Comentario introductorio: Ese mismo día, horas atrás...


YA CAERÁS, MI HERMOSA AMARGADA

CAPÍTULO 1

Estúpida fiesta.

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Temari se encontraba sumamente concentrada, recostada sobre la imponente cama King (de tres plazas) de la suit presidencia del hotel de Konoha, –en donde se encontraba hospedada – con un lapicero en mano y con las gafas para leer medio caídas, revisando detalladamente una carpeta llena de documentos que debía llevar a su ciudad para su aprobación.


Dos semanas atrás, la joven rubia de ojos verde esmeralda había arribado a la capital del País del Fuego, la moderna ciudad de Konoha, con el único propósito de resolver asuntos políticos y entablar negociaciones de interés para su nación. Aunque era bastante joven, sobre ella ya recaían bastantes responsabilidades, sobre todo en los temas referentes a las Relaciones Internacionales de su país, el País del Viento; y su presencia en Konoha se debía a motivos estrictamente laborales.

Sin embargo, lo que se supone iba a ser apenas un viaje de unos cuantos días, se había extendido mucho más de lo esperado, y esas dos semanas habían sido un martirio total, pero para suerte, ya casi habían terminado. O al menos, eso pensaba.

En aquel momento, ni se imaginaba todo lo que iba a terminar viviendo aquel día…


Apenas estaba atardeciendo y ella ya se encontraba vestida como para dormir, sin muchas intenciones de salir de aquella enorme recámara o realizar alguna otra actividad que no sea trabajar y luego descansar.

Giró hacia su derecha en el momento que sintió que se le secaba la garganta. Estiró la mano hacia su mesita de noche intentando alcanzar un vaso con agua que había dejado ahí, cuando de pronto notó que al lado de éste se encontraba su agenda telefónica. Se quedó mirándola por unos segundos, algo confundida. Qué curioso, juraría que la había dejado metida dentro de mi maleta de viaje, meditó.

Desde que había llegado a la ciudad, había aplazado una y otra vez llamar a sus amigas para saludarlas y avisarles que estaba de visita. Claro, con tantos papeleos, se le había olvidado por completo. Y ahora, como por arte de magia, su agenda se presentaba frente a ella, recordándole aquello.

Y si las llamo ahora…

Se quedó por breves segundos indecisa, mientras su mirada se alternaba una y otra vez entre los documentos en sus manos y la agenda. Al poco rato, y con bastante decisión, arrojó los papeles a un lado de la cama, se quitó esas estúpidas gafas, y tomó la agenda. La abrió y marcó el primer número que encontró.

"Estoy en la ciudad, ¿Que hay de nuevo?", habló en tono entusiasta. "Hoy en la noche voy a hacer una fiesta en mi casa", le comentó una voz femenina por el otro lado del auricular. Aquello la animó por completo. "Ahí estaré", contestó con seguridad.

Colgó el auricular y se sentó en su cama para preparar los detalles. Y ahora ¿Qué me voy a poner? Se preguntó, intentando hacer memoria de lo que llevaba en su equipaje, un equipaje preparado para tres días de negociaciones insulsas y discusiones demasiado aburridas.

De pronto, dio un salto sobre sí misma y dirigió su mirada hacia una caja que se encontraba en el suelo al lado de su armario. Los ojos le brillaron y tuvo que morderse los labios para lograr disimular su enorme y angelical sonrisa, esa misma sonrisa que, según ella, le hacían lucir estúpida. Se acercó a la caja y la destapó, observando emocionada el contenido.

¡Perfecto! ¡La oportunidad para lucirlos ha llegado!

En su interior, se podían apreciar dos hermosos e imponentes zapatos de tacón aguja, de por lo menos once centímetros de altura, y de un intenso color verde esmeralda. Un par de magníficas obras de arte de las que se enamoró desde el primer momento que las vio, en el mostrador de una de las tiendas más grandes y exclusivas de la ciudad. De hecho, cuando las vio sintió que habían sido hechas especialmente para ella.

–Hoy, ustedes serán mi arma secreta. – comentó, totalmente convencida de sus palabras. – Ahora solo falta buscar un buen vestido.

