Capitolo 2 – l'Appuntamento

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Londres, Inglaterra

Tal vez se había adelantado un poco en tomar una decisión, no sería la primera vez que le pasara y creía con todo su ser que tampoco sería la última, pero lo hecho, hecho estaba y Harry no pudo hacer otra cosa más que mirar al frente, sonreír lo más cándido que pudiera y dejar de pensar en las mil maneras que podría arrancarse sin ser descubierto. Él había tomado la iniciativa, Hermione había sido bastante enfática en que estaba haciendo todo mal como siempre y Luna solo le había mirado como si le hubiera salido otra cabeza y comenzó a recitar una melodía antinargles... oh por Merlín, ¿en qué se había metido ahora?

—... y fue así como Nikolai intentó ingresar por la puerta trasera del almacén en donde estaban haciendo una subasta de hadas, pero yo no me dejé engañar y... —por las tetas de Morgana, el tipo no se callaba nunca y lo peor de todo es que se le había olvidado su nombre y no había manera en hacer esta situación una mejor.

Alek, Aleksei... Aleksis... Alik... ¡¿por qué demonios todos los nombres rusos se parecen?! —ya no daba más, llevaba diez minutos completos hablando de una misión regular que no tenía nada interesante pero que este tipo pensaba que lo podría impresionar. Él era un jodido inefable, nada se comparaba con sus misiones, absolutamente nada.

Tal vez de ahora en adelante le haría caso a Hermione y... no, ¿a quién quería engañar? Sabía en lo que se estaba metiendo cuando aceptó la invitación de este tipo. Era un emisario del gobierno ruso por una misión en conjunto, él estaba a cargo con su compañero y se suponía que debían desmantelar una de las casas donde se hacían intercambio de criaturas mágicas con propiedades altamente mágicas. Era una misión tediosa y larga, pero no difícil, no según sus estándares.

Él se había acercado a Harry para preguntar en dónde podía encontrar al representante de relaciones exteriores ya que se había perdido en el Ministerio sin querer, Harry le había ayudado porque estaba en su hora libre y salía a almorzar con Leena, una compañera de departamento que tenía dudas sobre una misión.

—Gracias por tu ayuda, eh... —dijo mirándolo sin saber su nombre. Harry se apiadó de él.

—Harry —le había dicho con una sonrisa amable.

—¡Potteeeer! —y fue en ése preciso momento que su jefe había decidido gritar su apellido en medio del Ministerio y el anterior normal funcionario de Rusia se había convertido en todo un casanova que después de marearlo por cinco minutos había convencido a Harry para que salieran a cenar esta noche.

—... y entonces Niko...

—Escucha, Alik...

—Aleksander—corrigió el auror ruso sin molestarse.

—Sí, como sea. Creo que es hora que me vaya, mañana tengo una misión y...

—Oh, bueno. ¿Nos vemos cuando regreses?

Harry lo miró como si le hubiera salido a otra cabeza, el tipo no podía ser más obtuso.

—No—respondió cortante.

—Bueno, de todas maneras estaré aquí todo el...

—No creo que me estés comprendiendo —dijo Harry más tranquilo, no era la primera vez que una cita resultaba derivar en las mil y una técnicas de cómo sacarse plastas de encima, era peor que cuidar escregutos de cola explosiva —. Tan encantadora como ha sido escuchar tus misiones con tu compañero, no creo que estemos hechos el uno para el otro, no sentí amor a primera vista y tus habilidades de entretención tienen mi nivel de atención por el suelo. No sé si me estás comprendiendo ahora —explicaba con una tranquilidad que no sentía.

Aleksander lo miró casi como si no hubiera esperado que dijera esas palabras.

—Niko tenía razón, las celebridades en el Reino Unido creen que pueden hacer lo que quieran —masculló sentido por sus palabras.

Harry, por primera vez en la velada, comenzaba a sentirse más en sintonía con la conversación.

