Toda la gente hablaba, reía y bebía, mientras que Alec solo estaba sentado en una silla con una copa de vino intacta en la mano y observando a las personas que iban y venían. La razón de que hubiera tanta muchedumbre se debía a que era la fiesta de pedida de su prima Elizabeth, la cual solo tenía dieciséis años. La reunión tenía lugar en casa de los padres del hombre que le iba a pedir la mano, un tal Jonas de veinte siete años.
Alec estaba totalmente en contra de todo eso, solo la querían casar porque decían que Jonas era un buen partido, pero era una persona repelente, maniática y arrogante. Aun así, no entendía por qué hacerlo público, en su opinión, esa clase de cosas tendrían de ser privadas y no delante de tanta gente.
Suspiró y miró la copa. Giró la cabeza al escuchar una risita tonta a su espalda y vio a dos niñas de unos quince años mirándole sonrojadas y sonriéndole tontamente. Volvió la vista al frente sin hacerles caso, era tantas veces las que pasaba eso, pero siempre hacia caso omiso.
Se levantó incomodo por tener los ojos de aquellas dos pegados a la nuca. Se deslizó entre la gente y fue hacia el jardín contiguo al patio y que estaba cercado por unos setos bastante altos.
Estaba solo mientras paseaba entre los árboles y los rosales. Se detuvo enfrente de rosas blancas y sonrió involuntario, sin saber por qué.
Escucho un ruido a su espalda y, sorprendido porque pensaba que estaba solo, se giró para toparse con unas orejas de conejo blancas sobresaliendo de detrás de un arbusto. Se acercó para alejar al animal y dio un paso atrás con los ojos exageradamente abiertos. Lo que había tras el seto no era un conejo, sino una chica que se levanto de un salto. Era una muchacha de piel blanca, con el cabello rubio cayéndole por la espalda y los grandes ojos verdes mirándole juguetones. Cuando la miró de arriba abajo vio que llevaba un corsee verde botella encima de una camisa blanca de manga farol, unos pantalones cortos que le iban por encima de la mitad del muslo y una diadema con unas orejas de conejo. La chica sacó un reloj de bolsillo, miró la hora, frunció el ceño y le enseño el reloj a Alec (el cual seguía sorprendido).
-Es tarde, tenemos que irnos ya -dijo dando una patada al suelo en un gesto infantil.
Y empezó a correr hacia las afueras del jardín.
-Alec.
Él aludido se giró, de nuevo, y vio a su prima Elizabeth con los ojos hinchados y llorosos y con la nariz enrojecida.
-Elizabeth, ¿Qué te pasa?
-Katy me ha confesado que lo que estamos celebrando es mi fiesta de pedida -se le escapó un leve gemido -. Jonas me va a pedir la mano.
-Eli...
-Yo no quiero casarme con él.
-Ven.
Alec la atrajo hacia sí y la abrazó, abrazo que fue correspondido. Cerró los ojos, sentía que era tan injusto lo que le iban a hacer a su prima, una de las personas que más quería. Cuando los abrió, vio a la chica de antes enseñándole el reloj y dándole golpecitos con el dedo índice. Volvió a cerrar los ojos para concentrarse en consolar a su prima.
-Tú eres la que tiene que decir "sí" o "no", tú decides.
-No creo que pueda, abra tanta gente, y mis padres esperan que diga que sí.
-Tus padres piensan que Jonas es maravilloso, aunque en realidad sea un horror de persona. Te vuelvo a repetir: tú decides.
Ella se separó de él y le dedicó una sonrisa tierna.
-Gracias. Siento haberte molestado.
-¿Tu? ¿A mí? Nunca.
También le sonrió y ella se marchó hacia el patio donde estaban todos los invitados.
-Ven corre, que llegaremos tarde.
Alec se volvió hacia la extraña chica e incluso dudó de seguirla, pero la curiosidad fue más fuerte que él y la siguió. La muchacha sonrió y salió corriendo. Alec dio un respingo sorprendido y salió corriendo detrás de ella hasta que esta se escondió tras un enorme árbol.
Alec lo rodeó con precaución, pero aun así...
Su pie se resbaló en el borde de un agujero en el suelo que había entre las raíces del árbol. Antes siquiera de darse cuenta, ya estaba cayendo en un eterno túnel de oscuridad, mientras observaba horrorizado como, por momentos, el cielo azul iba desapareciendo.
