Holis!
Quiero darle las gracias a quienes leen el fic!
Ojala les guste el capí, y no odien a Itachi.
Saludos y abrazos!
Perverso Tormento
Segundo Capítulo
Itachi Uchiha frunció el ceño disgustado. El resto de su cuerpo permaneció en la misma actitud inexpresiva de siempre. Enfocó sus profundos ojos oscuros a través del cristal del gran ventanal que había en el fondo de su oficina. Por las calles ya se veía a la gente que regresaba a casa después del trabajo, y a los estudiantes del colegio. Vio a un par de colegiales riendo, tan joviales en su inocencia. No supo por qué, pero recordó al joven de la semana pasada. El amigo del ahora flamante novio/amante de uno de sus mejores amigos, o al menos así se hacían llamar ellos.
Escuchó la puerta del despacho abrirse y se giró para recibir a su invitado.
-Señor Uchiha-un hombre alto y de sonrisa afilada se inclinó ante él-Encontré toda la información que me solicitó.
Itachi le indicó en un elegante ademán que tomara asiento, mientras él hacía lo mismo.
-¿Qué encontraste?-su voz sonó completamente fría.
-El chico esta limpio-el hombre se encogió de hombros-Su padre fue el sacerdote de un Templo en Kioto, que fue clausurado cuando él murió. El Señor Hidan termino el colegio trabajando medio tiempo en una heladería. Tuvó varios novios y novias en la secundaria, nada importante. Sin antecedentes criminales. Ni drogas, ni alcohol, nada. Lleva tres años trabajando en el "Kohona´s House". Y sólo tiene 24 años.
Itachi alzó una fina ceja oscura con el rostro totalmente serio.
-¿Trajiste todos sus antecedentes?
-Sí, pero…-Itachi lo hizo callar con una mirada.
-Déjame los informes, Kisame-le ordenó-No te pago para que opines. Gracias por tu trabajo. Tu dinero ya ha sido transferido a tu cuenta bancaria-le extendió la mano, dando por finalizada la reunión.
Kisame le entregó la carpeta a regañadientes. No se entregaban los expedientes a los clientes, pero a ese Uchiha desgraciadamente no se le negaba nada. Se fue de allí lo más rápido que pudo. No le gustaba el aura de ese hombre. Lo atemorizaba, a veces daba miedo de sólo mirarlo, como si fuera a calcinarte con los ojos. Lamentaba la suerte del Señor Hidan por entrometerse en el camino de Itachi Uchiha.
Itachi soltó un suspiro frustrado, ¿Cómo era posible que Hidan no tuviera algún secretillo siniestro? Algo, que no fuera una lista de amantes, ya que el sexo no era algo que pudiera utilizar en su contra, considerando la promiscua vida que llevaba su amigo, aquello ni siquiera lo escandalizaría, al contrario, tal vez lo utilizaría a su favor. Kakuzu, que era como un hermano para él, aunque jamás lo admitiría frente suyo, no podía terminar al lado de un simple criado. Algo tenía que ocurrírsele. Él no creía en las blancas palomas. Ni en esa tontería del amor a primera vista, o por toda la eternidad. Estaba seguro de que ese simple sirviente debía ser un cazafortunas.
Le pidió a su secretaria que le enviara un café bien cargado, y se dedico a leer detalladamente cada antecedente de la vida de ese insignificante Hidan.
La puerta de su oficina se abrió una hora después, sobresaltándolo. Sólo una persona podía entrar allí sin ser anunciado antes. Con unos reflejos de felino, guardó el expediente en uno de sus cajones.
-Kakuzu-saludó al recién llegado-No te esperaba tan tarde. Imagine que aún seguías en la Corte sobornando a algún juez.
Su amigo se sentó desganado en un elegante sillón de cuero caoba. Itachi lo observó intuyendo lo que lo preocupaba.
-¿Qué pasó con el camarero?-Kakuzu, como pocas veces, le dirigió una mirada dura.