Abrió su armario y le dio una ojeada. Nada. Nada de nada. Simplemente… nada.

–¡No puede ser que no tenga nada decente que ponerme!

Dado que su viaje a Konoha se había dado únicamente por cuestiones políticas, solo había empacado trajes de sastre y blusas holgadas con botones hasta el cuello, perfectas para dar una imagen de política seria, y nada que pudiera ocasionarle un infarto a alguno de los ancianos y políticos de Konoha. Su vestuario de "Chica Buena" no incluía ningún vestido corto, o blusa reveladora y ajustada.

Bufó molesta, culpándose a sí misma por el descuido, pero pronto una sonrisa se dibujó en su rostro. Esto lo soluciono en unos minutos… se dijo a sí misma mientras buscaba en su agenda otro número telefónico, el siguiente en su lista…


Llegó a la dirección de la fiesta a la hora indicada, sonriendo satisfecha y luciendo espectacular, con un impresionante vestido verde ajustado a sus curvas, y esos hermosos e imponentes zapatos de tacón que tanto amaba. Sin necesidad de exhibir mucho, u ocultar demasiado, su imagen irradiaba la seguridad y confianza que siempre habían caracterizado a Sabaku No Temari.

A su lado y acompañándola, se encontraba una de sus amigas de Konoha, Haruno Sakura, una hermosa joven de curiosos cabellos rosados y vivaces ojos verde jade.

–Te queda perfecto. – le dijo su amiga con una gran sonrisa. – Ese vestido te queda estupendo.

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Horas atrás, Sakura había recibido una llamada telefónica bastante alarmante de su vieja amiga de Suna, Temari, quien pedía a gritos su ayuda. "Necesito un vestido para esta noche, y uno que combine con un par de zapatos verde esmeralda" le dijo en tono desesperado, y en menos de una hora Sakura ya se encontraba presente en la suite presidencial del hotel central de Konoha, cargando ese mismo vestido que ahora llevaba puesto la rubia de piel tostada, vestido que la Haruno había comprado apenas una semana atrás y que aún ella misma no había tenido la oportunidad de estrenar.

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–Gracias Sakura, te juro que algún día te devolveré el favor. – le dijo con sinceridad.

Se disponían a llamar a la puerta de la residencia, cuando escucharon unos silbidos tras ellas que las obligaron a voltearse.

–¿Shikamaru, eres tu? – preguntó la Haruno.

El aludido, un joven de aspecto relajado y mirada cansina, asintió ante la pregunta. Se encontraba sentado en una silla justo frente a la entrada y fumando un cigarro que ya estaba gastado hasta la mitad, mientras observaba hacia el cielo y contaba con los dedos las estrellas.

Cuando notó que aún continuaban mirándolo, se paró para acercarse a ellas.

Al verlo sentado, Temari lo reconoció en el acto, como el amigo vago de una de sus amigas de Konoha, un chico que andaba siempre con las manos en los bolsillos y con aspecto despreocupado, con la mente en las nubes y quejándose constantemente de lo problemática que eran las mujeres. A demás de aquello, no recordaba otra característica particular en él, salvo su extraño cabello en punta, el cuál siempre llevaba amarrado. En resumen, se trataba un muchacho común y corriente, como cualquier otro, incluso menos interesante de lo normal.

Sin embargo, cuando se levantó para saludarlas, la impresión que se llevó fue otra, una totalmente distinta. Ciertamente, no recordaba que antes tuviera la necesidad de levantar la mirada para observarlo al rostro, incluso lo recordaba más bajito que ella, y mucho más delgado. En definitiva, los años habían hecho efecto sobre la anatomía del joven, un muy buen efecto.

Sakura hizo las presentaciones correspondientes y luego se quedaron conversando por unos minutos en la entrada, hasta que uno de los empleados abrió las puertas de la enorme residencia para hacerlas pasar.

Antes de ingresar a la residencia, Temari se acercó al joven para ofrecerle que las acompañara.

–¿Vienes con nosotras? – preguntó con una sonrisa en el rostro. Sakura volteó y con una seña se unió a la solicitud de su amiga.

