Disclaimer: Personajes de Meyer, los que no son de la saga, son invenciones mías. Historia sacada de esta sucia cabecita.

Este es el primer capítulo de "Deseando la muerte, creando una vida" y espero de verdad que les guste.

Intentaré subir todos los jueves o viernes, pero si me retraso será por fuerzas mayores como exámenes de Física y Matemáticas xD

Bueno he decidido ponerle banda sonora a esta historia y aquí os dejo las canciones de este capítulo.

Not Afraid: Eminem

Born this way: Lady Gaga

Drop the World: Lil Wayne y Eminem

Big girl don't cry: Fergie

Fin, ya no me enrollo más.


Capítulo 1. Primer paso.

No he hecho nada bien en lo que llevo de vida, bueno, a excepción de mis trofeos de concursos de belleza, no he hecho nada por mi misma. Mi madre no ha trabajado en su vida, siempre ha sido una mantenida. Ahora tiene que encargarse de todos los negocios de mi queridísimo padre y sacarme adelante. Me da pena verla tan estresada. La pobre no tiene culpa de ser boba.

Estoy sentada en la cocina viendo como camina de un lado para otro hablando estupideces por teléfono. Es curioso cómo mi propia madre puede ser una total desconocida para mí. Nunca hemos mantenido una conversación inteligente. Se podría decir que en realidad nunca hemos mantenido una conversación, porque preguntarme qué tal me ha ido el día y yo por mi parte solo responder un simple bien, no se le puede llamar conversación.

Jasper, mi psicólogo, dice que si de verdad quiero cambiar, el primer paso es pedir perdón por todo lo que hecho y empezar a solucionar los problemas que hay en la casa. Pero, ¿cómo cojones voy hacer eso?

- Isabella, ¿me puedes hacer un favor? – ¿Me habla a mí?

- ¿Yo? – Miro a cada lado por si es una broma.

- Claro que es a ti. ¿puedes traerme los papeles que están sobre el escritorio de tu padre?

- Sí… claro.

Han pasado dos semanas desde que le di la noticia de mi embarazo accidental, y lo primero que me dice es que si le puedo traer unos papeles. Increíble.

El estudio, que ahora pertenece a mi madre, es oscuro, lúgubre, no me gusta. Los sofás de cuero no son tan cómodos como parecen, la enorme mesa de caoba está gastada y vieja. Como todo en esta maldita casa.

De camino a la cocina miro por encima los papeles y menuda sorpresa. Los papeles del divorcio de mis padres por fin han aparecido. Renee, mi madre, llevaba meses amenazando a mi padre con el divorcio pero solo eran eso, simples y previsibles amenazas, pero ahora, por alguna razón, ha decidido dar el paso. Por fin parece tomar decisiones por sí misma. Bravo.

- Toma – Los coge sin mirarlos y los firma mientras habla por teléfono.

- Sí… ya están firmados… No, no he mirado la cláusula 15… entiendo… ¿pero me quedaré con todo, incluido la custodia de la niña? Sí… está bien, ya hablamos Rosalie, un beso y gracias.

- Así que… somos libres – No sé si me conviene comenzar una conversación de este tipo, pero siento curiosidad por saber cuanto dinero tendré para criar a mi futuro bebe. Vaya, es sorprendente cómo puedo dejar de pensar en la droga por un pequeño feto. Me gusta.

- Sí, eso parece. Tú padre, al parecer tiene varias cuentas en diferentes paraísos fiscales. Somos libres y estamos forradas.

- Eso suena genial – Es asombroso como me habla sin mirarme. Piensa que soy una carga, aunque bueno, ahora doble. Es normal, nunca he sido la hija ejemplar.

- Con respecto a lo del bebe…

- Quiero tenerlo – No voy a permitir que nadie me lo quite.

- Me parece bien, pero quiero que sepas que estás sola en esto. Yo solo voy a proporcionarte un techo, comida y dinero, el resto es cosa tuya. Ahora eres adulta y tienes tus propias responsabilidades. Yo me lavo las manos.

- Me parece perfecto – No me sorprende. Nunca ha sido una madre de verdad.

- ¿No tienes nada mejor que hacer que observarme?

- La verdad no, a esta hora solía estar colocada así que no sé qué hacer.

- ¿Y piensas seguirme todo el día? – Ahora se atreve a mirarme. Claro, el tema de las drogas siempre llama su atención. Desde que casi muero de una sobre dosis y echó un par de lágrimas a los pies de mi camilla, cree que es algo importante que no puede dejar pasar, como hacía con el exceso de confianzas que se tomaba mi padre conmigo.

- No te preocupes, encontraré algo mejor que hacer que seguirte como un perro. Como dices, tengo una vida y responsabilidades.

- ¿Y por donde piensas empezar? – Su tono de mofa no me afecta. Cree que ya no puedo hacer nada útil, solo estorbar o decorar la habitación con mi presencia.

- Voy ha echar la matrícula de la universidad.

- ¿Estudiar? ¿Tú? Isabella no seas ridícula, te graduaste porque compramos tus notas. Ni siquiera ibas a clase. ¿Y ahora quieres estudiar? ¡Oh ya entiendo! Crees que por ser madre vas a cambiar. Que bonito. Déjame darte un consejo. Consigue a un buen hombre y olvídate de los estudios, solo perderás el tiempo.

- ¿Qué consiga un hombre como hiciste tú? ¿Uno tan bueno como Charlie? ¿O como los cien tíos a los que te has follado en su lugar?

- No te permito que me hables de esa manera Isabella – Su aliento a tabaco y su peste a colonia me dan nauseas y corriendo devuelvo en el baño de invitados - ¡Si ensucias algo lo vas a limpiar tú!

- ¡Cállate zorra! – Cierro con el pestillo y vuelvo a vomitar. Odio que se atreva a darme consejos y menos de ese tipo.

Ella solo ha sido una esposa trofeo, es guapa y tiene un cuerpazo pero de qué le sirve si se odia así misma por existir. Cree que no la conozco, que simplemente la juzgo por su comportamiento, pero yo sé todo sobre ella. Se siente tan insignificante que cada mes se opera algún supuesto y estúpido defecto. Se mira al espejo y no ve lo mismo que los demás. Ella ve alguien distinto, ve algo despreciable y no se da cuenta de que es hermosa. Los hombre la acosaban y mi padre la trataba como a un trapo. Y ella lo aguantaba, soportaba ser la putita de un misógino que se follaba más a su hija que a ella misma. Débil, eso es lo que es, es una putita débil. Piensa que mi nacimiento fue lo peor que le pudo pasar. Le salieron estrías por el embarazo, su cuerpo supuestamente se desfiguró y después de ni siquiera atreverse a tocarme cuando apenas era un bebe, sigue creyendo que soy lo peor que ha creado. Me da asco. ¿Cómo puede culparme a mí de su desquiciada mente? ¿Por qué no me dieron en adopción? Así al menos hubiera estado con niños más o menos normales y con personas que pasaban de mí hasta que a alguien le diese lástima y me adoptase. Pero claro, la apariencia lo es todo. Si se enteran que estás embarazada tienes que tener al bebe porque ¿qué hubieran dicho de nosotros si la señora Swan hubiera abortado? Nada bueno por supuesto. Pero yo le he devuelto todo ese odio que me ha dado. Con cada escapada de casa que acababa en la comisaría de policía, con cada ralla que me daba las fuerzas para continuar, con cada pelea que provocaba en pleno centro comercial por robar algo que ni siquiera necesitaba, con cada estupidez que he hecho, he conseguido que hablen de la honorable familia Swan para que nos degradasen a familia indigna y miserable por tener una hija con mala reputación. Me encanta cuando salgo a la calle y todas esas urracas amargadas me observan y cuchichean sobre mi última locura. Sus vidas están tan vacías y carentes de sentido, que necesitan de mis trastornos momentáneamente mentales para poder tener algo que decir por esos hocicos de cerdos que tienen. Que se pudran.

