El mejor sitio para encontrar información era ir a los archivos del consejo, pero Era, la sede del consejo, no estaba al alcance de personas ajenas al él, por lo que la idea quedó descartada de inmediato. Sin embargo había otro lugar donde encontrar información, la biblioteca nacional de Rizenbull, al sureste del país. En aquella misma ciudad fue en donde me encontraron. Se que era probable que después de tantos años no me reconocieran pero me hacía ilusión volver a verlos, por que gracias a ellos tuve un nombre. Al no recordar nada, no recordaba ni mi propio nombre, no sabía si me lo habían puesto por que a ellos les gustaba, pero tenía nombre.
Llegué a Rizenbull por la tarde, ya al caer el sol, tenía que encontrar un sitio para quedarme por la noche, cuando me dirigía a un hotel que había allí alguien me llamó.
- ¿Raisa? ¿Raisa, eres tú?
Mire hacía todos los lados, hasta que por mi derecha, junto a la fuente vi aparecer a una chica que se acercaba corriendo. Era una chica adolescente de unos 15 años, con el pelo negro y largo hasta los hombros, tenia cara de felicidad y sonreía mientras agitaba la mano saludando, esa chica llegó hasta mi.
- ¿Raisa, eres tú?
- Si, Soy yo ¿Quién eres?
- ¿No me reconoces? Soy Royal
- ¡Royal! Eres tú. Si es verdad, no te había reconocido, has crecido mucho desde la última ver que te vi.
Royal era uno de los hijos que tenía la familia que me encontró.
- Raisa, como has crecido, que alegría verte otra vez. ¿que haces aquí?
- Tengo que ir a la biblioteca a buscar información. Pero antes iba a pasar por el hotel para pedir una habitación, y quería ir a visitaros.
- Que bien pues vamos…
Me cogió de la mano y tiró de mi hasta comenzar a correr por toda la ciudad hasta llegar a una casa.
- Pues ya estamos aquí. Esta es mi casa.
- Royal, puede que no sea buena idea, puede que tus padres estén ocupados.
- No tienes por que preocuparte, ellos no tienen nada que hacer y seguro que se alegran mucho de verte.- me lo decía mientras abría la puerta de su casa.- mamá, papá, ya estoy aquí, mirad con quien me he encontrado.
Los dos se levantaron del sillón, y al verme se sorprendieron.
- No la recordáis, Raisa, es Raisa.
- Es cierto, Raisa que alegría de verte, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vimos y veo que estas muy bien.
- Gracias, yo también me alegro mucho de veros, siento haber venido sin avisar.
- No te preocupes, tú siempre serás bienvenida en esta casa.
- Pues muchas gracias señora.
- No tienes que andarte con formalidades, tu para nosotros eres como un hija. ¿Pero que haces aquí?
- Se que en esta ciudad se encuentra la biblioteca nacional, así que he venido a buscar información. Solo estaré unos días, pero quería venir a veros.
- Pues esperamos que en los días que estés aquí, estés con nosotros.
- ¿Mama puede quedarse a dormir?- dijo Royal con cara de felicidad.
- No, no, no quiero molestar.
- Claro que puede quedarse, puedes quedarte en la habitación de Royal.
- Si, BIENNNN.- Royal cogió mi mochila y tiro de ella para llevársela a la habitación, pero del tirón que dio se cayó y se abrió, y de ella salió Prue, que estaba durmiendo dentro de ella, como de costumbre.
- ¿Un neko?- Prue se despertó.
- Que gato tan bonito.- Royal cogió a Prue y la abrazó, pero tan fuerte que la pobre casi se ahoga. Entonces Prue se libró como pudo de ella, y abrió las alas, al ser un neko mágico, tenia alas y podía volar.
- ¿Vuela?
- ¡Pues! Si, es que es un gato mágico.
- ¿mágico?
