Buenas :D por fin paso a dejar el segundo capitulo de este frikific xD espero le agrade.
Muchas gracias por sus comentarios n_n siempre se agradace un review ;D
Sin más que agregar aquí el cap :)
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Capitulo 2: La señorita, investiga.
El carruaje se movía lentamente, después de haber escuchado la historia que Elizabeth acababa de contarme, aun estaba bastante confundida sobre el asunto.
Yo servía a la reina, ese era mi deber como la cabeza de la familia Blackwood. Mi familia lo había hecho antes, y yo también debía hacerlo. Era conocida como "la espada de la reina" y como tal, me encargaba de resolver aquellos inconvenientes que podrían amenazar a su majestad, y no solo eso, también, si ella me lo pedía, me hacía cargo de investigar y controlar situaciones en las que no cualquiera pudiera intervenir.
Todo eso era bastante tedioso para mí, pero siendo una Blackwood era mi deber, y no podía renunciar. Así como mis abuelos, mis padres, mi hermana habían servido fielmente a la reina yo también lo haría.
Ahora, su majestad estaba bastante preocupada por una serie de extraños asesinatos que atemorizaban a un pequeño pueblo al norte de la ciudad, llamado Inmory. Al parecer era algún tipo de secta que se dedicaba a matar a los niños del pueblo. Eso por supuesto rompía el corazón de la reina, y por eso me solicitó que tomara cartas en el asunto. Más sin embargo, esta vez quería que alguien más me ayudase…
-No entiendo por qué la reina quiere que un niño trabaje conmigo-dije en voz alta mirando a Elizabeth quien no me había mirado en todo el trayecto-¿Qué puede hacer un niño, eh? Nada, solo ser una carga.
-El conde Ciel Phantomhive perdió a sus padres.-respondió Elizabeth quien se volvió a mirarme con sus ojos purpuras-Cuando se pierde lo que más se quiere…bueno, no creo que deba subestimarlo-resolvió sonriendo de manera burlona.
Sabía a lo que se refería, y eso me molesto. Yo había perdido a mi hermana y miradme ahora, ocultando una marca de un contrato demoniaco. Pero aun así eso no significaba que aquel joven fuera tan fuerte como yo.
Elizabeth me había contado toda la historia del conde, sus padres murieron en un incendio que devastó la mansión Phantomhive, ahora, a su corta edad (Elizabeth me dijo que tendría unos doce o trece años) era el jefe de la familia, y como tal, muchas responsabilidades recaían sobre sus hombros, inclusive ese titulo de "perro guardián de la reina" Si, al igual que mi familia, los Phantomhive también servían fielmente a la reina.
La idea de trabajar al lado de un niño no me agradaba en lo absoluto, y desde hacia un rato no dejaba de preguntarme por qué la reina permitía que un menor trabajase en esto.
-No es lo mismo-espeté-Es decir, es solo un niño…
-Ama, ¿y no era usted una niña cuando me invocó?-inquirió aun burlona.
-No…esto…Cállate-gruñí-Y es una orden.
-Yes, my Lady.
Como siempre, Elizabeth no puso ningún tipo de resistencia y se quedó callada, no parecía estar enojada, por el contrario se le notaba que se estaba divirtiendo de lo lindo.
Mientras tanto, yo seguía dándole vueltas al asunto del conde, no me sentía bien trabajando con alguien más que no fuera Elizabeth, y aun menos me gustaba trabajar con alguien a quien no conocía. Claro que había visto algunas fotos del conde, tenía un porte elegante y adulto para ser un niño, poseía un parche en el ojo derecho ligeramente oculto por el flequillo de su cabello, y tenía que reconocer que era lindo, pero dejando el físico de lado, nunca había tratado con él, no sabía como era su personalidad o su carácter y eso no me gustaba.
La cabeza comenzaba a dolerme, así que decidí ocupar mi mente en otras cosas.
-Elizabeth, ¿Qué pasa si yo muero antes de que se cumpla el contrato?-pregunté de cierta manera porque quería molestarla un poco, y en parte porque en realidad tenía algo de curiosidad.
-Eso no pasará, señorita, mi deber es protegerla hasta que el contrato se cumpla-me dijo, mirándome con gesto dulce y amable, sin rastro de burla en sus ojos- Yo estaré con usted hasta el final.
