-Era una noche sin luna, lo único que iluminaba el cielo eran los amenazadores rayos que rompían la oscuridad de vez en cuando, seguidos por el fuerte estruendo. La lluvia golpeaba contra las tejas de nuestra casa con furia. Nunca habíamos visto una tempestad semejante en plena primavera, en esta zona del país. El suministro eléctrico se había ido, asi que tu madre y yo solo estábamos ahí, en el sofá frente a la ventana, observando una vela consumirse lentamente, esperando a que la tormenta cediera un poco, o la luz regresara. Lo que sucediera primero- mi padre suspiro, mientras acariciaba el dorso de mi mano con su pulgar. Tal vez dándome fuerzas para lo que venia, tal vez dándoselas a si mismo- pero ninguna de las dos cosas sucedió. En lugar de eso, oímos un fuerte "crack" y, frente a nosotros, se materializó del mismísimo aire una oscura figura encapuchada. Yo me quedé en shock, sin poder reaccionar, sin poder creerle a mis ojos, pero tu madre gritó, y entonces lo oímos, apenas un quejidito…justo antes de que un fuerte llanto infantil resonase en toda la sala. Solo entonces, en una milésima de segundo, el hombre habló "Silencio, muggle, sólo, no grites, no vengo a dañarlos"-¿muggles? Jadeé, con las suposiciones asaltando mi mente. Miré a mi madre y ella sonrió con tristeza, asintiendo- no sabíamos lo que "muggle" significaba, pero ver al extraño acomodar ese bulto entre sus manos, ese que seguía llorando, nos dio algo de paz, y creímos en su palabra. Asentimos, y como por arte de magia- sonreí un poco, por la ironía de la frase, a pesar de lo confundida que me sentía- la luz regresó. El hombre frente a nosotros tenía el cabello de un extraño tono negro verdoso- instintivamente mi mano toco los mechones de cabello que caían sobre mi pecho y apreté los dientes, tratando de acallar un sollozo. Mi padre continuó- extremadamente pálido y completamente vestido de negro. Nos impresionó su ropa, no solo por la locura de andar por ahí con una capa arrastrándose tras de sí, sino también porque la tela se veía desgarrada aquí y allá, tal vez mojada por algo más que lluvia. El comenzó a hablar de nuevo, pero parecía que lo hacía para sí mismo más que para nosotros, que aun lo mirábamos estupefactos "dejarte aquí, pequeña", se lamentaba, "¡y con muggles! Todo por ese maldito psicópata mestizo", apretó su acongojado rostro contra ti, ¿sabes? Parecía soportar las ganas de llorar "todo por mantenerte a salvo. Todo"-

-yo no entendía lo que sucedía con aquel hombre- continuó mi madre, al notar como la emoción le imposibilitaba el habla al hombre que siempre había cuidado de mi, al único padre que había conocido. Todo esto es demasiado- pero al verle así, al oír tus suaves gorgoritos, ajenos a la pena de quien te mecía entre sus brazos, me acerqué y puse mi mano en su brazo, insegura, pero esperando darle algún consuelo con ese gesto; y el levantó su rostro y entonces te vi, cariño, te vi por primera vez, y eras la cosa más hermosa que había visto en mi vida. Y sin ninguna palabra el hombre me ofreció cargarte, y tus ojitos me había hipnotizado, asi que lo hice… tres segundos después, aquel hombre ensangrentado desapareció de nuestra sala, dejando tras de si solo una carta, un certificado de nacimiento que decía que eras nuestra hija y una diminuta caja de madera. Me distraje, te deje en el sofá, y John y yo le llamamos a gritos, luego observamos lo que había dejado atrás, y finalmente, cuando regresé a ti, tu escaso cabello se había ondulado como el mío, y se había vuelto castaño. Y tus ojos se había oscurecido hasta verse tal como los míos…- mi madre sollozó un poco- leímos la carta, por supuesto. Era una carta explicativa sobre las razones por las cuales te dejaba con nosotros. No podíamos creerlo, pero tampoco teníamos otra opción y… yo ya te amaba, desde el primer momento en que te vi, ¡y cuando el cambio hizo que te vieses como la perfecta mezcla entre John y yo! Ese sueño imposible…-viendo mi gesto confuso, sorbió por la nariz antes de aclarar- tras casarnos, intentamos tener familia, pero unos estudios revelaron que soy infértil… y ahí estabas tú, todo lo que pensé que jamás podría llegar a tener, todo lo que creí que jamás podría darle a mi esposo- mi padre la abrazó cuando ella se derrumbó en llanto, y yo tomé su mano, no soportaba ver a mi madre llorar. Ella sonrió con tristeza- nuestra, nuestra hasta que cumplieses 17, la mayoría de edad mágica. Me robaste un año, princesa. Aun había tantas cosas madre e hija que quería compartir-

Me acerqué a ella, abrazándola con fuerza- tenemos toda la vida, tu me criaste- miré a mi padre, quien también lloraba, y lo atraje hacia el abrazo- ambos lo hicieron. Ustedes son y siempre serán mis padres. Los amo- susurré, sin poder evitar unirme en llanto a ellos.

Tras unos minutos, mi padre se separó de nosotras, y salió de la habitación para regresar casi de inmediato, portando consigo un sobre de aspecto frágil y antiguo, junto a una pequeña caja de madera. Lo dejó todo sobre la cama, y ambos se retiraron, después de besar cariñosamente mi frente, diciendo que me darían el espacio para procesarlo todo.

Mis manos temblaban incontroladamente mientras tomaban el sobre. Respiré profundamente, y me preparé para lo que fuese que estuviese escrito allí…

Al desdoblar la carta supe que nunca me hubiese preparado lo suficiente para esto. Allí, al final de la página, atrayendo mis ojos como un burlón imán, se encontraba el sello de Salazar Slytherin junto a una firma: Alcíone Sorvolo Gaunt…