¡Holooasjahdka! Por primera vez he sido puntual subiendo los capítulos de un fic (?) , solo han pasado dos días :'D En el capítulo pasado se me olvidó mencionar que el título del fic es de una canción que tiene el mismo nombre: Shake Up Christmas, cantada por el grupo Train. De hecho, hice este capítulo escuchando esa canción una y otra, y otra, y otra vez, incluso me dio ideas para escribirlo. Eso era todo lo que quería decir xD

Bleach no me pertenece :C

Había mucha gente. Las calles estaban realmente concurridas. Llovió hace poco y el suelo estaba resbaloso. Las incontables luces encandilaban los ojos de cualquiera y molestas canciones navideñas sonaban por doquier ¿Y aún le preguntaban por qué odiaba tanto la navidad? Para colmo, la única tienda que vendía su marca de leche favorita estaba cerrada. Suspiró molesta, volviendo a maldecir la navidad en sus pensamientos. Aquel paseo no había calmado su enojo en absoluto. Maldita navi…

-Disculpe, señora…- unas pequeñas manos jalaron el borde de su abrigo.

-¿S-Señora?- un repentino tic en su ojo apareció, habían mencionado una de las palabras prohibidas.

Inmediatamente se volteó para mandar a volar a aquel irrespetuoso individuo que desde un inicio había interrumpido sus pensamientos.

-¿Sabe dónde está mi casa?- bajó completamente la vista y se encontró con una pequeña niña de rostro inocente y adorable. No aparentaba más de cinco años. Vestía un largo abrigo celeste que llegaba a sus rodillas, junto a unas medias blancas y botas marrones. En sus brazos llevaba un cachorro manchado de rostro amigable.

-¿Eh?- la había tomado por sorpresa, cosa muy rara en ella -¿Tu casa?- la niña asintió con seguridad.

-Sí, la estoy buscando… pero no la encuentro- añadió con inocencia. Yoruichi arqueó una ceja.

-¿Y qué hay de tus padres?- preguntó, esto no era buena señal.

-no lo sé- encogió los hombros como si nada.

Suspiró, maldiciendo de todas las formas posibles al universo. Primero que todo, hoy no era un buen día y podía estrilar con cualquiera, hasta con una niña. Segundo, siempre había sido pésima para tratar con niños, y más con niños de esa edad. Tercero, su conciencia no le permitiría darse la vuelta y dejarla a merced de la noche.

-¿Y te sabes la dirección?- cruzó los brazos, casi arrastrando las palabras al hablar. Pero la niña negó con la cabeza -¿Al menos sabes cómo es el lugar? ¿En qué calle está? ¿Cerca de algo en específico?-

-¡Sí! ¡Eso sí lo sé!- respondió enérgica, dándole esperanzas a Yoruichi –Vivo en una casa amarilla, frente a otra casa de color púrpura- y una vena de enojo apareció.

-… esto es el colmo- murmuró entre dientes, pero sabía que no podía dejar sola a una niña de su edad, existen seres malignos por las calles, y no estamos hablando solo de Hollows. La mujer se agachó quedando cara a cara con la niña y su sarnoso perro, según ella -¿Sabes que no me estás siendo de mucha ayuda?-

Pero la niña solo sonrió, a la vez que el pequeño perro ladró. Maldita navidad. Yoruichi suspiró resignada, no había otra opción.

-Vamos, te llevaré a mi casa- dijo de mala gana. Suavemente la empujó por la espalda para que siguiera el camino –tal vez Kisuke sepa qué hacer contigo- esto último lo murmuró para sí misma.

-Me llamo Hanabi- añadió la niña con energía, pero claro, a Yoruichi le valió un comino esto.

-Felicidades…- respondió. Realmente no estaba de ánimos para conversar con una chiquilla. Pero esta insistió.

-¿Usted se llama Kisuke?- preguntó con inocencia, a lo que la morena solo alegó con una expresión confundida, acompañada de una gota en la cabeza.

-N-No…- contestó, tratando de salir de su impresión con algo de esfuerzo –Yo me llamo Yoruichi. Kisuke es mi… amigo- pensó dos veces antes de pronunciar aquella palabra, últimamente había estado albergando más sentimientos que simple amistad, pero no lo quería aceptar, por lo menos no en público.

