Capitulo 2:
Riza lo miro. La divertía verlo tan alarmado, pero, mientras lo hacia, noto una espiral de calor que crecía en su interior. Se quedo sin aliento, mirándolo fijamente. Esos ojos oscuros tenían un poderoso magnetismo. Las cejas negras, las facciones bien definidas y los labios apretados.
Le toco la mejilla con los nudillos mojados y noto el aterciopelado roce de su piel.
-Roy…- murmuro. Empezó a resbalar dentro de la bañera y se detuvo, riéndose.
-Tengo que sacarte de aquí- murmuro el-. ¡No te ahogues!- dijo con brusquedad mientras salía del cuarto de baño. Regresó al cabo de un segundo sin chaqueta y sin camisa. Se inclino y la saco en brazos del agua llena de espuma.
Ella notaba el calor que desprendía contra su cuerpo. Se agarro a el y sintió sus músculos en tensión mientras la sujetaba y salía del cuarto de baño con ella en brazos. Echo la cabeza hacia atrás y sonrió.
-Roy…
El la miro a los ojos. Los suyos parecían más duros que nunca, y ella se rió de nuevo.
-Riza, pequeña, debes de estar borracha.
-¡No!
Roy la dejo sobre la cama e hizo ademán de incorporarse, pero no las manos que se había enredado en su pelo y ella grito sin contemplaciones cuando el quiso resistirse. Roy se inclino de nuevo mientras trataba de liberar sus dedos de la maraña de pelo enredado.
-¡Roy!- grito ella, y el se detuvo y la miro a los ojos-. ¡Por favor, Roy!
Los labios de Riza temblaban. Lo rodeo con los brazos y se arqueó hacia el para pegarse a su pecho desnudo.
-Riza- murmuro el-. ¡Maldita sea, no soy un santo! Ni soy de piedra. Estate quieta. Luego me odiaras…
-¿Odiarte?- sabía muy bien que ya no era ella misma la que hablaba, sino otra mujer, una capaz de bromear y atormentar a un hombre hasta hacer con el lo que quisiera. Riza era una figura borrosa que pertenecía a otro mundo-. ¿Odiarte? ¿Cómo voy a odiarte a ti? A un Mustang, nada menos. ¡Ay, Roy! No te negare que me parece muy divertido. Como has tomado bajo tu protección a esta pobre muchacha solo por que la desgracia ocurrió aquí- se echo a reír a carcajadas.
El empezó a fruncir el ceño. Lo había hecho enfadar por no lo importaba.
Roy se zafo de sus brazos y los sujeto con firmeza por las muñecas.
-Voy a preparar un te- murmuro.
Se marcho, pero a ella no le importo. Se sentía capas de decir y hacer cualquier cosa, todopoderosa. Era magnifico, como si el viento formara parte de ella y le contagiara su fuerza. Se preparaba una tempestad de la que ella formaba parte.
-Vamos, pequeña, bébete esto.
Estaba de nuevo a su lado y la levantaba por los hombros para que se incorporara. Ella tomo un sorbo de te y oyó que el también daba un trago. De nuevo sentía su presencia, su cuerpo calido y tenso, junto a ella. Estaba apoyada en su pecho, y resultaba increíblemente agradable. Estaba desnuda, con el… Eso quería decir que no podía ser Riza. Era el viento, la tierra, el fuego, una potencia elemental, parte de una fuerza telúrica.
Oyó que el murmuraba algo ininteligible y noto que se estremecía. Se giro, enterró la cara en su pecho y empezó a besarlo despacio.
-Riza, para Riza…
Su voz se desvaneció en un jadeo y ella oyó como la tasa de se te caía al suelo. Le rodeo el cuello con los brazos y los dos rodaron sobre la cama hasta que el quedo tendido sobre ella, mirándola con confusión y ferocidad.
Ella hundió los dedos en su cabello y atrajo su cabeza hacia si para apoyar los labios sobre los suyos. Oyó que el gemía suavemente y luego sus brazos la rodearon. Era maravilloso sentirse entre ellos. Los labios de Roy se apoderaron de los de ella, con desesperación y anhelo.
Todas las sensaciones eran muy intensas, tan maravillosas que tenia ganas de echarse a llorar. Las manso de Roy la acariciaban y ella se arqueo y se retorció, gimiendo mientras el seguía atormentándola. Los gemidos se trasformaron en jadeos cuando la boca de Roy bajo por su garganta, dejando un reguero de calidos besos, hasta llagar a sus pechos. Una mano descendió hacia su cadera, le acaricio el abdomen y continúo hasta detenerse entre sus muslos.