—No es eso en lo absoluto, Aleksander. ¿Crees que no me di cuenta de lo que hiciste en el Ministerio? Ni siquiera me diste una segunda mirada cuando me preguntaste dónde podías encontrar el departamento de , pero en el momento en que mi jefe grita mi apellido y tu cabeza puso «Harry» junto a «Potter» cambiaste por completo. De ser honesto ni siquiera sé por qué vine, sabía que no debía hacerlo, pero no soy un hombre que vaya en contra de su palabra.

Por lo menos esta vez Aleksander parecía avergonzarse por su comportamiento poco sutil y asintió sin decir mucho.

—No creo que tenga que hacer nada más aquí, ¿cierto? —inquirió inclinando la cabeza hacía un costado.

—No... lo siento —murmuró bajito.

—Creo que lo mejor sería olvidarnos de todo este asunto.

—... Mhmm...

Harry no dijo nada más. Se levantó de la mesa excusándose suavemente para luego marcharse parsimoniosamente, no quería hacer un escándalo después de todo. Hayley se las vería con él por insistir en que fuera aunque él no quería, pero una parte de él quería sentir nuevamente esa normalidad que tenía antes de conocer a Renato, de poder salir con quien quisiera sin sentirse como si lo estuviera engañando, mas sabía de sobra que no era recíproco ya que le había llegado el rumor que Renato se encontraba de lo más feliz con una mujer.

Ahh... la cruel ironía.

O tal vez no, tal vez era él quien se estaba engañando a sí mismo todo este tiempo.

Harry decidió caminar por las calles de Londres, después de todo no tenía nada que hacer y suponía que si llegaba tan temprano a su casa le esperaban las 20 preguntas y eso era lo que quería evitar, por lo menos hasta la mañana siguiente cuando no le quedaría de otra que decirle la verdad a Hayley y el resto de sus amigos entrometidos. Hacía frío a esa hora, las calles estaban húmedas por la lluvia de la tarde y la humedad comenzaba a atravesar sus zapatos por lo cual con un pequeño movimiento de su muñeca decidió hacer un pequeño hechizo para mantenerse caliente. Había pocas personas caminando a esa hora, de hecho había más restaurantes llenos que vacíos y las pocas personas que caminaban a esa hora lo hacían a pasos presurosos para llegar a su casa o donde sea que fueran. Los ojos de Harry vagaban de lugar en lugar buscando algo con lo cual entretenerse, pasó por la cabina en la que ya muchos años atrás el señor Weasley lo había llevado al Ministerio y decidió alejarse un poco más de la zona ya intervenida por magos, después de todo la sociedad había comenzado a crecer nuevamente y tras la derrota de Voldemort, muchos muggleborns que se escondieron incluso durante sus años de colegio comenzaron a salir con sus hijos a regularizar todo.

Antes siquiera que su mente vagara por recuerdos aún más tristes Harry se encontró con sus pies en un pequeño puente en una zona que no conocía mucho, lo que sí podía reconocer era la cantidad de jóvenes moviéndose de un bar a otro sonriendo, carcajeándose y hasta vomitando en la calle. Se miró a sí mismo por un tiempo fijándose en su ropa, a pesar de que estaban hechas con telas completamente mágicas no tenía problemas para poder mezclarse con los muggles, además a pesar de su edad todavía seguía aparentando ser mucho más joven.

Suspiró y decidió que no había mejor opción que pasar la noche bebiendo, quién sabe, quizás tuviera la suerte de conocer a un muggle lo suficientemente atractivo y tener sexo de una vez por todas, a estas alturas Harry sentía como si su libido se hubiera quedado en Italia, un par de copas no le haría nada mal.

└ 5 ┘

Namimori, Japón

—Hiii.

Lo siguió otro golpe ante el ruido.

