Disclamier: Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Este es un TWO SHOT que está participando del concurso New Year´s Elite Contest organizado por el grupo Élite Fanfiction ( facebook groups / elite . fanfiction / ) y su autor será revelado una vez terminadas las votaciones del mismo.
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Desde siempre
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Summary
Dicen que para el amor no hay edad y ella lo sabe, una fiesta de cumpleaños, la bienvenida de un año que promete pero que aún así es incierto. Ella está segura de su amor por él y se lo demuestra, pero el miedo y la duda pueden llevar a tomar decisiones herradas. Lo único seguro es que ella lo ama... desde siempre y para siempre...
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Capítulo 2
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POV BELLA
Bajamos solo un piso, y abrió la puerta del pent house, sonreí y él me devolvió la sonrisa, esa ladeada que me desequilibra por completo.
En cuanto cerró la puerta me encerró en sus cálidos brazos y me estremecí de placer, de deseo, el solo pensar que pronto estaríamos desnudos amándonos calentaba mi sangre.
—Después de esta noche no hay vuelta atrás preciosa —no sé si lo hacía para persuadirme y que me arrepintiera porque a mí me sonaba como una promesa maravillosa.
—No la hay —asegure antes de sentir su boca sobre la mía en un beso demandante, encendiéndome a límites insospechados.
De pronto me sentí volar por los aires y una tonta risa escapo de mis labios.
—Tu primera vez debe ser en una cama —sonrió y me guiño satisfecho al ver la enorme sonrisa que adornaba mi rostro.
El cuarto era impersonal y enorme. La decoración era en negro y dorado con toques beige, no me fijé en detalles porque lo que realmente me importaba me tenía entre sus fuertes brazos.
Me puso de pie frente a él y barrio mi cuerpo con la mirada…
—Eres tan hermosa —su voz ronca me estremeció por completo.
Lo necesitaba con urgencia, mi cuerpo estaba envuelto en llamas unas que solo él podía apagar.
Mis manos fueron al lazo de mi cuello que sostenía el vestido y lo desaté dejándolo caer en un susurro de seda a mis pies, quedando ante él solo con los cubre pezones y las bragas rojo sangre.
Sus ojos hambrientos recorrieron mis pechos, los cuales amenazaban con mandar a volar los cubre pezones y bajo, barriendo a través de mi vientre hasta llegar a mi depilada pubis cubierta solo por unas bragas de encaje que no dejaban mucho a la imaginación…
¿Olvidé decir que traía un liguero y medias de color piel que resaltaban mis piernas? La nuez de Adán se le movía repetidas veces mientras inspeccionaba cada detalle de mí. Hubo un momento en que quise cubrirme o salir corriendo. Él está acostumbrado a estar con mujeres de cuerpos espectaculares y yo era tan insípida a su lado, empezando con mi estatura de solo un metro sesenta, no tenía caderas o busto grande, mi cuerpo tenía forma, pero nada del otro mundo. Mis caderas y trasero eran pequeños pero firmes, gracias a mi costumbre de correr todas las mañanas. Mi vientre era plano aunque no con músculos marcados, mi busto era copa A, pequeños pero firmes.
—Preciosa —gimió extendiendo su mano, haciendo un recorrido desde mi cuello pasando por el valle de mis senos hacia abajo hasta llegar al borde de mis bragas.
—Casi me vengo solo de verte —murmuro más para él que para mí.
Me tomo entre sus brazos y me recuesto en la inmensa cama. Aún tenía mis zapatillas puestas, eran unos Jimmy Choo, plata, divinos que me regaló mi manina.
Se sentó al borde de la cama y se quitó la chaqueta, corbata, mancuernillas, reloj, e iba poniendo todo sobre el buró, pero lo hacía sin dejar de verme.
Lentamente fue desabrochando los botones de su camisa, dejando al descubierto su pecho cubierto solo por una sexy y suave capa de bello dorado. Su abdomen era una rica tableta de chocolate blanco que desee lamer completamente. La camisa cayo y la respiración se me corto, no sé qué pretendía con hacerme sufrir de esa forma, el verlo me estaba prendiendo más si era que aún era posible, mis ojos no perdieron detalle de sus movimientos. Ahora levanto una pierna y desabrocho con parsimonia un zapato y lo quita junto con su calcetín, repitió el mismo proceso con el otro ¿Pueden un par de pies masculinos ser sexis? Acabo de comprobar que sí.
