¡HOLA! No tengo mucho tiempo para responder los reviews, pero sepan que agradezco cada uno de ellos. Y gracias especiales a Mariana (MariPotterG); quien ha sido la primera en tenerle fe a esta historia y dejarme un encantador comentario.

Y para que se sigan animando a pasar a saludarme, subo hoy otro capítulo.

Capítulo Dos: Once años después.


Una joven cruzaba el campus a toda velocidad.

La espalda encorvada le dolía por el peso de todos los libros que llevaba en su mochila. Las demás chicas del colegio la veían pasar como si fuera un fenómeno, pero ella no se enteraba porque iba demasiado ocupada repasando las fórmulas de química para su examen, al que por cierto iba tarde.

-¡Maldito Malfoy! –gruñó maldiciendo a su amigo, porque este la había entretenido con el mero propósito de hacerla llegar tarde y ella como tonta, había caído.

En cuanto entró al salón de clases, el profesor Snape hizo algunos comentarios mordaces sobre la puntualidad. Hermione pidió disculpas y se apuró a sentarse en su banca, donde su prueba ya la esperaba.

Era la última evaluación del ciclo escolar y entonces llegarían las tan ansiadas vacaciones de verano. Claro que la única hija de dos dentistas no lo tendría para divertirse. Gracias a sus buenas notas, había conseguido un empleo de verano en el zoológico de la ciudad, y esta oportunidad le daría puntos para conseguir la beca universitaria que tanto ansiaba.

Era precisamente por eso que Draco la había distraído. Este se había puesto a mostrarle folletos de varias universidades que únicamente el heredero de los Malfoy podría permitirse ir sin la necesidad una beca.

Que suerte tenían algunos.

-Psst… Hermione –escuchó que un joven le hablaba desde el asiento de atrás. – ¿Quién descubrió el hidrógeno? –Por supuesto que era su amigo Ronald Weasley. ¿Quién más se atrevería a hacerle preguntas en la prueba del profesor más severo del campus?

-Ahora no, Ron –murmuró. Apenas tendría el tiempo suficiente para terminar ella.

El pelirrojo, testarudo como era, volvió a insistir. –Por favor, Hermione. Si no obtengo una B repetiré la materia.

-Fue Sir Henry Cavendish –contestó la joven molesta –y es la única que te…

-¿Interrumpo algo, señorita Granger?

Hermione tragó fuerte antes de contestar –no, señor.

-Creo que no necesito recordarle que no tolero las charlas.

Claro que no era necesario. El año pasado lo dejó bien claro cuando Susan Bones salió llorando del salón. No volvió al colegio y Hermione no quería ser la siguiente –lo siento, señor.

-Bien. Si no fuera por su promedio ya estaría en la oficina del director. –Dijo antes de volver a su recorrido habitual.

-Hermione…

La mirada que envió a su amigo bastó para que no la volviera a molestar el resto del examen.

Diez minutos antes de que terminara la sesión, el primero en entregar su prueba fue Harry Potter. El profesor detestaba al muchacho por una antigua rivalidad que mantuvo con su padre durante sus años adolescentes. – ¿No habrá hecho trampa, señor Potter? –casi escupió el profesor.

-No, señor. Me he pasado en vela estudiando. –Contestó guiñando un ojo a Hermione antes de salir por la puerta. Ellos también eran muy bueno amigos.

-¡Cinco minutos!

El rasgueo de lápices se volvió a escuchar. Hermione pudo entregar su prueba en ese momento, pero como le gustaba poner más y más datos que ella consideraba necesarios, rellenaba los espacios en blanco que le quedaban, tratando de aprovechar cada segundo restante.

A estas alturas Ron aceptaba que no podía hacer más, y se dedicaba a tamborilear con sus lápices del numero dos sobre la paleta de su banca; esperando que las respuestas que le faltaban cayeran del cielo.

Finalmente la chicharra sonó y el profesor fue directo a los alumnos que no soportaba para arrancarles la prueba de las manos. Hermione dejó un pequeño rayón cuando fue su turno.

-Vamos, Hermione –dijo Ron con la mochila al hombro, pero en lugar de esperarla, se adelantó para alcanzar a Harry en el comedor.