-¿Te has enamorado alguna vez, Itachi?-contraataco con una pregunta que dejó fuera de base al Uchiha.
-¿Enamorado? Esas tonterías no son para mi-el hombre se levantó en dirección a su mini bar-Tu problema Kakuzu, siempre ha sido el encapricharte demasiado con tus amantes-sirvió dos vasos con sake-Estoy seguro de que si visitas a una bella señorita, o a un chiquillo, esta noche, se te pasará el enamoramiento por el tal Hidan-le extendió un vaso a Kakuzu, que lo tomó sin entusiasmo.
-¡No lo entiendes!-exclamó el abogado-Nunca antes me había pasado esto. Creo que Hidan es el hombre de mi vida, aunque suene extraño. Quiero comprometerme con él, ¿Qué opinas?
Los ojos de Itachi se abrieron con sorpresa.
-No seas ridículo-le espetó-Apenas son novios hace una semana. Ni lo conoces lo suficientemente bien para tomar una decisión así. No te vuelvas estúpido- argumentó mirándolo serio.
-No me alcanzaría la vida para terminar de conocerlo. Es fascinante-sus ojos brillaron como perdidos en un enfebrecido sueño-Pero quiero intentarlo. No se lo pediré tan pronto, pero quiero que sepas que tengo serias intenciones con él, y me gustaría contar con tu apoyo.
El Uchiha se tomó de un sorbo el trago de Sake.
-No te entiendo, Kakuzu. ¿Realmente quieres atarte a ese hombre?-no pudo evitar que sus palabras salieran duras y frías.
Kakuzu suspiro mirando con cierta lástima a su amigo.
-Algún días vas a enamorarte, Itachi-lo miró serio-Y ese día voy a burlarme, por la cara de idiota que vas a traer, por toda la eternidad.
-Sigo insistiendo en que te estas volviendo estúpido -le respondió Itachi ignorando las palabras de su amigo.
El abogado suspiro, y decidió terminarse la botella de Sake con el Uchiha sin volver a sacar el tema de su novio a colación otra vez. Sabía que su amigo era orgulloso y prejuicioso, y que la sola idea de verlo de manera formal con alguien inferior a su clase social, le era detestable. En el fondo no deseaba culparlo, Itachi no había tenido una vida muy fácil. Su padre era un tirano que lo había sobre exigido hasta casi volverlo un robot perfecto. Había comenzado a dirigir parte del conglomerado Uchiha a una edad demasiado temprana; no solía establecer lazos perdurables con las personas, y qué decir de sus relaciones amorosas. Era un Don Juan empedernido, las mujeres u hombres, eran para él una satisfacción, una entretención, simples cuerpos, jamás algo serio. Eran una mera necesidad biológica.
Iba a ser medianoche en el "Kohona´s House". La noche era fría y clara, un aviso de que el otoño comenzaba a apagarse. Deidara estaba enfrascado en la limpieza de unas copas. Mientras tanto, no dejaba de pensar en que esa era la segunda semana que Hidan cambiaba su día libre para salir con Kakuzu. No era que le molestara que fueran novios, al contario. Solamente se sentía solo. Lo deprimía sentirse así. No podía negar que era divertido volver a casa con Hidan amenazándolo con que Jashin iba a castigarlo por su alocada personalidad.
-Deidara-casi todos los trabajadores se giraron a mirar a la mujer que acababa de ingresar a la cocina-Deja eso. Necesito hablar contigo.
El joven se secó las manos apresuradamente con un delantal, y siguió a la rubia y voluptuosa mujer, fuera de las miradas curiosas. Una vez en el pasillo, ella se giró y lo contempló con una sonrisa cálida.
-¿Qué sucede, Señora Tsunade?-el rubio se apresuró a preguntarle, pues no estaba habituado a que la dueña del restaurant lo sacara de la cocina en medio de sus labores.
-Tienes una visita-le respondió con calma-No he podido negarme, lo conozco desde que era un niño-le dio un pequeño apretón en el hombro-Acompáñame.