-¿Y por qué vamos a la casa de Kisuke-san?-

-Porque vivo ahí- habló la morena con sequedad, ya estaba exasperada ante sus constantes preguntas sin sentido.

-Eso quiere decir Yoruichi-san y Kisuke-san están casados- la pequeña murmuró, sacando sus propias y deliberadas conclusiones. Por otro lado, esto había logrado que las mejillas de la ex capitana se enrojecieran. Y no era por el frío exactamente.

-¿De qué estás hablando, tonta?-

-Pues…- Hanabi continuó, ignorando el tono de voz tan hostil que su interlocutora utilizó –Cuando un hombre y una mujer viven juntos significa que están casados-

¿De dónde diablos había sacado esa idea tan anticuada? Pensó la morena. Pero como una jugarreta de su veloz imaginación, en su mente apareció… La imagen de Kisuke en un elegante traje negro, esperándola con una gran sonrisa frente al altar; Isshin, como padrino de bodas, sonriendo y llorando exageradamente, como lo hace siempre; Kukkaku siendo la madrina, con un hermoso vestido y… ¡Alto! ¡Ya era demasiado!

-T-Tu solo cierra la boca y camina- replicó la sonrojada mujer. Estaba indignada, con la pequeña por preguntar y con sí misma al pensar en sandeces matrimoniales.

-¿Entonces no estás casada con Kisuke-san?-

-No- respondió cortante mientras apresuraba el paso. Necesitaba con urgencia librarse de aquella chiquilla.

-¿Y por qué no?-

-Porque no- una vena de enojo estaba adornado el rostro de Yoruichi, sencillamente la tenía fastidiada.

Repentinamente la pequeña niña guardó silencio, y aliviada, Yoruichi suspiró. Paz y tranquilidad.

Levantó la cabeza, observando con sus dorados ojos el nublado cielo. Dentro de poco iba a empezar a nevar. A penas eran pasadas las ocho, decenas de negocios y casas resplandecían, tanto externa como internamente. Luces de todos los colores provocaron que, a pesar de aquel nublado cielo, las calles de la ciudad tomaran un aire acogedor. Por todos lados se escuchaban risas, y a pesar de estar rodeada por un tumulto de personas, de alguna forma se sentía la paz y alegría que desprendía su calor. Era increíble como una festividad consumista lograba sacar, falsamente, emociones tan hermosas. Ridículo. Pensó Shihouin.

-¡Ya sé!- nuevamente las palabras de la niña atormentaron los oídos de la impaciente Yoruichi -¡Le pediré a Santa Claus que haga que Yoruichi-san y Kisuke-san se casen!-

A pesar de que sus palabras se encontraban fuera de lugar en su totalidad, algo que más llamó la atención de la morena fue aquel deseo, ¿No se suponía que los niños solo piden juguetes y demás tonterías?

-¿No deberías estar pidiendo una muñeca? Eso es lo que hacen los niños normales- pero ante esto, solo recibió una mirada reprochadora por parte de Hanabi.

-Los niños pedimos más cosas que juguetes- reclamó la pequeña, haciendo un adorable puchero. Yoruichi alzó una ceja incrédula, esperando un tipo de extraña respuesta–Verás, hace dos años le escribí una carta a Santa Claus para que regresara mi papá de la guerra ¡Y hoy será la primera vez que pasaremos los tres juntos la navidad!- agregó sus últimas palabras con desbordante alegría.

Yoruichi guardó silencio. Fue algo insensata al preguntar. Inmediatamente la imagen de una desilusionada Ururu apareció en su cabeza.

Suspiró, y trató de convencerse que aquel era un caso totalmente diferente.

-Inu-chan también pidió un deseo para navidad- continuó la pequeña, refiriéndose al sarnoso animal que llevaba en sus brazos.

