Cap. II
Harry tiene el armario muy organizado. Lo secciona todo por estaciones, colores y preferencias, y trata de mantenerlo todo bien doblado, en su lugar e incluso a veces lo perfuma para que sea más agradable. Le pasa lo mismo con las estanterías, y cada vez que hay un libro fuera de lugar, una película mal organizada o una figurita vuelta, siente la necesidad de ponerla correctamente. Cuando era pequeño no tenía tantas ganas de organizarlo y siempre acababa perdiendo algo, hasta que se le ocurría ordenar el cuarto y (la mayor parte del tiempo) encontraba lo que fuera. Su padre muchas veces le decía que los hombres siempre tenían que ser ordenados por si había una emergencia, aunque por mucho que le preguntase Harry que qué emergencia era nadie sabía decírselo.
Cuando Harry tenía 9 años perdió su libro favorito, uno sobre un zorro que se dedicaba a resolver misterios. A veces imaginaba que él mismo era un espía y pillaba a todos los criminales justo antes de que cometieran el golpe final, el que les haría millonarios y les permitiría viajar a las Bahamas para vivir allí una vida de lujo. De hecho, Harry tenía lupa, libreta y una pipa que echaba burbujas. Si insistía mucho al principio Gemma se apuntaba a hacer de su fiel ayudante, pero se aburría demasiado pronto y acababa dando vueltas sólo por su casa, dando volteretas por los pasillos y arrastrándose por debajo de las mesas. El día que no encontró su libro favorito, a pesar de haber ordenado su habitación a conciencia y de haber utilizado las técnicas detectives que mejor se sabía, cogió un disgusto terrible. Pero no lloró, se angustió tanto que pasó una semana entera buscando el libro por todos los rincones posibles, miró en la nevera, debajo de la cama de su hermana y hasta dentro de todas las bolsas de la parte de arriba del armario. Su padre, que no era ciego, le preguntó que qué buscaba y Harry recordando broncas pasadas por perder cosas, mintió y dijo que sólo estaba jugando. Nunca volvió a ver el libro, y pasaron años hasta que desistió y dejó de buscarlo.
El problema era que ese libro era muy importante para él. Tenía todos los trucos para ser el mejor detective en cualquier lugar, y hasta él añadía sus propias instrucciones, que aprendía por Internet o por otros libros o se inventaba. Harry llevaba ese libro a todas partes con él y cada vez que se iban de vacaciones la familia entera, se estudiaba la sección del libro que tocase: playa o montaña, ciudad o pueblo, Harry siempre iba preparado para cualquier misterio.
Si sus padres le dejaban sin vigilancia, no tenía ningún problema en ir a investigar cualquier lugar que hubiese cerca. A veces tomaba muestras y las metía en pequeños botecitos que llevaba en una mochila, junto a una bolsa con cuerdas resistentes, una lupa, polvos para huellas y poco más. De un libro tan sencillo como eran las aventuras del zorro detective, hizo que girara casi toda su infancia. Hasta que perdió el libro y se culpó a sí mismo, por no haber mantenido el cuarto ordenado como le había dicho su padre. A veces todavía se acuerda de la felicidad que le traía el libro y Harry se entristece un poco y se enfada mucho. Si hubiera prestado más atención a los detalles, nunca hubiera pasado.
Sus libros favoritos han ido cambiando con el tiempo, y El Hobbit o algunos de los clásicos como Cien Años de Soledad, ahora cobran tanta importancia que tienen un sitio especial en su estantería, para asegurarse de que nunca los pierde.
En eso está pensando Harry ese viernes por la mañana, no sabe muy bien por qué pero al despertarse Las aventuras del zorro detective le vienen a la mente. Se entristece un poco, y mira a La historia interminable, que tiene en su mesilla sin tocar desde hace dos días. Hace dos días que se duerme, agotado, cuando se cansa de hablar con Louis por whatsapp. Ayer incluso se durmió un poco más tarde de lo normal, y por eso esta mañana le cuesta un pelín más despertarse de la cama. Tampoco mucho, Harry se acuerda de su horario y sacude la cabeza para despejarse, sus rizos botan graciosamente contra sus sienes (igual sí es hora de cortarse el pelo).
El día anterior había sido demasiado apagado, y cuando Harry llegó a clase como todas las mañanas tampoco se sentía demasiado bien. Había sido un jueves como otro cualquiera, física a primera y filosofía a segunda, apuntes tomados con precisión y sus compañeros de pupitre tan callados como siempre, tan solo hablando en los descansos entre clase y clase y planificando lo que harían ese fin de semana en el recreo. Cuando Harry se giró para coger la carpeta de apuntes roja de la mochila, se fijó en que Zayn Malik y Liam Payne hablaban entre ellos desde su mesa, pero Louis no estaba. Y así se mantuvo ausente todo el día. Harry no le había dado muchas vueltas hasta ahora, no sabía si Louis era un chico que faltaba a clase normalmente o uno que sacaba muy buenas notas y se decía que no le daba importancia ninguna, pero el día anterior había parecido tan preocupado por ponerse al día que se había imaginado que realmente le importaban las notas. Igual le estaba dando demasiadas vueltas y simplemente estaba malo en su casa, o estaba descansando porque el entrenamiento había sido agotador, o no le apetecía venir. De verdad que tenía que dejarle de dar vueltas a semejante chorrada o no iba a poder entender a los filósofos helenistas en la vida.