Deidara fue tras ella inquieto, no tenía ni la más mínima idea de quién podía tratarse. Llegaron hasta la oficina de Tsunade, y ella abrió la puerta para dejar que él entrara. Deidara la miró con sus ojos azules cargados de recelo, y ella le cerró un ojo antes de cerrar la puerta a sus espaldas.
Grande fue su sorpresa al toparse con los fríos ojos ónix de Itachi Uchiha.
-¿Sorprendido?-le preguntó mientras se terminaba de tomar un vaso de sake-Siéntate. Tengo una propuesta que hacerte.
Deidara lo miró ceñudo e instintivamente retrocedió unos pasos.
-Prefiero estar de pie-le dijo aclarándose la garganta para hablar-No me interesa ninguna propuesta de tu parte, Uchiha hn.
Los ojos de él brillaron amenazantes.
-Necesito información poco convencional acerca de tu amigo Hidan- le soltó caminando hasta él-¿Cuál es tu precio, Deidara? Dímelo, y te pagare el doble.
El joven lo miró horrorizado, comprendiendo asqueado las intenciones de Itachi.
-Eres… ¡Eres despreciable hn!-le gritó lívido de horror, y de humillación por tal sugerencia de traición-¡¿Cómo te atreves a preguntarme algo así?
Deidara retrocedió ante los avances de él, su espalda chocó contra la puerta. Se miraron por un instante. Un instante en el tiempo en el que él sintió en carne propia su poderosa fuerza, la manera en que cargaba el poder como si se tratase de una segunda piel. Pudo sentir su seguridad, la costumbre de salir siempre victorioso se hacía evidente en su postura, en la constitución de sus amplios hombros, en la gravedad de su rostro. El rubio trago saliva. Ese hombre era guapo hasta el asombro, y no obstante, provocaba al mismo tiempo un sobrecogimiento infinito. Pero no se dejó amilanar, lo enfrentó con sus ojos azules brillantes de determinación.
-Todo el mundo tiene un precio-le dijo con suavidad y firmeza, colocando cada uno de sus brazos alrededor de su cabeza, creando así una prisión para él-Incluso tú. No te hagas el mojigato conmigo. No te queda el papel de niño bueno-lanzó cada una de sus palabras como si fueran dagas cargadas con veneno.
Hasta él llegó un olor. Un aroma a pino y madera, como el de un bosque recién mojado. Trató de concentrarse en el olor, ignorando la intima cercanía del Uchiha, sus ofensivas palabras. Todo lo que él representaba parecía estar cargado siempre de un profundo desdén.
-Puede que tengas razón, y todos tengamos un precio-alzó la barbilla mirándolo con altanería-Pero el mío no puedes pagarlo.
Itachi esbozo una mueca que le dio un aspecto cruel y despiadado a su rostro.
-Te equivocas en eso. Puedo pagar lo que sea, ni siquiera puedes llegar a imaginártelo-había tanta arrogancia en él que Deidara sintió pena al comprobar la manera que tenía de ver la vida, tan distinta a la suya.
-Lo siento. Pero lo único que quiero va más allá de todas tus posibilidades.
Un golpe los sorprendió a ambos. La puerta se abrió, y Deidara fue a dar directamente al duro torso de Itachi. Él lo sostuvo para que no perdiera el equilibrio, y fue como si estuviera sosteniendo el delicado cuerpo de un niño. Pequeño y cálido.
Tsunade se los quedó mirando. Era la primera vez que veía a Itachi abrazar a otro ser humano. El rubio se apartó con brusquedad de él, en su rostro se adivinaba con facilidad la poca gracia que le había hecho la cercanía física de hace unos momentos.
-Deidara te necesito en la cocina-el joven aprovechó el momento y salió enseguida de la oficina.
La exorbitante blonda le dirigió una mirada interrogante y pícara al Uchiha, pero éste se encogió de hombros indiferente. En la mente del hombre una maquiavélica idea había empezado a cobrar vida.
