DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.


Gracias a su ingenio, Phichit logró desarrollar un método para comunicarse con Seung Gil.

Puesto que no se permitía el intercambio de información entre el Capitolio y los distritos, requirió de idea una manera para poder hablar con su amigo más allá de unas cuantas horas cada pocos meses, optando por algo muy obvio: cartas.

"Les mostré algunos de tus accesorios a unos amigos de la escuela y les encantaron. Claro que no les dije quién los hizo, justo como me pediste, pero están ansiosos por ver más y concuerdan en que tienes mucho talento. Mi madre me está enseñando a trabajar con otros materiales además de tela y me dejó que vaya los fines de semana con un amigo suyo que es diseñador para que gane más experiencia y amplíe mis horizontes. Si todo sale bien, mi madre me ayudará a confeccionar algunos de mis diseños y podré exhibirlos en la boutique. Otra cosa, ¿recuerdas a ese chico, Ogi, que siempre me molestaba y confundía a mis hamsters con ratas a propósito? Al parecer a su padre le dieron un puesto administrativo en el Distrito 2 y tuvo que mudarse. Pensé que al menos dejarían que se despidiera, pero fueron por él en plena clase y sólo se lo llevaron así nada más… "

Lo más simple resultó ser lo mejor. Phichit escribía cartas que ocultaba entre sus ropas y cubría con parches de tela como si fueran bolsillos, los cuales cerraba con un hilo escondido en un borde, para dar la apariencia de estaban sellados y no eran sino simples adornos. Al final, simplemente tenía que intercambiar sus mensajes por los que Seung Gil le daba, los cuales pese a que eran mucho más cortos ("Lunes: Fui a la escuela, entrené, practiqué por mi cuenta en casa, traté de convencer a mis padres que me dejaran tener una mascota sin éxito otra vez…") invariablemente le causaban una inmensa alegría.

-¡Ahí está Guang Hong!-exclamó Phloi, señalando emocionada a la pantalla, en la que se mostraba al ganador más reciente de los Juegos del Hambre.

Guang Hong Ji, de doce años, originario del Distrito 9, es el ganador más joven en mucho tiempo. Sinceramente pocos confiaron en que triunfaría y muchos más adjudicaban su victoria a un golpe de suerte, puesto que su rival restante, una tributo profesional que se destacó entre los demás y mató por sí sola a buena parte de los otros chicos, seguramente hubiera ganado de no haberse confiado tanto. Al final, Guang Hong no tuvo que hacer nada. Ella pereció por su propia mano, al comerse unas bayas venenosas.

Phichit lo recordó de en el desfile. Lo vistieron con un traje decorado con distintos tipos de grano que le quedaba demasiado grande, y durante la entrevista se mostró como un competidor fiero y agresivo, toda una máquina de matar… lo que no engañó a nadie. Durante todos los Juegos, el jovencito se ocupó de esconderse y pasar desapercibido. Incluso ahora, que se suponía era su gran noche, al verlo sentado en aquel sillón en el escenario, encogido sobre sí mismo y jugando a entrelazar sus dedos, mirando a cualquier sitio excepto a la pantalla que proyectaba sus mejores momentos en los Juegos, Phichit pensó que era casi como deseara estar en otro lado. Cuando el presentador le preguntó por sus planes a futuro, la respuesta del joven vencedor enterneció a la audiencia:

-Sólo quiero irme a casa.

-No se ve como un vencedor-opinó Prayut, externando en voz alta lo que rondaba por la mente de Phichit.

Sobre todo si le comparaba con los anteriores vencedores: JJ y los hermanos Crispino, que habían estado orgullosos, charlando sobre sus triunfos con entusiasmo y celebrando el recuento de sus victorias.

-Seguro aún no lo asimila del todo-sugirió Somsak a su hijo-A veces pasa, sobre todo cuando son tan jóvenes-concluyó, mirando fugazmente a Wattana, su mujer.

Phichit sabía que esos fueron unos Juegos especialmente intensos para su madre. Siempre lo eran, cuando tributos cercanos a su edad o a la de sus hermanos resultaban elegidos. En ocasiones era como si se sintiera culpable. Suponía que en éste caso se debía a que en el fondo, deseaba que el pequeño Guang Hong ganara, por encima del tributo el distrito 6, del que ella era la estilista encargada. Wattana siempre le reiteró a Phichit que la lealtad de un estilista, debía estar con su tributo, y apoyarlo aún si sus posibilidades de ganar fueran mínimas. Su deber, era animarlos hasta el final. Por eso, si en efecto deseó que ese chico del Distrito 9 ganara, con toda probabilidad sentía un inmenso remordimiento.

Phichit posó su vista en la carta más reciente de Seung Gil, dónde le describía de manera resumida sus últimos éxitos del entrenamiento, y de pronto se percató, que en un año su amigo sería el representante del Distrito 1.