Después de eso no dijo nada más, y yo no le pedí que lo hiciera.
El pequeño pueblo de Inmory por fin apreció en la distancia, y Elizabeth golpeó a los caballos para que estos comenzaran a correr; el viento golpeaba mi piel, y una extraña sensación hizo que un escalofrío recorriera mi columna vertebral. Ese pueblo se veía un tanto triste y solitario, recorrimos el camino principal sin haber visto a un solo lugareño, pero tampoco le di mucha importancia, ya que si había alguien que estaba por allí matando a inocentes, salir no era tan buena idea.
Seguimos nuestro camino, alejándonos un poco del pueblo en dirección a una colina en la que se alzaba una modesta mansión.
Se escuchó un fuerte relincho y me volví a ver que pasaba; Ashley, mi torpe sirvienta intentaba calmar al caballo del modesto carruaje que conducía, que parecía estar algo asustado.
-¿Crees que haya sido buena idea que trajéramos a Ashley con nosotras?-comenté mientras miraba el rostro asustado de la sirvienta.
-Si la dejábamos sola en la mansión podría haberla incendiado o algo peor-respondió Elizabeth con cierta seriedad.
-Si, supongo que tienes razón.-Ashley no tenía mucho tiempo trabajando en la mansión, pero en lo poco que llevaba había demostrado que era incapaz de hacer algo sin que causase un gran desastre.
Cuando por fin llegamos a la mansión de la colina, fuimos recibidas por una bellísima mujer de poco más de cuarenta años, ataviada con el típico uniforme de sirvienta y con una cálida mirada de bellísimos ojos verdes.
-Sean bienvenidas a la mansión Lockharm-dijo inclinándose en señal de respeto- ¿Ustedes son de la mansión Blackwood?
-Si, así es-dijo mi ama de llaves con respeto.
-Mi amo les espera-dijo la mujer con una voz muy suave-Por aquí por favor-hizo un gesto con la mano para que le siguiéramos.-Mi nombre es Jane.
-Ashley, encárgate de bajar las cosas-indicó Elizabeth a la atolondrada joven.
-Eh…Hi…-asintió Ashley quien casi se cae del carruaje.
Mientras caminábamos por los pasillos de la casa, Elizabeth parecía estar un tanto incomoda y no dejaba de mirar a aquella mujer con cierto aire de desconcierto.
Iba a preguntarle que era lo que le pasaba, pero en eso nos detuvimos en frente de una puerta que se encontraba del lado izquierdo del pasillo y Jane nos indico que entráramos.
-Joven amo, Lady Blackwood.-Jane se inclinó y mantuvo la cabeza inclinada.
-Ohh…Es un honor tenerle aquí señorita-dijo un hombre que estaba de espaldas a la puerta mirando con intensidad el fuego de la chimenea-Mi nombre es Edward Lockharm, el dueño de éste lugar-el hombre se volvió y me miró con un gesto increíblemente amable.
La verdad es que su apariencia me tomó desprevenida; era un hombre muy joven, no tendría más de veinte años, sus infantiles ojos verdes me miraban de detrás de unos lentes que le conferían un aspecto de intelectual, su cabello castaño claro se despeinaba mientras el pasaba su mano con aire nervioso.
-¿Edward Lockharm?-dije más para mi misma-Ah…si, Mi nombre es Alejandra, Alejandra Blackwood, vengo en nombre de la reina…
El joven asintió y su rostro casi infantil adquirió una expresión algo triste.
-Veo que no soy el único que piensa que la situación es alarmante, si la reina a enviado a alguien a investigar.
-Esta ola de asesinatos debe llegar a su fin, por eso estoy aquí-miré de forma penetrante a aquel joven y luego me volví a ver a Elizabeth quien al parecer seguía estando incomoda.
-¿Y quien es ella?-preguntó posando sus ojos en Elizabeth, quien miró a Edward con dulzura provocando que el joven se ruborizara.
-Elizabeth Van Niven, el ama de llaves de la familia Blackwood-respondió Elizabeth con orgullo juntando sus manos y haciendo una reverencia.
-Ohh…Esto…-Edward no sabía ni que decir.
-Joven amo-habló la sirvienta- La cena está servida.
