Como prometí, aquí os dejo el siguiente capitulo. Gracias por leer ^^
Capitulo 2
Con los primeros rayos de sol, salto de la cama llena de energía, después de una noche de descanso, y me dispongo a vestirme. Siempre he sido muy madrugadora, ya que me gusta aprovechar el día. Así que, como norma general, suelo levantarme cuando amanece. Aunque, siendo francos, no tengo ni idea de lo que voy a hacer en todo el día. Sé que Angel iba a llamar por la mañana, pero no tengo intención de hacer acto de presencia hasta la noche. Así que… lo mejor será empezar por el principio y buscar un lugar donde desayunar. Y después… bueno, eso ya lo pensaré luego. Ahora, me muero de hambre.
Lo mejor será evitar todos los posible sitios donde puedan ir los scoobies que, dándose donde estoy, vienen a ser todos. O al menos, la gran mayoría. Sé que no puedo seguir escondiéndome, pero no creo que esté preparada para lo que me espera. Aunque no creo que lo esté nunca, y más tratándose de Buffy. Antes de salir a la calle, echo una rápida ojeada desde la ventana. A estas horas de la mañana, no parece que haya muchas cosas abiertas. Puede que, lo más productivo sea salir a correr un poco y así estiro las piernas y me despejo. Suerte que me he traído algo cómodo para salir, ya que mis pantalones de piel ajustados, no es que permitan mucho movimiento.
Es increíble lo poco que ha cambiado la ciudad desde que me fui hace unos años. Todo sigue exactamente igual. Bueno, aparte de algunas tiendas que han cerrado y otras nuevas que han abierto. Pero viene a ser lo mismo. Inconscientemente, llego al apartamento que el Alcalde Wilkins me regaló. Está completamente abandonado. Pero dándose las circunstancias es normal. El Alcalde lo puso a mi nombre, y al haberme ido y estado en la cárcel, nadie ha podido ni alquilarlo ni venderlo. Así que, supongo, que sigue siendo mío. De todas formas, no creo conveniente entrar. Todavía no estoy preparada para enfrentarme a él. Puede que cuando pase un tiempo.
Después de poco más de una hora, vuelvo mucho más relajada y dispuesta a darme una buena ducha. La verdad es que me muero de hambre, pero puede esperar un poco, mientras me relajo. Una hora más tarde salgo, completamente renovada, como nueva y con energía renovada. Ahora, ya estoy preparada para ir a desayunar con fuerza. Las tripas llevan rugiéndome desde que me he levantado. Después de tantos años y sigo sin poder saciar este tremendo apetito. Supongo que será cosa de las cazadoras, porque sino recuerdo mal, a Buffy le pasaba lo mismo. Era más graciosa… lo poquita cosa que ha sido siempre y lo mucho que podía comer de una sentada. Una vez hicimos una competición para ver quien podía comer más. Estuvo a punto de ganarme, pero al final pude con ella. Qué tiempos aquellos…
¿Y lo mucho que la he echado y echo de menos? Ojala no se hubiera ido todo a la mierda. Ojala no hubiera hecho tantas gilipolleces juntas. No hay día que no me arrepienta. Pero ahora ya no hay nada que pueda hacer para borrar el pasado. Lo que sí que está en mi mano es que el presente y el futuro sean distintos. Y creo que viniendo a SunnyD y ayudando es un buen comienzo. Quiero que vea que he cambiado y que podemos tener lo que en un pasado tuvimos. Eso sí, siempre y cuando me quiera cerca. Pero eso es algo m… ¿Eh? ¿Qué pasa? Un niño…
-Hey, chaval. ¿Estás bien? –miro hacia abajo y le brindo la mano para ayudarlo a levantarse.
-Sí, lo siento –me dice mirándome a los ojos. No puedo más que quedarme parada durante unos segundos, sin poder reaccionar. Esos ojos… se parecen a los de… no, no puede ser. Será una coincidencia. Sin embargo, no puedo dejar de mirarlos. Me recuerdan tanto a los de ella… sacudo la cabeza y rompo todo contacto visual. Es lo mejor-. Mira a ver por donde vas. Nunca sabes con quien te puedes encontrar –le guiño el ojo y le echo una rápida ojeada. No tendrá más de cinco años.
-Sí –me vuelve a mirar una vez más y sale corriendo. No puedo más que ver cómo ese niño moreno se aleja hasta que gira la esquina y lo pierdo de vista por completo.
Me ha dejado en estado de shock. Hacía años que no me quedaba sin palabras. Sólo cuando Buffy rondaba cerca, y de eso hace ya muchos años. Lo mejor será dejarlo pasar e ir a por algo para desayunar que con lo sucedido, se me había olvidado del todo.
El resto del día me lo pasé dando vueltas por la ciudad sin saber muy bien qué hacer conmigo. Tampoco es que tuviera nada mejor qué hacer. Siempre que había salido por las calles de Sunnydale había sido en compañía de Buffy y normalmente de noche. Y sin embargo, aquí estoy, totalmente sola y a plena luz del día. Nunca me había sentido tan extraña. Lo de la soledad es otra cosa aparte. He pasado mucho tiempo sola, y tampoco creo que sea algo malo.
Creo que no me había aburrido tanto en toda mi vida. Desde siempre había tenido algo qué hacer, pero desde que llegué de Los Angeles, he pasado las 24 horas más aburridas que recuerde. Hasta en la cárcel tenía más entretenimiento. Lo que todavía me sigue intrigando y no se me va de la cabeza es ese niño moreno de ojos verdes. Es como si lo hubiera visto antes, en algún sitio, pero ahora mismo no sabría decir dónde exactamente. Me resulta tan extraño y fuera de lo normal… pero estando en Sunnydale, ¿qué más me puedo esperar? Lo mejor será dejarlo pasar. Sólo me faltaba eso, obsesionarme con una tontería que podría ser una coincidencia. Bastante tengo ya con lo que se avecina en unas horas, como para meterme en más entuertos. No, gracias, creo que paso de esta. Lo que todavía no sé, es lo que voy a hacer. Por las horas que son lo mejor será ir viendo a ver dónde ceno y luego… bueno, ya lo decidiré entonces.
