Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
La historia es una adaptación del manga "Miseinen Dakedo Kodomo Ja Nai"
Advertencias: AU. Contiene OoC .
Gracias por comentar: jbadillodavila, FrikiHimechan, nessie black 10 Frany H.Q, 8579, AndreaBarboza.3363.
LIGERAMENTE CASADOS
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Capítulo 2.- ¿Acercamiento?
Yoruichi dormía en la cama sobre su lado izquierdo y viendo hacia la pared. Se había quedado despierta hasta muy tarde dándole vueltas al asunto. ¿Cómo de estar comprometida con un hombre que profesaba un gran amor por ella terminó casada con alguien que la odiaba?
Ella nunca había sido odiada por alguien y eso la hacía sentir mal y sobre todo por tratarse de su esposo.
El día anterior, domingo, Byakuya salió desde temprano y no llegó hasta entrada la noche. Y para colmo la regañó por encontrar platos sucios en la cocina.
Era su luna de miel y la dejó sola. Estaba más que enfadada con él. Por eso trató de localizar a su papá para terminar con la farsa, pero nadie le respondió la llamada. Luego recordó que quería hacerlo pagar por el engaño y decidió seguir con él.
Todavía no sabía a ciencia cierta cómo se vengaría pero ya encontraría la forma.
El sonido del celular la hizo abrir los ojos. Rodó en la cama para alcanzar el teléfono que estaba en la orilla de la misma. Tomó el celular y abrió el mensaje.
"Yoruichi ¿por qué no has llegado a la escuela? Si no te das prisa te quedarás sin postre de manzana" Kisuke.
Ella se sentó de golpe y miró la hora en su teléfono. Nueve de la mañana.
—¡Se me hizo tarde! —exclamó angustiada mientras de un salto se ponía de pie.
Aún faltaban algunos días para entrar a clases, pero los alumnos con materias en riesgo de reprobar o los que pertenecían a algún club deportivo tenían que presentarse antes. Y ella y su amigo entraban en el primer grupo.
Corrió hacia la puerta que separaba su habitación de la de Byakuya. Aunque no se lo mereciera iba a ser uso de su cordialidad.
—Byakuya se nos hizo tarde. —señaló mientras abría la puerta. Él también tenía que ir ya que pronto tendrían competencia y el llegar tarde le afectaría. —¿Byakuya? —preguntó confundida al ver la cama tendida. Miró hacia la silla de la esquina donde ya no estaba su mochila.—¡Te odio Byakuya Kuchiki! —lanzó un grito de frustración al comprender que él se había ido solo a la escuela y ni siquiera tuvo la delicadeza de despertarla.
Cerró la puerta con un azote y se encaminó al baño. Suspiró cansadamente. Era más pequeño que él de su cuarto y no había bañera.
El que no fuera muy presuntuosa no quitaba el hecho de que le gustaran las comodidades, como darse un buen baño de burbujas con sales aromáticas y agua caliente. Pero ya que no podía obtenerlo se metió en la regadera, después de haberse quitado la ropa.
Un pequeño grito se hizo presente cuando el agua fría tocó su morena piel. Y mientras terminaba de bañarse más de un improperio fue dirigido hacía Byakuya.
Después de vestirse, rompiendo su record personal, salió de la casa. Saludó a una muchacha de ojos cafés y cabello negro que salió de la casa de a lado, y luego bajó las escaleras.
—¿Y por donde me voy? —se preguntó mirando hacia ambos lados de la calle, afuera del complejo de departamentos.
Ella desconocía como llegar a la escuela desde ese lugar, pues era la primera vez que se quedaba ahí. Descartó la idea de llamarle a su papá para que le mandara al chofer porque le quería demostrar a Byakuya que no era inútil.
Sacó su cartera para contar su dinero, se iría en taxi. Se decepcionó al ver que no llevaba nada. Recordó que cuando fue al centro con Soi gastó todo su dinero comprándole un regalo a Kisuke y a su amiga por navidad, además de su juego de aretes.
Dando un bufido de resignación comenzó a caminar hacia la derecha.
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Yoruichi llegó al salón de clases cansada, con los pies adoloridos, con hambre, sed y toda sudada. Abrió el salón sin delicadeza.
—Pueden retirarse, nos vemos mañana. —indicó el profesor y los alumnos, alrededor de unos quince, comenzaron a salir.
Yoruichi seguía intentando normalizar la respiración pegada a la puerta.
—Señorita Shihoin si no pone más empeño a sus estudios no pasará mi materia, ni siquiera por ser hija de sus padres. —comentó el profesor cuando pasó por su lado.
