Capitulo 2

Memorias

Ya en casa de los Cullen, se podía detectar cierta tensión en el lugar. Aunque estaban felices por ver a Renesmee de nuevo, no sabían sus intenciones, después de todo, ella convivió con los Vulturis.

En el bosque, cuando Bella intentó abrazar a su hija, ella perdió el conocimiento por completo. Después de semejante viaje y tantas emociones encontradas, era de esperarse. Los Cullen les mostraron su hogar sin bajar la guardia y los lobos esperaron afuera por órdenes, dejaban en claro que no dejarían de vigilarlos.

-Así que… -Alice intentó romper el silencio que había en el lugar. -¿Ustedes como se conocen?

-La verdad, no lo sabemos –dijo una de ellas, su nombre era Yuly.

-Todos crecimos en esa cárcel, aprendimos a hablar gracias a Ness y de cierto modo, le debemos todo –dijo una de las rubias, a pesar de no ser vampiresas, tenían un porte sorprendente.

-¿Por qué no podíamos olerlos o leer sus mentes? –preguntó Alice interesada.

-Esa es una de mis cualidades secretas, ni siquiera ese monstruito sabía que lo poseía –respondió Yuly encogiéndose de hombros.

La sala volvió a quedar en silencio hasta que una de las chicas comenzó a revolverse en su asiento.

-¿Qué sucede, Em? –preguntó la morena, su nombre era Val.

-No lo sé, ese olor… -gruñó y golpeó su frente fuertemente con sus piernas.

Pronto detectaron el suave aroma de la sangre. La rubia se levantó y corrió hasta uno de los espejos para observar su herida.

-Maldición, debo controlarme –susurró mientras observaba como se curaba.

Alice y Jasper quedaron sorprendidos, nunca habían visto un poder de regeneración igual a ese. La escucharon soltar todo el aire que quedaba en sus pulmones, intentaba calmarse.

-¿Cuál es tu nombre? –preguntó Alice aun sorprendida.

-Ness me nombró como a su abuela, Esme… ella vio en mi algo que la recordaba y estoy feliz de hacerle honor –respondió con una sonrisa cálida. –Estoy segura que si Aro descubriera la mitad de nuestras cualidades, jamás nos hubiera dejado marchar.

Las palabras de la rubia conmocionaron a todos, especialmente a los Cullen. Era cierto, Edward lo podía ver mejor que nadie. En cada uno había un recuerdo de esos días, los días en que vieron morir a su madre y luego fueron raptados por Jane. Sin embargo, había una de ellas que era diferente, su precedencia no era de una humana sino…

De pronto, la puerta se abrió, dejando entrever al patriarca de la familia. Su semblante sereno y vacio logró sorprender a más de uno, especialmente a Esme y Yuly. Ambas crecieron bajo las historias de Ness y su familia, no podían ocultar su sorpresa.

-Tenemos visitas, bienvenidos –su voz salió en automático, ni siquiera había carisma en él. Todos los vieron subir las escaleras y pronto escucharon la puerta de su habitación.

-Él debe ser Carlisle, ¿no? –preguntó Esme con una sonrisa en los labios. –He escuchado tanto sobre él y siento que lo conozco.

-¿Qué otras habilidades poseen? –preguntó Jasper Cullen esta vez, ignorando por completo el comentario de la rubia.

-Bueno, de mi parte no solo puedo curarme, puedo curar a cualquier ser existente sobre esta tierra –susurró Esme sin apartar la mirada de las escaleras.

-Mi nombre es Dominique por si les interesa y puedo leer las mentes –susurró cohibida. –Además puedo ver el futuro, el mío más que nada…

Alice pudo notar la incomodidad de esa chica al aceptar la verdad. Ella más que nadie puede saber lo que se siente conocer su futuro, hay cosas que desearías que jamás sucedieran. Sin embargo, Edward sabía que no era solo eso, jamás había imaginado conocer a un hibrido de esa manera, con capacidades tan fuertes y sorprendentes.

