•Summary: Naraku era un perverso controlador. —Kagura, trabajo todos los malditos días para que ustedes tengan todo lo que quieran, lo único que pido es tener toda la autoridad de la casa… ¿Es mucho pedir? *A.U.*
•Description: Humor/Family. Three Shot. Chapter: 2/3.
•Warning: Naraku y sus extensiones, formando una hermosa familia xDD Un poco de lenguaje vulgar, quizá.
•Disclaimer: Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi si fueran míos creo que este sería el desordenado resultado.
•Pairing: Mención de algunas posibles parejas, no más… aún.
•By: Luisee, totalmente de Luisee XD
•To: Agatha Romaniev.
•N/A: Gracias a todos por sus Reviews: Izayoi, Alice Taisho Gremory, nina y Elizabeth. Elizabeth, por cierto, no conozco la serie y por lo tanto lamento no poder hacer el fic, igualmente gracias por todo. Y Agatha no le cambie tanto a este capi, pero ya viene el tercero…
Naraku: 25. Kagura: 18. Byakuya: 17. Kohaku: 15. Hakudoushi: 14. Kanna: 13.
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Revisar la habitación de sus hermanos cada mes era algo primordial para Naraku, siempre tenía cuidado par que ellos no se enteraran, realmente si se enteraban no le importaba taaaaanto, pero quería ahorrarse problemas quejas y berrinches.
…
¿Aclaraciones? En la casa Kurosaki sólo se necesita saber una. Porque sólo hay una, hay varias reglas pero sólo una aclaración. Naraku es el jodido rey de la casa, quien hace y deshace las reglas a su antojo. ¿Por qué? Porque puede… y las reglas están en su poder como la arcilla en manos de cualquier buen escultor. Uno muy severo, hay que agregar.
1.-Naraku es la cabeza de la familia y pone las reglas.
—¡Hey! —se quejó Kagura, con la molestia impregnada en la voz—. ¿Por qué no mandas sólo a Byakuya? Es viernes en la noche ¿Sabes, idiota? ¡Yo tengo cosas que hacer! Siempre me haces esto, eres un malnacido sin consideración…
Con media sonrisa, y sin verle directamente en a la cara, Naraku le explicó la situación a su hermana. Oh, como disfrutaría ver esa cara de No es justo de su querida hermana iba poner, seguramente.
—Mira, yo te mantengo, tú me obedeces, eres lista —su sonrisa se amplió y sus cejas se alzaron—. Pensé que lo entendías. ¿Te lo explico de nuevo o qué?
—P-Pero eres un… —la irritación subía por la garganta de Kagura, alojándose en todas las partes de su cuerpo, porque quería gritarle y partirle la cara a Naraku pero ella sabía que no podía hacerlo, le llovían razones para no poder hacerlo.
Maldito el día en que le tocó ser la hermana menor de Naraku.
—Soy todo lo que dices, pero eso no quita que pueda ordenarte que lleves a los ineptos de allá arriba al maldito festival al que quieren ir. Así que puedes seguir peleando, sabiendo que vas a perder o puedes acatar lo que te digo.
Kagura no quería verse sometida. Y justo cuando su paciencia se había acabado y estaba a punto de agarrar cualquier cosa y lanzársela a Naraku, de pronto y sin más, bajando las escaleras, apareció Hakudoushi con pantalones de mezclilla y una camiseta gris. Se paró frente a sus hermanos mayores, exigiendo a ella que cumpliera con sus obligaciones.
—No voy a llevarte, mocoso —definitivamente fue un rugido lo que salió de la boca de la muchacha—. Dile a Byakuya que te lleve al festival porque yo no lo hago. Y no me importa lo que diga Naraku. ¿Entiendes?
Brillantes de malicia, los violáceos ojos de Hakudoushi volaron a Naraku, quien asintió con la cabeza, confirmando así que ella lo llevaría pasara lo que pasara.
—¿Ya lo ves, Kagura? —dijo Hakudoushi con burla—. Naraku dijo que nos llevarás. De prisa. Siempre te tardas taaaanto, joder —el insufrible adolescente salió murmurando algo sobre esperar en el auto.
