Disclaimer: El universo de Harry Potter, asi como sus personajes y lugares, le pertenecen J.K. Rowling y las películas a Warner Bros. Studios.


-Killing monsters-

Con las nubes de la tormenta que acababa, también se disipo aquel vacío que llevaba mucho tiempo en lo que era el cascaron llamado Harry Potter. La vida normal que alguna vez creyó verdadera acabó siete días atrás, ahora ya no podía esperar más para comenzar su plan que, aunque hecho en poco tiempo, le permitiría ese mismo día construir una a su gusto.

Ya no soportaba ver su propia oficina, todo le recordaba lo estúpido que fue todos esos años cegándose con la culpa. Alivianándola con regalos caros y un techo demasiado grande para tres personas. Dos de ellas, monstruos avariciosos sin respeto alguno por la sangre. Una semana atrás presenció un acto tan aborrecido por la sociedad actual como el canibalismo, uno que solo ellos podrían perpetuar.

Incesto.

Nunca sintió el estómago tan revuelto, ni las vísceras tan cerca de salirse de su boca como aquella noche en que iba a confrontar a su esposa por los filtros de amor que llevaban años dentro de él. ¿Quién iba a imaginar que los más pequeños de los Weasley serían amantes?, seguramente él no.

Ahora entendía toda la indiferencia que mostraba Ginebra cuando él no quería tener sexo con ella, incluso cuando tardaba tanto en salir del trabajo. Cualquier esposa, cualquier mujer quiere atención por parte de su pareja sentimental. De todos modos nunca le importo mucho, honestamente fue muy infeliz y la culpa no era de nadie más, solo suya.

Le asustaba la rapidez con la que llegó la loca idea para recuperar la vida que merecía. Le tomó menos de un día crear y unir todos los detalles, situaciones y complicaciones que encararía para regresar a sus años en la escuela.

En esos momentos, viendo llegar a su secretaria a su escritorio fuera de la oficina con una pila de carpetas negras entre brazos, supo que ya no había vuelta atrás, esa misma noche seria en la que recuperaría todo el tiempo perdido. Literalmente.

—Linda, ven por favor— la chica no tardó en llegar a atender la llamada de su jefe y amigo.

—Dígame, señor Potter.

— ¿Trajiste lo que te pedí?— le pregunto él sin levantarse de su escritorio.

—Sí, fue un poco difícil que me lo dieran y más con la petición anterior, pero al final cedieron…—La joven le entregó las cinco carpetas negras que llevaba con ella, todas de un grosor bastante grande—…disculpe, ¿podría preguntar qué es lo que va a hacer?

Harry la miró sorprendido por su pregunta. Ella fue la única amiga que tuvo para contarles algunos de sus problemas. Desafortunadamente ella terminó enamorándose de él, lo notaba en la forma que lo miraba cuando creía que estaba distraído. Nunca le dio señales de corresponder y no empezaría ahora que estaba a punto de comenzar de nuevo.

—Te lo diré más tarde Linda. Ahora por favor sal de mi oficina, tengo poco tiempo para revisar estos papeles— Tuvo que contestar bruscamente, aunque con ella no le gustaba ser así. No merecía recibir ni una parte del odio que a cada segundo se acumulaba dentro de él. Faltaba poco tiempo para descargarlo por completo y llegar "limpio" a su destino.

—Bien señor, estaré a fuera por si me necesita— Linda salió con una cara entristecida a seguir con su habitual trabajo.

—Una cosa más…— la muchacha volteó rápidamente con una ligera sonrisa pintada en sus labios—… ¿A qué hora llegara el permiso?

—Según me dijeron, a las siete, señor.

—Bien, ahora si puedes retirarte.

Harry miró a la puerta cerrarse y luego al reloj en su muñeca izquierda que su "mejor amigo" le regaló, seguramente con su "propio" dinero. Faltaba media hora para las cinco de la tarde, necesitaba revisar las carpetas y encontrar lo que buscaba antes de las siete. Por un breve segundo recordó cómo empezó a tomar forma su plan, dudando un poco, aunque estaba seguro que en dos horas podría hallar aquel objeto escondido entre las bóvedas del departamento de misterios.

Casi azotó la puerta, la furia que bullía en él amenazaba con salir y destruir aquella mansión que considero su hogar con uno de los tantos hechizos que creo en nombre de Hermione, así significara reducir el tiempo de vida de su cuerpo. No creía en todos los estudios que tuvo que hacer para que solo pudieran ser usados una vez cada uno. Ella siempre quiso dejar huella en el mundo y lo hizo, muriendo para salvar al chico que amaba en secreto.

De pronto recordó que Hermione no aprobaría sus pensamientos, aquellos sentimientos que lo empujaban cada vez más en un abismo de venganza del cual le sería demasiado difícil salir. Tomó en cuenta la conocida voz que era su conciencia y calmó un poco su temperamento.

Sin fijarse exactamente por donde iba, camino ininterrumpidamente durante una hora hasta que llegó a la zona comercial que acostumbraba ir Ginebra cada día. El ambiente se sentía pesado, le costaba respirar en aquellas boutiques de vanidad y egocentrismo.

En un segundo se sentó en una de las bancas que rodeaban el área de juegos. Siempre soñó con tener niños, pero desde que cumplió 18 años sabía que debían ser castaños con ojos verdes o con ojos castaños y pelo negro enmarañado. Tratando de pensar en cómo regresaría a sus años escolares una señal le mostro el camino.

A unos metros de él se encontraba el clásico juego en el que los niños que se subían, le daban impulso y terminaban mareados a más no poder, algunos le llaman la rueda. De cualquier forma, el dichoso juego comenzó a girar lentamente ante la atónita mirada del jefe de aurores, que no podía creer lo que pasaba. Ahí no había ni siquiera una brisca de aire.

En cuestión de segundos comenzó a tomar una velocidad bastante alta. Curioso y sin miedo, Harry se acercó para ver el curioso objeto que no bajaba la velocidad de su movimiento. Ya frente a el, su memoria se remontó a su tercer año, aquel viaje atreves de tiempo que compartió con Hermione fue una de las tantas experiencias intimas que solo ellos tuvieron.

Volviendo a su presente, notó que el juego se había detenido por completo, sin rastro alguno de movimiento. El color dorado que brillaba bajo la luna le dio la gran idea que lo llevaría a encaminarse a la que fuera la casa de su mejor amiga. Mientras salía de la zona comercial hacia su nuevo destino no notó que el dorado juego dio una vuelta más antes de desaparecer como la neblina que cubría Londres en sus inviernos.

Al mismo tiempo en que se alejaba, su mente recordaba cómo se enteró que Hermione aun guardaba el objeto de su deseo. Fue durante una noche en su búsqueda por los horrocruxes, cuando su querido amigo aun no volvía con ellos. Según ella, se prometió a si misma que lo resguardaría del peligro en el que se encontraría Hogwarts y que por más veces que lo pensó, no le vio utilidad a aquel objeto, pues si los llegaban a capturar podía ser utilizado para fines realmente perversos. El objeto mágico se encontraba debajo de una de las tablas de su cuarto.

