corazón también se sentía agitado y caliente.
El desconocido ya bastante lejos de Kuroko hurgó entre su gabardina, sacó su billetera y escribió algo en un pedazo de papel.
—No sé qué precio tienen las pizzas, pero creo que esto será suficiente—. Le estiró algunos billetes y Kuroko los tomó con las manos temblorosas, aun no lograba recuperarse del beso.
—Hace demasiado frio, ten—. El desconocido se quitó la gabardina y se la colocó a Kuroko en los hombros con sumo cuidado. Cuando hizo eso Kuroko pudo notar algo, el cabello del desconocido era casi tan rojo como la sangre misma. No pudo observar bien su cara por la oscuridad, ahora, desconocía el rostro de quien le había robado su primer beso.
No, él al menos tenía que averiguar su nombre. — ¿Puedo saber cómo te llamas? —.
El desconocido lo ignoró y continuó caminando hacia su auto. A Kuroko le dolió que no le contestara pero al menos se quedó con el olor almizclado de su gabardina, ese beso sería un recuerdo que recordaría por siempre.
.
.
.
.
.
Día 736:
Ángel, yo quisiera haberte dado mi nombre, pero no quería ensuciar tus labios con mi asquerosa identidad.
Tú, aun tienes algo porque luchar, en cambio yo, estoy podrido en vida.
Quiero que sepas que atesoraré ese beso por siempre, porque seguramente cuando me conozcas al cien por ciento, te arrepentirás de haber puesto tus labios sobre los míos.
Lo siento ángel, me gustaría haberte conocido en otras circunstancias.
Notas Finales: ¿Qué les pareció? Fue demasiado corto, ¿no?
Bueno, esta historia irá algo lenta, en los próximos capítulos me dedicaré a explicar sobre los gemelos Akashi y todo lo de la enfermedad mental, el acercamiento de ambos con Kuroko y demás!
Mi tiempo ha quedado limitado, el Lunes 31 regreso a la Universidad y me tomaré un hiatus hasta Diciembre, en verdad lo siento, pero es necesario para mí, aunque claro, si tengo algún tiempo libre… ¡Escribiré! Y ustedes serán los primeros en saberlo…
Lo de los días, como por ejemplo de este capítulo que es 736, es el diario de uno de mis Akashis… pues más adelante en la historia se sabrá a cuál de los dos pertenece. Lo único que puedo adelantarles del otro capítulo es el título y se llama "¿Quién eres tú?" Quiero ponerle mucho empeño a esta historia para que la expresé como la tengo en mi cabeza(¿) XDDD
¡Muchas gracias por leer! Y nos leemos en otra actu :DDD
¡Besos y abrazos para ustedes!
PD. Disculpen por el OoC en los personajes ;_;