-¿Recuerdas el favor que te hice?-le dijo él calculadoramente-Creo que sé como puedes saldar esa deuda.
La puerta emitió un leve crujido antes de cerrarse por completo.
Horas después una mujer hizo sonar sus dedos ruidosamente contra la madera del escritorio. Se estaba poniendo impaciente. Lo único que deseaba era terminar con eso de una vez por todas. Entre más rápido, mejor. De pronto, la puerta se abrió, y una cabeza rubia se asomó. Tsunade intentó sonreír para darle confianza.
-¿Me llamaba?-en su semblante de niño se leía con claridad su cansancio.
-Así es, Deidara-se puso seria, preparándose para lo inevitable-Sé que es tarde, y que debes estar deseando regresar a tu casa, por eso seré breve-evitó mirarlo mientras seguía hablando-Tendré que hacer unas modificaciones en el negocio. Reducción de personal para ser más exactos. Lamento decirte que tendré que comenzar contigo-el rubio se la quedó mirando como si ella lo hubiese golpeado en pleno rostro.
Directo, y sin pleno aviso.
Su cuerpo tembló involuntariamente. Sus hermosos ojos azules le ardieron a punto de echarse a llorar.
-¿Me…esta despidiendo?-le preguntó con la voz entrecortada.
-Lo siento. Es parte del negocio-una punzada de arrepentimiento atravesó el corazón de la voluptuosa mujer-Te daré un buen finiquito, para que te mantengas mientras buscas otro trabajo-agregó apenada, luchando contra el remordimiento.
Deidara asintió con la cabeza. No se sentía capaz de hablar. Tenía un nudo en la garganta tan feroz y lleno de emociones tan intensas que verbalizarlo sería una perdida total de tiempo y energías.
-Gra… gracias por el trabajo que me dio-logró decirle al fin casi en un murmullo. Si algo había aprendido era a agradecer todo lo que la vida te daba.
Le regaló una última sonrisa triste, y se marchó.
Tsunade se lo quedó viendo abatida. Le había agarrado tanto cariño a ese inquieto muchachito.
El rubio salió de lleno a la oscuridad como si ella fuera un manto protector para los pedazos de su alma. Interrumpió su camino regular hasta el metro, y se quedó sentado en una banca en medio de un parque solitario y triste como él. Sólo allí dejó a las lágrimas brotar, como un puente lleno de desesperanzas, decepciones y dolores.
Se miró las manos entre medio de una visión demasiado borrosa. Esas manos que tantas veces habían acariciado, que habían amado profundamente, que habían trabajado por sus sueños, ahora ya no tenían fuerzas para nada. Se sorprendía de sí mismo. Por fin sentía que estaba en el camino correcto para lograr todas sus aspiraciones ¿Qué iba a hacer cuándo le dijera a Sasori que no tenía trabajo? ¿Qué no iba a tener dinero para pagar sus clases privadas y la universidad?
Desesperado se llevó las manos al rostro, y rompió a llorar con fuerza. Adorolorido. Asustado. Enfermo de pena. Lloró, y lloró, hasta que se le seco la garganta, y la voz le salió rasposa y oxidada.
Cuando decidió volver a casa, se sentía como un cadáver ambulante. Habían pasado las horas, y el frío hizo mella en él todo el camino de regreso.
No alcanzó a terminar de girar la llave cuando la puerta se abrió de improviso dejando ver a un Hidan excesivamente preocupado. El hombre corrió hacía él estrechándolo entre sus brazos con tanta fuerza que al muchacho le dolieron hasta los huesos.
-¡Por Jashin, Dei! ¿Dónde estabas?-le gritó zarandeándolo, luego se lo quedó mirando con los ojos abiertos como platos-No tienes buen aspecto. ¡Kakuzu!-lo llamó, obligando a Deidara a que entrara al departamento.
El aludido apareció enseguida, pero al ver al rubio su sonrisa se borró de un porrazo. Tan alarmado como su novio se acercó también al joven.
