Modern Family y sus personajes NO me pertenecen. Escribo esto con el fin de entretener. De fan para fans.
Alex se puso nerviosa. Quería ver quién estaba detrás, pero no lo conseguía. Además de que los empujones eran cada vez más fuertes, quien estaba detrás se apartaba, así que ella no podía ver de quién se trataba.
— ¡Para! — gritó — ¡He dicho que pares!
— ¡Eh, déjala en paz! — ordenó Lily.
No hubo respuesta, pero los empujones cesaron. Alex se preparó para bajar, iba a regañar a la persona que tenía detrás, fuera quien fuera; Luke, su padre Phil… no importaba quién era, le caería una bronca. Se bajó del columpio y tomó aire para comenzar a gritar. Abrió la boca al mismo tiempo que se daba la vuelta, pero en cuanto vio quién se encontraba ahí, se quedó sin palabras.
Aquel que tenía delante no era Phil, no era Luke, es más, no era nadie de su familia. Observó con atención a aquel chico, cuyo rostro le era más que familiar. Y mientras el corazón de la hija mediana de los Dunphy comenzaba a latir con más fuerza a cada segundo que pasaba, el chico finalmente se decidió a hablar.
— Volvemos a vernos, preciosa.
A varios kilómetros de allí, Mitch y Cam ya estaban de camino a la fiesta en casa de sus amigos. Sin embargo, había un pequeño problemilla: su GPS estaba sin batería, así que contaban únicamente con los carteles para orientarse.
— Cam, tengo la sensación de que ya hemos pasado por aquí antes. — murmuró Mitch.
— Cómo lo sabes, si has estado dormido todo el tiempo.
— Sí, pero estuve despierto el tiempo suficiente para ver que llegábamos a una rotonda, así que es posible que…
— ¿Acaso no confías en mí?
— Claro que confío, pero se está haciendo de noche, estamos en un lugar desconocido y…
— Mitch, tranquilízate, falta poco para llegar. — dijo Cam muy seguro de sí mismo. — Oh, mira, es allí.
— Menos mal…
— ¿Lo ves? Siempre te preocupas por nada.
La casa donde se celebraba la fiesta se veía desde lejos. Estaba cubierta de adornos navideños de arriba abajo. Desde un Santa Claus con sus renos en el techo, hasta los muñecos de nieve y los árboles llenos de luces en el jardín, todo brillaba. Además, a medida que se acercaban, la música se oía cada vez más fuerte e incluso había gente bailando en el jardín.
— Vaya, vaya… esto promete. — dijo Cam en voz baja y con una pequeña sonrisa.
Mitch hablando a la cámara…
— Mi comportamiento tenía una explicación. La verdad es que yo tenía muchas ganas de ir a esa fiesta. De verdad, lo estaba deseando, pero cuando llegamos a Wyoming... — Se queda pensativo. — no sé, tuve la sensación de que iba a pasar algo. Una corazonada, tal vez. Llámalo como quieras. La cuestión es… que lo sentí.
Lejos de allí, en el vestíbulo del hotel, las cosas se estaban poniendo algo tensas. Andy y Haley estaban muy animados charlando y riéndose todo el rato, mientras Beth y Dylan los miraban en silencio. La rubia sólo pensaba en la manera de sacar a su prometido de ahí, y Dylan… bueno, él tenía sueño.
— Oh sí, ¿y recuerdas aquella vez cuando tú..? — empezó a decir Andy, pero Beth le interrumpió.
— Eso suena muy interesante cariño, pero estoy un poco cansada. ¿Qué te parece si nos vamos a la cama?
— Es una excelente idea. — añadió Dylan. — Haley, yo también estoy agotado.
— Claro, ya seguiremos hablando mañana. — respondió Haley.
— En realidad no sé si mañana podremos, porque Andy y yo iremos a patinar.
— ¡Podemos ir todos juntos! — propuso el susodicho, pero su prometida le lanzó una mirada asesina seguida por un codazo. — Bueno, quizá otro día.
— Buenas noches. — dijo por último Beth antes de llevarse a Andy a su habitación.
Haley vio cómo entraban en el ascensor cogidos de la mano y suspiró. Miró a Dylan de reojo, el pobre no podía parar de bostezar.
— Bueno, nos veremos por la mañana. Yo me voy a la cama. — murmuró antes de darle un piquito en los labios. — Que duermas bien.
— Buenas noches, Haley.