Se suponía que se ofreciera voluntario al cumplir los catorce años, o al menos era lo que su familia esperaba. Phichit experimentó una mezcla de emoción y angustia. Por un lado, le entusiasmaba la perspectiva de ver a su querido amigo en el escenario, disfrutando de su merecida victoria. Por otro, temía que resultara como en éstos Juegos, en los que la competidora más capaz no fue quien ganó.

"No, conozco a Seung Gil y él nunca cometería su error, él no se confiaría en exceso"

Su amigo es valiente, centrado, hábil, fuerte e inteligente. Posee todos los rasgos característicos no sólo de un tributo digno, sino también de un vencedor. Definitivamente, si alguien puede ganar es él.

Así que, durante la siguiente Cosecha, Phichit esperó, impaciente, a que Seung Gil se presentara en medio del tropel de voluntarios del Distrito 1. Y siguió esperando… y nada ocurrió.

Al final, el elegido fue otro chico, y el desconcierto del futuro estilista fue enorme al ver que su amigo ni siquiera estuvo entre los prospectos a ser elegidos. ¿Habría pasado algo?

"Tal vez… se lesionó en su entrenamiento, o sus padres quieren que practique más antes de que participe" reflexionó, tratando de identificar la opción más viable sin que ninguna lo convenciera del todo. Seung Gil se estuvo preparando para ese momento prácticamente toda su vida, ¿por qué desaprovecharlo?

Para descubrir la respuesta a esa pregunta, Phichit requirió esperar un par de meses. Su madre estaba trabajando en los Juegos del Hambre, lo que dejó a su padre como encargado exclusivo de la boutique Chulanont con todo lo que eso implicaba. Aunque un viaje estaba programado al Distrito 1 para recoger los nuevos accesorios, fue indispensable que Phichit se quedara en casa para cuidar a sus hermanos y ayudar con el negocio, lo que no impidió que interrogara a su padre sobre su amigo no bien regresó.

-No tuve oportunidad de verlo, su madre dice que está bajo un entrenamiento intensivo, así que es mejor no molestarlo y no quise intervenir.

Sonaba lógico y sin embargo Phichit continuaba intranquilo, como si estuviera pasando algo por alto que no conseguía explicarse.

Sus cartas a Seung Gil se acumulaban, ya no tanto describiendo los sucesos de su vida diaria sino llenándolas de preguntas y palabras de aliento. Deseaba ser capaz de entregárselas pronto.

Y tuvo esa oportunidad exactamente tres meses después. En ésta ocasión, le tocó viajar junto a su madre y su hermanita Phloi, lo que representaba un inconveniente puesto que tendría que estarla vigilando, sin mencionar que ella tendía a ser especialmente entrometida y si no era prudente, arruinaría sus planes por completo. Por suerte, Phichit se caracterizaba por encontrarle el lado bueno a todo lo malo, y ésta vez no fue la excepción.

-¿Ya te he dicho que eres mi hermana favorita?

-Sea lo que sea que vayas a pedirme, la respuesta es no-lo rechazó, frunciendo el ceño-Es la primera vez que puedo venir con mamá y no quiero que lo arruines.

-Únicamente iba a pedirte un favor y por supuesto que tendrás una recompensa…-agregó, celebrando mentalmente al despertar la curiosidad de su hermanita-¿Te acuerdas de ese anillo con forma de girasol que te gustó, y papá no te quiso dar?

-Sí, ¿qué con eso?

-Si me ayudas a distraer a mamá y a la señora Lee lo suficiente como para que pueda hablar con Seung Gil, lo compraré para ti.

-No estoy segura de que un anillo valga tantos problemas-expresó, haciendo un ademán con la mano para indicarle que mejorara su oferta.

-Y te ayudaré a convencer a mamá para que te deje teñirte el cabello de azul.

-Trato hecho-asintió, ofreciéndole su mano para que la estrechara.

Con eso resuelto, Phichit se permitió un cierto alivio. Y al llegar al taller de la familia Lee, descubrió que solicitar la ayuda de Phloi fue lo más acertado. La niña se tomó muy en serio su promesa, deshaciéndose en halagos y asombrándose ante cuanta cosa veía. Hasta llegó a pedirle a la madre de Seung Gil que le explicara sobre el proceso de fabricación de los accesorios, lo que Wattana apoyó, complacida del interés que mostraba su hija, quien por lo general era muy crítica y hablaba sin pensar.

Fue entonces que Phichit se escabulló discretamente, recorriendo el camino que ya sabía de memoria hasta el cuarto de entrenamiento, en el que estaba seguro que encontraría a su amigo. Y no se equivocó.

Seung Gil practicaba frente a un saco de boxeo, a la que asestaba puñetazos y patadas sin errar ni una sola vez. Todos sus movimientos eran precisos y Phichit únicamente acertó a contemplarlo con los ojos y la boca bien abiertos, y sintiendo el color subírsele al rostro. El futuro tributo había crecido desde la última vez que se vieron y ganado algo de peso que el arduo entrenamiento convirtió en músculo. Daba la impresión de tener cuando menos dieciséis años en lugar de catorce.