Para cuando la joven salió con todas sus cosas, el pasillo ya estaba desierto. –Con estos amigos…

Echo a andar hacia la cafetería y esta vez sí notó las risitas que algunas daban al verla pasar. Hermione giró los ojos, estaba segura que era porque su cabello había amanecido más esponjado que de costumbre.

-¡Eh, Arbusto! –escuchó las risotadas del gorilón de su año. Era Cormac McLaggen, un actual miembro del equipo de fútbol americano.

-¿Tienes algún problema, imbécil? –Nadie, ni siquiera el capitán de dicho deporte se atrevería a meterse con Draco Malfoy. Cormac desvió la vista, humillado. Cuando el rubio puso su atención de nuevo en la chica, esta lo miró con reproche – ¿Qué? ¿Acaso no te encantan mis técnicas de intimidación?

-Esa fachada tuya nunca me ha gustado. –Dijo Hermione.

Draco entendía muy bien a que se refería. Ante los ojos del alumnado del colegio Hogwarts, era un tipo de armas tomar, además todos sabían que era el hijo de los dueños de la mitad de la ciudad. Pero si alguien conocía de verdad al rebelde y 'sex symbol' de la high school, era Hermione Granger. –No es una fachada, así soy en realidad.

-Mentira. Nunca has sido así conmigo –replicó orgullosa.

-Bueno… Tú no eres precisamente un imbécil. ¿Pero recuerdas cuando estudiábamos en Sunny Hills? En aquel entonces eras de verdad fastidiosa, pero he demostrado tener una voluntad de hierro. Déjame… –tomó la mochila de la joven. –No me sorprende que la comadreja no te ayude con tus cosas. Esto ha de pesar más que toda su casa junta.

-Draco… –no entendía esta manera de llevarse entre ellos. Claro que nunca aceptarían que eran amigos, pero Hermione sabía que muy en el fondo se estimaban mutuamente.

-Mejor dime si has llegado a tiempo a tu clase. Severus en verdad puede ser un dolor en el trasero.

-Has de ser el único que no le teme en todo el campus.

-No cualquiera es un Malfoy.

-Respondiendo a tu pregunta, si he llegado. No gracias a ti por supuesto. –Le recriminó.

-Como sea. ¿Qué harás este verano?

Hermione lo miró ofendida –te he dicho miles de veces que conseguí trabajo en el zoo.

-Es verdad. Olvidaba que eras pobre.

La joven bufó abriendo las puertas del comedor y en cuanto entró de inmediato las soltó, escuchando a Draco maldecir. Satisfecha consigo misma, se dirigió a la mesa donde sus otros dos mejores amigos ya estaban comiendo.

-¿Cómo les fue en la prueba?

Ronald se apresuró a tragar para responder resentido –hubiera ido mejor de haberme echado una mano.

Hermione giró los ojos y el moreno frente a ella rió –bastante bien dadas las circunstancias. Mi mamá me ha dicho que si no obtengo una A en química, se encargará de enviarme a trabajar al campamento donde Dudley se encargado durante todo el verano.

-Ugh –dijo Ron antes de asentar otra mordida a su hamburguesa.

Harry asintió –ya ven que no tengo la opción de fracasar.

-Con lo que te odia Snape, tendremos que cantarte las golondrinas, Potter. –Draco por fin los había alcanzado.

Hermione comprobó que efectivamente llevaba la nariz roja.

-¿No dienes codsas que hadcer, Grodolfo el reno? –dijo Ron con la boca llena.

-Mastica, Weasley. Me sorprende que puedas hacer dos cosas al mismo tiempo.

-Aun no tendrás el placer de cantar victoria y deshacerte de mí –aviso Harry –me pasé la noche estudiando y estoy seguro que merezco una A.

-Yo no estaría tan seguro…

-¿Qué pusieron en la pregunta siete? –sabía que si preguntaba eso, sus amigos pronto se enfrascarían en alguna conversación de hombres con tal de no pensar más en la prueba.