-Deidara, necesitas ir a un hospital-la voz masculina sonó apremiante-Yo te llevaré enseguida.
Tanto Kakuzu como Hidan se preparaban para salir ya, cuando la voz del rubio los detuvo.
-Sólo necesito dormir-les dijo tranquilamente. Estaba haciendo un enorme esfuerzo por aparentar un sosiego que no tenía en ningún grado-Gracias por preocuparse, pero estoy demasiado cansado, y sólo deseo estar en mi cama.
El abogado miró a su novio en busca de una respuesta, pero él ya se había acercado a su amigo para acompañarlo a su dormitorio.
-Buenas noches, Kakuzu-se despidió Deidara con una tibia sonrisa.
Hidan lo ayudó a extender el futón observándolo cuidadosamente. Los ojos enrojecidos e hinchados delataban un largo y amargo llanto. Espero a que Deidara comenzara a deshacer su alta coleta para cuestionarlo.
-¿Peleaste con Sasori?
Deidara se quedó quieto, y parpadeo un par de veces siguiendo el hilo de los pensamientos de su amigo. Sin volverse a mirarlo le respondió.
-Algo así-dijo de forma evasiva. Sabía que le estaba mintiendo, pero se consolaba pensando en que era una mentira a medias. No podía contarle lo de Itachi, y lo de su despido aún no terminaba de procesarlo.
-Ya se las verá conmigo si se atreve a llegar por aquí-dijo enérgicamente Hidan alzando un puño en el aire-No tiene derecho a hacerte llorar. ¡Jashin lo castigara!
El joven se levantó de improviso de la cama en busca de su pijama.
-Tranquilo. No te la tomes toda con él-el rubio empezó a desvestirse, rogando por qué esa plática se acabara ya. Su amigo instintivamente aparto la mirada, no le gustaba ver al otro sin ropa porque era demasiado tentador. Una tentación a la que nadie tenía acceso-Regresa con Kakuzu. Lo tienes solito al pobre en la sala, y a ese no le gusta esperar.
Hidan alzó la vista, y se lo quedó mirando pensativo.
-¿No es lo único verdad?
-¿Qué?...- Deidara le devolvió la mirada confundido.
-Pasó algo más-afirmó-¿Por qué no me lo dices?
Deidara pasó saliva. Tenía que haber sido muy tonto al pensar en ocultarle su despido a su compañero de casa. Trabajaban en el mismo lugar, era cuestión de horas para que se enterara.
El muchacho soltó un suspiro, resignado.
-Hablemos mañana al desayuno, por favor-se lo pidió con la voz más persuasiva que tenía-Necesito descansar-agregó terminando por fin de colocarse el pijama.
Hidan decidió darle una tregua. El rubio parecía a punto de desfallecer de un momento a otro.
-Bueno-accedió finalmente-Pero no te olvides de que mañana tienes que contármelo todo-le advirtió en tono paternal.
Deidara se metió debajo de las mantas, arropándose en busca de calor y sueño.
-¿Estás seguro de que quieres dormir?-le preguntó Hidan aún inseguro de dejarlo solo-Puedes acompañarnos si quieres. Podría decirle a Kakuzu que nos cocinara algo-el rubio negó con la cabeza cerrando momentáneamente los ojos.
-Estoy bien. Ve con tu novio-lo animó con una voz adormilada.
-Cualquier cosa me avisas.
Hidan cerró la puerta y llegó hasta Kakuzu. Lo abrazó con todas sus fuerzas e instintivamente buscó sus labios en un beso hambriento. Necesitaba de él esa noche.
Su sonrisa socarrona y su contagiosa risa ronca le abrigaron hasta el alma, pero aún así intento parecer molesto. No deseaba dejar traslucir las emociones que él le provocaba.
-Deja de burlarte. No es gracioso que dejes que Hidan crea que somos novios hn-le recriminó haciendo un esfuerzo por parecer duro.
La sonrisa de Sasori se ensanchó. Su blanca dentadura relució en una jovial mueca de encanto, ladeó la cabeza mirándolo desde sus profundos ojos miel, intensamente.