- Si, unos años después de irme, me convertí en maga.- todos estaban muy sorprendidos de la noticia, y era normal, esta cuidad no era mágica, apenas tenia una tienda, era sobretodo una ciudad pesquera.
- Como mola, y el gato vuela, cada vez me gusta más.- volvió a abrazarla y Prue volvía a estar entre los brazos de Royal, y ella no paraba de acariciarla. Prue hacía fuerzas para apartarse de su lado.
- Suéltame…- cuando Prue habló tanto Royal como sus padres se quedaron sorprendidos de nuevo.
- ¿También habla?- Prue voló hacia mí y se puso detrás, para protegerse.
- Bueno, dejémonos de charla que seguro que Raisa y Prue tendrán hambre, Royal lleva sus cosas a tu habitación.
- Si mama.
Llevó mis cosas a su habitación, yo no quería quedarme allí, sentía que molestaba. Pero a ellos no parecía importarle. Eran muy amables a pesar de que cuando me encontraron yo me marché y hacía nueve años que no les veía.
Durante la cena aparecieron los otros hijos y hermanos que completaban la familia, dos chicos más, los dos de la misma edad, ya que eran gemelos, tenían un año menos que Royal. Cenamos todos y después nos fuimos a dormir, pero no pude pegar ojo en toda la noche.
Por la mañana temprano me fui directa a la biblioteca, y Royal me siguió.
- Raisa, Raisa, te puedo acompañar, yo también tengo que ir.
Nos fuimos las tres a la biblioteca, Prue, Royal y yo. Al llegar a la biblioteca busqué los archivos de hace nueve años, pero no encontré nada que me hiciera recordar. En cambio encontré libros sobre la magia antigua de los dragones, era libros que me interesaba leer, puede ser que gracias a ellos encontrara a Darknia. Cogí muchos libros dispuesto a leerlos todos. Era muy difícil leer todos los libros que había cogido, así que usé un objeto mágico, unas gafas mágicas con las que se podía leer los libros a mucha velocidad. Solo por la mañana había conseguido leer 20 libros. Pero ninguno de ellos pudo descubrirme en donde se podía encontrar Darknia, ni tampoco los dragones que tambien buscaban Natsu y Wendy, Igneel y Grandine, respectivamente.
Al no encontrar nada ya no hacía nada en aquel sitio, y Prue no se lo estaba pasando muy bien por lo que mañana por la mañana me marcharía.
Esa misma tarde mientras Prue jugaba con los gemelos, ya que era con los únicos que se lo pasaba bien, yo quería hablar de con los padres de Royal del día que me encontraron.
- Raisa, ¿Te preocupa algo?
- La verdad que si. Quería preguntaros sobre el día que me encontrasteis. Cuando me encontrasteis y me pusisteis mi nombre, supisteis mi nombre o me lo pusisteis por que os gustaba.
- La verdad es que nosotros no te pusimos ese nombre por que junto a ti encontramos este colgante.- Me dio el colgante y leí la inscripción que tenía.
- "A nuestra querida Raisa Masamune". Así que por eso supisteis mi nombre.
- Así es, te lo quisimos dar cuando te fuisteis, pero te fuiste tan rápido que no pudimos dártelo.
- Pues gracias.- me lo colgué al cuello.
- Cuando te encontramos, estabas llorando y por alguna razón no parabas de decir que querías ir a Edoras. Ese día parecía que recordabas todo, pero cuando despertaste, a la mañana siguiente, ya no eras la chica que fuiste la noche anterior, no recordabas nada. Ni siquiera la noche anterior ni si quiera tu nombre. Solo te marchaste, sin conocimientos, ni recuerdos.
- ¿Edoras? No recuerdo nada.
- Quizás algún día consiga recuperar la memoria.
- ¿Así que te marchas? Haces bien.
- Gracias, siento estar con vosotros poco tiempo pero es que necesito saber quien soy y como llegué aquí
- Tranquila te comprendemos… tienes que seguir tu camino.- les sonreí y ellos a mí.
