Hola! Aquí vengo de nuevo, no os acostumbréis a que esté diariamente ehh! Solo es que estoy teniendo algo de tiempo extra ;)

Manu Rocha: Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii jajajaja

Nurf: Como siempre gracias! ^^ Espero seguir encontrando esas risas y sonrisas con estas "locuras" sobra decir que esta seguirá el mismo estilo de la otra historia. (Algo pervertido si que es ehhh jajaja pero acaso podría ser de otra forma?)

Katherine: ¿Cómo que ya está? Por supuesto que solo ha empezado! (Menos mal que conseguí que dejaras de odiarme! Jajaja)

Bloody: Muchísimas gracias ^^

DuLce aMoR: Gracias! me alegra que te gusten mis historias y esta la continuaré claro que sí, hasta llegar a un sábado cualquiera!

Hatake Nabiki: Ahhh no creas que no lo pensé! Pero no pueden ir al baño! Así de cruel Sloughorn que les encerró sin más!

Mariapotter2002: Exacto! Ya sabeís como acaban humm jugais con ventaja! Jajaj peeero la semana promete ser como dije, una serie de catastróficas desdichas. Hasta pena me dan jajaja Besos!

BlueJoy: Aquí llega el siguiente! ^^ Muchísimas gracias!

Gracias a todos por seguir ahí y por el apoyo a continuar.

Besos y saludos

AJ

Disclamer: ¡A mi que me registren! Uso a los personajes y al mundo de JK R sin beneficio ninguno, solo por el mero hecho de enredar ;)


El castigo Segunda Parte

Más de una hora y tres pergaminos de apuntes después, Hermione levantó la cabeza de los libros y miró hacia el travestido Draco con la mandíbula desencajada. Intentó hablar pero no le salían las palabras y sintió que sus mejillas se acaloraban, subiendo alarmantemente su temperatura corporal.

¡Qué ignominia! ¡Qué descaro!

Malfoy había dejado la pluma sobre un pergamino completamente en blanco y tiraba del cuello de la camisa casi metiendo toda su cabeza por él. A saber cuánto tiempo llevaba ese energúmeno con la cara dentro de su ropa mirando… Oh Merlín.

— ¡Cerdo! — Le golpeó en la cabeza con uno de los libros, o se golpeó a sí misma más bien… que raro era eso de autolesionar su cuerpo.

Malfoy sacó la cabeza de golpe y soltó un espectacular quejido cuando su pelo se enredó en un botón.

— ¡Aaaaaaauuuchhhhhhh!

— ¿Qué haces imbécil? — Hermione se levantó corriendo y se lanzó a desenredar el mechón antes de que aquel bárbaro que seguía quejándose y tirando la dejara calva — ¡Mi pelo!

— Pelo dice — gruñó él — esto es un matorral enredado y feo. Te haría un favor arrancándolo todo.

Ella le dio otra colleja, esta vez más fuerte y apartó su pelo con eficacia y rapidez.

— ¿Has visto algo? — Le miró molesta — a parte de mis tetas, quiero decir. Algo sobre nuestro problema.

La cara del Slytherin era un poema. Arrogante, con aquella mueca de odiosa superioridad innata en él sí, pero con los ojos ligeramente más abiertos de lo normal, si de entre sus labios hubiera escapado un "ups" a Hermione no le hubiera sorprendido ni pizca. Claro que lo que salió fue un esperado:

— La sabelotodo eres tú ¿Para qué molestarme yo?

La castaña boqueó y cerró los puños con fuerza.

— ¿Para qué perder el tiempo?

De pronto todo lo vio rojo. Hasta aquí, pensó. Desde que todo aquello comenzó había tenido que aguantar a aquel lujurioso intento fallido de hombre narcisista y grosero. Ya estaba harta.

Entrecerró los ojos y buscó unas tijeras entre las cosas de Sloughorn. Cuando las encontró sonrió como una enajenada, Draco se estremeció ligeramente pues aquella mirada de loca le recordaba de forma exagerada a la de su tía Bellatrix. Sobre todo cuando abrió y cerró aquel instrumento que, de repente le parecía espeluznante.

Una idea inverosímil se le pasó por la cabeza y la descartó, ni siquiera esa insufrible impura sería tan idiota… Sí que lo era, sí. De pronto vio, con fascinado horror como sus propias manos agarraban las puntas de un mechón de su perfecto pelo platinado y como aquellas atroces tijeras lo cortaban de un tajo a la mismísima altura de su cráneo. Su grito habría retumbado en todo Hogwarts si no hubieran estado en aquella insonorizada aula de pociones.

— ¡NOOOOOOO!

Se abalanzó sobre ella… O sobre su cuerpo más bien, no antes de que aquella trastornada mental metiera otro tajo a su cuidada y perfecta melena.

Mientras su yo físico reía como loco ambos pelearon por la posesión de aquel aparato de tortura. Pero Draco no contaba con que ella tenía ahora más fuerza física. Cayeron al suelo y rodaron hasta que finalmente ella quedó sobre él sentada a horcajadas sobre aquel cuerpo femenino, con las tijeras en la mano, cortando mechones ante un incrédulo y frenético Draco que vio como aquella pirada le dejaba la cabeza llena de calvas, con alguna greña larga entre medias.

— ¡Imbeeeecil! – Se desgañitaba con aquella voz de marisabidilla repelente — ¡Estúpida sangre sucia! ¡Esto no quedará así!