Andando por una de las calles principales de la ciudad, no puedo evitar fijarme en un pequeño bar que hace esquina. Buffy y el resto de los scoobies solían ir allí los viernes por la noche a cenar, para después hacer una ronda y de ahí ir directos al Bronze. Qué tiempos aquellos. Aunque lo intente evitar, la nostalgia me lleva directamente hasta allí, a pesar de lo que mi cerebro le dicta a mis piernas. Es como si de una fuerza sobrenatural me empujara. Al final, me dejé llevar y entré en el sitio. Estaba justo como lo recordaba, aunque parecía que había menos clientela que antaño. Lo cual era de esperar con todo eso del fin del mundo, el apocalipsis, etc… se estaba a gusto. Me senté en una de las mesas al lado de la ventana y miré el menú.
La verdad es que me daba igual qué comer, últimamente me quedo con hambre siempre. Hay veces que es odioso que tu estómago sea un pozo sin fondo. En ocasiones puede llegar a ser desesperante. Pero supongo que hay que saber vivir con lo que se tiene. Creo que me pillaré una pizza. Creo recordar que estaban bastante buenas.
-¿Ya se ha decidido? –una camarera morena muy mona se plantó a mi lado con una libretita en la mano y un boli en la otra.
-Pues… si te soy sincera, no lo tengo muy claro –la miré y no pude evitar sonreírle, mostrando mis hoyuelos. En seguida pude ver como empezaba a ruborizarse-. Me apetecía una pizza, pero no me acabo de decidir… ¿Me echas un cable? –le guiñé un ojo.
-Claro… la-la barbacoa está muy bien –me la señaló en el menú con un dedo tembloroso-. La gente la suele pedir mucho…
-Me has convencido –le dije con mi mejor sonrisa, viendo como el rubor le subía por el rostro-, que sea una de esas –volví a guiñarle el ojo. La camarera asintió, todavía con el rubor hasta las orejas y se fue en dirección a la barra.
¿Qué le puedo hacer? Viejas costumbres nunca cambian. Al cabo de unos 15 minutos, ya tenía la pizza en la mesa y a la preciosa camarera que no me quitaba el ojo de encima. Con un gesto de cabeza le di las gracias, haciendo que volvieran a subirle los colores y me dispuse a devorarla. Estaba que me moría de hambre. Lo normal en una cazadora.
En cuanto estuve satisfecha, pagué dejando una buena propina para la camarera. De todas formas no era mi dinero, sino del Consejo, ya que antes de que volara por los aires, me dejó unos buenos ahorros, así que… me lo puedo permitir. Aunque tampoco hay despilfarrarlo, claro. Con una tímida sonrisa, la morena se despidió de mí, y salí a la calle, donde me quedé en el sitio, sin moverme. Me encontraba ante el dilema que había estado retrasando y evitando todo el día. ¿Me presento o no en casa de Buffy? Sabía que Angel había llamado, pero eso no significaba que me sintiera menos nerviosa. Es más, creo que el malestar aumentaba.
Había pensado en ir al cementerio y descargar energía y adrenalina durante media hora más o menos. Pero la verdad, no sé si eso sería una buena idea. Después de todo, siempre que salía de caza acababa con un calentón monumental, y la simple idea de tener que presentarme en casa de B cachonda, no iba a ser de ayuda en absoluto. Que ella estuviera enfadada conmigo y me odiara, no significaba que mi cuerpo pensara de igual forma. Y la única forma de acabar con el problema, sería ir al motel, y no sé muy bien cuándo va a ser eso posible. Me encogí de hombros y eché a andar calle abajo, con las manos metidas en los bolsillos. Que mis pies me llevaran donde quisieran.
Mi mente sólo hacía que imaginar varias situaciones una vez estuviera frente a la puerta de la Casa Summers. Había tres posibles opciones. La primera y la menos probable, por no decir imposible, era que todo fuera bien y no hubieran malos royos. Y, porque mentir, la que más me gustaría que pasara. Sin embargo, queda descartada.
La segunda, que es la opción intermedia, en la que el recibimiento iría más o menos bien. Pero luego las miradas de odio por parte de Buffy y del resto de la banda serían más que evidentes, dando paso a silencios incómodos y situaciones extrañas que, a pesar de todo, serían soportables y llevaderas, dentro de lo que cabe. Que de las tres opciones creo, para que engañarnos, sería la mejor. Aunque bueno… nada sale como uno quiere y más si ese alguien soy yo. Lo digo por experiencia. Y por último, la tercera y más probable de todas y la que menos me gusta, por supuesto, en la todos me echen a patadas. ¿Qué le voy a hacer? No los puedo culpar. La verdad es que con todo lo que les he hecho, me lo merezco. Sin embargo, espero que con la llamada de Angel hayan recapacitado, aunque sólo sea un poquito, y me dejen ayudar.
Cuando me di cuenta, mis pies me habían llevado hasta la mismísima puerta de la Casa Summers. Supongo que con tanta cavilación y tanto ensimismamiento, el camino se me ha hecho cortísimo. En fin… ¿qué le vamos a hacer? Que sea lo que Jack quiera. Alzo mi brazo y acerco mi mano temblorosa a la puerta, preparada para llamar. Mentiría si dijera que no parezco un flan en este momento. No muy segura, mis nudillos hacen contacto con la fría madera.
