SOLO VOY A DECIR ALGO ANTES DE COMENZAR ESTE FIC, Y ESPERO QUE TODAS LO LEAN Y SEAN PACIENTES. NO VA A HABER COMENTARIOS AL FINAL, DEJA UN REVIEW SI TE GUSTO POR QUE YO LOS LEO CON GUSTO :) LA VERDAD ES QUE LAS AMO CHICAS *O*

PRIMERO VOY A DISCULPARME POR EL RETRASO DEL CAPITULO, Y TENGO QUE DECIR QUE NO CONOZCO DEMASIADO A RUKI COMO PARA PODER ESCRIBIRLO CORRECTAMENTE. SU PASADO, EN SI, ES DOLOROSO Y LO SÉ. QUIERO DESCATAR QUE LO PRIMERO QUE HICE FUE DEMOSTRAR ESA ESPERANZA QUE TIENE CON SU MADRE Y RELACIONARLO CON LAS CICATRICES EN SU ESPALDA. ESAS CICATRICES COMO SI FUESEN ALAS.

LO QUE PASÓ FUE QUE PARTE DEL DOCUMENTO SE BORRÓ POR FORMATEAR LA COMPUTADORA, Y TUVE QUE VOLVER A ESCRIBIRLO. ADEMÁS, ESTAR EN EL HOSPITAL Y ESCRIBIENDO EN UN BLOC DE NOTAS NO ES DIVERTIDO, CREEDME. ESCRIBO TODO LO QUE SE ME VIENE A LA CABEZA Y ESO ES TODO, POR ESO ME ESTRESÉ DEMASIADO CON ESTE CAPITULO Y NUNCA ME PASÓ ALGO ASÍ. LES PIDO PACIENCIA EN ALGUNO DE LOS CAPITULOS CON TODO EL AMOR DEL MUNDO QUE LES PUEDO DAR A MIS LECTORAS TAN GENTILES.

LES AGRADEZCO QUE HAYAN ESPERADO TANTO, Y SÉ QUE LES ENCANTÓ EL CAPITULO DE KOU. SIN EMBARGO, ESTE ES MUY DIFERENTE. TODOS LO VAN A HACER, Y LA VERDADERA RAZÓN ES POR QUE TODOS TIENEN DIFERENTES PERSONALIDADES QUE NO PUEDO EXPLICAR BIEN. DE ANTEMANO LES DIGO QUE EL DE YUMA TARDARÁ UN POCO, POR QUE SERÁ LO MÁS DIFICIL QUE VOY A HACER AHORA JUNTO CON EL DE AZUSA... DE VERDAD LO LAMENTO POR ESTA NOTICIA.

Y LO SUBIRÉ AHORA POR DOS RAZONES:

1 - RECIÉN LO TERMINO Y LAS HICE ESPERAR DEMASIADO.
2 - MI COMPUTADORA ESTÁ AL LIMITE Y SE LA VAN A LLEVAR PARA REPARARLA, ESTARÉ INACTIVA UNA SEMANA Y POR ESO ACTUALICÉ TODOS MIS FICS. PERO CUANDO VUELVA SUBIRÉ MÁS CONTENIDO QUE ANTES.

MUCHAS GRACIAS POR LEER, Y QUE COMIENCE EL CAPITULO.


Ruki

Aún sigo esperando su sonrisa.

(4:30 am)

Abrió sus ojos lentamente, dejando ver el azul perlado en su mirada.

Flash Back – sueño –

La oscuridad que me abraza fuertemente se siente caliente, quemando todo mi ser. Varias partes de mi cuerpo están siendo desgarradas por aquello que no puedo ver, pero es completamente letal. Ríe desquiciado, siniestro, locamente poseído por la oscuridad.

"Vuela" Escucho a lo lejos, alguien gritando con fuerza.

Volar, aquello que las aves hacen para sobrevivir. Extienden sus alas repletas de plumas de quien sabe cuántos colores, las baten por unos instantes y ya no pisan el suelo. ¿A quién le gritarán? Que vuele... el dolor se hace más intenso al oír de nuevo el "vuela", mucho más cerca que antes. Una parte de mi espalda se siente desgarrarse mientras mis labios se abren en un grito voraz.