—¡Hiii! —y luego otro, otro, otro y otro más por si alguien dudara por un momento que hoy no era un buen día. Tsunayoshi no hacía otra cosa que irritarlo con su parsimonia y poca determinación mientras que sus amigos trataban de darle más confianza en sí mismo, cosa que no funcionaba y no hacía otra cosa que molestar aún más a Reborn quien ya no sabía qué hacer. Para ser honestos no era completamente culpa de Tsuna que se encontraba de mal humor (no que los niños sabían de todas formas, su rostro no cambiaba mucho de expresión), pero deberían estar más atentos a su entorno cuando Bianchi decidió que tenía 'cosas' que hacer fuera de la casa por un tiempo indeterminado y se llevó consigo a la estúpida vaca.

Vaca malnacida que tenía el deshonor de tener ojos verdes, no esos ojos verdes, pero lo suficientemente verdes para recordarle a alguien que no debería cruzar sus pensamientos nunca más.

—¡HIII!

—Ey, ¿no crees que ya es suficiente? El chico no puede tomar ni uno más.

—Tch —espetó lo más silencioso que pudo antes de decir en voz alta que la práctica se acaba, pero tenía que repasar su tarea de matemáticas si no quería seguir con su entrenamiento. Shamal miró como el hijo de Iemitsu corría para desaparecer de la visión de Reborn junto con Gokureda y el otro muchacho.

Suspiro, al parecer Nono había estado bien en mandarlo a él a ver a Reborn antes de dirigirse nuevamente a Italia para continuar con sus estudios. Por algún motivo Nono se había enterado que Avenentte había vuelto a las pistas y Reborn se había enterado, cosa que no le había caído demasiado bien cuando Bianchi le mandó un mensaje de texto diciendo que súbitamente su querido Reborn había estado más frío con ella últimamente. No que la culpara pero, siendo honestos, Shamal no comprendía qué es lo que estaba haciendo Reborn con ella.

Haciéndose el mártir, probablemente.

—¿Qué haces aquí? —dijo mientras que con sus pequeñas manos preparaba un expreso para él.

—Darme una vuelta antes de partir, ¿es que acaso no puedo venir a verte ahora? —Shamal sabía que era imposible que Reborn no se diera cuenta a qué había venido, pero nadie le culpaba por internarlo.

—Tch, me veré como un niño pero no soy uno. Ahora dime, ¿quién te lo dijo? ¿Hayley? ¿Iemitsu?

—De hecho fue Nono —comentó como si nada. El suave viento que corría era lo suficiente como para hacerlo estremecer, el invierno en Japón era lluvioso o nevoso dependiendo de donde estuvieras, pero el último temporal había dejado una humedad que calaba los huesos y las temperaturas seguían descendiendo.

—... ¿Y?, ¿no vas a decirme nada? —el silencio que siguió fue uno más o menos largo. Shamal podía escuchar el suave traqueteo de ollas y las pisadas en el segundo piso, los suaves murmullos de los niños arriba y la calidez que emanaba la casa, mas él no se atrevía a entrar.

—No, de hecho creo que estás lo suficientemente grande como para que yo te diga algo. ¿Tienes tú algo que decirme?

Shamal, después de todo, no sacaba nada con apelar a la lógica cuando en estos momentos nadie sabía cuál era lo correcto o no. Desde su perspectiva Reborn tenía toda la razón con enojarse, pero tras el primer año dejó de ser divertido, sobre todo cuando se dio cuenta que quizás a pesar de ser el mayor asesino de todo el mundo, Reborn seguía siendo una persona que necesitaba estabilidad. Eso sí era una ironía.

—No tengo nada que decir, él puede hacer lo que se le dé la gana, así se acostarse con la mitad del Reino Unido —espetó esas palabras con una acidez bastante intensa y Shamal tuvo que dar todo de sí para no reírse, era como hablar con un niño malcriado.

—Exacto, de la misma manera que lo hiciste tú y él no fue a Italia o donde sea que estuvieras a joderte la onda. Si quiere puede follarse a la comunidad entera de Europa y a ti no te tendría que importar, después de todo Harry es un hombre muy atractivo y estoy muy seguro que otro hombre estaría más que feliz de estrecharlo, apuesto que su...