-Mi nombre es Yuly –habló la hermosa morena sentada al lado de Dominique- soy la causante de que, ninguno de ustedes, se diera cuenta de nuestra naturaleza –sus ojos no se apartaban del suelo y menos se conectaban con ninguno de los presentes. –Y mucho más… -susurró antes de levantarse y subir por las escaleras.

-Ya lo verán –advirtió Carl con los ojos cerrados.

Por otro lado, Carlisle se encerró en su habitación, ya sabía que tenía visitas, Edward lo había llamado. Sintió un poco de felicidad al saber que su nieta estaba viva, pero algo muy dentro de él, un sentimiento que no había sentido en todo un siglo o tal vez más, no lo dejaba respirar.

Cuando murió Esme, su esposa y compañera, sintió que una parte grande de su existencia se fue con ella. Tardo muchos años en reponerse y volver al trabajo que tanto le había apasionado. Suspirando, se dejó caer en la silla de su despacho, en esos momentos deseaba poder dormir, ser un humano y olvidarse del mundo por unas cuantas horas.

Su frente pego con fuerza en el frio y solido cristal, su pecho dolía tanto que tal vez, siendo humano, no lo podría soportar. Entonces, todo su cuerpo se tensó, la sensación de sed y ansiedad por la sangre volvía a su cuerpo, después de tanto tiempo volvía a suceder.

Carlisle se levantó de su silla y bajó rápidamente hasta la sala, donde todos estaban sorprendidos al igual que él.

-Edward… Bella, ¿Qué está pasando? –Preguntó con voz entrecortada.

-No lo sabemos… -respondió Alice de la misma forma, sin embargo, se horrorizó al ver los ojos de Carlisle. –Tus… ojos…

-No son solamente los suyos, los nuestros también –dijo Jessy tranquilamente. –Es una de sus especialidades…

Carlisle sentía como su garganta quemaba, no lo pudo soportar más. Subió las escaleras y buscó el maldito ser que producía ese efecto en su familia, era una tortura. Se detuvo solo a pocos centímetros, donde ella dejaba que todo su poder fluyera. Él no lograba entender como ese ser, aparentemente indefenso, podía hacerle sentir como un demonio.

-Detente –gruñó Carlisle con desespero.

La morena se giró lentamente hasta centrar sus ojos rojos en él. Lentamente dejó caer el manto de sensaciones que los Cullen y él sentían. Ella no los culpaba, era algo que ni ella podía soportar, tenía que hacerlo alejada de sus hermanos para no sentir la necesidad de beber su sangre.

-Disculpe todos los daños que he causado, solo quería hacer una pequeña demostración de mi poder… -susurró cohibida la ojiverde. –Nunca fue mi intención molestar.

Su respuesta sorprendió a Carlisle, jamás había visto una joven con tanta desesperanza y amargura junta. Quiso preguntar el porqué, quiso saber todo de ella, pero al mismo tiempo, no era su asunto. Él suspiró y negó con la cabeza antes de desaparecer nuevamente en su despacho.

Renesmee

Cuando sentí la necesidad de tomar sangre, no pude evitar sonreír. La sutileza jamás había sido su amiga, Yuly era muy directa cuando quería mostrar su poder, sin importarle lo que el resto pueda sentir. Me incorporé lentamente mientras recorría, con mis ojos, toda la habitación. No había cambiado en nada, seguía siendo la misma habitación rosa y blanca de hace diez años.

Me levanté por completó y sentí mi estomago rugir, fruncí mis labios y negué con la cabeza. "Necesidades humanas" dije en mi cabeza. Estaba segura que todos habían escuchado mis palabras. Me miré en el espejo y suspiré molesta, ya no tenía la necesidad de ponerme esa capa. La deseché en uno de los rincones de mi cuarto, solté mi cabello y este cayó en hondas sobre mis hombros y espalda.

Salí de mi habitación para detenerme en la de mi abuelo, tenía algo importante que hacer. "No me interrumpan, ni siquiera intenten escuchar" más que una orden, era un favor que le pedía a Yuly. No me detuve a tocar la puerta, costumbres perdidas, después de todo era difícil mantenerlas cuando vivías en un lugar amplio de cuatro paredes, mi caja de cristal.