-Am…si, bien. ¿Por qué no me acompaña a cenar? ya es tarde y debe tener hambre, Alejandra- sama. Edward sonrió tímidamente
-Si, muchas gracias.
...
Durante la cena, Elizabeth se dedicó a servirme como siempre lo hacia, demostrando que era capaz de hacer todo a la perfección, al parecer ya había vuelto a la normalidad y volvía a esbozar su típica sonrisa.
El comedor estaba sumido en un absoluto silencio, a mi lado, a una distancia prudente se encontraba mi ama de llaves, atenta a cualquier cosa que se me pudiera ofrecer, y en frente de nosotras estaban Edward y su sirvienta Jane, quien miraba de manera inexpresiva a la nada.
-Sir Edward-comencé-¿Podría contarme que es exactamente lo que ha estado pasando?
-Bueno, la verdad es que han estado sucediendo cosas verdaderamente espantosas-dijo Edward mostrando miedo en sus ojos-Varios niños y jóvenes, tanto hombres como mujeres, fueron asesinados de la manera más cruel que se pueda imaginar, Alejandra-sama.
Miré a Elizabeth quien tenía un gesto serio.
-Según tengo entendido, las víctimas fueron halladas sin corazón. ¿No es así?
-Si, esas pobres criaturas aparecían uno o dos días después en el quiosco que está en el centro del pueblo. Vestían túnicas de color negro y les había sido extirpado el corazón, y también...-hizo una pausa, por su expresión parecía que iba a decir algo desagradable-...sus cuerpos estaban completamente marcados con símbolos extraños...Con símbolos demoniacos.
–¿Símbolos demoniacos?–el bello rostro de Elizabeth seguía imperturbable, pero un aura bastante oscura parecía emanar de ella.
–Así es, Alejandra-sama, esos niños fueron ofrecidos al demonio.–Edward estaba bastante dolido, sin duda todo aquello le dolía mucho.
Me volví a ver a mi ama de llaves; tenia muchas cosas de las que hablar con ella, pero eso debía esperar hasta que nos encontráramos las dos solas. Edward había dicho que aquellos niños habían sido ofrecidos al demonio, así que...
–Parece muy convencido de eso, Sir Edward. ¿Usted me afirma que esos niños fueron parte de algún ritual satánico?–creer eso era un tanto extraño a pesar de que conviviera día a día con un demonio.
–Alguien quiere traer de vuelta a Vek, la diosa del cielo y el infierno–inquirió el joven Edward quien se mostraba horrorizado ante esa idea.
–¿Vek? ¿A qué se refiere con eso?– nunca en mi vida había oído hablar de ese ser que me decía.
–Es una leyenda de este pueblo, Alejandra-sama–el joven miró a su sirvienta y esta asintió.
–La historia nos habla de una joven ángel que harta de su vida en el paraíso intentó acabar con El Padre. –narró Jane con voz neutra.
No se si soy yo, o es que en verdad los ojos de Elizabeth tienen un brillo rojizo. La verdad siento que algo le está molestado desde que llegamos.
–Un ángel...
–Así es, hace aproximadamente quinientos años, una hermosa ángel llamada Vek desafío a Dios e intentó acabar con él. Ella quería ser la nueva gobernante, su ideal era que tanto ángeles como demonios debían convivir en plenitud.
Ante tal rebeldía por parte de Vek, esta fue desterrada, sus alas le fueron arrancadas y su poder de ángel se debilitó considerablemente, así pues, Vek cayó a la tierra, justo a las afueras de este pueblo.
No terminaba de entender por qué tomaban tan enserio esa historia. Eso solo era una leyenda, un cuento para asustar a los niños.
–Bueno ¿Y qué más?
–La bella Vek vagó por el bosque, estaba completamente devastada por no haber podido lograr su objetivo y lo que más deseaba era vengarse. Entonces, según la leyenda, un día de luna llena, siete días después que Vek fue desterrada del cielo, un hombre sumamente apuesto vestido de negro se le hizo presente, ese hombre no era nada más que un demonio.
Bien, tenia que reconocer que la historia era buena.
Jane hizo una pausa y no supe si había sido yo o en verdad la sirvienta estaba mirando con cierto recelo a Elizabeth, quien se mantuvo indiferente aunque sus ojos parecían llamear.
–¿Y entonces qué pasó?–inquirí bastante interesada.
