Título: 'A Cros who lost his sun' (Un cuervo que perdió su sol)
Pareja: Kageyama Tobio x Hinata Shouyou
Adaptación: Ésta historia es una adaptación de Kill Bill, si ya sé rara la mezcla pero qué se le va a hacer, varios aspectos de la película fueron modificados de acuerdo a los personajes.
Disclaimer: Reitero, es una 'pseudo'-adaptación de Kill Bill, la película le pertenece a Quentin Tarantino, y los personajes son de Haikyuu que tampoco me pertenece ;n; /3
Dedicado especialmente a Sophia, Marie y Nino gracias muchachas por ayudarme a elegir el título y otros ajustes. Espero les guste.
By Ray Kirkland.
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A Crow Who Lost his Sun
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Capítulo Dos: El guerrero cuervo
El auto se detuvo frente a una casa tradicional japonesa, Kageyama bajó observando fijamente el lugar. Sintió un sabor amargo, ese lugar le traía demasiados recuerdos. Caminó con las manos en los bolsillos hacia la puerta, adentro se detuvo al divisar a una muchacha barriendo. Cuando ella se dio cuenta de su presencia se dispuso a darle la bienvenida, hasta que vio de quién se trataba. Se quedó muda de la sorpresa, por un momento creyó que se trataba de una ilusión.
"¿K-Kageyama?" -preguntó sin estar segura.
"Buenas tardes, Yachi" -le saludó de vuelta.
Diez minutos después, Kageyama les relataba lo ocurrido hace unas semanas a Yachi y a otra persona en una de las habitaciones de la casa, que en realidad era una escuela. La escuela Karasuno, era una escuela de artes marciales y kendo, una de las más antiguas y distinguidas de la región. Y la persona con quien hablaba Kageyama era uno de los estudiantes más distinguidos del lugar, Tanaka Ryunosuke. Tanto Tanaka como Yachi sabían lo que le había ocurrido a Kageyama hace cinco años.
"Así que... ¿Planeas ir a buscarlos y vengarte?"
"Así es"
"Y supongo que no hay nada que pueda decirte para que cambies de opinión" -dijo Tanaka rascándose la cabeza.
"No, ya lo he decidido"
"Entonces ¿Por qué has venido aquí? Dudo que solo haya sido para saludar"
"Lo siento mucho, pero necesito que me presten su ayuda una vez más" -dijo haciendo una reverencia.
Tanaka lo observó fijamente y luego comenzó a reír.
"Hahahaha ¡Tan rígido como siempre! Hombre, no has cambiado nada -se acercó para darle una palmada en la espalda- aquí siempre te brindaremos toda la ayuda que necesites, eres un compañero después de todo"
"Muchas gracias" -Kageyama se sintió aliviado de que todavía podía contar con ellos.
"Entonces ¿Qué necesitas?"
"Información, lo que sea es suficiente. He perdido por completo el rastro de ellos y no sé cómo ubicarlos..."
En ese instante una de las puertas se abrió de golpe, y una veloz figura pequeña entró a la habitación dirigiéndose directo a Kageyama, que logró bloquear el ataque justo a tiempo. La punta de la cuchilla se encontraba a unos centímetros de su rostro.
"Hehe tus reflejos siguen siendo los mismos, eso es bueno"
"N-Noya-san..."
"Ha pasado bastante tiempo Kageyama, me alegra ver que estés bien"
Nishinoya Yu, otro de los estudiantes distinguidos del lugar, él particularmente destacaba por su gran agilidad y buenos reflejos a la hora de pelear.
"Si lo que necesitas es información vamos con Kiyoko-san"
Shimizu Kiyoko, trabajaba en la escuela encargándose de los cuidados médicos, y también trabajaba en el hospital. Hace cinco años, fue Kiyoko la que fue a la escena del crimen aquel día y también fue quien llevó a Kageyama al hospital, y estuvo pendiente de su recuperación. Nadie siquiera sospechó que ella lo conocía, y eso debido a su perfecta habilidad para esconder sus emociones. Nadie notó lo angustiada y triste que estaba cuando asistió a la escena del crimen, o lo desesperada que estuvo al llevar a Kageyama al hospital, o lo aliviada que se sintió cuando le dijeron que Kageyama sobreviviría. Fue ella quien, después de lo ocurrido investigó sobre Oikawa y su escuadrón, con la intención de saber el paradero de Hinata y Natsu.
"El escuadrón de Oikawa se disolvió hace cuatro años" –reveló Kiyoko para la sorpresa de Kageyama.
"¿Qué?"
"Un año después de…lo que ocurrió, el líder anunció que dejaba el negocio y desapareció, los demás miembros igualmente se retiraron y tomaron diferentes rumbos por lo que no ha sido posible localizarlos. Pero sabemos de dos de ellos –dijo acercándole unas fotografías- sabemos que están en Tokio y que controlan el bajo mundo en Tokio"
La suerte parecía estar del lado de Kageyama, el primero en su lista era Kenma y precisamente era Kenma el que aparecía en esas fotos, con un cambio de apariencia que por un momento confundió a Kageyama. Kenma tenía el cabello negro como el ébano y en las fotos su cabello era rubio, aunque las raíces negras comenzaban a notarse. Estaba rodeado de un grupo de hombres vestidos de traje negro. Y en una de las fotos lo encontró junto a Kuroo, su segundo objetivo. Siempre los dos juntos.
"Con esto es suficiente –dijo Kageyama observando las fotografías- muchas gracias"
"También, como estás aquí te daré esto" –dijo Kiyoko acercándose a un mueble y sacando una pequeña caja. Se la entregó a Kageyama que la agarró algo confundido y la abrió sin pensarlo. De repente sintió que el corazón se le estrujaba dolorosamente.
"L-lo siento por no haber podido recuperar más cosas –intervino Yachi- ese día, cuando nos enteramos de lo que les había ocurrido y que la policía comenzaba a investigar, fuimos a su departamento para recoger todo lo que pudiera darles un pista de Hinata o de ti…es lo único que pudimos recoger"
Las manos de Kageyama temblaron al agarrar un pequeño portarretratos, la fotografía en él seguía igual de bien conservada. Por un momento sintió que los recuerdos que había intentado suprimir durante semanas lo atacarían de nuevo e iba a perder la calma, pero cerró los ojos y respiró profundamente.
"Gracias" –murmuró cerrando la caja. Aun no, aun no se enfrentaría a ellos.