Por fin he acabado de echar casi todo el desayuno así que subo a mi habitación y me visto sin ganas. Los vaqueros me siguen quedando bien, en mi vientre no hay ningún cambio visible y mis tetas siguen igual. Me miro en el espejo. No me gusta estar tan delgada. Necesito comer, y ahora por dos. Después de la universidad comeré en algún buen restaurante, nada de comida basura. Tengo que empezar a cuidarme. No termino de creerme lo que pienso porque no sé si podré cumplirlo. Tengo que aguantar los tres primeros meses del embarazo para no abortar después de eso todo irá sobre ruedas.

Bajo al garaje y sin decir nada me llevo el mercedes de Charlie. Si él me viera me mataría por llevarme su coche, aunque quién sabe, igual me follaba sobre el capó. Pero ya no tendré que preocuparme de eso. Nunca. ¡Nunca más!

Después de un cuarto de hora en coche, por fin logro llegar a Columbia, la mejor universidad de Nueva York. Entro tranquila, sin miedo y como una inocente colegiala de 15 años me acerco a secretaría, donde una anciana de apariencia amable me sonríe con pena al ver mi aspecto. Debo de tener una pinta horrible por la lástima con la que me mira.

- ¿En qué puedo ayudarte? – Su voz es dulce, no como la voz de pito que tiene la madre de Renee.

- Vengo a rellenar la solicitud para entrar en la universidad.

- Lo siento mucho señorita pero las clases empezaron hace un mes – La mujer parece confundida por mi actitud despreocupada.

- ¿Y? – El que las clases hayan empezado no es un problema para mí.

- Pues que no hay vacantes libres y dudo mucho que la admitieran una vez pasado el plazo de entrega de matrícula y mucho menos habiendo comenzado el curso – la amabilidad de su voz a empezado a menguar. Creo que piensa que me burlo de ella.

- Mire señora Thompson, mi nombre es Isabella Swan y quiero estudiar en esta universidad.

- Lo entiendo señorita Swan pero no es posible…

- Déjeme terminar – Siempre me ha irritado que me interrumpan cuando hablo – Haga el favor de llamar al decano o al director o al mismísimo ministro de educación y dígale que quiero hablar con él – He dejado de ser amable, no soporto que me den largas de esa manera.

- Eso es imposible – Veo que mi actitud altanera la ha molestado y ahora me mira con desden, como si se estuviera preguntando quién demonios me había creído que era para hablarle de esa manera.

- Mire… - Respiro hondo e intento sonar lo más respetuosa posible, pero no lo consigo en absoluto – No quiero ser maleducada, aunque eso, siendo sincera me importa bien poco, pero veo que es usted una persona razonable y no una idiota, así que llame por ese teléfono que tiene ahí o lo haré yo misma… - Mi voz suena amenazante y autoritaria pero automáticamente comienzo a sentirme horriblemente mal. Me sudan las manos y la garganta se me está secando. Estoy empezando a temblar por la impotencia que estoy sintiendo y la necesidad de la droga que había conseguido apartar de mi mente, recorre cada centímetro de mi ser en estos momentos - ¡¿Me ha oído bien? – Las palabras se me escapan sin poder controlarlas y la mujer se sorprende por mi atrevimiento.

- A mi no me levantas la voz de ese modo ¿me oyes? – La señora Thompson se ha levantado y parece que mi provocación la ha alterado más de lo que debía – No pienso ni por asomo, hacer lo que usted me está pidiendo – El asco de su voz me sienta como una patada en el estomago.

- Vieja estúpida… - Ya me cansé de todo ese teatrillo. Tengo que hablar con el mandamás de la universidad sí o sí y nadie me lo va a impedir – Usted se lo buscó. Voy a ir a buscarlo personalmente y cuando acabe con él, usted no volverá a este lugar mientras yo ande por aquí.

Salgo disparada de la secretaría en busca de Dirección. La gente está dando clases y cuando escuchan que la vieja chocha me ordena que me detenga, salen de sus grandes aulas a ver qué está pasando. He conseguido convertirme en una atracción de circo para todos aquellos que me miran extrañados. Corro entre la multitud y al final del gran pasillo encuentro un mapa del campus. Perfecto, Dirección se encuentra en el piso siguiente. Un chaval al que ni siquiera miro me pregunta que qué quiero, pero lo ignoro a él y a la anciana que sigue persiguiéndome. Una vez encuentro la puerta del despacho aporreo como si estuviese huyendo del mismísimo diablo en vez de una vieja cuya velocidad es mucho mayor que la de muchas otras. No recibo respuesta a mi llamado y entonces la veo venir hacía mí desde el final del pasillo, así que, sin pensarlo y rigiéndome por la adrenalina que me corre por las venas, entro en el despacho y me apoyo en la puerta respirando hondo para calmarme.

- ¿Se ha perdido señorita? – Un hombre muy apuesto me observa con curiosidad desde el otro lado de su escritorio.

- No, venía… - Respiro hondo y logro tranquilizarme un poco - ¡Venía a hablar con usted! – Me siento sin permiso en una de las butacas que se encuentran en frente suya. Parece estar divirtiéndose con mi actitud y eso me gusta.

- ¿Y en qué puedo ayudarle?

- Señor…

- Cullen, pero todos me llaman Carlisle.

- Encantada Carlisle, yo soy Isabella Swan y deseo con toda mi alma estudiar en esta universidad – Le estrecho fuertemente la mano para que vea que no tengo miedo e intento dale mi mejor sonrisa para que confíe aunque sea un poco en la gran mentira que acabo de decirle.

- Bueno eso va ser un poco complicado – Me suelta la mano con delicadeza, como si me fuese a romper. El hombre es apuesto pero ya se le notan los años. Sus ojos son azules y noto como intenta leer algo a través de los míos, pero no va ha conseguir nada con ello. Su pelo rubio oculta algún que otra cana y eso me hace recordar a mi querido abuelo. La locura que había sentido momentos antes se disipaba lentamente al mismo tiempo que un aura de protección comienza a crecer en aquella habitación - ¿Qué quiere estudiar?

- No lo sé – He tomado esta decisión tan a la ligera que no me había parado a pensar en qué iba hacer después de que me aceptasen. Tal vez una parte de mí creía que no dejaría estudiar en una universidad de tanto prestigio a una drogadicta embarazada, bueno ex-drogadicta en proceso.