Uno de sus golpes se impactó de lleno contra su objetivo, que apenas y se movió por no usar la fuera necesaria, y Seung Gil se desplomó, jadeando pesadamente, lo que sacó a Phichit de su ensoñación.

-¿Estás bien?-cuestionó no bien llegó a su lado- ¿Te lastimaste?

Al verlo más detalladamente, notó que estaba empapado en sudor y las vendas que cubrían sus manos y pies a manera de protección estaban desgastadas y raídas, evidenciando que llevaba un buen rato entrenando sin parar.

-¿Qué haces aquí?-inquirió a su vez, con la sorpresa inicial siendo vencida por el enojo- No deberías estar aquí. Vete.

-Hace mucho que no nos vemos, ¿así es como me recibes?-lo rebatió, sin tomarse a mal sus palabras tan frías. Seung Gil se limitó a ponerse de pie, dándole la espalda- Te eché de menos, ¿sabes?

El otro joven vaciló por unos instantes, como si el ignorar a Phichit representara un gran esfuerzo. Al final, se mantuvo firme y evitó mirarlo. Phichit no se dio por vencido.

-Así que… ¿has hecho algo de nuevo?-cuestionó con una sonrisa, ansioso por ver los accesorios más recientes de Seung Gil.

-No. Ya no puedo perder el tiempo con eso-decretó, rehusándose a mirarlo.

-¿Eh? Pero… si tu siempre has…

-Tengo mucho que hacer y me estás distrayendo, así que vete.

-¿Qué ocurre?-increpó, colocándose frente a él, decidido a llamar su atención-Si algo te preocupa puedes contarme, soy tu amigo y puedes confiar en mí-agregó con una sonrisa que el otro se negó a corresponderle- ¡Ah, casi lo olvido! Te he estado escribiendo…-tiró de un hilo para abrir uno de los parches de tela y extrajo una serie de notas- Puedes leerlas durante uno de tus descansos, y yo leeré las tuyas cuando esté en el Capitolio, así tendremos con qué entretenernos hasta que nos volvamos a ver.

Seung Gil extendió su mano, tomó una de las cartas de Phichit… y la rompió por la mitad. Phichit lo contempló atónito.

-Creo que no he sido lo suficientemente claro-retomó Seung Gil, calmado y compuesto-No me interesan tus cartas, no quiero hablar contigo y no deseo verte de nuevo. Así que por favor, déjame sólo.

Decir que Phichit estaba herido era poco. Por más que intentaba pensar si acaso hizo algo para ofenderlo, no se le ocurría nada. ¿Acaso lo decía porque lo consideraba como una distracción en el camino a su meta, que era ser un tributo y luego un vencedor? No, de alguna forma, intuía que su comportamiento ocultaba otra cosa, y que su aparente enfado enmascaraba otra emoción más profunda.

-Yo… lo siento si hice algo que te molestara, de verdad no fue mi intención-se disculpó en tono suave y obligándose a sonreír. Seung Gil fingió no escucharlo y buscó una botella de agua. De pronto, Phichit tuvo una idea-¿Es por lo que pasó en éstos Juegos?

Seung Gil se tensó visiblemente, Phichit adivinó que había dado en el clavo y decidió continuar.

-Comprendo que estés nervioso, pero… te conozco, y sé que de ninguna manera te confiarías hasta ese punto-dio un paso tentativo hacia él-Si alguien puede ganar los Juegos del Hambre, definitivamente eres tú.

-¿Y después qué?

Phichit guardó silencio ante el inesperado cuestionamiento, sin comprender a qué se refería.

-¿Alguna vez has pensado en lo que pasa después de los Juegos?

-Pues…-comenzó Phichit, sopesando las posibles contestaciones en su mente y al mismo tiempo anticipándose a ninguna era la que su amigo esperaba escuchar.

-Por supuesto que no. Tú y yo somos diferentes. De ninguna manera podrías entenderlo…

-¡Podría, si me lo dijeras!-exclamó Phichit, sobresaltando a Seung Gil, puesto que desde que se conocía, jamás le había alzado la voz de ese modo- De verdad me importas y quiero entenderte, pero nunca podré hacerlo si no me hablas. ¿Qué te da tanto miedo? ¿Qué es lo que realmente sientes?

-¡Ya te lo dije! ¡Lo que yo sienta no importa!-replica Seung Gil, también alzando la voz.

Ambos permanecen sin apartar la vista del otro, como si se tratara de un duelo en el que no están dispuestos a retroceder.

-¿Hermano?

Phichit reacciona ante el tímido llamado de Phloi, que los observa en desde la entrada del cuarto, insegura si atreverse a entrar o no. El sentido de responsabilidad de Phichit para con su hermanita puede más y se dirige hacia ella, no sin dedicarle una larga mirada a Seung Gil, indicándole que todavía no han terminado.

-Mamá me envió a buscarte-informa la chiquilla cuando Phichit llega a su lado, y éste nota que luce muy nerviosa.

-Tranquila. Si mamá se dio cuenta de nuestra táctica de distracción, le diré que fue idea mía-la reconforta, sonriéndole y colocándole una mano en el hombro-Y lo del anillo y convencerla de que te pintes el cabello sigue en pie.