"Kageyama…nosotros, en verdad sentimos lo que les ocurrió –dijo Tanaka- no pudimos hacer nada, y las cosas se dieron de ésta manera… No solo Hinata y Natsu, Daichi-san, Suga-san y Asahi-san… nosotros no pudimos salvarlos…lo sentimos mucho por eso" –dijo haciendo una reverencia, los demás le imitaron en silencio.
"No…ustedes no tuvieron la culpa, él…Oikawa-san…me buscaba a mí, porque escapé…fui yo el que arrastró a todos, si no me hubiera quedado el no habría dado con éste lugar y nadie habría muerto. Todo esto es mi culpa, es por eso que… -cuando Kageyama alzó la mirada, ésta era una mirada fría y cargada de ira- …pienso encontrar a cada uno de ellos y hacerles pagar por lo que nos hicieron…"
Aquella mirada, era sin lugar a dudas la mirada de un verdadero asesino sediento de venganza. Aquellos que estaban en la habitación sintieron un escalofrío, por un instante vieron cómo fue Kageyama hace ya muchos años, cuando aún estaba al lado de Oikawa. Esa era una faceta que nunca habían visto, porque cuando lo conocieron por primera vez, Kageyama ya estaba cambiado, producto de haber conocido a Hinata.
"Ah también –Kageyama de repente volvió a la normalidad-necesito la ubicación de cierta persona…voy a necesitar un arma de confianza"
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Se trataba de una tienda común y corriente, no había nada en particular extraordinario en aquel lugar. En los alrededores solo se observaban unas pocas pequeñas casas y campos de cultivo. Adentro el dueño se encontraba detrás de un mesón fumando un cigarro y leyendo un periódico. Se trataba de un hombre rubio, no parecía pasar de los 30, vestía una sudadera y jeans, encima tenía puesto un delantal. El hombre escuchó entonces la puerta abrirse y por costumbre dejó el periódico y alzó la vista.
"Bienvenido" -le dijo a Kageyama.
"Buenas tardes" -le saludó entrando al lugar y mirando a su alrededor.
"Hmmm no recuerdo haber visto tu rostro alguna vez, ¿Eres nuevo en el lugar?"
"No, solo estoy de paso -Kageyama se acercó a una de las pequeñas mesas que habían y se sentó- podría darme un poco de té por favor" -le pidió.
"En seguida -el hombre se dispuso a preparar algo de té- debo admitir que es extraño ver rostros nuevos por aquí"
"¿En serio?"
"Hehe si, éste lugar es tan alejado e inhóspito que no llama mucho la atención"
"A mí me parece un buen lugar para tomar unas vacaciones -dijo observando por la ventana el paisaje verde, no se escuchaban autos o bullicio- parece muy relajante" -dijo con una ligera sonrisa.
"Lo es, aunque a veces puede resultar algo aburrido -el té ya estaba listo, lo sirvió en una taza y se lo llevó a Kageyama- así que viniste aquí para descansar"
"La verdad no, vine a buscar a un hombre"
"Ah ya veo ¿Un amigo?"
"No la verdad -y luego añadió- nunca lo he conocido en persona"
"¿Nunca?... ¿Y quién es esa persona? Quizás pueda ayudarte a encontrarlo, conozco a casi todos en ésta región" -dijo colocando la taza frente a Kageyama.
"...Ukai Keishin" -dijo con un hilo de voz.
El dueño pareció paralizarse por un instante, pero supo mantener la calma. Se sentó frente a Kageyama y le miró fijamente, tratando de adivinar quién era y qué quería. Kageyama, por su parte, no apartó la mirada, se mantuvo serio y tranquilo. Después de unos segundos, el dueño finalmente habló.
"¿Y qué asuntos tienes con ese hombre?"
"Necesito un arma" -respondió sencillamente con un tono serio.
"¿Un arma? ¿Y para qué?" -le preguntó entrecerrando los ojos.
Kageyama se inclinó sobre la mesa y cuando habló, en su voz había un tono frío y mordaz.
"Hay unas alimañas que debo matar"
El dueño le miró atentamente y se recostó en el espaldar de la silla con una ligera sonrisa irónica.
"Deben ser alimañas muy grandes si es que necesitas un arma de ese hombre"
"Enormes" -dijo tomando un sorbo de té.
El dueño de aquella pequeña tienda era Ukai Keishin, uno de los estudiantes más reconocidos que había tenido Karasuno hace años. Pero esa no era la razón por la que Kageyama lo buscaba, sino porque él era el único nieto del gran Maestro Ukai, su maestro, el mismo que le había llamado 'un verdadero cuervo'. Su maestro había fallecido hace mucho y le había dejado todo a su nieto, quien también había sido entrenado por él.
Ukai lo condujo por un pasillo hasta una habitación oscura. Al encender las luces, Kageyama se quedó mudo de la sorpresa y se paró en la puerta observando lo que había en aquella habitación. En una amplia pared se encontraban dispuestas en estantes varias 'katanas', cada una de diferente empuñadura y diferente funda. Esa era la herencia que le había dejado el maestro.
La familia Ukai era reconocida por su dominio en las artes del combate, pero eso no era todo, también era conocida por su habilidad en hacer katanas. Durante siglos habían perfeccionado su técnica, generación tras generación, hasta que llegaron a forjar las mejores espadas que podrían existir. Si comparabas una espada de la familia Ukai con cualquier otra, la de la familia Ukai siempre salía vencedora. Era la espada perfecta. Y todas las que se hallaban en esa habitación le habían pertenecido al maestro Ukai, eran su valiosa colección. Pero ninguna de ellas se habían utilizado para quitarle la vida a alguien.
Kageyama caminó hacia los estantes y paseó delante de él, observando cada una de ellas fijamente. Recordaba haberlas visto cuando estuvo bajo el entrenamiento de su maestro, siempre le habían resultado hermosas y a la vez intimidantes. Se detuvo frente a una columna y observó una de ellas en particular, la funda era negra y la empuñadura tenía detalles naranjas. Sin darse cuenta alzó su mano para cogerla pero se contuvo y se dio la vuelta para pedirle permiso a Ukai que estaba parado en la puerta.
"¿Puedo?"
Ukai le miró fijamente y asintió.
"Adelante" -le dijo con una sonrisa.
Kageyama tragó saliva y cogió la katana con sumo cuidado. Era más liviana de lo que había esperado, y en sus manos parecía menos intimidante. Una extraña emoción de apoderó de él y sonrió al sostenerla. Recordó las muchas veces que había deseado sostener una de ellas, pero su maestro le había dicho que aún no estaba listo para tener una de esas en sus manos.