–Es que… – el joven metió las manos en los bolsillos y relajó su postura. – Adentro hay mucha gente... – comentó mientras iba aproximando su rostro al de las chicas e iba bajando el tono de su voz, casi susurrando. – solo no le digan a Ino que estoy afuera, ¿Si?. – terminó con un guiño, en señal de complicidad.

Ambas asintieron ante las palabras del joven, y se voltearon dispuestas a entrar.

Antes de ingresar a la fiesta, Temari pudo sentir como la mano de Shikamaru la sujetaba por uno de sus brazos, deteniéndola. En un comienzo se sorprendió por el atrevimiento del joven, y por el incómodo hormigueo que le provocó el contacto de ambas pieles, pero luego reacciono. Giró su cuerpo hasta quedar frente a él, y puso las manos en las caderas en un gesto que denotaba tanto molestia como seguridad.

–¿Se te ofrece algo? – le preguntó con la voz seria.

Shilamaru la observó, ligeramente sorprendido. La que hasta hace poco le sonreía tan dulcemente, ahora lucía como toda una fiera.

–Nada, solo que… quería decirte que… bueno, ese vestido… a ti te queda muy bien.

Al principio, se sorprendió ante el elogio, pero reaccionó rápido y no se permitió mostrar debilidad alguna.

–Gracias. – contesto al elogio segura, y luego se dio media vuelta para seguir con su camino.

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Ingresó a la enorme residencia en donde se estaba efectuando la fiesta, y tuvo que contener el aliento para no demostrar su sorpresa. El lugar lucía simplemente espectacular, tal y como se esperaba de un evento organizado por Yamanaka Ino, o incluso mejor. El ambiente, la música, las bebidas, los bocaditos… todo estaba perfecto, tal y como lo había planeado la anfitriona.

Sin embargo, algo no estaba bien.

Apenas la joven forastera puso un pie en la sala, todos voltearon a observarla de forma intimidante. En cierta forma, se sintió hasta acosada. No es que no estuviera acostumbrada a llamar la atención en cuanto ingresaba a un lugar, sobre todo tan hermosa cono estaba, pero en esta ocasión las miradas estaban cargadas de intriga y burla, y venían acompañadas de murmullos y comentarios bastante malintencionados.

–No me digan que…

La Haruno no pudo terminar de hablar, cuando de pronto las personas a su enfrente se fueron abriendo paso poco a poco hasta lograr crear una brecha libre justo frente a ellas. Dirigieron su mirada hacia el final del camino, y lo que vieron les dejó todo claro. Parada en el otro extremo, y luciendo el mismo vestido verde que llevaba puesto Temari, solo que en una versión más atrevida y, porqué no decirlo, grotesca, se encontraba nada más y nada menos que Natsuko, la zorra de la ciudad. Y no solo eso, todo su grupo de amigas, tan fáciles como ella, lucían el mismo modelo de vestido.

Tanto Sakura como Temari se quedaron boquiabiertas al notar el detalle. Las risas a su alrededor no se hicieron esperar.

–Temari, te juro que no me imaginaba que…

–¿Ese vestido es tuyo, cierto Sakura? – preguntó una voz femenina tras ellas.

Ambas voltearon al identificar la voz de quien les estaba hablando. Una chica de cabellos castaños amarrados en dos moños a los lados de la cabeza las observaba con la mirada seria.

–Bueno, sí, pero "yo" no lo estoy usando, y…

–Pero apuesto a que tenías planeado usarlo hoy. – continuó. – ¡Diablos! debiste imaginar que la "golfa esa" haría algo así, siempre lo hace.

–Pero, ¿Cómo pudo saber que…?

–Ella siempre lo hace, siempre logra averiguar que vestido vas a usar, siempre lo hace.

–Tienes razón, Tenten. – contestó Sakura en tono entristecido. – disculpa Temari, debí imaginar que algo así pasaría.

Temari observó a Sakura totalmente confundida. ¿Qué rayos pasa con este vestido?, se preguntó.

–Ella es Natsuko, la zorra de Konoha. – comenzó con la explicación Tenten, interrumpiendo los pensamientos de la rubia de ojos esmeralda. – Y se la tiene jurada a Sakura. – continuó. – le gusta comprarse los mismos vestidos que ella y luego transformarlos en… ¡En eso! – dijo señalando a la chica.