Cuando volvía a casa, la banda sonora de El hobbit invadiendo su cabeza e impidiéndole pensar, cinco jardines antes que el suyo vio una figura dándole toques a un balón de color amarillo chillón. Era Louis, por supuesto que era Louis, vistiendo un chándal de un equipo que Harry desconocía y diciendo números en voz alta, una y otra vez, probablemente contando los toques que daba. Siete, ocho, nueve, diez…
Harry se quitó un auricular y saludó a su vecino con un gesto.
-¡Y setecientos ochenta y tres! – Louis gritó un número al azar en cuanto vio a Harry y dejó caer el balón al césped. Sus ojos eran del mismo color del cielo ese día, el mismo color azul brillante. – Iba a superar mi record de ochocientos toques y me has distraído, muchas gracias Harry.
- Ya, claro. Hasta mañana, Louis. – Harry no estaba de humor para gracietas. Se había pegado toda la mañana en clase mientras Louis jugaba al futbol en su jardín, aprovechando el buen tiempo antes de que arreciara la ola de frío que llegaba la siguiente semana, y probablemente le pediría luego que le pasase los apuntes por todo el morro. A Harry no le importaba la rutina, en realidad la disfrutaba, pero no podía con los que se aprovechaban de él.
-¿Qué habéis hecho hoy en clase? – Louis preguntó, corriendo suavemente hasta donde estaba Harry.
-Aprender. Filosofía, física, inglés, lo de todos los jueves. – Harry se dio cuenta de que sonaba un poco cortante, pero ya sabía por dónde estaba yendo esta conversación. – Y ahora me voy a comer. Luego te paso los apuntes.
-Woah, calma, ¿qué te pasa? – Vale, igual no era un poco cortante si no bastante.
- Nada, solo estoy cansado después de clase y quiero llegar a casa.
-Vamos, Harry. – Harry seguía andando hacia su casa, y se dio cuenta de que Louis seguía andando con él. – ¿Seguro que estás bien? ¿Tan cansadas han sido las clases?
-Que sí, que luego por la tarde te paso todo, hasta luego.
-No hace falta, ya le dije a Zayn que me lo pasara. ¿Pero estás bien?
-Ah, sí, sí, gracias, solo tengo hambre. – Bueno, por lo menos no quería los apuntes. Ahora se sentía un poco mal por haberle tratado así, aunque por mucho que se los pasase Zayn los suyos seguro que estaban tres veces mejor. Además hoy se había esmerado especialmente. ¿Tan mal se entendían sus apuntes? Poco después se dio cuenta de que se estaba haciendo un lio mentalmente y decidió olvidar el tema un rato, o al menos intentarlo. – Hasta mañana, Louis.
-Adiós Harry. – Harry totalmente no se dio la vuelta y vio como Louis se marchaba dándole toquecitos al balón. Para nada.
Cuando entró en casa vio una nota de su ausente madre en la cocina, diciendo que tenía una reunión importante y que no estaría para comer pero que le dejaba su comida favorita en la encimera. Harry calentó los tacos, de los que estaba seguro que sabían incluso mejor que la ambrosía, y tras ver un rato la tele se puso a hacer los deberes. Los jueves normalmente tenía grupo de estudio, pero dos de sus compañeros se habían puesto malos y no podían ir así que se había cancelado ese día. A Harry no le gustaba que se cancelaran las cosas porque de pronto se veía con un montón de tiempo libre y tenía que pensar algo para rellenar todo ese tiempo.
Su tarde pasó rápido mientras adelantaba sus lecturas obligatorias y escribía un poco en su diario. Lo había empezado ese mismo verano, cuando tenía tanto tiempo libre. Escribió que ese fin de semana sus compañeros y él iban a probar un videojuego nuevo, escribió sobre la ola de frío que se acercaba y escribió que tenía miedo de que le contagiaran de nuevo un resfriado, le aburría quedarse en casa enfermo. No se atrevió a escribir sobre Louis.
No sabía muy bien por qué, pero había algo, una fuerza, que le echaba para atrás. No era miedo a que su hermana leyese su diario, hacía años que ya habían superado esa pelea, era algo mayor. Probablemente era porque ni él mismo se aclaraba, él mismo se había hecho un lío y aunque le costaba admitirlo Harry tenía miedo a lo que no entendía. Por un lado le sabía malo que Louis le pidiera los apuntes porque últimamente parecía que la gente solo le apreciaba cuando necesitaban algo, pero por otro lado le sabía malo que se los hubiera pedido a Zayn, ni que los suyos fueran tan malos. Muchas veces Zayn parecía que no se enteraba de mucho, al igual que Liam. No sabía por dónde empezar a hablar de Louis, aunque eso le inspiró para hablar del perro de los McKenzie y de su ausencia.
Normalmente las personas escriben en los diarios para aclararse de cosas que no entienden, pero Harry solía hacer eso y acababa peor que antes. Ver sus problemas desde arriba, dese un ángulo mayor, todavía los hacía más grandes según Harry. Él se sentía pequeño alrededor de tanta marabunta de pensamientos.
Si algo quiere Harry es asegurar el control de lo que tiene entre sus manos, no perderlo por completo. Por eso solo escribe sobre las cosas que conoce.