Sus manos ahora estaban en el cinturón y lo desabrocho, pensé que se detendría pero no, ahora desabotono el pantalón y bajo lenta y tortuosamente en zipper dejándome ver sus bóxer Kalvin Clain negros, que están tremendamente abultados de la parte de enfrente. De pronto la garganta y la boca se me secaron y saque la lengua tratando de humedecer un poco mis labios. Al verme él gimió y note como un movimiento involuntario se producía en esa zona que tenía toda mi atención.
Los pantalones cayeron por sus estrechas caderas hasta sus pies, dejándolo ante mí con solo esos bóxers que le hacían ver como un ser mítico y pecaminoso.
Barrio mi cuerpo de nuevo con la mirada, acrecentando la llama que me consumía cada vez más, mi respiración era errática, mis pechos estaban sensibles y pesados los pezones estaban a punto de traspasar las cintas que los cubrían de lo tiesos que estaban y ni qué decir de mi sexo que estaba empapado, caliente y palpitando.
Sus manos fueron a mis pies, aunque hay otras partes de mi cuerpo que reclaman su atención, se sentía como si el toque fuese ahí.
Con mucha lentitud desabrocho la correa y la quito, dejando un suave masaje que me hizo gemir vergonzosamente. Repitió la misma operación con el otro pie y ahora el gemido era más largo, el calor era más intenso.
Lentamente recorrió mi pierna con sus dedos, la tela de la media y el toque de sus manos hacía que se me erizara la piel. Llego hasta el borde del liguero y soltó la media para bajarla lentamente acariciando con sus dedos la piel que iba quedando expuesta. Mi sexo palpitaba en protesta y mis senos estaban a punto de explotar. Los espasmos en mi vientre eran tortuosos y exigían más… pero él no parecía tener prisa alguna. Repitió la acción con mi otra pierna hasta librarme de ambas medias. Agradecí mentalmente a Bree, la estilista que me asignó manina, que se encargara de hacerme la cera en todo el cuerpo y después ese masaje con aceites hidratantes y suavizantes que me dejaron la piel envidiablemente suave.
Su boca se acercó a mis pies y besó la garganta de este, el aire se me atoró en los pulmones. –Quien iba a decir que los pies podrían ser zonas erógenas– subió por la planta de mi pie hasta llegar a los dedos los cuales chupo, mordió y lamio mientras yo me retorcía y gemía pidiendo más.
Cambio al otro pie repitiendo la acción, sentía que iba a estallar y ni siquiera me había tocado íntimamente. Unió mis piernas y subió lentamente repartiendo caricias y besos alternadamente por mis piernas, demasiado lento para mi gusto. Iba a explotar de necesidad, de deseo.
De sus labios salieron susurros roncos como dulce, deliciosa, perfecta entre otras cosas que llenaban e hinchaban mi corazón.
Pasó por mis muslos e inspiró fuertemente, cerró los ojos un momento e inspiró lentamente, como queriendo calmarse, sus manos acariciaban mis costados en las caderas y siguió torturándome con su boca y lengua rodeando la parte que más lo anhela, en este punto estaba por volverme loca de deseo y quería gritarle que lo hiciera ya, pero no me atrevía, no quería que me viera como lo que era, una estúpida y hormonal chica. Yo quería ser una mujer a su altura y dejaría que hiciera conmigo lo que deseara aunque muriera en el proceso.
Ahora su boca estaba en mi vientre y gruño al llegar al piercing que tenía en el ombligo, era una esmeralda, del mismo tono de sus ojos, por él fue que lo elegí.
Mordió y tiro de él causándome un dolor placentero, parecía contorsionista retorciéndome debajo de él, su boca siguió ascendiendo hasta llegar a mis senos, los cuales miraba con hambre, un hambre primitiva que me hacía estremecer.