Kanna y Byakuya también bajaban las escaleras, la niña iba vestida con una blusa escolar blanca y falda blanca también, sus calcetas eran de un color inmaculado luciendo más aún con los lustrosos zapatos negros que llevaba. Y Byakuya llevaba su ropa colorida de siempre.
—Te esperamos en el auto con Hakudoushi, hermanita —el muchacho le dio un guiño a Kagura, con una sonrisa amplia—. Ah, y recuerda que tenemos que pasar por Kohaku —y ese par también fue a esperar al automóvil familiar.
Era el colmo.
Naraku sonrió de lado. Se cruzó de brazos y colocó su expresión de satisfacción anticipada. La hermana se mordió el labio, enferma de rabia contenida. Y más cuando, su hermano mayor, como última acción, sacó un fajo de billetes de su cartera y se los dio, ella masculló un improperio, como si con dinero fuera a resolverse todo.
—Toma, tárdense un buen rato, Kagura. Que yo si tengo cosas importantes que hacer.
—Un día me pagarás todo esto, imbécil —amenazó entre dientes la muchacha. Tomado su bolso y las llaves del auto.
—Lo que digas. Ahora de prisa que tus hermanos te esperan, querida —susurró con voz suavizada en sarcasmo, porque él era Naraku y siempre tendría el último comentario.
2.-Naraku, es el jefe, y si él dice SÍ es SÍ.
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El hermano mayor salió de la ducha, con una toalla en la cintura y otra enredada en su cabello. Buscó unos pantalones sencillos y se desató el cabello para cepillarlo con cuidado. Porque, vamos, amaba su cabello.
Tomó el móvil, miró si no tenía algún mensaje de Kanna diciéndole que Kagura los había intentado matar o había intentado que tuvieran un accidente no tan accidental. Pero no, todo estaba en orden hasta ahora. Así que podía seguir con su actividad mensual.
—Ya me estaba tardando, casi lo olvido éste mes.
Salió de su habitación y fue directo al pasillo donde se encontraban las cuatros puertas de la habitación de cada uno de sus hermanos. Apenas cuando se vio frente al pasillo se dio cuenta que sólo traía pantalones pero no camisa, pero le daba igual, eso era lo menos importante. Estaba solo en su casa, podía hacer lo que quisiera, como estar desnudo si se le antojaba.
3.- Naraku, la cabeza de la familia, puede andar en calzones en su casa si quiere.
—Vamos a ver, creo que éste mes empezaré contigo, niña problema —murmuró en tono de burla.
Sin más, el hermano mayor entró a la habitación de Kagura y se dispuso a hacer esa titánica tarea de revisar la pieza de cada uno de sus hermanos. Siempre lo hacía, cada mes, sin falta. Era necesario ya que así podía mantenerlos controlados. Una vez cada mes los mandaba a todos a algún lugar donde sabía que se tardarían y luego simplemente hurgaba, luego decomisaba lo que consideraba que sus hermanos no debían tener y todos felices, bueno, sólo él feliz. Pero eso era suficiente.
Claro que no era tonto, si encontraba algo muy escondido entre las cosas de la habitación no lo desaparecía sin más ni se los echaba en cara a nadie ese mismo día en cuanto llegaran, porque si lo hiciera sus hermanos notarían lo que hacía. Pero él tenía todo fríamente controlado.
Naraku entró a la pieza de Kagura; una alcoba pintada de color rosa. El hombre se adentró más en el conocido espacio, mirando que la alfombra verde seguía ahí como siempre.
Como sabía que no contaba con mucho tiempo se puso a hurgar con velocidad, buscó entre el armario revisando bien cada prenda, desde los pantalones de mezclilla, las innumerables blusas con estampados de flores, pasando por las faltas y los pocos vestidos.
El cajón de la ropa interior tampoco se salvó. Naraku tomó nota mental de prohibirle a su hermana usar ropa interior tan sugerente, aunque no es que alguien además del él vaya a verla de todos modos.