Los Señores Shihoin donaban una buena suma de dinero para mejorar las instalaciones del campus, pero siempre comentaban que no por eso su hija debía de tener favoritismos. Ella tampoco lo hubiera aceptado.
Un chico rubio y de ojos grises se le acercó.
—Yoruichi ¿pero porque vienes a esta hora? —preguntó, ya eran más de la una de la tarde.
—No me reclames e invítame de comer. Muero de hambre. —respondió desanimada.
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Yoruichi caminaba a través del patio de la facultad en busca del gimnasio.
Habló con Kisuke mientras comía y le platicó que se perdió en el camino de su casa a la escuela, pues el chofer ya no iría por ella. No pudo dar más detalles para no revelar su boda con Byakuya, así que dejó que su amigo pensara que sus padres estaban enojados con ella por sus bajas calificaciones.
Él se ofreció a llevarla a casa pero tuvo que rechazar la oferta, pues no sabría cómo explicar el que ahora estuviera viviendo en un complejo familiar en penosas condiciones.
Eran las dos de la tarde y estaba segura que Byakuya aún seguía en el entrenamiento. Su profesor a veces solía ser estricto. Lo sabía porque cuando iba a ver a Soi practicar, también veía a Byakuya, pues compartían el gimnasio.
A ella le hubiera gustado ser integrante de algún equipo de artes marciales, pero eso fue lo único que su padre le prohibió. Por eso practicaba en secreto con Soi.
Al entrar al gimnasio vio a varios chicos sentados en unas bancas y algunas chicas que gritaban emocionadas paradas junto a límites de la cancha de básquetbol. La que ahora albergaba el combate de kendo que se llevaba a cabo.
Al ver a los participantes entendió el alboroto. Un chico de primer semestre se enfrentaba a Byakuya, se enfrentaban sin armadura, sólo usando el traje tradicional en color azul marino y el sable de práctica.
Ella se quedó observando los movimientos de ambos competidores. Byakuya era por mucho más preciso y contundente.
Yoruichi negó con la cabeza. No tenía por qué estarlo alagando, ya que debajo de toda esa fachada de joven genial y perfecto escondía su verdadero ser.
Permaneció de pie hasta que la práctica acabó, cuando Byakuya golpeó la frente del chico con gran precisión.
—Bien chicos eso es todo, pueden retirarse por hoy. —exclamó el profesor. —¡Honda! Gritó llamando al chico que Byakuya derrotó, quien se acercó corriendo. —Hoy te toca guardar todo en su lugar.
El muchacho asintió desanimado. Algunos chicos salieron del gimnasio al igual que las muchachas. Cuatro chicos se acercaron a Byakuya para felicitarlo. Uno tenía cabello rojo, otro blanco largo y dos más marrón, uno rizado largo, el otro corto.
—Oye esa chica se te queda viendo mucho. —le murmuró Renji, el chico de cabello rojo.
Byakuya volteó y ocultó muy bien la sorpresa que le causó ver a Yoruichi mirándolo fijamente.
—Durante la práctica no te quitó la vista de encima. —comentó el de cabello blanco.
—Ukitake tiene razón, creo que es una más de tu club de admiradoras. —señaló el de cabello rizado, Kyoraku, con tono alegre.
—Es muy bella. —murmuró el chico de cabello corto, Harunobu. —¡Y viene hacia acá! —informó emocionado.
Todos voltearon a verla. Yoruichi caminaba hacía Byakuya con resolución.
—Creo que se va a confesar. —le murmuró Ukitake a Kyoraku, aunque los otros tres pudieron oírlo.
—Byakuya. —llamó la chica al estar frente a él. Los demás prestaron atención. —Regresemos juntos a casa.
Ukitake, Renji y Kyoraku la miraron sorprendidos. Eso para nada parecía una confesión, más bien sonó a una orden. Harunabu la miraba embelesado.
—Lo siento, pero rechazo siempre a quienes me hacen la misma invitación. —respondió él en tono amable.
Yoruichi sintió que hervía por dentro.
—¡Estúpido! —le gritó ella enfadada. —Ni creas que tenía ganas de ir a casa acompañada de alguien como tú. —le dijo con el brazo estirado y señalándolo.
Después se dio la media vuelta y se alejó caminando a prisa.
—Creo que te has pasado esta vez. —comentó Renji.
—Es oficial. —oyeron murmurar a Haru que seguía viendo el camino por donde salió Yoruichi. Posaron su vista en él.—¡Me he enamorado!
Byakuya le dio un golpe en la nuca y luego también salió del gimnasio.
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Yoruichi llegó al complejo familiar a las siete de la noche. Subía las escaleras con pesadez.