Temari pudo jurar que el escote de Natsuko le llegaba hasta el ombligo.

–Y luego calcula cuando los usaré yo para ponerse lo mismo, solo para fastidiarme. – continuó Sakura. – pero parece que esta vez me tenía preparada toda una sorpresa, nunca antes había vestido también a todo su equipo de golfas.

La mayor escuchó con sorpresa aquella historia. Con los ojos llenos de ira, volteó a ver a Sakura, quien lucía bastante avergonzada, y sintió pena por ella. Aunque estaba molesta por haber terminado envuelta en sus problemas, sabía que en el fondo que no era su culpa.

–No te preocupes, Sakura. – habló en un intento de disminuir la tensión. – no pasa nada, no… me molesta. – terminó sonriendo débilmente, aunque por dentro estaba furiosa.

–Gracias. – contestó la aludida con otra sonrisa débil. – Si no le hubiera hecho caso al idiota de…

Su frase fue interrumpida en el momento que se les acercó a saludarlas Yamanaka Ino, la anfitriona de la fiesta.

–Hola chicas. – saludó. –Alguien me puede explicar, ¿Qué fue ese alboroto que se armó hace un… rato? – se detuvo al fijar su mirada sobre Temari, y en ese momento las respuestas quedaron de más.

Tenten tuvo que darle un codazo para hacerla reaccionar.

–Solo es un estúpido vestido. – comentó a secas la Sabaku No.

–Si gustas, puedes subir a mi habitación para que te cambies. – ofreció la dueña de casa.

La mayor asintió ante el ofrecimiento.


Comenzó a seguir a Ino, pero cada vez le resultaba más difícil, sobre todo considerando la cantidad de personas que se había reunido en la residencia Yamanaka, que no dejaban de empujarse las unas a las otras y amontonarse a su paso.

En su camino se tropezó con una pareja que al parecer estaba "disfrutando demasiado" el momento. Temari los observó sorprendida, y hasta cierto punto, asqueada.

Volteó para continuar siguiendo a Ino, pero no la pudo encontrar. Giró hacia los lados, y no vio rastro de su amiga. Regresó sobre sus pasos, sin mucho éxito.

Estaba a punto de llamar a gritos, cuando sintió que una mano la jalaba por detrás. Una mano cálida y fuerte, una mano que le resultó familiar. A tiempo, Temari logró reaccionar y se liberó del agarre.

–¿A dónde crees que me llevas? – volteó molesta y fulminó con la mirada a Shikamaru, quien estaba justo tras ella, a escasos centímetros de su cuerpo. Demasiado cerca.

–Hey, ¿Qué rayos te pasa? – preguntó el, algo incómodo por el trato de la rubia. – Ino me mandó buscarte.

Temari reacciono ante las palabras del joven, respiró hondo y se calmó.

–Cierto, ¿Dónde está ella?

–En su habitación. Me llamó y me pidió que te buscara, y que luego te llevara a su habitación, y luego dijo algo sobre tu vestido y... – La observó en forma examinadora – ¿Ocurre algo malo?

–Todo. – contestó la rubia. – Ino me ofreció prestarme otro para cambiarme.

–¿Y por que te vas a cambiar?

–Porque la tipa esa, Natsuko, tiene un vestido igual al mío.

El Nara se quedó pensativo por unos instantes, como si estuviera analizando las palabras dichas por la joven. Luego dirigió una mirada hacia la pista de baile, y fijó su mirada en el centro, en donde pudo ver a una chica con el mismo vestido que Temari, moviéndose en forma demasiado exagerada, casi frotándose con un chico con el que estaba bailando, el cuál no desperdiciaba oportunidad de recorrer con sus manos la anatomía bastante pronunciada de la chica.

Sonrió en forma despectiva.

–¿Y por "eso" haces tanto problema? – luego comentó al aire. – ¡Bah! y después dicen que no son problemáticas… – volteó hacia Temari para continuar hablando. – ¿Te vas a cambiar de vestido solo porque otra tiene puesto uno igual? No se cuál es el problema, acá deben haber por lo menos diez más con la misma camisa que tengo puesta ahora.