La mayor de los Dunphy no esperó el ascensor, se fue directamente por las escaleras. En cuanto entró en su habitación, suspiró de nuevo.
Sobre una de las camas había cosas de Alex, así que Haley se tumbó en la otra. Abrazó una de las almohadas y se preguntó si Andy seguiría sintiendo algo por ella, aunque fuera muy en el fondo.
¡Qué ganas de que sea mañana! Voy a apuntarme a todo, cantaré en el coro navideño, iré a patinar, incluso podría participar en la obra benéfica con Mitch y Cam. — explicaba Manny entusiasmado — Seguro que la idea les encantará. Y mira esto, habrá un…
— Eso es genial, papi. — le interrumpió Gloria — Pero eso será mañana. Ahora quédate cuidando de Joe mientras yo me voy al SPA. — esto último lo dijo con un chillido.
— ¿A propósito, dónde está Jay?
— Debe estar con Anthony, llevan mucho tiempo sin verse, estarán hablando de sus cosas. Me voy, ¡portaos bien hasta que volvamos! — dijo antes de cerrar la puerta.
— Sí mamá. ¿Has visto, Joe? Ellos empiezan a disfrutar de las vacaciones ahora y nosotros tendremos que esperar hasta mañana.
— Voy a ver la tele.
Mientras Joe veía los dibujos animados, Manny se sentó en una butaca que había junto a la ventana y comenzó a leer un libro. Alguien llamó a la puerta y Manny tuvo que levantarse a abrir. Era Luke.
— ¡No te vas a creer lo que ha pasado! En la última planta hay una fiesta, ¡y me han invitado! Les dije que tenía un colega y me han dicho que podía llevar a quie…
— Eh, para el carro. ¿Me estás diciendo que vaya contigo a la fiesta?
— Pues sí. — respondió Luke. — ¿No es obvio?
— Era una pregunta retórica. No puedo salir ahora, tengo que cuidar de Joe.
— No seas aguafiestas. Debe estar lleno de tías buenísimas, seguramente habrá refrescos por si no quieres emborracharte y...
— No vas a convencerme.
— ¿Tienes que cuidar de Joe verdad? — preguntó el pequeño de los Dunphy con una sonrisa traviesa.
— Sí, ya te lo he dicho antes.
— ¡Entonces él también viene!
Luke agarró a Joe de la mano y ambos salieron de la habitación, seguidos por Manny, que no paraba de repetir que lo que estaban haciendo estaba mal. Pero al fin y al cabo, a él también le apetecía ir…
Jay y su viejo amigo Anthony habían subido a la habitación de éste último, para que le enseñara a Pritchett su última compra. Una caja de puros carísimos que quería compartir con él.
— Siempre has tenido buen gusto. — comentó Jay. — Sabes, yo también pensé en traer unos, pero en el último momento pensé que sería mejor traerte un buen Whisky.
— Gracias, amigo mío. Los he comprado especialmente para la ocasión. — dijo antes de beber un poco de Whisky.
— Deberías venir a visitarnos alguna vez.
— Te tomo la palabra.
Jay hablando a la cámara…
— En ese momento lo vi. Ahí estaba, junto a la ventana. — explica como si no pudiera creérselo todavía. — Un armario. Pero no un armario cualquiera…
— Jay, ¿qué te pasa? — preguntó Anthony al ver cómo la cara alegre de Jay pasaba a una totalmente seria.
— Nada, me he acordado de una cosa del trabajo, pero no es nada importante.
— Olvida el trabajo, estás aquí para relajarte y disfrutar.
— Claro…
Jay hablando a la cámara de nuevo…
— Todos y cada uno de los armarios, cajoneras y un largo etcétera que había en ese hotel, se los había vendido yo… o al menos eso creía. Y de repente, ahí mismo, en su habitación, veo nada más y nada menos que… un armario de "Armarios, armarios, armarios, armarios". Igual suena un poco exagerado, pero no lo es. Me molestó que tuviera un armario de mi peor enemigo.
Alex seguía sin poder articular palabra. Incluso después de que el chico habló, ella se quedó callada.
— ¿No piensas decir nada? — preguntó divertido.
— Ji… ¿Jimmy Scrivano? — murmuró incrédula. — No puede ser.
— Pues ya ves que sí. Y dime, ¿qué te trae por aquí? — dio un paso hacia ella.
La chica le observó de arriba abajo. Igual que ella, él también había cambiado. Ahora era más alto y corpulento, aunque no gordo, su pelo negro era corto y tenía un poco de flequillo que le cubría las cejas.