Harry le preguntó sobre la forma en la que lo sacó del castillo sin alertar a nadie y ella respondió que logro sacarlo de Hogwarts justo antes de que terminara su sexto año, mientras ayudaba a la Profesora McGonagall a limpiar el despacho del fallecido profesor Dumbledore. La jefa de casa de Gryffindor estaba tan triste que no se dio cuenta del objeto que faltaba en uno de los cajones del escritorio.

Su mente estaba tan llena de recuerdos que no se dio cuenta de cuando llego a la que fuera casa de Hermione en sus años estudiantiles. La humilde casa de dos pisos resaltaba entre las demás por su patio sin pasto y maltratado, la madera de las paredes comenzaba a contraerse dentro de sí misma por la erosión de las últimas lluvias y los años de abandono.

Comprar esa casa fue una de las pocas cosas que hizo antes de auto-esposarse a una pareja de monstruos. No permitió que nadie más la comprara, si hubo algún precio alto por la casa, seguramente él lo doblo. Con gran remordimiento en la poca luz que el recuerdo de Hermione mantenía viva en su alma, se adentró abriendo con la llave que siempre cargaba en su billetera.

La oscuridad que lo envolvió no le impidió subir las escaleras con total destreza y llegar hasta el cuarto de su amiga. A pesar de que ya no había nada más dentro de el, para Harry todo seguía igual que cuando lo vio por primera vez, cuando fue a recoger las cosas que sus padres pensaban vender cuando se marchaban de ahí. Le hubiera dolido en todo su ser decirles que su hija murió salvándole la vida, por lo que los dejo tal y como Hermione lo hizo. Demás estaba pensar que la chica ideo una forma para que sus padres no entraran a su cuarto durante su viaje, aunque la misma se desvaneció cuando ella se fue.

Quitando todas las tablas del suelo con un hechizo mental, encontró una pequeña caja en el centro de la habitación. Se acercó con cuidado, disfrutando de la sensación que le provocaba la poca magia de Hermione que aún se aferraba al objeto mágico. Sabía que si la abría, toda esa mezcla de emociones, sentimientos y pensamientos que eran la magia de Hermione se esfumarían, perdiéndose para siempre. Como aún tenía que averiguar una forma en la que cada giro lo retrocediera un año y no una hora, guardó la caja en una bolsa especial que siempre llevaba consigo y que servía para guardar evidencias, manteniendo toda la magia que se encontrara en el objeto dentro de la bolsa.

Con lo que quería entre sus bolsillos, decidió dormir en el suelo de la habitación que era mejor que ir a su casa y desollar vivos a Ronald y Ginebra. Esa noche fue una de las mejores que nunca tuvo en diez años.

La mañana siguiente, Harry estaba mirando por la ventana. A pesar de que era muy temprano, ya muchos niños estaba a fuera jugando o ayudando a sus madres, uno de ellos lo vio desde lejos y sin timidez lo saludó. Harry no dudo en corresponder el saludo, recordando que él también tenía que trabajar y no exactamente como el jefe de aurores.

— ¿Señor, puedo?— preguntaron desde afuera de la oficina.

—Claro Linda, pasa— todavía no encontraba el objeto que le ayudaría y faltaba menos de media hora para que el permiso llegara. Haciendo caso a la respuesta de su jefe, Linda entró a la oficina acompañada de una mujer bastante atractiva.

—Señor, la señora Malfoy pide hablar con ustedes. Le dije que no podía pasar per…—

—No te preocupes, es una sorpresa bien recibida— Harry se levantó de su asiento para saludar a la recién llegada mientras Linda se iba sin dejar de ver desconfiadamente a Astoria Malfoy. La esposa de Draco Malfoy, ataviada en un costoso vestido negro, era sin duda alguna la mujer que cualquier hombre desearía tener a su lado, salvo él. Alta, piel blanca y cremosa, cabello negro, ojos verdes y una figura envidiable ayudaban considerablemente a su noble y caritativa personalidad.

—Harry, ¿Cómo estás?— le pregunto la mujer que tomó asiento en cuanto él se colocó detrás del escritorio. Su historia no era muy complicada, el jefe de aurores tenía como obligación acudir a cada acto de caridad en el mundo mágico y quien era la mayor organizadora de estos era la que en su juventud se llamara Astoria Greengrass.

Con el correr de los años, la mujer frente a él también se convirtió en su amiga, no eran tan cercanos como lo era con Linda, pero sabía que podía contarle todo. Muchas veces se preguntó cómo hubiera sido conocerse cuando ambos iban en la escuela.

—Un poco atareado buscando algo entre todos estos papeles, ¿tu como estas? No te veo desde el baile de caridad de febrero…— dijo continuando su búsqueda mientras atendía a la mujer.

—Vayamos al grano Harry…—La seriedad con la que habló confundió a Harry— Draco me contó sobre tu plan y me pidió que te viniera a avisar que, como pediste, la poción estará lista para hoy a las 9 pm— la sonrisa de Harry se desvaneció cuando escucho esas palabras.

— ¿Te dijo todo?— la pregunta, cuya respuesta podría traerle problemas, la hizo sin dejar de leer los papeles.

—Soy su esposa, claro que me dijo todo— Harry se detuvo un momento a reflexionar sobre como eso afectaría su plan. Con frialdad, su mente repaso los pros y contras de aquello—No tienes que preocuparte, yo también creo que te mereces una vida mejor— Le mencionó ella sabiendo que la mente de Harry hervía encontrando una solución a su nuevo problema.

— ¿Segura?— preguntó él temiendo hacer algo que no quería.

—Segura— contesto ella con la sonrisa que seguramente enamoró a Draco, pues esa misma lo calmaba un poco— ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?

Harry se sorprendió de que Astoria quisiera entrar en un juego tan macabro y peligroso como el que sucedería esa noche. A pesar de eso, le tomo la palabra.

—Si, solo necesito que hagas una llamada.

— ¿Cuándo y a quién?— tomó un papel y un bolígrafo esperando la respuesta.

—Hoy, a las 8:35 pm. Dile a los aurores que vayan a mi casa— Astoria sintió un escalofrió recorrer su columna mientras anotaba en el papel.

— ¿Es todo?— pregunto guardando la nota.

—Si— respondió Harry fríamente, aunque después se asomó un poco de la humanidad que se oscurecería esa noche—Ven, amiga— extendiendo los brazos llamo a Astoria. Ella no tardó en cerrar el último abrazo caluroso que sostendrían en esa vida.

— ¿Me buscaras?— era una petición más que pregunta, una lagrima recorría su mejilla llevándose un poco de rímel con ella. Harry la apretó un poco más contra él.

—Serás la primera serpiente amiga de Harry Potter. ¿Algo que quieras cambiar?

—No apoyarte cuando quise— dijo ella aferrándose a su mejor amigo.

—Descuida, serás la más entusiasta de todas— Unos minutos después ella estaba saliendo de la oficina. Él volvió a sentarse, mirando a la puerta que se acaba de cerrar.

—Perdón—susurró lastimosamente mientras seguía mirando las carpetas en su escritorio.

Harry aun no creía como Malfoy pudo sucumbir ante ella. Lo que le recordaba la poción que el maestro de pociones de Hogwarts tendría lista para esa noche. Fue poco convencional como llegaron al acuerdo de cooperación.

