PREGNANT: Capítulo 2
Los primeros días de primavera llamaban a la puerta y se colaban descarados por las ventanas. Lo único que apetecía era salir a la calle y pasear hasta que las farolas se encendieran y los pájaros pararan de piar. Aprovechando el fin de semana todo el mundo estaba fuera: parejas de enamorados, niños jugando...
Por eso, Emma empujaba su carrito por el parque, disfrutando del maravilloso sol de media tarde.
Se paró un momento para ajustar la sombrillita. No quería que el pequeño se quemase su delicada piel. De camino, aprovechó y le dio un besito en la frente. El chiquillo se revolvió en su asiento y bostezó, despertando de su siesta. El día era tan agradable que invitaba aún más a dormir. Se frotó los ojos adormilado y miró a su madre entre los dedos.
-Buenos días, cariño –sonrió y le hizo mimitos- ¿Cómo ha dormido el niño más guapo del mundo? –recibió una risita como respuesta. Sólo con eso le alegraba el corazón para todo el día.
¿Cómo podía alguna vez pensado en deshacerse de él? Ahora no podía imaginarse su día a día sin él, era lo mejor de su vida. Su sonrisa, su mirada... Era tan lindo e inocente.
-Vaya, ¿quién se ha despertado? –sonrió Will asomándose también por detrás de Emma. El pequeño John*(N/A) gimió y extendió las manos hacia él- ¿Qué te parece si vamos a ver los patos? –aplaudió y se revolvió en su asiento exigiendo ser liberado. Will le soltó el cinturón y lo cogió en brazos, haciéndole saltar por los aires y carcajear como el niño que era.
Emma les siguió hasta el estanque empujando el ahora vacío cochecito. Si había algo que le gustase más que su hijo, era su hijo en brazos de Will. Las dos personas más importantes de su vida. Nunca se olvidaría de la primera vez que los vio juntos. Fue en el hospital, tras el nacimiento. Ella estaba dolorida y no era capaz de moverse de la cama. Por eso era Will el que se paseaba de arriba abajo por la habitación meciendo al bebé en sus brazos para conseguir que se durmiera. Fue la primera vez que vio los ojos de Will brillar de aquella forma. Y se volvió a enamorar de él.
Ahora, allí estaban de nuevo, casi tan emocionado como el pequeño de ver moverse a los animales sobre el agua. Se los señalaba y le decía el color.
-¿Cuál te gusta más? –preguntó. John se echó hacia delante tratando de llegar hasta ellos. Si no fuera porque Will lo tenía bien cogido, seguramente habría caído directamente al agua- Sí, a mí también me gusta más el blanco y negro... aunque aquel marrón es también bastante bonito.
Emma buscó en la bolsa. Les habían sobrado varios bocadillos de la merienda. Hizo pedacitos con el pan y dejó caer un par de ellos al agua. Rápidamente, los patos corrieron en busca del alimento. El pequeño soltó un gritito de alegría. Su madre le dio unos pedacitos para que los tirase él mismo. El primero cayó al agua, pero el segundo pareció pensárselo mejor y se lo metió en la boca. Sonrió satisfecho y extendió la mano hacia ella para que le diese más. No tardó en devorarlo.
-¿Y los patitos? ¿No comen? –preguntó Emma riendo, pero se lo cortó la sonrisa.
-¿Qué pasa, Em? –preguntó siguiendo su mirada para ver que la había alterado tanto.
Le vio a unos cincuenta metros de donde ellos estaban, paseando con una mujer alta y morena. Parecía que estaban hablando y riendo. En definitiva, pasándoselo bien. Quizás incluso bromeando. Entonces, él la cogió por la cintura y se besaron apasionadamente, de una manera que a Will nunca se le habría ocurrido hacer en público.
Le echó un vistazo a Emma y vio su cara descompuesta. Hacía tiempo que habían dejado a Carl en un segundo plano, pero no debía de ser agradable para ella reencontrarse con el hombre que la había traicionado.
-Vamos a casa, ¿no? Aquí hay alguien que se muere de hambre –procuró mantener un tono desenfadado para quitarle hierro al asunto, aunque era él el primero que tenía ganas de acercarse de darle una buena tunda por imbécil.
La empujó suavemente con su mano libre y dejó a John en el carrito, pero este se revolvía y revolvía. No quería sentarse, no era tan divertido.
-No quiero que le vea –dijo Emma mientras acababa la discusión masculina cogiendo al niño con un brazo y empujando el cochecito con el otro.
Will casi tenía que correr para mantenerse a su lado.
-Sabes que no te puede hacer nada. Ignórale, como si no estuviese.