Mi abuelo, Carlisle Cullen, me miró a los ojos sorprendido. Estaba segura que no esperaba mi presencia, sobre todo, el impacto de verme tan crecida.

-Renesmee… toma asiento –susurró entrecortadamente. Pude sentir un poco de dolor en mi pecho, tenía tantas ganas de abrazarlo. -¿Qué sucede? –Sí, definitivamente estaba diferente. No era el mismo.

-Abuelo… -esa palabra salió a tropezones de mi boca, pude sentir como las lágrimas se acumulaban en mis ojos, pero tenía que ser fuerte. –De seguro se preguntaran porque estamos aquí, ¿verdad?

Como era de esperarse, el asintió y su rostro perfecto se arrugó un poco al fruncir el ceño.

-Bueno, todo estaba normal, ¿sabes? –Referirme a normalidad como muchos la conocían, no era la misma. Mi visión de normalidad era encontrarme encerrada allí. –Los Vulturis nos buscaban solo para buscar información de nosotros y cuando alguien le servía –guarde silencio por unos segundos y me encogí de hombros-, no regresaba jamás.

Podía ver la confusión en su rostro, no entendía mi explicación.

-Yo fui su posesión más valiosa por siete años, poco a poco fueron llegando mis hermanas. Las crié y eduqué como ustedes lo hicieron, al menos lo que recuerdo –le dije dibujando una sonrisa en mis labios. –Intentaron sacar mucha información sobre ustedes, pero Yuly me ayudó muchísimo, ella puede bloquear casi todo y crear ilusiones tan reales que las padeces.

Pude ver, por su expresión, que sabía exactamente quién era.

-Es algo sorprendente su poder… -susurró entre dientes, aun se veía molesto.

-Sí… -me limité a responder, estaba pensando bien que decirle. –Creo que Aro nos soltó porque no sabía de nuestros poderes, solo una cuarta parte de ellos. Sin embargo, él nunca se ha caracterizado por ser piadoso y condescendiente. Nuestra liberación tiene un porqué.

-Entiendo… -susurró desviando su mirada hacia las fotografías de mi abuela. Me sentí tan culpable por su muerte.

-Abuelo… perdóname –susurré, ahora si no ponía resistencia a mis lágrimas. –Sé que es mi culpa que mi abuelita esté muerta… pero yo no quise…

Él seguía siendo tan rápido que me tomó por sorpresa. Sus brazos me tomaban con fuerza mientras me susurraba que no era mi culpa y que estaba feliz de saberme con vida.

Minutos más tarde, bajé a la sala con una sonrisa radiante en mi rostro. Ahora solo faltaba hablar con mis padres y con él; estaba tan deseosa de compartir con Jacob que casi no aguantaba la espera. Cuando llegué a la sala, todos me observaron extrañados y sonrientes al mismo tiempo.

-Pero mírate, ¿acaso no eres un bombón? –Giré los ojos ante las palabras de mi tía Alice y sonreí en respuesta. –Estás preciosa mi niña, no pareces una beba de once años.

-Porque no lo soy, Al. Cronológicamente lo seré, pero mentalmente no –sentencie dejándome caer en las piernas de mis hermanos. –Hola chicos…

Carl y Jessy gruñeron molestos, de seguro había interrumpido su comunicación no verbal.

-Hola, pequeña… -su voz me llevó a niveles incomprensibles de felicidad. Lo extrañé con locura. –Yo también te extrañe, mi niña.

Me precipité con fuerza a sus brazos y él me recibió con delicadeza, dándome un abrazó que tantas veces necesité. En esos años de soledad absoluta, me hicieron falta mis padres, sobre todo mi madre. La amaba tanto y no podía creer que cada año que pasaba, olvidaba un poco más su rostro y su voz. Las lágrimas salían de mis ojos sin mi permiso, estaba tan feliz de volverlo a ver. En este cuadro solo faltaba mi madre.

-Está buscando comida, ustedes necesitan alimentarse y aquí, hace años, no se utiliza –susurró en mi oído como respuesta a mis pensamientos.

"No me gusta que lean mi mente"

Mi padre comenzó a reír antes de encogerse de hombros.

-No lo puedo evitar, pequeña. Pero puedo hacer el intento de ignorarlos –dijo guiñándome un ojo.