El mismo día que durmió en la casa de fuera de Hermione, se lo tomó libre en la biblioteca de su escuela, buscando una forma para cambiar la cantidad de tiempo que podía regresar con un giro del gira tiempo. Entre pilas y pilas de libros no encontró más que quien los creo y cuantos había. Según los escritos, ninguno, pero el podía decir lo contrario.

No se limitó a eso y fue a la parte de hechizos y encantamientos donde, nuevamente, paso varias horas sin encontrar nada de utilidad. Con las opciones acabándose, busco por todos lados algún hechizo, cualquier cosa que ayudara a modificar el comportamiento del gira tiempo. Pensó en algún animal mágico, pero ninguno era tan poderoso como para hacerlo.

Incluso entró en la sección prohibida inútilmente, pues para él todos esos libros no eran más que niñerías frente a lo que se enfrentó durante muchos años. Incluso los siete hechizos que creó podían ser al arma de aniquilación total si se sabían utilizar, pero a un costo mortal.

Sin más lugares o libros donde buscar, se fue de ahí. La manta negra ya había caído sobre la bóveda celeste, indicándole que tenía que abandonar el castillo. Furioso e impotente, intento salir de ahí tomando el camino largo, pasando enfrente de todos los salones de clase que alguna vez lo tuvieron aburriéndose mientras Hermione tomaba apuntes.

Se detuvo frente a uno de ellos, aquel lugar mugriento y apestoso donde conoció al hombre que lo mantuvo sano y salvo durante la búsqueda de los horrocruxes. Su maestro de pociones siempre guardó secretos tan oscuros que habrían hecho temblar el mundo mágico de una forma u otra.

Pensando detenidamente en eso, imagino que otras cosas habría él escondido del mundo, que pociones de magia negra se habrá llevado consigo mismo a la tumba. No dudo un segundo en ir en busca del que fue su antiguo despacho. Como conocía el castillo como su propia mano, le tomó menos de cinco minutos encontrar la puerta oculta detrás de una pared falsa.

Se llevó una sorpresa al ver lo pulcro que todo estaba. La luz de la luna iluminaba lo suficiente para ver desde los recipientes y caldero, hasta las estanterías que albergaban libros y cuadernos de apuntes pertenecientes al príncipe mestizo. Río burlonamente recordando lo patético que era el sectusempra. Soltando el aire que retenía en sus pulmones se acercó y comenzó a devorar cada libro.

Le fascinaba ver la cantidad de magia oscura que estos contenían. Encontró varias cosas que en el momento correcto habrían sido útiles, pero que ahora solo lo frenarían. Termino los libros sin encontrar lo que buscaba. Su magia se combinó con la furia que recorría su cuerpo; perdiendo los estribos, la libero destruyendo los recipientes y calderos antiguos de la habitación. Lo único que le faltaba por revisar eran los cinco cuadernos de apuntes que eran la única luz de esperanza, entre tanta oscuridad.

Los cuadernos eran oro puro en conocimiento, las pociones creadas por Snape superaban los límites de la imaginación otorgando cosas realmente asombrosas. Y entre ellas estaba lo que buscaba. La opción "Sin nombre", como se llamaba, modificaba las características primigenias de aquel objeto que el mago quisiera. La idea era verter la poción sobre dicho objeto mientras se decían palabras en un idioma extinto. El idioma de los 4 reyes demonio, como mencionaba Snape con su propio puño y letra.

Como consiguió tal conocimiento, na tenía idea, pero lo usaría para su beneficio sin importar que.

¡¿Qué haces aquí, Potter?!— Alguien grito entrando a la habitación, arruinando el momento de felicidad de Harry.

Hola a ti también, Malfoy— contesto Harry tranquilamente mientras seguía hojeando el cuaderno en sus manos.

¡Te hice una pregunta!—El hombre rubio y alto que alguna vez fuera su némesis escolar se acercó y lo tomo del brazo, acción que enfureció a Harry.

Teniendo en cuenta su habilidad para atrapar como buscador, no hizo demasiado esfuerzo para zafarse del agarre y tomar a Malfoy por la camisa para estrellarlo contra la pared más cercana. La llama de furia que bailo en sus ojos asustó al actual profesor de pociones.

Dije "Hola Malfoy"— le saludó con una voz tan profunda, calmada y serena que rayaba en lo terrorífico.

Hola, Potter— le contestó el saludo tartamudeando, tragando la poca saliva que quedaba en su boca. Harry lo soltó y tomo el cuaderno que dejo caer cuando saludó.

Profesor, me podría decir si esta poción puede ser aplicada a un giratiempo— Harry gentilmente le arrojo el cuaderno en la cara. Draco apenas lo pudo sostener, solo para mirar con incredulidad al cascaron que alguna vez fuera Harry Potter.

Eh, sí. Si se puede— Harry nunca había escuchado a Draco tartamudear, y se aprovechó de ello.

Bien. La quiero hecha en cinco días— Con la última orden, Harry se disponía a salir pero la irritante voz del alquimista moderno lo detuvo.

¡¿Qué dices?!— pregunto alterado por la semejante estupidez que dijo Potter, recuperando la compostura perdida— Con todo lo que se tiene que hacer para esta poción… tardaría al menos un año. Sin tomar en cuenta el hecho de que yo no lo hare.

El segundo error que cometió Draco Malfoy fue volver a gritar. Con la rapidez de una fantasma, Harry se desplazó hasta quedar a un lado del estupefacto Malfoy, junto a su oreja izquierda. Como un deja vu, Draco quedo hecho estatua por la espectral voz que salía de las cuerdas bucales de Potter. Las nubes, que taparon la poca luz que ofrecía la luna a los huéspedes del castillo, tiñeron de oscuridad el despacho además de dotar de un aura casi demoniaca al auror que empujaba la tráquea del profesor de pociones contra la pared.

No me importa lo que tengas que hacer…—Comenzó incrementando la fuerza en su agarre— No me importa toda la magia negra que tengas que utilizar para acelerar el proceso de elaboración de la poción. No me importa a quien tengas que matar para conseguir esa piel de dragón inmortal demoniaco. Harás esa poción en cinco días o puedes despedirte de la luz del sol, pues será lo último que verán tú y tu familia antes de encerrarlos en el agujero más profundo de la tierra. Justo como debí hacerlo mucho tiempo atrás.

No le harías eso a Astoria—Afirmo Draco con una apenas audible voz llena de terror

No te preocupes por ella. A ella no le pasara nada— dijo Harry con total sinceridad en su tenebrosa voz— entonces, ¿lo harás?—con cada hueso y musculo de su cuerpo paralizado, Draco solo afirmó con la cabeza.

Bien, entonces te veré en cinco días— Harry comenzó a alejarse de él. Draco recupero la movilidad, sobándose la garganta, solo para arriesgarse una vez más. Pudo haber sido un buen Gryffindor.

Los descubriste, ¿cierto?— Harry se detuvo cuando estaba a punto de salir del despacho— Al par de comadrejas, los descubriste, ¿no es verdad?— Harry ladeo la cabeza indicándole que lo escuchaba. Draco no tardó mucho en atar cabos— Quieres regresar. ¡Quieres volver a los noventa para cambiar tu puta vida!—Harry no se inmuto ante las verdades que escupía Malfoy— ¿Fuiste tan imbécil para no ver como aquellos supuestos hermanos se manoseaban por toda la escuela, que ahora nos quieres joder la vida a todos los demás?