-No es tan fácil, Will. Está ahí, puedo verle. No se me va a olvidar nunca. Es un... un... –se calló para no decir una mala palabra delante del pequeño.
Lo intentaba, pero por mucho que quisiera no le era sencillo entenderla. Para ella todo el asunto de Carl había sido bastante traumático, sobre todo pasar de ser una feliz mujer casada a una madre divorciada en poco más de un par de meses. Y un bebé no era cosa fácil para Emma. Resultó ser mucho más desordenado de lo que había pensado y junto con su recaída al OCD durante sus últimos meses de embarazo, había convertido el primer año en un auténtico infierno. Pero por fin se estaba empezando a asentar todo, y cuando se acostumbraba a su nueva vida aparecía aquel patán. No se habían visto desde que firmaron su divorcio.
En cambio, para él había sido una segunda oportunidad de intentarlo y que no dejó desperdiciar. Era como si todo lo que deseaba le hubiese tocado en un pack. Porque aunque aquel niño no era genéticamente suyo, para él como si lo fuera. Había estado con Emma durante todo el embarazo y le había sentido en su interior, después nacer y ahora le veía crecer. ¿Qué más daba si tenía la nariz de otro hombre y no la suya? Al menos tenía la sonrisa de su madre.
-¿Haces la cena mientras le doy un baño? –le preguntó Emma cuando llegaron al piso. Todavía parecía nerviosa.
-Claro –la besó para tranquilizarla. Viendo que no surtía efecto, volvió a repetir una y otra vez hasta que su insistencia la hizo reír.
-Estoy bien –sonrió apartándole con suavidad.
Llenó la bañera alternando el agua fría y la caliente hasta que consiguió la temperatura perfecta. Siempre tenía cuidado de que así fuera.
Nada más el cuero de John entró en contacto con el agua empezó a chapotear.
-¡Hey, hey! –exclamó cubriéndose de las salpicaduras- Eres un saco de nervios inquietos. Siempre has sido así, incluso cuando aún estabas en mi barriga reaccionabas de las misma manera cada vez que me duchaba. Aunque, claro, tú no te acuerdas, ¿verdad, cariño? No, por supuesto que no. Yo te lo cuento.
"Me encantaba que todo estuviese limpio, sobre todo yo misma. Así que todos los días entraba en el plato de ducha y empezaba a caernos el agua cálida encima. Cada vez me costaba más manejarme yo sola. Mi vientre empezaba a crecer y apenas quedaba espacio entre la pared y tú. Siempre tenía cuidado de no darte. Suficientes remordimientos tenía ya de traerte al mundo sin un padre para que encima te crease alguna malformación. Entonces sí que no podría sacar fuerzas para seguir adelante. Aunque la verdad es que en esos momentos yo no sabía si serías chico o chica, si necesitarías más un padre o una madre. Quizá por eso nunca quise saber tu sexo.
La primera vez que fui al ginecólogo estaba realmente asustada. Nunca antes había ido, no me había hecho falta. Además, me daba miedo que descubrieran que aún era... bueno, eso. Durante el resto del embarazo me había negado a ir porque sería aceptar que estaba teniendo un bebé. Fue Will el que me obligó a ir. Estaba más asustado que yo porque me ocurriese algo. Nos ocurriese algo. Creo que si no me hubiese acompañado habría huido al escuchar que me llamasen a consulta.
Trató de distraerme lo más que pudo. Me contaba cosas divertidas pero yo lo único que podía pensar era en lo que me esperaba detrás de la blanca puerta.
Sentí su mano apretando la mía y me sobresalté. Hacía rato que había dejado de escucharle y se había dado cuenta.
-Tranquilízate. No te van a hacer nada doloroso –le miré nerviosa sin terminar de creer sus palabras.
-Tú nunca has venido, Will.
-Sí, vine con Terri –contestó triunfante, pero pronto le derribé de su gloria.
-Utilizó la ecografía de otro bebé. A ella no le hicieron nada –incluso pude oír su corazón estrellarse. Recordarle la hija que nunca tuvo era un golpe bajo- Lo siento –me arrepentí rápidamente- Lo que quiero decir, Will, es que tú eres un hombre.
Caímos en silencio, donde volví a sumergirme en mis pensamientos.
-No estás sola –susurró, y sentí sus cálidos labios besar suavemente mi mejilla. Ese simple gesto hizo que mi corazón diese un vuelco y me sintiese capaz de enfrentarme a cualquier cosa. Era la primera vez que teníamos un gesto tan íntimo desde que dejamos lo nuestro.
Sonreí y bajé la mirada a mi regazo sonrojada.
