Habían pasado 12 años desde que Aurelian había encontrado a Hildegart, y la había renombrado 'Hilda' como cariño. Todo era normal, Aurelian trabajaba diariamente para mantener a sus queridos hijos y poder darles de comer y buenas ropas que vestir. Aurelian era costurera y hacia miles de hermosos vestidos y trajes, remendaba vieja ropa, cosía la que estaba rota y arreglaba las que quedaban grandes.
Sin embargo, un horrible día, Aurelian enfermo y no podía trabajar, el dinero dejo de venir y era difícil darle de comer a sus queridos niños.
-¿Qué tienen allí?- pregunto Hilda a los más pequeños, están hechos bola y parecían muy entretenidos.
-¡AH! ¡Nada nada!- dijeron todos sorprendiéndose y ocultando algo tras su espalda.
-Venga díganme, o iré a decirle a mama-
-Oh bien…- resoplaron enseñando lo que traían y sacando pedazos de pan de sus bolsillos.
-¿Y eso?-
-Finny logro robar un poco de pan…- dijeron algo avergonzados.
-¿Robar? ¡Ya les eh dicho que eso está mal!-
-Lo sabemos pero… ahora que mama enferma ya no tenemos nada que comer, ¡Tenemos hambre!- los niños casi se echaban a llorar.
-ahh- suspiro. –Bien, pero no lo vuelvan a hacer. ¿Lo prometen?-
-Lo prometemos- dijeron todos avergonzados y algo llorosos.
La chica se dirigió a la cocina. Se sentó en una de las sillas y su puso a pensar.
Era cierto, ya no tenían que comer y mama cada vez se ponía peor. No había dinero ni para comida, mucho menos para los medicamentos.
Hilda se levantó y se acercó a uno de los cajones de la encimera al lado de la estufa. Tomo la navaja de Patrick y la puso en uno de sus bolsillos. Se colocó un abrigo que le quedaba grande y en compañía de un sombrero alcanzaba a cubrir su cara.
-¡Timber! Dile a mama que Salí a dar un paseo- grito a punto de salir por la puerta de la cocina.
-¡Esta bien Hilda!- contesto timber.
Hilda caminaba algo agitada por las calles de Arendelle.
-Solo hoy, solo una vez, es necesario, jamás se volverá a repetir.- se repetía una y otra vez.
Hilda se detuvo y se quedó sentada en uno de los callejones de las calles de Arendelle. Tenía pensado robarle al primer idiota que pasara por allí. Era necesario, quería alimentar a sus hermanos más pequeños.
De igual manera, Hilda se quedó todo el día en ese callejón hasta que se quedó dormida. Fue despertada más tarde por los gritos de un niño. Se dio cuenta que ya era bastante tarde, estaba muy oscuro, rondaban por la media noche.
-Agg ¡Paren por favor! ¡Ayuda!- gritaba
Hilda rápidamente se dirigió hasta los gritos. Finalmente llego a lo que parecía un parque. Había un niño tirado en el suelo y otros más arrojándole piedras mientras le gritaban 'Raro, niño raro, eres muy extraño, fuera de aquí'.
Sin pensarlo dos veces, Hilda se interpuso entre ambos.
-¡Ya déjenlo!-
-¿Qué!? ¡Ve a meterte en tus asuntos niña!- le dijo uno de los que aventaban rocas.
-Cállense y váyanse a otro lado ¡Idiotas!-
-¿Qué!? ¡Ya veraz!- dijo arrojándole una roca que le dio justo en la frente.
-agg- se quejó tocándose la frente, le había abierto una herida que comenzó a sangrar.
-¿Estas bien?- le pregunto el chico que estaba en el suelo.
-¡Ya verán!- Hilda tomo la roca que le habían arrojado y la devolvió con una gran fuerza. Le dio justo en la nariz. Y les echo a los otros una mala mirada.
-¡Maldición, me rompió la nariz!-
-¡Vámonos de aquí!- dijeron los otros asustados.
-¡espérenme, idiotas!- dijo el ultimo echándose a correr mientras se sujetaba la nariz.
-increíble, no tuviste miedo.- dijo el niño que estaba en el suelo. Muy sorprendido.
