Disclaimer: la siguiente historia posee contenido sexual explícito. Si tienes menos de 18 años, abandona la lectura ahora. Todos los personajes y la historia es de mi autoría, si deseas postear el relato en otro sitio web acredítame. La imagen de portada pertenece a AwenArtPaints, ¡búscalos en redbubble!
Capítulo 2: no tocar
Perdí la cabeza por completo, ahora pensaba en un futuro juntos aunque la acababa de conocer y sólo nos habíamos visto una vez. La decencia también se fue, cada día sin falta me tocaba pensando en ella y en las guarradas que podía hacer con su flexible y jóven cuerpo. Si una visita suya me dejó así no quería saber cómo me dejaría la siguiente y las 24 sesiones de terapia obligatorias que tenía que cumplir.
En esos días pensé en 1000 formas de acercarme a ella sutilmente y tener la oportunidad de cumplir mis sueños, practiqué frente al espejo y en una libreta escribí mi estrategia a seguir.
De no ser porque vivo solo, mis padres me hubieran desheredado por comportarme como un loco obsesivo e indecente.
El día pactado me presenté impecable y antes de la hora en la sala donde se daba la terapia física. 10 minutos antes de la hora ella se presentó y me saludó de mano, después me preguntó si podía empezar a estirar los músculos y al decirle que sí comenzó. Primero empezó con sus brazos, luego su cabeza, torso, cadera y al llegar a las piernas... Tenía la vista trasera de ella tocando las puntas de sus pies y lo hizo de 3 diferentes formas. Crucé mis piernas con la esperanza de que bajara la erección que crecía en mi pantalón y que mi paciente ya no hiciera esos movimientos.
Dejó de hacerlo para sentarse y tocar las puntas de sus pies en esa posición, por unos momentos creí que todo pasaría, pero acto seguido hizo un split impecable.
"Continúe, voy al sanitario" dije y rápidamente corrí al sanitario intentando que nadie se fijara en mí. Ya sabía que seguía: split con la otra pierna, un split chino y sabrá Dios qué otras cosas más. Era diferente haberlo visto en foto y verlo en vivo y frente a mí.
Mi amigo se convirtió en mi gran amigo y no había métodos moralmente correctos para hacerlo volver a la normalidad. Opté por sacarlo del pantalón y repetir la misma historia de todas las noches, con la excepción de que estaba en un baño de mi trabajo. Terminé la faena, lavé mis manos y salí.
"Estoy lista doctor, empecemos" dijo mientras me miraba a los ojos, ahí sentí que ella vio lo que hice. Para mi buena suerte en esa sesión eran ejercicios sencillos: caminar en la caminadora, trabajar con pelotas, darle terapia con máquinas y ya. Sencillo.
Sin mayor problema concluí mi día laboral y me fui a casa feliz de haber logrado mi objetivo de no tocarla.
Durante 2 semanas trabajando con ella mantuve sin problemas la compostura, hasta que un día llegó de imprevisto a mi consultorio rozando mi hora de salida. Se disculpó por llegar así y a esa hora, pero que necesitaba que le arreglara la espalda porque en todo el día le había dolido. Cuando le dije que sí, inmediatamente se sentó en la camilla y se quitó la sudadera y su blusa, quedando sólo en top deportivo... De nuevo Under Armour.
Quería darle un masaje, pero también quería que el problema se arreglara con pastillas. La suerte me ama o me odia, pero tuve que darle un masaje para aliviar su dolor. En mi mente tracé un mapa de su espalda con mis manos: primero era ancha, pero conforme te acercabas a la cadera adelgazaba, firme, con líneas marcadas de piel suave y tibia en el color que tiene una muñeca de porcelana. Fue el momento perfecto, con la duración perfecta y una despedida abrupta cuando ella se dio cuenta que había tomado 30 minutos de mi tiempo.
Fallé, la toqué.
Esa noche pensé en ella de una forma tierna, la imaginé durmiendo a mi lado, la imaginé despertando conmigo. Tenía tan viva la imagen de su espalda que empecé a acariciar el colchón como si fuera ella.
A mis 30 años, me estaba volviendo loco. No necesité 24 sesiones, sólo 4 pudieron conmigo.