Las manos de Roy estaban muy calientes. Allí donde la tocaba, sentía que se derretía; donde no lo hacia, suspiraba porque lo hiciera. Era como si el supiera lo que ella deseaba, y sus caricias eran audaces, seguras se si mismas y de su efecto. Ella gimió su nombre y se retorció, llena de deseo. Cubrió sus hombros con una lluvia de besos mientras oía el viento helado que gemía en torno a la casa y los empujaba a la pasión.
Ella era el viento, pensó Riza, y el, el fuego que la inflamaba. Era duro y peligroso como el acantilado y ella nunca había experimentado algo tan profundo como lo que sentía al estar en contacto con el, miedo, dolor, ansiedad y éxtasis. Sus gemidos fueron creciendo al tiempo que la tormenta, en un ímpetu furioso, una y otra vez, hasta que el agotamiento sucedió a la magia y un sueño reparador de apodero de ella.
En su mente comenzaron a formarse las imágenes de la misma y recorrerte pesadilla que la asaltaba noche tras noche. Frases sueltas dichas por la voz de Michael.
"Llegaba el momento del sacrificio… El sacerdote era el que tomaba a la virgen… Al año siguiente la sacrificaban, una vez que habían recogido la cosecha. Primero la degollaban…, sangre, ya te imaginas…"
En la vida real, después de contarle todo aquello se había echado a reír y se había burlado de ella, Michael con su sentido del humor y sus ganas de vivir.
Pero en el sueño no se reía.
Estaba en la roca, tenía los ojos abiertos, su mirada acusadora y al hablar, el sonido de su voz era semejante al de la tierra cortando madera "¡Kayla!"
Ahora iba hacia ella, sonreía. Entonces, de repente el hombre que se acercaba ya no era Michael, sino Roy. Amenazante, seguro. Desnudo. Entonces ella se daba cuenta de que ya no estaba desnudo, llevaba una capa negra y no podía verle el rostro.
Llevaba una mascara.
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Riza se despertó con un fuerte dolor de cabeza… y se quedo horrorizada.
Recordaba lo ocurrido, pero los recuerdos eran vagos, confusos, distorsionados. Estaba en la bañera, luego en brazos de Roy y luego…
Trago saliva. Todavía sentía el calor de Roy, cuya mano cubría descuidadamente su pecho.
Abrió los ojos. La cabeza de Roy reposaba sobre la almohada, muy cerca de su hombro. Estaba tendido a su lado, totalmente relajado y todavía la abrasaba. Desnudo, tendido sobre la cama, tocándola…
Dormía profundamente y su respiración era acompasada.
Ella reprimió un grito y trato de contener las lagrimas. ¿Que había sucedido? ¿Qué había hecho? Lo recordaba, y al cabo de un momento el recuerdo se le escapaba.
Próxima ala histeria, se escurrió del brazo de Roy. Se levanto y sus ojos recorrieron el dormitorio buscando algo de ropa con que cubrirse. Estaba temblando. No se vistió allí, escapo escaleras abajo con los pantalones y el jersey y se los puso a toda prisa. La casa estaba fría y triste. Nunca en su vida había sentido tanta vergüenza. Michael había muerto y ella se había entregado por primera vez a otro hombre que no había sido el.
¿Qué había ocurrido? Un gemido de angustia escapo de su garganta. No lo entendía. Cerró la mano sobre el medallón, su talismán. El talismán de Michael.
Incluso llevaba el medallón de Michael…
No entendía nada. Michael había muerto allí. Todos decían que había sido un accidente, pero, antes de morir, el le había susurrado una palabra. Y luego, la misma noche, habían asesinado a una chica. Allí había algún secreto, y un pasado lleno de leyendas. Y además estaban los sueños; ¡y que sueños!, con el sacerdote, los sacrificios al borde del acantilado…
Y Roy. Todavía tenía su olor pegado al cuerpo. Había soñado con Roy y se había acostado con el mientras que con Michael…
Tenía que marcharse de allí.
Fue cordón al armario del vestíbulo, donde guardaba el abrigo y las botas. Apenas era capas de metérselas, entre lágrimas e insultos dirigidos contra todos y contra si, pero al fin consiguió calzárselas. Se puso el abrigo, agarro el bolso… y las llaves del coche que había alquilado.
Se detuvo un momento en la puerta. No quería que nadie fuera tras ella ni la buscara. Garabateo una nota.
Roy, como tantas veces me has sugerido, por fin me marcho a casa. Quiero olvidarme de este sitio.
Fue hasta la puerta, salio y se alejo sin mirar atrás. Por fin se marchaba a casa.
Lejos de ese lugar… y de Roy Mustang.
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Ya chicas, espero les hay gustado el chap, se que la historia esta un poco rara pero ya de mañana se irán aclarando un poquito mas las ideas. Gracias a las que leen y a las que dejan su opinión, que estén bien, nos leemos mañana, ciao.