— Estoy aquí de vacaciones con mi familia.
— No he podido evitar ver que has aprendido la lección. — dijo mirando hacia Lily, pero Alex pareció no entender a qué se refería. — La última vez que te vi, te ponías delante para columpiarla, y ahora lo has hecho desde atrás. Has seguido mi sabio consejo. — añadió orgulloso mientras le guiñaba un ojo.
— Ya, supongo. — respondió Alex, recordando lo sucedido en aquellas vacaciones — Bueno, ¿y tú qué haces aquí?
— No es por presumir pero… mi abuelo es el dueño de este hotel.
— ¿En serio? ¿Anthony? ¡Es amigo de mi abuelo! Por eso estamos aquí, nos ha invitado a todos.
— Así que se trataba de vosotros. Hace días que mi abuelo no para de hablar del famoso Jay Pritchett y su familia, estaba realmente emocionado. No sé cuánto hace exactamente que se conocen, pero se nota que son muy buenos amigos.
— Sí, cuando se han visto se han puesto muy contentos.
— Cambiando de tema, desde la última vez que nos vimos no he vuelto a saber nada de ti. ¿Por qué no me escribiste o algo así? — por su tono Alex dedujo que estaba disgustado. — Esto podría haber funcionado.
— Te dije que nuestras casas estaban demasiado lejos. Las… relaciones a distancia no funcionan. — su voz se quebró un poco y sus ojos se llenaron de lágrimas. — Nunca funcionan…
Alex no pudo evitar que las lágrimas salieran de sus ojos y se fue corriendo hacia el hotel, y Lily fue detrás de ella. Jimmy la llamó pero la joven Dunphy no le hizo caso. El chico no tenía ni idea de que esa pregunta le dolería tanto a Alex, ni siquiera entendió por qué se había puesto así…
— Esto sí que es relajante. Creo que vendré todos los días mientras estemos aquí. — dijo Gloria a la masajista antes de salir.
Gloria había disfrutado a más no poder del masaje. La masajista de turno que le había tocado tenía experiencia, y eso se notaba enseguida. Al salir de ahí fue a ponerse el bañador y se dirigió directamente a la piscina climatizada, que en esos momentos estaba completamente vacía.
— O sea, que tú eres Gloria. — era la voz de una mujer desconocida.
La que había entrado era una mujer rubia de ojos verdes que aparentaba la misma edad que Gloria. Llevaba un bikini rosa y se notaba que iba al gimnasio.
— Sí, soy Gloria Pritchett. Y tú eres…?
— Soy Laura, la mujer de Anthony.
— Es un placer, Laura. Déjame decirte que vuestro hotel me encanta; las habitaciones, el SPA, el…
— Como para no gustarte. — Gloria la miró sin comprender. — Soy diseñadora de interiores, todo esto es obra mía.
— Qué interesante, tal vez podrías darme algunos consejos para redecorar mi casa.
— Cuando quieras. Ah, y una cosa más, ese bañador es de la temporada pasada, yo que tú me compraría otro.
Laura se metió en la piscina dejando a Gloria confusa y enfadada. Esa señora definitivamente había logrado sacarla de quicio.
Gloria hablando a la cámara…
— ¡Dijo que era diseñadora de interiores! ¿A qué venía hablar de mi bañador? Qué señora tan maleducada y engreída. — se cruza de brazos y suspira. — Es la mujer del amigo de Jay, deberíamos poder llevarnos bien… Pero yo no voy a ser amable con esa señora que se ha metido con mi traje de baño, por supuesto que no.
Claire tiró de la barba postiza de su marido y éste se la volvió a colocar antes de mirarse en el espejo. Se notaba de lejos que era él, el traje de Santa Claus le quedaba enorme, se le veía el pelo negro y por si fuera poco, la barba postiza no le tapaba ni la mitad de la cara. Phil suspiró y se llevó las manos a las caderas, así no iba a ganar el concurso.
— A lo mejor si engordo unos quilitos… — murmuró mirándose de perfil.
— Cariño, sabes que te apoyo en cualquier nuevo proyecto que…
— No, ¡sé lo que vas a decir! ¡No lo digas! — dijo señalándola con el dedo índice.
— Phil…
— ¡Claire! No permitiré que pisotees mis ilusiones y mis ganas de participar. ¡Hay un trineo en juego ahí fuera y será mío!