–No es eso, es solo que… – titubeó antes de continuar. – esa chica es una zorra.

Shikamaru se quedó mirándola por unos instantes, como decepcionado.

–¿Y que? ¿Acaso tú también eres una zorra? – Comentó – Juraba que tenías más personalidad.

Esas palabras calaron hondo en Temari, quien hasta entonces no había analizado su situación desde aquel punto de vista. Era un hecho rotundo e irrefutable que ella no era una zorra, ni nada por el estilo. Todo lo contrario, ella era una chica respetada, y difícil de alcanzar. Entonces, ¿Por qué iba a sentirse mal solo por llevar el mismo vestido que estaba usando una que sí era una zorra?.

Un vestido no la iba a convertir en una puta barata.

Una sonrisa se dibujó en su rostro, y la seguridad volvió a sus hermosos ojos verde esmeralda. Luego levantó la mirada y observó sorprendida a Shikamaru, apenas notando el detalle. Jamás se hubiera imaginado, ni en mil años, que algún día terminaría recibiendo una lección de vida precisamente de él, del extraño amigo vago de Ino.

–¿Sabes? – comenzó a hablar. – Tienes razón, yo no soy una zorra, y un vestido no me va a convertir en tal. – sonrió, y guiñando el ojo en un gesto coqueto, lució sus zapatos. – Al menos, no lleva los mismos zapatos que yo.

Shikamaru sonrió divertido ante las palabras de la rubia. Si todo continuaba así, tal vez no iba a ser necesario que continuara con...

Con la seguridad de vuelta sobre sí misma, Temari volteó distraída y observó el ambiente, apreciando el decorado de la fiesta. De pronto, su mirada se detuvo al notar una silueta que se encontraba al otro extremo de la enorme sala, sentada al lado de unos enormes arreglos florales, y sola. Tuvo que hacer un esfuerzo visual para reconocer de quien se trataba.

–¡Hinata-chan! – levantó la mano en señal de saludo. Ésta le dedicó una tímida sonrisa.

–Temari, yo…. – intentó hablar el Nara, pero ella le cortó a secas.

–Nos vemos al rato… – dijo apenas a modo de despedida y se dio la vuelta, ignorando por completo las palabras de Shikamaru.

Estuvo a punto de dar un paso, pero fue detenida. Antes que pudiera moverse, sintió que una mano la jalaba por detrás, reteniéndola. Ella volteó molesta.

–¿Y ahora que?– se quejó ella, con ese tono autoritario que tanto la caracterizaba.

Shikamaru le dirigió una mirada seria, y luego suspiró.

–Solo… cuídate. – fue lo único que le dijo antes de darle un leve empujón en la espalda, y dejarla ir.

El muchacho se dio media vuelta e intentó abrirse paso en medio de la multitud, directo hacia la puerta principal, dispuesto a escapar de todo aquel alboroto. No tuvo mucha suerte. No había dado más de dos pasos cuando de pronto dos chicas aparecieron de la nada y se colgaron de sus brazos. Dos gemelas de increíbles siluetas y vestuario bastante revelador, pero con rostro de colegialas, apenas debían tener cumplidos sus quince años, casi unas niñas. Ambas se abrazaron de Shikamaru y lo arrastraron con fuerza en medio de la multitud, hasta desaparecer junto con él.

Temari arqueó una ceja entre sorprendida y molesta ante la escena. Al parecer hasta tiene admiradoras, pensó con una sonrisa en el rostro, aunque ligeramente incómoda. Cuando despertó, se dio cuenta que se encontraba sola, parada en medio de la multitud de gente, y que no dejaban de empujarla y lanzarle comentarios groseros.

¿Tanto alboroto hacen solo porque estoy usando el mismo vestido que esa tal Natsuko? Se preguntó ella, sorprendida.


Se dio media vuelta y avanzó entre la multitud, caminando hacia donde se encontraba Hinata. En su camino tuvo que soportar innumerables comentarios a su alrededor, todos bastante malintencionados, y muchos de ellos acompañados de un sin fin de empujones y pisotones. Sus bellos zapatos tuvieron que pagar el odio inexplicable de miles de jovencitas que no dejaron de pisotearlos con odio, como si ellos tuvieran la culpa de todos sus males.