Esa noche, después de cenar y tras haber asegurado Harry a su madre que no pasaba nada por no haber estado para comer un día, toda la familia Styles se puso a ver una película delante del televisor en su enorme salón. Ese día eligieron ver una de superhéroes y por un momento, cuando ambos hermanos se habían metido por completo en la historia, Harry se sintió como si fuera pequeño de nuevo. Tan solo faltaba su madre diciéndoles que ya no era hora de comer palomitas, incluso le dieron ganas de pedirlas aunque supiese que no les dejarían. Estaban tan embobados viendo X-Men que ninguno se dio cuenta de que el móvil de Harry no dejaba de vibrar.
Cuando Harry se fue a la cama y ya estaba a punto de coger La historia interminable, vio que una luz no dejaba de parpadear en el móvil.
"El entrenamiento ha sido un poco mejor que ayer y se lo tenía que decir a alguien jo"
"Y ya entiendo casi por completo el idioma Harry"
"Estoy agotado, me he pasado toda la mañana poniéndome al día"
"Y toda la tarde jugando a fútbol"
"Pero este finde lo petaré en el partido"
"Pensaba que habías estado todo el día jugando al fútbol" Harry se sintió un poco idiota en ese momento.
"Tentador pero no"
"No es por ser aguafiestas pero si faltas mucho a clase no dejan jugar después"
"Mi hermana estaba en el equipo y lo aprendió por las malas"
"Ya me lo ha dicho Liam pero me alegra ver que te preocupas ;)"
Harry pensó que Louis era un bocazas estuviera agotado o no.
"Te lo digo para que luego no llores, haz lo que quieras"
"¿Vendrás al partido el sábado?"
"no creo, he quedado con Sean y Arthur esa tarde"
"¿?"
"Tendría que saber quiénes son sean y Arthur? Jajaj"
"Los que se sientan conmigo en clase"
"ahhh, pues diles que se vengan"
"necesito que alguien venga a animarme o Liam luego se reirá de mí"
"hablaré con ellos"
"estás nervioso?"
"no, nunca lo estoy"
"un poquito"
"si por poquito entiendes mucho"
Los minutos pasan más rápido de lo esperado, y para cuando Harry se quiere dar cuenta ya es pasada su hora normal de dormirse. Por eso al día siguiente, ese viernes, tiene tanto sueño. Antes de dormirse por completo, se da cuenta de que le duelen las mejillas de tanto sonreír. Hacía tiempo que no soñaba, pero esa noche está en la corte y él es un príncipe que asiste a la boda de su hermana. En el baile una sombra le pide bailar y él acepta. Lo único que escucha es la música de fondo y a la sombra contar. Once, doce, trece, catorce…
El viernes es el día de la semana favorito de Harry. A primera hora tiene inglés y a segunda tiene historia, después tiene matemáticas y este año se le están haciendo más fáciles que otros años. De hecho cree que este año podría sacar mejores notas que el anterior.
Ese día Louis llega tarde a clase pero llega, un poco agotado y mejor vestido que de costumbre. Parece que esta vez se ha peinado, el flequillo bien puesto a juego, aunque Harry no sabe muy bien cómo, con los pitillos esos con los que enseña los tobillos y una camiseta en la que pone "Vans, only for the elite" con letras grandes azules. Le recuerda un poco a Troy Bolton, de High School Musical y Harry aguanta una sonrisa de esas que van de oreja a oreja porque High School Musical siempre ha sido una de sus pelis favoritas y la verdad es que es un poco ridícula, como Louis. Hoy no saluda a Harry por no interrumpir a la profesora, pero sí que le sonríe cuando Harry se gira y sus miradas se entrecruzan.
Durante toda la clase Harry no hace más que apartarse un rizo de la cara, resoplando hacia arriba cuando no puede usar las manos, y se planeta realmente quitarle a Gemma alguna de sus horquillas. Igual si se lo deja suficientemente largo podría llevar coleta y quizá parecería más adulto. A veces lo piensa, pero su madre siempre le dice que los rizos cortos le encantan y tampoco va a disgustar a su madre por un pequeño capricho suyo.
Louis se le acerca a hablar en el recreo, prácticamente pegando saltitos. Harry por un momento se pregunta cuando se cansará de ir hasta él, cuando se dará cuenta de que su vida no es tan interesante como se debe de pensar.
Esta vez es en mitad del recreo, Harry está en las gradas con sus compañeros, que vuelven a hablar de los exámenes. Parece que no se cansan de preguntarse qué será clave en el examen de biología mientras que Harry encuentra tan obvio que preguntarán que se puede permitir no escuchar por un rato. Probablemente aunque no fuera tan obvio seguiría sin atender a lo que dicen. Louis aborda a todo el grupo él solito, ni Zayn ni Liam están a la vista, y sin cortarse un pelo suelta:
-Probablemente Harry ya os haya hablado varias veces de mi debut este sábado, ¿vendréis? – Les mira tan expectantes que a Harry casi le duele admitir que todavía no les ha dicho nada.
-Ah, sí, se me olvidaba, dice Louis que vayamos a animarle el sábado, jugarán por la tarde… - Louis le mira medio indignado, como si fuera una afrenta personal que no haya dicho nada. – Si no podéis no pasa nada a ver.
- Pero Harry, ya hemos hecho planes este sábado. – Arthur es uno de los que primero responden, y también parece indignado aunque esta vez en serio. No es el favorito de Harry de ninguna manera, aunque suele llevar la voz cantarina en el grupo y siempre suele decir de ir a su casa cada fin de semana. A Harry no le cae mal, pero no acaba de congeniar con él ni con su definición de líder. – Si pasas de nosotros no es nuestro problema.
