Afuera de la Torre Batalla se llevaba a cabo una pequeña junta. Los siete Frontier Brain estaban alrededor de la misteriosa entrenadora, examinándola rigurosamente. Pese a sus nervios mantuvo una calma ejemplar, casi comparable a la de Anabel. Ninguno recordaba haberla visto en sus instalaciones de batalla y, ciertamente, no recordaban haberla visto en alguna otra ocasión.

-Bueno… -comenzó Noland –Yo sí tengo algo que decir al respecto
Los otros lo miraron, esperando lo que sea que tuviera que decir.
-Ehh… al menos es linda –dijo; su comentario causó una serie de reacciones negativas
-Eso es lo de menos… lo importante es ayudarla, saber quién es –Greta estaba demasiado preocupada por ésta desconocida que incluso su voz se escuchaba diferente –Digo, debe haber gente que la esté esperando aquí, o en algún otro lugar –miró a Brandon, pensando que él sabía un poco más -¿Seguro que no traía nada consigo?
-Lo único que encontré fue una de esas mochilas de expedición. No había nada más. Sus pertenencias deben estar guardadas en la recepción de Pirámide Batalla. Di la instrucción de buscarlas

Todos dirigieron su mirada a la entrenadora, como si esperaran a que ella dijera algo más. Sólo les devolvió la mirada, con mucha timidez. Brandon se acercó a la chica y puso sus manos sobre los ahora temblorosos hombros de la joven. Instintivamente, ella lo miró a los ojos. Seguía nerviosa, y supo que él se dio cuenta de ello. Desvió su mirada hacia el suelo porque, en ese momento, demostró qué tan alterada estaba.
-Cuando recuerdes algo, no tengas miedo y cuéntamelo, ¿de acuerdo?

Ella asintió tímidamente, mientras Brandon la soltaba.

Anabel se acercó un poco más. Examinó las rasgadas ropas de la chica, confundiéndola un poco con la repentina acción.
-Deberías conseguir ropa nueva –le dijo –La tuya está tan rota que no podría usarla ni de trapo para limpiar las ventanas de mi Torre de Batalla
-Uh… me gustaría, pero… -vislumbró una sonrisa socarrona en la cara de Anabel y decidió quedarse callada, bajando la mirada
-Tienes razón, no me había dado cuenta de ello –interrumpió Brandon; la joven alzó la mirada, sorprendida –La llevaré a comprar algo cuando tenga tiempo. Alternativamente, estoy seguro que alguna de ustedes será lo suficientemente amable como para prestarle algo

Ninguna de las chicas habló. No estaban muy seguras de querer desprenderse de la ropa que tuvieran, incluso aquella que no usaban. Lucy incluso cruzó sus brazos, harta por la preocupación de su compañero por la desconocida.
-Bueno… -comenzó Greta –si encuentro algo se lo llevaré, va a estar contigo, ¿no? –Brandon asintió –Okay… Tengo que irme, se me hace algo tarde. Los veo después

Greta les regaló una sonrisa antes de marcharse corriendo. El silencio incómodo nunca fue recurrente entre los siete, pero con la adición de tan peculiar personaje, no pudieron evitar quedarse callados. Noland tomó la iniciativa y, de una forma un tanto brusca, jaló del brazo a la chica.
-Ven, seguro tienes hambre –sintió que ella puso poca resistencia, pero la ignoró y jaló con más fuerza –No te preocupes, yo invito
-Ah, Noland, espera –Noland y la entrenadora se detuvieron al escuchar la voz de Tucker –Iré con ustedes. Si recuerda algo, lo más probable es que a ti se te olvide avisarnos

Brandon y Spenser rieron ante las palabras de Tucker, y antes de continuar con su marcha, la entrenadora miró una vez más a Brandon; estaba algo preocupada, pero como hasta ahora esas personas no parecían ser malas, ¿por qué desconfiar? Los tres desaparecieron pronto entre las personas que visitaban la isla.
-No tenías que echarte semejante responsabilidad encima –Lucy y sus severa voz les llamó la atención –"No sabe quién es", ¿no es demasiado cliché y extraño?, ¿cómo estás tan seguro que todo esto no es una trampa o algo así?
-No podía dejarla tirada en un lugar como ese, no quiero imaginar qué le hubiera pasado de no haberla encontrado. Además, nada en ella es sospechoso
-Deberías aprender a ser más cauteloso y a confiar menos en la gente –sentenció –Sabes que si yo la hubiera encontrado, la hubiera dejado ahí
-Pues qué poca ética y humanidad tienes –le respondió