Con sus dientes de deshizo de la primera tira dejando al descubierto la dura piedra rosada en la cual se había convertido mi pezón y paso su lengua por él, provocando que un escalofrío y una corriente eléctrica pasara por él y corriera por mi cuerpo hasta llegar a mi centro y provocara espasmos en mi vientre, donde con cada movimiento suyo se había ido acumulando una bola de energía y fuego, que cuando explotara me llevaría al mismísimo infierno y al cielo a la vez.
Jugo con mi pecho, con su boca, mordió y lamio el pezón de una forma maestra, cuando abandono esa tarea gemí en protesta y el aire al tocar mi pezón húmedo me hizo vibrar.
Su atención estaba en mi otro pecho ahora, y cuando sus dientes arrancaron el protector sentí que iba a morir de placer, porque inmediatamente su boca lo cubrió repitiendo la atención que le dio al otro pecho… pero no lo dejaba solo, ahora con su mano lo acariciaba y giraba entre sus dedos, no lo soportaba, mi cuerpo estaba tenso… nunca pensé que con solo esto podría suceder pero lo sentí, el fuego en mi vientre explotó y grité su nombre envuelta en una nube de éxtasis, sentí su sonrisa en mi piel y sus fuertes manos sostenerme mientras subía a través de mi pecho, cuello y mandíbula antes de llegar a mi boca donde lo acepte gustosa y hambrienta en un beso donde nuestras lenguas luchaban por el placer del otro, él gruño, yo gruñí y mordí su labio como tantas veces había fantaseado y su beso se volvió más posesivo aún.
El maldito aire nos hacía falta, no quería que se alejara, quería seguir bebiendo de sus labios, su boca era mi alimento, era todo lo que necesitaba.
De nuevo hizo el recorrido por mi piel, bajando por la mandíbula, el cuello. Mis pechos lo recibieron gustosos por el tiempo que les dedicaba, pero él siguió bajando, jugo con mi piercing y bajo más. Sentí como sus dedos deslizaban mis bragas sacándolas de mi cuerpo, ahora no unió mis piernas, las separo y las paso por sus hombros, me paralizo… Él va a…
Sentí su lengua pasear por mis pliegues, una, dos… varias veces hasta que sus dedos abrieron camino para darle mejor acceso a mi punto de placer, el cual succionaba provocando que gritara ante la sensación tan maravillosa. Era un experto y no me detuve a pensar porque, solo me limite a sentir.
Esa bola de fuego se estaba formando de nuevo, ahora con mayor rapidez, mis paredes internas se contraían necesitadas, pero él se limitaba al exterior, lo quería dentro, lo quería ya.
Siguió con su tortura hasta que explote de nuevo y me sostuvo mientras duro, aun bebiendo de mí en el proceso, yo solo era un manojo de nervios, una muñeca de trapo…
Subió y se acuesto a mi lado acunándome entre sus brazos, tarareando algo que nunca había escuchado. Mi respiración se iba normalizando hasta volver a ser yo.
—¿Estás bien preciosa? —Pregunto y sentí algo de temor en su voz. Giro mi cabeza para verlo a los ojos, esos que me hacían temblar las piernas y flaquear las rodillas.
—Estoy mucho más que bien —sonreí tontamente y me incorporare para alcanzar su boca, el sabor era diferente pero me gusto y excito porque era mi sabor en él.
—Debes estar cansada —sus manos acariciaban mi espalda desnuda haciendo figuras sin sentido.
—¿Lo estás tú? —Dije coquetamente.
—No, no lo estoy, pero tú debes descansar, debió ser un día muy pesado para ti —no lo entendía, era cierto que me dio dos maravillosos orgasmos pero aun necesitaba sentirlo, que fuéramos uno.
—Estoy bien, estoy exactamente donde quiero estar —le asegure.
—Bella —mis manos estaban acariciando esos abdominales marcados, pero no era eso lo que quería descubrir y desee saborear, su aliento se atoro cuando llegue a la cinturilla de sus bóxers.
—Te necesito —suplique. Aunque lo había disfrutado muchísimo necesitaba todo de él.