Estaba más que cansada. Después de su encuentro con Byakuya decidió hablarle a su papá para que la recogiera, pero nadie atendió a su llamada, pensó en Soi, pero ella le dijo que estaba en casa de su abuela porque estaba enferma.
Resignada empezó a caminar tratando de recodar el camino hacia la casa. Al no lograrlo se decidió a pedir ayuda a un hombre que miraba un aparador junto a su hija, una niña de cabello rosado y ojos vivaces. ¡Grave error!
Ellos se ofrecieron amablemente a llevarla hasta su casa pero resultaron más desorientados que ella. La hicieron caminar por horas hasta que finalmente Yoruichi reconoció el vecindario.
En ese momento lo único que quería era darse un baño, cenar y acostarse a dormir.
Estaba a unos pasos de su puerta cuando ésta se abrió de golpe.
—Byakuya. —mencionó al verlo frente a ella.
—Finalmente has llegado. —dijo él. —Te estaba esperando.
El corazón de Yoruichi se aceleró. Ella se odio por eso, y por alegrarse internamente de que él se mostrara preocupado por ella.
—Has dejado un desastre en la sala y no se limpiará solo. —su tono amble desapareció dejando uno serio en su lugar. Sus facciones se endurecieron.
Le hizo una seña para que entrara y Yoruichi así lo hizo. Frente a ella estaba el desastre que había dejado en la mañana. Ropa y maquillaje regados en la sala y algunos trastes sucios en la cocina.
—Pudiste haberlo limpiado tú. —le reprochó. Era lo menos que podía hacer después de que por su culpa caminó por horas sin rumbo.
—Recuerda las reglas. —expresó él. —cada uno se hace responsable de su desorden. Pero si eso tampoco lo puedes hacer…
—No soy inútil. —intervino Yoruichi enojada. —limpiaré.
Ambos se miraban fijamente. Sus miradas eran penetrantes pero su orgullo le impedía desviar el rostro.
—Y espero que no se repita lo de hoy por la tarde. Aunque estemos casados no significa que regresaremos juntos a casa.
—Sólo fui porque quería que me enseñaras el camino a casa. —respondió ella. —Nunca había venido aquí por lo que no me sé el camino, además nunca tuve necesidad de caminar porque siempre me llevaba el chofer de la familia. —aclaró.
Las facciones de Byakuya se suavizaron. Así que había llegado tarde porque se perdió y no porque se hubiera quedado por ahí haciendo tiempo.
—El agua está caliente. —mencionó él desconcertándola. —Toma un baño antes de limpiar.
Ella asintió y se fue a bañar pensativa, pues esta vez fue consciente de que el tono amable de él fue genuino.
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Cuando Byakuya calculó que Yoruichi ya había terminado de bañarse salió de su cuarto cargando un cambio de ropa, pues él también necesitaba ducharse.
Al doblar en el angosto pasillo chocó contra ella. Quien llevaba el cabello mojado suelto y sólo tenía puesta una diminuta toalla blanca alrededor de su cuerpo. La cual era sostenida de las puntas con ambas manos a la altura de sus pechos.
—Creo que me acabe el agua caliente. —comentó ella. —pero necesitaba mucho ese baño. —Él no respondió. —Y no te preocupes que limpié el desorden.
Byakuya se hizo a la derecha para reanudar su marcha pero ella se volvió a interponer en su camino.
—Byakuya Kuchiki dime algo. —exigió ella llevando sus manos a su cintura. La toalla se deslizó hacia abajo. Él la miró sorprendido y enseguida volteó su rostro.
Ella se agachó para tomar la toalla y se envolvió en ella nuevamente.
Byakuya la rodeó.
—Para la próxima vístete en el baño. —le indicó de espaldas a ella. Luego caminó hacia el baño y cerró la puerta. Se permitió soltar la ropa a la que había estrujado fuertemente y respiró hondo para que el ardor de su cara bajara.
Yoruichi sonrió triunfante y regresó a su cuarto pensando en que le hizo un favor a Byakuya al acabarse el agua caliente, porque estaba segura que ahora necesitaba una ducha fría.
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Byakuya salió del baño y desde el pasillo observó el comedor limpio, al acercarse vio que la sala también estaba limpia y a Yoruichi en la cocina.
—¿Qué haces? —Le preguntó desde la barra que dividía la sala - comedor y la cocina.
Yoruichi, que estaba frente a la estufa, se giró para verlo. Llevaba un mandil morado sobre su ropa y tenía el cabello agarrado en una trenza.
—Haciendo la cena. —le sonrió ampliamente.
—¿Cocinas? —no pudo evitar preguntar sorprendido. Siendo hija de una familia de dinero no tendría por qué hacerlo, para eso tenía sirvientes.