-No paso de vosotros, simplemente pensé que podríamos animarle. A veces dan chocolate. – Por unos segundos Harry quiere que le trague la tierra. Odia los enfrentamientos, maldito sea Louis y su enorme boca. Iba a proponer el plan poco a poco, no así de sopetón. A nadie le gustan las cosas de sopetón.
-Pero es sábado de videojuegos. – Sean se queja, como de costumbre. Es como una segunda naturaleza en él y a Harry a veces le resulta hasta hilarante.
-¿Quedáis todos los sábados para jugar a videojuegos? – Louis pregunta curioso. Una sonrisa se forma poco a poco en su rostro y a Harry le da miedo lo que pueda decir a continuación. Sólo conoce a Louis de cuatro días pero ya sabe que es un chico bastante inesperado. Por lo menos espera que no los juzgue. – ¡Es genial! ¿Puedo apuntarme algún día?
-Mmmm… Es que ya somos parejas en los juegos y uno más nos descompensaría. Ya te avisaremos si eso… - Harry nunca había visto a Arthur hacer tanto desprecio a alguien y no es como si se les acercara mucha gente a hablar con ellos pero no los recuerda tan maleducados. Se gira para ver la reacción de Louis y del resto de los chicos del grupo y por un momento se siente como un idiota ahí en el centro de todo. De verdad que odia el conflicto, le oprime el pecho y llevado al extremo le causa ansiedad, le cuesta respirar y todo en su cabeza pasa demasiado lento mientras el exterior pasa demasiado rápido.
-Mira ni que fue- – Louis comienza a responder, una mano en la cintura y la posición más chulesca que haya visto antes. Si no fuese por la situación hasta le haría gracia ver a Louis soltarle una de las suyas a Arthur, pero Harry no puede más y por eso le interrumpe.
-Oye Louis si quieres puedes venir a mi casa a jugar a la wii un día, igual a la madre de Arthur le molesta si estamos muchos en su casa o lo que sea quién sabe. Tengo un juego nuevo de bailar que es muy chulo y aunque mi hermana ha puesto el récord muy alto podemos intentar romperlo y – Harry se siente titubeando y diciendo tonterías sin sentido, estaría bien que alguien le parara. A juzgar por la mirada de Louis, le ha entendido perfectamente.
-Sí, será divertido. Me gusta más la wii de todas maneras. – Louis cambia de tema y mira amablemente a Harry, casi con una mirada preocupada. – ¿Me puedes acompañar a la cafetería? Todavía no tengo muy claro dónde está.
Más que una pregunta parece una llamada a la que siente que debe contestar.
Mientras andan hacia la cafetería Louis agarra el antebrazo de Harry con la mano, como si fuese él el que los estuviera guiando. Atraviesan el patio a paso rápido, a través de dos grupos de cuarto que juegan al baloncesto y una marabunta de críos de primero que corren gritando ¡pe-le-a, pe-le-a! repetidamente. No sabe si es el aire frío deslizándose por su cuello o que Louis aprieta su agarre a medida que se acercan al edificio gris, pero siente un escalofrío que le recorre toda la espalda.
En cuanto entran, Louis susurra:
-¿Estás bien? Parecía que te querías morir ahí fuera. – Parece genuinamente preocupado. Zayn y Liam salen de la cafetería hablando de sus cosas, y se acercan a donde están los dos muchachos todavía susurrando. - ¿Necesitas azúcar o algo?
-Sí, sí, estoy bien. Normalmente Arthur no es así, creo. Me ha pillado todo de improvisto y hay que decirles las cosas poco a poco no tan de sopetón, a nadie le gusta que le propongan planes así por las buenas. – Harry intenta susurrar pero ahora que ha salido de la situación se está comenzando a cabrear por la frustración que sentía en el momento.
-¿Qué decís de planes? – Pregunta Zayn nada más llegar a donde están, delante de un enorme corcho lleno de actividades y clubes para apuntarse. Parece tan relajado de cerca, tan modesto que a Harry le sorprende. A veces no se para a pensar que las personas son simplemente personas, como él o su hermana, y las ve tan inalcanzables o tan diferentes que cuando Zayn le trata como a un compañero más por un momento se sorprende.
-Eh, Harry me ha dicho de ir a jugar a la wii a su casa un día de estos, ¿no? Tiene ganas de que le patee el culo al Just Dance por lo visto.
- Oh la wii que genial, ¿hay sitio para uno más? – Liam prácticamente interrumpe a Louis y este le da un pisotón a cambio, como si le conociese de toda la vida.
-No hables cuando los adultos están hablando, Payne. ¿Qué decías Harry sobre quedar el domingo?
-Yo no he dicho nada de quedar el domingo, Tomlinson. – Harry no puede evitar sonreír cuando lo dice. Casi no conoce de nada a Liam pero le apetece ponerse de su lado solo para picar a Louis, y parece resultar efectivo porque Louis se cruza de brazos y hace pucheros. – Pero si te pones así veré que puedo hacer.
-Vale, allí estaremos – Y Louis parece tan satisfecho de sí mismo cuando lo dice que Harry ya ni se acuerda de qué iba a hacer el domingo en realidad.
