Quise, de verdad, traté, de no adelantarme. Espero que esto no muera. (?) ¡Gracias por sus comentarios y favoritos! Me hacen muy feliz con ellos.

¡Disfruten!

Disclaimer: Boku no Hero Academia no me pertenece.


Tres tristes tigres

Colección de historias cortas.

Por Blue-Salamon.


II. Saltos de gallina.


—Es que... si se trata de hacer comparación, por algún animal que se asusta muy fácil, hay más animales más asustadizos que una gallina. ¿No?

—¿Si? ¿Como cuál?

Nejire guarda silencio apenas para comenzar a hacer ruidos de que estaba pensando. De pronto, parece llegar a un acuerdo con ella misma. Y girando sobre sus talones, se vuelve para señalar a su respuesta. —¡Amajiki por sí mismo! ¡Estoy segura que una gallina tiene menos miedos que él!

Y ella no se da cuenta, porque al decir aquello sólo dice lo que piensa, pero Nejire siempre ha sido así. Honesta al cien por ciento, sin ningún tipo de filtro. Curiosa como sólo ella. Y así mismo puede ver a los demás. Pero el resto no puede hacer más que comenzar a reír por su resolución. Y se están, un poco, burlando de Tamaki. Sin ningún reparo.

El señalado, puesto en su sitio, apenas se inmuta al instante. Mantiene la mirada pegada en su mesa y no tiene razón para voltearla hasta que Mirio se le acerca desde la parte de atrás del salón. Nejire parece no entender qué es lo que a los demás les parece tan gracioso y, como el único en todo el salón que se toma siempre que puede el tiempo para explicarle más cuidadosamente las cosas es Togata, cuando él se acerca a los asientos bastante cercanos de Tamaki y ella, ella abandona a los raros de sus compañeros que están comenzando a hacer más chistes al respecto de los miedos de los otros.

—Oye, oye. Togata. ¿Qué crees que será? Se están riendo mucho y es muy raro. No lo entiendo.

Mirio, desprevenido, puesto que al hecho la única cosa que tenía en la cabeza era ir a ver a Tamaki. Se vuelve hacia el grupo que Nejire señala y trata de escucharlos para poder dar una explicación a la confundida de Hadō.

Tamaki se les adelanta a ambos, sorpresivamente, respondiendo: —Están haciéndose bromas. Burlándose.

—¿Burlándose? ¿Por qué?

Tamaki se encoge de hombros. La pregunta puede parecer tonta, pero en realidad es mucho más profunda en sí. —Les da risa los miedos de otros...

Hadō no está satisfecha, su expresión no cambia ni un poco. —¿Por qué?

Mirio los observa. Llegados a ese punto, a mitad de su segundo año, a Tamaki no parece costarle intercambiar ideas con Hadō.

Como muchas veces Tamaki suele tomar su distancia, y reservarse de expresar tan abiertamente algunas cosas que piensa, siempre se ve fascinado por la cantidad de nuevas cosas que aprende sobre Tamaki gracias a las preguntas e intervenciones de Hadō.

Después de todo, Mirio no suele cuestionar mucho a Tamaki y peca de dar muchas cosas por hecho.

Tamaki ya está volteado hacia ellos, con un brazo cargado en el respaldo de su silla. Y cuando está así, parece menos tímido y más sombrío. Pero no parece que tenga una respuesta para ello y, de un momento a otro, acaba sumido de nueva cuenta en un hoyo de pesimismo activo y auto compasión, abrazándose al respaldo y ocultando su cara entre sus brazos.

Esa es la señal de Mirio para intervenir. —Probablemente, porque no lo entienden.

—¿Y eso les hace gracia?

Mirio recibe la mirada de Hadō, que a veces no parece comprender el asunto de la malicia, siendo parte común de las personas incluso cuando no son "villanos", como tal. Él tampoco lo entiende. Más profundamente, nunca lo ha entendido en su esencia. —No sé. Supongo —decide restarle importancia. Evitar pensar demasiado en ello.

—Ohh —Hadō se lleva una mano a la boca, mientras exclama. Luego, entre ella y Mirio se sonríen.

Hadō entiende que Mirio no lo sabe todo y hay cosas que no puede explicarle.

Mirio sabe que las preguntas que hace Nejire son sólo una parte de su honesta intención por entender a los demás y el mundo que la rodea.

—Hadō...

La atención de ambos se vuelve hacia Tamaki, quien de pronto clava esa mirada tan suya, llena de intensidad, en la chica. Esa mirada que algunos consideran aterradora, pero que Tamaki da porque por dentro se le está formando una bola de ansiedad que amenaza con aplastarlo a él y la poca autoestima que se tiene.

—Hace rato... tú...

Mirio recuerda la poca iniciativa que Tamaki muestra en las conversaciones. No llega a iniciar nunca ninguna, pero si se trata de ser quien escucha, lo hace. Incluso cuando las conversaciones no son suyas. Tamaki escucha mucho. Es fácil hacerlo cuando a uno lo ignoran.

—... Me dijiste animal.

Eso no es un reclamo, casi. Tampoco una afirmación, por poco. La forma en que lo dice no deja entenderse bien. ¿Tal vez es una duda que busca afirmación cuando ya tiene la respuesta...? Pero no es ninguna por que, a fin de cuentas, es Tamaki y él se tiene muy poca confianza. Para los reclamos. Para las afirmaciones...

A pesar de todo, es evidente para Mirio. Incluso para Hadō, por lo que parece, por que entonces pregunta: —¿Ehhh? ¿Y eso te molesta? ¿No es que las personas también somos animales? —Nejire se lleva los dedos índices a las sienes y ladea la cabeza. Tampoco es que recuerde haber dicho algo como eso, pero parece que lo ha hecho.

Da con una respuesta. Quizá. Pero lo siguiente que sale de su boca ya no tiene nada que ver con Tamaki. Con los animales. O con las personas y las risas. O miedos y malicia. Ahora habla de otras tantas cosas. Sobre flores, alcanza a entender Mirio y la conversación anterior muere. Entre Tamaki y Mirio, escuchando y respondiendo a los comentarios y preguntas casi aleatorias de Hadō, a las que, pronto, más que acostumbrados, y a pesar de que muchos no son capaces de seguirle el ritmo, ellos pueden.

Tamaki, con su facilidad para pensar de más la cosas hasta alterarlas con síntomas de desgracia; Mirio, con su opuesto.

Uno necesitando de ello, al otro le es fácil asimilarlo.

Y Hadō, como pez en el agua, se encuentra muy a gusto charlando con ellos. Moviéndose de un tema a otro sin ser juzgada por ello.