- ¿No lo sabe? – Se ríe y yo lo imito. Suena ridículo si se dice en voz alta – Bien, ¿tiene sus calificaciones?

- Sí, aquí las traigo – Saco un par de papeles arrugados del bolsillo trasero de mi pantalón. Los estiro un poco y se los entrego sintiendo como se me sonrojaban las mejillas por ser tan descuidada.

- Así que es usted de ciencias tecnológicas… - Observa con detenimiento cada letra impresa y comienzo a ponerme nerviosa, como si me estuviesen juzgando por algo que desconozco – Veo que tiene unas excelentes calificaciones, lástima que no sean verdaderas – ¿Cómo demonios se había dado cuenta?

- ¿Disculpe?

- Sí, estas notas no son suyas. Había oído que esto a veces pasaba pero… - Se queda pensativo y me mira con un brillo distinto en los ojos.

- Perdone pero esas son mis calificaciones. ¿Lo ve? Pone Isabella Swan, justo en la parte de…

- Sé que son suyas – Me interrumpe acomodándose en su gran sillón de cuero observando los papeles de encima de la mesa – es decir, sé que no ha cambiado el nombre por el de otra persona ni nada de eso. Lo que quiero decir es que estas calificaciones no las sacó usted.

- ¿Y cómo lo sabe?

- Porque de ser así, hubiese tenido noticias de usted mucho antes. Teniendo seis dieses, usted hubiese recibido la carta de admisión una de las primeras y además escrita de mi puño y letra, pero yo no sabía de la existencia de usted hasta hace cinco minutos, cuando se coló en mi despacho sin cita o permiso para ello. Además está el hecho de que no hay ni una sola recomendación de ninguno de sus profesores. Dígame, ¿cómo las consiguió? – Me quedo paralizada por un segundo. ¿Cómo he podido pensar que iba a poder estafar al director de la mejor universidad de Nueva York? ¿Soy idiota o qué me pasa? Siento que debo marcharme inmediatamente por esta humillación, pero el hecho de que aún no me haya echado por embaucadora me incita a quedarme donde estoy.

- Soy Isabella Swan, hija del empresario y estafador Charlie Swan. Mis padres pagaron una gran suma de dinero por esas notas tan altas. Yo ni siquiera asistía a clases pero ellos querían que por lo menos tuviese unos supuestos estudios.

- Entiendo… - Se toca la barbilla como si estuviese meditando qué hacer conmigo y antes de que pueda llegar a una conclusión me levanto de la silla sintiéndome la mayor imbécil de todo Estados Unidos.

- Siento haberle hecho perder su tiempo. Entiendo que no quiera volver a verme por aquí – Cojo mis notas y las vuelvo a aguardar en el mismo sitio – Probaré suerte en Cornell. Dicen por ahí que son estúpidos, así que a lo mejor consigo estafar al decano de allí – Me giro para salir por la puerta y el señor Cullen se empieza a reír como un loco. Lo miro sorprendida.

- Anda siéntate – Se sigue riendo y niega con la cabeza. Lo hago sin pensar porque no logro entender qué demonios le pasa a ese hombre – Te daré una oportunidad.

- ¿Se está riendo de mí? – No puedo creer que esto esté pasando de verdad.

- No, no, hablo totalmente enserio – Me sonríe con amabilidad y confianza – Voy a darte la mejor y única oportunidad de tu vida. Elegirás una carrera y comenzarás la semana que viene, pero te lo advierto Isabella, las clases no son ningún juego, aquí se viene a estudiar, a aprender y labrarse un futuro. Si no te ves capacitada para ello dilo ahora porque te estaré vigilando.

- Sí señor – Sonrío sin poder evitarlo y siento como la euforia nace en el fondo de mi alma. He conseguido lo que en realidad no creía posible.

- Carlisle, llámame Carlisle.

- De acuerdo Carlisle. ¿Puedo preguntarte algo?

- Claro.

- ¿Por qué? ¿Por qué me da esta oportunidad? Ni siquiera me conoce.

- Puede ser por tu descarada forma de ser, o porque toda tú grita pidiendo ayuda, y sé que me voy a reír mucho si estás por aquí. Tienes pinta de ser un huracán y esta universidad se está volviendo aburrida, así que necesitamos gente como tú, con carácter.

- Pues gracias, supongo – Ahora sí me levanto más relajada.

- A ti.

- Volveré mañana para decirle que quiero estudiar, aunque no sé si la secretaría me dejará pasar.

- No te preocupes, yo hablaré con ella. El lunes comienzas las clases, así que tienes toda esta semana para pensar qué quieres hacer con tu vida.

- Gracias, lo tendré en cuenta – Le ofrezco mi mano y él la estrecha con fuerza.

- Cuento con usted señorita Swan – Dice una vez que estoy abriendo la puerta.

- Gracias – Se lo digo con todo mi corazón y me marcho directa hacia la salida.

Antes de poder abandonar el lugar, la anciana que me estuvo persiguiendo, se para frente a mí y me mira con reproche.

- Lo siento, no debí insultarla pero usted me hizo perder la paciencia.

- Niñata insolente – Me apunta con el dedo y después se marcha murmurando algún tipo de insulto hacia mí. Pero no me importa, no hay nada que me haga perder el buen humor porque he conseguido lo que quiero.

Me monto en el coche y pongo la radio a todo volumen. Me siento orgullosa de mi misma y eso no sucede muchas veces, por no decir que no recuerdo la última vez que me sentí así. Voy a convertirme en una universitaria y no he necesitado comprar a nadie para conseguirlo. He sido yo misma todo el tiempo y he logrado que el mismísimo director de Columbia me de la mejor oportunidad de mi vida. Ha confiando en mí, no me ha juzgado y por una vez me he sentido una buena persona. Puede que después de todo, la vida no sea tan horrible. Escucho Not Afraid de Eminem y me dejo llevar por todo Manhattan.

"… Pero no puedes evitar que forme un caos.

Cada vez que diga o haga algo aunque yo lo haga de todas formas.

Me da igual lo que pienses porque esto lo hago por mí.

Así que a la mierda todo el mundo.

Cébame con judías para intoxicarme de gases, a ver si con eso puedes frenarme.

Porque voy hacer lo que me he propuesto ser, no tengo duda alguna…"

Si de verdad quiero cambiar tengo que superar el primer paso que es aceptar lo que soy, es decir, un completo desastre, un caos que se propaga por donde pasa y decir basta. Me miro en el retrovisor y sigo viendo una mirada oscura bajo esos ojos marrón chocolate. Siento la necesidad en mi cuerpo de colocarme pero de momento puedo controlarlo.

Me siento tan eufórica que necesito contárselo a alguien de confianza y solo puedo confiar en una persona. Jasper.

Me bajo del coche y entro en un gran edificio con un gran vestíbulo.

- Buenos días señorita Swan, ¿cómo se encuentra hoy? – Me pregunta el viejo Jimmy desde su puesto de trabajo.

- Genial Jimmy, gracias por preguntar. ¿Está reunido Jasper?

- No señorita, ahora está libre.

- Ok, gracias.

Es un viejo adorable que siempre me recuerda a mi querido abuelo. El único que alguna vez me aportó algo de cariño. Lástima que ahora no esté para ver a su bisnieto.