Hermione llevaba una vida de lo más normal. Sus días consistían en ir a la escuela, estudiar, entrenar natación, y ayudar en la clínica dental de sus padres los fines de semana. Sus progenitores eran amorosos y aunque bastante ocupados, siempre intentaban pasar tiempo de calidad con ella, aunque el último año le habían dado mayor libertad, sabiendo que en un año más partiría rumbo a la universidad y no estaría más con ellos.

Cuando tenía ratos libres, le gustaba salir con sus amigos. Se consideraba en verdad afortunada de contar con Harry, Draco o incluso Ron cuando los necesitaba. El único inconveniente era que siendo la única mujer del grupo, había cosas de las que no podía hablar con ellos; y probablemente los chicos ni se percataban de eso.

Entre los temas prohibidos eran el periodo menstrual, el maquillaje, la ropa y, lo más importante: otros chicos.

Porque ¿Cómo entendería un muchacho lo bien que se veía el alumno mayor Cedric Diggory con su camisa azul pálido? ¿O lo apuesto que era el profesor de educación física Oliver Wood?

-¿Hermione?

La joven se sobresaltó cuando reparó que su amigo de encantadores ojos verdes esperaba una respuesta.

¿Desde cuándo Harry Potter tenía los ojos tan brillantes? – ¿Estás usando lentillas? –se le salió decir.

Fue consciente de que tres varones la miraban confusos. Sus mejillas ardieron. ¿Qué le estaba pasando?

-¿Tienes fiebre, Hermione? –Ron ganó las palabras a los otros dos.

¡Rayos! ¡Se habían dado cuenta de su sonrojo! Tenía que mentir rápidamente –un poco. Será el estrés de los exámenes –los vio asentir no muy convencidos. Podían ser unos cabezotas en algunas cosas, pero en otras… – ¿qué decías, Harry?

-Te pregunté si pensabas ir a ver el partido de básquetbol. El entrenador nos pondrá desde el principio. –Ron asintió devorando esta vez un pastelillo relleno de crema.

El partido final. Lo había olvidado por completo.

-Hemos quedado de ir al cine –contestó Draco por ella. Él era en realidad muy bueno en casi cualquier deporte, pero había decidido inscribirse al equipo de natación junto con Hermione.

Harry y Ronald fruncieron el ceño. –Pero es la final, y Hermione sabe que es importante para nosotros –gruñó Ron fulminando al rubio con la mirada.

-Déjalo, Ron –dijo Harry sentido, evitando ver a su amiga.

Hermione sintió un nudo en el estómago. Esto era lo que pasaba cuando se olvidaba la agenda en la clínica. –Tal vez Draco y yo podamos alcanzarlos en la segunda mitad –dijo insegura mirando suplicante al rubio.

Draco Malfoy suspiró (provocando que varias chicas de la mesa de al lado hicieran lo mismo). Había planeado pasar la noche del viernes con Hermione en el viejo cine al que tanto les gustaba ir. Ambos eran fanáticos del cine antiguo y del de arte, y había alquilado una sala completa para que pudieran disfrutar de 'Rebecca' juntos. Pero ahora sus planes se venían abajo y sabía que no había nada que pudiera negarle a Hermione Granger, sin que esta ofreciera pelea. –Bien.

-Así o más contento –murmuró Ron cuando Hermione miró sonriente al rubio, el que no cambió su mirada indiferente.

Harry le dio en las costillas.

-¡Hey! –Se quejó el pelirrojo.

-Entonces nos vemos en el partido el viernes –aseguró Hermione ignorando el extraño intercambio. Agitó la mano para despedirse. –Vamos, Draco. Necesitamos ponernos de acuerdo sobre lo del viernes.

El rubio la siguió obedientemente y haciéndose cargo de la pesada mochila –vayamos a un restaurante decente por favor, necesito comida de verdad. –Las chicas se reían tontamente al verlo pasar.

Harry los miró todo el trayecto hasta que desaparecieron de su vista; ignorando la vaga sensación que se acumulaba en su pecho.

Seguramente eran los exámenes como Hermione había dicho.

-¿Te vas a comer eso, Harry? –preguntó Ronald Weasley con la boca llena.

-No –dijo pasando su bandeja al hambriento pelirrojo; que sin dar las gracias se apresuró a dejar el plato limpio.

Pronto se entretuvieron hablando sobre las jugadas que harían el viernes.

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