El sonido de una taza romperse llegó a sus oídos y decidió que quizás se había pasado de la raya, suspiró largo, agotado de toda esta situación por lo cual decidió hincarse para mirar a Reborn a los ojos, aún no estaba lo suficientemente loco como para alzarlo en sus brazos.

—Arregla esta mierda que tienes; o escoges alejarse como dijiste que lo harías y nos dejas por una jodida vez en paz con tus berrinches para evitar irte a buscar al siguiente bar; o te decides por ir a buscarlo y arreglar lo que sea que quieran arreglar, pero ya no más Reborn. Tienes a toda la jodida organización agotada con esta maldita actitud tuya, ¿y sabes qué? ¡Espero que Harry consiga un maldito novio para que así espabiles!

No esperó una respuesta y comenzó a caminar. Honestamente no sabía si quería o no que volvieran juntos, pero lo que Shamal sí sabía era que quería que esta maldita tensión terminara ya.

└ 6 ┘

Inglaterra, Londres

Había un olor que hace tiempo no olía, no era ni malo ni bueno... Bueno, en un comienzo le molestó, pero después de recordar qué era lo que le atraía de ese olor dejó de incomodarle. Harry estaba en medio de una pista, presionado por un montón de cuerpos que se movían en una cadencia que le hacía recordar sentimientos placenteros, se encontraba allí al medio, siendo de vez en cuando toqueteado de una manera poco propia, mas no le incomodaba. El olor, ese aroma tan distintivo de calor humano y sudor mezclado con deseo. A Harry no le incomodaban los agarrones, ni mucho menos cuando de vez en cuando manos ajenas lo movían de un lugar a otro con el intenso sonido de la música. De vez en cuando tendría un compañero errante con el cual bailar más apegados de lo que recordaba, como también estaba ya sea la mujer o hombre insistente en sacarlo fuera de la pista, pero Harry no buscaba por ahora tener sexo, se había olvidado lo que era esto, estar apegado con un montón de personas, sentir el calor recorrerle de la punta de los dedos hasta el último de sus cabellos, se había olvidado del sudor, la humedad, ese olor...

No, ahora no tenía ni la menor intención de salir de esta pista hasta que sintiera que si daba un paso más sus piernas cederían, cosa que sintió después de una hora más (o lo que él creía que era una hora más).

Salió trastabillando entre los millares de personas, sus ojos por fin vibrantes, su frente bañada de sudor mientras sentía sus piernas reclamar por el sobreesfuerzo, mas no le importó, hace tiempo no se sentía tan vivo como hasta ahora. La barra apareció en su campo de visión y con una pequeña sonrisa que hace tiempo no tocaba sus labios, pidió una botella de agua. Ya luego tendría tiempo de beber sus penas.

—Se nota que hace tiempo no bailabas —Harry giró su cabeza para ver quién le hablaba y no pudo evitar hacer un rápido análisis del jovencito que estaba antes sus ojos… Bien, podría ser que Harry no envejeciera y se viera un poco hipócrita de su parte, pero el niño no tendría más de veintidós años y Harry ya iba caminando lento pero seguro a sus treinta años.

—Sí... fue liberador —comentó titubeante. El chico antes de sí no le daba la impresión de ser esos chicos que se creían podían llevar a la cama a cualquier persona. De hecho, no daba las vibras de ser un mujeriego o come hombres... o la derivación adecuada para referirse a un hombre que busca tirarse a otro hombre y ya. De hecho, no tenía un estereotipo fijo para él. Su voz no era ni ronca ni delicada, no llamaba tanto la atención entre muchos hombres pero una vez que lo veías te preguntabas cómo lo habías podido omitir, tenía el cuerpo marcado por sus músculos pero ni tanto para verlos ondular ante cada movimiento.

Era un tipo más, ni muy atractivo pero superior a lo que se denomina "normalidad" en Inglaterra. Era muggle, pero tampoco era un muggle con herencia de alguna criatura, no era squib, era sencillamente un muggle.