Y si así fuera… ¿Qué?—viendo que a Potter no le importaba lo que fuera a pasar y que no se detendría ante nadie, decidió unirse al macabro circo que ya había comenzado.

Como no creo poder detenerte, si hago esto, me harás un favor cuando vuelvas…— Harry seguía tomado de la pared escuchando atentamente cada palabra, Draco supo que le estaba prestando atención— Cuando estés allá, evitaras que caiga justo a donde tu estas ahora, ¿hecho?—Harry soltó la pared para seguir su camino y antes de avanzar se escuchó su voz.

Hecho.

— ¡Si!...Aquí esta—exclamo Harry sacando un expediente de una de las carpetas que tenía. No se dio cuenta de que el objeto había pasado inadvertido mientras conversaba con Astoria, pues lo encontró en la última revisada que dio a todos los carpetas. El sonido de pequeños toques en la puerta de su oficina le advirtió que la hora había llegado.

—Señor Potter, el permiso…

—Lo sé, ya llegó…—Linda entró rápidamente a la oficina con un pequeño papel entre manos. En esa pequeña hoja de papel que el ministro había autorizado se encontraba el destino del mundo mágico, el destino de una realidad que sería rasgada, destrozada y devorada pieza a pieza, bocado a bocado. Harry tomó el papel que Linda le daba mientras encogía el expediente y lo guardaba en su bolsillo.

Sin decir nada más, se acercó al perchero del que colgaba su gabardina para tomarla e irse. Justo antes de salir de la oficina sintió un ligero toque en su hombro, giró completamente queriendo saber qué es lo que quería Linda. Cuando la vio ella estaba mirándolo fijamente, la diferencia entre estaturas era notable pero no mucha, ella tenía sus mejillas teñidas de un ligero rubor rosado natural. Al parecer quería preguntar algo pero no se atrevía a decirlo.

— ¿Qué sucede Linda? Tengo prisa— pregunto con desespero, sentía que se le iba el tiempo entre las manos.

— ¿Qué vas a hacer Harry?— A pesar de todos los años de amistad que tenían, ella nunca se había dirigido a él informalmente, siempre fue como jefe-empleada. Harry no supo que decir, nada de lo que haría a continuación tenía justificación para alguien normal, que nunca vivió las atrocidades que él sí. Estuvo a punto de mentir cuando ella se le adelantó.

—Si no quieres, no me digas. Te has comportado muy raro estos días, incluso a veces me daba miedo hablarte, preguntarte que fue lo que pasó que cambiaste de un día para otro. A parte, el permiso y los expedientes del departamento de misterios me dicen que lo que vas a hacer no es bueno. Yo sé que no puedo criticarte…—Ella se detuvo para ver la reacción de él, quien no se había movido ni un centímetro, su cara estaba fija en el suelo, como buscando algo en el para destruir con la planta de su pie. Ella decidió terminar, dado que sabía que no importaba lo que dijera—Hay cosas que he querido decirte desde hace mucho tiempo, pero no las diré hoy. Hoy solo le aconsejo que no haga una estupidez…—sin que él se lo esperara, lo abrazó.

Él lo correspondió más por inercia que por gusto. Ella se sintió soñada al estar entre los brazos del hombre que amaba; no sabía cómo, pero parecía uno de los tantos clichés que se veían en el cine muggle, pero era cierto. Lo amaba, y aunque sabía que él nunca le correspondería, no se detenía en pensar en el "si…".

Su cuerpo parecía una máquina que movió sus brazos, rodeando a su secretaria. Por más calor que expulsara ella, él no sentía nada más que frio por todos lados. La última pizca del hombre bueno y honrado que alguna vez fue soltó las últimas palabras que diría, y aunque esa esencia ya no sonara dentro de él, se apegaría a ellas con su vida.

—No una estupidez, lo correcto…—omitiendo una parte la miro dentro de su abrazó; ella lo miraba anhelante de respuestas, pero él solo dio más preguntas—… ¿Dónde estabas en 1997?— Ella no entendió y aun así le respondió.

—Iba a entrar a Hogwarts, pero mi familia y yo pasamos los primeros meses de guerra como prisioneros en la escuela— El recuerdo llegó a su mente, por lo cual se estremeció. Recordar los agudos gritos de dolor que expulsaban las gargantas de los alumnos siendo torturados y el olor a sangre que expedían los cuerpos inertes de su familia no eran para nada gratos.

Harry solo asintió mirándola con lastima. Sin decir nada más, quito los brazos de ella de su torso y se puso la gabardina saliendo rápidamente de ahí. Pese a todo, ella creyó escuchar un susurro salir de sus labios, un susurro que gritaba "Perdón".

Sin demorar mucho tiempo más, Harry se adentró entre los pasillos y elevadores del ministerio de magia y en cuestión de minutos llegó al piso deseado. Salió del elevador con paso rápido, adentrándose en la habitación circular que era la entrada al departamento de misterios. Justo en el centro se encontraba lo que parecía una puerta blanca y brillante. Y al lado, un escritorio con una anciana con simple vestido gris se veía rodeada de grandes pilas de pergaminos viejos y nuevos. Ella escribía rápidamente y no tardaba mucho en llenar cada hoja con cientos y cientos de palabras que formaban mensajes en clave. Sería tonto que no supiera lo que hacía, si él fue uno de los que propuso ese sistema.

—Necesito acceso al departamento de misterios— dijo apenas llegó hasta ella. El tonó amenazante y autoritario que utilizo despertó a la anciana de su trance para prestarle atención.

—Señor Potter, que agradable sorpresa— dijo ella cuando se percató de quien era quien le hablaba. El dulce tono de voz que utilizó no tuvo efecto alguno sobre Harry que decidió repetir su oración.

—Necesito acceso al departamento de misterios—nuevamente, la petición vino acompañada de un tono siniestro y profundo que retumbo en los ya desgastados oídos de la anciana, encerrándola en una jaula de terror psicológico.

—Está bien… necesito el permiso escrito y firmado por el ministro de magia—alcanzo a tartamudear ella antes de perder la poca voz que tenía.

—Tenga— Harry extendió el papel inmediatamente. La anciana lo revisó lo más rápido que pudo, pues el ambiente se iba cargando de energía oscura con el pasar de los segundos. Podía ser su edad o no, pero la dificultad con la que respiraba el aire caliente de la habitación le comenzaba a marearla en sobremanera.

Cuando acabo de revisar el papel, la especie de puerta blanca se materializo en una negra con el picaporte en el centro. El jefe de aurores no se molestó en agradecer y entró por la puerta saliendo a un largo pasillo lleno de puertas a cada lado. En el exterior, la misma misteriosamente cambio su forma de nuevo; de ser de caoba fina y rustica, peso a ser una puerta metálica con cadenas y candados que parecía impenetrable. A Harry no le paso desapercibido esto, de hecho lo esperaba.

Sacando su varita, creó una larga hebra negra que lo envolvió mientras decía en voz alta palabras en lenguaje runico. No tardó mucho en acabar su rápido ritual para recibir un golpe de procedencia etérea que se estrelló contra su pecho, con el impacto llegando directamente a su corazón.