Entro impaciente en el ascensor y presiono el botón que indica el piso 23. Una vez las puertas se abren llamo al timbre de la habitación 153. Un Jasper soñoliento me abre la puerta y me mira con cara de pocos amigos. Se aparta sin pronunciar palabra y me deja pasar a su humilde morada.

Es uno de los mejores psicólogos que hay en Nueva York y tuve la suerte de encontrarlo. A veces le digo que él es mi único amigo en todo el mundo, pero luego me dice que los amigos no cobran y que él lo hace por horas. Es un una persona tan seca como lo soy yo y eso me encanta.

- ¿Qué se le ofrece a su majestad? – Dice de mala gana.

- Venga Jasper, no te enfades, ya es hora de despertarse – Me siento en su gran sofá de piel como si fuese mi casa, aunque en cierta forma lo es.

- Que tú sufras de insomnio no significa que los demás también.

- No es insomnio, es el café, que tengo que tomar más del que quisiera para mantenerme despierta. ¿Quieres saber qué he hecho esta mañana? – Veo como se sirve una buena taza de café solo y se la lleva a los labios.

- Ilustradme – Se sienta en el sillón de enfrente mía y me observa expectante.

- He ido a la universidad y la semana que viene comienzo las clases – Lo digo sin darle importancia para ver cómo va a reaccionar.

- ¡¿Qué? – El pobre se atraganta con el café y empieza a toser por la sorpresa.

- Lo sé, sé que vas a decirme, pero es algo que tengo que hacer – Comienzo a dar vueltas por la habitación hablando sin parar. Ni si quiera sé si le hablo a él o a mí – Lo siento dentro de mí, al igual que a mi bebe. Es algo que necesito hacer para demostrarme y demostrarle que no estoy acabada, que puedo cambiar. Quiero ser alguien Jasper y como me dijiste he comenzado el primer paso para ello…

- Alto, alto, para el carro. Te dije que para poder cambiar, el primer paso era aceptar lo que eres y partir de ahí, pero no que te apuntases a la universidad. ¿No crees que es algo precipitado? Es decir, estás embarazada y llevas 17 días limpia y entrar ahora a la universidad sería mucha presión para el estado en el que te encuentras.

- ¿Crees que no podría hacerlo? ¿crees que no debería hacerlo? – Me duele que no vea la fuerza que siento en estos momentos, aunque por otra parte entiendo que no esté de acuerdo con mis decisiones.

- No es eso Bella, pero quiero que entiendas que estás en una etapa muy dura y la universidad no es coser y cantar. Llevas años sin estudiar y sé que cuando no consigas comprender las cosas te vas a frustrar y quieras que no, puedes recaer en las drogas. Y no hablemos de lo que supone el estrés para una embarazada, ahora estarás irritada todo el tiempo, con cambios hormonales y de ánimos constantes y sumándole el mono serás una bomba que está apunto de explotar a cada segundo.

- O sea, que crees que soy una débil de mierda que no puede conseguir las cosas que se proponga. Muy bien – Me pongo de pie indignada por su poca confianza en mí, aunque soy consciente de que lleva toda la razón del mundo – Te demostraré que te equivocas – Voy hacia la puerta pero en cuanto doy dos pasos Jasper me atrapa del brazo y me obliga a mirarle.

- ¿Ya has terminado con tu dramatización?

- Sí – Sonrío porque sé que me conoce mejor que yo misma - ¿A qué he estado estupenda? Estoy pensando en ser actriz. Creo que se me daría bien – Vuelvo a sentarme en el sofá y me encojo al saber que ahora nos pondremos en plan serio.

- ¿Estás segura de lo que vas hacer? – Ya ha empezado.

Lo miro detenidamente. Jasper tiene 27 años y lleva tratando mi caso desde los 16, cuando busqué ayuda desesperadamente en uno de esos momentos de lucidez en los que veía en lo que me estaba convirtiendo. Me abrió las puertas, no solo de su consulta, sino también de su casa e hizo que aquel lugar se convirtiese en mi refugio personal. Es un hombre apuesto, con ojos marrones oscuros y con un pelo rubio platino. Es un hombre solitario, gruñón y serio; pero yo he conseguido ver mas allá de esa barrera que creó años atrás, muchos años atrás antes de yo conocerle. Hemos discutido hasta casi pegarnos el uno al otro, me ha hecho llorar haciéndome ver todas las horribles cosas que estaba haciendo, pero también me ha hecho reír cuando ya no recordaba qué era eso. Creo que a él le debo seguir viva. No viva de respirar sino viva de saber que puedo encontrar mi sitio en el mundo. Él se ha convertido en mi hermano y mi mejor amigo. Es a la única persona que quiero en este planeta y eso es muy duro, aunque dentro de 8 meses y 13 días habrá una segunda. No está todo perdido. Aún no.

- Sí Jasper, lo estoy. Sé que va a ser duro, pero puedo hacerlo. Si hubieras visto al señor Cullen… ha confiado en mí sin conocerme, sin juzgarme, sin saber nada sobre mi pasado… Tengo que hacerlo – Sé que para él, lo que he dicho no cambia nada, pero a Jasper le gusta oírme hablar con esperaza.

- Qué voy hacer contigo… Está bien, te ayudaré en esta locura – Dice antes de terminarse el café.

- ¿De verdad? – Me levanto y lo abrazo con todas mi fuerzas. No suelo ser cariñosa con nadie, pero aunque a Jasper no le gustan las muestras de afecto, a mí sí me gusta demostrarle mi agradecimiento con un simple abrazo.

- Vale, vale… - dice apartándome de su lado. Me vuelvo a sentar en mi sitio sintiéndome más feliz que antes - ¿En qué universidad te han aceptado?

- En Columbia – Veo que su sonrisa desaparece de su cara para dejar paso al terror.

- ¿Sabes dónde te estás metiendo? Ahí van los chicos mas adinerados de todo Nueva York, y aunque tú también lo eres, no estás a la altura de sus expectativas – Anda sin parar de un lado a otro de la habitación mirándome con preocupación.

- Pero…

- Pero nada. Tendrás que vestir de otra manera, preocuparte por tu imagen, por tu comportamiento, por tu forma de hablar, de andar… Dios… Estás perdida – Se vuelve a sentar y se tapa la cara con las manos. Parece como si él fuese el que va a ir a la universidad en mi lugar.

- Gracias por tus ánimos – El sarcasmo es una de mis mejores virtudes. Si se le puede llamar virtud claro – Jasper, tranquilo. Me da igual que sean unos pijos ricachones y estirados. No busco hacer amigos, no los quiero, así que no voy a cambiar nada de lo que soy. Voy a ser yo todo el tiempo, vestiré igual e iré a mi bola sin meterme en ningún lío. Aunque no puedo prometer nada con respecto a esto último – Mi broma parece relajarlo un poco – Dame un voto de confianza por fa… - Me arrodillo a su lado y lo miro con ojos de corderito degollado.

- Y cuando estés de 6 meses y te veas enorme, ¿qué? – Sigue mirándome con pánico y me río por su miedo irracional.