Durante el resto de las clases, sus compañeros parecen no haberle perdonado el que se haya ido con Louis en el recreo y esto comienza a molestar a Harry. Esto no hubiera pasado si Louis no hubiera abierto la boca de aquellas maneras, pero tampoco entendía por qué se ponían así. No hablan en clase y aun así parece que ahora lo hacen todavía menos, esta vez es como si emitieran ellos el frío y no las rendijas que hay entre los viejos ventanales. Ahora mismo necesita un radiador, y parece que lo encuentra cuando se gira. Allí están los ojos amables y atentos de Louis, mirando la pizarra desde la última fila, como un sol radiante en el centro del inexorable vacío.
Cuando vuelve a casa, Louis no vuelve con él. No le da demasiadas vueltas y simplemente se pone la radio. El cielo está cubierto por horribles nubes grises que no prometen nada bueno, y aunque tampoco tenía pensado salir mucho hoy siempre se acuerda de su hermana quejándose de la lluvia y por influencia parece ser que él tampoco le tiene mucho cariño a los temporales.
Mientras está llegando a casa se le ocurre hacerle una foto al cielo. Una panorámica de las grises nubes amenazantes, en contraste con la pequeña ciudad que se extiende en el horizonte. Le pone un filtro en blanco y negro y la sube a Instagram, con un simple título: "Arrecia". Jamás ha subido una foto a Instagram pendiente de cuantos me gusta conseguía. Simplemente él siente que si ve algo bonito o curioso debe compartirlo con el mundo, y con cada gesto mínimo de belleza intenta luchar contra todo lo feo que ve a su alrededor. Nunca sabe cuándo le puede alegrar el día a alguien que no se lo espera, o incluso si más adelante se lo podrá alegrar a sí mismo. Documenta la felicidad porque sabe que a veces el mundo no tiene suficiente.
Esta vez su madre y su hermana están para comer, y le esperan con un noticias sobre si la abuela irá en navidad con ellos o si irán ellos con ella. Harry espera que sea lo primero, porque el viaje hasta casa de su abuela son seis horas en coche. Y además en casa de la abuela hace demasiado frío por las noches. La única pega es que igual tiene que compartir dormitorio con Gemma, pero eso solo suele pasar si también vienen sus primos a la ciudad.
Se pegan toda la comida hablando de las navidades y Harry dice que quiere probar una nueva receta de tarta de queso y Gemma empieza a protestar porque ella se había pedido antes hacer el postre, pero en el fondo saben que lo acabarán haciendo juntos así que solo se pican en broma hasta que su madre anuncia que se va a echar la siesta. Casi se le olvida preguntarle a su madre si pueden ir un par de personas el domingo a pasar el rato a su casa:
-¿Es Louis? – Gemma salta enseguida y Harry se queda sin saber la respuesta.
-¿Quién es Louis? –Su madre mira sospechosamente a Gemma, como si fuese su amigo y no de Harry. - ¿No es ese el nuevo vecino, el que vive donde los McKenzie?
-Sí, Louis es el vecino. Yo tengo ganas de conocerle, Harry dijo ayer que tenía cinco hermanas.
-¿Y le quieres conocer porque tiene cinco hermanas? – Harry le mira desconcertado. A veces Gemma pregunta unas cosas…
-¡Cinco hermanas! Me acuerdo cuando erais unos críos, como para cuidar de cuatro más madre mía.
-¿Te imaginas tener cinco Harrys mamá?
-Oye lo preocupante sería tener cinco Gemmas que te leen el whatsapp a escondidas. –Harry suelta de golpe.
-¿Le leíste el whatsapp a tu hermano? Ay de verdad, no me metáis en vuestras cosas que ya sois mayores. – Su madre se levanta de la mesa con aspecto cansado y suspira. – Sí, pueden venir si estáis en el sótano y no hacéis demasiado ruido. Y Gemma no le leas los mensajes a tu hermano, por favor.
-Gracias mamá. – Cuando su madre desaparece por la puerta de la cocina, Gemma tira un trozo de pan a la cabeza de su hermano pero él lo esquiva y le saca la lengua con una sonrisa de suficiencia. – Te toca poner el lavavajillas a ti.
-¡De eso nada!
La vida en casa de los Styles no es siempre la más tranquila, pero por momentos como este Harry no la cambiaría por nada del mundo. A veces piensa en irse de casa y a veces independizarse le parece la idea más loca del mundo. Como en el hogar en ningún sitio, dicen.
Normalmente Harry los viernes hace los deberes del fin de semana para tener tiempo de sobra y hacer lo que le gusta. Cuando comenzó el instituto se dejaba siempre todo para el domingo a ultima hora y muchas veces al acabar ni siquiera estaba la mitad de bien hecho de lo que realmente podía hacerlo, y lo profesores que sabían que podía hacerlo mejor le ponían notas bajas. Una vez casi suspende una asignatura por tener los trabajos mediocres y la sensación de que podría haberlo hecho mejor le atormentó tanto durante el curso que desde entonces cogió la costumbre de hacerlo todo en cuanto pudiera. Por eso cada viernes se organiza bien, comenzando primero con lo que más le gusta para coger ánimos y acabando con lo que menos porque sabe que cuanto antes acabe ya no tendrá nada más que hacer. Esto por supuesto, en temporada de exámenes finales suele cambiar y el horario se reorganiza a un estudio continuo con pequeñas paradas, y el día antes de cada examen repasa con la calma.
