Heeeeeyeyeye. Para quienes leyeron esto y esperaban continuación..., me disculpo profundamente por la demora. Estaba lista hace muchos meses, pero me habia olvidado publicarla, ya que no recibía reviews y ahora hace poco me di cuenta de que tenía mensajes por esta historia jeje. Realmente lo lamento.
Esta parte es Sakuragi x Rukawa. Es más erótica que pornográfica.
Disfruten.
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Porn
-Without Plot-
02
Hanamichi, siempre ha tenido una energía inacabable demostrada en su actitud y en la manera en que jugaba basquetbol. Lo que nunca pensó fue que esa energía también podría aplicarse en otros aspectos de su vida.
Kaede Rukawa miraba ansioso e impresionado la inminente erección frente a su agotado y sonrosado rostro.
—Idiota —exclamó hastiado. Su piel emanaba calor con gran demasía, tanto que ardía. Su bajo abdomen aún cosquilleaba y su pene todavía poseía una semi-erección, pero según él ya era imposible levantarla más.
Con tan tremendo orgasmo, su semen había escapado con tal brutalidad que ya no se sentía correrse por a lo menos una semana. Y la verdad nunca había optado por la masturbación, así que las probabilidades de eyaculación eran mínimas. También aquello explicaba por qué talvez, a pesar de haber vaciado sus testículos, aún sentía cierta excitación. Es que la experiencia había sido tan intensa que podría volverse adictiva.
No quería pensar en volverse adicto al culo de Hanamichi, pero ciertamente aquello había cruzado por su mente. No, sólo necesitaría aplacar su deseo con el exceso de ejercicio que planeaba comenzar a practicar a partir de la próxima semana.
Sin embargo eso no debía ser lo que lo preocupara en estos momentos. Teniendo aquel palpitante, duro órgano frente a sí.
Hanamichi estaba excitado... no, más bien aún seguía caliente.
¿Había eyaculado? sí.
¿Había quedado satisfecho? no.
Puesto a que durante todo el acto sexual, es decir mientras el morboso zorro se lo follaba por el culo, estuvo pensando en él empalando su duro miembro en el apretado culito de su rival, obviando el hecho de que se lo quería meter a su rival.
El pelirrojo sabía que el zorro no podría echarle pelea luego de aquello (más sólo lo pensaba porque su ego hablaba más que su razón). Poco le costaría dominarlo, no quería que los pensamientos extrañamente cuerdos le hicieran flaquear, su orgullo masculino había sido quebrantado, necesitaba redimirse.
Su conciencia le decía que estaba punto de cometer un error, pero él no quería hacer caso. Si se dejaba llevar, y se quitaba la virginidad con ese estúpido zorro, no podría recuperarla y sus ansias de una primera vez con Haruko después de una romántica velada, se iría por el caño.
Estaba en medio de un dilema.
Eso creía, pero aún sentía sus piernas vibrar por el reciente orgasmo.
Sus testículos apretados por la inusual cantidad de semen que había expulsado.
Su pene erguido, con sus venas bombeando sangre y ardiendo más de lo normal.
Estaba tan excitado, que su vista comenzó a nublarse cuando sintió un ligero roce en su órgano. Suave, húmedo y caliente; la lengua de Rukawa tocó, apenas con un ligero movimiento ascendente, la cabeza de su miembro.
Sorprendido dirigió su mirada a los penetrantes ojos azules que lo observaban fija e intimidantemente.
—¿Qué estás esperando idiota?
Aquello sonaba a una muy sugerente invitación.
La lengua se posicionó en su uretra, en aquella pequeña abertura que poseía cierto sabor salado y con un olor bastante peculiar. El cosquilleo en su bajo vientre se volvió más intenso, y Rukawa ya no sabía lo que hacía. El éxtasis de la primera vez, se podría decir. Uno nunca está satisfecho cuando ha probado aquella droga llamada sexo.
Rukawa sabía que el hiperactivo imbécil intentaría abrirse paso entre sus nalgas. Le molestaba de sobremanera el hecho de que aquello hacía que su pene palpitara, y era consciente de que el morbo le estaba ganando.
La tersa piel del glande se sentía agradable al toque de su lengua. Pero no llegaría a más que eso, no debía.
