Disclaimer: Free! y sus respectivos personajes no me pertenecen.
Advertencias: Las mismas que en el capítulo anterior, sólo que alguien se muere esta vez.
II. There'll be a riot, 'cause I know you'
.
And when she's leaving your home
She's begging you to stay stay stay stay stay
.
Al final de la cuarta semana sin verlo, Rin apareció.
Algunos moretones habían comenzado a desaparecer y la herida en su frente ya no estaba. Se había aparecido en la puerta de su departamento y le había entregado una bolsa con ramen y comida congelada.
―¿Para qué es esto?
―¿Quién va a cocinar cuando tú no estés? ―replicó.
―¿Planeas quedarte?
Rin sonrió.
―Algo así.
Sin invitación alguna, Rin entró a su pequeño apartamento y se desplomó sobre el sillón con una gran sonrisa.
―¿Alguna nueva noticia, señor policía?
―Ninguna ―declaró Sousuke poniendo su abrigo en el perchero y caminando lentamente hacia su habitación.
―¿Oh? Pensé que provocaría más emoción en los policías. Soy su único entretenimiento.
Sousuke lo ignoró momentáneamente y regresó a la cocina, sin su uniforme de policía puesto, a preparar la cena. Rin lo interrumpió.
―Están a punto de pasar la película de Hachiko [1]. Deja la cena que para eso compré ramen.
Sousuke obedeció sin vacilar y se sentó en el sillón mientras veía a Rin destrozar lentamente su cocina. Dos minutos antes de que la película comenzara, Rin salió por la puerta de la cocina con el ramen hirviendo.
Esa noche, Sousuke aprendió que su acompañante no era lo que aparentaba. Su primera impresión, por supuesto, no se dio en las mejores condiciones y circunstancias. Se imaginaba que quizás, si él vez de ser policía y Rin en vez de ser un delincuente, se hubieran conocido en otras situaciones, momentos de la vida... algo más habría resultado.
Lo que no se esperaba era el hecho de que Rin llorara fácilmente. Eso tocó una desconocida fibra dentro de él y se sorprendió a sí mismo soltando risillas entre dientes. Rin, con los ojos inundados en lágrimas, sólo atinaba a mirarlo con una mezcla de vergüenza y enojo.
―No esperaba eso ―declaró Sousuke cuando la película acabó y en el piso de su pequeño apartamento estaban los tazones vacíos, pañuelos usados y algunos cojines―. No pensé que lloraras tan fácilmente.
Rin frunció el ceño.
―No estoy llorando ―recalcó Rin limpiándose una última lágrima que recorría su mejilla derecha.
―Sí, sí ―lo miró de nuevo, esbozó una sonrisa y dijo―: ¿Le vendes droga a la gente pero lloras con la historia de un perro?
―¿Un policía debería estar diciendo eso tan despreocupadamente?
―No lo sé. Quizás. Depende de quién sea ―contestó vagamente.
El aire se volvió cálido y las luces parecieron atenuarse. Sousuke se volvió hiper consciente de lo que sucedía a su alrededor. Sus hombros chocaban y podía casi sentir el calor de su cuerpo. Comenzó a hiperventilar, a alejarse lentamente...
―Sousuke ―lo llamó Rin con firmeza. Su voz estuvo cargada de algo que no supo describir, lo cual provocó que su cabeza se llenara de pensamientos que obstruyeron su sentido común.
Allí estaban, a pocos centímetros. Intentó detenerse, pero nadie es de fierro, y menos él. Sousuke secretamente había estado deseando tirar los dados con la esperanza enfermiza de que el diablo se lo llevara todo. Su nueva vida, su carrera, su futuro. Todo o nada.
Los besos que le siguieron, los dedos enredados en el cabello y palabras atropelladas, fueron todo para Sousuke. Quizás había estado esperando ese momento de tener que destruir, en cuestión de segundos, cosas que había construido a lo largo de su vida. Quizás era el placer en la autodestrucción que lo llevó a lanzar por la borda los sueños que tenía.
Y, sin embargo, ningún otro momento en su vida pudo haberle traído tanta satisfacción como el saber a Rin enjaulado en el mismo lugar que él.
―Quédate.
.
Rin se quedó a vivir permanentemente en su apartamento. Una semana después, llegó con una pequeña maleta y se apropió del clóset de Sousuke sin previo aviso. Aunque se desaparecía la mayor parte del día, para cuando Sousuke llegaba de trabajar, él ya estaba allí.
No había una palabra certera para su relación. No había habido una declaración amorosa, ni palabras cariñosas entre ellos. Todo seguía igual. Cada quien era independiente y no necesitaban más del otro que compañía en la noche.
―Hey, Sousuke ―le llamó Kisumi sacándolo de sus pensamientos―. ¿Estás libre esta noche?
―¿Por qué?
―Abrieron un bar muy cerca de aquí. Pensaba darte una bienvenida oficial de mi parte.
Kisumi sonrió.
―No, lo siento. Hay... Tengo que encargarme esta noche de algo.