Jane posó sus ojos en mi y continuo.
–El demonio le propuso un trato: él le ayudaría a vengarse, y cuando esto fuera cumplido él la devoraría.
Ante eso, una sensación extraña recorrió mi nuca y casi sin darme cuenta me llevé una mano al cuello, en donde mi gruesa gargantilla de terciopelo ocultaba la marca del contrato. Jane me miró de forma extraña.
–Vek aceptó el trato, y desde ese momento el demonio se convirtió en su compañero en la busca de su venganza–continuó la sirvienta volviendo a adquirir esa expresión neutra.
–¿Vek hizo un contrato con un demonio? ¿Cómo es eso posible? Si era un ángel...
–Nada es imposible en este mundo, Alejandra-sama–interrumpió la sirvienta.
–Supongo que si–concedí un tanto molesta.
–Durante un año Vek viajó a varios sitios sembrando caos y destrucción, nadie podía contra ella ni su fiel demonio, quien según se dice se enamoró de el ángel. La Inglaterra del pasado estaba sumida en el terror, mucha gente moría y nadie era capaz de hacer nada.
–No quiero sonar indiferente ¿Pero qué tiene que ver esta historia con lo que está pasando ahora?–pregunté con seriedad, pues escuchar esa historia se me estaba haciendo una perdida de tiempo.
–Justo a eso llegamos–dijo Edward mirándome con sus ojos infantiles detrás de sus gafas.– Verá, cuando Inglaterra parecía que no podría salir de la oscuridad, una joven hechicera llegó desde tierras lejanas decidida a acabar con esa oscuridad.
–¿Una hechicera?–ahora si no sabia ni que decir.
–Si, era una mujer muy hermosa, y muy poderosa.
Así que Vek, al sentirse amenazada por aquella forastera hizo algo impensable. Como su poder no era tan grande como ella deseaba, mató a su demonio y tomó su sangre, prácticamente absorbió el poder del demonio, con lo cual se convertiría en un ser invencible.
–¡Mató al demonio!–exclamé sorprendida. Elizabeth me miró con dulzura para acallarme, pero pude notar que no estaba para nada contenta.
–Ajá, lo hizo para que nadie pudiera detenerla, ni siquiera aquella hechicera–comentó Edward– Pero eso no fue suficiente, la hechicera se enfrentó a Vek, y utilizando todo su poder, por fin logró encerrar a Vek en las profundidades de la tierra.
–Y debo suponer que fue aquí en donde la encerró-comenté sin poder entender del todo.
–Si, Vek fue encerrada mediante una magia muy poderosa. Y es por eso que pensamos que alguien quiere liberar a Vek. Según la leyenda, la manera de liberar al "Angel Demonio" es mediante un ritual en el cual la sangre de un descendiente de la hechicera debe ser derramada en él sello del portal. Pero antes, la fuerza de Vek debe ser restaurada entregándole almas puras e inocentes.
–Ahh, ya veo. Bueno, no veo que haya que preocuparse por una simple leyenda–ahora entendía que este tipo de personas eran muy crédulas.
–Alejandra-sama...Esto es real, alguien quiere que la oscuridad vuelva a ceñirse sobre Inglaterra, sobre el mundo entero–exclamó Edward casi de la misma forma en la que un niño intentaría convencer a sus padres de que había visto un fantasma.
–Las leyendas solo son para asustar a los niños, Sir Edward–dije casi con fastidio.
–Es lo que pensamos nosotros, pero claro, usted es la que viene a investigar. Y la verdad es que espero que si estemos equivocados.
–Si...–y ahora que hablaba de investigar...–¿Cuándo llegará el conde Ciel Phantomhive? –todo pasó tan rápido que ya hasta había olvidado aquel detalle.
–Um…sinceramente no lo se Alejandra-sama, debía estar aquí hoy, pero ya ve que no ha llegado–dijo Edward bostezando. ––Vaya, ya es tarde. Jane muéstrale su habitación a la señorita.
–Como ordene joven amo–Jane me hizo un gesto con la mano para que le siguiera. Elizabeth salió detrás de mí.
La habitación no era tan grande como la que tenía en casa, pero al menos era cómoda. Elizabeth me estaba ayudando a colocarme la pijama, sin duda algo le molestaba, porque no sonreía y daba la impresión de que estaba en su propio mundo.