Sin embargo su cuerpo se rehusaba a detenerse, pronto sus labios secos se humedecerían con el rastro que su lengua había marcado en el duro órgano.
Sakuragi se agarró el rostro con una mano intentando recuperar su conciencia. Estaba a punto de sumergir su falo en la húmeda cavidad y quería reducir el impulso que tenía de arremeter contra ella. Aún así tampoco quería detener la placentera lentitud con la que el moreno jugueteaba con su lengua.
Oh, aquella lengua. La observó.
De pronto le dieron unas impresionantes ganas de succionarla con su boca, masajearla con su propia lengua. Jamás había besado, y nunca había sentido tantas ganas de hacerlo... como ahora.
Se mordió el labio inferior y con esa brutalidad por la que se le conoce, agarró a Rukawa de su negra cabellera alzando su rostro.
Sin previo aviso Kaede sintió como su boca era allanada por una escurridiza lengua. Con la inexperiencia totalmente palpable, intentó alejarse. Pero de pronto una sensación de calor en su pecho hizo que se sintiera realmente bien.
Y le correspondió. Relajando sus labios y sacando su lengua para ganarle aquella batalla a Hanamichi. Le ganaría, no se dejaría dominar, aunque su voluntad estuviera decayendo.
De un momento a otro, ambas pollas se comenzaron a frotar frenéticamente sin dejar que sus labios se separaran.
De vez en cuando se alejaban para aspirar un poco de aire y luego volvían al ataque. No sabían de donde provenía tanta desesperación. La ansiedad les estaba carcomiendo, como si hace unos pocos minutos atrás no lo hubieran hecho.
Es como si la follada que habían experimentado hace poco no hubiera sido más que un sueño. Y ahora la necesidad de tener algo que parecía más que sexo, se estaba volviendo exasperante en cierto punto.
El pelirrojo había olvidado sus dudas y con una pasión que no sintió cuando Rukawa lo atacó, acarició el cuerpo que yacía debajo suyo. Con sus dedos, recorrió con delicadeza los costados del joven, deteniéndose en sus delgadas caderas, donde frotó con su mano por unos instantes, procurando ser discreto para luego pasar a la parte deseada.
Con suavidad amasó los fuertes glúteos del moreno, olvidando por completo que aquél hombre (dejando de lado que es... un hombre) es la persona que más odiaba actualmente.
Tal vez no lo odiaba tanto como creía. O tan solo en estos momentos ya no existían sentimientos tales como el amor o el odio.
El quería entregar y recibir placer. Quería sentirse bien y hacer sentir bien a la persona que tenía debajo, independiente de que este es su mayor rival.
Pronto sus manos se hicieron paso entre sus nalgas, con su dedo corazón acarició de manera circular la diminuta entrada. Sus labios se despegaron de los del otro, succionó y mordió con gula la suave y nívea piel del cuello de Kaede.
—Sakuragi.
Sintió la piel de sus mejillas arder. Se sintió avergonzado.
Tratando tan delicadamente a un hombre, a Rukawa, era algo que nunca en su vida habría imaginado. Y que este hombre, le llamara con una voz tan excitante lo agitaba casi tanto como lo hacía Haruko cuando le hablaba.
No, le agitaba en proporciones mucho mayores.
Con el corazón desbocado y su cuerpo temblando ligeramente, adentró un dedo sin previo aviso en la apretada cavidad. El zorro parecía haberse dado por vencido, pues nada había exclamado.
Lo cual no era del todo cierto.
Kaede Rukawa estaba en otro mundo.
Quería resistirse, pero su cuerpo deseaba aquella intrusión. No sabía muy bien porqué, pero sentía que así debía ser. Él es competitivo, no le gusta perder ni que se burlen de él. Pero esta vez, en esta situación y sintiendo lo que está sintiendo, para él no es perder. Probablemente si hubiera pensado que algo así ocurriría (cosa imposible) se hubiera sentido humillado y no lo hubiera permitido.
Ahora se sentía... bien.
Se sentía tan bien como ganar un partido, podría comparar.
Su esfínter estaba tan relajado, que de algún modo sin que se diera cuenta ya habían tres dedos ensanchándole. Sintió un leve pinchazo en su interior, que por reflejo su rodilla se alzó y golpeó el costado derecho de Hanamichi, quien lo miró enfadado por unos momentos.