-¿Acaso no lo somos, precioso?-le preguntó enronqueciendo su voz deliberadamente. Dio unos pasos hasta situarse frente a él. Levantó una mano para acariciarle con ternura el mentón. Dejó sus dedos allí obligándolo a alzar la barbilla para mirarlo directamente-No puedes negar que te mueres por mí.
Deidara sonrió con mariposas revoloteando por su estomago. Le regaló una de esas sonrisas genuinas y llenas de vida que a Sasori le quitaban el aliento.
-Basta, maestro hn-se apartó de él con suavidad-¿No tenías que irte ya?
-Que malvado eres. Echas a un pobre artista como yo sin la más mínima compasión-cerró los ojos dramáticamente, llevándose una mano al pecho como si lo hubiese apuñalado-Pero sin son tus deseos, mocoso. No tengo más opción que complacerlos-soltó un hondo suspiro dándose la media vuelta en dirección a la puerta.
El joven se largó a reír, y alcanzó a Sasori agarrándolo de la camiseta.
-Tienes clientes en la galería que te esperan, no me perdonaría entretenerte más tiempo-lo miró dulcemente-Te agradezco todo lo que has hecho por mí-se tuvo que empinar con bastante dificultad, la diferencia de altura entre ambos era demasiado grande. Cuando logró estar a la altura de su rostro, depositó un suave beso en su mejilla-Te acompañó hasta el auto-cogió las llaves de la casa, y luego se agarró de su brazo.
Bajaron las escaleras sonriendo. Deidara lo miró de reojo agradecido. La última semana tanto él, como Hidan y Kakuzu lo habían ayudado en todo. Primero dándole ánimos en su búsqueda de un nuevo trabajo, incluso el novio de su amigo le ofreció la posibilidad de servirle como secretario, pero prefería no inclinarse aún por eso. Existía la opción de trabajar como promotor para las compañías automovilísticas, sólo tenía que pararse, sonreír y entregar folletos. Normalmente aceptaban para esas labores a chicas y chicos extranjeros. Gente guapa. A él lo encontraban bonito, así es que iba a tener que aferrarse a esa idea.
El finiquito no iba ser suficiente para más de un mes. No podía seguir dependiendo de la buena voluntad de Sasori, que insistía en costear los gastos de la universidad, sus materiales y clases particulares hasta que él encontrara algo.
Se detuvieron frente a un mini volvo plateado. El pelirrojo Sasori dio unos pasos titubeantes hasta situar sus dos cuerpos muy juntos. Le rozó el rostro con la más leve caricia, ambos notaron una sacudida extenderse hasta la punta de sus pies.
-Tienes muy buen aspecto, Deidara-las pálidas mejillas de él se encendieron, otorgándole un aspecto sumamente dulce y sensual. Él sonrió-Te ves encantador-agregó haciéndolo sonrojar aún más. Pero de pronto, la mirada de él se ensombreció.
-¿Qué sucede?-le susurró alarmado. En los ojos miel había un extraño brillo de peligro.
-Ese sujeto no despega la vista de ti-le señaló un punto detrás de ellos. Las mandíbulas de Sasori se apretaron violentamente.
Deidara se dio la vuelta en busca del extraño. Lo encontró al instante, pegó su mirada a la de él, y sintió como si su corazón se hubiera detenido. Por un momento cuando sus ojos azules encontraron ese mar negro, no pudo respirar.
Se hallaba de pie contra el muro colindante a la puerta de entrada al edificio, entre las sombras, pero su rostro era una talla de magnético atractivo. Su mirada era intensa, sus ojos parecían arder en llamas oscuras. Al rubio se le seco la boca, y su cuerpo se tambaleó ligeramente. Los reflejos rápidos de Sasori lo sostuvieron apegándolo más a él.
-¿Lo conoces?-lo cuestionó buscando su mirada-Porque viene hacía nosotros.