Si Harry Styles tiene un método para conseguir lo que quiere, es difícil sacarle de esa idea.
Esta tarde, Harry decide como estudiará la próxima semana los exámenes finales. Como esta vez lo lleva todo bastante al día, su horario no será mucho más diferente que el de costumbre, el sábado por la mañana estudiará y por la tarde irá a jugar a videojuegos. Una parte en él dice que vaya a ver a Louis, que total ya va todos los sábados a jugar con los chicos, pero tampoco quiere que se enfaden más con él. Maldito Louis y su estúpido fútbol y su estúpida bocaza. El domingo se acuerda de que tenía planeado estudiar todo el día pero no sabe muy bien cómo, tres chicos con los que no ha hablado casi nunca están deseando ir a su casa a jugar a la wii. A veces un pequeño bichillo azul oscuro en su cabeza le dice que la gente solo le trata bien porque quieren algo de él. Quizá sea la experiencia hablando, quizá actúe con sabiduría o quizá no, pero siempre está ahí, diciéndole que su vida no es tan interesante como para que los demás se interesen o se preocupen. La mayor parte del tiempo le cuesta ignorarla, y le supone tanto esfuerzo que acaba físicamente agotado. Contadas veces le ataca mientras duerme y tiene pesadillas que acaban en sudores fríos y pocas ganas de ir a clase al día siguiente, aunque el sentido del deber acaba combatiéndolo todo.
Su madre ya ha despertado de la siesta y ha vuelto a irse a trabajar y su hermana está con sus amigas así que tiene la casa para él sólo. El año pasado nunca la tenía libre así que este año a veces aprovecha para hacer cosas que normalmente no puede como andar en ropa interior o bailar un rato y hace un par de semanas que vuelve a atreverse a cantar de nuevo. Todavía no lo hace como antes de que su padre le echase la bronca, a veces cuando se emociona cantando piensa que podría estar molestando a los de la casa de al lado y vuelve a bajar la voz.
Comienza haciendo los deberes de gramática de inglés, los más fáciles, canturrea un poco una canción que a su pesar se le ha pegado. "Cool kids" una y otra vez en su cabeza dando vueltas, y le recuerda un poco a Louis, no sabe muy bien porqué. La tarde se le pasa rápido cuando es productivo, y sin quererlo ya son las siete y media y ni siquiera ha merendado, de tan inmerso que estaba esta vez en historia. Hasta la noche ha caído, piensa, mientras mira al cielo donde ninguna estrella se deja ver y hasta la luna parece tan tímida que tan solo las farolas de la calle añaden un poco de luz en el ambiente. Hacía tiempo que Harry no veía una noche tan invernal, probablemente haga un frío terrible fuera.
Está pensando si abrir la ventana o no cuando una voz reconocible en cualquier parte le llama desde la acera:
-¡HARRYYYY! – Allí está Louis, más abrigo que cuerpo y envuelto en una bufanda de la que le sobresale la cabeza. Harry pone los ojos en blanco. Cuanto cunde este chico. - ¡HARRY BAJA!
Harry hace un símbolo con el pulgar y Louis se lo devuelve, ajustándose la bufanda con la otra mano para que Harry pueda entrever su sonrisa. No va a negarse a bajar, sería de mala educación y de ser un mal vecino.
Harry abre el armario y coge su abrigo favorito, uno de raso negro y largo, con los puños y los hombros de cuero negro casi brillante. Se lo abrocha sobre el pijama porque no tiene pensado ir más allá de su porche y baja un poco más rápido de lo normal para no hacer esperar a Louis. Primero se encienden las luces del porche y después Harry entreabre la puerta para salir, pero enseguida se encuentra a Louis de morros, agitando su pelo desordenado y salpicándole la cara, como si fuese el perro de los McKenzie aquella vez que llovió tanto que al sacudirse a Harry no le sirvió de nada el paraguas que había llevado de la escuela a casa.
-¡Déjame pasar déjame pasar que me congelo! – Harry no llega a decir ni sí ni no porque Louis entra dentro y suspira muy hondo. Probablemente se estaba helando. Quiere preguntar por qué aquí y no en su casa que está literalmente cinco jardines más adelante, pero en su lugar un balbuceo sale de su boca porque no sabe ni por dónde empezar.
Louis huele a lluvia y a hierba mojada, y tiene todo el pelo empapado, algunos mechones se le pegan a las sienes y otros van de un lado para otro. Se ha quitado la enorme bufanda y se le ha debido olvidar afeitarse porque tiene un poquito de barba incipiente, por la mañana no se le notaba tanto. Ahora parece más mayor y con las luces del recibidor reflejándose en sus ojos azules, Harry se siente perdido por unos segundos y a la vez demasiado consciente de su alrededor.
-Te traeré una toalla, dame el abrigo y la bufanda porfi. – Harry decide mirar hacia otro lado. Se arrepiente de decir porfi al instante pero es que el cerebro no le funciona bien y se siente un poco estúpido ahora mismo. – Y quédate ahí, espera.
Ya desde el baño, mientras coge la toalla y cuelga el abrigo y la bufanda empapados en la puerta tras un par de segundos mirando alrededor porque no sabe qué hacer con ellos, se siente algo más valiente.