—Número tres… activo— dijo entre jadeos sosteniéndose en sus rodillas. Con un poco aire entrando en sus pulmones, comenzó a avanzar en el largo pasillo, buscando con la mirada la puerta que buscaba. Entre todos los nombres que señalaban el contenido detrás de las puertas, encontró la que buscaba justo en el medio del pasillo. "Mstrs-bjcs" rezaba un grabado arriba de la puerta, Harry entró con total calma.

Cuando se encontraba adentro, saco y cambio de tamaño el expediente que con número de serie 1797-Sttbng. La foto junto a la gran cantidad de renglones llenos de símbolos de interrogación le dijo que buscaba alguna clase de material líquido negro. Entre las largas filas de estanterías que parecían extenderse hasta el infinito, Harry comenzó a buscar el arma que le ayudaría en los años venideros.

Solo se le permitieron quince minutos en el departamento de misterios. Desde lo que había pasado tres años atrás ya nadie tenía permitido estar ahí mucho tiempo más del que se le permitió; desde entonces el papel que se incineraba en la habitación de ingreso a ese departamento era el más largo que se concedió.

Tardó 10 minutos en encontrarse cerca de lo que quería. Lo peor de todo era que recorría los estantes caminando, como si tuviera todo el tiempo del mundo, sin preocuparse por nada. Dos minutos más después, encontró el material líquido vertido en una esfera de vidrio mágico. Lo admiró por unos segundos, tal vez un minuto, pero en cuanto tocó la esfera, esta se rompió y el líquido negro con tonos rojizos se enredó en su brazo izquierdo quemándolo. Dejando una cicatriz, se desenredo, convirtió en un cuchillo del mismo color y se volvió a enredar sobre el reloj, que cayó al suelo. El extraño material tomo la forma del mismo reloj inmediatamente.

En ninguno de los expedientes se decía que hacía o lo que era, pero Harry recibió todo ese conocimiento en cuanto toco aquel endemoniado objeto. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa de satisfacción antes de que la alarma de su reloj, tirado en el suelo, sonara indicándole que faltaba un minuto para que su tiempo ahí dentro se acabara. Lo recogió y guardó en uno de los bolsillos de la gabardina.

Consciente de lo que se aproximaba, sacó su varita y la agitó sacando pequeños bancos de niebla que en segundos tomaron su forma. Satisfecho con el "clon" de si mismo, hizo un gran esfuerzo para desaparecerse de ahí. Los estantes se agitaban mientras el piso se quebraba por la cantidad de magia que Harry dejo de tras de si para salir del departamento que se encontraba 10 kilómetros bajo tierra.

Se apareció en la afueras de su mansión, en la banqueta mas específicamente, jadeante y con problemas para respirar. Con esfuerzo se acercó a las cercas metálicas para descansar y recuperar la magia perdida. Sentado en la acera, miró a su "reloj" que marcaba las 7:30 pm. Aún tenía tiempo antes de que enviaran a algún escuadrón a sacarlo del departamento de misterios, por lo que pasó 10 minutos repasando cada detalle de su plan.

En cuanto se pudo parar, el reloj marcaba las ocho menos diez. Excitado por lo que vendría a continuación, sacó su varita y recitó varias frases en rúnico como lo hiciera momentos atrás; en cuanto termino vibraciones que emanaban de su varita se transmitieron por todo su cuerpo haciéndole sentir que se desmoronaría en ese mismo lugar. Esa sensación todavía no terminaba, cuando una segunda llego en forma de descargas eléctricas que le freían los nervios, uno a uno.

—Bien…— dijo cuando ambas sensaciones habían terminado. No recordaba la cantidad de dolor que le imbuyó a los hechizos que creó para evitar que cayeran en manos equivocadas. Si el primero que utilizo lo ayudo a salir del ministerio de magia, entonces estos dos serian bastantes interesantes para verlos en acción. Habilidades incrementadas y "Brazos extra" le ayudarían bastante.

—Cinco y seis, activados.

Acomodase el abrigo, entró a su mansión como un fantasma. No había nadie en el recibidor y por las risas que venían de la cocina, supuso que los hermanos se encontraban cenando. Un ligero olor a rosas que inundo su nariz le hizo creer que tal vez interrumpiría algo especial. Sin hacer ruido llegó hasta la entrada a la cocina donde unas velas flotantes iluminaban la estancia, mientras los dos pelirrojos dentro cenaban sin dejar de mirarse. Ambos estaban vestidos muy elegantemente, tal vez celebraban su aniversario.

Tronando su cuello, entró a la estancia carraspeando. Ginebra y Ronald, abrieron sus ojos aterrados mientras se seguían mirando. Ella no tardó en idear una excusa que encubriera su farsa.

— ¡Harry, mi amor! Qué bueno que viniste temprano…—dijo ella levantándose y avanzando hacia él con los brazos extendidos. Sin inmutarse, Harry levanto su mano derecha señalándola, sintiendo como un tercer brazo invisible salía de su cuerpo sujetando a Ginebra en el aire y azotándola contra la pared con fuerza.

— ¡Ahhhh!— El molesto chillido que hizo vibrar los tímpanos de Harry, retumbó en la cocina que se quedó en silencio. Ron miraba con la boca abierta a Ginny y a Harry, que ya había bajado la mano. Ella se retorcía dentro de la fuerza invisible que la sostenía, apretándola poco a poco. Harry pasó de mirar la comida con asco, a verlo a él y sonreír de medio lado.

— ¡¿Qué te pasa Harry?! ¡Baja a Ginny!—gritó en cuanto recupero la voz.

—Mentirosos…—menciono Harry para sí mismo, mirando esta vez al suelo. Ron temió lo peor, al igual que Ginny—…traidores…—dijo elevando un poco la voz—… ¡Incestuosos de mierda!—terminó de decir mirando a Ron con todo el odio que había dentro de él.

—Harry, baja a Ginny o…— Quiso sonar amenazante al no terminar la frase, más el terror que se expandía por cada vena dentro de él terminaba saliendo en su lenguaje corporal.

— ¿o qué? ¿Me golpearas?— se burló Harry sin cambiar la expresión neutra de su cara. Ronald asintió a penas perceptiblemente— Inténtalo, comadreja.

Olvidando que su hermana estaba siendo exprimida poco a poco, Ronald se lanzó al ataque lleno de rabia e impotencia. Los escasos tres metros que los separaban se terminaron en un segundo cuando el pelirrojo estrello su puño cerrado contra la cara del jefe de aurores. Sin perder tiempo, dirigió su otro puño de nuevo a la cara de Harry, seguido de otros más en el cuerpo, arrojando a Harry al suelo.

Jadeante, miro a su mejor amigo levantándose del suelo, cubriéndose la cara. Una sonrisa de satisfacción cruzo sus labios al ver su trabajo; dicha sonrisa no duro mucho al ver que Harry seguía como si nada.