"Los ángeles sin alas no pueden volar" La voz de la macabra oscuridad habló con burla y malicia, susurrándome asquerosamente las palabras a mi oído sangrante.

Miles de sensaciones repugnantes nacieron en mí. Justo como la oscuridad había dicho, mis ojos se inyectaron del rojo color de la sangre y de mi espalda desgarrando la piel nacieron alas de un cuervo negro.

Y con un grito de la misma oscuridad caigo a un precipicio, donde mi existencia es puesta a prueba a base de alas negras y unos sádicos colmillos clavándose en mi piel.

Fin Flash back – sueño –

Ah… estaba allí, leyendo. Que suerte.

¿Cuándo fue que se había quedado dormitando? Tomó con más cuidado el libro que llevaba entre sus manos, uno antiguo de los poemas de Edgar Allan Poe. Relajándose tanto que se había quedado dormido. ¿Dónde estaba? La luz todavía estaba encendida. Oh, era su habitación. Estaba acostado en su cama, de un lado. ¿Por qué de un lado? Observó a su lado, y con sorpresa miró a la pequeña mujer que dormía allí. Su rostro en paz, durmiendo abrazando las sabanas, con sus cabellos rubios desparramados por toda la almohada. ¿Todavía seguía aquí? Ruki sabía, en secreto, que ella se iba a caminar cuando él dormía. Bueno, él le había dicho que desde ahora dormiría en su cama a su lado. No era nada de esperarse que se sienta incomoda y quiera espacio. Entonces… era raro que ella se quedara a su lado, durmiendo con una sonrisa inexistente en su rostro.

Entonces, la alarma de su celular sonó.

Sus ojos de repente se mostraron tristes, nostálgicos. Con cuidado salió del lecho, quedando de frente a ese gran espejo que había adquirido días atrás. Un espejo de cuerpo completo, mostrándole a sus ojos su cuerpo entero y las heridas en su pecho y espalda. Por una vez… sintió la necesidad de voltearse y mirar, mirar las marcas que en su espalda había. Pero sabía que no iba a hacerlo, y sin vestir una camisa se encaminó hacia la sala. Del piso de arriba, divisó el pequeño balcón que se dirigía al jardín de rosas. Un jardín bien cuidado, repleto de colores en cada primavera. No es que a Ruki no le agraden las flores, pero no tenía un buen recuerdo de ellas. La última vez que había tomado una flor, la había depositado en los cabellos de su madre.

Ah…

Caminó hasta quedar apoyado en el barandal de aquel balcón escondido, observando la luna que pronto se iría hacia occidente. ¿Por qué todavía seguía con la alarma puesta? ¿Por qué después de tantos años, tenía esa esperanza? No, no debía dudar. Él… ella volvería, estaba seguro. Sea donde sea que estuviese, donde sea que viviese… volvería.

Tal vez por eso ahora estaba allí, en el balcón, atento a cualquier ruido de una puerta abrirse o una ventana correrse. La brisa de la noche sopló contra su cuerpo y la piel desnuda de su pecho le exigió calidez, algo que él no poseía. ¿Con qué calidez puedes calentar un cuerpo que ya ni siquiera puede percibir el calor? Demasiado tiempo, había pensado, en que estaba lejos de aquellos abrazos cariñosos y tiernos. Ya no percibía ni recordaba ese calor, en ningún momento…

Eso era una mentira.

Yui… ella… tenía ese calor, esa sensación de calidez la primera vez que la abrazó por detrás. "No puedo comprenderte" le había susurrado, mirando juntos la noche abrazados, arrodillados en el césped de aquel jardín. Tan solo… sentirla cerca, junto a él, le hizo pensar en su madre. La calidez que emanaban no se comparaba con otra, por que no existía otra especie de calor que a él le agradara. Ruki preferiría los brazos de su madre mil veces si le hacían elegir, pero cuando abrazó a Yui fue una gran duda en su mente.

¿Existía otro tipo de calor? ¿Existía una cura para su dolor? Tal vez, en algún lugar que para su suerte lejano era, se encontraba la respuesta. Pero no, las respuestas científicas no le sacarían la duda que tenía. Y con esa duda, más grande se hacía el anhelo de poder ver a su madre otra vez.

