Después de una pequeña presentación hacia la familia de negritos, a Todoroki no le quedó otra que quedarse con Kaminari y Bakugou ya que justo le tocaba hacer de traductor (aunque en el fondo lo disfrutaría más de lo que creía).
—Bueno… —suspiró Kaminari levantando del suelo la hoja con las instrucciones que les había dado el desgraciado que salió corriendo y les abandonó—. ¡¿De verdad tenemos que hacer esto?! —se quejó al leer todas las cosas que debían de cumplir para ayudar a los tercermundistas.
—Sí —aplicó Shouto con serenidad.
—Eh, Bakugou —llamó Denki acercándose hacia el chico explosivo al que comenzaban a rodearlo varios niños negritos—. ¿Por dónde empezamos...?
Pero la expresión que tenía aquel amargado en la cara lo decía todo. Unos segundos más e iba a explotar todo.
Porque, básicamente, había como cinco niños africanos de unos seis años que estaban subiéndose encima de Bakugou.
—Oh, es la hora del té —murmuró Shouto con su cara de póker dispuesto a alejarse rápidamente de aquel lugar.
De repente pudo escucharse una pequeña explosión.
—¡Todoroki, ayúdanos! —exclamó el rubio eléctrico deteniendo a Shouto al agarrarle de la muñeca mientras señalaba a uno de los niños.
—Hy het ons klein broer doodgemaak! (¡Ha matado a uno de nuestros hermanitos!) —exclamó uno de los negritos.
De los cinco enanos negros, solo quedaban cuatro. El restante estaba en el suelo retorciéndose y más negrito de lo que ya era. La paciencia de Katsuki era mínima.
—¿Por qué debería? —inquirió el de cabello bicolor girando levemente su rostro—. Yo solo traduzco.
—My seun! Ek dink jy moet 'n ander maak (¡Mi hijo! Supongo que habrá que fabricar otro) —comentó Lynda Poya mientras miraba lascivamente a los negros de dos metros que eran sus maridos.
—Blankes, sorg vir kinders! (¡Blancos, cuidad a los niños!) —añadió uno de los hombres despidiéndose y yendo con Poya y el otro negrito hacia la cabaña sucia en la que vivían.
—¡Espera! ¡¿Por qué se van?! —reclamó Denki mientras trataba de alejar a los pequeños del explosivo Katsuki.
—Van a reponer el hijo que han perdido —informó Shouto con serenidad—. Bueno… —volvió a murmurar sacando su iPhone 8 recubierto de oro y dispuesto a marcharse nuevamente.
—¡Si nos ayudas, haremos lo que quieras! —volvió Kaminari a insistir más desesperado al ver cómo Bakugou usaría otra vez su quirk en cualquier momento.
Todoroki se detuvo en seguida al oír aquellas palabras. De tan solo imaginar las posibilidades se giró rápidamente aceptando sin dudarlo.
—Vale —murmuró y a continuación utilizó su lado derecho para congelar, en apenas segundos, a los quince hijos de Lynda Poya.
Ahora todo sería más fácil. Sin quince negritos jodiendo, podían realizar las labores que les habían asignado y terminar rápidamente.
—¡YO PODÍA ENCARGARME DE ELLOS! —gritó Katsuki señalando a los enanos congelados.
—¡Gracias, Todoroki! —añadió Denki con más tranquilidad—. Veamos… —siguió leyendo las tareas por hacer—. Bañar a los negritos, alimentar a los negritos, traer agua para los negritos, cuidar a los negritos…
Todo incluía a los negritos.
[...]
Al principio Bakugou se negó rotundamente, pero ante tantas súplicas por parte de Kaminari terminó aceptando a regañadientes y yendo a por agua más rabioso de lo normal. ¿A quién se le ocurría poner un pozo en un lugar tan lejano y desierto?
—Esto es una puta mierda —gruñía para sí mientras traía dos cubos llenos de agüita con microbios.