—Así pude apreciar —murmuró con una sonrisa fácil, y fue allí cuando Harry pudo ver la realidad. Era sencillamente un muggle, nada más ni nada menos, era una persona confiada de su vida, sin ninguna carga, una persona sin problemas de infancia, con una carrera, con un ideal, con un objetivo. Así era como se suponía que todos los jóvenes de veinte años deberían ser, así se suponía que Harry debería haber sido, como Renato debería haber sido; pero su vida, la vida de Harry, la de sus amigos, cambiaron en guerra, mas él no sabía nada de eso, él era libre.

Libre.

—Leon —dijo extendiendo su mano con una sonrisa sincera.

—Harry —respondió mientras apretaba un poco la mano del contrario. Suave, sin rastros de callos o asperezas.

—Y dime, Harry, ¿acostumbras mucho a venir por aquí?

—No realmente, es mi primera vez.

—Oh, entonces necesitas quedarte hasta las una, allí es donde la verdadera magia comienza —dijo con un tono jocoso mencionando ya a las personas que se iban a un motel, casa o donde fuera y solo quedaban algunas personas en la pista de baile y más personas en la mesa.

—¿Qué va a pasar?

—... Ver para creer —y sonrió un poco cuando dos hombres fortachones salieron con tarimas y luego el DJ salió para dar pasó a un hombre con micrófono.

—¿Qué dices, te animas?

Leon no tenía nada de extraordinario, lo más probable es que si le dijera algo de su realidad saliera huyendo o lo llamara loco. Él no comprendería sus noches sin dormir o los terrores nocturnos que pudiera tener, pero hacía mucho tiempo que Harry no se sentía tan atraído por algo que sabía no debía tocar.

—Claro, ¿por qué no?

└ 7 ┘

El hecho de que Harry no llegara pasado las dos de la mañana le dio a entender a Hayley dos cosas, la primera era que tal vez la cena con el idiota del Ministerio haya salido mejor de lo que esperaba, lo cual era poco probable. La segunda y más probable opción era que Harry haya ido a esconderse quién sabe dónde, así que ella simplemente se fue a acostar pasado las doce de la media noche pero con un oído atento ante los ruidos.

Le había llegado un mensaje de Shamal informándole que alguien estaba de mal humor y había roto su teléfono por lo cual se encontraba incomunicado hasta que tuviera control nuevamente de su motricidad fina. Ella sencillamente se rió.

Fue por eso que cuando se abrió la puerta dos horas y unos minutos más tarde, Hayley sabía que algo había ido bien... Esto no auguraba nada bueno.

Nada.

Si bien ella era partidaria de que Harry comenzara de nuevo su vida, tampoco pensó que Harry pudiera encontrar a otra persona que lo hiciera feliz. Tal vez, pensó para ella misma, estaba adelantándose a los sucesos y Harry solo había ido a caminar y beber su peso corporal en alguna taberna, mas la sensación que tenía le decía otra cosa. Ella conocía a Harry, conocía a Reborn, conocía sus situaciones y sobre todo, ella sabía diferenciar el cambio de atmósfera. Harry le había dicho hace algún tiempo que la magia es un ser que siente, es cuando te sientes triste y todo a tu alrededor parece más opaco, o cuando estás apurado y es la magia quien te da el impulso final para que estés a tiempo. Eso solo pasaba cuando la magia te favorecía mucho o sencillamente estabas muy conectado a tu núcleo.

Harry era ambas cosas.

Cuando Harry pisó Grimmauld Place #12, Hayley sintió dos cosas: la primera de ellas era tranquilidad, era como un pequeño tarareo en su interior, casi como cuando sentía la sensación de un trabajo bien hecho y ahora se merecía sus preciadas vacaciones, se sentía contenida. La segunda cosa que sintió fue vitalidad. La casa tomó otra vida, no tan tétrica como le pareció en un comienzo, sino más bien hogareña.