—Mi turno…—dijo Harry acomodándose la quijada. Rápido y certero, encadeno un golpe tras otro en la cara de Ronald, descargando su ira. El hijo menor de los Weasley se vio sintiendo el impacto de cada golpe, sobre su sus costillas y pulmones. Con un de los golpes se estrelló contra la misma pared en la que estaba siendo sostenida Ginebra; a través de sus ojos miraba como Harry tiraba un golpe en su cara, sumiéndole los pómulos, y seguía con otro en la nariz, dejando caliente la zona del impacto.

Quiso sostener uno de los puños antes de que impactara de nuevo, pero la fuerza de Harry era muy superior de alguna forma.

— ¡Déjalo en paz!— gritó Ginebra con lágrimas en los ojos, tratando de soltarse.

Harry se sentía extasiado. Cada golpe que acertaba en el blanco que él quería recargaba sus energías enormemente… y a pesar de eso el odio no disminuía, con el pasar de los minutos este se incrementaba exponencialmente. La cara de Ron acabó deformada en cuestión de minutos, su boca sangraba de forma incontrolable, su nariz rota había detenido el flujo de sangre, haciéndola acumularse y salir por dirigirse a otros lados. Sus ojos estaban negros e hinchados, los oídos le zumbaban.

—Seguramente tienes varias fracturas internas, ¿cierto?— menciono Harry ejerciendo presión en donde creía haber roto más de un hueso. Ronald soltó un alarido de dolor que Ginebra no pudo soportar más.

— ¡Lo siento, Harry!— dijo ella abatida moralmente—Perdón…— terminó perdiendo la voz.

— ¡¿Ah, lo sientes?!— Exclamó Harry lleno de furia, ante la pseudo-disculpa de la arpía— ¡¿Por qué no lo sentiste cuando Hermione te hablaba de mí?! ¡¿Por qué no lo sentiste cuando me envenenabas en la escuela con tus pociones de amor?! ¡No lo sentiste ni siquiera cuando Hermione se sacrificó por mí, MI HERMIONE!

Ginebra estaba si habla y por más que movía la boca para decir algo, no salía sonido alguno de su boca. Harry dio un golpe final a Ronald astillándole tres costillas más, haciéndolo sangrar por dentro. Sin perder más tiempo, con otro brazo invisible saliendo de su pecho sostuvo a Ronald en el aire frente a él. El objeto mágico que sacó del ministerio tomó la forma de un cuchillo que se posó en su mano izquierda y que luego colocó en la mano derecha de Ron.

De nuevo, un tercer brazo invisible surgió de su costado izquierdo, tomando posesión del brazo derecho de Ron. Ronald apenas podía seguir despierto después de brutal golpiza, pero una extraña sensación en su brazo derecho le advirtió que algo malo iba a pasar, pues su brazo no respondía, tomando lo que parecía un cuchillo negro rojizo.

Harry se tranquilizó mentalizándose para oscurecer por completo lo que se encontraba dentro de él, un algo llamado alma que, aunque no en esencia, estaría negra un buen tiempo. Movió sus dedos y al mismo tiempo, el brazo de Ron se levantaba sosteniendo el cuchillo, posándose justo debajo del corazón.

— ¡¿Qué haces?!—preguntó Ginebra con desesperación en su voz recién recuperada— ¿¡QUE HACES, HARRY?!

El joven jefe de aurores la volteó a ver como lo que realmente era: un cascaron que encerraba odio y desinterés por el mundo que lo rodeaba. La mirada hueca e indiferente que le dedicó su esposo le heló los huesos.

— ¿Tu qué crees? Matando monstruos…

El silencio se hizo presente mientras Ronald se enterraba el cuchillo, atravesándose el corazón desde abajo.

Si no fuera porque la casa está protegida mágicamente, los vecinos hubieran escuchado el alarido de dolor que arrojó Ginebra en cuanto el cuchillo salió del cuerpo de Ron, correando sangre. El bulto cayó sin vida al suelo en cuanto Harry dejo de pensar que lo sostenía. Ginny vio que los ojos de Ron extinguieron su luz ahogados en una profunda oscuridad que lo superó.

Tomando el cuchillo del suelo, se acercó a donde estaba Ginebra llorando y gritando aterrada. Queriendo ser al menos un poco piadoso, Harry le atravesó el estómago, dándole una muerte lenta.

—Si alguien viene, di que estoy donde te salve por primera vez. Adiós, mi amor…— dijo saliendo de la cocina, dejando a Ginebra sobre un charco de su propia sangre, sosteniéndose el estómago y con dificultades para respirar.

—Yo lo amaba…—grito ella a penas de forma audible, antes de que Harry saliera de la casa.

—No me hagas regresar, Ginebra…— contestó él desde la entrada de la puerta— No creo que sigas viva para cuando lleguen, pero si lo estas, no intentes resistirte.

Ya afuera, con su gabardina puesta, sacó el reloj dentro de ella. Este marcaba las 8:30 pm. Midiendo el tiempo se lo colocó en su muñeca derecha, mientras que en la izquierda aquel objeto mágico se enredaba nuevamente. Más que listo, con un ligero "plop" se apareció en la oficina de Draco Malfoy.

En el lugar reinaban las pocas cantidades de vapor residual que no podían escapar por los ductos de ventilación que el profesor de pociones tenía instalados. Además de eso, era un completo desastre con ingredientes por aquí y por allá que formaban un pequeño camino a diferentes lados del despacho.

— ¿Ya está listo?—preguntó Harry impaciente. Draco se encontraba mezclando ingredientes en diferentes lados, a diferentes temperaturas y en diferentes cantidades. El estado del profesor era deplorable, tenía puesta su túnica de trabajo que parecía no haber sido lavada en semanas o meses.

—Ya casi…—le contestó bastante concentrado en su trabajo y yendo de un lado a otro—Dame cinco minutos.

—Creí que le habías dicho a Astoria que a las nueve, ¿Cómo es que la tienes antes?—dijo recorriendo el recinto admirando el desastre y oliendo los calderos con las mezclas.

—Sí, pero supuse que vendrías antes, por lo que trabaje el doble de rápido— Harry no o habia visto bien, ero Draco parecía estar bañado en sudor y alguna que otra cosa viscosa de las que se hallaban ahí.

—Muy bien Draco, me parece que si respetare nuestro acuerdo— Malfoy se detuvo un momento ante la declaración, pero siguió trabajando que no tenía sentido empezar a discutir, no ahora que ya había terminado.

— ¡Listo!—Exclamó Draco luego de haber mezclado todas las pociones individuales y comprimirlas en unas cuantas gotas negras contenidas en un frasco del tamaño del dedo meñique. Harry tomó el frasco, admirándolo como si tuviera el objeto más valioso del universo en sus manos.

—Bien hecho, Draco—dijo antes de sujetarlo del hombro— No caerás en la oscuridad, amigo.

—Más te vale, Potter—le contestó como agradecimiento.

—Te veré en otra vida… oh y discúlpame— mencionó Harry antes de salir del despacho y dejar atónito a Draco.

Caminando con prisa por los pasillos del castillo, miró a su reloj, 8:40. Ya era hora, seguramente los aurores estaban llegando a su casa, viendo el desastre de sangre que dejo en la cocina. Desesperado por regresar al lado de su amada, corrió hasta llegar a la cámara de los secretos, donde lo esperaba los últimos vestigios de que ahí vivió alguna vez un basilisco.