-No es eso…-negó Phloi en voz baja, lo que es inusual en ella, que más bien tiende a imponerse y hacerse escuchar-Mamá platicaba con la madre de tu amigo y… creo que oí algo que no debía-revisa que no haya nadie presente a su alrededor y aprieta los puños con fuerza-Mataron a alguien, un maestro y a su familia. Dijeron su nombre, Max… algo.

-¿Maximus?-finaliza Phichit y ella asiente.

Demora unos instantes en razonar de dónde lo conoce, hasta que de pronto lo recuerda de las cartas que Seung Gil le envió. Maximus era un instructor de la academia de entrenamiento a la que asistía, un vencedor previo de los Juegos del Hambre y todo un ejemplo de vida. Era un esposo y padre de familia ejemplar y se dedicaba con esmero a preparar a los futuros tributos de su distrito sin esperar ninguna otra remuneración, salvo la satisfacción de perpetuar el honor del Distrito 1. A pesar de que su triunfo ocurrió hacía algunos años, seguía siendo un consentido del Capitolio.

Todo tuvo sentido. Era probable que Seung Gil se hubiera enterado de aquella desafortunada noticia y lo desconcentrara lo suficiente como para no desear participar en los Juegos.

-Pero eso no puede ser… ¿verdad?-dijo Phloi, esperanzada-La gente no mata a otros sólo porque sí. Eso no…-se interrumpe y Phichit se apresura a abrazarla.

-Tranquila. Eso a veces pasa, pero es algo muy raro-su hermanita lo contempló en silencio, con una pregunta que si bien no hizo en voz alta, Phichit la supo de inmediato-A nosotros nunca nos pasará. El Capitolio nos protege, estamos a salvo, en serio.

Años después, Phichit reflexionaría en la ironía de todo aquello. ¿Por qué la muerte de un desconocido alteraba tanto a Phloi y a cambio estaba perfectamente bien con ver a otros chicos matarse en los Juegos del Hambre? Quizás porque eso convertía a la muerte en algo real e injustificado, a diferencia de los Juegos en los que no era sino una simple atracción. Sin embargo, tendrían que pasar años para que Phichit reflexionara cuidadosamente al respecto.


"Seung Gil: Sé que me prohibiste escribirte de nuevo, pero igual lo haré, con la esperanza de que aún si no vuelves a escribirme una carta, al menos leerás las mías…"

El incidente con el maestro de Seung Gil se hizo público y salió en televisión, con gente externando su indignación por tan horrendo crimen en contra de uno de sus vencedores favoritos y su familia, y aprobando la eficacia del sistema de justicia al aprehender y castigar tan rápido al perpetrador, uno de sus colegas quien se reportaba siempre estuvo celoso de su víctima por haber tenido la oportunidad de participar en los Juegos. Lo curioso, pensó Phichit, fue que en las pocas imágenes y videos que mostraban al asesino, no lucía como tal. Éste era mucho más bajo y delgado que su víctima, resultando difícil de creer que en serio hubiera logrado imponerse ante Maximus. Además, había algo raro en sus ojos y su expresión, como si estuviera… ido y no muy consciente de su realidad. ¿Tal vez se disociaba, incapaz de cargar con el peso de sus acciones?

También, Yakov Feltsman apareció para hacer un comunicado especial con motivo de la tragedia:

-En el Capitolio apreciamos y honramos a nuestros héroes, los vencedores y siempre haremos lo posible por garantizar su seguridad, así como la del resto de nuestros ciudadanos. Nuestro único interés, es su bienestar. Espero que otros niños y niñas recuerden y tomen a Maximus como un ejemplo a seguir…

"Lo que dije es en serio, quiero entenderte y de verdad lo intento, pero me cuesta trabajo si no me lo cuentas todo. ¿Por qué dices que somos diferentes? ¿Es sólo porque vivo en el Capitolio y tú en uno de los distritos? ¿En qué piensas y qué sientes? ¿A qué le tienes tanto miedo?"

Pero Seung Gil se rehusaba a responderle. Hasta llegó al punto de evitarlo directamente, programando entrenamientos fuera de su casa el día en que Phichit y su familia iban al Distrito 1 para recoger los accesorios. Lo único que Phichit podía hacer, era dejar ocultas sus cartas en el interior del saco de boxeo que su amigo usaba para entrenar, deseando que las recibiera y leyera, esperando que ojalá eso bastara para convencerlo de derribar la barrera que había interpuesto entre ambos y cuya causa no podía explicarse.

-¿Por qué te importa tanto?-quiso saber Phloi en una ocasión tras un viaje infructuoso para Phichit, en que para variar, Seung Gil rechazó sus esfuerzos por contactarlo-Ya tienes muchos amigos aquí, y él es sólo un chico de los distritos.