Ella se acercó a la barra con dos zanahorias que colocó sobre una tabla de picar.
—Mi mamá me enseñó. —le comentó mientras tomaba un cuchillo situado junto a la tabla de picar. —Ella siempre dijo que a través de la comida le podía expresar a mi papá cuanto lo amaba, por eso siempre cocina ella en la casa. —le dijo viéndolo a los ojos. Después empezó a picar en cuadritos la zanahoria, centrando su vista en el vegetal. —Por ello me enseñó a cocinar, porque quería que algún día también yo cocinara para alguien especial. —Byakuya vio como las dos zanahorias estaban cuidadosamente picadas. Alzó su vista y se encontró con la mirada dorada. —pero nunca compartí el deseo de mi madre, sólo me gustaba cocinar con ella por verla feliz mientras me enseñaba o por ver su sonrisa cuando mi papá halagaba la comida.
Byakuya no dijo nada y ella tomó la tabla de picar y regresó a la estufa.
Él cerró los ojos en busca de un recuerdo, un momento en el que su mamá cocinara con una sonrisa y su padre elogiara su platillo; pero sólo revivió aquellas veces en que su madre le gritaba que estaba harta de cocinar para un don nadie y su padre aventaba los platos al suelo.
—Byakuya ¿estás bien? —la voz de Yoruichi lo sacó de sus pensamientos. Agradeció eso internamente.
—Sí. —respondió. Ella llevaba un tazón de arroz en la mano y su vista la siguió hasta el comedor.
Ahí había varios tazones servidos. La comida se veía apetitosa.
Ella se sentó y él se acercó guiado por un impulso. Últimamente sólo se alimentaba con sopa instantánea o comida de microondas.
—¿Quieres? —Yoruichi extendió su mano con un tazón de sopa de verduras. Él extendió el brazo para tomarlo pero ella lo retiró de inmediato. —¡Pero que tonta soy! —fingió vergüenza. —Estaba a punto de romper una de tus reglas. "Regla número uno: aunque pretendamos ser una pareja cada uno preparará su comida". —recitó tratando de imitar la voz de Byakuya. —Disculpa mi imprudencia. —aunque estaba seria sus ojos mostraban un brillo de arrogancia.
Yoruichi comenzó a comer y Byakuya fue a la cocina para prepararse un ramen instantáneo.
Y mientras la chica se devoraba todos aquellos platillos que se veían tan apetitosos, él tuvo que fingir que su comida era la más deliciosa del mundo.
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A la mañana siguiente Byakuya y Yoruichi salieron de su casa vistiendo el uniforme escolar.
—Espero no te pierdas el día de hoy. —le dijo él con un poco de burla.
Ella estaba por contestarle pero alguien la interrumpió.
—Buenos días. —saludó la chica que vio el día anterior. —Veo que tu compañera regresó sana y salva. —comentó la muchacha de cabello negro.
Byakuya se tensó y Yoruichi la vio intrigada.
—Una disculpa por lo de ayer. —dijo el chico de cabello negro.
—No pasa nada. —respondió negando con las manos. Miró a Yoruichi. —Soy su vecina Ikumi y este es mi hijo. —abrazó al niño que salió del departamento.
—¿Qué pasó ayer? —preguntó Yoruichi. Ikumi sonrió.
—Cuando pasamos por tu puerta para ir al mercado, él la abrió de golpe asustándonos. —comentó. —se disculpó y volvió a meterse. Lo mismo pasó cuando regresamos. Nos dijo que su compañera no llegaba. A leguas se notaba preocupado aunque no lo mencionó. —volvió a sonreír. —Y después cuando saqué la bolsa con basura lo vi en la calle mirando hacia ambos lados como buscando algo.
Yoruichi volteó hacía Byakuya con una gran sonrisa.
—No estaba preocupado por ti. —acotó él. —simplemente estaba desesperado porque la casa seguía sucia y quería que llegaras a limpiarla.
Se giró para caminar hacia las escaleras. Yoruichi se despidió de su vecina y su hijo y lo siguió. Se sintió culpable porque él la había estado esperando preocupado y ella le negó la comida.
—Sólo por hoy dejaré que vayamos juntos a la escuela. —le dijo cuando estuvieron en la acera de la calle.
Yoruichi sonrió. Quizá la distancia entre ellos se había hecho más corta.
—Pero tienes que mantenerte alejada de mí por lo menos cinco metros. —sentenció y comenzó a caminar dejándola atrás.
O tal vez no…
—Harunobu Ogido es un Shinigami de la cuarta división.
Ojala que les haya gustado el capítulo. Saludos.