Sacando de uno de los bolsillos de su gabardina la bolsa que contenía la caja con el giratiempo, se colocó lo más cerca que pudo de la cabeza de Salazar Slytherin. De nuevo, la magia de Hermione lo extasió al punto de hacerlo dudar sobre el viaje. Determinado a comenzar de nuevo, sacó el giratiempo de su prisión, liberando también la magia de Hermione que se evaporó, en el aire a los segundos.

Impotente, abrió el giratiempo y bañó la arena con las preciadas gotas negras mientras que de su garganta salían sonidos guturales dignos de un demonio… un rey demonio. Con aquello terminado y la garganta lastimada, le dio 13 vueltas al giratiempo mientras pensaba que cada vuelta era un año de regreso en el tiempo.

Cuando la última vuelta había sido dada, en la entrada de la cámara varios aurores llegaban con sus varitas en alto. Eran al menos diez

— ¡HARRY POTTER, QUEDAS DETENIDO POR HOMICIDIO Y ROBO AL MINISTERIO DE MAGIA DEL REINO UNIDO!—Todavía se encontraban lejos, así que Harry se dio la oportunidad de advertirles del peligro que se avecinaba.

— ¡No bajen la guardia, Schremir! ¡Solo sirven los avadas…!— dio el consejo que una vocecilla en su cabeza le daba. Dejó correr al giratiempo libre cuando los aurores estaban a solo metros de él. Para su mala suerte, Harry Potter desapareció en frente de ellos justo cuando se arrojaron sobre él.

— ¡Maldita sea!—dijo el auror que parecía el jefe del escuadrón.

— ¿Qué hacemos capitán Schremir?

—Repliéguense, no debe estar muy lej…— El capitán quedó atónito ante lo que se mostraba frente a sus ojos. Todos voltearon a ver qué es lo que mantenía al capitán tan callado y quieto cuando se encontraron delante de lo que parecía un extraña criatura que momentos atrás no estaba.

Una especie monstruo grande, deforme y musculoso que era bípedo. Color plateado como la luna llena, ojos rojos y grandes dientes los miraba curioso. Los aurores trataban de contener la calma pero era muy difícil, pues alrededor de ellos comenzaron a aparecer cientos de monstruos solo diferentes en su color, saliendo de la nada como si rasgaran la tela de la realidad y se abrieran paso a su mundo.

—Quédense juntos, formación akh— apenas termino la tercera palabra, el primer monstruo soltó un chillido que lleno el corazón de los valientes aurores de temor, pánico y desesperación mientras los demás entes se lanzaban al ataque.

Lo que ignoraban ellos era que en todo el mundo, en cada ciudad y rincón de ese maldito y podrido mundo, Harry Potter había desencadenado el apocalipsis como cada vez que alguien viaja a cambiar el pasado, llevándose consigo aquel objeto que fue resguardado por Merlín mismo en el abismo del mundo, solo para ser recuperado por una chica rubia que lo entregaría al ministerio de magia.

Desde los barrios más bajos de Londres, hasta la alta sociedad del mundo estaban siendo atacados y asesinados por las sanguinarias bestias. Alimentándose de cualquier ser vivo ya fuera niño, adulto o anciano. No pararían hasta dejar ese "mundo" en la nada total.


Lo último que Harry Potter vio antes de regresar a 1994 fue a un monstruo salir de la nada justo detrás de los aurores. Si era eso a lo que se refería la voz que escuchaba en su cabeza, que fue la misma que le dio los secretos del dichoso objeto del departamento de misterios, entonces no tenía mucho tiempo para que el rey demonio viniera a buscarlo queriendo cobrar el precio por usar su objeto.

"Tienes 15 minutos" le dijo la voz en su cabeza. No sabía cómo describirla, pero sí que era mandona.

A un lado de él se encontraba todavía el basilisco en proceso de descomposición, más en los huesos que nada. Sin perder el tiempo, salió la cámara secreta, cuidando que Myrtle La llorona, o lo viera.

Si sus cálculos eran correctos ese día fue escogido como el cuarto participante del torneo de los tres magos. Recordaba que con toda la presión dentro de él, estuvo merodeando por todo el castillo consolándose a sí mismo. Con eso en mente, salió a buscar a su yo más joven para un último hechizo, cuidándose de que Dumbledore no supiera nada de lo que pasaba en ese castillo, al menos por 15 minutos.

No tardo en encontrarse y auto secuestrarse, llevándose a sí mismo a la cámara de los secretos. Se molestó al verse lo pequeño y flaco que era, si tenía eso en cuanta de verdad que tuvo mucha suerte en las aventuras que le configuró Dumbledore. Tenía asuntos pendientes con ese vejete, se recordó.

Ya en la cámara, utilizó otro de los hechizos que creó, ganándose una buena migraña en el proceso. Con diez de los quince minutos ya en el olvido, se apresuró a cambiar de cuerpos con el Harry joven, quedándose con su cuerpo más joven e inexperto.

Viéndose a sí mismo, bueno a su cuerpo adulto, de verdad que era más pequeño de lo que pensaba. El Harry adulto estaba recostado en el suelo, aun desmayado, sin saber el horrible destino que le deparaba. Sintió pena por sí mismo, pero eso era por el bien de ambos.

Faltando dos minutos para el inminente final, tomo el giratiempo de la gabardina y al objeto mágico que ahora sabia se llamaba "Shapeless" en inglés. Eso era lo único que necesitaba en esa época por lo que corrió a esconderse tras de una de las estatuas de serpientes de la cámara, antes de que su otro yo tuviera el mismo destino que el mundo que dejo atrás… bueno adelante.

De repente la realidad se comenzó a rasgar, abriendo una gran ventana que dejó entrar a un ente parecido a un dementor, salvo que más grande, con una corona dorada y una hoz que fácilmente triplicaba la estatura del Harry adulto.

— ¡HARRY POTTER!— las paredes retumbaron ante la espectral voz, que destilaba fuerza y poderío en grandes cantidades. El Harry adulto despertó de su letargo sosteniéndose la cabeza, talvez por la migraña que se quedó en su cuerpo. Asustado y confundido por su altura y sus vestimentas comenzó a aterrarse.

— ¿Qué pasa? ¿Qué me pasó?... ¡Ayuda! ¡Ayuda!

— ¡POTTER!— EL gran ente se aceró rápidamente a él— ¡TUS ACCIONES TIENE QUE SER PAGADAS… CON TU VIDA!

— ¡¿Qué es lo que eres?!

—TU FIN… NO PUEDE HABER DOS HARRY POTTER EN UNA MISMA ÉPOCA CON TANTOS AÑOS DE DIFERENCIA... DEBES MORIR EN TU TIEMPO Y PAGAR POR LO QUE HAS HECHO…—Harry en su cuerpo joven sabía que eso pasaría y la siguiente oración del gran ente se lo confirmo— ADEMAS, EL ASESINAR A GINEBRA WEASLEY CON EL ARMA QUE MERLIN ME ARREBATÓ EXIJE UN PRECIO EXTRA

Acto seguido, el ente tomó a Harry con una de sus manos y atravesó con él el portal, al tiempo que él lanzaba alaridos de Horror y desesperación. En un segundo, todo volvió a la tranquilidad que siempre reinaba en la cámara de los secretos.