Comprendía el razonamiento de su hermanita. Por su carácter amable y buena disposición, a Phichit le sobraban los amigos. Pero Seung Gil era diferente… único. Jamás había conocido a alguien como él. Y también, le hacía pensar en Cao Bin, su antiguo amigo del que hacía mucho no recibía noticias y del que no podía olvidarse. Perder a Cao Bin le dolió muchísimo, no quería renunciar a otra amistad.

-Porque siento que Seung Gil es alguien que en serio vale la pena-le respondió, sin comprender él mismo a qué se refería-Que es más de lo que aparenta…

"Y no sé porque se empeña en ocultar lo maravilloso que es…" medita, deteniéndose a contemplar la pulsera que le regalara en su primera visita, acariciando las cuentas de colores con cariño "De hecho, ahora que lo pienso… Seung Gil siempre me regala todos los accesorios que fabrica, pero yo nunca le he dado algo a él…"

Tuvo un repentino arranque de inspiración. ¿Quizás al fin encontró una manera de demostrarle a Seung Gil que en serio le importaba?

"Bueno, la cuestión es… ¿qué podría darle?"

La primera respuesta que le vino a la mente, fue comprarle algo lujoso y caro, como se acostumbraba hacer en el Capitolio. Sin embargo, recordó que Seung Gil enfatizó sus diferencias la última vez que hablaron y tuvo que replantearlo. Se trataba de probar que trataba de comprenderlo y para ello, tuvo que detenerse a pensar cuidadosamente acerca de su amigo.

"Siempre se está entrenando, pero eso no es lo único que hace. También es excelente el trabajo manual, es muy creativo y aprecia los detalles…"

Una idea le llegó de pronto. Entre las lecciones con su madre, la escuela, ayudar en el negocio familiar, cuidar de sus mascotas y su preparación como diseñador, apenas y disponía de tiempo libre. A pesar de eso, estaba decidido a preparar un obsequio para su amigo que con suerte abriría las puertas de la reconciliación.


-¡Prayut! ¿Ya te he dicho que eres mi hermano favorito?

El jovencito lo miró con desconfianza, arqueando una ceja.

-Sea lo que sea que vayas a pedirme, la respuesta es no-informó sin dudar, usando las mismas palabras que su gemela, aunque en un tono mucho más temeroso.

-Tan sólo es un pequeño favor-pidió, juntando sus manos-Necesito que le entregues algo a Seung Gil.

En esa ocasión, los encargados de ir al Distrito 1 serían el padre de Phichit y su hermano Prayut. Phloi estaba enferma y si bien las eficientes medicinas del Capitolio la sanarían pronto, Wattana se comportó como lo haría una típica madre preocupada y prefirió quedarse a cuidarla, por lo que Phichit tampoco podría viajar, al tener que ayudar a atender la boutique.

-¿Estás loco? ¡El contrabando está prohibido!

-No es contrabando, es una simple labor de mensajería.

-¡No! –negó enérgico Prayut-Si me descubren me convertirán en avox, como hicieron con Xiu Bin.

-¿Quién te dijo esa mentira?-increpó Phichit severo, en cuanto mencionaron a la hermana menor de su amigo Cao Bin.

-Todos lo dicen en la escuela-musitó Prayut, bajando la mirada.

Phichit frunció el ceño. Estaba familiarizado con ese rumor y lo detestaba. Dada la inesperada marcha de Cao Bin y su familia, numerosos chismes se suscitaron, uno de ellos decía que por su trabajo, el padre de su amigo fue acusado de traidor y toda la familia fue castigada. Algunos decían que los convirtieron en avox, otros que cumplían sentencia en alguna horrible prisión y otros más que fueron enviados a trabajar en las minas de carbón del Distrito 12. Phichit, naturalmente, se rehusaba a creerlo y pese a que hacía mucho no veía a Cao Bin, no lo dudaba para defenderlo siempre que alguien hablaba mal de él.

-Eso no es verdad-lo rebatió, recuperando su tono amable de costumbre-Cao Bin y su familia viajan continuamente por los distritos recabando las noticias más importantes. No son traidores-Prayut se mantiene en silencio, como debatiendo consigo mismo-No te lo pediría si no fuera importante y sobre todo, si te pusiera en peligro. Y por supuesto, te daré algo a cambio. Voy a…dejar que me cortes el cabello y practiques técnicas de maquillaje conmigo.

Esto ciertamente cambió el ánimo del pequeño Prayut, quien soñaba con convertirse en un maquillista profesional , de lo que Phichit estaba al tanto y que empleó a su favor. Tras considerarlo unos segundos, el chico asintió y antes de que se arrepintiera, se apresuró a entregarle el obsequio para Seung Gil.

-¿Esto es todo?-cuestionó el niño, observando confundido el muñequito de felpa que semejaba un perro de raza husky.

-Sí, a Seung Gil le gustan los perros, pero sus padres no le permitirán tener uno hasta que gane los Juegos. Así que hasta entonces, puede quedarse con ese.

Aunque Prayut debía estarse preguntando por qué su hermano mayor no compró un muñeco en una de elegantes jugueterías del Capitolio, tuvo la sensatez suficiente de guardarse sus opiniones, cosa que Phichit agradeció, atrapándolo en un fuerte abrazo mientras se despedían.