Nuestra relación había mejorado mucho las últimas semanas a partir del momento en el que me sinceré en mi despacho. Pero seguíamos siendo solo amigos, nada más. Creo que teníamos miedo de correr y volver a meter la pata. Él prefería tenerme así a volver a verme en brazos de otro hombre. Eso me empujaba a recuperar sentimientos ocultos.
-¿Sabes? Creo que ya te pueden decir si es un nene o una nena –apretó mi mano y la llevó a su regazo- ¿Has pensado nombres?
-En realidad, prefiero no saberlo todavía.
-¿Sorpresa?
-Más o menos –dije pasando mi dedo por encima de mi nueva camiseta premamá. Casi toda mi ropa se había quedado pequeña. Ninguna falda me cerraba. Así que me había encontrado a mi misma en la sección que ni por asomo se me había ocurrido que pisaría en al menos unos años más.
Una muchacha joven me llamó y me levanté con una determinación que hasta yo misma me asusté. Pero cuando iba por medio camino me volví.
-¿No vienes? –le pregunté a Will haciendo un ademán con la cabeza que señalaba hacia la puerta.
Una sonrisa iluminó su rostro y de un salto me siguió."
El agua se estaba enfriando tras el largo monólogo, así que volvió a abrir el grifo de agua caliente.
Le lavó la cabeza con cuidado para que no le entrase jabón en los ojos. Esa parte era la que menos le gustaba al pequeño. Protestó apartando las manos de su madre, pero luego no se volvió a quejar más mientras le pasaba la esponja por el resto del cuerpo. Estaba demasiado entretenido hundiendo y sacando el pato del agua como para que le importase.
En realidad, no había entendido nada de lo que Emma le había estado contando, pero ella ya lo sabía. No había sido esa su intención, sino más bien simplemente comunicarse con él. Era bueno para su desarrollo social. Otra de las razones era simplemente desahogarse ella misma. No había tenido a nadie con la que haber de eso. Will siempre estaba allí dispuesto a escucharlas, pero ese tipo de cosas prefería hablarlas con alguien diferente.
Cogió otro de los muñecos de plástico para jugar con John. Cuando se reía de esa forma realmente le entraban ganas de comérselo a besos. Tenía que hacer un esfuerzo enorme por no dejarle las mejillas marcadas por sus labios.
Gritó y la apartó. No le dejaba jugar tranquilo.
Le dejó chapotear un poco más mientras recogía el baño y se desmaquillaba, siempre vigilándole por el espejo.
Mientras el vapor les envolvía, recordó.
-¿Sabes, cielo? Hacía un día tan bonito como hoy cuando naciste.
"Me habían empezado las molestias varios días antes, pero aún así insistí en salir. No quería quedarme en casa con ese sol tan espectacular. Casi tuve que arrastrar a Will, pero al final lo conseguí.
-Deberías descansar, no hartarte a andar de arriba abajo –me regañó. Yo simplemente sonreí acercándome a un escaparate de zapatos.
-Vamos, Will. ¿A ti te gustaría quedarte encerrado? –le miró por el reflejo del cristal antes de fijarse en los zapatos.
-Si fuera tú, sí –contestó sin mucho convencimiento.
-Cuando seas tú el que lleve un bebé en tú vientre días y noche, entonces hablamos –fue suficiente para dejarle callado.
Will se asomó un rato detrás de mi hombro, pero como no le parecía interesante, se separó un poco.
-Uch... –murmuré distraídamente pasándome la mano por el vientre bajo. Menudos movimientos que tenía por dentro- ¿Sabes? –dije continuando andando. La mano de Will cogió la mía libre- He estado pensado sobre nosotros –observé nuestros dedos entrelazados.
-¿Y qué has pensado? –se contuvo en besar mi mejilla. No quería estropear lo que fuese que iba a decirle.
-Pues que... –me corté, parándome de golpe. Me llevé las manos hacia el bebé. Esta vez había sido más fuerte que las demás con diferencia. Me apoyé en la pared tratando de recuperarme. Cuando creí que se me estaba pasando, regresó.
-¿Estás bien, Em? –preguntó preocupado.
Gemí y se lo tomó como un no.
Me encogí sobre mi misma y sentí sus manos sobre mi espalda tratando de calmarme.
-Creo que... que... –jadeé- ¡Will!
Ambos estábamos entrando en pánico y no era lo mejor en absoluto. Así que Will se obligó a sí mismo a mantener la calma. Al menos uno de nosotros debía pensar con claridad. A ver, ¿qué podíamos hacer? Yo no parecía recuperarme. Si pudiéramos llegar a casa... Pero no podía dar ni medio paso. ¿Y si corría por el coche y me recogía? No, no le iba a permitir que me dejase sola. En realidad, a él mismo le daba miedo hacerlo.