Se sentó, en el suelo mientras apoyaba la cabeza en la pared. ¿Qué estaba haciendo con su vida? Aquello… no se sentía bien. Pero tenía que esperar, ella todavía tenía tiempo. Cerró sus ojos, concentrándose en la brisa que rodeaba su cuerpo. La madrugada era neutral, tranquila y sin problemas… no mostraba el peligro ni la tristeza.

Quizá estuviera perdiendo su tiempo.

La brisa revoloteaba sus cabellos negros, observando el cielo azul que brillaba con esplendor sobre su cabeza. Tenía entre sus manos una rosa roja sin tallo, y sabía que cuando vio sus manos era el joven de 18 años, convertido en vampiro. Sin embargo, no vio a sus hermanos adoptivos por ningún sitio. El amplio campo que se extendía a sus ojos parecía infinito.

Entonces, escuchó una voz.

- ¿Ruki? – la voz de una mujer, y él inmediatamente pudo saber quién era.

A pesar de los años que pasaron… seguía recordando el matiz lleno de amor de la voz de su madre. Se volvió, sorprendido y con la incredulidad en sus ojos azulmente grisáceos.

Envuelta en un vestido blanco, como a los que ella les gustaba usar, estaba parada frente a él. Su cabello largo, negro y ondulado se movía por el viento de aquel lugar. Ojos azules grisáceos, como si fuesen oscurecidos por el tiempo, eran una copia de los suyos. Un rostro lleno de belleza y perfección, con el brillo amoroso que solo una madre podía tener. Su blanca piel, sus rosados labios, le sonrió con ternura.

- ¿Madre? – preguntó, y vio cómo su voz cambiaba a una más madura. Incrédula, escéptica.

Abrió sus brazos hacia Ruki, invitándolo al calor materno que añoró desde que era niño.

- Lamento tardar tanto. – le dijo con su voz angelical, femenina y maternal. – Me había olvidado que no habías despertado.

Ruki, cegado por la presencia de su madre como si fuese el sol, caminó apresurado hacia ella. Era real, en serio era real. No había duda, aquella era su madre y podría reconocerla en todas partes. No podía esperar más, y por eso él la abrazó a ella. Apretándola contra su pecho, pues ahora Ruki era más adulto y podría abrazarla igual que ella lo hacía de pequeño. Acariciando su pelo… cerrando sus ojos fuertemente y apretándola como si fuese la última vez que la vería. Ella no podía corresponderle, pues tenía sus brazos aferrados a los de Ruki.

El vampiro abrió sus ojos, sorprendido.

- Realmente estás aquí… - murmuró, anonadado, al sentir su perfume a almizcle.

Cuando se separaron, lo único que podía hacer era sonreír. Realmente estaba aquí, realmente era ella. Esto no era un sueño, definitivamente no era un sueño. La rosa que llevaba en su mano, si la posaba sobre su rostro blanco sería aún más hermoso. La trenzó en su cabello, sobre su oreja. Así, con una rosa roja, como eran niños, su madre era hermosa…

tan hermosa…

La luz que antes los iluminaba ahora se convertía en una oscuridad intensa, repleta de negro y una ventisca abismal. Sus ojos de abrieron en par en par al ver la unica luz que envolvía a su madre la hizo alejarse de su presencia.

- ¡MADRE! – gritó, extendiendo su mano desesperado.

Unos brazos aparecieron detrás de su madre, abrazándola de la cintura y acariciándola con fiereza. De pronto, los ojos de su madre se volvieron lujuriosos y fríos, mostrando una sonrisa maliciosa.

- Otra vez… desaparece. – la misma voz diabólica de su primer sueño apareció, susurrándole asquerosamente al oído.

Mientras su madre caía presa en la oscuridad, con esa maliciosa sonrisa en su rostro y sus ojos repletos de egoísmo y lujuria, de su espalda brotaron alas con ardiente y desgarrador dolor.

- ¡Entonces…. VUELA! – gritó.

- Ruki-kun… ¡Ruki-kun, por favor despierta!

La voz cantarina y etérea lo despertó, con su voz preocupada y asustada. Abrió sus ojos, asustado, impresionado. Las pesadillas… estaban volviendo demasiado reales.

Y lo primero que vio, fue el rosado de su mirada en un mar de lágrimas.


Yui

Entonces como un pajarillo te sostengo

Entre mi alma, que puedo sentir un tormento.