Para bien o para mal, sus planes de esperar presa de la incertidumbre por si Seung Gil aceptaría o no su pequeño presente, fueron saboteados por su madre, quien decidió que era el momento oportuno para que repasara y trabajara en su futuro portafolio como diseñador.

-Necesitas estudiar qué es lo que se ha hecho para no cometer los mismos errores-instruyó Wattana, dejándole una colección de revistas y reproduciendo unas cintas con desfiles de Juegos pasados-Quiero que veas éstas, iré un momento con tu hermana y cuando regrese, espero que me des tus impresiones.

Phichit asiente y toma una libreta, listo para anotar todo lo que le parezca relevante. Como no reconoce a ninguno de los tributos, asume que se trata de una edición antigua.

"Distrito 1: fabrican artículos de lujo y accesorio. Sus trajes son variados aunque siempre usan piedras preciosas… "sonríe, recordando a Seung Gil, deseando una vez más que puedan arreglar las cosas y sigue leyendo "Distrito 4: pesca. Siempre usan colores verdes y azules, así como redes… Distrito 7: llevan más de diez años volviendo árboles a sus tributos…"

Continua, hasta que llega al Distrito 12, especializado en minería y que invariablemente se iba a los extremos, presentando a los chicos seleccionados en amplios overoles y cascos con focos, o bien con atuendos sumamente reveladores. Phichit frunció el ceño. Era demasiado trillado. Por comentarios de su madre, estaba al tanto que el 12 tenía una mala reputación entre los estilistas. Carecían de vencedor y de cualquier tipo de atractivo, convirtiéndolo en el menos deseable de los distritos y al que eran asignados los novatos, condenados a pasar un par de años como miembros del equipo hasta que podían ser ascendidos a otro mejor. Phichit experimenta una profunda indignación, es como si no les importara.

"Si logro pasar la audición, supongo que tendré que participar con ellos" por alguna extraña razón, en lugar de sentirse agobiado, la perspectiva lo motiva. Alza la vista para concentrarse en la pantalla. La tributo de la grabación es una chica de silueta delgada, ojos azules y precioso cabello rubio que se la pasa batallando con el casco de minero todo el desfile. Phichit comienza a bosquejar unos cuantos trazos en la libreta a los que agrega una serie de notas:

Sin un casco. Por lo que opta por colocarle al dibujo una diadema con algunas luces.

Definitivamente NO un overol. Al boceto se suma un vestido sin mangas con una banda que cruza el pecho decorada con puntos negros, al lado de los que escribe entre paréntesis: usar carbón.

Wattana se acerca a su hijo y espera a que termine para examinar su trabajo.

-Qué bueno que no le pusiste un casco, hubieras escondido tanto sus ojos como su cabello y creo que son de sus mejores atributos físicos-nota su madre, tomando la libreta-Y la banda deja ver que se trata de minería sin caer en lo repetitivo. Es un buen trabajo para empezar. Todavía se puede mejorar. Recuerda, piensa más allá de lo obvio.

-No creo que ninguno de sus estilistas se moleste en hacer eso -protestó Phichit- ¡Mira! Siempre es lo mismo… -refunfuñó, indignado-Parece como si ni lo intentaran. Se supone que un estilista debe hacer que sus tributos sean memorables para atraer patrocinadores, ¿cómo se supone que llamen la atención así?-indicó el próximo video, que mostraba a un chico con otro casco y cuya única prenda, un cinturón con herramientas de minero, apenas cubría lo suficiente.

-En verdad, muchos ven al Distrito Doce como un "mal necesario" que deben soportar, hasta ser ascendidos a otro que tenga un mayor… reconocimiento-explicó Wattana, hojeando una revista-Como estilistas, somos la ventana que le muestra los tributos a los ciudadanos del Capitolio, aunque sinceramente, dudo que haya mucho que mostrar del distrito minero-confesó, sacudiendo la cabeza.

Phichit guardó silencio, asimilando las palabras de su madre. Los trajes debían reflejas el espíritu de cada distrito y ayudar a que los tributos se ganaran del favor del público. ¿Cómo hacer que la gente se fijara en los originarios del Distrito más pobre, que nunca habían podido ganar en los Juegos del Hambre? Como futuro estilista, aquello representaba un extraordinario reto que se sentía más que dispuesto a afrontar.

Cuando Prayut y su padre regresaron del viaje, Phichit tuvo que aguantarse las ganas de saltar sobre su hermano y acribillarlo a preguntas, esperando hasta que estuvieron solos para cuestionarlo al respecto. Su hermano menor le dirige una mirada que no puede descifrar y le entrega el muñeco que originalmente era para Seung Gil. Lo que es peor, su ex-amigo rasgó la costura que unía la cabeza con el cuerpo, efectivamente estropeando el regalo.

"¿Por qué?" desearía saber Phichit, conteniendo a duras penas las lágrimas que el rechazo le provocaba "¿Nuestras diferencias en serio tan grandes? ¿Es porque soy del Capitolio? ¿Cree que eso me convierte en una mala persona?"