Pero ahora era diferente.
De un movimiento rápido la desenvainó y la hoja de la katana brilló en aquella habitación. Kageyama observó la hoja, vio el reflejo de sus ojos y sonrió de nuevo. Era una sensación extraña tener tremenda arma en sus manos, era atemorizante, pero al mismo tiempo se sentía poderoso.
Ukai le observaba atentamente, sacó de su bolsillo una pelota de béisbol y se acercó cautelosamente.
"Así que te gustan las espadas de samurái -rio ligeramente, Kageyama le miró y asintió con un toque de emoción- veamos..."
Sin previo aviso o señal lanzó la pelota con toda su fuerza hacia Kageyama, que sin pensarlo alzó la espada grácil y velozmente, y de un solo movimiento partió la pelota por la mitad. Kageyama sintió un extraño hormigueo en sus dedos y sonrió de nuevo con emoción. Se había sentido bien.
Ukai por su parte estaba algo sorprendido, no había esperado aquel manejo tan perfecto de la espada, algo así se podía esperar de un hombre que haya entrenado por años y años. Pero Kageyama lucía muy joven para ser alguien que haya entrenado años. Sonrió entre incrédulo y divertido. Había valido la pena mostrarle las espadas.
"Quería mostrarte éstas, son las últimas que se hicieron en ésta casa, sin embargo debes saber que ya no hemos vuelto a hacer más de ellas -dijo con severidad- las que están aquí las hizo mi abuelo, y su último deseo fue que ya no volvamos a crear objetos para matar gente -Ukai se acercó a Kageyama observando las demás espadas- éstas las guardamos por valor sentimental y como memoria de mi abuelo -Kageyama le entregó la espada sin decir nada cuando Ukai extendió la mano- Claro, estamos orgullosos de lo que nuestra familia ha hecho durante tantos años, pero nos hemos retirado ya" -Ukai envainó la espada y le sonrió a Kageyama antes de colocarla de nuevo al estante.
"En ese caso, deme una de éstas" -dijo sin rodeos Kageyama.
"No están a la venta" -dijo Ukai con seriedad.
"No dije 'véndame, dije 'deme'"
Ukai se rio.
"¿Por qué?... ¿Por qué debería hacerlo?" -no sonaba particularmente molesto, sino curioso.
"Porque el dueño de éstas espadas fue mi maestro" -respondió sencillamente.
"¡Ha! El hecho de que hayas sido un alumno en la escuela no te da semejante derecho"
Kageyama negó con la cabeza y su mirada de repente se endureció.
"No de la escuela, fui su alumno personal después de que dejó Karasuno"
Entonces Ukai le miró con los ojos abiertos. Tras haberse retirado, su abuelo se había ido a una casa en las montañas para pasar sus últimos años en soledad y paz. Sin embargo un día un extraño había aparecido pidiéndole que entrenara personalmente a un muchacho, su abuelo aceptó y lo entrenó durante casi un año, pese a estar retirado. Años después su abuelo le confesó que había aceptado entrenar al muchacho porque había visto en él a un verdadero guerrero y se había sentido obligado a enseñarle todo lo que pudiera. Y lo había hecho, le había enseñado todo lo que sabía y el muchacho había sobrevivido al duro entrenamiento hasta el final. Lo había llamado 'un verdadero cuervo'. Y ahora le tenía enfrente de él.
"El maestro me dijo que si algún día necesitaba su ayuda, no dudara en pedirla, y ahora lo que necesito es una arma para deshacerme de las personas que arruinaron mi vida -la mirada de Kageyama era penetrante y seria- así que yo diría que está más que obligado a darme lo que pido"
Ukai le miró fijamente, pudo ver en aquellos ojos azules la determinación inquebrantable que lo guiaba, la furia, el rencor y ahí en un rincón estaba también el dolor. Lo que él quería con todas sus fuerzas era vengarse y nada lo detendría para cumplir su objetivo. Ukai se preguntó quién y qué podría haberle hecho a ese muchacho.
Arruinaron mi vida...
¿Quienes? Kageyama había dicho que eran alimañas enormes. Ukai guardó silencio y luego caminó hacia la puerta, y Kageyama apretó los puños pensando que aun así se lo negaría.
"Puedes quedarte a dormir aquí -dijo antes de que Kageyama reclamara- Nos tomará un mes hacer una espada -Kageyama sintió un gran alivio en su pecho- hasta entonces deberías entrenar" -dijo volteándose para verlo.
"Muchas gracias" -Kageyama hizo una reverencia. Ukai asintió y lo dejó solo en la habitación.
Kageyama suspiró aliviado y volteó hacia la pared donde estaban las espadas. La presencia de su maestro era fuerte en aquella habitación, por lo que hizo una reverencia hacia las espadas.
"Gracias maestro..." -murmuró y se dispuso a entrenar como le habían dicho.
Un mes después
Se encontraban reunidos en una habitación iluminada por velas, y habían puesto decoraciones en las paredes. Se encontraban reunidos, Kageyama, Ukai y otros miembros de la familia que habían ayudado a hacer la espada, todos vestidos con ropas tradicionales blancas. Ukai sostenía la espada, presentándosela a Kageyama, tanto la empuñadura como la funda eran completamente negras. Un hombre se acercó para sostener la funda mientras Ukai la desenvainaba lentamente, enseñando un símbolo grabado en la hoja. Un cuervo con las alas extendidas. Una vez la hoja expuesta Ukai comenzó a analizarla detenidamente, asegurándose que no tuviera ninguna falla, aunque eso era imposible. Finalmente la sostuvo enfrente de Kageyama para que pudiera verla y luego suspiró, algo abatido.
"Hemos acabado de hacer...lo que juramos no volver a hacer -las demás personas agacharon la cabeza como si estuviesen avergonzadas- Hemos vuelto a crear algo que mata a personas -dijo observando la hoja de la espada con cierto temor- y en ese propósito hemos tenido éxito -los demás miembros comenzaron a mirar detenidamente a Kageyama que miraba la espada que ahora sería suya- fui yo el que dio la orden de hacerla, y lo hice porque filosóficamente me solidarizo con tu propósito -los demás entonces asintieron y dejaron de mirar a Kageyama, confiaban en que el maestro y confiaban en su nieto, sabían que ninguno de ellos le ofrecería su ayuda a cualquiera- Puedo decirte esto sin ego alguno, ésta es la mejor espada que hemos podido forjar, no lo dudes -le acercaron la funda para que pudiese guardarla de nuevo- si en tu camino Dios se interpone, entonces Dios saldría lastimado"
Entonces Ukai se la entregó mirándole fijamente, Kageyama alzó las manos algo torpemente y cuando sintió la espada en sus manos, la observó sin poder creer que realmente fuera suya, su arma, su compañera. Cuando volvió a ver a Ukai, éste le miraba seriamente, en aquella mirada sintió el peso de haber roto la promesa que le había hecho a su maestro, y también sintió la confianza que depositaba en él al entregarle semejante arma. Entonces supo que con más razón debía cumplir con su objetivo, no podía fallarle, ni a él, ni a esas personas, ni a su maestro.