Con el corazón en la garganta lo vio venir. Sintió como si el aire que circulaba a su alrededor se hubiera violentado. Itachi se detuvo a tres pasos de distancia de la pareja, e inclinó levemente su cabeza. No parecía un saludo formal, sino más bien uno burlón y llenó de arrogancia. El pelirrojo exhaló lentamente un largo siseo de irritación.
-Deidara-lo llamó con voz grave y segura el Uchiha. Era una voz que no estaba acostumbrada a réplicas-Creo que tenemos algo pendiente-él se movió inquieto entre los brazos de Sasori.
-Vete, maestro-le colocó una mano en su pecho, dándole un pequeño empujón amistoso-Yo tengo que hablar con él.
Sasori le dirigió una mirada cargada de recelo a Itachi. Miró a Deidara enredando sus manos en el largo cabello dorado, y se inclinó sobre él para susurrarle al oído.
-¿Estás seguro de que quieres quedarte con él?-inconscientemente apretó con fuerza el cabello de Deidara.
Él sólo asintió, y lo animó con sus grandes ojos azules a marcharse ya. Antes de irse atrapó la pequeña mano del rubio, y se la llevó a la boca, dejándole un agradable cosquilleo.
-¿Qué es lo que quieres?-lo increpó después con los brazos cruzados a la altura del pecho, una vez el auto del pelirrojo se perdió de vista.
Los ojos de Itachi centellearon con una amenaza de advertencia. El frío gélido de su mirada, lo traspaso helándolo, pese a que era de mañana, y el sol brillaba primorosamente.
-Que poco cortés ¿No vas a invitarme a entrar a tu casa?-arqueó las cejas mirando por encima de él-Hablé con Kakuzu hace unos minutos y se mostró encantado con la idea de que almorzáramos los cuatro juntos-le comentó con expresión seria.
Deidara se mordió los labios hasta casi hacérselos sangrar. Se acomodó su cabello suelto y revuelto, cargando el ambiente con un embriagador aroma a violetas, que llegó hasta Itachi. Él le lanzó una mirada curiosa. El joven le devolvió la mirada cargada de ira, y sin esperarlo inició su camino de vuelta con pasos largos y ligeros.
Una vez dentro del departamento. Deidara siguió exasperado el detallado estudio que el Uchiha estaba llevando a cabo sobre la sala, y el pequeño comedor. Sin embargo, el hombre no encontró nada en aquel lugar que pudiera ofender su refinado gusto. Todo estaba limpio en aquella estancia humilde y sencilla. Aunque no pudo dejar de notar que todo el ambiente olía a Deidara. Puro olor a flores.
-¿Y bien hn?-el rubio habló primero porque esa situación estaba empezando a cabrearlo.
-Intuyó que en tu actual situación, todo dinero es bienvenido-lanzó el golpe directo burlándose de él-Dame un monto. Puedo darte todo lo que quieras.
La expresión que asomó por el rostro de Deidara debió haber tenido algún efecto sobre él, pues se apresuró a agregar.
-No tengo nada en contra de ustedes. Sólo me estoy limitando a señalar lo obvio-la tranquilidad espantosa con la que pronunciaba cada palabra era lo que más horrorizaba al joven-Kakuzu es mi amigo, estoy seguro de que no será feliz al lado de Hidan, si es que hablamos de una relación larga. Enfrentémoslo, tú también lo sabes-estaba totalmente convencido de lo que decía.
El rubio se llevó una mano a la boca, negando suavemente con la cabeza.
-Nunca te has enamorado, ¿No es cierto?-la boca de él se curvó en una triste mueca-Sólo un hombre de corazón frío como el tuyo podría atreverse a llegar a tanto para separar a dos personas que se quieren de verdad-el rubio lo miró de una forma que lo hizo sentir profundamente incómodo, como si estuviera viendo algo en él que incluso se escapaba a sus propios ojos-Dejas mucho que desear como amigo-señaló finalmente.