Parecía que en cualquier momento podría empezar una discusión entre los dos. Anabel se limitó a verlos: no era muy común ver que sus compañeros pelearan y sería un recuerdo gracioso después de un tiempo. Spenser, a pesar de su gentil aura, hizo lo único que podía hacerse en ese momento: un bastonazo certero en la cabeza de los dos contendientes. Anabel rió a carcajadas cuando los vio quejarse del dolor.
-Podrías haber dicho algo en vez de golpearnos con esa cosa –Brandon seguía adolorido, en contraste de Lucy, quien aguantaba el pulsante dolor
-Algunas veces es lo único que puede hacerse. No estoy a favor de la violencia, pero…
-Sí… qué suerte… -dijo, haciendo una mueca
-Deberías deshacerte de la chica, por tu bien –reafirmó la bella mujer

Lucy dio la vuelta y se alejó lentamente. No esperaba que respondiera a sus palabras, y no lo mostró, pero en el fondo estaba sumamente preocupada por su compañero. Sentía que había algo raro en la misteriosa visitante, pero ninguno le creería.

Brandon suspiró. Después de todo, la chica era exclusivamente responsabilidad suya, no un trabajo en conjunto.
-Tal vez Noland y Tucker estén atosigándola con preguntas sin sentido. Iré a buscarlos antes que la incomoden más–comenzó a caminar en la dirección que recordó que habían tomado
-Espera –Anabel le hizo detenerse y voltear a verla –Ustedes siempre me dicen que tenga cuidado con las personas a las que me acerco, y me tratan exclusivamente como una niña, así que quiero pedirte que tú también tengas cuidado
-¿Acaso Lucy y tú tienen una alianza?
-No, nada de eso –respondió con suavidad –Me refiero a que, si vas a cuidar de ella, no intentes que todo el peso recaiga sobre ti. A lo mejor a Lucy no le importa, pero los demás, y yo, haremos lo posible por ayudarte si así lo necesitas. Y también por ayudarla. Sinceramente, me da algo de pena…

Asintió, sonriendo, y reanudó su caminata.

Dijo que iba a buscar a sus compañeros y a la chica, pero realmente caminó sin rumbo fijo. Pensaba en si había elegido bien al decir que le ayudaría, ¿qué pasaría si ella nunca recobraba sus memorias? O peor aún, si resultaba ser un truco, justo como Lucy decía. Pero ella no parecía una amenaza. No parecía que hubiera algo de malo en su persona. Tal vez su rostro inocente le hacía pensar eso, y había algo en ella que le hizo simpatizar inmediatamente. En cierto modo, confiaba en ella y creía en su inocencia.

No pensó en nada más. No pensó en lo idílica que era su vida como Frontier Brain, o en las batallas pokémon que ganaría o perdería en el día. Pensaba en la pobre y desafortunada joven que no recordaba nada. Sus reflexiones fueron interrumpidas cuando sintió un suave jaloneo, como si su chaqueta se hubiera atorado con algo mientras caminaba. No era que se hubiera atorado: la joven estaba jalándolo.
-Disculpe –profirió mientras lo soltaba –Estuve llamándolo desde hace rato, pero no me escuchó. Creí que estaría ignorándome, pero si no lo seguía probablemente no iba a poder verlo otra vez
-No, está bien. Estaba algo distraído –buscó con la mirada a Noland y Tucker, pero no los vio por ningún lado; ella supo que era momento de explicar
-Sí… todo estaba bien al principio. Entonces dijeron que iban a buscar algo y que volverían pronto, pero al parecer se olvidaron de mí…
-Sí, son algo olvidadizos. Debí haber hecho algo antes de que te arrastraran con ellos
-No, estuvo bien… al menos mientras estuvieron conmigo. Me ayudaron a calmar mis nervios

Él le sonrió y sin pensarlo, en un inocente jugueteo, la despeinó. Cuando quitó su mano, notó las mejillas totalmente ruborizadas de la chica.
-Ah… sí… vamos, tienes que descansar un rato. Después te mostraré el sitio

Lo miró con algo de desconfianza. Sabía, muy arraigadamente, que él no iba a hacerle daño, pero no podía evitar sentirse así. Como si pudiera leer su mente, Brandon suspiró, algo cansado por los eventos del día que apenas iniciaba. Si mostraba algo de enojo, podría hacer que ella huyera y, aunque no quiso reconocerlo por unos segundos, ella era su responsabilidad.
-No te haré nada malo, ¿recuerdas que dije que te ayudaría? –Ella asintió –Ven, podrás dormir todo lo que quieras cuando lleguemos