Dejó todo como lo encontró. El armario estaba limpio. Siempre y sin falta tenía cuidado de dejar todo como lo había encontrado. Pese a que todos sus hermanos eran astutos y muy listos ninguno había sospechado nada sobre ser revisado, así que hasta ahora lo había hecho bien.
Luego él se dirigió al tocador, una mesa con un gran espejo que tenía cajones que tal vez guardaban secretos, los revisó uno por uno. Revisó un gran alhajero que estaba lleno de aretes y collares de luminosos colores y figuritas con flores, estrellas y otras cosas de ese estilo. Naraku pensó que pese a que Kagura era un muchacha madura y sagaz aun gustaba de alguna que otra cosa de niñitas, como por ejemplo su bisutería tan llena de flores. Dejó eso de lado y prosiguió.
—¿Qué mierda?
Se preguntó Naraku al leer la etiqueta de un labial que decía Rojo paraíso pues lo miraba como cualquier rojo. Tomó otro labial del tocador que lucía del mismo color pero la leyenda que decía era Sangre de media noche después agarró uno más para leer Cereza luminosa luego leyó el de un labial rosa para encontrarse con que era color Frambuesa salvaje. El hermano mayor rodó los ojos y con cuidado dejó el labial en el lugar justo.
Mujeres.
4.-Naraku puede elegir lo que es normal y lo que es raro.
Kagura debería dejar de comprar ese tipo de labiales. Y concentrase en sus estudios… ¡Sus estudios! Naraku corrió y hurgó en su mochila, seguro todo estaría bien, pero hubo algo que le inquietó.
Había unos folletos para universidades, eran muchos. Con información y requisitos para universidades de otras ciudades y… de Inglaterra. Los ojos del hermano mayor se abrieron como platos. Su hermana estaba intentado huir, escapar bajo la excusa de querer ir a estudiar a otra cuidad o país.
Ilusa Kagura. Naraku ya había elegido la universidad a la que ella iría y que estudiaría. Pero eso no le quitó ni un poco el coraje que sintió. Lo hablaría con ella pronto. Le cortaría las alas antes de que comenzara a volar.
Oh, Kagura llevas un punto menos.
Intentado ignorar la furia que sintió, Naraku fue a la cama con frazadas llenas de plumas y flores coloridas, revisó entre los almohadones y al parecer todo estaba en orden, luego fue e inspeccionó la mesita de noche, encontró algunas fotos de Kagura con Kanna en lo que parecía ser un parque, también había un libro, él le dio una hojeada al libro Orgullo y Prejuicio. Pero casi se vomitó al leer unos cuantos párrafos.
Naraku tomó sus últimas notas de la alcoba y salió de la habitación, fue a la siguiente, la de Kanna. Entró y todo parecía normal, la habitación era color azul clarísimo. Con una pared llena de papel tapiz en forma de flores pequeñas.
Hurgó con más rapidez porque sabía que era muy poco probable encontrar algo indebido en aquella alcoba. Kanna era una buena niña después de todo. Revisó el ropero enorme y rústico, lleno de ropa de color blanca e insípida, una que otra prenda de color como el uniforme del colegio. Siempre faldas y vestidos, nada de pantalones.
—Aquí no hay nada —no sabía si eso era bueno o malo.
En el tocador sólo había perfumes pero nada de maquillaje, Naraku se alegró de no encontrar nada sobre Rojo paraíso o Frambuesa Salvaje. Eso sí, había dos libreros que estaban repletos, a diferencia de los libros de Kagura, sólo había hojas y hojas que hablaban sobre astrofísica y la creación del universo, biología, mitología griega y quien sabe cuántas cosas más. Además de eso y por alguna retorcida razón Kanna tenía muchos libros con cuentos infantiles.
—Kanna, revisar tu habitación es aburrido.
Él abrió un cajón y se encontró con piezas de ropa interior blanca, blanca y blanca. Naraku cerró el cajón rápido, sacudiendo la cabeza. Entonces vio sobre la inmaculada cama, con almohadas perfectamente mullidas, una carpeta escolar rosa con pegatinas del pato Donal, la revisó y encontró algo que también le hizo enojar.