—Ya te lo dije, después de esto no hay marcha atrás— se giró quedando sobre mí, la evidencia de su deseo se clavó en mi vientre y cerré los ojos ante la sensación.
—Ámame —susurre antes de sentir su boca sobre la mía, ahora yo también lo toque, necesitaba hacerlo para sentirlo real y no como uno de los tantos sueños que había tenido, pensando en él.
Mientras torturaba mis senos con su boca, sus dedos hacían estragos en mi intimidad, provocando que mi humedad escurriera.
Abrí mis piernas y pase su dureza por mis pliegues, haciendo que mi espalda se arqueara y mis caderas se movieran buscando más.
—Esto puede doler preciosa —ahora estaba entrando, demasiado lento… milímetro a milímetro… era grande y mi cuerpo se iba abriendo, dándole espacio para entrar. Siguió hasta topar con la evidencia de que era el primer hombre dentro de mí y no pude evitar tensarme… había escuchado al respecto y decían que dolía como el infierno.
—Relájate mi amor —susurro en mi oído, antes de morderme el lóbulo, su lengua acaricio mi cuello y mandíbula hasta llegar a mi boca, dándome un beso que casi me lleva a la inconsciencia. Entonces sus caderas empujaron y sentí que esa barrera ya no estaba. Dolía, pero era más el placer de sentirme suya. Se quedó quieto y hasta retuvo la respiración, pero no quería eso, por lo que moví mis caderas pidiendo, silenciosamente, que siguiera… él lo entendió y comenzó con un vaivén lento y tortuoso que me llevo al límite y bajo de intensidad. Nuestras bocas y manos no estaban quietas, besamos y tocamos todo lo que podíamos, lo sentía palpitar dentro de mi… y mis paredes se ciñeron alrededor.
—Vente para mi preciosa —fue una orden directa, no una petición o suplica y mi cuerpo la acató como tal y exploté gritando su nombre y arqueándome contra él. Unas cuantas estocadas más y lo sentí derramarse dentro de mí y eso me llevó a explotar de nuevo.
Se deja caer sobre mí, su cabeza reposo entre mis pechos y su rápida respiración me hacía cosquillas.
Lo sentí salir lentamente y proteste, me sentía vacía sin él. Me regalo una radiante sonrisa y un beso lento y sensual que me llevo al límite de nuevo, el rio y negó con la cabeza, antes de levantarse y caminar enseñándome su cuerpo desnudo en todo esplendor y gloria, el calor me invadió de nuevo, era perfecto y por el momento era mío.
Al momento regreso, con una toalla húmeda en su mano y en la otra un vaso con agua y unas pastillas.
—Tomate una de estas —leí y era Ibuprofeno, asentí y lo hice sin protestar.
—Gracias —sonrió cuando tome el vaso de entre mis manos y se inclino dejando un beso en mi frente.
—Recuéstate —dijo y obedecí, aunque casi muero de vergüenza al verlo separar mis piernas y limpiar mi zona intima con sumo cuidado.
Lanzo la toalla al cubo de basura y se recuesto a mi lado y rápidamente me acomode entre sus brazos. Estaba obsesionada con mi tableta de chocolate blanco y mis manos se iban ahí a juguetear con las líneas.
—Gracias —dije como tonta y él levanto mi rostro y suspiro, no podía creer que fuera real.
—Sabes que no será fácil ¿Verdad? —Estaba serio y me incomode un poco pero asentí—. Lamento haberme aprovechado de ti.
—Lo sé, pero no me importa —era verdad, lo único que me interesaba era él.
—Tu papá no lo aprobará.
—También lo sé y aunque lo amo, esto es en algo en lo que no lo podré obedecer.
—No le diremos —me encogí de hombros.
—Preciosa, no es tan fácil —insistió y mi corazón se apretaba en un puño… él no quería más que esto y me dolió.
—En este instante si lo es —asegure sentándome a horacadas sobre él y atrapando sus labios en un beso necesitado. Si todo lo que tendría de él sería esta noche la aprovecharía al máximo.