—Te dolió —refunfuñó, sabiendo que no debería quejarse, puesto que él era el que lo estaba provocando.
El pelirrojo no sabía de donde estaba obteniendo la paciencia, puesto a que su erección si pudiera estaría aún más dura. Estaba tan caliente que dolía, a cada que veía esos azules ojos puestos en él, su miembro vibraba.
Podía imaginarse al zorro debajo de él con el rostro enrojecido y los ojos velados por el placer. Pero Hanamichi es romántico, es afectuoso y es atento. En los ámbitos adecuados, claro. En un momento tan íntimo como éste (si dejamos de lado la locación y los eventos previos al coito) su carácter que sólo se mostraba en frente de la persona que le gustaba afloró y no pudo evitarlo.
Supuso que podría aguantar un poco más. Hundió sus dedos entre esas deliciosas nalgas, los sacó y volvió a meter. Sus ojos se posaron en la dilatada entrada y se sintió salivar más de lo normal. Lo nervios lo embargaron y apretó con más fuerza de la debida los muslos del otro que ahora se encontraba alzando.
Cuando su glande desapareció por aquel apretado anillo de carne, una ola de calor le recorrió el cuerpo entero. Para Rukawa fue igual.
El duro falo de Sakuragi se sentía enorme en su interior. Se dio cuenta de que tal vez era algo masoquista porque la combinación de dolor y placer le estaba provocando sensaciones bastante extremas. Sentía un cosquilleo en su cuerpo entero y apenas podía acallar los jadeos excitados que amenazaban por salir de su garganta, ya bastante seca.
Su pene, que hacía bastante que había vuelto a tener una erección, era atendido por la áspera mano del pelirrojo; quien se veía increíblemente sexy con el rostro alzado, rojo y extasiado. Tenía una mueca de puro placer mientras lo penetraba profunda y lentamente.
Sus caderas se movían en un vaivén abrumador, sus cuerpos emanaban un calor avasallador que mantenía sus cuerpos húmedos por el sudor, provocando que roce de sus pieles fuera aún más sensible y ruidoso, haciendo eco en el gimnasio.
Hanamichi ya no se sentía capaz de aguantar las ganas de gemir y jadear. Se sentía en el paraíso y no podía callarlo más.
—Zorro tu culo es tan... delicioso —terminó jadeando, a lo que Rukawa respondió con un ronco gemido, agarrando el hombro del otro para poder darle un húmedo beso en la boca.
Cuando el intenso beso comenzó Sakuragi supo que no podría seguir con la parsimoniosa penetración.
Su pelvis chocaba fuertemente contra el culo del mayor.
Y tuvo que soltar el pene de Rukawa, para poder agarrar esas marcadas caderas y seguir un ritmo enloquecedor para ambos.
—Aaah... aaah... Ru-rukawa, eres tan apretado... —. Y Hanamichi tan obsceno, pensó Kaede. No paraba de decir lo que pensaba del momento en su oído, provocando que él no pudiera evitar sentirse más atraído de lo que estaba y sus jadeos ya no eran capaces de quedarse en su interior.
Las penetraciones eran fuertes, profundas y rápidas; cortas, pero capaces de tocar los lugares precisos. Provocaba sensaciones imposibles de llevar, ya no podían aguantar más, lo sabían.
Esta vez el sexo, no fue sólo sexo. No obstante, tampoco amor. Fue algo de ellos.
Algo que los estaba llevando al límite, a un punto que no era posible evitar y que tampoco querían evitar.
—Aaah... no te odio.
Gimió Hanamichi con la mente en blanco, tan solo decía lo que sentía.
—Mphh... yo tampoco.
Jadeó Rukawa.
El movimiento de sus cuerpos cada vez era más arrítmico y errático. El cuerpo ya no les daba para más.
—Voy a terminar adentro.
Rugió Hanamichi. Kaede apretó su interior y tragó todo lo que el otro tenía que dar. Expulsando el mismo su propia semilla sobre sus cuerpos.
Y sus pechos ardieron junto con el clímax.
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end.
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Espero hayan disfrutado leerla tanto como yo disfrute escribirla.
Love u.