- Jasper, sabes que no hay nada que me importe en este mundo excepto tú y ahora mi bebe, así que no me va a importar lo que piensen un puñado de niñitos mal criados sobre mi embarazo.

- Vale… - Suspira hondo y me observa - ¿Sabes ya que vas a estudiar?

- No – Digo volviendo a mi sofá – Esperaba que tú me ayudases en ese tema.

- Maravilloso, estupendo – Dice irónicamente – Tienes que decidir en días lo que la gente tarda en años. ¿Tú no podrías hacer las cosas bien por una maldita vez? – Me encanta cuando se desespera por todas las cosas que hago.

- Ya sabes que no. No soy normal y me alegro.

- Yo no – Me mira molesto y me vuelvo a reír – Enséñame tus notas y veamos que podemos hacer.

- Esa es la actitud Jasper – Le doy unas palmaditas en la espalda y le entrego mis arrugadas calificaciones.

Después de dos horas de discusiones, gritos, risas y comida; me encuentro en plena Quinta Avenida ante la puerta de una de las mejores peluquerías de todo Manhattan. Martial Vivot.

"…Sé que no quieres cambiar tu aspecto, pero debes al menos arreglarlo. Mírate, estás hecha un desastre. ¿Hace cuanto que no te cortas el pelo? Y esas ojeras…"

Las palabras de Jasper se repiten una y otra vez en mi cabeza. No quiero entrar y ver como me miran las insufribles dependientas, pero Jasper lleva razón. Estoy hecha un adefesio.

Abro las puertas con decisión y el piloto automático "Hijadeputarica" se acciona en el mismo momento en que una supuesta agradable señorita se me acerca y me pregunta si me he perdido.

- ¿Tengo pinta de haberme perdido? – La miro con cara de asco y enseguida noto como su amabilidad desaparece.

- Disculpe señorita, pero creo que debería abandonar el establecimiento. No creo que podamos ayudarla – Dice mientras me muestra la salida.

- ¿Sabe qué? Yo creo que usted debería cerrar esa incesan boca y escucharme antes de que el señor Vivot pierda miles de dólares por su culpa.

- Escúcheme…

- ¡No, escúcheme usted a mí maldita sea! – Una vez que empiezo a gritar no hay quien me paré - ¡Me llamo Isabella Swan y vengo expresamente a que el mismísimo Martial Vivot me atienda! ¡No una mequetrefe como usted que no tiene ni idea de cómo tratar al público! ¿Cree que no me he dado cuenta de cómo me juzga por mi miserable aspecto? Pues déjeme decirle que vengo a soltar una buena cantidad de dinero para que arreglen este desastre. Así que o te apartas de mi camino o te faltara estado para correr – La miro con furia y la chica se aleja medio llorando por mi manera de tratarla. Entonces una rubia alta y con aspecto de no dejarse acobardar tan fácilmente por una cría como yo, se me acerca y me mira de arriba abajo.

- Luci cancela todo lo que tengamos el señor Vivot y yo hoy. Esta chica necesita toda nuestra atención – Sonrió descarada por conseguir lo quiero y la rubia alta me vuelve a observar detenidamente. Gira a mi alrededor y se vuelve a parar frente a mí – Eres la persona mas horrible que a pisado este establecimiento. Me llamo Kate y Martial y yo haremos lo que podamos con tu aspecto, aunque no prometo que lo consigamos – Me coge un mechón de pelo y lo suelta como si le hubiese dado un escalofrío.

- ¡Kate! ¡¿Qué es eso de que has anulado todas las citas de hoy? – La voz grabe de un muy cabreado Martial Vivot se extiende por toda la sala.

- Es una emergencia.

- ¿Qué emergencia? – Pregunta una vez se sitúa a su lado. Ni siquiera se ha percatado de mi existencia. Es un hombre delgado, con una cara fina y afilada. Sus ojos son oscuros y va vestido completamente de negro.

- Esta – Dice Kate señalándome.

- ¡Ay por Dios! – El hombre pega un salto y me mira horrorizado - ¿Has salido de algún correccional chiquilla?

- No – Contesto asqueada porque llevo diez minutos allí de pie y aun nadie ha empezado a trabajar – Mire señor, quiero que hagan algo con mis aspecto. Lo que quieran, pero que terminemos hoy a ser posible.

- Está bien chiquilla, no te pongas así. Kate lleva a nuestra clienta a la sala especial que yo ahora mismo me reúno contigo.

La rubia estirada me lleva a una gran sala blanca donde puedo ver un lavabo para lavar el pelo, una camilla, y un asiento frente a un gran espejo. Kate me indica que me siente ante el espejo y así lo hago. Observo detenidamente el mal aspecto que tengo. Mi pelo castaño carece de brillo alguno, la cara y los labios están resecos, y mi piel amarillenta es áspera y desagradable. Odio verme tan fea cuando siembre he sido hermosa.

- Bueno, ya estoy aquí – Dice Martial poniéndose unos guates de látex – Kate ponme música – Kate sale de la sala y a los segundo comienza a sonar Born this way de Lady GaGa.

"... Así que levanta la cabeza nena y llegaras lejos.

Escúchame cuando te hablo.

Soy hermosa a mi manera,

Porque Dios no comete errores.

Estoy en el camino correcto baby.

Yo nací así…"

- ¿Preparada para dejar de ser patito feo? – Dice Martial observándome a través del espejo.

- Yo nunca fui patito feo, soy un cisne, un cisne negro – Acto seguido se ríen y me miran con una sonrisa amable.

- Cuando acabemos contigo serás el cisne negro más hermoso de Nueva York.

Cinco horas después, Martial y Kate se sientan en el sofá, rendidos por el excelente trabajo que han realizado, y mientras ellos recuperan sus fuerzas yo no puedo dejar de mirarme en el espejo. Estoy tan increíble que me es imposible describir lo preciosa que me siento y veo. Me han puesto extensiones y el brillo que había desaparecido hacía años ha vuelto como si nunca se hubiese ido. Mis ojos se ven enormes bajo las sombras oscuras que me han puesto y mi piel… mi piel es más suave que antes, mucho más. Me han aplicado tanta hidratación que al final han conseguido que vuelva a tener una piel limpia, clara y bella. Mis ojos se humedecen un poco a causa de la emoción del momento.

- Estoy… - Me toco la cara sin terminar de creer que esa soy yo.

- Estás perfecta, bueno casi – Dice Kate acercándose a mi lado.

- ¿Casi? – Pregunto extrañada - ¿Aún falta algo?

- Sí, mira tu cara y ahora mira tu ropa. Eres hermosa pero lo escondes bajo esa ropa desgastada y poco femenina.

- Así es como soy – Digo sin saber porqué le dan tanta importancia a mi manera de vestir.

- ¿Y es así cómo quieres ser? – Pregunta Martial desde el sofá.

- No… no lo sé – Me vuelvo a mirar de arriba abajo y en mi rostro veo a una persona y en mi cuerpo veo otra, pero ¿Cuál de ellas soy en realidad? ¿La hermosa o la normal? Nunca he querido ser normal y corriente, pero tampoco quiero ser una snob. ¿A caso no es eso lo que busco? ¿Una nueva yo que me ayude a dejar de ser la basura en la que me convertí? – Lo haré.