"Guerrero Cuervo -le llamó y de repente recordó las pocas veces que su maestro así le había llamado- ve" -dijo haciendo una leve reverencia, los demás le imitaron. Era su forma de dar a entender que su trabajo ya había acabado.
"Gracias" -respondió Kageyama haciendo igual una reverencia y sosteniendo con fuerza su espada.
Ya tenía un arma, era hora de comenzar el plan.
Al día siguiente Kageyama se encontraba en el auto conduciendo hacia el aeropuerto donde tomaría un avión a Tokio. En el asiento del copiloto se encontraba su espada y junto a ella la caja de pertenencias que Kiyoko le había devuelto. Hasta ese momento Kageyama no se había atrevido a enfrentar los recuerdos, pero sabía que tampoco podía seguir evadiéndolo. A demás si quería concentrarse en su venganza, no podía dejar que alguna emoción o sentimiento interviniera. Así que arrinconó el auto a un costado del camino y estacionó. Respiró profundo y sostuvo la caja con cuidado, sentía que estaba agarrando una especie de bomba. Cuando la abrió, los recuerdos vinieron de golpe y el trató de controlarlos, revisó el contenido, encontrando documentos -suyos y de los otros dos-, fotos y algunas de las manualidades que Natsu solía hacer. Encontró un peculiar pisa-papeles que solo era una piedra redonda que la niña había pintado de negro y dibujado con blanco los rasgos de un gato, encontró varias fotos que Hinata o Natsu solían tomar de escondidas, la mayoría algo borrosas y algunas nítidas, encontró un dibujo que había hecho Natsu de los tres tomados de la mano en una especie de campo de flores. No pudo reprimir una sonrisa al ver los trazos de la niña que era buena dibujando. Contad más revisaba el contenido más sentía aquel dolor desgarrador en su pecho, pero también sentía que le daba la fuerza necesaria para llevar a cabo su objetivo. Al observar aquellas pequeñas muestras de felicidad estuvo más convencido del odio que sentía hacia ellos por arrebatarle todo y dejarle solo con recuerdos.
Finalmente agarró el portarretratos y observó la foto, era una foto del cumpleaños de Natsu en la que salían los tres. Entonces recordó el cumpleaños de ella, el único que había podido celebrar en sus tiempos juntos.
Flashback
Estaban los tres celebrándolo en el pequeño apartamento que habían conseguido. Habían comprado una torta de chocolate y en ella habían puesto 6 velas, la niña que rebosaba en alegría se quedó pensativa bastante tiempo tratando de pensar en un buen deseo. Los otros dos la miraban tratando de adivinar qué pediría, Kageyama por su parte no tenía ni idea no sabía cómo funcionaba la mente de los niños, Hinata parecía tratar de recordar lo que había pedido antes para darse una idea.
Finalmente se decidió y sopló las velas. Ambos aplaudieron, bueno Hinata aplaudió y Kageyama le copió al instante, era probablemente la primera vez que celebraba un cumpleaños tan 'normalmente'.
"¿Qué pediste?" -le preguntó Hinata inmediatamente. Kageyama esperó en silencio.
"Que nos quedemos los tres juntos siempre -respondió con una sonrisa, sorprendiendo a ambos, más a Kageyama que a Hinata. Natsu se acercó al más alto y lo abrazó sonriéndole- Tobio-nii-chan te vas a quedar con nosotros ¿Verdad?" -le preguntó.
Kageyama la miró sin saber qué decir. Llevaban apenas un par de meses viviendo establemente los tres y la idea de marcharse aun daba vueltas en su cabeza. No es como si desease marcharse, quería quedarse con ellos, ahora más que nunca era consciente de lo mucho que quería a ambos, pero tampoco quería que algo malo les ocurriera por su culpa. Pero cuando vio la sonrisa de la niña, llena de cariño e ilusión sintió que no podría dejarla nunca. La sola idea de marcharse pareció ser barrida por el cariño incondicional que brotaba con solo verla, un cariño muy similar al de un padre por su hija, un padre que jamás la abandonaría.
Kageyama le devolvió la sonrisa y el abrazo.
"Si...me voy a quedar"
Natsu se emocionó y dijo que traería algo corriendo a la habitación del lado.
Antes de que Kageyama hiciera siquiera algo, Hinata ya se había sentado en su regazo, sus brazos rodeándolo y sus labios presionando los suyos. Cuando el más bajo se separó, tenía una brillante mirada y una sonrisa de emoción en su rostro.
"¡¿En serio?! -exigió saber cómo si se tratara de un niño- ¡¿En serio te vas a quedar?! ¿Ya no te vas a ir?"
Kageyama frunció el ceño algo avergonzado.
"S-si... ¿Por qué te sorprende tanto?"
Entonces Hinata hizo un puchero y miró a un costado.
"Es que...decías que tenías que irte por nuestro bien...y lucías tan serio y amargado que supuse que tarde o temprano...un día nos dejarías...y..." -no pudo acabar porque sus labios fueron atrapados por los de Kageyama que lo besó lenta y dulcemente. Cuando se separó, cogió su rostro para asegurarse de que lo mirara a los ojos.
"No va a pasar ¿Entendido?" -le dijo algo avergonzado. Pero en sus ojos Hinata pudo ver la sinceridad en sus palabras.
"¡AH! ¡Nii-chan! -el grito de Natsu hizo que ambos se separaran rojos hasta las orejas- ¡Ya estás acaparando a Tobio-nii-chan!" -le acusó inflando los cachetes, en su mano traía una cámara.
"¡Si! ¿Y qué?" -le retó su hermano abrazando a Kageyama posesivamente.
"¡O-oye! -Kageyama trató de separarse- Hinata idiota suél... -sintió entonces un peso adicional en su regazo. Natsu había saltado para también abrazar al más alto, y entre ambos hermanos trataban de demostrar quién era el dueño de Kageyama- ¿Soy un juguete?" -pensó Kageyama.