Una boleta de calificaciones con notas perfectas.
¿Qué acaso Kanna no lo entendía? Naraku gruñó, se repetía, sus hermanos eran listos, pero siempre eran niños problemas en la escuela, así que tener una hermana con calificaciones perfectas era bueno y aun así Kanna no era capaz de avisarle. Y eso, en definitiva, era terriblemente malo. Sí, relativamente, sacar buenas calificaciones había sido malo esta vez.
5.- Naraku, como cabeza de la familia, decide lo que es bueno y lo que es malo.
—Kagura es lista pero sus calificaciones no son tan extremadamente perfectas, Hakudoushi es un bastardo que no quieren en la escuela y Byakuya, él es un raro de lo peor… y tú, Kanna, eres a la única que puedo presumir en el trabajo. ¡Joder! Eres un alma cruel y sin corazón, Kanna… —en cualquier otro momento esas palabras hubieran sido un gran cumplido, pero ahora Naraku lo mencionaba como si ese hecho realmente lo afectara.
Y por un momento, Naraku dejó su papel de hermano mayor desgraciado y reconoció que le gustaría presumir que tenía buenos hermanos… aunque no los tuviera.
Kanna, a este paso ya no serás la favorita.
Un poco más molesto, él se digirió a la habitación más temida, esperando no encontrarse un cuerpo en descomposición o algunos kilos de cocaína, la alcoba de Hakudoushi.
—¿Qué tienes este mes para mí, mocoso del demonio?
La puerta tenía un letrero que decía no entrar. El hermano mayor rodó los ojos por enésima vez ese día y abrió.
Todo era un reverendo desastre; ropa sucia tirada por cada rincón de la pieza, envoltorios y bolsas de frituras. Cuadernos deshojados, una rebanada de pizza y hasta lo que parecía ser una lagartija muerta adornaban la sucia alfombra roja de la pieza.
Sabiendo que era la peor de las habitaciones, Naraku revisó todo con doble cuidado, y también removió lugares que no revisaba en las otras habitaciones, pues Hakudoushi era bueno para guardar cosas indebidas.
Los cajones estaban desordenados, cada uno tenía una variedad de objetos, como siempre todo era un maldito desastre en esa pieza. Naraku encontró unos pantaloncillos negros entre las camisas blancas de la escuela, un disco entre los cuadernos y un sinfín de cosas más en lugares que no deberían estar.
El ropero estaba lleno, pero no toda la ropa estaba precisamente limpia. Naraku rugió por la falta de cultura de la limpieza de Hakudoushi. Y luego el mocoso se quejaba de no encontrar sus cosas. Ya lo miraba un día en la mañana recriminando a Kagura el no encontrar limpio su uniforme.
Muy bien, nuevas prohibiciones para Hakudoushi: nada de pizzas, frituras o lagartijas y ya no iba a tener el maldito perro que había pedido.
6.-Naraku decide que van a comer, hacer y hasta disfrutar.
Después de mucho rato sin encontrar nada sospechoso, Naraku comenzó a creer que ese mes el demonio de la casa no había tenido tiempo de hacer travesuras, sólo lo usual. Como última acción en la pieza, el hermano mayor alzó el colchón de la cama, había revistas, ropa sucia, basura, un condón y… ¡Un maldito condón! No, no, eso sí que tenía que ser broma.
—¿Qué demonios? —Naraku tomó el plateado y cuadrado paquete, tan sólo para asegurarse que era lo que pensaba.
Un condón. Maldito mocoso precoz.
Por la mente de Naraku jamás había pasado que tenía que vigilarlos en los ámbitos sexuales, esteba seguro que Kagura no era tonta y no se dejaría engañar por algún que se la quisiera llevar a la cama, Byakuya era muy listo, o muy tonto, para embarazar a una mujer, igual, Hakudoushi era más de los que hacen daños a las propiedades ajenas o queman autos en vez de andar de calenturiento y Kanna… bueno, ella era Kanna.
¡Pero, maldición, se había equivocado con ese mocoso ignorante y febril!