Por otro lado, Kaminari se hallaba recolectando plantas del suelo para que comieran los negritos. Porque los negritos comían de todo, ¿no?
Y, mientras tanto, Shouto estaba echado en una tumbona, que había sacado de a saber dónde, con sus gafas negras y disfrutando del sol. Además, por la noche le esperaría su recompensa.
Una vez finalizada la labor, Todoroki descongeló a los negritos uno por uno para, después de ser bañados y alimentados, volver a congelarlos. Era el plan perfecto.
—Lynda Poya tarda demasiado… —comentaba Denki mientras le daba una cajita con hormigas a un negrito pequeño para que comiese con las manos—. Ah, cuidado con los dedos —advirtió por si aquel enano llegaba a confundir sus dedos con hormigas.
—¡QUÉDATE QUIETA, MIERDA! —gritaba Bakugou mientras "bañaba" a una negrita de tres años.
Básicamente le metía la cabeza en un cubo de agua y le obligaba a quedarse así hasta que se fuese toda la suciedad; lo importante era que quedasen limpios.
El día transcurrió tranquilamente después de haber realizado todas las tareas.
Como Shouto no podía permitirse comer algo como hormigas o hierbajos, ya tenía en su mochila comida de la buena para saciar su apetito.
—Todoroki, ¿me das…? —rogaba Denki con la boca hecha agua mientras miraba el filete de ternera que tenía el de cabello bicolor.
—Espera a que anochez…
Pero Todoroki se detuvo al profundizar en lo que de verdad se refería aquel rubio con lo de "dar".
—Bueno —aceptó cortando con su tenedor y cuchillo de oro aquella carne y dándole un trozo en la boca.
Bakugou, cruzado de brazos, solo miraba de reojo la jugosa y suculenta comida que tenía Todoroki.
Su orgullo le impedía pedirle algo.
Katsuki no se iba a dejar tentar.
¿Un filete de carne con su salsa bien jugosa? A quién le importaba. Él no tenía pensado ceder.
—Bakugou —llamó Shouto con su cálida voz—. ¿Quieres que te dé… un poco? —añadió ofreciéndole el tenedor en el que había un pedazo clavado.
Katsuki tragó saliva.
—Si no abres más la boca, no va a entrar toda… —siguió el de cabello bicolor provocando cada vez más al chico explosivo y acercando lentamente el tenedor.
Katsuki volvió a tragar saliva.
Sin darse cuenta, Shouto estaba a tan solo unos centímetros de él y hacía el gesto de abrir la boca también mientras que el trozo de carne casi rozaba los labios del rubio.
Porque entre aquel rico olor y la mirada de Todoroki, no pudo resistirse más y, con rabia, mordió aquel pedazo rápidamente.
—¡Hey, mirad esto! —la voz de Kaminari les sacó de su momento—. ¡Encontré chocolate! —exclamó mostrando un envase que se había encontrado en una de las tiendas de paja de los negritos.
Denki, después de ser alimentado por Shouto, se había ido por ahí a investigar el hogar de los africanos y descubrió muchas cosas interesantes.
—Kaminari —empezó Todoroki acercándose lentamente hacia el rubio eléctrico.
Mientras tanto, en el cerebro de Shouto…
"Vamos, dile que lo pruebe, así nos echamos unas risas."
"Shouto, dile la verdad. Dile que es caca seca."
"Decir la verdad no tiene gracia."
"Shouto, recuerda que te lo vas a follar, no hay que ser mala persona."
"Pero también te vas a follar a Bakugou."
"Cierto, también lo harás."
"¿Crees que fue buena idea no traer condones?"
"Solo se vive una vez, Shouto."
—¿Todoroki? —la voz de Kaminari le sacó de sus pensamientos—. ¿Ibas a decir algo…?
—No es nada —respondió con serenidad.
"¿Qué era lo que íbamos a decirle?"
"No lo sé, se me olvidó."
"Bueno, Shouto, lo que importa es que hoy follas."
"Exacto, hoy follas."
[...]