-¿Ah sí?- Yoruichi escrutó con la mirada al perro callejero. Pequeño, blanco con manchas negras, orejas caídas y una estúpida sonrisa canina. Definitivamente, jamás tendría aquella elegancia que solo los gatos poseen -¿Cómo lo sabes?-

-Pues…- la pequeña se detuvo un segundo tratando de recordar –Hoy estaba solo en un callejón, pero lo recogí mientras buscaba mi casa y ahora tendrá una familia, es lo que todas las personas solas desean, ¿No?-

Por segunda vez en la noche, Yoruichi no pudo refutar las inocentes palabras de su mini acompañante. Desde que huyó de la Sociedad de Almas, pasó cien años de su vida divagando por el mundo en su forma gatuna, sola. De hecho, en ese entonces su desprecio hacia la navidad aumentó significativamente. Todas esas cálidas luces, aquellas apetecibles chimeneas y envidiables carcajadas. Y ella, bajo cajas, cubriéndose del hostil invierno. No fue una época muy agradable para recordar.

-Sí, supongo que tienes razón- murmuró la morena para sí misma. Una involuntaria sonrisa apareció en sus labios. Era la primera vez que pasaría la navidad junto a Kisuke y los demás. Junto a su familia.

-¿No es bonita la navidad, Yoruichi-san?- preguntó sin más.

Pero la ex shinigami no respondió, aún no estaba convencida, le seguía pareciendo estúpido ver como las personas gastaban sus ahorros en adornos ridículos y regalos sin sentido alguno. Aunque ya era un avance lo que Hanabi-chan había logrado torcer un poco su pésima perspectiva.

-¡Todo es tan mágico!- continuó la niña sin dejarla responder -¡Las luces! ¡Los adornos! ¡Juguetes! ¡Las escarchas! ¡La estrella del arbolito! ¡Guirnaldas! ¡Fuegos artificiales! ¡El mundo perfecto para un niño!- habló con notable alegría, incluso dio pequeños saltitos de emoción. De alguna manera logró sacar otra sonrisa en el rostro de la mujer, pero no tardó mucho en volver a recordar la escena pasada con la pobre Ururu –Es un día para que los adultos puedan sacar su niño interior sin tener miedo de que los otros adultos se rían-

Hanabi 3 – Yoruichi 0. Bromeó para sí misma mientras la observaba. La tenía más que sorprendida.

-¿Sabes, Hanabi-chan? Eres muy inteligente- dio golpecitos de "cariño" en la cabeza de la inocente niña para después, aunque con algo de asco, rascar la oreja del can que llevaba en sus brazos –Pero será mejor que nos demos prisa, tus padres deben estar muy preocupados-

-Sí- asintió con firmeza –Le dije a mi mamá que iba a ayudar con la decoración de las galletas- Yoruichi soltó una ligera carcajada. En definitiva era una niña única.

-Súbete a mis hombros, así llegaremos más rápido- Shihouin se agachó a la altura de la pequeña por segunda vez, esta, algo dudosa, subió a su espalda con dificultad al llevar a su perro en las manos. Una vez listas, Yoruichi se levantó y comenzó a caminar –Tengan cuidado allá atrás-

Y así, durante un largo camino, Yoruichi Shihouin disfrutó de la charla con la pequeña y adorable Hanabi-chan y su perro Inu-chan. Cada vez que esta mencionaba algo de la navidad, las terribles ideas que Yoruichi tenía acerca de la capitalista fiesta se esfumaban en un dos por tres. Jamás se imaginó en esa situación. Ella, caminando por las doradas calles del centro de Karakura, cargando a una de esas criaturas llamadas "niños", las cuales nunca había podido soportar, acompañada por uno de esos sucios y revoltosos perros que tanto despreciaba, mientras hablaban de la navidad. Lo peor de todo era que aquella situación se había convertido en un escenario realmente agradable para ella. Al inicio fue vergonzoso, pero ahora, incluso soltaba carcajadas ante las ocurrencias de la niña ¿Esto es lo que llaman milagro navideño? Bromeó en sus pensares.

Pronto el reloj marcaría las nueve en punto. Yoruichi, Hanabi e Inu-chan finalmente llegaron a la tienda de Urahara. Para la suerte de todos, Hanabi recordó en el camino que su madre había apuntado el número de su celular en la esquina de su abrigo, al parecer estaba consciente de lo que tenía como hija, pensó Yoruichi. Esta, sin dudarlo dos veces, tomó el teléfono principal de la tienda e inmediatamente contactó a sus padres. Ambas esperaron sentadas en la entrada de la puerta.