–¿Qué es lo que piensas sobre esa historia que nos han contado? –pregunté mientras Elizabeth se encargaba de preparar la cama.
–Puede que solo sea eso, una leyenda, pero igual puede tener algo de verdad.
–¿Enserio un ángel puede hacer un contrato con un demonio y luego matarlo? –insistí.
–No estoy segura de ello, nunca me ha tocado ver algo así, los ángeles tienen el poder para matarnos claro, pero no se si eso pasó de verdad.
–Entiendo, y en cuanto a lo del conde Ciel Phantomhive. ¿Crees que no vaya a venir?
–Lo desconozco–fui a acostarme a la cama y Elizabeth se encargó de arroparme bien–Ahora debería de descansar, mañana nos espera un día pesado.
–Cierto, hay que comenzar a investigar todo este asunto con o sin Ciel Phantomhive.
Elizabeth se dispuso a abandonar la habitación, mi cabeza era un hervidero de información, no sabía que pensar sobre lo que estaba pasando en aquel pueblo. Un ángel, un demonio y una hechicera. Extraños asesinatos, una leyenda, Ciel Phantomhive. Mi cabeza estaba a punto de estallar.
–Elizabeth…podrías quedarte conmigo un rato–no quería parecer una niña asustada, pero en verdad necesitaba a alguien conmigo, y mi ama de llaves era la única que siempre estaba para mí, solo para mí.
–Yes, my Lady. –declamó ella regresando sobre sus pasos y poniéndose a mi lado derecho a una distancia prudente. Contemplé sus ojos purpuras durante un buen rato, sus ojos no me miraban con burla, sus ojos me miraban como…como…
–No me abandones en la oscuridad, Lizzie, nunca me dejes sola hermana…–y por fin me entregué a Morfeo.
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El día siguiente fue bastante agotador. Después de desayunar salí con Elizabeth al pueblo para investigar un poco más sobre los asesinatos, el problema era que nadie quería hablar con nosotras. Me preguntaba si era porque éramos prácticamente unas desconocidas o si era por mi ama de llaves, quien con su encanto casi sobrenatural parecía aterrar a los lugareños, o en si era por ambas cosas. El punto fue que ya pronto se pondría el sol y no habíamos conseguido hablar con nadie.
–Vaya gente–espeté molesta mientras caminábamos por una gran extensión de pasto, a lo lejos un rio dividía el campo de un bosque. –A pesar de que he venido a ayudar, me tratan de esa forma.
–Hay personas que son muy supersticiosas, señorita, y en este pueblo parece que toman muy en serio sus leyendas –Elizabeth como siempre mostrando su gran tolerancia.
Un pequeño abejorro revoloteó cerca de mi, y cuando iba a espantarlo con mi mano, esta se quedó prendida a mi vestido azul, jalé mi mano y una pulsera plateada salió volando cayendo a unos pocos metros de mí; siempre llevaba conmigo una hermosa pulsera de la que colgaba un dije en forma de mariposa de alas azules, aquella pulsera había pertenecido a mi hermana y era muy importante para mí, fui a por ella, pero en eso un perro pasó al lado de mi y cogió la pequeña pulsera y echó a correr en dirección al río.
–¡Elizabeth, mi pulsera! –bramé empezando a correr detrás del canino.
Rápidamente Elizabeth se situó a la par de mí y en segundos logró rebasarme por una gran distancia, y en otros segundos más atrapó al perro, yo llegué casi jadeando a donde estaban.
–¡No le hagáis daño! –gritó alguien–¡Por favor!
En la lejanía, justo de donde se encontraba el río, una joven de no más de quince años corría en nuestra dirección cargando una canasta. Cuando llegó hasta nosotras nos miró con gesto de disculpa.
–Su perro tiene mi pulsera–dije quizá con demasiada frialdad.
–Oh…lo lamento muchísimo–se disculpó la joven–Pepper, devuélvele su pulsera a la señorita.
El perro soltó la pulsera, y antes de que cayera al pasto Elizabeth la tomó y sacó un pañuelo empezando a limpiarla con gran esmero.
–No importa–ella seguramente podría darnos algo de información, así que me forcé a esbozar una sonrisa– ¿Oye no te importaría si te hago unas preguntas?