Lo sentí endurecerse de nuevo y sin pensarlo un segundo me alinee y lo introduje en mi con un gemido por parte de ambos, no sabía cómo moverme pero me deje guiar por mis instintos y por los sonidos de placer que salían de su boca. Después de un momento de hacerlo lentamente, llevó sus manos a mis caderas marcando el ritmo que quería hasta que exploté de nuevo, pero él no lo hizo. Salió de mí y me giró poniéndome en cuatro, y antes de que pudiera asimilar esta nueva posición estaba dentro de mi arremetiendo con fuerza, mi garganta ardía de los gritos y gemidos de placer que salían pero no podía contenerme, sus dedos acariciaron mi clítoris acelerando mi orgasmo y cuando el explotó dentro de mi me llevó al límite y grité su nombre totalmente exhausta.
Lo sentí salir de mi y acunarme entre sus brazos, con un suspiro me acurruque contra su pecho sintiendo como los vellos hacían cosquillas en mi mejilla.
—Mañana hablaremos preciosa, duerme mi amor —susurro dejando un beso sobre mis cabellos antes de dejarme llevar por la inconsciencia.
Sentía mi cuerpo molido, peor que cuando se me ocurrió la brillante idea de jugar a las luchas con Emmett y Jasper. Un delicioso dolor/ardor entre mis piernas, una sonrisa se extiende por mi rostro al recordar la noche anterior mientras me hacía el amor con tanta reverencia.
Había sido suya, había estado entre sus brazos y lo había amado…
—Mañana hablaremos… —Sus palabra me llegaron como balde de agua fría, no quería hablar, no quería oír de sus labios que había sido un error o que se arrepentía de lo que pasamos.
Él no estaba en la cama, me dolió pero este no era un cuento de hadas ni él un príncipe y por supuesto que no habría felices para siempre.
Agudicé el oído y pude escuchar el agua de la ducha correr, un estremecimiento corrió mi cuerpo de imaginarlo desnudo, bajo el chorro de agua con las gotas recorriendo su cuerpo haciéndolo brillar como si fueran diamantes. Entrar ahí y compartir la ducha sería fantástico; pero en la vida no todo podría ser fantástico.
Me levante y tome mi vestido que ahora está en el respaldo del sofá, no había bragas ni medias, solo mi vestido y zapatos.
Me vestí y calce, no quería ver en el espejo el desastre en que me he convertido por lo que salí sin mirar atrás, me encontré con un par de mucamas por el pasillo, y se me quedaron viendo, mientras se iban cuchicheando.
Espere no encontrarme a nadie más y la suerte me sonrió porque llegue a mi suite sin problemas. Me desvestí y entre a la ducha, no quería quitarme su olor, pero era necesario.
Me vestí con unos jeans azul oscuro, una blusa blanca al igual que las botas, chaqueta y pashmina que ate a mi cuello. El cabello me lo deje suelto y solo coloque algo de mus para controlar el frizz. Cogí mi maleta y bolso de mano antes de salir disparada del lugar hacia mi casa.
Busque mi móvil y tenía un par de mensajes de él y una llamada, los borre sin siquiera leerlos y forme un plan en mi cabeza, no quería verlo… Estaba actuando como una cobarde pero no me importaba porque quería el recuerdo de sus labios, de su piel y no de su adiós, era lo mejor. Repetí una y mil veces en mi mente que era lo mejor.
Tenía los boletos del viaje al Caribe que me regalaron mis padrinos por mi cumpleaños, además las clases estaban por comenzar y debía irme a Massachusetts, pues estudiaba en Harvard y en tres semanas iniciaban ya las clases.
En mi mente ya se estaba formando un plan y cuando llegue a casa todo estaba claro, me iría a mi viaje de regalo y de allí me iría directo a la universidad.
Tal vez en un tiempo cuando lo volviera a ver no doliera tanto...
UN AÑO DESPUES…
Miré el gran salón, a pesar de que solo había pasado un año para mí era mucho más, no pude negarme a estar aquí pero me sentía incompleta. Entendía el porqué en mi mente pero no en mi corazón.
Vestí con elegancia como era esperado, el vestido negro se ajustaba a mis curvas, nuevas y recién adquiridas, mis caderas estaban más anchas y mi copa ahora era C.