Si en efecto esa era la raíz de sus problemas, no había nada que pudiera hacer al respecto. Desde siempre, a Phichit le enseñaron que los distritos sentían una inmensa gratitud hacia el Capitolio por haberlos unificado y traído la paz después de los Días Obscuros, pero que habían algunos pocos inconformes que se negaban a prender la lección y reconocer sus faltas, como lo fue la fallida rebelión que tantas vidas inocentes costó. ¿Y si Seung Gil pertenecía a éste grupo? No, el joven provenía del Distrito 1, que era uno de los preferidos por el Capitolio. Que despreciara el lugar que lo favorecía no tenía ninguna lógica.

En medio de su tristeza, notó que algo sobresalía del interior del muñeco. Medio oculto entre la felpa, extrajo un pequeño trozo de papel en el que reconoció la escritura de Seung Gil al instante.

Entrégamelo en persona cuando vengas al Distrito 1. P.D: Siento mucho haberlo roto.

A Phichit se le iluminó el rostro y ahogó una exclamación de alegría, preocupado de atraer atención innecesaria. Prayut lo contemplaba con curiosidad, sin preguntarle en voz alta qué había sucedido.

-Muchas gracias-lo despeinó con cariño-En serio estoy en deuda contigo.

-Así que… ¿vas a dejar que te corte el cabello? Porque hay algunos peinados y estilos que quisiera intentar…

Prayut, concluyó Phichit, definitivamente era un digno gemelo de Phloi.


A partir de entonces, Seung Gil dejó de evitar a Phichit durante sus visitas. Si bien éste continuaba igual de serio y reservado, dedicándose principalmente a sus entrenamientos, para Phichit fue como si derrumbara un muro entre ambos. Su amigo volvió a escribirle cartas, las cuales seguían siendo muy cortas, pero que Phichit recibía y leía con entusiasmo. Además de que de nueva cuenta le obsequiaba los accesorios que fabricaba en sus escasos ratos de ocio. Phichit no podría estar más feliz, aunque…

"Mi madre nos ha confirmado a mi padre a mí que éstos han sido sus últimos Juegos" escribió Phichit a Seung Gil "Cuando quise saber por qué, mi padre me dijo que era decisión de mi madre y que la dejara tranquila hasta que ella decidiera contarme. Según ella, siente que ha descuidado mucho a su familia, al negocio, y quiere enfocarse al cien por ciento en prepararme para las audiciones de estilistas…"

Sin embargo, Phichit no le creía del todo. Que renunciara en ese punto, después de que el distrito que representaba obtuviera una vencedora y su popularidad se renovara, se le antojaba ilógico. Aunque podía hacerse una idea de sus verdaderos motivos, los cuales tenían la forma de una persona: Mila Babicheva.

Desde siempre, su madre le había dicho que como estilista, los tributos jugarían una parte fundamental en su vida y que recordaría a algunos mejor que a otros: el primero al que le tocaría preparar, su primer vencedor… o bien, alguno que inexplicablemente le dejaría una huella imborrable; y Phichit intuía que en esa opción estaba la respuesta correcta.

Tuvo la oportunidad de conocer a Mila. Uno de los miembros del equipo de preparación sufrió un accidente el mismo día en que la joven tributo arribaba al Capitolio desde el Distrito 6, por lo que no podría estar presente para alistarla a la chica. De modo que Wattana no lo pensó dos veces para pedirle a su hijo que participara como reemplazo de última hora. Naturalmente, Phichit aceptó encantado, pensando que sería su primer contacto directo con los Juegos del Hambre y su futuro en dicho ámbito.

Wattana lo presentó a los otros dos miembros oficiales del equipo y después les dio las instrucciones correspondientes acerca de qué debían hacerle a la chica, las cuales incluían un baño y depilación completa, arreglar sus uñas y cejas, un tratamiento con cremas faciales y corporales, entre otras cosas; lo que en parte sorprendió a Phichit, puesto que en Capitolio muchos de esos procedimientos eran considerados algo básico y que una persona requiriera tanta "ayuda" de una sola vez era algo que pocas veces pasaba. Invariablemente, recordó esa ocasión en que Seung Gil enfatizó sus diferencias.

-Y por favor, sean amables con ella-recalcó Wattana en tono serio, lo que confundió a Phichit puesto que lo consideraba como algo que se sobreentendía y no era necesario señalar.

Wattana abandona la habitación y Babicheva entra poco después. Los dos miembros originales del equipo saltan sobre ella, estrechan su mano, la besan en la mejilla y se deshacen en felicitaciones porque resultara elegida en la Cosecha, apostillando a que debe estar emocionada por salir de su distrito y visitar el Capitolio. En efecto, ellos intentan ser amables y aunque la chica sonríe, aparentemente complacida con sus atenciones, Phichit nota que la alegría no se refleja en sus ojos y aprieta los puños con fuerza, como reprimiéndose.