-¡Ah sí! ¿Estás bien?- pregunto Hilda comenzando a revisar su cabeza.
Hilda aprecio la pálida piel del niño, sus ojos azules cristalino y su rubio cabello cenizo.
Hilda sintió un extraño calor en su pecho.
En cambio el niño vio la cara sucia de Hilda, pero su piel era blanquecina como el mármol y sus ojos grises. Tenía el cabello castaño y revuelto.
El niño se ruborizo.
-Ehh… ¿Cómo te llamas?- pregunto hilda.
-Edson, ¿y tú?-
-Hildegart, puedes llamarme Hilda-
-Si- asintió con las mejillas rojas.
-¿Por qué te pegaban esos niños?-
Edson se quedó callado y miro al suelo.
-Oye oye, no hay problema si no me lo quieres decir. No pongas esa cara- le dijo poniendo una mano en su hombro.
-está bien…-
-No hay problema- Hilda le regalo una sonrisa generosa al niño.
El chico sonrió cálidamente.
-¿Qué haces a estas horas aquí?-
-Había salido a dar un paseo pero ya no sé cómo regresar a casa.-
-¿en dónde vives?-
- En el castillo- dijo señalando el gran monumento.
-Oh, su madre debe ser una empleada o algo así- pensó
-Bien vamos, te llevare- dijo extendiéndole la mano al chico.
- Gracias- dijo tomando su mano.
Hilda dirigió al niño hasta el castillo. Una vez que llegaron, en las puertas el chico toco. Cuando abrieron, las sirvientas y guardias estaban muy preocupados. Perecían darle mucha importancia al niño.
-Ah de ser importante- Pensó la niña inocentemente.
-Su alteza! ¡Está a salvo! ¡Qué alegría!- no dejaban de repetir.
-Su madre está muy preocupada, ¡vamos enseguida!-
-Sí, pero quiero presentarle a mi amiga ¡ella me salvo!. Ven Hild…- cuando el chico se había volteado ya no había nadie.
-¡Alteza entre rápido, hace frio! Decían las mucamas.
-Pero mi amig…-
-No hay tiempo, hay que llevarlo con la reina.-
Edson se dirigió a la oficina de su madre. Toco la puerta y entro.
-¿Mami?-
-¿Eddy? ¡Eddy!- exclamo Elsa hincándose y abrazando a su pequeño hijo.
-Mama me asfixias- dijo poniéndose casi morado.
-Lo siento hijito, estaba muy preocupada. ¿Qué te paso? Tienes golpes en tu carita- dijo pasando su mano por el rubio cabello de Edson.
-unos niños me arrojaron rocas- dijo bajando la mirada.
-Hay hijo.- dijo tomando sus manitas entre las de ella.
-Pero, ¿Sabes?- dijo recobrando cierto tono alegre en su voz.
Elsa quien estaba sentada en el suelo a la altura del niño, alzo la mirada para verlo.
-Había una niña que me salvo, ella no tenía miedo y ahuyento a los niños malos.-
-¿Enserio?- dijo con cierta alegría al notar un brillo en los ojos de Edson.
-¡Si, era muy linda! ¡Muy valiente! Me trajo al castillo-
-Espera, ¿has dicho que era linda?- dijo interesada
-¡Ah no, Era valiente!- dijo ruborizándose.
-jejeje, ¿Dónde está ella?-
-No lo sé, cuando quise llamarla se había ido.-
-Que mal hijo, me hubiera gustado agradecerle por ayudarte-
-Yo quiero que la conozcas, mami-
-¿Sabes dónde vive?
-Eh..nop-
-Bien, ya veremos luego.- Elsa volvió abrazar a Edson ahora con más calidez.
-Agg, no eh logrado conseguir nada de dinero- dijo a punto de abrir la puerta de la casa. –Pero ese niño…- se quedó pensando allí parada – No Hilda, los niños son tontos- se dijo a si misma.
-Ya llegue- dijo abriendo la puerta.
Todos los niños estaban llorando, Patrick abrazaba a Fela y Aleska. Timber estaba sentado en una de las sillas de la sala con las manos en la cara.
-¿Qué paso?-
-M-Mama ha…muerto- Dijo uno de los pequeños entre lágrimas y llanto.
….. ¿Q-Que….?