- ¿Qué? – Me pregunta Kate extrañada.

- Nada, toma cóbrate todo lo que me habéis hecho que tengo prisa – Le entrego mi tarjeta de crédito y salgo de la habitación a esperarla en recepción.

- ¿Así nos agradeces la mañana que hemos echado por ayudarte con tu causa? – Me pregunta Martial unos minutos después mientras me entrega la tarjeta de crédito.

- Gracias, de verdad, muchas gracias, pero ahora tengo que irme.

- ¡Vuelve cuando quieras! – Le oigo gritar antes de que se cierre la puerta del local.

Salgo a la calle y observo las cientos de tiendas que hay por todala Quinta Avenida, y sin quererlo ni beberlo, las palabras de Jasper vuelven a mis oídos.

"…Vale que no quieras cambiar tu estilo de vestir, pero por Dios Bella, tu ropa es de hace tres años. Cómprate ropa nueva, te sentará bien, además tienes que ir pensando en vestiditos y esas cosas para cuando se empiece a notar la barriga. No siempre vas a poder ir con vaqueros ajustados…"

A veces Jasper me recuerda lo que seria tener una madre, con tantas órdenes y tantos consejos. Después de parar a comer de nuevo en un restaurante y recorrerme casi seis manzanas de tiendas, vuelvo con un montón de bolsas a donde he dejado el coche. Lo meto todo en el maletero y arranco de una vez dispuesta a ir a casa y dormir por horas y horas.

En cuanto entro por la puerta todo mi buen humor se va al carajo cuando veo a mi madre observarme desde la entrada.

- ¿Dónde has estado? – Se cruza de brazos y me observa de arriba abajo. Ha notado el cambio y las comisuras de sus labios parecen transformarse en un intento de sonrisa, pero su mirada retadora no me engaña. Tiene ganas de guerra y yo soy una estupenda luchadora.

- Ya te lo dije, fui a la universidad – Me encojo de hombros y paso por su lado dispuesta a subir a mi habitación para dejar todas las bolsas pero antes de que pueda dar otro paso más me detiene tocándome el hombro.

- ¿Qué es todo esto?

- Ropa, zapatos… un poco de todo. Mira no sé que quieres, no sé porqué te interesas por mí pero déjalo estar. Ya me ha quedado claro que no existo para ti así que haz el favor de dejarme tranquila tal y como yo hago contigo. No te metas en mis cosas ni me jodas y yo haré lo mismo.

- ¿Eso es una amenaza? Me da igual que te hayas quedado preñada por ser una puta, no creas que por eso vas hacer lo que te de la gana ¡¿te enteras? Yo no soy tu padre que te consentía en todo – Me mira con desprecio y al haberme insultado solo ha conseguido que explote de una vez.

- ¡¿Cuál es tu jodido problema mamá? ¡¿Se puede saber qué demonios te he hecho? ¿Tienes una vida tan amargada que tienes que joderme siempre la mía? ¿No te cansas de ser tan inútil? ¿No te cansas de ser tan jodídamente estúpida?

- ¡Tú! ¡Tú eres mi problema, Isabella! ¡Me lo robaste todo! ¡Mi belleza, mi protagonismo, mi marido y ahora mi dinero! ¿Sabes cuanto tiempo llevo aguantando toda esta mierda? ¡20 putos años! ¡Y ya no lo soporto! – No logro comprender todo lo que me dice cuando de repente se sienta en la escalera y se pone a llorar.

- Tú… eres una maltita enferma. ¡Estás loca! ¿De qué dinero hablas? – Suelto las bolsas y me acerco a donde ella se encuentra - ¿De qué estás hablando?

- ¡Toma! – Me tira unos papeles a la cara y vuelve a llorar más fuerte que antes. Los leo por encima y no puedo creer todo lo que estoy viendo.

- Pero esto tiene que ser un error…

- ¡Me lo quitaste todo! ¡Absolutamente todo! Hice… - Respira hondo intentado calmarse y aguanta como puede el llanto – Rosalie me lo mando horas después de que te fueras esta mañana. Dice que el bastardo de tu padre lo tenía todo planeado desde hacía varios años cuando se metió en ese estúpido negocio. Te ha dejado toda la fortuna y a mí… a su mujer que lo ha aguantado todos esto años… nada… - Se lleva las manos a la cara y vuelve a llorar desconsoladamente.

- Pero aún no puedo cobrar todo ese dinero, además que yo no quiero encargarme de todo ni de coña. Lo solucionaremos, no te preocupes – Me siento a su lado y sigo mirando los papeles. Entonces, después de comprender lo que le acabo de decir se gira y me mira con los ojos llenos de lágrimas. Es una mujer hermosa y aunque no me duele verla así, tampoco siento nada agradable por verla sufrir.

- ¿No lo quieres? ¿No quieres verme en la calle, sacarme de esta casa y quedarte con todo?

- No. Sé que tú no pensarías igual si estuvieses en mi lugar pero yo me conformo con tener siempre dinero en mi cuenta, lo demás es cosa tuya. Ya tengo bastante con mis problemas con las drogas, un bebe y la universidad, como para sumarle hacerme responsable de las empresas de papá. Tú eres la que llevas 20 años a su no yo, tú eres la que debe ser presidenta, directora o lo que sea. Yo solo soy la hija problemática que pasa de todo y de todos – Me levanto y cojo mis bolsas de nuevo – Dile a Rosalie que prepare los papeles que hagan falta que yo los firmaré. Ahora si ya te has quedado a gusto por llamarme, puta roba hombres y caza fortunas, me voy a mi habitación a hacer las maletas. Mañana mismo me iré y no tendrás que preocuparte más por mi supuesta educación – Subo los tres primeros escalones y la veo que se gira para mirarme con sorpresa – Como dijiste esta mañana, ya soy adulta y es hora de ser responsable – La dejo con la palabra en la boca y entro en mi cuarto para tirarme en la cama y pensar en todo lo que me queda por hacer.

A la mañana siguiente lo primero que me viene a la cabeza son las palabras de Jasper.

"…Debes buscar un lugar donde vivir. Un lugar al que llames hogar y en el cual puedas llevar una vida normal para que la rutina te ayude a bajar la necesidad de consumir drogas. Debería estar cerca de Columbia para que no llegues tarde, que lo harás sin duda alguna… ¿Seguro que quieres hacer esto?..."

- Sí quiero… - Digo desperezándome. Noto que los músculos están más cargados de lo normal y que mi ánimo no es el mismo del día anterior. Tengo miedo de no poder conseguirlo. ¿Y si no logro cambiar? ¿Y si pierdo a mi bebe? Noto como me hundo en la profundidad de mis pensamientos y cuando creo que voy a morirme por la tristeza que me inunda, alguien llama a la puerta.

- ¿Puedo pasar Isabella? – La voz de mi madre al otro lado me hace dejar a un lado mis pensamientos para traer a mis recuerdos la discusión de la noche anterior.

- Pasa – Digo volviendo a meterme en la cama y tapándome con la sabana, como si ese hecho me hiciese sentir protegida.

- ¿Qué es eso de que te vas? – Observa mi habitación y ve varias maletas apiladas en una pared.