— Está bien, está bien. Sólo quiero decir que si de verdad quieres ganar, deberías ir buscándote otro traje, porque con este dudo que ganes nada. Ahí lo dejo. — concluyó con una sonrisa.
— Por qué eres tan cruel…
La fiesta en casa de los amigos de Cam y Mitch estaba a tope, y ellos dos no podían creérselo. Al principio incluso se habían planteado llevar a Lily porque no esperaban semejante fiestón. A la mayoría de los allí presentes no los habían visto nunca.
Entraron esquivando a toda la gente que bailaba en el jardín y, una vez dentro, vieron que había muchos más invitados de lo creían. Las luces de colores iluminaban toda la sala de estar, que era bastante amplia.
— Bueno, bueno, ¡mirad quién está aquí! — un hombre rubio, bajito y un poco rellenito salió de la cocina con dos vasos y se acercó a Cam y Mitch.
— ¡Menuda fiesta habéis montado! — gritó Cam, ya que por la música apenas se oían.
— Es verdad, es genial. — añadió Mitch. — ¿Dónde está John? Os hemos traído un regalito. — enseñó una bolsita de regalo roja.
— Gracias, vosotros siempre tan detallistas. —John cogió la bolsa. — No debe andar muy lejos, hace un momento le vi. Pero llevamos de fiesta toda la tarde, está un poquitín borracho. — dijo la última palabra casi susurrando.
— No pasa nada, suele pasar de vez en cuando. — respondió Cam con una sonrisa traviesa.
— Vamos a un sitio más tranquilo, así hablamos y podré abrir el regalo.
Robert guió a los chicos escaleras arriba hacia una de las habitaciones. Por las escaleras y en el pasillo de arriba también había gente bailando. Algunos intentaban conversar, pero la música estaba demasiado alta para que pudieran oírse.
El anfitrión abrió una de las habitaciones y los tres entraron. Para su sorpresa, el otro anfitrión estaba durmiendo medio desnudo en la cama. John se llevó las manos a las caderas y murmuró:
— Vaya, con que aquí estaba.
Haley no podía dormir. No paraba de dar vueltas en la cama. Primero tenía calor, así que abrió la ventana. Luego sintió que se congelaba y se pegó al radiador. Simplemente no tenía sueño.
Se levantó, se puso las botas y el abrigo por encima del pijama y se dispuso a bajar al vestíbulo. Al salir del ascensor, vio cómo su hermana subía las escaleras corriendo seguida por Lily. Sacó unas monedas de su bolsillo y se fue hasta la máquina para un chocolate caliente. En cuanto estuvo listo el chocolate, salió del hotel.
Una vez fuera, observó la decoración navideña, era todo precioso. En el cielo no se veía ni una sola estrella, y hacía más frío que cuando habían llegado.
— ¿Tú tampoco puedes dormir? — era la voz de Andy.
— La verdad es que no.
— Beth se durmió en seguida, pero yo he estado dando vueltas en la cama hasta ahora. Qué bien que estés aquí, así no estoy solo.
— Lo mismo digo. Todos han desaparecido, aparte de vosotros, desde que hemos llegado sólo he visto a Alex y Lily.
— Sí, todos tenían algo que hacer. Y los que no, estaban cansados. — explicó.
— Sí, así es.
Durante unos veinte segundos reinó un silencio incomodísimo.
— Eh… estás muy guapa a la luz de la luna. — improvisó Andy para romper el silencio, pero en seguida se dio cuenta de que había metido la pata y los dos comenzaron a reír.
— Si casi no se ve por las nubes — decía Haley entre risas. — Tú estás muy guapo a la luz de los adornos navideños.
— Gracias.
Los dos se miraron durante varios segundos sin decir nada. En ese momento no existía nadie más que ellos. Por un instante, Andy olvidó que su prometida podría verle, es más, olvidó que tenía prometida. Se acercó peligrosamente a Haley y la agarró de la mano.
Ella le miró sorprendida, sin comprender muy bien qué iba a hacer, pero con los ojos llenos de ternura y amor.
— Haley yo…
— ¡Menos mal que os encuentro!
Ese era Phil, que había elegido el momento menos oportuno para aparecer.
— ¿Nos buscabas? — preguntó Haley.
— Pues no, pero tenía la esperanza de cruzarme con vosotros por el pasillo. — Andy y Haley rieron. — Necesito vuestra ayuda para lo que promete ser el acontecimiento más grande y asombroso de estas Navidades.
— ¿De qué se trata?