Caminó detrás de él por un momento, y un rato después, decidió ir a su lado. La chica lo miró mientras caminaban, y decidió dejar de lado el lenguaje formal. Sabía que él no se molestaría, y entre más lo miraba, más cómoda se encontraba al estar con él. En el fondo, estaba agradecida que, de todos los Frontier Brains, fuera Brandon quien la encontrara.
-No he visto ninguna casa por aquí… -comentó -Ah… hace rato vi un mapa de la isla y no decía nada sobre casas, sólo muestran los hospicios…
-Los mapas públicos están arreglados. Decidimos pedirle a Scott que se omitieran algunos lugares. Después de todo, es nuestra vida privada de lo que estamos hablando. Nadie quiere molestias en su tiempo libre
-Ah… entonces… vives aquí…
-Así es, no es un mal lugar para vivir, te gustará
-¿Los otros también tienen casas aquí?
-Hm… a decir verdad, Greta y yo somos los únicos que no vivimos en nuestras instalaciones
-Entonces, ¿los demás viven en esos edificios raros?

Se detuvieron frente a un mapa público del Battle Frontier. Mostraba las zonas de interés para entrenadores y las instalaciones de batalla. Brandon apuntó a un espacio sobre Pirámide de Batalla. En el mapa era una zona cubierta por árboles, y muy probablemente después de esos árboles había un acantilado.
-Por aquí. El terreno es más grande. Hay un espacio abierto en éste terreno, ahí es donde está mi casa
-Ya veo… -susurró, asintiendo

La caminata fue poco eventual. Incluso si ella recordara algo, muy probablemente no se hubiera animado a contarlo. Él tampoco habló, de todos modos ¿qué cosa podría decirle? Al llegar al punto que había señalado en el mapa, Brandon se detuvo.
-Entonces… hay que ir por aquí –ella señaló hacía los árboles mientras él asentía; la joven no parecía muy convencida

Caminaron hacia los árboles, y entre más avanzaban, ella pudo vislumbrar una senda algo gastada por los pasos del Frontier Brain.
-¿Los otros vienen a verte?
-Sí, casi todos los días
-Oh, deben ser muy buenos amigos
-Sí, además tenemos mucho tiempo de conocernos. ¿Tienes amigos?

Pasaron unos segundos cuando él se dio cuenta de la estúpida pregunta que había hecho.
-Disculpa, lo olvidé… -otra vez, había dicho algo insensato y se puso algo nervioso frente a sus tropiezos –Eh, no… quiero decir que…

Ella río. Por primera vez, Brandon escuchó su risa, y aunque estaba incómodo, sonrió.
-No importa. El que yo esté en este estado no quiere decir que tengas que cambiar la forma en que hablas. Y en cuanto a tu pregunta… -parecía más animada ,tanto que incluso sonreía –Sí, tengo un amigo
-¿Sí? –estaba sorprendido, al parecer ella empezaba a recordar cosas
-Tú -le dijo –Gracias, no tenías por qué ayudarme. Pero creo que eso habla bien de ti
-No podía dejarte sola. Además, estoy seguro que los otros hubieran hecho lo mismo por ti

Cuando se dio cuenta, estaba en un claro. La casa estaba ahí, en medio del gran espacio. Dos pisos, de tamaño mediano y pintada de un increíble y puro blanco. Ella corrió y se fijó por las ventanas, pero para su decepción, las cortinas tapaban todo lo que hubiera adentro. Él abrió la puerta, hecha de una madera barnizada y algo oscura, y la invitó a entrar primero. Entró, y recorrió en un veloz tour el recibidor, por donde tenía acceso directo, de lado izquierdo, a la sala, y de lado derecho a una cocina-comedor. Por la sala podía entrar a un pasillo, que llevaba a una habitación con las escaleras que dirigían al segundo piso, y al lado de éste cuarto, a la recámara del Frontier Brain (la cual era el único acceso al baño). La chica volvió hacia la habitación de las escaleras, y subió por ellas, corriendo. En el piso de arriba había una sola habitación, un cómodo estudio, lleno de libreros a su vez llenos de libros. Estaba tan emocionada que olvidó comportarse seriamente. Bajó las escaleras lentamente, algo decepcionada de su forma de actuar. Brandon la esperaba ahí, y vio su expresión de malestar.
-¿Qué pasó?
-Es que… -bajó la cabeza e hizo una reverencia en señal de disculpa –No debí haber corrido alrededor de tu casa de esa forma
-No tienes que disculparte tanto. De todas formas, vas a estar viviendo aquí por un tiempo

Hubo otro silencio. Ella se sentó en un escalón, y meditó unos minutos.
-Quisiera poder tomar una ducha
-Ve, ya sabes dónde está todo
-Es que la niña seria tiene razón, no tengo nada de ropa para usar –miró los jirones que tenía por camiseta, decepcionada -Ésta que estoy usando está tan sucia y rota…
-Por lo mientras puedes usar una de mis camisas –le dijo, ella levantó la mirada con una sorpresa bárbara
-Eh, pero…
-Sí, es ropa de hombre, pero es sólo por un tiempo. Te acompañaré a comprar algo mañana, o cuando quieras
-Me estoy sintiendo algo incómoda –contestó ella, un poco sonrojada –Después de todo, me siento como una molestia y tú has demostrado, en estas pocas horas, ser muy bueno conmigo. Quisiera poder hacer algo por ti en un futuro
-Por ahora procura estar cómoda, con eso me basta. Piensa que soy un buen amigo que conociste en tu infancia

