"Le fuimos infieles a nuestra amistad desde que me sonreíste con esa mirada…"

Unas temerosas gotas comenzaron a golpear su ventana antes del amanecer. Despertó un poco asustado con aquel repique, porque no quería que esas pequeñas gotas se transformaran en un temporal. Miró su maleta a medio hacer a los pies de su cama. Se estiró un poco para ahuyentar a la pereza y se levantó hasta la ventana para ver el agua correr por las oscuras calles.

Aun sentía el amargo sabor de la discusión que había tenido con Haru antes de dormir. Había intentado una vez más que viajara con él, pero como siempre, había sido en vano y solo había logrado el tener que irse enfadado con él.

La verdad es que no podía irse dejándolo ahí, inmerso en una absoluta amargura. Deseaba entenderlo, pero la mayoría de sus conversaciones terminaban siempre en discusiones y en Haru dejando la habitación, exhausto de discutir. Al principio no era así, cuando recién había llegado a Australia, se mostraba triste, pero al menos se esforzaba por dejar atrás lo que fuese que le molestaba. En cambio ahora estaba completamente entregado a su amargura y podía notar que ya ni siquiera disfrutaba nadar.

Se fue a meter a la ducha cuando las calles comenzaron a iluminarse. Comenzaba amanecer, aunque el sol estuviera oculto entre un montón de nubes grises. Terminó de hacer su maleta y salió antes que alguien le dijera que la lluvia no lo dejaría llegar al aeropuerto.

Caminó por el oscuro pasillo de la residencia. Aun era muy temprano para el bullicio, sobre todo cuando estaban en receso antes de las finales.

Una de las puertas frente a él se abrió. Sabía quién se quedaba ahí, así que no le sorprendió que estuviera despierto tan temprano.

—Está lloviendo a chuzos. — dijo Rin sobresaltándolo.

Haru se giró aun somnoliento —Rin… —

—No intentes salir a trotar. — le advirtió con ingenuidad. En el fondo sabía que nada detendría a Haru si aquella era su voluntad.

Éste miró su maleta — ¿Ya te vas? — se apoyó en la puerta que aun sujetaba de la manija.

Rin le hecho una mirada a su maleta y asintió —Si, quiero llegar lo antes posible. — se encogió de hombros —Tú sabes que aún puedes cambiar de parecer… —

Haru meneó la cabeza —Rin… — dijo con voz cansada —No quiero volver a eso. —

—No quiero pelear contigo tampoco… es solo que… —

No logró encontrar las palabras que buscaba para terminar la frase.

—Ve y diviértete. — le pidió con una media sonrisa.

¿De verdad le estaba sonriendo? Pensó Rin al notarlo.

— ¿Algún mensaje? — le sonrió de vuelta. Haru negó —Rei y Nagisa también están allá. — le recordó.

Haru lo miró confundido — ¿Y? —

—Ellos siguen siendo tus amigos. — le dijo queriendo ver su reacción, pero Haru apartó la vista —Ellos también te extrañan, no solo Makoto. —

Haru apretó los puños. No le gustaba hablar de casa, no le gustaba hablar de quienes estaban en casa, pero por sobre todo no le gustaba tener que hablar de Makoto, ni siquiera le gustaba que lo nombraran. Si era posible, prefería fingir que no existía otro lugar que no fuera su actual hogar, pero Rin siempre se empeñaba en recordarle que había gente esperándolo.

—No sigas. — le advirtió con un tono de voz más duro —Solo vete y… —

— ¿Y qué Haru? ¿Y no regreses? — Soltó su maleta y lo acorraló contra la pared —Soy la única jodida persona que no has apartado aún de tu vida, ¿también quieres que me esfume? —

Haru le contuvo la mirada desafiante por unos segundos antes de apartarla —Lo siento… — susurró.

Rin resopló antes de alejarse —Maldita sea, Haru. — Espetó enfadado —No puedes seguir así. — Refunfuñó dando un puñetazo a la pared —No voy a dejar que te hagas esto. — negó con la mirada enfurecida —Ahora vas a entrar a tu habitación, vas hacer tu maldita maleta y te vas a ir conmigo a casa. —

—No. — rezongó Haru con el ceño fruncido.

Rin volvió a rodearlo —No te estaba preguntando. — Le abrió la puerta y le dio un empujón —Si quieres puedes venir a mi casa. Ni siquiera tienes que ir a la tuya o ver a los chicos. No tienes que salir de mi cuarto en las dos semanas que estemos allá, pero no te vas a quedar aquí. — Entró tras él y miró el completo desastre que era la habitación — ¿En serio? — Miró incrédulo el lugar —Estas jodido de la cabeza así que tienes que tener todo jodidamente desordenado. — empujó algo de ropa para hacerse espacio en la pieza.

Haru no se movía. Solo lo miraba sorprendido por la forma en que le hablaba.

—Si voy a casa, es probable que ya no quiera regresar. — evitó la mirada de Rin al decirlo.

Éste tiró algunas cosas sobre la cama de Haru —Ni siquiera sabes si él estará en casa. — Resopló —Tal vez este en Tokio, así que no tendrás que verlo. —

—Pero… —

—No. — lo contuvo —Nada de pero, cuando estemos en casa averiguaré donde esta Tachibana y si está en casa, te dejaré esconderte como una nena bajo mi cama. — dijo mientras sacaba la maleta del armario de Haru —Per si no está, espero que salgas y disfrutes estar en casa, porque llevamos más de cuatro años sin ir hasta allá. —

Haru solo asintió.