Me giré con gracias para encarar a mis hermanos.

-Dom, ven conmigo… quiero mostrarte la Push –ella gritó emocionada y se acercó a mí dando brinquitos de felicidad. –Los llevaré así porque, la verdad, no se cual es la situación actual con la manada. Al menos, veo que, el tratado está roto –mi padre asintió y eso me dio libertad de salir corriendo por el ventanal seguida de Dom.

Nos adentramos en el bosque a toda velocidad, desde allí, podía escuchar las olas romper en las piedras y la espuma que se hacía en la orilla. Mi sonrisa se amplió cuando sentí su olor, me había encontrado, nunca logré escaparme de él.

-Ness, algo nos sigue –chilló Dom con nerviosismo.

-No es algo, es alguien… no te preocupes, no nos harán daño –hablé en plural porque él no estaba solo.

Me detuve a tan solo metros de la costa y esperé a que ellos se transformaran. Acomodé mi cabello con disimulo, no sabía porque, pero me sentía muy nerviosa. Dominique por su parte, no paraba de mover su pie rápidamente, algo le molestaba.

"¿Qué sucede?" –pregunté confundida en mi mente.

-Nada… solo que… ese olor –la escuché decir por lo bajo, algo le estaba molestando. –No me molesta, solo me atrae –dijo ahogadamente.

-Nessy –olvidé todo lo que había a mi alrededor, ya no habían árboles, ni cielo o tierra, solo él y yo.

Mis ojos se conectaron a los suyos y sentí el impulso de acercarme y abrazarlo con todas mis fuerzas. Sin embargo, algo me tenía atada a esa posición y al parecer él se encontraba en la misma posición. Después de lo que pareció ser un siglo, Jacob se acercó a mí lentamente.

-Abrázala ya, hermano, nos tienes en ascuas –dijo Seth con sorna, se estaba burlando de él.

Yo solo pude sonreír y abrazarlo, su comentario me había dado el impulso para hacerlo. Extrañaba su olor, su calor reconfortante… simplemente extrañaba todo de él, pero algo había cambiado. Su toque, para mí, ya no era igual porque guardaba otro significado que estaba segura descubriría muy pronto.

-Te extrañé tanto… -susurré logrando un pequeño gruñido de su parte, mientras asentía secundando mis palabras.

-Yo también, te extrañé… estaba muerto antes que regresaras –tarde solo unos segundos en entenderlo, yo solo pude abrazarlo con más fuerzas, quería que supiera cuanto me había hecho falta.

Al separarnos, ambos teníamos una sonrisa radiante. No recuerdo haberlo visto tan alto y musculoso, tampoco recuerdo que eso me atrajera como lo hace ahora, ¿Qué había cambiado? Escuché a Dom reírse de mis dudas y enarqué una ceja antes de enfrentarla.

-Al menos no me estoy muriendo por un olor que ni siquiera se dé quien es –dije con una sonrisa en mis labios.

-Eso fue muy bajo, Ness –respondió con una sonrisa, no estaba molesta. –Ahora si me disculpas, te reto a ti y a tu lobito a una carrera hacia la costa.

Dom corrió más rápido de lo que había hecho nunca, sin embargo, chocó con Seth. Él no se movió ni un poco, obviamente nuestra fuerza era muy poca si la comparábamos con un vampiro o un hombre lobo.

-Perdón, malditos genes humanos –dijo entre gruñidos haciéndome reír, ella y sus comentarios.

-No te preocupes –aseguró Seth con una sonrisa en sus labios.

Dom lo miró a los ojos y toda expresión de molestia desapareció, dando paso a la sorpresa y a otro sentimiento que no supe identificar. El rostro de Seth no era muy diferente, sus puños estaban cerrados con fuerza como si tratara de no sucumbir a ese sentimiento. Entonces, noté como Dominique cerraba sus ojos con fuerza y fruncía el ceño.

-No te creas tan importante –susurró de forma audible. –Me regreso, ya no puedo estar aquí.

Me giré para ver a Jacob sorprendido, algo había pasado que no entendía y conseguiría una explicación a como dé lugar.