Caminaron en silencio hasta la habitación, donde Brandon rebuscó en un ropero una camisa de color azul, algo decolorada. Le entregó la camisa y una toalla. Mientras ella caminaba al baño, él se acostó en la cama, dispuesto a pasar tiempo con sus pensamientos.

Ella jugueteó con las llaves de la regadera hasta que el agua fría cayó sobre su cuerpo. Tiritó y se alejó velozmente. Cuando pudo establecer un punto entre el agua fría y la caliente, se paró debajo de los chorros de agua. Le ardían los arañazos, tenía moretones en algunas partes del cuerpo y su cabeza dolía. Y lloró. Porque no sabía qué le pasó, quién o qué le hizo eso, y más que nada, de tantas personas en el mundo, ¿por qué le tenía que pasar a ella? Pero estaba agradecida de haber estado en el camino de una persona como él y, ciertamente, fue un alivio que él aceptara ayudarla, pese a que ninguno sabía qué hacer.

Algo pasó por la mente de Brandon, y no supo cómo no pensó en ello antes. Pokémon. ¿Dónde estaban los pokémon de la chica? Si estaba en Pirámide Batalla, si llevaba consigo una mochila de expedición, ella debía ser una entrenadora pokémon. ¿Qué había pasado con sus compañeros?, ¿por qué no estaban cerca? Ojalá fuera tan fácil preguntarle, pero no tenía caso si ella ni siquiera recordaba su nombre.

Pasó varios minutos pensando en los posibles pokémon que ella tendría, cuando escuchó las pisadas de la chica. Volteó instintivamente a verla, pero al mirarla cubierta sólo por su camisa, desvió su atención al techo en señal de caballerosidad, o vergüenza.
-Necesitaba esa ducha, gracias –comentó mientras exprimía su cabello con la toalla –Me siento mejor ahora
-Me alegra escuchar eso –respondió sin quitar la vista del techo –Tengo que volver a Pirámide Batalla. Te quedarás sola unas horas –la chica frunció el ceño ante esas palabras –Volveré lo más rápido que pueda, no quisiera dejarte sola mucho tiempo. Hay muchos libros allá arriba, puedes tomar los que quieras. O puedes dormir, o ver algo de televisión. Lo que se te antoje
-Gracias, Brandon

Él sonrió al escucharla decir su nombre. Algo más tranquilo, se levantó de la cama y procuró mirar el rostro de la chica. Le sonrió levemente, se despidió de ella y sin más, se marchó. La joven sintió su corazón latir a prisa. Sentía algo de emoción y nostalgia y, más raro aún, sintió que conocía esa sonrisa. Ella se abrazó a sí misma, algo ruborizada, algo contenta, mientras el suave aroma de la camisa la invadía.

Cuando el senderista vio a Brandon entrar a Pirámide de Batalla, corrió hacia él. Estaba algo agitado, lo cual alarmó al Frontier Brain sobremanera al verlo aproximándose.
-Oh, no es nada –le dijo al ver su rostro preocupado –Bueno, no lo sé… encontré la mochila de la chica, ya la aparté de las otras. Me tomé la libertad de revisar sus cosas: tenía muchos objetos que usan los entrenadores. Creí que era todo, pero por suerte encontré algo que puede ser importante –rebuscó entre sus bolsillos y le entregó una tarjeta –Es su identificación de entrenador
-Eileen… Según ésto tiene 20 años y es de… ¿Kanto?
-Sí, al menos ahora sabemos que la chica se llama Eileen. Intenté pedir más información por teléfono de larga distancia, pero me dijeron que no podían darme esos datos. Heh… Burócratas…
-Es un gran avance. Gracias, Vreneli
-A todo esto, ¿ella está bien?
-Sí. Está en mi casa ahora mismo
-¿Se irá temprano hoy, jefe?
-Eso es lo que quiero. Me siento algo mal por dejarla sola
-Bueno, usted es el jefe de ésta instalación, puede traerla si así lo quiere –Vreneli sonrió, juguetonamente –Un poco de ayuda no me vendría nada mal, y estoy seguro que ella animaría mucho éste lugar

Brandon rió ante la sugerencia de su empleado. Por segundos pensó seriamente en traerla con él la próxima vez, pero pronto descartó la idea.