Los pasos de Harry resonaron aún más de lo que realmente debían en sus oídos. Era como si cada pisada que hacía su amigo era un estamento de lo que estaba por ocurrir y ella no sabía si era bueno o malo, lo único que sabía era que estaba allí y ella había ayudado. Suspiró, este no era el momento para reflexionar por cosas que ya no tenía control, lo único que quedaba por hacer era mirar y esperar hasta que el momento para intervenir fuera el óptimo. Esa noche se fue a dormir pensando en Reborn, y en cómo romper las noticias de que Harry tenía un nuevo beau... no era una conversación que quisiera tener cara a cara.

El amanecer pilló desprevenidos a los habitantes de Grimmauld Place, Harry se encontraba abrazando su almohada en un estado de comodidad que pocas veces ocurría, mientras que Hayley se encontraba más bien trasnochada tras despertarse innumerables veces a lo largo de la noche para ver si Harry aún se encontraba en casa. Eran aproximadamente las 11:30 de la mañana y Hayley sentía su cuerpo completamente pesado. Tal vez la edad realmente comenzaba a pasarle la cuenta.

Bajó hasta la cocina donde vio a un elfo doméstico hacer un desayuno ligero. Hasta ahora, Hayley encontraba realmente difícil saber cuál era el género de las pequeñas criaturas, pero supuso que por el tono morado de las "ropas" que llevaba, esta pequeña criatura fuera femenina.

—Buenos días —murmuró mientras se sentaba en la mesa.

—Popsy desea buenos días a amiga del amito —la profunda reverencia de la elfa (¿o elfo?) ya no la dejaba tan perpleja como en un comienzo. No importaba cuántas veces le dijera que no era necesario, o que Harry le dijera que no era necesario, en el momento en que ella aparecía la pequeña criatura daba reverencias y hacía hasta lo imposible para dejarla cómoda, pero luego de que la vio llorar cuando Harry le dijo que no era necesario que recogiera sus cosas y el pequeño bicho intentara suicidarse se dio cuenta que era mucho peor para el mago.

—¿Amiga del amito quiere algo? —Popsy le llamó la atención con un menú bastante diverso para la mañana.

—Claro, dame un poco de todo lo que has hecho y una taza de café como siempre —y en un dos por tres Hayley se encontraba desayunando tranquilamente esperando a que Harry bajara.

No tuvo que esperar mucho ya que su amigo apareció tras media hora con su bata de dormir y su increíblemente desordenado cabello.

—Buenos días.

—Buenos días... —fue la aletargada respuesta de Harry.

—¿Y? —dijo alzando una ceja claramente preguntándole algo.

—¿Y qué? —respondió el menor mientras tomaba su jugo que Popsy había puesto en sus manos.

—¿No tienes algo que decir, compartir?

—No realmente. La cita fue un asco —respondió sin miramientos ante sus preguntas—, así que luego fui a caminar.

El silencio se tomó unos momentos la cocina mientras Hayley miraba la expresión pasiva del mago. No es que fuera ajena a ella que Harry se viera tranquilo, sino que antes siempre tenía una connotación más forzada a como se sentía en realidad. Ahora, Harry sencillamente estaba tranquilo sin pensar en nada, sin la presión de que algo iba a suceder o del peso de sus recuerdos.

—¿Quién es el chico? —preguntó directamente y sin parpadear. Harry, por el contrario, la miró unos momentos antes de virar los ojos y mover su rostro mirando cómo Popsy trabajaba en su desayuno laboriosamente. Harry no tenía muchas señales de vejez, alguna que otra arruga producida por reírse mucho o la línea de preocupación de su frente, pero nada serio y que denotara su verdadera edad.

Edad que ella misma tendía a olvidar cuando luego recordaba que Harry era inmortal (hasta donde él sabía).

Por un momento Hayley creyó que no le contestaría, hasta que los ojos increíblemente verdosos se posaron en los suyos.

—Deberías parar —habló sin contestarle directamente.

—¿Parar qué?