"Oh ¿Y eso?" -preguntó Hinata.
"Ah, pensé que sería buena idea tomarnos una foto"
"¿Eh?" -Kageyama no era particularmente fanático de tomarse fotos.
"¡Si buena idea!"
"P-pero..." -muy tarde Natsu ya había corrido hacia una la mesa y había colocado la cámara ahí, programándola para tomar la foto después de unos segundos. Mientras Natsu acomodaba la cámara, Hinata le dio un codazo a Kageyama diciéndole que debía sonreír y no poner cara de amargado, a lo que el más alto le dio un golpe en la cabeza. Natsu les gritó que no pelearan y corrió hacia ellos cuando ya estuvo todo listo.
Volvió a acomodarse donde antes había estado, siendo abrazada por su hermano. Kageyama observaba la cámara sin saber qué hacer, no estaba acostumbrado a ese tipo de cosas, y si trataba de sonreír seguro lo haría de una forma 'tenebrosa' como una vez antes lo había hecho. Entonces sintió el peso de ambos en su regazo, y la calidez de sus cuerpos. Recordó la sonrisa de Natsu y luego la de Hinata, ambos felices cuando les había dicho que se quedaría. Ellos se alegraban de tenerlo ahí junto a ellos. Y Kageyama se sintió afortunado, nunca había esperado que alguien encontrase su compañía como algo dichoso.
El gesto le salió natural, rodeó a ambos con sus brazos y una ligera sonrisa se extendió por su rostro, quizás no una tan radiante como la de ellos, pero era una sincera.
Kageyama observó la fotografía. Ese día Natsu cumplió seis años, ahora ella tendría 11 años, ya no sería una niña pequeña a la que había que cargarla cuando estaba cansada, o que se despertaba a mitad de la noche por una pesadilla y se metía en su cama en busca de tranquilidad, ahora estaría más grande, conociéndole seguramente sería más responsable que su hermano y sería una niña educada y agraciada. Por otro lado Hinata probablemente no habría cambiado mucho, sería el mismo idiota siempre lleno de energías y positivismo, que siempre quería ayudar a los demás y salir adelante, el mismo que tenía un lado lindo y dulce que siempre le hacía decir o hacer cosas vergonzosas, el mismo que cuando estaban solos no tardaba en demandar su atención. Estar con Hinata era como tener un torbellino de emociones en su interior, siempre se sentía ansioso a su lado.
Se preguntó si es que en algún momento hubiera llegado a acostumbrarse a esa sensación de ansiedad... No importaba, porque ahora nunca lo sabría.
Kageyama volvió a guardar todo y cerró de nuevo la caja. Sentía en su pecho un peso menos y su cabeza estaba más despejada. Ahora podía concentrarse enteramente en su misión.
Y su primer objetivo de la lista de Kozume Kenma.
•
Kozume Kenma nació en una base militar americana en Tokio. Su padre era un militar mitad americano mitad japonés, mientras que su madre era un ama de casa de nacionalidad japonesa. Por otro lado Kuroo Tetsuro también era hijo de un militar japonés, que era un muy buen amigo del padre de Kenma, la madre de Kuroo había muerto al dar a luz, por lo que la madre de Kenma cuidó muchas veces del niño cuando su padre tenía que viajar. Así pues, ambos niños se conocieron desde muy pequeños, siendo Kuroo un año mayor que Kenma a quién tomó como un hermano menor. Sin embargo, durante una misión el padre de Kuroo murió, y el niño -de 6 años- pasó a estar bajo el cuidado de la familia Kozume.
Kenma y Kuroo crecieron juntos en la calidez de aquel hogar, bajo el cuidado de la dulce señora Kozume. Hasta que cumplieron nueve y diez años respectivamente. A esa edad ambos tuvieron su primer encuentro con la muerte, cuando presenciaron la muerte de los padres de Kenma en las manos de uno de los jefes yakuza más despiadado y sanguinario de ese entonces, el Jefe Matsumoto.
Esa tarde, Kuroo se entretenía observando a Kenma jugar un videojuego cuando entró su madre a la habitación bruscamente, se la veía asustada y nerviosa, sacó a ambos y luego los llevó hasta la habitación de sus padres, donde su padre los esperaba. Una vez todos adentro, el señor cerró la puerta con llave. Su madre entonces se arrodillo para estar a su altura de su hijo y lo abrazó con fuerza. A Kenma le dolió aquel abrazo, y cuando trató de quejarse su madre lo cogió por los hombros mirándole fijamente y le dijo que no hiciera preguntas, que les obedeciera sin decir nada, luego le dijo lo mucho que lo amaba y que debía seguir adelante sin importar qué. Kenma no entendía nada ¿Por qué su madre lloraba? ¿Por qué parecía que se despedía? Escuchó entonces ruidos provenientes de la planta baja. Buscó a Kuroo y lo encontró frente a su padre que igual se había arrodillado y le hablaba en susurros apresuradamente.
"...cuida a mi hijo..." -fue lo único que pudo captar. Vio como su padre apretaba con fuerza la mano de su amigo y lo miraba con intensidad. Se preguntó si es que no lo estaba asustando, pero vio como Kuroo asentía con seriedad y trataba de devolverle el fuerte apretón. Su padre asintió y dejó ir a Kuroo que se acercó a Kenma tomando su mano con fuerza.
Su madre abrazó también a Kuroo, le dijo casi lo mismo y luego les indicó que debían esconderse bajo la cama y no hacer ningún ruido. Insistió que debían quedarse quietos y callados, sin importar lo que llegaran a escuchar o ver. Kuroo asintió de inmediato y Kenma solo imitó a su amigo. Aun no entendía nada, y no entender nada lo asustaba.
Cuando Kuroo ya se había deslizado bajo la cama y Kenma estaba por deslizarse también, su padre se le acercó y le acarició la cabeza torpemente, no le dijo nada, solo le acarició y le dedicó una mirada cargada de cariño y de miedo. Ver así a su padre hizo que Kenma sintiera un nudo en la garganta y quisiera llorar. ¿Por qué le acariciaba cuando él nunca solía demostrar afecto? ¿Por qué le miraba de esa forma? Como si estuviera despidiéndose...