―Oh, no hay problema. Podremos ir otro día.
Pudo captar la decepción en la voz de Kisumi pero no le tomó importancia. Había conseguido algo valiosísimo y no sabría qué haría si de repente ese algo se le escapara entre los dedos. Su propio diablo que le deja dormir profundamente.
Su celular sonó y se disculpó con Kisumi, saliendo de la habitación. Era un número desconocido el que le llamaba. Reluctante, contestó.
―¿Quién habla?
Hubo estática en la línea durante unos segundos.
―Sousuke ―cada uno de sus sentidos se activaron al instante con aquella voz. Pero había algo diferente que lo puso alerta. Rin estaba casi jadeando.
―Rin, ¿qué sucede? ¿Cómo es que tienes mi número...? ¿Rin?
―Sousuke, ven rápido ―habló entrecortadamente, con pánico en la voz.
Sus emociones se transformaron en ira, desesperación y recelo, como un animal que se siente amenazado.
―¿Dónde estás?
―En tu apartamento.
―¿Estás bien?
―... Sí. Apresúrate ―y colgó.
Más que furioso, estaba asustado. Ni siquiera podía imaginar lo que había pasado y le aterrorizaba que ese algo preciado estuviera en peligro. No le dijo el por qué a Kisumi de su repentina partida, aunque faltaran horas para su cambio de turno.
En un momento de desesperación, Sousuke decidió que lo mejor sería llevar un arma. Se escabulló a la habitación donde se encontraban las armas y tomó la primera que vio. Se llenó los bolsillos con un puñado de balas.
Entonces salió corriendo. Se olvidó del frío y del cansancio que estaba cargando debido a la falta de sueño. Corrió con la pistola escondida entre su chaqueta y con las balas tintineando con cada movimiento.
Cuando por fin estuvo enfrente de la puerta de su apartamento y notó que no había nada fuera de lo normal, sintió un poco de alivio, a pesar de que su mano rozaba la punta de la pistola.
El panorama que apareció en cuanto se paró en el umbral de la puerta y dio un paso hacia adelante fue el de la total desesperación.
Había un charco de sangre en la alfombra y un hombre tirado en el piso, justo a lado del sillón donde estaba Rin, con una mano llena de sangre que no era suya. Rin alzó la cara en cuanto oyó llegar a Sousuke. Entonces, sólo bastó una mirada para que Rin saliera corriendo a abrazarlo.
La chaqueta de Sousuke terminó con varias manchas de sangre, pero no le importó. Abrazó a Rin y esperó pacientemente a que su respiración se regularizara.
―¿Qué sucedió? ―preguntó tranquilamente.
―Seguramente me había estado vigilando días antes y pensó que este era mi apartamento. Esperó a la mayoría de los que viven aquí estuvieran fuera y trató de emboscarme. Quizás pensó que quería quedarme con la mayoría de sus "clientes"... No lo sé... Forcejeamos... me apuntó con la pistola... Forcejeamos aún más y... ―Rin dio una pausa. Estaba llorando― Escapemos de aquí, Sousuke.
Sus palabras eran irresistibles. Sousuke le entregó el arma que había traido escondida en su chaqueta y colocó las balas sobre la mesa de la cocina. Ambos se sentaron en el sillón, sin importarles el cadáver.
―¿Nadie oyó el disparo?
―Probablemente.
―¿Dónde está la pistola?
―Debajo del cadáver.
―¿La tocaste?
―El que tenía el dedo en el gatillo era él.
Sousuke se quedó en silencio unos minutos.
―¿Cuánto dinero tienes?
―Nada. No tengo una cuenta de banco y lo que gano se lo doy a mi hermana.
―Yo tampoco tengo ahorros. Lo gasté todo viniendo aquí.
―¿Y tu sueldo?
―Es muy poco para huir.
Rin lo miró.
―¿Escaparemos?
―Sí.
―¿A dónde? Cometimos un asesinato ―Sousuke casi se ríe con las palabras de Rin. No fue culpa de ninguno de los dos, nadie apretó el gatillo y, sin embargo, ambos habían matado a aquel hombre.
―No lo sé. Pero cualquier lugar es mucho mejor que este.
Rin concordó en silencio.
―Podemos quedarnos con Momo y Nitori un tiempo en lo que buscamos dinero para huir ―dijo Rin.
―¿Quiénes son ellos?
―Mis amigos.
Sousuke rió.
―Te amo, Rin.
Todo o nada, como Sousuke pensó. Era exactamente lo que necesitaba: la posibilidad hecha verdad de que dos personas podían amarse inmediatamente, que el amor era la mejor apuesta y que podía conquistar todo a pesar de las circunstancias. Su centro del universo se había reducido a una sola persona.
―Quédate ―le repitió Sousuke.
Anotaciones:
[1] Hachiko es la historia de un perrito que esperaba a su amo en la estación todos los días. Es bastante conocido en Japón y me imaginé que Rin lloraría mares al ver la película (lol)
Notas:
El sábado subo la última parte. No prometo finales felices... quizás.
¿Reviews?