-¿Qué haces aquí? ¿Ha pasado algo? – Vuelve para darle la toalla a Louis. Ahora lleva una sudadera roja ancha y unos vaqueros pitillo, pero por lo menos está prácticamente seco. Ha dejado las zapatillas y los calcetines empapados afuera, bajo el porche, y Harry aprecia el gesto.
-Ah, es que el míster me ha dicho que descansase antes del gran partido y entonces he ido al instituto para hacer otras cosas y cuando he ido no llovía así que no he cogido el coche y te puedes imaginar cómo ha sido la vuelta. – Louis lo explica como si andar veinte minutos bajo un chaparrón fuese lo más normal del mundo mientras se seca la cabeza. – Y además te tenía que contar una cosa que me ha pasado después de clase.
-Cuéntame que te ha pasado mientras saco algo de merendar – Harry lleva a Louis al amplio salón, orgullo secreto de su padre. Delante de dos largos sofás gris claro que ocupan el centro del cuarto haciendo esquina, está el mueble del televisor, lleno de fotos de Gemma y Harry en varias etapas de su crecimiento rodeando la larga pantalla de plasma. Es un salón muy minimalista, tan solo está decorado con cuadros pintados por su hermana mayor y hay un enorme ventanal que aunque da al jardín, por el día hace que el salón se vea muy luminoso y brillante. Louis decide sentarse en una esquina del sofá, y parece dudar un poco antes de apoyar la espalda en el alto reposabrazos y estirar las piernas sobre el asiento, tapándose con la manta que suele usar la familia en caso de siesta repentina. Al volver Harry de la cocina se encuentra con esa imagen y no puede evitar reírse con lo bizarro de la escena. Si alguna vez algún compañero suyo ha ido a su casa, se han limitado a jugar en el sótano, ni siquiera el cuarto de Harry.
-Bonito pijama. – Harry se da cuenta que debajo del abrigo lleva su pijama de diario, un chándal viejo del Manchester United, los pantalones le van un poco cortos aunque anchos y juraría que la camiseta es al menos dos tallas más pequeñas.
Curiosamente, Louis se calla cuando Harry le dirige una mirada asesina.
-Perdóname por no ir arreglado, solo has aparecido sin avisar, que insensible soy.-Harry deja una bandeja con oreos en la mesita del centro, porque las pastas del té le parecen demasiado refinadas por mucho que sean para visitas y además le apetecían oreos. Siempre le apetecen oreos. Los vasos de leche con chocolate caliente humean, probablemente se haya emocionado con el microondas, pero hace tanto frío fuera que supone que a Louis no le importará.
-Ey pues a mí me gusta. – Louis le guiña el ojo de manera descarada y Harry no sabe ni dónde meterse, así que se limita a seguir masticando su oreo. -Ala, pensaba que tenías chimenea.
Se sorprende, tan solo se la había mencionado una vez de pasada.
-Está en el salón del tercer piso, ahí hacemos las comidas y cenas importantes. Ahora dime, ¿qué ha pasado que no puede esperar? – Harry se sienta al lado de Louis y siente la tentación de poner sus piernas en su regazo, pero no lo hace.
-Tampoco es tan importante, pero ya que venía del instituto he pensado en andar dos minutos más y venir aquí. –Louis sonríe con retintín y a Harry le entran ganas de tirarle un oreo a la cabeza. – Estaba dudando si apuntarme al club de teatro, pero al final lo he hecho.
-Wow, otro club. Justo para la obra de invierno. – El club de teatro del instituto hacía dos obras de teatro al año, una corta antes de las vacaciones de invierno y otra más larga antes de las vacaciones de verano. - ¿Has actuado antes?
Louis se estiró más y colocó sus piernas sobre el regazo de Harry, poniéndose más cómodo. Si hubiese sido otra persona probablemente le hubiera molestado, pero Louis emanaba una sensación de confort y calidez muy atrayente, y por un momento pensó que ya había vivido eso antes. Pasan unos minutos hasta que vuelven a hablar, disfrutando de un momento de comodidad y tranquilidad.
-Sí, hice de Denny Zucko el año pasado en mi instituto, y hace dos hice de Link, de Hairspray. Con cinco años hice de la mejor oveja que jamás hayas visto en un belén, mis balidos conquistaron a todas las madres. – Louis levanta las cejas de la manera más ridícula que Harry jamás haya visto. – Probablemente todo esté grabado, hace ya años que están documentando todo por si algún día hacen un biopic de mi vida.
-Claro, claro, se agotarán las entradas en todos los estados. – Harry pone los ojos en blanco.
-Y en todos los países, listo. Tienes suerte, te reservaré una butaca.
Harry se sonroja tan fuerte que acaba cogiendo uno de los vasos humeantes por hacer algo. Louis parece estar siempre flirteando, tan confiado de sí mismo y tan gracioso. Sabe que probablemente sea así con todo el mundo pero eso no quita que su cerebro deje de funcionar en algún momento que otro.
-Pff, no prometo que no me duerma, la verdad. ¿Y te dejan actuar con tan poco tiempo? La obra es en dos semanas, y con los exámenes finales y todo…
-No, en esta no, pero en la siguiente sí. Les ha debido encantar mi audición de todas maneras porque me han dado el papel de sustituto del primer personaje secundario. Espero que no se ponga malo el protagonista ni él, porque él es el sustituto del protagonista.