- Sin rodeos ¿eh? – Me incorporo de nuevo y la veo como se abraza así misma – Me voy porque es lo que tengo que hacer, porque lo creas o no, voy a intentar cambiar.

- ¿Cómo has conseguido que te acepten en la universidad?

- Hablé con el director y me aceptaron. No necesité pagarles ni nada, así que nuestra fortuna sigue intacta.

- Bien… ¿Hace cuantos días que no consumes? – Aparta la mirada y se acerca a la ventana de mi habitación.

- 18 días.

- De acuerdo…

- ¿Me estás interrogando? – Pregunto divertida por su actitud. En dos días hemos hablado más que en todo un año y eso me fascina.

- No, solo quiero ver que no tramas nada raro. El desayuno está en la mesa. Yo me voy a ver a Rosalie y a solucionar lo de ayer. ¿Te vas hoy mismo?

- No lo sé, antes tengo que encontrar algún apartamento.

- Vale. ¿Te importaría llamarme cuando lo encuentres?

- Está bien… - La miro un poco extrañada porque no me esperaba una petición así. Supongo que me lo pregunta para saber cuándo ambas seremos completamente libres sin tenernos que aguantar la una a la otra. Y sin pronunciar ni una palabra más se va de mi habitación.

Me levanto con mucho esfuerzo de la cama y observo el panorama. Tengo muchas cosas que hacer y todo en una jodida semana. Me siento ante mi Imac y empiezo a buscar inmobiliarias. Cuando cojo el Iphone para llamar a la primera empresa que veo que no son unos rácanos que no buscan más que estafarme, veo un par de llamadas de Jasper y automáticamente vuelvo a recordar la conversación que tuvimos ayer.

"… Aunque no es una buena idea dado que eres un peligro, te sentará mejor probar lo qué es la independencia. Odias tu casa así que no será un problema el que te marches. Busca un buen apartamento cerca de la universidad… Ya es hora de que te hagas responsable de tu vida…"

Noto que mi barriga ruge de hambre y bajo casi corriendo a desayunar. Veo que mi madre está escondida tras el periódico. Al parecer no se ha ido todavía. Sé que sabe que estoy aquí pero me ignora completamente. Me tomo un par de tostadas con mantequilla y una gran taza de café. He buscado información sobre el síndrome de abstinencia y estoy en la fase de cansancio y sueño así que el café es mi mejor amigo en estos momentos.

- Deberías cuidarte e ir al médico para controlar el embarazo – La voz de mi madre al otro lado del periódico me sorprende. Parece que se preocupa por mí pero dudo mucho que sea eso. Puede que simplemente intente ser simpática o quién sabe, a lo mejor le ha entrado el insitito maternal de repente… Nah, seguro que simplemente quiere ser amable.

- Hoy iré al hospital a hacerme un chequeo pero antes tengo que arreglar otros asuntos – Como hablar de nuevo con el señor Cullen y decirle la verdad sobre mi situación, o encontrar un lugar donde vivir.

- Vale – Su respuesta es tan seca que me la tomo como un "no quiero saber más nada".

Termino de desayunar y subo a mi habitación a vestirme. Cojo un vaquero desgastado y una sudadera de las antiguas, porque todavía no me siento preparada para convertirme en una nueva Isabella. Me monto en el mercedes que ahora me pertenece y en veinte minutos me encuentro ante la primera inmobiliaria de mi lista.

Una vez me han entrevistado, me dan puerta diciéndome que me avisaran cuando encuentren algo. Odio que no me tomen enserio por ser demasiado joven. ¿No es el dinero lo que quieren? ¿Por qué no lo cogen sin cuestionarme? Tal vez creen que lo he robado y que soy una delincuente buscada por al ley. Idiotas.

Me coloco los auriculares del Iphone y Drop the World de Lil Wayne y Eminem comienza a sonar, así que sin pensar, ando sin un rumbo fijo.

"…Mi mente torcida de verlos a todos
Temblar y con miedo de mirarme a los ojos
Le ganaré al maldito reloj
Me tomaré mi tiempo y vendré de regreso
Muy sigilosamente
Y arruinaré este juego
Mejor ten cuidado cuando pronuncies mi nombre…"

Después de pasear por un par de manzanas me encuentro de nuevo enla Quinta uno de los mejores y más caros lugares para vivir de todo Nueva York, y me gusta toda la locura, prisas y estrés que se respira en el ambiente. Me siento bien estando aquí.

Justo cuando paso junto a un poste con varios carteles, uno de ellos, lleno de colores, me llama muchísimo la atención.

"¿Buscas dónde vivir? ¿Buscas libertad? Yo soy somos tu solución."

Marco el número sin saber bien a quién o a qué estoy llamando.

- ¡Buenos días desconocido! ¿En qué puedo ayudarte? – Una voz de una mujer entusiasmada suena al otro lado del teléfono.

- He visto su anuncio y me preguntaba qué me podrían ofrecer.

- ¿Buscas un apartamento? – Me pregunta emocionada.

- Sí – Contesto secamente. No me gusta la gente tan alegre. Creo que esconden algo peor que aquellos que están amargados como yo.

- ¡Bien! Te doy la dirección y te pasas cuando quieras – Me la da y enseguida me percato que no está lejos de donde estoy. Concretamente un par de rascacielos más para adelante.

- ¿Podría pasarme ahora mismo?

- ¡Claro! Te espero – Cuelgo y avanzo hasta el edificio.

Me quedo paralizada ante la puerta y lo observo de arriba abajo. Es una construcción modernista. La fachada consta de cientos de ventanales y junto a la estética de piedra da la sensación de elegancia y lujo. Entro en el vestíbulo y me acerco al portero.

- Disculpe, ¿el apartamento 204?

- En la última planta señorita.

- Gracias.

Entro en el ascensor y la musiquita no me agrada absolutamente nada. Después de unos segundos de espera por fin las puertas se abren para dejarme ver un gran pasillo con un par de puertas nada más.

Me acerco a la puerta de madera de roble con el número 204 y llamo con un poco de recelo. La puerta se abre inmediatamente y una canción que nunca había oído se expande por todo el pasillo.

"...Pero tengo que dar un giro a mi vida.
Es hora de ser una mujer.
Y las mujeres no lloran,
no lloran, no lloran, no lloran..."

Miro sorprendida a la chica que me ha abierto la puerta y me sonríe con alegría. Es bastante más bajita que yo y tiene una corta melena castaña. Su sonrisa es hermosa y sus ojos marrones son grandes y me miran con ilusión.

- ¿Eres la chica con la que he hablado antes? – Me pregunta.

- Sí, soy yo – Me meto las manos en los bolsillos del pantalón y me empiezo a sentir incomodo por su manera de mirarme.

- Soy Alice Brandon. Pasa, pasa, no te quedes ahí parada – Hago lo que me dice y me quedo boquiabierta al ver cuanto espacio y la gran luminosidad que entra por los grandes ventanales.

Las paredes son de colores vivos. El azul, amarillo y verde junto con toda una gama de colores que grita alegría por todas partes le dan vida al lugar. Los muebles son modernos y pintados con los mismos colores de la casa. Una gran cocina americana se encuentra en el extremo izquierdo de la casa, mientras que al derecho, al subir un par de escaloncitos puedo ver una gran sala de estar. Apenas hay paredes que puedan cerrar las habitaciones. Ando un poco más adentro y bajo la escalera que da al segundo piso, veo la puerta del baño.