Una vez bajo la cama, Kenma encontró algo de calma en los brazos de Kuroo que lo abrazó ni bien estuvo a su lado. Apenas pasó casi un minuto cuando la puerta fue derribada de repente y Kenma se aferró a Kuroo. Escucharon el sonido de pasos y las voces de hombres que hablaban toscamente. Kenma sintió un escalofrío cuando escuchó a su madre gritar y luego a su padre maldecir. Entonces alguien entró a la habitación, Kenma se separó un poco de Kuroo y alcanzó a ver los pies de alguien caminando hacia el sillón de su padre y sentarse en él. Ambos se acercaron lo más que pudieron al borde para ver lo que ocurría.
En la habitación había cinco desconocidos, siendo uno de ellos un anciano alto y fornido que vestía una yukata, y que tenía una larga cicatriz en el rostro que iba de su mejilla hasta las raíces de su cuero cabelludo. El anciano estaba sentado en el sillón de su padre y fumaba un habano. A su lado estaba un hombre que vestía un traje blanco y cargaba una espada. Los otros tres hombres vestían trajes negros, uno estaba en un rincón y tenía atrapada a su madre, con un cuchillo cerca de su cuello, los otros dos estaban frente a su padre, cuchillos en la mano.
Uno de ellos hizo el primer movimiento y se abalanzó sobre su padre tratando de asestarle un golpe con el cuchillo. Su padre se mantuvo calmado y esquivó cada ataque sin problema alguno. Cuando tuvo la oportunidad le propinó un buen golpe en las costillas dejando al otro sin aire y sin perder tiempo agarró su brazo y con su gran fuerza lo rompió provocando que el hombre gritara de dolor. Agarró al hombre y lo arrojó contra la pared como si fuera un costal. Hizo tronar sus dedos y volteó hacia el otro contrincante, que alzó el cuchillo y trató de atacarlo igual. Le costó a su padre un par de buenos golpes para desarmarlo, luego le propinó un par de golpes en la cabeza dejándolo inconsciente, y lo arrojó contra un mueble que se cayó aplastándolo. Mientras lo observaba, Kenma estaba tan pendiente que no se percató en qué momento el hombre de traje blanco se había acercado. Su padre pareció darse cuenta de su presencia detrás suyo, pero no lo suficientemente antes.
Kenma observó entonces cómo la espada atravesaba de un solo golpe el cuerpo de su padre. Se quedó mudo e incapaz de procesar lo que acababa de ver. Su padre abrió los ojos observando incrédulo la hoja de la espada saliendo por su estómago, y cuando ésta fue retirada, la sangre brotó salpicando todo a su alrededor. Su madre a pocos pasos de ahí gritó algo y comenzó a llorar. Su padre se tambaleó y cayó al suelo con la cabeza mirando hacia la cama, cerca del rostro de ambos niños. Los nublosos ojos de su padre se clavaron en ambos niños, éste susurró algo con la voz débil. Kenma quiso acercarse para escucharlo mejor, para extender su mano y tocar a su padre que ahora moría frente a él. La mano de Kuroo le agarraba tan fuerte que lastimaba, podía sentir que temblaba a su lado.
De repente, la espada se clavó en la cabeza de su padre, y entonces Kenma se estremeció y observó cómo los ojos de su padre rodaban hacia el interior de su cráneo quedando blancos. La sangre manchó la alfombra expandiéndose hasta donde se encontraban. Kenma la observó y volvió a ver a su padre, completamente inmóvil.
"Pap..."-quiso llamarlo, pero las manos de Kuro cubrieron su boca impidiéndole hablar. Kenma alzó la vista lo más que pudo para ver al asesino de su padre, el hombre alto y de cabello oscuro sonreía mirando el cuerpo de su padre. Kuroo también lo miraba y apretó los dientes mirándole con todo el odio que podía reunir, Kenma por su parte sintió que algo crecía en su interior, un sentimiento mortífero y apabullante. La risa del anciano burlándose de su padre solo hizo que aquel sentimiento creciera en su interior. Kuroo entonces abrazó a Kenma y los hizo rodar hasta el centro de la cama, no quería que viera más, tampoco quería que escuchara más por lo que cubrió sus oídos.
El anciano había dejado de fumar y aplastó el habano en un mueble al lado del sillón, se levantó y caminó hacia la madre de Kenma que lloraba en silencio y temblaba. El otro hombre la soltó cuando el anciano la agarró por los cabellos casi arrastrándola hacia la cama y luego arrojándola. Kenma logro sentir la sacudida encima de él y se removió para mirar a un costado, los pies del hombre estaban junto a la cama.
La mujer temblaba y sollozaba, y el anciano la miró y una desagradable sonrisa se formó en sus labios. El hombre de traje blanco se acercó y le extendió la espada que acababa de limpiar. El anciano asintió y cogió la espada mirando fijamente a la mujer, ella miró al hombre justo cuando éste alzaba la espada, no pudo evitar gritar. Pese a que Kuroo estaba cubriendo sus oídos, Kenma pudo escuchar el grito desgarrador de su madre y sintió que sus venas se helaban, apenas unos instantes después la punta de la espada atravesó el colchón y aterrizó en el piso a unos centímetros de donde estaban. Su madre había dejado de gritar.
Kenma observó la espada y supo qué había ocurrido, sintió cómo su corazón se estrujaba dolorosamente y entonces sintió las lágrimas humedeciendo sus ojos.
"Mamá..." -susurró.
Kuroo estaba tieso, observaba como el colchón blanco iba manchándose de sangre a un ritmo perturbador, y luego ésta comenzaba a gotear, manchando su rostro. Kenma también sintió la sangre caliente goteando sobre su mejilla y su cuello. Una sensación de abandono lo invadió de golpe, su padre y su madre se habían ido. Pensó en su madre siempre cariñosa y en su padre serio y callado, no los volvería a ver. Estaba solo. O eso pensó por un segundo, sintió entonces los brazos de Kuroo rodeándolo y sintió seguridad y resguardo en ellos, no estaba solo. Kuroo por su parte trataba de mantener la calma, no podía dejar que los encontrasen, tenía que esperar a que se vayan y luego sacar a Kenma de ahí.
El anciano rio mientras abandonaba la habitación seguido de sus dos acompañantes, pero el hombre de traje blanco se detuvo en la puerta observando la habitación. Kuroo aguantó la respiración esperando que no se haya dado cuenta de su presencia, escuchó el sonido de un disparo y algo rompiéndose, luego una especie de explosión y en seguida logró atisbar fuego. Kuroo deseó sacar a Kenma de ahí en ese instante, pero no podía arriesgarse a que los encontraran.