La calidez de tus alas es lo único que…

me mantiene en este sueño.

Se había despertado por el movimiento de la cama, de ese pacífico y tierno sueño. ¿Era ya de día? Parecía que se había despertado muy temprano, ¿Debía volver a dormir? Se preguntó con ojos cerrados y cansados… No, hoy no quería dormir. Aunque aquella cama sea tan suave, tan tentadora y relajante… había perdido la calidez. ¿Por qué? Abrió sus ojos con timidez y descubrió la duda. Ruki no estaba en ningún sitio, no estaba durmiendo en su cama.

Desde que él le había dado la opción de dormir junto a él, alegando que al haberlo elegido era de su propiedad, ella aceptó al instante. No porque era de él, sino porque quería estar con él. Tal vez no la abrace por las noches, o que ni siquiera le diga algo que la aliente… pero le hacía bien. Sería un poco masoquista en ese momento, pero se sentía bien tenerlo cerca, durmiendo a su lado a pesar de no poder tocarlo. Sabía que, si lo tenía cerca, podría dormir con tranquilidad. Ruki la protegería en sus sueños.

Al salir vio la camisa de Ruki en la silla, colgando y balanceándose perezosamente a causa de la brisa. La tomó, hacía frío esa noche, y decidió abrigarse con ella. Tenía su aroma, y sonrió. Ese aroma que solo él poseía, dulce y fresco a la vez… la volvía loca, pensó sonrojándose. Salió de la habitación, buscándolo. Le regañaría al saber que le estaba buscando, pero daba igual. Solamente quería verlo, y caminando se encontró con ruidos extraños.

¿Alguien? Guiándose por los sonidos, encontró un balcón que le era desconocido para ella. Parecía de otro mundo, tan lindo y con plantas y flores entrelazadas a las paredes de piedra. La luna que daba sus últimos brillos aparecía a una izquierda, adornando el escenario. Sin embargo, algo que vio hizo que todo lo hermoso sea triste de repente.

Tan solo ver, a Ruki sentado en el suelo contra la pared, con su rostro contraído por el dolor. No dudó, y se acercó a él para verlo mejor. Parecía estar sudando, a pesar de la brisa fresca, por su cabello negro húmedo pegado a su frente. Sus ojos estaban cerrados con fuerza, y sus labios hacían una mueca de dolor leve. Se abrazaba a sí mismo, a su pecho desnudo. De su garganta provenían esos ruidos, como jadeos ahogados… ¿Una pesadilla?

- Ruki-kun… despierta… - susurró, tocando su hombro.

Pero, cuando lo hizo, Ruki se contrajo y de sus ojos cerrados lagrimas salieron.

- Ma…dre… - musitó él, y de sus ojos más lagrimas sin querer salieron.

El corazón de Yui se partió en mil pedazos esa noche. Yui conocía esa historia, la conocía mejor que nadie con todas las pesadillas que él había vivido. Todavía esperaba a su madre, todavía tenía la esperanza que volvería. Como ella… que esperaba sin fe a su padre. Ruki la esperaba, esperaba que ella volviera y le demuestre su amor, sin embargo sabía que no podía ser posible… No podía verlo así, no quería… Las lágrimas en su rostro, que nunca había visto… esa expresión de dolor… le dolía a ella en todo su cuerpo. Yui nunca había visto a Ruki así, tan débil y expresivo. Sin saberlo, sus lágrimas también brotaron de sus ojos por cuenta propia. Inmóvil, shockeada y lo peor aún… con el corazón roto y sin poder hacer nada para salvarlo. Despierta… despierta… murmuraban sus labios, pero su sueño parecía profundo.

Ruki soltó un grito ahogado de dolor, y fue cuando ella perdió la razón y comenzó a sacudirlo.

- ¡RUKI-KUN, POR FAVOR DESPIERTA! – gritó, zarandeándolo con todas sus fuerzas.

Los ojos del vampiro se abrieron de par en par con susto y sorpresa, respirando agitado y jadeante. Se quedaron en silencio mientras ella miraba, con sus ojos rosados llenos de lágrimas, como él se reponía poco a poco a la realidad. Su corazón palpitaba ahora más calmado, pero no podía evitar el dolor que sintió al verlo de esa manera. Aquella tortura, todavía seguía en su interior golpeándola. Se frotó los ojos con rapidez, pero las lágrimas no paraban de salir. Era inevitable, había pensado, y clavó su vista en Ruki.

