Los personajes, hechizos y escenarios manipulados pertenecen a J. K. Rowling.
N/a: Quería dedicarle este capítulo a Mafu, que le gustó el fic y supongo que va a seguirlo o la mato. Ah. Y gracias por leerme y a mooniemouse27 por el review. En fin: disfruten.
-Perdón... P-perdón. – Susurró Sirius a James entre besos. –No puedo parar. N-no puedo... –Y cumplió lo dicho. Sirius no paró. Lo deseaba, anhelaba el momento y no pensaba desperdiciarlo, simplemente esperaba no echarlo a perder.
Al notar que James le correspondía con la misma efusividad, poco a poco fue profundizándolo. Y podrán haber deducido que el joven Black se hallaba un tanto excitado y, aparentemente, Potter no se quedaba muy atrás.
Aunque dolido, pronto olvidó el porqué de su angustia. Se sentía de lo más extraño, nunca antes había experimentado una cosa así. Era algo inevitable, algo que nunca habría imaginado y mucho menos planeado.
Sirius dejó sus labios deseando retornar al instante. Besó sus comisuras, sus mejillas y lentamente descendió por la línea de su barbilla en un camino de besos tiernos. Besó su cuello con ganas, provocando que el de lentes ladeara la cabeza para dejarle el paso libre. Este mismo soltó un ronco suspiro de placer, mientras el otro recorría con besos sus clavículas y lamía con dureza su nuez.
La pelirroja reía. La pelirroja sonreía. La pelirroja lloraba, hablaba y gritaba sonrojada. Le miraba distante, pero aun así atrapante. Verde. Sus ojos verdes destellaban y a él le encantaba, él la amaba, él...
James se incorporó de golpe, conmocionado por las imágenes que rápidamente le hicieron entrar en razón.
-¡Canuto, no! ¡No! –Al notar que este ni se percataba, comenzó a exaltarse y a zamarrearlo un poco. –¡Sirius! ¡Sirius Black! ¡Sirius! –Y en su última mención, ya exasperado, le pegó de lleno en el rostro. Automáticamente el recientemente herido se apartó cubriéndose el rostro.
-Mierda, Cornamenta. ¿Qué mierda te pasa? –Sirius, doblado del dolor, apenas podía mirarlo. No solo era por la vergüenza que surgía a la par de sus palabras, sino porque sí, la había cagado, y ahora le dolía el rostro terriblemente. Apenas asimilaba lo sucedido, no entendía cómo todo había terminado así.
-¿Que qué me pasa? ¡Estúpido, me besaste! –Respondió por fin James, sintiendo el calor apoderarse de sus mejillas.
Sirius se dejó caer sobre una cama cualquiera, masajeándose el puente de su nariz. Sin pensarlo, prosiguió con la conversación que pronto se convertiría en discusión.
-¡Estabas gritando, James! ¡Estabas llorando! ¡Llorando, Potter! ¿Qué se supone que querías que hiciera? ¿Que me riera de vos? –El pelilargo bufó frustrado y, exasperado, pasó una mano por su cabello. Se recargó sobre ambos brazos y desvió la mirada. Tenía la mínima sospecha de estar sangrando, pero no le importaba. Quería mostrarse fuerte. Quería mostrarse valiente, digno de Gryffindor.
James no hacía más que morir de vergüenza. Se había besado con su mejor amigo, con un chico, y le había gustado. Y tenía ganas de más, pero era lo suficientemente orgulloso como para admitirlo.
Y por otra parte estaba Lily.
Ya ni qué pensar sabía, lo único que se le vino a la cabeza fue: Sirius me besó. Sirius me contuvo. Sirius me quiso. Le pegué a Sirius. Sirius. Sirius, Sirius, Sirius... Y Lily me odia. Lily es bellísima. Lily me... amo a Lily. Lily, Lily, Lily...
La tensión era casi tangible, hasta que de pronto la puerta del dormitorio se abrió y fue atravesada por Remus y Peter. Ambos reían, pero al notar el incómodo silencio que acababan de interrumpir, las risas cesaron y se miraron el uno al otro, extrañados.
-Eh... –Intervino el joven Lupin, desesperado por calmar la tensión. – ¿Qué...? Chicos, ¿qué pasa? –Inquirió él extrañado. Peter ni se inmutó, al igual que los chicos más adelante en esa misma habitación. Ninguno dijo ni la más mínima cosa, igualmente Remus podía notar que algo pasaba. No solían comportarse así: uno cruzado de brazos indignado y otro sentado, de lo más frustrado y san... ¿Acaso sangraba? El castaño se sobresaltó al notar que Sirius sangraba y se aproximó a él sin saber qué decir.
- ¡Ah-Eh... Uhm...! ¡Canuto, estás sangrando! –Inmediatamente, a la vez que él sacaba su varita para aplicarle a su amigo un hechizo curativo, percibió cómo este fulminaba al otro de pié a unos pocos metros con la miraba. Fue algo de unos pocos segundos, cosa que solo él parecía haberlo notado, ya que Peter seguía parado en la entrada, sin saber todavía qué hacer. Volteó, esperando una respuesta a esa mirada tan llena de culpa, resentimiento y rencor, a lo que James sonrió de lado altanero y atravesó el cuarto a zancadas, para finalmente cerrar la puerta con todas sus fuerzas.
Lupin volteó nuevamente hacia Sirius, que ahora lo miraba a él desafiante. Abrió la boca, intentando acotar algo, pero nada le salió, así que la cerró. Hizo una mueca de desaprobación a su amigo y le limpió la sangre del rostro con el borde de su túnica, para luego aplicarle un hechizo y sanarlo.