- ¿Te gusta? – Oigo su voz a mi espalda y me giro para mirarla.

- ¿Estás de broma? ¡Me encanta! ¿Por qué quieres deshacerte de él?

- Porque no puedo permitírmelo, ¿quieres ver la parte de arriba?

- Sí, claro – Contesto con un poco mas de simpatía porque el sitio me encanta.

Ambas subimos las escaleras y primero vamos a su habitación. Tiene una gran cama de matrimonio y está un poco desordenada pero por lo demás es preciosa con tantas fotos y cuadros.

- ¿Eres artista? – Pregunto con curiosidad.

- Eso dicen, pero yo no lo creo. Solo que plasmo lo que siento en lo primero que pillo – Se encoje de hombros y observa su habitación con algo de pena.

- Pues parece que siempre estás feliz. Lo digo por todos esos colores y esas fotos tan bonitas. Me gusta.

- Me alegro. ¿Quieres ver las otras habitaciones?

- ¿Cuántas hay? – Pregunto sorprendida.

- Contando con esta, cuatro.

- ¿Y vives aquí sola?

- Ahora sí – Se vuelve a encoger de hombros. Ahora parece triste y me siento mal porque sé que he preguntado algo que no debía.

- Lo siento, no quería…

- No te preocupes – Me sonríe con simpatía y niega con la cabeza – Cosas de pareja.

- Entiendo… Bueno, muéstrame lo demás – Intento sonar alegre para que no piense que siento pena por ella. Si hay algo en este mundo que no soporto es la lástima de las personas, te hacen sentir inferior como si fueses una basura.

- ¡Vamos! – Parece que ha funcionado – Veras la siguiente, te va a gustar más que esta.

Me lleva a la siguiente puerta y me abre para dejarme pasar yo primero y cuando veo lo que es me quedo alucinada. Es una habitación tan grande como la sala de estar y frente a la cama tiene unas puertas correderas que dan a un enorme vestidor. Doy una vuelta por la habitación y abro la puerta del enorme baño que cuenta con la última tecnología. Acto seguido abro las del vestidor y veo todo lleno de ropas y zapatos.

- ¿Te estás quedando conmigo? – Digo paralizada ante aquella visión.

- Sí, toda está casa la compre hace unos años con la herencia que recibí por la muerte de mis padres y la convertí en la casa de mis sueños.

- Lo siento mucho, de verdad – Miro cada cosa y siento el amor que Alice ha dado a todo aquello y que ahora se tendría que deshacer de su vida y su hogar.

- Eso fue hace muchos años, no pasa nada. ¿Vamos a la siguiente?

- Sí por favor.

La siguiente puerta me lleva a una habitación más pequeña y acogedora. Es completamente rosa y está todo lleno de cajas sin ningún mueble a la vista.

- ¿Qué era esto? – Pregunto con curiosidad.

- Iba a ser la habitación de una niña, pero acabó siendo el trastero – Instintivamente me llevo la mano a mi estomago y pienso en que esa podría ser la habitación de mi bebe.

- Me gusta. Transmite paz y tranquilidad, todo lo que un bebe debe tener… - Imágenes horribles se me pasan por la mente y automáticamente me tenso por mis pensamientos.

- Vamos a la última. Esa es mi obra maestra – Me coge de la mano y me lleva hasta la última puerta. Noto como una especie de aura ha empezado a crecer sobre las dos. Noto como si la conociese y no sé si ella está sintiendo lo mismo.

La abre despacio, como si quisiera darle más suspense al momento y cuando por fin entro en la habitación me quedo sin habla.

- ¿Esto… esto es lo que creo qué es? – Le pregunto alucinando por lo que estoy viendo.

- Sí, es mi sala de cine particular – La miro y está sonrojada ligeramente.

- Increíble…

Me siento en el gran sofá que se encuentra en el centro de la sala y veo la inmensa pantalla plana que está justo en el centro de la pared. A su alrededor hay cientos y cientos de estantes con películas, todas perfectamente colocadas. Me levanto y las acaricio con mis dedos, como si las estuviese admirando. Hay miles que no he visto y muchas otras que me sé de memoria.

- No puedes vender está casa – Sentencio al entender lo que Alice dejaría atrás si lo hiciese.

- Ojala no tuviera que hacerlo… - Veo como una lagrima le cae por la mejilla y sin pensarlo las palabras se me escapan de mis labios.

- Yo pago lo que sea si sigues viviendo aquí.

- ¿Qué? – Me pregunta extrañada por lo que he dicho.

- Sí, serás mi compañera de piso. Podemos… podemos hacer como una especie de trato… Déjame pensar… A ver, tú quieres seguir viviendo aquí pero no tienes dinero suficiente para mantenerte a ti y a la casa ¿verdad?

- Verdad, pero…

- Pero nada. Yo me he enamorado de este lugar y tú solo necesitas a alguien que te ayude con las facturas y yo podría ser esa persona – Me mira con incredulidad y sigo hablando sin apenas respirar – Lo sé, lo sé, no me conoces, lo entiendo, pero no soy una psicópata ni asesina, bueno estoy algo tocada pero no he matado a nadie, estoy embaraza ¿sabes? Sí, lo estoy y no sé qué estoy haciendo, solo sé que me estoy dejando llevar para no recaer en las drogas que por cierto deje hace 18 días, así que discúlpame si estoy un poco irritada o agobiada. ¿Hace calor o soy yo? Bueno, eso da igual, el caso es que es una buena idea. ¡Una idea magnifica! Piénsalo, tómate el tiempo que necesites, pero piénsalo. Aunque si me lo dijeras ahora me harías un favor. Estoy hablando mucho, ¿verdad? – Por fin logro cerrar mi enorme boca y espero a que Alice reaccione. Ahora le salen más lágrimas y antes de que pueda decir algo se acerca y me estrecha entre sus brazos. Le doy unas leves palmaditas en la espalda y ella comienza a llorar fuertemente. La abrazo un poco más hasta que por fin para de llorar.

- ¿Sabes que eres la primera persona que me quiere ayudar sin obtener nada a cambio?

- Bueno eso no es del todo cierto, pienso vivir aquí hasta que me pidas que me marche.

- ¡Gracias! ¡De verdad, muchísimas gracias! – Me vuelve a abrazar fuertemente y correspondo sin saber bien porqué. Tal vez por su entusiasmo o tal vez, porque cabe la posibilidad de yo también necesite algo de ayuda para seguir con esta locura.


¿Bien o no?

Si les ha gustado o si les ha parecedo la mierda mas grande del mundo, me lo pueden decir a través de Reviews, porque siempre es bueno recibir la opinión de ustedes. Tanto la buena como la mala.

Muchas gracias por sus alertas y favoritos, me encantó que les haya gustado.

Gracias también a Annilet, ZAVACULLEN, pardo3391 y a Bells Lopez por ser mis primeros reviews.

Y mil gracias a todas las lectoras anónima por sus visitas, de verdad gracias.