Para cuando logró llegar hasta donde estaba su amiga, tenía el aspecto de haber salido de un ring de boxeo.

Logró llegar hasta su objetivo, con vida. Ante ella se encontraba una joven de piel nívea, cabello largo azulado y llamativos ojos perlados. Hyuuga Hinata, hija mayor y heredera de la más prestigiosa familia de Konoha, y contradictoriamente, la chica más tímida y retraída de toda la ciudad.

–¡Hinata-chan, Hola! – saludó sonriente, intentando arreglarse con las manos el aspecto, sin mucho éxito. –Pero, ¿Qué haces escondida aquí, y sola?

Hinata se quedó observando a su amiga con expresión sorprendida durante unos segundos, antes de poder reaccionar. Aunque era bastante tímida, también era una joven muy observadora, y no se le escapada ningún detalle. Y por lo que acababa de presenciar minutos atrás, y estaba casi segura de ello, Temari acababa de ser víctima de un ataque en masa por parte de todas féminas jóvenes que se atravesaron en su camino.

–¿Hi… Hinata?

La Hyuuga entreabrió y cerró los ojos, y luego sacudió la cabeza en un intento por reaccionar al saludo de su amiga.

–Hola, Temari-san. – contestó al saludo en forma cortés. – Yo… es que… acá está más fresco. – dijo señalando por sobre su cabeza una ventana ubicada estratégicamente sobre ella, que mantenía fresca aquella esquina.

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Se quedaron por unos minutos conversando, mientras los acosos e insultos continuaban, todos contra Temari. Ante las preguntas de Hinata, la rubia de ojos esmeralda le explicó que todo aquello se debía a que, por una desagradable casualidad, se encontraba vistiendo el "uniforme" de las golfas de Konoha.

Sin embargo, la Hyuuga aun continuaba sospechando. Todo aquello era demasiado como para deberse a un simple vestido. Las burlas no debieron pasar de los primeros cinco minutos, como solía ocurrir con Sakura, y Temari ya llevaba demasiado tiempo siendo agredida por todos.

–Te… Temari-san, ¿Estas segura de que… ? – su pregunta se vio interrumpida por unas risas burlonas provenientes de un grupo de chicos, que señalaban con el dedo la espalda de Temari.

–¿Qué rayos le pasa a la gente en esta ciudad? – se quejó molesta la Sabaku No, quien volteó para gritarles a esos individuos unas cuantas verdades.

Al regresar su mirada hacia el frente, se encontró con la peor expresión que se pudo imaginar en el rostro de su amiga.

Hinata estaba en shock, boquiabierta, sin ser capaz de hablar o reaccionar. Lentamente, le indicó a Temari que volviera a girar, y cuando ésta le hizo caso, extendió una mano para retirarle "algo" que tenía pegado en la espalda.

A volver a girar, Temari se encontró con la chica de ojos perlados completamente colorada, observando una hoja que tenía sujeta en sus manos.

–¿Qué dice? – preguntó impaciente la rubia.

Hinata no contestó. Solo se limitó a levantar la pieza de papel y mostrar su contenido a su amiga.

"Todas en esta ciudad son golfas, pero yo lo soy más"

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La furia de la Sabaku No no se hizo esperar. Molesta, le arrebató el papel de las manos a su amiga y lo arrugó con las manos, hasta comprimirlo por completo. Luego se levantó y arrojó el dichoso papel hacia atrás – sin notar como terminó clavándose en el ojo a uno los tipos que la había estado molestando antes – y comenzar a avanzar con paso seguro hacia el centro de la sala de la fiesta, dispuesta a aclararlo todo.

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Temari avanzó con paso decidido hacia el interior de la sala principal donde se estaba desarrollando la fiesta, dispuesta a aclararlo todo.