–¿Quieren preguntarme sobre esos asesinatos, verdad? –inquirió mirándome con inocencia.
–Solo queremos ayudar a detener estos crímenes, pero nadie ha querido decirnos nada, y así no podremos hacer mucho.
–Bueno, no solemos confiar en los extraños, pero por mi no hay problema, si puedo ayudarles en algo lo haré. Ya no quiero que más niños mueran.
–Bien, en ese caso, ¿podrías decirme en dónde han desaparecido los niños?
–Em…esto…Han desaparecido en diferentes lugares, aunque la gran mayoría de ellos desaparecieron cerca de éste río–dijo señalando el río tras de nosotras–Algunos han dicho que se los llevó el demonio del bosque, pero nadie se acerca a ese lugar, es decir al otro lado del río, todos en el pueblo lo tienen prohibido. Ese bosque está encantado.
–Um…¿Entonces los niños desaparecieron cerca de aquí?
–Si, y nadie supo de ellos hasta que una mañana aparecieron en la plaza del pueblo–sus ojos se llenaron de miedo–Fue algo espantoso, pero pasa tan seguido que la gente ya se está acostumbrando, aunque a mí en lo personal me da cada vez más miedo.
–Gracias por tu ayuda, con eso nos has aportado mucho.
–Me alegra ser de ayuda, ahora ya debo irme porque está oscureciendo–nos sonrió y echó a correr seguida por su perro, perdiéndose en la lejanía.
Cuando la chica por fin desapareció, me volví en dirección al río y eché a caminar. Elizabeth iba a mi lado, aun limpiando mi pulsera.
Llegamos al río, y mi ama de llaves se inclinó y metió la mano al agua cristalina, después vi que seguía limpiando mi pulsera.
–Como nueva, my Lady–dijo colocándome la pulsera con versatilidad.
–Gracias–miré el río con intensidad como si con eso fuera a decirme lo que pasaba ahí. Si la gran mayoría de los niños habían desaparecido cerca de aquí, los más lógico sería que…
–Elizabeth, necesito investigar en ese bosque –miré a ambos lados del río buscando un puente, pero no encontré ninguno. –Um…no hay ningún puente.
–Si lo que desea es ir al bosque, eso es lo que hará –se llevó una mano al pecho y se inclinó levemente.
Entonces, se aproximó hasta mí y me cargó en sus brazos como si fuera una simple hoja y sin tomar impulso ni nada saltó con gracilidad, bajé la vista y puede ver nuestro reflejo en el agua, al instante siguiente, Elizabeth aterrizó del otro lado del río sin hacer el menor ruido, con la sutiliza de un felino.
Me bajó con cuidado y después miró a su alrededor como evaluando si el lugar era seguro o no.
–¿A dónde deberíamos de ir, ama?
–Supongo que lo mejor es andar en línea recta –propuse.
Y así, caminamos un buen rato por el espeso bosque, a cada tanto me golpeaba con las ramas de los árboles, o me resbalaba, en cambio, Elizabeth se movía con fluidez, como si todo lo que estaba en su camino se hiciera a un lado para dejarle pasar. De vez en cuando me sostenía para evitar que cayera. La noche ya había caído, y aun no encontrábamos nada.
Comenzaba a cansarme, y estaba a punto de decirle a Elizabeth que mejor regresáramos al pueblo, cuando a lo lejos divisé lo que parecía ser una cueva. Rápidamente me aproximé al lugar, la entrada de la cueva era inmensa.
Adentro no se veía nada, pero en cuanto dimos unos cuantos pasos en la oscuridad, un montón de antorchas se encendieron solas, me apegué un poco a mi sirvienta y nos adentramos en la profundidad de la cueva.
Después de caminar otro tanto más, por fin, una luz mucho más fuerte se abría un poco más adelante, al llegar, casi me caigo del asombro.
Era un espacio bastante amplio, iluminado por montones de velas, en el centro se encontraba una especie de cama de piedra de forma oval completamente llena de sangre, justo detrás de ésta había un símbolo extraño, una especie de pentagrama con la punta hacia arriba y en el centro de éste, una cruz invertida.
