Adrien
Me costó bastante convencer a Nathalie para que me dejara organizar la fiesta. Conseguí colarle la idea diciéndole que sería uno de los últimos eventos a los que asistiría con mis compañeros antes de graduarme y entrar a la universidad. Nathalie sabe que es algo realmente importante para mí, así que terminó accediendo y me prometió que no le contaría nada a mi padre. Por supuesto, esto incluye al resto del personal de la mansión y durante toda la semana me dediqué con Nino a organizar la mejor fiesta de la historia.
Contraté al mejor catering de la ciudad y a un DJ para que se encargara de la música. El vestíbulo se convirtió en una pista de baile a medida que pasaban los días, con unas enormes cortinas rojo oscuro que iban desde el techo hasta el suelo, cubriendo las ventanas. Ahora, mientras reviso que todo está en su sitio antes de meterme en la ducha, me digo que no puedo dejar que nada salga mal esta noche. Regreso a mi habitación y cierro la puerta con llave, sobre todo para evitar que nadie pueda ver a Plagg comiendo su apestoso queso.
―¿Ya vas a prepararte?―pregunta mi kwami negro desde mi escritorio.
Paso junto a él mientras me voy quitando la ropa y la voy dejando sobre la cama.
―Sí. Tengo que recibir a todo el mundo.
Plagg asiente y se traga de un bocado un triángulo de queso. Hago una mueca de asco y me meto en la ducha.
―Explícame otra vez por qué has montado todo este teatro―farfulla Plagg mientras me enjabono el pelo―. ¿No sería más fácil decirle a esa niña lo que sientes directamente? Te ha costado siglos desengancharte de Ladybug. ¿Y ahora te entra la timidez?
―Quiero que sea inolvidable, ¿vale?―respondo y, sin querer, trago un poco de jabón―Mierda, qué asco…
―Al menos tendrás buen aliento―se burla Plagg y yo le apunto con la alcachofa de la ducha, mojándole por completo―. ¡Eh! ¿No te han dicho nunca que a los gatos no les gusta el agua?
―Pues deja de dar la lata.
Plagg se escurre el agua de la cola y me lanza una mirada asesina. Le ignoro. Durante todos estos días, me ha sido imposible ir a visitar a Marinette como Chat Noir. Espero que, a partir de esta noche, no tenga que volver a hacerlo.
Mi kwami decide morderse la lengua mientras termino de ducharme y me seco con la toalla. La enrollo en mi cintura y salgo hacia mi vestidor. Me desespera tener tanta ropa, parezco una mujer. Aunque, claro, mi padre no consentiría nunca que fuese con nada común. Por suerte, esta noche eso juega a mi favor.
Encuentro un traje de chaqueta negro, una camisa blanca y una corbata negra. Me pruebo la ropa sin estrenar para asegurarme de que no me queda estrecha. El ejercicio extra durante el verano me ha hecho crecer bastante y Nathalie ha tenido que renovar todo mi armario. En cuanto me pongo los zapatos oscuros, me miro al espejo y me anudo la corbata.
―Qué elegante―comenta Plagg desde mi cama, bostezando―. Si te dice que no, me parto.
Alzo una ceja y le miro a través del espejo.
―Eres único para dar ánimos.
Plagg me saca la lengua. Me doy los últimos retoques al pelo y salgo de mi habitación. Me aseguro de que Plagg tiene suficiente camembert a mano y cierro la puerta con llave. Escucho abajo los primeros sonidos de la música del DJ. Nathalie debe de haberle recibido. Bajo deprisa las escaleras y veo que las luces ya están funcionando. Me acerco al DJ y le saludo. Le comento qué tipo de música quiero para la fiesta y él me asegura que no hay ningún problema. En ese momento, veo a Nathalie salir de detrás de una de las cortinas. Me acerco a ella y al miro a los ojos. He crecido tanto que la sobrepaso en altura.
―Muchísimas gracias, Nathalie.
Ella rueda los ojos y me dedica una pequeña sonrisa. Nino tiene razón, es de hielo, pero soy capaz de ablandarla un poquito. Se despide de mí sin decir nada y desaparece por las escaleras hacia su despacho.
No pasa mucho tiempo hasta que el primer timbrazo me alerta de que la gente empieza a llegar ya. Me recoloco la corbata y me preparo para la mejor noche de mi vida. Espero…