El hombre se sobó la frente, era urgente poner un alto a sus hermanos, como siempre cuando algo se trataba de Hakudoushi todo se volvía más urgente. Pero todos se la iban a pagar.
7.-Naraku siempre gana, siempre.
Con mucho pesar, dejó el preservativo donde lo había encontrado y fue a la última habitación, la de Byakuya. Una pieza azul, ordenada y con una televisión enorme le dio la bienvenida al hermano mayor.
En automático, él revisó el armario y todos los cajones que encontró. Vaya, en la habitación de sus cuatro hermanos había los mismos muebles pero en diferentes estilos: armario o guardarropa, mueble con cajones y algo parecido a un tocador con espejo… tenía que comprarles nuevos muebles y un poco más variados, más distintos entre sí. ¡No! ¿Podía Naraku ser más bueno y angelical? Es decir sus hermanos se estaban portando mal, y aun así pensaba comprarles cosas nuevas. ¡Pues ahora no! Que se jodiera su prole traidora.
—Malditos… —murmuró al recordar todo lo que había visto ese día.
Siguió revisando.
Todo parecía en orden, pero aun así, Naraku husmeó entre cada lugar, ya no confiaba en nadie, ya que en todos los meses que tenía revisando a sus hermanos siempre encontraba alguna cosa indebida en alguna de las habitaciones, pero jamás en todas. Cada vez se hacían más rebeldes.
En la habitación del hermano del medio había libros y muchos videojuegos, algunos dibujos y muchas figuras de papiroflexia. El origami era uno de los pasatiempos favoritos de Byakuya.
—Hacer muñequitos de papel… Ni que fueras un niño—regañó Naraku entre dientes, poniendo de nuevo en su lugar una grulla de papel.
La mochila de Byakuya tenía libros gruesos y al parecer aburridos, también cuadernos llenos de apuntes. Naraku la revisó, ya sin ganas.
—Revistas de manga… ya no te voy a dar tanto dinero —murmuró Naraku a su hermano, aunque este no estaba presente.
Entonces eso pasó, entre las revistas de manga y cómics apareció una revista para mujeres, no CON mujeres, PARA mujeres… ya que estaba repleta de imágenes de hombres en poca ropa. Hombres tremendamente musculosos y en poses, aparentemente, eróticas.
¡Byakuya era un… les gustaban los… hombres!
No es que nunca lo haya sospechado de Byakuya, pero, de todos modos.
Naraku siempre les había dicho a sus hermanos menores que en algo que si tenían libertad era en la pareja que se iban a conseguir, es decir, él mismo se iba a encargar de ahuyentar a todos los prospectos de pareja, de cualquier forma. Pero… ¡No quería tener un hermano gay y que además algún día se consiguiera un novio y lo llevara a la casa!
Con razón Byakuya pasaba tanto tiempo con Kohaku, seguro que le gustaba al muy depravado. Un escalofrío recorrió la espina dorsal del hermano mayor de la casa Kurosaki cuando se imaginó a su hermano besándose apasionadamente con Kohaku. Naraku no quería ni pensar eso. Otra regla que había que cambiar.
8.-Naraku pone las reglas, si en algún momento estás reglas le perjudican las puede cambiar.
El hombre salió de la habitación y bajó las escaleras, sin camisa todavía. Fue hasta la cocina y abrió el refrigerador, buscando comer y así calmar un poco el coraje que sentía, para su jodida desgracia no encontró nada de comer, bueno, nada… preparado y listo para comerse, porque él no iba a cocinar. Así que sólo se sentó en el sofá a esperar que aquellos monstruos del mal volvieran.
El hermano mayor de la casa Kurosaki ya tenía una lista de lo que iba a prohibir: nada de querer irse a estudiar fuera, no estaba permitido hacer algo o tener un logro sin decirle nada, estaba también prohibido el sexo y ser gay.
9.-Naraku, como cabeza de la familia, puede prohibir todo sin tener que dar explicaciones.
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Kagura chasqueó la lengua. Ayame sonrió.
—¿Qué te da risa? —le espetó Kagura a su compañera de escuela, mientras se recostaba en la camioneta que tenía por vehículo.