Mis padres prácticamente me rogaron para que estuviera en esta fiesta de año nuevo, pues mi padre anunciaría algo muy importante, demasiado misterio me estaba matando pero no podía sacarles ni una palabra.
Sabía que él estaría aquí, nuestra vida había cambiado radicalmente, ahora como viudo y padre soltero se había convertido en un ermitaño que no reconocía nadie, permanecía fuera de los eventos sociales y solo a los de la empresa asistía, pero rápidamente se alejaba.
Su hija nació con una enfermedad congénita pero nadie sabía a ciencia cierta de qué se trataba.
—Estás más hermosa de lo que pudiera haber imaginado —susurró una muy conocida y aterciopelada voz a mi espalda, sentí sus dedos rozar mi piel desnuda que dejaba el enorme escote del vestido.
—Buenas noches Edward —no pude evitar el temblor en mi voz y me giré a verlo, estaba aún más hermoso de lo que lo recordaba y mi corazón se aceleró de solo recordar que fui suya.
—Pensé que no vendrías —susurró muy cerca de mí, mi cuerpo traicionero respondió a su cercanía.
—Se lo debía a mis padres pero no me quedaré mucho tiempo —aseguré mirando la hora.
—Casi es media noche —susurró acercándose más, casi tocándome.
—Sí, mi padre dijo que haría su anuncio justo antes de que comenzara la cuenta regresiva —traté de sonar casual pero falle estrepitosamente. Moriría si no lo tocaba.
—Creo que lo hará en este momento —señaló hacia las escaleras donde mis padres estaban llamando la atención de los invitados.
—Acerquémonos —colocó su mano en mi baja espalda sobre mi piel desnuda y caminamos hacia donde estaban ellos, con una señal papá nos hizo subir a su lado.
—Buenas noches a todos —saludó y los presentes respondieron a coro.
—Como saben soy un hombre que no le gusta hacer las cosas a medias y cuida de lo que ama, por eso es que esta noche quiero hacer dos anuncios muy importantes —todos permanecimos en silencio esperando, mi padre amaba el suspenso, creo que en vez de empresario debió ser director de películas—. El primer anuncio es que en un año exactamente a partir de hoy me retiraré de los negocios y me dedicaré a disfrutar de mi familia, mi esposa merece ese crucero alrededor del mundo por seis meses que tanto hemos postergado, además de que el futuro de mi hija sé que quedará en buenas manos. Cuando me retire será Edward quien asuma la dirección de la compañía y además le doy este año para que conquiste a mi hija y la haga su esposa, pero solo si logra llegar a su corazón —me quedé en shock por sus palabras—. Mi hija es dueña de lo mío y si esto no sucede solo serás presidente de la empresa de forma temporal y cuando Bella se gradúe asumirá el mando, pero si no tú te quedarás al frente.
Esperaba que salieran esos de cámaras ocultas y gritaran "caíste" o "sonríe a la cámara que es una broma" pero nada de eso pasó. Todo quedó en silencio y no me atreví a mirar a Edward.
—Llegó la hora de la cuenta regresiva, todos tengan sus copas a la mano —dijo alegre mi madre como si mi padre no acabara de programar una bomba nuclear con lo que dijo, de aquí al manicomio.
—¡Diez!
—¡Nueve!
—¡Ocho!
—¡Siete!
—¡Seis!
—¡Cinco!
—¡Cuatro!
—¡Tres!
—¡Dos!
—¡Uno!
Gritos, aplausos y silbidos se escucharon por todo el lugar, pero yo aún estaba petrificada.
—Me importa una mierda lo que dijo tu padre, la empresa es tuya pero tú eres mía —fueron las palabras de Edward antes de atrapar mi boca en un beso que siempre desee, el que siempre había anhelado pero que ahora… ahora tenía el sabor amargo de los secretos y la traición.
No sabía a dónde nos llevaría esto pero me entregué a ese beso con todo, sin importar quien estuviera presente, éramos él y yo, el amor de mi vida, el único que se adueñó de mi corazón, el único que he amado DESDE SIEMPRE… Y PARA SIEMPRE.