Este ahora se tocaba la espalda, desesperado y con sus ojos bien abiertos. Parecía calmarse poco a poco conforme buscaba algo que no había. Ver su rostro más calmado hacía que sus nervios desaparecieran un poco de su anatomía, sin embargo era imposible no preocuparse. Esa expresión, esas lágrimas, esos ojos… no podía evitarlo, y sin querer comenzó a sollozar en voz alta.

- Estaba… tan asustada…

Con las fuerzas que le quedaban se arrojó al cuerpo de Ruki, abrazándolo con energía.


Ruki

El amor nos hace idiotas,

El orgullo, nos permite negarlo.

Sin embargo, estas emociones que habitan en mí…

quieren salir ahora.

Lo abrazó con fuerza, toda la que tenía, y él no supo que hacer.

Una pesadilla… solo era una pesadilla, nada más. Una de las muchas que ha tenido, donde su pasado comenzaba a torturarlo con sádicas sonrisas. Pero ésta, definitivamente ésta era la peor de todas. Ya no lo soportaba, inclusive el sentimiento de espera era una tortura para él. El dolor era demasiado intenso, demasiado real para ser un simple sueño. Y al despertar, el ardor en su espalda seguía vigente. ¿Cómo, a pesar de ser una pesadilla, podía ser eso posible? Loco, estaba volviéndose loco conforme las pesadillas aumentaban.

Pero, a pesar de todo, Yui estaba allí y lo había vuelto a despertar.

Y ahora mantenía su cuerpo pegado al suyo, abrazándolo con fuerza.

¿Por qué?

Una de las tantas dudas en su cabeza, que ahora hurgaban en su mente con el roce de sus pieles, fue el por qué de aquel corazón humano. No importaba cuantos maltratos, palabras crueles o mordidas haya, ella siempre estaba dispuesta a ayudarlo. No sabía, quería averiguar lo que había en ese corazón tan bondadoso. Humana, lo que la hacía ser así… ¿Por qué los humanos eran tan interesantes? Sin embargo, aquella niña que siempre estaba junto a él, parecía traspasar la línea de "humana normal". Él ya no era humano, había perdido toda la práctica como tal… ya no era lo mismo, él era un vampiro. Pero, con solo verla a ella, a su sonrisa… pudo sentirse de nuevo así.

Pero esa madrugada no, no cuando el rostro de Yui estaba lleno de dolor.

¿Por qué le hacía sentirse peor?

- Oye, tranquila… - murmuró con un hilo de voz a la joven que lloraba, mientras lo abrazaba con fuerza. – No tienes que llorar sin razón…

- N-no puedo… dejar de hacerlo… - dijo ella entre sollozos, hundiendo su rostro en el hombro de él. – Detesto verte así… es insoportable…

Todas esas palabras en una misma oración, manchadas con la tinta triste de sus sollozos hicieron que lo que tuviera en el estómago se revolviera. Era una sensación desagradable e incómoda. ¿Por qué? Con todo su autocontrol, y no entendió el por qué tuvo que usarlo, la tomó de los hombros y la miró a los ojos. Esos ojos rosados que estaban bañados en lágrimas.

- Oye, abre tus ojos.

A pesar de que ese era su deseo, algo en él se fracturó cuando vio sus ojos rosados… repletos de dolor.


Yui

Ya no te dejaré ir….

No me dejes ir tú a mí.

Cuando abrió a sus ojos, pudo ver ese azul perlado clavarse en su mirada.

¿Qué había pasado ahora? Porque, a juzgar por ese brillo en sus ojos, había un cambio en él. Sin hablar, sin siquiera mover un musculo, sus sentidos dolieron al verlo en ella. La vergüenza que gritaba "No me mires". No quería que la viera así, cayéndose a pedazos. El canto de los pájaros atenuó ese silencio sepulcral al mirarse, examinando cada rasgo del otro en segundos. Segundos que parecían horas, horas que parecían segundos y dos corazones repletos de tristeza. ¿Por qué ahora Yui se sentía así? ¿Qué era lo que estaba cambiando? Allí, en la madrugada silenciosa, podrían verse las almas en sus pupilas borrosas.