Lograron salir de la casa por las justas, para entonces el fuego se había extendido por todo el primer piso y comenzaba a bajar a la planta baja. Kuroo y Kenma observaron el fuego consumiendo su casa. El mayor sentía rabia y dolor en partes iguales, ya antes había perdido a alguien, pero no de una manera tan cruel, y además había tenido el apoyo de una familia. Ahora en cambio era diferente, la rabia parecía ganarle al dolor, ahí estaba ardiendo en su interior. Recordaba las palabras del padre de Kenma, le había pedido que sea fuerte, que cuidara a su hijo, que siempre estuviese a su lado y lo iba a hacer, no se apartaría jamás del lado de Kenma.
Por otro lado los ojos inexpresivos de Kenma miraban el fuego con frialdad, miraban como su hogar era consumido por el fuego y todos los recuerdos de su cálida y tranquila infancia eran destruidos frente a sus ojos. Aquel sentimiento mortífero había incrementado en su interior consumiéndolo todo y no dejando nada más que el deseo de hacerles pagar a aquellos hombres por lo que le hicieron.
Juraron vengarse.
Y tres años después consiguieron su venganza. Convenientemente descubrieron que Matsumoto tenía 'gustos especiales', le gustaban los niños. Por lo que no le costó mucho a Kenma ser 'seleccionado' entre otros niños e infiltrarse en sus aposentos, después la particular belleza del muchacho no tardó en llevarlo a la habitación del jefe. Éste al verlo no tardó de traerlo a la cama, se recostó en la cama y le indicó que se sentara a horcajadas sobre sus muslos. Mala idea.
Apenas Kenma tuvo la oportunidad sacó una cuchilla y la clavó en el estómago del otro, que estaba casi desnudo. El hombre tardó un poco en procesar lo que acababa de ocurrir, observó la hoja de la cuchilla clavada en su estómago y luego al niño que estaba sentado encima de él. Kenma aplicó más presión hundiendo más la cuchilla, debajo de él el anciano se retorció de dolor apretando sus dientes.
"Matsumoto...mírame -le dijo con una voz fría y seria- mira mi rostro bien -le pidió clavando más la cuchilla, Matsumoto hizo tanta presión en sus dientes que éstos se rompieron- mira mis ojos...mira mi boca... -Matsumoto observó su rostro completamente inexpresivo, aquel par de ojos color ámbar lo miraban con frialdad, sus labios delgados que formaban una línea recta- ¿No te recuerdo a alguien? -le preguntó. Los ojos ámbar los había sacado de su padre y su cabello negro lo había sacado de su madre- No te recuerdo a alguien que... -entonces los ojos de Kenma dejaron de ser fríos e inexpresivos y la furia se hizo presente en ellos, al igual que en su voz- ¡¿...mataste hace tiempo?!" -entonces Kenma agarró la cuchilla y la sacó abriendo una gran herida.
Matsumoto gritó y la sangre salió como una fuente manchando las paredes y a Kenma, que observó como el anciano gritaba ahogándose con su propia sangre y luego de sacudirse un par de segundos, se quedaba totalmente tieso. Estaba muerto.
Kenma entonces cerró los ojos y respiró hondo, dejando salir el aire lentamente. Sintió como la satisfacción adormecía su alborotado ser. La satisfacción de haber torturado y asesinado al hombre que le arrebató la tranquila vida que llevaba, de haber vengado a sus padres. Pero había algo más ahí, una extraña sensación de placer que cosquilleaba en su interior, una sensación que experimentó al tener a aquel hombre bajo su poder, que experimentó al acabar con su miserable vida. Y supo entonces que no se libraría que aquella sensación fácilmente.
Se escucharon pasos corriendo por el pasillo, y la puerta de la habitación fue abierta bruscamente. Dos hombres entraron y se quedaron atónitos al observar la escena, vieron a su jefe ahí tendido bañado en sangre con una horrible herida en su estómago, y luego al muchacho sentado encima de su cuerpo que sostenía una cuchilla y estaba completamente bañado en sangre, parecía mirar a la nada hasta que se volteó hacia la puerta observándolos a ambos.
"Que molestia..." -pensó.
Ambos reaccionaron y dispararon rápidamente hacia el muchacho. No se dieron cuenta de que su objetivo se había deslizado por un costado rápidamente utilizando el cadáver como escudo, disparaban cegados por la rabia, hasta que se quedaron sin balas y el humo de todos los disparos no les dejaba ver claramente. Cuando se hubo despejado, se dieron cuenta de que Kenma no estaba ahí y antes de que pudieran buscarlo se escuchó un disparó. Uno de ellos cayó al suelo y en seguida se escuchó un segundo disparó que le dio de lleno en el rostro matándolo en el instante. El otro hombre se asustó y trató de buscar de dónde venían los disparos, pero se escuchó un tercer disparo y lo siguiente que supo era que su cuerpo caía como un costal al suelo.
Estando ahí tirado logró ver de dónde venían los disparos: bajo la cama. Ahí logró atisbar las figuras de dos personas, una de ellas estaba acurrucada en los brazos de la otra que tenía un arma en la mano y apuntaba directamente a él. No era el muchacho de antes, era otro más alto, de cabello negro y con una sonrisa burlona en su rostro. Escuchó un último disparo y la bala fue directo a su rostro, justo entre sus ojos.
Años después ambos comenzaron su entrenamiento con el Maestro Nekomata, al igual que Ukai un reconocido maestro del arte del combate, quién los recibió tras ver el potencial que tenían ambos. Probablemente no sabía que estaba entrenando a dos máquinas asesinas, haciéndolas más letales de lo que ya eran.
Para cuando tenían ya 18 y 19 años, respectivamente, eran de los asesinos a sueldo más solicitados que había, puesto que nunca cometían errores, siempre conseguían aniquilar a sus objetivos, sin importar cuán difícil sea la tarea. Y eso se debía en parte a sus habilidades con distintas armas y a que los dos estudiaban con detenimiento a cada uno de sus objetivos, aprendían todo lo que pudiera brindarles alguna ventaja. Kenma en especial, era capaz de observar hasta el más mínimo detalle, costumbres, lugares que frecuentaban, conocidos, lo que sea. Y una vez tenía lo que necesitaba, el resto era juego de niños.