-Voy a llamar a un taxi, ¿vale?
Asentí, aferrándome muy fuerte a la manga de su camisa. ¡Que hiciese lo que quisiese pero que lo hiciese ya! ¡Dios, me parecía que no iban a llegar nunca! Sentí como empezaba a correr la humedad entre mis piernas. Estaba rompiendo aguas.
-¡Will!
-Ya viene, ya viene –intentó tranquilizarme sin éxito.
Un taxi paró en la calzada a un par de metros de nosotros. ¿Hasta allí tenía que moverme? No iba a ser capaz...
Will me llevó en volandas y nos subimos en las parte de atrás. Por regla general, los taxis son sucios, pegajosos y huelen mal, pero en ese momento no estaba para tener en cuenta ese tipo de cosas.
En realidad, no recuerdo mucho a partir de ahí, solo que cada vez me dolía más. Luego llegamos al hospital y allí a la sala de parto. Nunca solté su mano."
Un chapoteo la salpicó, mojándola.
-Hey, ya veo que no te interesa demasiado, ¿eh? –rió limpiándose con la toalla de mano. El pequeño rió y sonrió, ofreciéndole la esponja inocentemente para seguir jugando.
Emma le complació tras un beso en su frente húmeda.
No podía evitar notarlo, tenía algunos rasgos de Carl. Había pasado mucho, pero aún no sabía lo que sentía exactamente por él. Al principio lo había querido muchísimo, tanto que incluso le había amado o creído hacerlo. Si no, nunca se hubiera dado a él. Pero después la abandonó y entonces... eso le dolió como una puñalada en el pecho. Solo ella había sabido como se había sentido. Había llorado, había gritado y había deseado volver atrás, pero no había nada que pudiese hacer. ¿Y ahora qué? ¿Le odiaba? No, no estaba segura de eso. Solo un episodio doloroso de su vida. Sí, eso era. Durante mucho tiempo había deseado que desapareciera, pero la verdad es que no cambiaría a su bebé por nada en el mundo. Así que, en parte, tendría que estarle... ¿agradecida? Todo esto era un poco confuso. En realidad, no quería pensar más en él. Para ella no era el padre de su hijo en absoluto.
-Will es tu papá. Lo sabes, ¿verdad? –dijo tiernamente frotándole con la esponja- Porque te quiere, te cuida y se preocupa por ti, y por mí también. Eso es lo que hacen los papás.
Le pareció que asintió mientras jugaba con los dedos de sus pies.
-Chicos, la cena –Will entró sin llamar, asustándola- Uhh... Que calentito se está aquí.
Y se estaba. El vapor empañaba los cristales de la habitación.
Envolvieron al pequeño en la toalla sacándole de la bañera entre quejas.
-Como tú –solía decir Will- no hay quien le separe de un buen baño y una pastilla de jabón.
Entre los dos le secaron y le pusieron el pijamita mientras daba los primeros bostezos.
-¿Por qué no te das tú una ducha rápida? –propuso Will notando como miraba con deseo- No me importa.
Emma sonrió tentada, pero aún así negó con la cabeza.
¡Cómo la conocía! Sabía perfectamente lo que le gustaba relajarse bajo el chorro de agua cada vez que algo la molestaba. Tenía un bien efecto en ella. Pero John correría a saltar a los brazos de Morfeo en cuanto acabase de comer, y solo se dormía enredando los dedos en su pelo. Mejor se ducharía después más tranquila.
-Vamos, se va a enfriar- le cogió en brazos, pero para su sorpresa se revolvió entre ellos y mirando a Will gritó:
-¡Papá!
Era su segunda palabra. Hasta entonces solo había sabido decir "Mamá".
-¿Le has oído, Emma? –preguntó Will emocionado. Sus ojos se iluminaron al igual que su rostro.
Dios, qué guapo era cuando estaba feliz.
-¡Sí, lo he oído!
-¡Ha dicho papá, ha dicho papá! –gritó cogiéndole en volandas y alzándolo por encima de su cabeza- Has dicho papá, muchacho.
-Papá –repitió estirando las manitas para tocar su cara.
Le abrazó fuerte y luego cogió a Emma por la cintura para besarla.
-Me ha llamado papá –se emocionó y una solitaria lágrima bajó por su mejilla.
-Porque lo eres, Will. Tú eres su padre –sonrió limpiándosela con un beso.
FIN
*N/A: El nombre del niño es por John Stamos, que interpreta a Carl en la serie. Me parecío adecuado. Además, soy pésima con los nombres T_T
Espero que haya gustado, y también espero publicar pronto otros fics de uno o dos capítulos ^^