Ruki la examinó de arriba abajo con sus ojos tan curiosos e inteligentes a la vez. ¿Cómo podría ser que ahora estaba tan cambiado? Podría jurar que cuando lo vio dormido estaba repleto de dolor, de sufrimiento… ¿Y ahora volvía a la normalidad? Sus ojos ya no soltaban lágrimas, sus labios ya no hacían esas muecas, su mirada ya no era cálida… enfurecida por una tristeza sin retorno.

- ¿Qué es lo que te sucede… tan de repente? – preguntó Ruki en un susurro, aun con sus manos en los hombros de ella.

Ella cayó en lágrimas otra vez.

- ¿Es que acaso... no lo entiendes? - lloró Yui, tomándole las manos y llevándoselas a su corazón. Ruki abrió sus ojos con sorpresa. - Lo que tu sientas, yo lo sentiré... ¡Cuando sufres yo también! Por esa razón... no quiero que sufras... ¡Me causa dolor verte llorar!

El irremediable río de agua salada que caía por sus ojos no se detuvo, y nubló su vista. Ya, era todo lo que podría decirle. De esa manera... podría confesar sus sentimientos. Los costados de su corazón, que sollozaba por el dolor, escocían su carne y hacía que el dolor sea aún más intenso. Apretó sus dientes con fuerza, cerrando sus ojos al apretar las manos de Ruki en su pecho.

Ya no había nada... ya no era nada... ya ni siquiera sentía el calor.

Porque Ruki sufría, y cuando él lo hacía ella sufría el doble.


Ruki

El hueco que hay en mi pecho no puede ser llenado fácilmente.

Y con este dolor, me hundo en aquel mal de lágrimas.

Sin embargo, con tus manos sostienes las mías.

Y me salvas de aquel dolor que poco a poco desaparece.

Sus manos apretadas contra su pecho, podía sentir el golpeteo de ese humano corazón.

Sus ojos se abrieron de golpe al escucharla, tan decidida y con el alma en pedazos. No importaría estar en cualquier otra situación, donde se auto compadecía de su patética forma de actuar. Pero, al verla así supo que nada estaba bien en ese entonces. Frío, oscuro, incompleto y sin valor… así sería ese momento si no estuviera ella a su lado.

Su labios se abrieron de la sorpresa al pensar eso, al pensar siquiera en que no tendría sentido si ella no esté allí. Cuando ese pensamiento hurgó en su mente, su corazón rápidamente hizo contacto y de un latido lo golpeó completo. ¿Qué era lo que acababa de sentir? ¿Aquellos sentimientos, de verdad podrían ser confiables? Su corazón, tan destrozado desde niño, no podía simplemente abrir sus puertas a estos sentimientos que embargaban su interior. La confianza se había ido, y no podría decirle que si a la ligera. Ruki tragó en seco, viendo como ella cerraba sus ojos y sollozaba más calmada.

Ahora que la veía, envuelta en el manto de la madrugada, repleta del rocío del próximo amanecer… podría sentirse algo confundido. ¿Por qué estas emociones ahora que la observaba así? ¿Por qué era tan hermosa? Incluso para él, que le había dicho tantas veces lo contrario, le resultaba hermosa hasta cuando lloraba sin parar. Su cabello rubio ondulado cayendo por sus hombros, sus labios rosados enteramente suaves y deliciosos, su delgada figura que la hacía aun más hermosa junto a su personalidad alegre e infantil. Su suave piel… su blanda carne… su deliciosa sangre… todo en ella era hermoso. Otro golpeteo dio su corazón inmovilizado. Estas emociones… ¿Quieren desaparecer o simplemente ser expuestas? El interior de Ruki era un caos, un caos que no tenía solución al menos que tome una decisión concreta.

Aunque su corazón ya tenía hecha una decisión, su mente la ponía en duda con cada segundo que pasaba.

¡Pero no podía siempre ser el cerebro!

- Yui…

La nombrada alzó la mirada, con sus ojos rosados abiertos un poco solamente. Ruki la miró, buscando eso que diera una respuesta a sus plegarias internas. Tan solo verla… y lo encontró. En esos ojos brillantes, ese brillo derecho en cada ojo que señalaba que realmente sentían…

- ¿Tú me amas? – le preguntó Ruki, acariciando su mejilla con una de sus manos, liberando sus pequeños hombros. – Responde, por favor…

- Si te amo… - murmuró ella, completamente decidida.