La chica pelirroja sonrió y giró los ojos al lugar que Kagura miraba con recelo. Por entre toda la gente del festival, Sesshoumaru caminaba al lado de Rin, su protegida, y Jaken, su… ¿Hombre de confianza? Kagura jamás había visto a Sesshoumaru con ropa tan informal, ya que el hombre siempre iba elegantemente vestido, por lo que verlo con pantalones de mezclilla y una camiseta normal era sumamente legendario e increíble, la niña que lo acompañaba lo jalaba de un puesto a otro y cada vez estaban más cerca del vehículo familiar Kurosaki.
Las mejillas de la hermana de Naraku ardieron.
—Él siempre está con ellos dos —Ayame sonrió—. Tú estás enamorada de él y mucho —no era pregunta, era una buena afirmación.
—Como tú del imbécil de Kouga —le riñó con compañerismo—. Aunque, claro, es tu prometido… —dijo con un ápice de burla.
—Bueno, es mi novio también —la pelirroja soltó una risita—. Encontrarás un buen hombre para ti, Kagura.
Que facilidad increíble para cambiar de tema. Kagura rio.
—Um —Y torció los labios.
Y antes de que la conversación siguiera, Kanna se acercó, dando a entender que el estúpido festival iba a acabar pronto y ya se podían marchar. Dejando a un lado su molestia, sin nadie más que Ayame cerca, Kagura acarició la cabeza de su hermana menor en un acto de cariño.
—¿Te divertiste con aquellos idiotas? —hasta su tono de voz cambió.
Kanna asintió, contenta o eso entendió su hermana.
—Qué niña tan… rara —Kouga llegó de pronto y lo primero que hizo al ver a Kanna fue lanzar un mal comentario.
—¡Oye! —Kagura no tardó en hacerse notar, molesta—. ¿Qué te pasa, idiota?
—Lo siento, Kagura, no sabía que tenías una hija —Kouga se acercó a su novia y le dio un beso sin cuidado—. Tuya y de… ¿Naraku? —rio el muchacho con malicia.
—Tks, es mi hermana.
—Entonces sí es de Naraku.
—Jódete.
—Tú primero.
—¡Umm, basta, Kouga! —Ayame le dio un leve golpe a su novio y luego se giró a Kagura pidiendo disculpas por la actitud de su novio—. Tengo que irme, ¡Nos vemos!
Y la pareja se marchó para buena suerte de Kagura… y Kanna. Tras un rato de esperar, la hermana mayor se hartó de más.
—Oye, Kanna, ve a buscar a los tontos, diles que se apuren —la niña miró a su hermana y obedeció. Perdiéndose de nuevo entre la gente, como un fantasma.
—Kagura —una voz masculina nombró a la muchacha. Ella se giró.
—¿Tú…?
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El hermano mayor rugió. En cuanto llegaran, ellos lo verían con esas caras de siempre, y Naraku fingiría no saber nada, pero en cuanto esos engendros del mal se descuidaran los iba atrapar con las manos en la masa. Esperaría calmado. Oh, sí, lo haría.
—Ya llegamos —murmuró, de mala gana, Kagura, tirando las llaves en la pequeña mesa junto a la puerta principal—. Imagino que no hay cena aún…
—Naraku, nuestra adorable Kagura nos compró hamburguesas —Byakuya habló, enseñado la bolsa de un restaurarte de comida rápida que traía en la mano—. Pero no te preocupes, antes de dejar a Kohaku le dimos la suya.
—Kagura, apresúrate con la cena, quiero que calientes mi hamburguesa —Hakudoushi habló, ordenando así que su cena fuera servida como si él fuera un rey.
Kanna entró en silencio, como era de esperarse.
Lentamente, el hermano mayor parpadeó, aun sentado en el sillón sin camisa aun, calmado. Verlos tan felices después que todos le había jugado una traición.
—Ya están en casa… ya están en casa —Naraku los miró con una sonrisa ladina, en un vano intento de contenerse—. ¡Malditos desgraciados! ¿Cómo demonios pudieron hacerme esto? ¡Son todos unos hijos de…!