Intento hablar con la gente a su alrededor, preguntando quien diablos le había puesto ese estúpido papel en la espalda, pero nadie le prestó atención. Levanto la voz, pero el ruido de la música y la gente conversando la opacaron. Por más que intentara, nadie la iba a escuchar, no a menos que la música dejara de sonar…

Se dirigió hasta el lugar donde se encontraba el discjockey trabajando, e intentó hablar con él, sin mucho éxito. El tipo estaba tan concentrado en su trabajo, seleccionando la música, que nunca se llegó a dar cuenta la presencia de la rubia de ojos verde esmeralda, ni tampoco escuchó sus gritos e insultos. Es más, ni siquiera fue consciente que fue el puño de la rubia lo que se estrelló contra su rostro, noqueándolo.

Con el discjockey fuera de circulación, ya no quedaban impedimentos para actuar.

Con dificultar, logró identificar los comandos para bajar el volumen de la música. Sonrió y estuvo a punto de hacerlos accionar, cuando alguien tras ella la sujetó de las manos, deteniéndola.

–¿Qué rayos crees que haces?

Temari volteó irritada, ya habiendo reconocido a aquel que se había atrevido a detenerla, dispuesta a ponerlo en su lugar. Para ella, nadie tenía el derecho de detenerla cuando estaba dispuesta a hacer algo, nadie.

–¡Y qué crees! – le gritó histérica. – ¡Voy a hacer que el idiota que me pegó el estúpido papelito ese diciendo que soy una zorra me las pague!

–Y de paso, vas a arruinar la fiesta de Ino. – le completó la oración Shikamaru.

La rubia reaccionó ante aquellas palabras. No se había percatado que lo que estaba a punto de hacer, iba a arruinar por completo la fiesta.

–Pero…

–Eso sin considerar el escándalo que ibas a ganarte. – continuó el Nara. – imagínate que pasaría si algún periodista se entera que hiciste un escándalo en una fiesta porque alguien te pegó un papel que decía que eras una golfa. – Sonrió burlonamente – te aseguro que te ganarás los titulares de mañana. – le aseguró levantando las manos haciendo enfoques con ellas, como si visualizara los titulares de los periódicos en el aire.

–Yo… – intentó argumentar, pero no pudo.

–A demás, ya nadie se acuerda que tenías puesto ese tonto papel. – le hizo notar. – pero si ahora te pones a gritarlo a los cuatro vientos, ten por seguro que todos en la fiesta te recordarán.

Ambos voltearon hacia la gente a su alrededor, y notaron que ya todos los invitados se encontraban concentrados en sus propias discusiones, y que nadie la estaba observando. Probablemente, ellos ya habían olvidado él incidente.

–Deberías dejar de ser tan impulsiva. – terminó, hablándole en tono de reprimenda.

Temari se quedó petrificada ante las últimas palabras del joven. Hasta entonces, ella siempre se había considerado muy segura de sí misma, inteligente, precavida, y capaz de manejar cualquier tipo de situación, y esa era la imagen que ella quería que todos tuvieran de ella. La imagen de mujer seria y madura que siempre se había encargado de proyectar a los demás. Lo que estuvo a punto de hacer, la hubiera destruido por completo, y no solo políticamente, sino, también como mujer.

Abrió la boca y estuvo a punto de darle las gracias a Shikamaru, hasta que se vio interrumpida por el.

–Ven…

El chico la tomó de la mano y la arrastró en medio de la sala. Ella no puso resistencia ni ejerció esfuerzo alguno en intentar liberarse de aquella mano, como ya lo había hecho anteriormente. Lo siguió obediente sin siquiera preguntar, dejándose guiar con confianza, mientras él se encargaba de buscar el camino menos congestionado hacia la salida, y mientras se ocultaba hábilmente del par de gemelas que, al parecer, aún continuaban tras él.

Un leve rubor asomó las mejillas de la Sabaku No, mientras observaba con ojos de admiración a aquel hombre que tan hábilmente la guiaba hacia el exterior.

Ahora que lo pienso, es… atractivo.


Fin del capítulo 2.

Comentario final: Por favor, analizar este capítulo e identificar la genialidad de Shikamaru XD.

Se agradece a temari-vc hacerme notar la confusión con el apellido de Temari. Igual, gracias a los demás comentarios. Espero que el capítulo sea de su agrado.

Críticas, consejos, comentarios, y otros, ya saben como hacerlos.