Los otros dos se dedican a prepararla conversando entre ellos; básicamente ignorando a Phichit, quien no se lo toma a mal porque es consciente de que sólo es un reemplazo y deben asumir se encuentra ahí por la influencia de su madre, y a Mila. De hecho, en el caso de ella es mucho peor, puesto que cuando se dignan a dirigirle la palabra, es de manera condescendiente, como si fuera una niña pequeña y creyeran que es incapaz de comprenderlos. Phichit arquea las cejas, desconcertado ante la actitud de ambas partes. Por la forma en que su madre se refería a sus tributos, siempre asumió que el equipo de preparación tenía la misma consideración y respeto que ella; y que los tributos a cambio estaban entusiasmados y agradecidos con ellos por ayudarlos a brillar en lo que Phichit suponía era su momento de gloria. Pero en el caso de Mila, parecía como si prefiriera estar en cualquier otra parte.

"Esto no es lo que me imaginé para nada…" se plantea, experimentando una punzada de decepción.

Los dos veteranos se alejan para preparar una solución en la que deben bañar a la chica, lo que Phichit decide aprovechar.

-¿Cómo estás?

La chica lo contempla perpleja, mirando a un lado y al otro, como para revisar que no se refiera a alguien más. Phichit la inspecciona disimuladamente. Ella tiene un brillante cabello rojo que antes le llegaba hasta la cintura y ahora apenas y cubre su nuca. Wattana ordenó que se lo cortaran porque todas las otras tributos elegidas también lo tenían largo, esperando que Mila se destacara, aunque esto a ella no le agradó para nada. Su complexión es delgada y muy frágil, luciendo menor a sus quince años.

-Bueno, depende-dijo ella al fin-Mi mentor y mi acompañante me dijeron que me comportara, así que en ese caso, mi respuesta sería "bien", porque la verdadera haría que acabaras detestándome y que seguramente me sabotearas para que me viera terrible en el desfile y no ganara ningún patrocinador.

-Yo jamás haría eso-asegura Phichit y por primera vez en las horas que lleva de conocerla, ella esboza la sombra de una sonrisa sincera-Si te pregunto, es porque en serio me interesa.

-¿Sabías desde que llegué aquí, nadie me había preguntado cómo me siento? Todos simplemente… me felicitan-concluye, abrazándose a sí misma y Phichit aprieta los labios, porque ese iba a ser justo su comentario siguiente-Así que, gracias por eso, supongo. Para ser del Capitolio no eres tan malo, y luces bastante normal.

Seguro el comentario debía de ser un halago, pero igualmente lo deja perplejo y no puede evitar darle vueltas, tratando de comprender. Claro que por el maquillaje, la ropa, accesorios y alteraciones quirúrgicas, los originarios del Capitolio resaltaban especialmente. Phichit nunca le dio mucha importancia, estaba demasiado acostumbrado a eso, y hasta ese punto fue que se detuvo a pensar en cómo las personas de los distritos los percibían y por alguna razón, se sintió bastante incómodo.

En retrospectiva, así como Mila le hizo cuestionarse ciertas cosas, debió ser lo mismo para su madre, Wattana, mujer empática y sensible. Pero las veces en que intentó sacar el tema, su madre lo evitaba y le insistía a que mejor se preparara en lo que de verdad importaba, que era ser elegido como estilista, sin que pudiera explicarse su reticencia a hablar al respecto; ni en por qué las palabras de la joven tributo y más reciente vencedora le habían calado tanto. Desde pequeño le enseñaron a no tomar demasiado en cuenta y a no preocuparse por las opiniones de los originarios de los distritos.

"Ojalá pudiera hablar con Cao Bin al respecto, apuesto a que él, por vivir en los distritos, sabría más al respecto" deseó, consciente de que no podría ser, dado que desconocía el paradero actual de su antiguo amigo "¿Quizás podría pedirle a mi madre que trate de investigar durante la próxima Gira de la Victoria de Mila?"

Aún si muy por encima, la noción de que los Juegos del Hambre guardan algo más de lo que se muestra en la pantalla, se ve reforzada. Pero requeriría de un tiempo más y de conocer a un cierto chico del distrito minero para lograr ver toda la verdad.


Siento mucho la demora en actualizar! En mi defensa, iba a publicar antes, pero como me suele pasar, parte del capítulo fue borrado cuando lo tenía por la mitad sin haberlo guardado y me entró mucho coraje, así que dejé pasar mucho tiempo hasta que me animé a escribirlo de nuevo lo que por el lado amable me sirvió para replantearme y re-hacer algunas cosas como fue la aparición de Mila y su interacción con Phichit, que en la otra versión solamente se mencionaba y nunca llegaban a conocerse. Lo siguiente ya será el encuentro entre Phichit y Yuuri y sus Juegos desde la perspectiva de Phichit. Si todo se había visto muy "bonito" hasta ahora, es porque Phichit maneja sólo la versión del Capitolio donde los Juegos del Hambre son sinónimos de éxito, honor y gloria, pero eso irá cambiando de a poco.

Si leyeron hasta aquí, muchas gracias!