— ¿El concurso de Santa Claus? — trató de adivinar Haley.
— ¡Bingo! Escuchad, para ganar tengo que disfrazarme, pero es que además tengo que hacer algo increíble, algo que nadie haya hecho hasta ahora en un concurso de Santa Claus. Y vosotros me ayudaréis. — concluyó y acto seguido se cruzó de brazos.
La fiesta a la que habían invitado a Luke tenía lugar en una de las suites presidenciales del hotel. Al parecer era el cumpleaños de alguien que quería celebrarlo por todo lo alto y habría fiestas durante toda la semana. Luke no se había podido enterar de nada más. La música no se oía muy fuerte, pero sí se escuchaban risas, la gente parecía estar pasándoselo bien.
Delante de la puerta había un tipo alto, fornido, rubio y con cara de enfadado.
— ¿Ese quién es? ¿El segurata? — preguntó Manny.
— Eso parece.
Luke, Manny y Joe se acercaron al hombre que vigilaba la puerta, éste los miró y frunció el ceño.
— Buenas noches. — la voz del segurata les puso la piel de gallina. — ¿Puedo ayudaros, jovencitos?
— No somos tan jovencitos. — replicó Manny.
— Yo sí. — murmuró Joe.
— Venimos a la fiesta. — añadió Luke. — ¿Nos dejas pasar?
— Contraseña.
— ¿Contraseña? — repitieron al unísono Luke y Manny, se miraron el uno al otro y se encogieron de hombros.
— Si no me decís la contraseña no puedo dejaros entrar.
— ¡No me dijeron nada de ninguna contraseña! — se quejó el pequeño de los Dunphy.
— Tranquilo, otra vez será.
— Entraré en esa fiesta como que me llamo Luke Dunphy.
Manny le dio un par de palmaditas en la espalda, y los tres se dirigieron a sus habitaciones. Mañana sería otro día.
Mientras tanto, Cam y Mitch conversaban entretenidamente con sus amigos John y Robert. A éste último le habían despertado después de entrar en la habitación, y se notaba que había bebido.
— La próxima vez tenéis que traer a Sal. — dijo John.
— Es verdad, hace tiempo que no sabemos nada de ella. ¿Cómo está?
— Se ha casado y ha tenido un hijo.
— Es una larga historia. Ha cambiado bastante. — explicó Mitch. — Pero se lo diremos la próxima vez que decidamos venir.
— Por supuesto. Y que se traiga al niño. — propuso Robert. — Y vosotros a Lily, así podrán jugar mientras nosotros charlamos.
— Buena idea. Por cierto, no os parece que la música está más alta desde…
La puerta se abrió y entró una chica en bañador.
— Disculpad, hay un tío dándose un baño con jabón y todo en la piscina climatizada y no hay manera de echarle.
— ¿Tenéis piscina climatizada? — preguntó Cam asombrado.
— Sí, ahora volvemos.
Robert y John se fueron detrás de la chica y dejaron a Cam y Mitch en la habitación. El pelirrojo se levantó y fue a echar un vistazo por la ventana. La fiesta seguía en el jardín, alguien había traído más altavoces y la gente bailaba sin parar.
— Bueno, Cam, ¿qué te parece si bajamos?
— Me parece una idea genial.
Pero en cuanto intentaron salir, descubrieron que había un pequeño problema: la puerta no se abría. Primero lo intentó Mitch, después Cam, pero nada. Estaba cerrada.
— Esto no me gusta. ¡No me gusta nada! — gritó Mitch.
— Bueno, cálmate, vamos a pedir ayuda. — Cam se acercó a la puerta y también gritó. — ¿Hola? ¿Ayuda? ¡La puerta no se abre!
— La música está demasiado alta, nadie nos va a oír. ¿Qué vamos a hacer?
— Oh, tengo una idea.
Cam abrió la ventana y empezó a gritar y a mover los brazos para llamar la atención de la gente. Nadie parecía hacerles caso, excepto un hombre que se paró, los saludó con la mano y siguió su camino.
— Bueno, no te preocupes, John y Robert volverán en cualquier momento.
— Pero hasta que vuelvan, estamos atrapados...
Hasta aquí el nuevo capítulo, espero que os haya gustado.
La primera tarde/noche de los personajes en Wyoming ha sido algo... movidita. ¡Pero lo que viene lo será aún más!
Podéis dejar un review diciéndome qué os ha parecido, acepto críticas constructivas.
¡Nos vemos en el próximo capítulo! :D