—Ahhh... —suspiró revolviéndose el cabello que ya se encontraba imposiblemente desordenado.

—¿Harry?

—No creas que no sé que le mandas mensajes a Renato —dijo sin tapujos—, y no creas que eres la única en recordarme a él constantemente pero creo que ya es suficiente. Para de tratar de solucionar las cosas con él, para de tratar de hacer que salga cuando no quiero, tienes que parar de preocuparte por nosotros —dijo con una sonrisa gentil—, si te sigues preocupando ¿cuándo tendrás tú la posibilidad de conocer a alguien?

—N-no es como si parara de hacer mi vida por ustedes y- -

—No es eso lo que estoy diciendo —la interrumpió—, lo único que provocas es que los malos recuerdos resurjan. Si Renato no quiere verme ahora, ¿cómo va a querer verme en el futuro si no lo dejan pensar? Lo mismo conmigo. Es cierto que conocí a alguien, pero no como tú crees, él sencillamente me mostró que tengo que vivir —habló, para que luego sus labios tomaran una sonrisa triste—, no puedo quedarme toda la vida rumiando. Sé que me lo han dicho, pero él sencillamente me lo mostró... Además, todos ustedes esperan que vuelva con Renato, creo que es hora de aceptar que realmente nos separamos. Él, yo, tú y todos nuestros amigos —murmuró para luego volver a tomar otro trago de jugo.

Más tarde, en su habitación, Hayley mandó un último mensaje de texto a Reborn y bloqueó la pantalla. Harry tenía razón, era hora que ella también se buscara un beau.

└ 8 ┘

Namimori, Japón

—Dame-Tsuna, ¿es que acaso no tienes honor? —murmmuró Reborn al ver cómo Tsunayoshi esperaba hasta el último momento para defender a sus amigos caídos. No era como Dino, quien al ver que sus subordinados estaban en problemas se lanzaba directamente y pensaba en distintas estrategias para poder salvarlos. Tsuna no era así. Por muy tonto que pareciera, él esperaba hasta el último maldito momento para que su voluntad de proteger apareciera, esperaba hasta que Gokudera no pudiera levantarse, Yamamoto estuviera cojeando y Hibari fuera el único en pie defendiendo algo que él no quería defender para darse cuenta que tenía que hacer algo, siempre renegando de su destino.

No lograba entender lo que Nono veía en él, Tsunayoshi era una persona difícil de entender, no por ser difícil de entender, sino porque no poseía ningún tipo de motivación, exceptuando quizás Kyoko-san quien era aún más obtusa que Tsuna mismo.

En el mundo idílico de Tsuna, nadie quiere hacerle daño a alguien porque la vida es hermosa y él no tiene que hacer nada porque no es necesario.

Si Xanxus hubiera sido el sucesor de Nono, Tsuna no sería nada más que un neet más de Japón. ¿Cuán triste sonaba eso?

—¡No dejaré que les hagas daño a mis amigos!

No más del que ya le había hecho. Mukuro estaba disfrutando claramente de todo el drama sabiendo muy bien lo que le esperaba si los Vindice fueran a capturarlo.

—¿Eh?

Y él lo estaba pasando increíblemente bien.

La batalla se prolongó por horas antes de que Reborn pudiera hacer control de daños. Bianchi estaba a su lado ayudando a Gokureda y Yamamoto con sus heridas mientras que Reborn se preocupaba de que Tsuna estuviera bien, fue todo un poco desordenado por la carga emocional que significó para Tsuna comprender que no todas las personas en el mundo poseían una buena infancia, él siempre fue un niño que creía que todo el mundo tenía un buen lugar donde partir, y si era lo contrario, nunca lo vio de buenas a primeras para que comprendiera totalmente que la gente a veces se enfrenta a situaciones que cambian tu vida, a veces la misma vida es una hija de puta que no quiere que obtengas lo que quieres. A veces la gente se transforma en malas personas porque malas cosas les pasan, o porque sencillamente están en ellos hacer idioteces. ¡Había muchas razones! Algunas buenas, otras malas, pero Reborn iba a contar como una victoria personal que, gracias a Mukuro, Tsuna por fin comenzaba a ver la vida como lo que era, y que comenzaba a pensar que todo tenía un motivo ulterior, no todo era plano como se había convencido toda la vida.