—Ahora arma tu jodida maleta y vámonos. —

Nunca había llegado a actuar así con Haru en todo ese tiempo. No sabía que le había ocurrido, así que jamás quiso ser duro con él y llenarlo de reproches, pero tampoco iba a permitir que continuara autodestruyéndose, menos queriéndolo de la forma en que lo quería. Simplemente ya no era capaz de verlo lastimándose. Si no quería contarle, bien. Si deseaba usarlo para pasar sus ratos amargos, bien. Pero no lo iba a dejar solo, marchitándose en la soledad mientras él disfrutaba de la calidez de su hogar.

En el aeropuerto Haru parecía inquieto, miraba en todas direcciones buscando alguna salida, como si estuviera en un laberinto.

—Ni se te ocurra huir. — le advirtió Rin —Comprarte un pasaje en el último momento salió más caro de lo que pensé. — gruñó.

—No tienes que hacer todo esto por mí. — le dijo Haru observando la pista al otro lado del ventanal —No es como si me hubiese lastimado el haberme quedado solo aquí. —

Rin se levantó del asiento en el que estaba echado mientras esperaban su vuelo y se estiró.

—Nunca te deje solo en todos estos años y no iba a comenzar justo al final. — le explicó sin darle mucha importancia.

Haru se encogió de hombros.

—No entiendo porque estaban tan empeñado en volver esta vez. — Suspiró apesadumbrado —Antes no habías tenido problemas en quedarte aquí… conmigo. —

—Tengo cosas que hacer en casa. — le explicó sin mayores detalles. Más su voz pareció apagarse al recordar algo.

Haru lo miró desde su asiento, con cierta curiosidad. Hasta ese momento no había reparado en todo lo que Rin tuvo que dejar atrás por quedarse junto a él. Rin también tenía una familia en Japón, tenía una hermana que lo quería mucho y amigos que debían extrañarlo. Aun así, jamás había pensado en ellos cuando tenía que decidir quedarse a su lado. Ahora algo había cambiado. Alguien allá lo necesitaba.

—Rin… — le llamó Haru, pero éste lo ignoró y siguió dándole la espalda — ¡Ey, Rin! — insistió aun con voz suave. Se estiró un poco y alcanzó la mano de éste que caía por un costado.

Se giró con contacto.

— ¿Qué sucede? ¿Por qué quieres volver? — le preguntó a Rin con cierto desazón en su interior.

Rin cerró los ojos y apretó la mano de Haru.

—Sousuke volvió a las competencias internacionales. — le contó soltando un suspiro.

— ¿Su hombro esta mejor? —

—Mejor que nunca. — sonrió aun con los ojos cerrados —Volvió a las competencias el año pasado. Le fue bien y se lo llevaran a competir a Estados Unidos. — la amargura se escucho en cada letra que pronuncio.

Haru se sintió terrible en cuanto encajó las piezas. Podría haber vuelto en cuanto se enteró, pero no quiso dejarlo solo.

—Lo siento. — la culpa lo embargo. Quiso soltar la mano de Rin, pero este mantuvo el agarre.

Se acercó a Haru y se agachó frente a él.

—No lo sientas. Tú no me obligaste a quedarme. — le susurró. Haru mantenía la cabeza agachada —Yo tomé mis propias decisiones, así que no te castigues por esto. — junto su frente con la de Haru.

—Yo debí haberlo sabido… — lo miró con tristeza —Estaba demasiado ocupado… —

—Basta Haru, no te hagas eso. Yo nunca estuve obligado a quedarme, lo hice porque me importas. —

Haru meneó la cabeza —Pero Sousuke… —

—Él lo entendió. —

— ¿Se lo dijiste? — preguntó sorprendido.

Rin se encogió de hombros —Que otra alternativa tenía. A Sousuke nunca he podido mentirle. —

—Debe odiarme… — dijo más para sí que para Rin.

Él se rió —Un poco tal vez. — le resto importancia y se separo de Haru —Pero no te lamentes, que no pudiste evitar que nos viéramos una vez más. — le dio un apretón en el brazo antes de levantarse.

— ¿Él lo sabe todo? — inquirió aun inquieto Haru.

— ¿Todo qué? — arqueó una ceja dubitativo.

—Todo. — insistió Haru.

—Supongo que lo imagina. — se volvió a encoger de hombros —No creo que piense que nos quedamos a jugar a las muñecas todos los veranos aquí solos. —

Haru se sonrojó y bajo la mirada avergonzado.

—Makoto no lo sabe. — dijo Haru.

—Y no tiene que saberlo tampoco si tú no quieres. — le calmó Rin —Yo no me voy a meter en eso. —

"Pasajeros con destino a Japón, favor abordar el avión por la zona de embarque A-103, primer piso."

Rin tomó sus cosas y le dio un empujón con el hombro a Haru.

—Anímate, que vamos a casa. — le sonrió antes de dejarlo atrás.

Haru tomó sus cosas y lo siguió de cerca. Ahora más que nunca sabía que aquella era una mala idea y que en casa no le esperaba más que el mismísimo infierno. Solo esperaba que Makoto no estuviera ahí para presenciarlo.