Ésta vez se trataba de un político corrupto, que le gustaba estar rodeado de jovencitas y las atraía con dinero y drogas; para luego aprovecharse de ellas. Kenma y Kuroo estuvieron alrededor de dos meses estudiando todo lo que podían acerca del hombre, descubriendo así que cada viernes por la tarde, se dirigía a su propiedad privada llevando a dos muchachas para divertirse el fin de semana. La ruta que tomaba siempre era la misma y siempre iba acompañado de dos autos. El suyo siempre era el del medio y solía sentarse en el asiento trasero con las dos muchachas, durante el camino solían beber, fumar y divertirse.
Ese viernes, Kenma se situó en la azotea de un edificio desde donde veía la amplia avenida por la que solían pasar los autos. Mientras esperaba al momento indicado se distraía con su celular jugando algún juego, hasta que le llegó un mensaje de Kuroo avisándole que el objetivo ya había llegado. Con suma tranquilidad Kenma guardó el celular y alzó un fusil especial se alta precisión que pese a ser grande no pareció ser muy pesado para él, buscó en la avenida y una vez divisó los tres autos que avanzaban se preparó para disparar y apuntó al segundo, mientras lo hacía trató de adivinar en qué lugar estaría sentado el hombre. Apuntó hacia la mitad de la ventana delantera, seguramente estaría sentado al medio y cada muchacha estaría a su lado haciéndole compañía.
No dudo y apretó el gatillo.
La bala fue a toda velocidad hacia el auto atravesando la ventana delantera y luego el cráneo del hombre que se había sentado justo al medio, la bala abandonó su cráneo manchando todo de sangre y sesos. Ambas muchachas que ya habían estado bebiendo miraron la sangre si entender y luego la herida en la cabeza de hombre, cuando comprendieron lo que acababa de suceder gritaron histéricamente y se alejaron del cuerpo. Kenma observó a la distancia cómo el auto se detenía de golpe y los otros dos lo hacían igual, esperó a que alguien saliera del asiento trasero.
Las dos muchachas salieron del auto desesperadamente con sus ropas manchadas de sangre.
"Es tu turno Kuroo" -murmuró Kenma bajando el arma.
Kuroo se encontraba en la azotea de un edificio un poco más cerca de la avenida. Observó a ambas muchachas alejarse gritando y a los hombres que se supone debían cuidar al político acercarse para ver. Sonrió y apuntó con un arma similar hacia el motor del auto, cuando todos estuvieron reunidos apretó el gatillo y el auto explotó matando a los hombres que estaban alrededor.
"Misión cumplida" -murmuró.
Kenma observó de lejos la explosión y continuó con el juego que había dejado hace poco.
Al cabo de unos años, Oikawa les ofreció formar un escuadrón de asesinos especializados, a lo que ambos aceptaron después de un tiempo. Y después de haber estado un par de años bajo el mando de Oikawa, que en sí no les imponía nada sino que más bien les ofrecía objetivos a eliminar, asistieron aquel día a 'castigar' a un miembro que había traicionado al escuadrón escapándose con uno de sus objetivos: Kageyama.
Ninguno nunca lo dijo en voz alta, pero creían que lo que Oikawa había hecho ese día había sido exagerado. En el fondo ambos se habían sentido algo culpables al haber participado en el asesinato de esas personas y de su compañero, después de todo ellos tomaban objetivos que mereciesen la muerte, nunca personas inocentes. Y ese día, apuntaron sus armas a personas inocentes...
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Notas de la Autora:
:D Holis!
Primero que nada perdón por la demora, tendría que haber publicado ésto antes de año nuevo, pero en mi casa me pidieron que ayudara con los preparativos y ayer cuando quise acabar y publicar mi hermana se adueñó de la computadora ;n;
Bueno ahora respecto al fic, como sabrán la parte del pasado de Kenma (O-Ren) tuvo que haber sido en el capítulo anterior, pero la obvié, entonces decidí incluirla en éste capítulo al final. Espero que no haya sido algo confuso u.u En cuanto al 'flashback', ya les había dicho que incluiría Flashbacks en los capítulos para que el KageHina estuviera presente en el fic, habrá de todo tipo desde dramáticos, románticos, pseudo-lemonosos (PSEUDO!) y dulces como éste que puse...espero no haberlo hecho muy dulce u/u
En cuanto a Natsu, pues la verdad he visto muy poco de ella (solo las veces que sale en el anime) así que no se muy bien cómo es su personalidad, pero en el flashback todavía es pequeña por lo que podría justificarse su actitud tierna y dulce, para más adelante (:'D) investigaré un poco más de ella. Si alguien tiene algo que aportar sobre el personaje, estaré muy agradecida.
-3- debo decir que me entretuve escribiendo el pasado de Kenma, tuve que añadir algunas cosas en comparación con la película para incluir a Kuroo, como en el anime son amigos de la infancia, me pareció adecuado que ambos estuvieran juntos es sus inicios en el mundo de los asesinos. ;) espero que les haya gustado.
Ah! Otro aspecto! En la película Hanzo le da la espada a Beatrix porque Bill fue su discípulo y se siente obligado a ayudarla. Aquí me trabé un poco en esa parte, no sabía de quién podría ser aprendiz Oikawa (el entrenador de Aoba Jousai tiene ya otro papel más adelante), así que le cambié totalmente esa parte, hubiera querido hacerlo lo más parecido a la película, pero vi mejor cambiar la historia. Espero no haber defraudado a nadie :'C
Bueno eso sería todo respecto al fic, en el siguiente capítulo se viene la pelea en Tokio ;D nifhdjhdfjhdf me emociona solo pensarla, aunque nunca fui buena describiendo peleas, haré mi mejor esfuerzo ;D También habrá un flashback KageHina ¿De qué tipo será? Dependerá de mi humor xD
Gracias a todas las que me dejaron review y añadieron la historia a favoritos 3 me hicieron infinitamente feliz! Para ser honesta no creí le interesara a tantas xD Ya les dije, la mezcla de temáticas es súper extraña. Por eso estoy tan feliz! :3 Muchas gracias!
Bueno eso es todo, ya sé que es un poco tarde, pero como dicen 'Mejor tarde que nunca' Feliz Año nuevo! Que éste año sea próspero para ustedes y sus familias, y mucho éxito en la escuela/universidad/trabajo/etc. :D
Nos vemos en el próximo capítulo, que con suerte no tardará tanto.
Byee!
Ray.
PS: Lo siento por los errores ortográficos, algunas partes las escribí en mi tablet y no tiene autocorrector -_- mis disculpas!
PSS: alguien por aquí ve Juego de Tronos? Tengo una idea para unos one-shot con esa temática y con Haikyuu, pero no estoy segura aun, alguien interesado? B)