Saliendo de su escondite, Harry echo un vistazo a la cámara. El basilisco seguía ahí, inmóvil, como fiel testigo de que el destino seria cambiado. Tomándose el largo cabello y acomodándose las gafas se miró de nuevo. Su uniforme era exactamente igual a como lo recordaba.

—Lo logre... ¡lo logre!— Dijo Harry en su nuevo cuerpo, mientras salían lágrimas de felicidad de sus ojos. En ese momento se dio cuenta de varias cosas: se había quedado con un poco del alma pura del Harry de 14 años, aunque la suya oscura predominara. La siguiente era que de nuevo tenía al horrocrux dentro de él. Además del hecho de que todos sus conocimientos seguían con él.

Repasando rápidamente los pros y contras de esto, supo que podría aprovecharlo para sus planes futuros. Revisó sus bolsillos y manos, asegurándose de que el giratiempo y el shapeless se encontraban con él, además de su varita.

Recordando exactamente a que había vuelto, no se contuvo y comenzó a correr. Saliendo de la cámara y recorriendo cada pasillo. Corrió por todas partes, viendo a sus compañeros caídos en batalla, alegrándose de que siguieran vivos, a pesar de que en ese momento lo consideraban un tramposo.

Corrió de un lado a otro buscando a alguien en específico, hasta que la encontró.

Hermione estaba en la sala común de Gryffindor, leyendo su libro favorito, "Hogwarts: Una historia". Se veía tal y como la recordaba en ese año de escuela. Su pelo castaño enmarañado, los ojos cafés y su piel blanca. Le dieron ganas de correr y abrazarla justo ahí, pero no quería ser el centro de atención nuevamente en dos días.

Aunado a eso, sentía que las lágrimas querían correr de nuevo por sus mejillas al ver que el rosado en sus mejillas seguía ahí, que su respiración era acompasada y que seguía viva. Viva para vivir feliz con él.

—Psst— hizo él tratando de atraer su atención. Ella inmediatamente reconoció el timbre de voz y subió la mirada para encontrarse con Harry indicándole que saliera de la sala común. Lo hizo inmediatamente pues vio en los ojos de Harry un matriz vidrioso.

— ¿Qué sucede, Harry?— dijo ella saliendo al corredor. Sin esperarse lo que vendría se sorprendió al ser abrazada por un Harry no solo más afectivo, sino que tenía lágrimas en sus ojos.

—Te extrañe, Hermione. Te extrañe mucho…— repitió reforzando el abrazo que ella correspondió un poco confundida.

—Pero si hemos estado juntos desde finales del torneo de Quidditch…la última vez que nos vimos fue hace un par de horas…

—Sí, un par de horas que a mí me parecieron años…Por favor no me sueltes— ella confundida sonrió para sus adentros, alegre de que el único chico que le gustaba le pidiera su atención y solo la de ella.


Hola a todos de nuevo, aquí nos encontramos con un nuevo capítulo perteneciente a este reto llamado "En el filo de la oscuridad". Espero que le haya gustado, pero antes de ir a las respuestas de los reviews, quisiera comentarles unas cosas.

Antes que nada gracias por todos los follows y favoritos, se siente muy bien que a la gente le guste lo que mi loca cabeza tiene que transmitir. Ahora, quisiera pedirles que no se acostumbren a la longitud que tuvo este capítulo, pues como justo ahora estoy en la universidad no creo tener tanto tiempo como para hacerlos de esta magnitud. Tratare de mantener cierto promedio en todos los capítulos, pero también tratare de hacerlos tan largos como me sea posible.

En la próxima actualización de mi otro fic "La lección que jamás aprendí" también habrá algo parecido a esto. Pero ahí lo explicare con más detalle.

Sé que hay gente que les gustan largos, pero a otra no tanto, por lo que les pido que me lo comenten en los reviews por favor. Esa es otra cosa, les pido encarecidamente que me ayuden a mejorar dejándome un review; de verdad que aunque no lo parezca, a los escritores nos agrada demasiado recibir sus reviews pues nos ayuda a saber exactamente qué es lo que estamos haciendo mal y como mejorarlo.

Y si ustedes no nos expresan lo que sienten o al menos nos dicen si les gusto el capítulo, nosotros no tenemos idea de cuál fue su reacción, además de que la calidad no podrá aumentar si seguimos haciendo lo mismo.

Por último, dos cosas. La primera es que también me digan cómo les parece mejor las respuestas: Incluidas en el texto al final o respondiéndoles directamente a través de un PM, como ustedes prefieran.

La otra es hacer mención de las demás participantes de este reto, aunque talvez alguien de aquí ya este leyendo su historia también. Son las siguientes, apóyenlas y déjenles un review por favor:

—"En el filo de la oscuridad" por PrincesLynx

www . Fanfiction s / 10578761 / 2 / En – el – filo – de – la – oscuridad

—"In the Shadows (En el filo de la oscuridad) por Nanny PGranger Evans Cullen

www . fanfiction s / 10561459 / 1 / In – the – Shadows – En – el – filo – de – la – oscuridad

—"Fuego en el alma" por yunipotter19

www . fanfiction s / 10543836 / 1 / Fuego - en - el – alma

Los links van con todo junto. Ahora si a los reviews!

Maryluna: Gracias por tu review, realmente espero que la continuación te guste. En cuanto a ellos supongo que la idea me vino como "Vaya, creo que esto sería poco común… pongámoslos".

PrincesLynx: ¡Hola chica! Qué bueno que te gusto el inicio y espero que este capítulo de haya gustado de igual forma. Gracias por el cumplido, pero creo que aún me falta un poco más para que los sentimientos sean más reales. Con ron y Ginny, igual como ya comente, pensé nadie los pondría de esa forma regularmente. ¡Nos leemos!

HGHP95: Aquí está el otro cap. Espero que te gustara, por cierto, me dio gusto volver a ver tu nombre en los reviews. Nos leemos!

Chobits3: Gracias por tu review. Yo también pensé eso cuando escribía este capítulo, aunque me hubiera gustado dejarlo más demente. Nos leemos!

Ana C: Aquí está la actualización, espero que te haya gustado.

Nanny PGranger: Gracias por el review, a mí también me gusto tu historia. Hay aglo en tu review que no me cuadra muy bien, algo de que es parte de la historia, espero me lo puedas aclarar. Espero ansioso la actualización de tu cap. Nos leemos!

Angelinarte: Hola Angelina, gracias por el review. Qué bueno que te gustara tanto el cap, también gracias por las buenas vibras. No se exactamente si lo que hizo Harry en este capítulo sea a lo que te referías (probablemente no :P), pero espero que te haya gustado de igual forma, Nos leemos!

Vaale lagos: Aquí esta! :D

Renesmee Black Cullen1096: Aquí esta la continuación, espero que haya sido de tu agrado.

Yunypotter19: Gracias por el review. Creo que es lo que he estado diciendo, que no pensé que alguien los uniera de esa forma, pero a decir verdad sentía un poco de miedo en cuanto a la forma en la que la gente respondería. Pero bueno, me alegra que te gustó, y espero que este lo haya hecho de igual forma. Nos leemos!

¡Gracias a todos!