…Finalmente encontró lo que buscaba.

Con la rapidez de un rayo cruzar la noche, la abrazó como si fuese el último contacto que tendrían. Sintiendo su calidez nuevamente, su esencia a flores, su sangre caliente bombear por todo su cuerpo… ahora lo entendía, ahora todo estaba claro. En esos ojos, Ruki pudo ver lo que necesitaba para entenderse a sí mismo. Cuando ella le dijo que lo amaba, solo confirmó lo que sería eterno.

- También te amo… Yui… - murmuró, como el hombre seguro que era. A pesar de que ahora fuese un manojo de nervios y la seguridad se había esfumado, lo había dicho con sinceridad.

La amaba, más que a nadie. Más que a todo.

Y de alguna manera… al decir esas palabras… sus heridas no dolieron ya.


(6:50 am)

Se quedaron así, imperturbables ante la luz del amanecer. De pie, con él abrazando su cintura por detrás. Se abrazaban mutuamente, mirando el cálido e intenso amanecer que anunciaba un nuevo día a sus vidas. Sus corazones galoparon como uno solo frente a los rayos del sol, y observaron expectantes el cielo azul.

- ¿La esperarás? - preguntó Yui, con su mirada perdida en el bello horizonte.

Ruki también miró el horizonte, aflojando sus brazos alrededor de ella. Se sentía calido y a la vez fresco, la temperatura perfecta para sus cuerpos. Pero sabía que, a pesar de ser perfecto, ansiaba mucho más de ella.

- ¿A qué te refieres? - preguntó él, confundido.

- A tu madre, la esperarás. - murmuró ella, y su voz se perdió en la brilla de madrugada. Ella conocía la historia, entonces.

El sol, a punto de salir, amenazaba con iluminarlos con su resplandor de mil colores.

Ruki la abrazó con más fuerza, besando su coronilla. Al sentir su cálida esencia acariciar sus labios, cerró sus ojos. Ahora todo estaba más que calmado para él.

No más máscaras, no más mentiras. Ya no había razones para usarla. Ruki podía expresar sus sentimientos, porque sufrir no te hacía débil. Era una manera de sentirse vivo, igual que el amor. Igual que ella, junto a Yui podía sentirse vivo de mil maneras. Con la gentileza la giró como si fuese una rosa entre sus dedos, y se miraron a los ojos mutuamente. Azul perlado, rosado refulgente, combinándose en sí para crear un color único. Separó una de sus manos de su pequeña cintura y la llevó hacia la mejilla de ella, acariciándola con suavidad. Acariciándola con amor.

- No... Ya no. - susurró, y encontró la verdad en sus palabras.

Tal vez las esperanzas no se iban para siempre, se quedaban en tu pecho y no podías hacer nada. La fe, lo primero que se había perdido en su vida pasada, ahora se pegaba a él como nunca antes la vida. Aferrada a su corazón, las palabras de Yui valieron más que cualquier otra cosa. Su madre no volvería, y si lo hiciera alguna vez, los brazos de Ruki estarían ocupados por algo más importante que esa búsqueda sin sentido. La mantendría abrazada a ella, a su amor, a su pequeño picaflor que con ligereza había decidido permanecer a su lado. El amor nos daba las razones para ser felices, uno al lado del otro, y no tendría que preocuparse por el futuro. La alarma del tiempo no sonaría más, y las pesadillas las trataría con lo que ahora llamaba un nuevo día. Un nuevo sol, un nuevo amor.

Ruki besó a Yui en los labios, y en ese momento el sol dio su aparición envolviéndolos en la luz de mil colores. Blanco con celeste, rosado y azul, negro y gris... colores que no tenían que ver entre sí se combinaban para crear el más hermoso de los arcoíris. El sol los iluminó, y ya nada cambiaría la decisión de ambos. Las alas que guardaba dentro de su corazón poco a poco recuperaban sus plumas de un intenso blanco, reluciente y hermoso. Estaba esperando el momento, y ahora podría volar con libertad en esos sentimientos puros.

Dentro del corazón de Yui... él podría volar.

Fin.