Quizás había posibilidades para él después de todo.

Para cuando pudieron llegar a la casa de Tsunayoshi ya era muy de noche, Nana se encontraba en su dormitorio pero Reborn sabía muy bien que ella estaba despierta. Puso a dormir a Tsuna, o mejor dicho, Tsuna cayó muerto en su cama y Reborn lo dejó ser. Cerró la puerta tras de sí y caminó en dirección al dormitorio de Nana mientras Bianchi ingresaba al último dormitorio de huéspedes al fondo del pasillo. Él no pensó ni por un segundo en ir a dormir allí.

—Nana-san —murmuró Reborn golpeando la puerta con sus pequeñas manos.

—Voy —no pasó mucho tiempo cuando pudo ver la figura de Nana aparecer en su ropa de dormir. Le abrió la puerta y Reborn se preparó para dar un informe más o menos detallado.

—Tsunayoshi se encuentra en perfecto estado, no posee ningún tipo de herida que no sean rasmillones y solo se encuentra agotado por la pelea. Creo que después de esta situación ha sido capaz de comprender qué es lo que se espera de él, o mejor dicho, se ha dado cuenta de que la vida posee un profundo sentido que no sabía. Usted sabe muy bien que Tsunayoshi no poseía ningún propósito en su vida más que respirar. El ingreso a este estilo de vida si bien ha traído peligros, también le ha estado enseñando cosas. Sus notas han comenzado a subir poco a poco, ya es capaz de decidir sobre ciertas cosas que antes siquiera había considerado pensar, y el contacto directo con otros niños de su edad ha ampliado su visión social.

—Comprendo. Muchas gracias por mantener a salvo a Tsu-chan nuevamente, Reborn-san. Ahora si me disculpa, es muy tarde y necesito dormir para poder hacer un buen desayuno.

—No tiene por qué. Muchas gracias por atenderme tan tarde. Buenas noches, Nana-san.

—Buenas noches, Reborn-san.

Cuando la puerta de la madre de Tsuna se cerró, Reborn dejó salir un largo suspiro. Era difícil no solo para Nana ver a su hijo herido, sino para Reborn también porque se sentía como un doble agente todo el tiempo.

Caminó nuevamente al dormitorio de Tsuna, poniéndose el ridículo atuendo que encontraba hilarante. Se acostó en la hamaca y Leon se encontraba a su lado instantáneamente. Reborn miró cómo entraba la escasa luz de la Luna en la habitación, escuchó la suave inhalación de Tsuna al dormir y se acomodó aún más en su lugar. Sus pequeñas manos se dirigieron al teléfono móvil nuevo que había conseguido, no lo había querido tocar desde el último mensaje pero la pantalla del móvil daba a entender que tenía más de 170 nuevos mensajes de texto y sabía muy bien que no todos eran de Harry.

Los minutos comenzaron a pasar mientras revisaba, despachaba o se contactaba con integrantes de la organización hasta que llegó a uno de los últimos mensajes sin leer que tenía.

[10.08.04 Hayley]

Harry me pidió que dejara de incomodarte con noticias sobre él y me di cuenta que tenía razón, pero no quería parar de un momento a otro sin decirte que Harry encontró un beau. Se ve feliz hasta ahora.

Nos hablamos dentro de una semanas, después de todo estoy de vacaciones.

Lo siento...

—Ehh...

Esa noche Reborn no durmió.


Lamento la demora pero he estado haciendo muchas cosas. Me propuse que por lo menos escribiría tres veces a la semana 1000 palabras y hasta ahora lo que hecho así que estoy orgullosa de mi misma :D

Gracias por su apoyo y espero leerlos en el próximo capítulo también.

-Derwyd