-¡Mira!- señaló la entusiasta niña -¡Está empezando a nevar!-

Diminutos copos blancos caían del nublado cielo que, en un inicio, le había parecido distante y frío a la ex shinigami. Pronto las luces reflejarían un dorado espectáculo con ayuda de la blanca nieve.

-Toma…- Yoruichi llamó su atención. Esta se había quitado su abrigo para ofrecérselo a la pequeña junto a su mascota –Debes tener frío- y la cubrió con el grueso pedazo de tela.

Ambas quedaron en silencio. Observando como innumerables copos caían sutilmente sobre todo.

-Quiero ser como tú cuando sea grande, Yoruichi-san-

La morena quedó sorprendida. Jamás imaginó escuchar aquellas palabras provenientes de la niña, empezando por el hecho de que al inicio había sido muy tosca con ella.

-Eres bonita, fuerte y en el fondo fondo fondo fondo fondo, eres buena persona- al escucharla no pudo evitar que otra carcajada, más estruendosa que la anterior, se le escapara. Sí, Hanabi-chan estaba en todo lo cierto. Nuevamente revolvió sus cabellos.

-Pues… En el fondo fondo fondo fondo fondo me alegra mucho haberte encontrado, Hanabi-chan- dijo entre risas, haciéndole burla al comentario anterior de la niña –Y a ti también, perro sarnoso-

-¡Inu-chan!- reprochó la niña, aunque solo logró que las risas de la morena aumentaran.

En un movimiento repentino, digno de la ex comandante del Omitsukido, soltó la tela que mantenía su melena en orden. Hanabi la miró expectante y algo sorprendida. Que linda es. Pensó la niña. Yoruichi, por otro lado, tomó los cabellos marrones de Hanabi y con una fugaz maniobra los amarró con su propio accesorio.

-¡Bien!- dijo la mujer mostrando un pulgar arriba y una enorme sonrisa -¡Ahora sí te pareces a mí!- bromeó.

-¿De verdad me lo vas a dar?- preguntó atónita. Incluso sus mejillas tomaron un ligero rubor.

-¡Claro que sí!- Yoruichi se levantó frente a ella de un salto, colocando sus manos en la cintura de forma autoritaria –Pero es tu deber cuidarlo, Hanabi-chan, ¿Hecho?-

-¡Sí, Yoruichi-san! ¡Te lo prometo!- afirmó, haciendo una especie de saludo militar. Yoruichi acarició sus cabellos, ahora con más cariño de lo normal.

Casi inmediatamente, un auto blanco se acercó a la destartalada tienda y en menos de un minuto, los padres de Hanabi salieron y corrieron hacia donde estaba su pequeña para abrazarla con intensidad. Yoruichi observó la escena conmovida. Antes de irse, la madre se acercó con lágrimas en los ojos y agradeció innumerables veces a la morena, esta solo sonrió, respondiendo que los agradecimientos no hacían falta con lo mucho que le ayudó la pequeña.

-¡Adiós, Yoruichi-san!- Hanabi movía su brazo eufóricamente mientras el auto se alejaba -¡Le pediré mi deseo a Santa Claus!-

-¡Adiós, Hanabi-chan!- se despidió la mujer, sin poder evitar que el rojo a sus mejillas volviera a invadir recordando perfectamente cuál era del deseo.

Suspiró. Qué día tan… ¡Un minuto! ¡Todavía le quedaba algo por hacer! Y salió corriendo por segunda vez a las frías calles de la ciudad.

Continuará…

¿Qué les pareció? Yo todavía no estoy segura si me gusta o no .-. Ver a Yoruichi tan ¿"maternal"? no es muy común e.e, así que puede que la encuentren fuera del personaje ._. ¡Y no se preocupen! En el próximo y último capítulo habrá mucho UraYoru :'DDD

No se olviden de dejar reviews, por cada vez que no lo hacen, a Urahara le dará una indigestión (?) Okay no e.e, hagan lo que quieran xD

Se despide:

GranDiosaSupremaPollito V2