Había una regla, muy importante en aquel hogar, una que, especialmente, afectaba a los hermanos menores:
10.-Naraku pone las reglas y los CASTIGOS. Y eso es lo que tienes que saber.
.•*´`*• — ๋• Omαkė ๋•— •*´`*•.
La sala se había convertido en un calabazo.
Kanna estaba sentada de manera elegante, con un pie detrás del otro, miraba fijamente el florero que había enfrente de ella, aunque este estaba hasta el otro extremo de la sala. Hakudoushi se encontraba sentado con las piernas abiertas ocupando más espacio del que debería. Byakuya estaba sentado normal y al parecer era el más relajado. Y Kagura, bueno, ella quería matar a Naraku por haberles gritado durante media hora, luego vinieron otros veinte minutos de puros balbuceos e insultos después el loco de Naraku había terminado tirando un florero que había estado junto al que Kanna miraba y todo sin razón. Además que el loco bastardo andaba sin camisa. ¿Qué tanto había hecho mientras estaba solo?
—Obvio te va a castigar a ti, Kagura… —comenzó a aladear Hakudoushi.
—¿Por qué dices eso? —masculló la aludida—, no he hecho nada… últimamente.
La causaba algo de furia imaginar que Naraku había hecho todo eso por ella.
—Entonces creo que lo sabe… sabe que yo fui quien chocó el auto de Inuyasha…
—¡Sabía que habías sido tú, Hakudoushi! —dijo ella—, fue a mí a quien culpó el desgraciado de Naraku.
—Pues nunca se probó que había sido yo.
—El auto de la casa amaneció estampado contra el del idiota ese. ¿Quién más puedo haberlo hecho? Se supone que cualquier persona debió saber que habías sido tú.
—Pues ya ves que no —refutó el muchachito.
—Lo que pasa es que Naraku siempre trata de hacer que yo sea la que paga tus platos rotos, mocoso.
La pelea empezaba por Hakudoushi y Kagura, para variar un poco. Aunque Kagura tenía toda la razón, ella siempre terminaba pagando injustamente por los actos de sus hermanos, según Naraku ella siempre tenía parte de la responsabilidad por ser la mayor.
—Yo… creo que se enteró que cambie la sal por azúcar —rio Byakuya. Sin mostrarse preocupado aunque en el fondo lo estaba, sólo que no le demostraba.
—Yo… no hice nada… —dijo Kanna. Metiéndose en la conversación por primera vez.
—Ay, sí, ay, sí, ahora hazte la santa. ¡Tonta, como me jode que hables como si nunca hicieras nada!
—¡No le hables así a Kanna, mocoso!
—Kagura tiene razón, Hakudoushi…
—Yo… no hice nada —repitió la menor de la casa, provocando un alboroto por parte de los otros tres.
En esos momentos, el hermano mayor entró a la habitación con los ojos brillantes y vestido por completo esta vez. Y como por arte de magia los chicos en el sillón se callaron, mirándolo con atención. Algo grave había pasado pues Naraku les grita casi una hora sin tener un buen y pesado motivo.
—Muy bien, mis lindos bastardos traidores —sonrió con sarcasmo—… Cada uno tendrá oportunidad de rebatir lo que voy a decirles —Naraku habló como si su voz estuviera hecha de terciopelo—. ¿Quién quiere empezar?
Todos los pares de ojos buscaron algún sentimiento en los rostros de sus hermanos. Estaban confundidos pero sin poder negarlo también algo… ¿Asustados? Al parecer, sí. Todos sin excepción. Porque conocían de lo que era capaz su hermano mayor estando molesto; no molesto como todos los días, molesto de verdad, como parecía estar esa noche. ¿Qué es lo que Naraku sabía? ¿Qué rayos le pasaba? ¿Qué les iría a decir Naraku? ¿De qué tipo de oportunidad hablaba? ¿Cómo es que los castigaría? Bueno, la pregunta de la que más les gustaría escuchar clara respuesta era… ¿Cómo iban a salvarse ?
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