Me aproximé cautelosamente hacia la cama de piedra y vi que sobre de ésta estaba una especie de daga llena de sangre grabada con símbolos extraños. Tomé entre mis manos aquel artilugio y una sensación de desesperación, dolor, miedo y tristeza se alojó en mi interior. Sentía que algo me oprimía el pecho y me cortaba el aliento, la vista comenzaba a nublárseme, y sin poder contenerme más lancé un grito, un grito de agonía.
De repente todo pasó muy rápido, una corriente de aire se filtró en la cueva haciendo que toda fuente de luz se esfumase, la daga que había encontrado caía estrepitosamente sobre la cama de piedra, ahora yo me encontraba en el extremo opuesto al lugar por el que habíamos llegado y Elizabeth tenía ambas manos contra la pared, arrinconándome contra la fría y húmeda pared de la cueva, sus ojos tenían un brillo rojizo, pero aun conservaba la sonrisa, es más, parecía que su sonrisa se había ensanchado aun más, la cueva estaba sumida en una profunda oscuridad, pero no era necesario ver, para saber que alguien estaba detrás de Elizabeth, vigilándonos atentamente.
–Elizabeth…–mi ama de llaves se acercó más a mí–Tienes que sacarme de aquí–logré decir, pues me sentía verdaderamente mareada.
–Yes, my Lady–y dicho esto, a una velocidad inhumana me cargó como lo había hecho hacia un rato, y se volvió hacia la salida, pude divisar una sombra en la oscuridad, pero Elizabeth logró esquivarla por los pelos y comenzó a correr a una velocidad increíble, las antorchas ahora estaban apagadas y no se veía absolutamente nada, pero eso no parecía ser impedimento para ella. Iba a preguntarle que era lo que pasaba cuando un destello plateado pasó a escasos milímetros de mi mejilla.
–Señorita, baje la cabeza y sujétese bien–pidió con voz tranquila, hice lo que me dijo, me afiancé bien a su cuello.
Cuando salimos, la luz de la luna no era tan intensa, ya que la luna era tapada por unas espesas nubes. Miré hacia atrás y creí escuchar que alguien decía algo como "Tienes que atraparla"
Rápidamente nos internamos en el bosque, todo era un simple borrón para mí, pero a pesar de lo denso del bosque, nunca nos estrellamos contra ninguna rama ni nada. Podía oír como alguien nos seguía. ¿Quién nos quería atrapar? ¿Acaso era el asesino? En ese caso quedaba claro que no era humano, no si podía seguirle el paso a Elizabeth. Miré el rostro de mi ama de llaves, y me sorprendió ver que estaba sonriendo, como si todo aquello fuera divertido.
Por fin llegamos al río, Elizabeth lo cruzó sin detenerse, y una vez más vi más destellos plateados que pasaban a un lado de nosotras. Elizabeth me dejó cerca de un árbol y sin perder la sonrisa se volvió rápidamente hacia nuestro perseguidor, me pareció ver que sacaba lo que parecían ser un par de cuchillos de plata. ¡Cuchillos de plata!...
Solo podía ver un par de sombras que se movían a una velocidad increíble y con envidiable gracilidad, si parpadeaba me perdía de todo.
Mientras miraba tal espectáculo, me di cuenta de que había alguien más, una figura pequeña, cerca del río corría en nuestra dirección. En ese instante, la luz de la luna por fin brilló con gran intensidad, y fue en ese momento en el que me di cuenta de quine se acercaba corriendo, y pude ver en su expresión que él también sabía a quien miraba. Era un joven, y tenía un parche en el ojo derecho…Era…era el conde Ciel Phantomhive
De repente algo se situó delante de mí, era la sombra de un hombre, este levantó la mano y pude ver ese extraño destello plateado, sabía que era mi fin, pero justo cuando creí que me atravesaría con lo que fuere que tuviera en la mano, la sombra de Elizabeth apareció.
–¡Detente! –gritamos a la vez el conde y yo.
Ambos seres se detuvieron al instante, el hombre tenía en la mano un tenedor y detenía el chuchillo que sostenía Elizabeth. La sonrisa de ambos era amplia y extraña, los dos seres parecían estarse divirtiendo de algo.
–¡Que gran sorpresa, Elizabeth Van Niven! –dijo el hombre un tanto burlón.
–Me has quitado las palabras de la boca, Sebastian Michaelis…–respondió Elizabeth esbozando aquella sonrisa suya.
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Que les ha parecido?
Espero sus comentarios n_n