-Al protagonista le conozco, solíamos ir juntos a clase pero nos separaron hace tres años. No trato con él ya pero cuando íbamos juntos era muy amable y hablábamos bastante. Se llamaba Niall… Horan creo. – La verdad es que a Harry le supo un poco mal cuando les separaron pero poco después Niall se empezó a juntar con los chicos de teatro y poco a poco fueron perdiendo el contacto.
-¿Niall? ¡He estado hablando con él como una hora y pico antes de venir! – A Louis se le ilumina la mirada. – Era súper amable y se ha ofrecido para ensayar líneas conmigo más adelante, y cuando le he dicho que suelo ir a por los papeles protagonistas no se ha picado ni nada. Me ha dicho que pasa mucho en el instituto, pero bueno es que aquí sois muchísimos alumnos.
-¿Tu anterior instituto era más pequeño? – Louis asiente con la cabeza. Tiene los ojos cerrados, por lo visto está muy cómodo en el sofá. - ¿Por qué os cambiasteis, si se puede saber?
A Harry no le gusta hacer preguntas comprometedoras, por miedo a sonar maleducado o cotilla, aunque Louis no parece tomársela a mal. Toma un trago largo de leche porque por lo visto tiene que prepararse para contarla y cuando se dispone a ello, la puerta del recibidor se abre.
Louis pega semejante sobresalto que acaba de pie, como si no se esperara que fuera a entrar alguien. Al mirar el móvil Harry ve que son las nueve menos cuarto, su padre hoy viene un poco pronto.
-Hola chicos. – Su padre llega cansado pero feliz, con la corbata casi desabrochada y el poco pelo de la cabeza bastante empapado. – Siento cortaros el rollo, pero voy a poner los deportes, Harry hijo ¿por qué no subís a tu habitación?
-Gracias señor pero tengo que ir a hacerle la cena a mis hermanas. No sabía que era tan tarde. – Louis se ha debido poner en modo encantador y educado, y parece no importarle tener que irse.
-Uy, señor me dices. Me haces sentir viejo, ¿y tú eres?
-Louis Tomlinson, un amigo de Harry. – Por un momento no parece el chico que hacía unas horas estaba gritando "¡GILIPOLLAS MUEVE EL CULO!" en mitad del pasillo del instituto, y Harry no puede aguantar la risa. En verdad es un buen actor. – Gracias por las galletas, Harry, hasta mañana en el partido.
-Que todavía no sé si voy a ir… - Harry va a por el abrigo de Louis mientras este coge los zapatos del porche, aunque todavía no están del todo secos. Pone los ojos en blanco, ni él mismo se decide si ir o no.
-¿Por qué no ibas a ir? – Harry oye a su padre desde el salón. – Antes os encantaba ir a ti y a Gemma.
-Porque ya he quedaaaaado. – De verdad, como si su padre no supiera lo que hace todos los fines de semana. – Además Louis acaba de llegar, seguro que solo juega diez minutos.
-¡Oye! – Louis protesta desde el recibidor. A Harry le resulta tan ridícula la situación que decide ponerle fin, esto parece una escena de The Rocky Horror Picture Show.
Con un par de empujones saca a Louis de su casa, y por unos minutos el ambiente es más extraño que húmedo o frío. Podría decirse que son amigos, y es que Louis tiene algo que los demás no tienen, parece comprenderle en cada momento y cuando habla con él se siente muy cómodo. Pero solo se conocen desde hace cuatro días al fin y al cabo.
Es Louis el que se mueve primero, y cuando le va a rodear con sus brazos Harry siente, casi por instinto, que puede abrazarle los hombros mientras el más bajito de los dos abraza su cintura. Solo son unos pocos centímetros de diferencia y parecen encajar. El abrazo solo dura unos segundos más de lo normal, y son ambos los que se alejan a la vez y miran al suelo un poco entrecortados. Pocas veces ha estado Harry tan agradecido de que apareciese su hermana, llaves en la mano y bajándose de un taxi en el que todavía está montada una amiga suya.
-Hola chicoooos. – Gemma pasa entre los dos, separándolos varios centímetros más. Le parece ver que le guiña un ojo a Louis antes de entrar por la puerta pero serán imaginaciones suyas.
Ya no llueve aunque el aire todavía huele a húmedo, refrescando todavía más la brisa que mueve los arbustos del jardín de Harry. La luna se refleja en los charcos que el aguacero ha dejado como recuerdo y se han formado barrizales en las macetas vacías. Todo el vecindario debe estar refugiándose porque no se oye ni un ruido: parece la una de la mañana cuando todavía son las nueve.
-Hasta mañana. – Su sonrisa es tranquila y segura pero sus ojos parecen perdidos.
-Hasta mañana Louis. - Harry se apoya en la valla de ladrillo gastado que rodea el porche. La suave brisa agita sus rizos mientras mira a Louis marcharse, su figura iluminada suavemente por las farolas que luchan contra la niebla para hacer su trabajo.
Cuando el sonido de sus zapatos contra el suelo mojado se desvanece, Harry vuelve a casa y en lugar de ir al salón desde donde se escuchan la voz de su hermana y su padre hablar, sube silenciosamente a su habitación y se echa sobre la colcha morada, su cabeza golpeando suavemente las almohadas.
Pasarán minutos hasta que decida volver a levantarse porque el olor a lasaña llegue hasta él, y pasarán dos horas hasta que un mensaje de Louis le de las buenas noches. Decide no contestar, piensa que no hace falta.