-Tus tontos juicios no me interesan-le dijo Itachi con aspereza-Esto es un negocio. Yo necesito una información que desgraciadamente sólo tú puedes darme-lo miró impaciente-tú, en cambio, necesitas desesperadamente dinero para sobrevivir-El rostro de él era severo, con un indicio de crueldad alrededor de su boca. Deidara se negó a sentirse intimidado.
El rubio alzó la mirada, en un gesto autosuficiente.
-Tienes razón hn-capitulo con una sonrisa fingida-Tenemos que hacer un negocio-su delgada figura se acercó al Uchiha con movimientos pausados, pero llenos de una elegancia natural. Ligero como una pluma. Sensual.
Itachi se lo quedó mirando fascinado.
-Celebro tu inteligencia, Deidara. Has tomado una buena decisión-El muchacho le sonrió, cautivador. Ocultando sus ojos debajo de sus frondosas pestañas.
-Lo sé-le dijo el rubio con suavidad, levantándose unos cuantos centímetros sobre sus pies para quedar más cerca de Itachi-Pero permíteme tomar el negocio en mis manos-Deidara llevó sus manos al sólido torso de él, moviendo sus dedos, en un leve camino que dejó despierta toda la piel del Uchiha, cortándole la respiración a su paso. Se detuvo sólo cuando pudo rodearle el cuello con ambos brazos, inclinándolo hasta él-No vas a volver a obligar a un jefe, o jefa mía a despedirme-Deidara se mordió el labio inferior, tentándolo-Y nunca más volveremos a hablar sobre tu propuesta, porque si lo haces, no dudaré ni un segundo en contarle todo a Kakuzu y a Hidan. No creo que tu amigo se sienta muy feliz si se entera. ¿Te parece un negocio justo?-murmuro sobre sus labios. Sus ojos brillaban como dos piedras preciosas.
A apenas unos centímetros de que sus bocas hicieran contacto, Deidara deshizo el agarré, alejándose unos pasos de él con todo el cuerpo erguido y con la vista fija en sus ojos ónix. Lucía como un rey que acababa de ganar una batalla. El rubio no soltó una carcajada de pura satisfacción por haberle dado en el centro de su orgullo al maldito Uchiha, solamente porque un sonido de voces familiares los interrumpió.
Hidan entró al departamento totalmente sonrojado, detrás de él un fornido hombre, muy amoroso, repartía besos por su blanco cuello.
-¡Oh! Estaban aquí-les dijo el de ojos amatistas mientras le daba un brusco empujón a Kakuzu para que lo soltara-Trajimos el almuerzo listo. Espero te guste la comida Italiana, Itachi-Hidan le lanzó una sonrisa tímida, pero el aludido no estaba para nada al tanto de sus palabras.
-Es una de sus favoritas-salió Kakuzu al rescate, extrañado por el ambiente que había entre su amigo y el rubio-Cariño, llevemos la comida a la cocina-lo apremió dándole un palmazo en el trasero para sacarlo del lugar.
Deidara se movió para seguirlos, pero antes de hacerlo no pudo evitar mirar a Itachi. Creía que la réplica por parte de él iba a ser tormentosa, y que iban a terminar peleándose a gritos. Sin embargo, no hubo nada. En vez de encontrarse con la frialdad de siempre, sus ojos eran un profundo pozo negro. Interminable. Insoldable. Y lo estaba mirando a él, directamente, como si lo estuviera viendo por primera vez.
Agradecimientos especiales a :
Death and Degrees : Que linda eres! Gracias por tu ánimo, y como ves ya lo continue. Espero te haya gustado el capítulo, de aquí ya comienza más la extraña relación amor/odio entre Deidara e Itachi. Abrazos!
ddeiSmile: Que dulzura tus palabras! Gracias! No has tenido que esperar mucho para que actualice :) Como vivo en una ciudad en dónde llueve y llueve, la inspiración ha dado frutos XD... Espero te guste el capí, aunque Itachi se esta comportando como un verdadero bastardo con Dei, pero sí que será seducido XD. Muchisimos cariños!