— ¿Vas a llorar hurón quejica? — Ella temblaba aún furiosa. Hermione tenía ganas de reír y de golpearle a partes iguales — Te he hecho un favor Malfoy. Así estás guapo y todo. Solo lamento no poder inmortalizar el momento.

Despistada como estaba pensando en lo genial que sería poder hacer una foto a la que ahora era temporalmente su cara, no se dio cuenta en que aquella astuta y escurridiza serpiente aprovechó el momento para arrebatarle las tijera y cortar una enorme mata de pelo castaño delante de una espantada Hermione.

— ¡Te odio!

Se echó sobre él para impedir que siguiera cometiendo aquel acto atroz y con esfuerzo pudo arrebatárselas y lanzarlas contra el rincón.

Ambos se miraron a los ojos con rencor y con ira apenas contenida, respirando agitadamente. Despacio, muy muy despacio, Hermione se levantó y él la imitó, cada uno de ellos controlando sus movimientos, temerosos de desatar la furia del otro o la suya propia con cualquier gesto brusco.

La castaña finalmente suspiró cuando su arrebato de ira se esfumó y se dejó caer en una silla apoyando los brazos en la mesa y hundiendo en ellos la cabeza.

Si seguían así nunca saldrían de aquella clase.

— Malfoy tenemos que trabajar juntos si queremos arreglar esto.

— ¿Estás loca? — Ella parecía desinflada ya, pero él estaba más tenso si cabe que antes, mirándola con ojos desorbitados. Señaló su despeluchada cabeza — ¡Mira lo que me has hecho! ¿Qué trabaje contigo? ¡Ja! ¡Cuando pille de nuevo mi varita más te vale correr estúpida y desequilibrada sangre sucia!

Ella rodó los ojos

— También mi pelo está hecho un desastre.

— Eso no es nuevo Granger, siempre ha estado hecho un desastre.

La chica inspiró con fuerza y se cuadró tomando una decisión.

— Pues hagamos una tregua entonces, hasta recuperar las varitas. Si no trabajamos juntos nos quedaremos así — les señaló a ambos — ¿De veras quieres seguir siendo una mujer Malfoy? Pensé que había quedado claro que no eras gay ni travesti…

El la miró con ceño y levantó una de las comisuras de su boca en un gesto de asco típico de él.

— ¿Mujer? Apuntas demasiado alto — Suspiró sobreactuando — Pero no quiero permanecer en este cuerpo impuro, ahí no te equivocas. Haremos una tregua hasta que ese profesor loco nos devuelva las varitas y entonces… — sonrió como saboreando aquel momento futuro.

Hermione estiró la mano y él la miró con repulsión.

— ¿Te asquea tu propia mano Malfoy?

Aquella maldita tenía razón. Se encogió de hombros y la estrechó con firmeza, ignorando completamente aquel calambre que se dieron ambos al tocarse.

— Vale — Ella se acercó a los pergaminos que tenía sobre su mesa y los estiró sobre la superficie. — He estado mirando posibles formas de recuperar nuestros cuerpos. No sé que poción nos dio Sloughorn, ni que hechizo usó, de modo que es difícil encontrar un antídoto, pero sabemos el color, el olor y el efecto del filtro que usó en nosotros, es lo primero que hay que avriguar. He descartado un buen montón y hecho un resumen sobre lo que sabemos hasta ahora.

Draco la miraba asombrado y, en cierto modo, aunque nunca lo admitiría, admirado.

Leyó el pergamino, ella había anotado que la tonalidad de la poción era de un morado claro y que olía a cardamomo, ruda y clavo, los tres ingredientes estaban entre interrogantes, como si se preguntaba si formaban parte de la poción en sí o solo era el aroma. También ponía que era un sabor fuerte, intenso no desagradable pero de textura espesa.

Curiosamente él no había testeado la poción al beberla, no como ella que parecía no desconectar su cerebro de su cuerpo nunca. Aunque ahora que recordaba…

— El sabor era ligeramente dulce, me recordaba a la vainilla.

Ella le miró pensativa y cogió la pluma asintiendo. Agregó varitas de vainilla a las interrogaciones y cogió otro libro.

— Busquemos, si encontramos el filtro será más fácil dar con el antídoto. En cuanto al hechizo creo que es lo menos importante, lo usó como una táctica evasiva. Creo que trataba de confundirnos ¿Desde cuando una poción se activa mediante un hechizo? Nunca leído sobre algo así.

— Yo tampoco. — dijo él agarrando otro de los tomos encuadernados y comenzando a buscar.

El tiempo pasó más rápidamente aún. Draco se columpió en la silla y arrugó la frente cuando su tripa rugió. Dejó el libro sobre la mesa. Debería ser la hora de la cena por como protestaba su cuerpo.

Aquello era bárbaro ¿Cómo podían castigar a alguien sin alimento? ¡La comida era una necesidad básica!

— ¡Ya lo tengo!

El sonido de su voz, o el monumental grito que lanzó en el absoluto silencio en que se encontraban sobresaltó a Draco y perdió el equilibrio.

Hermione nunca, jamás, por muchos años que viviera, olvidaría aquel momento. Ver su propia cara con aquella expresión del más puro espanto no tenía precio. Despcaio, como a cámara lenta, contempló con morbosa fascinación, como la silla caía hacia atrás mientras la boca abierta de Malfoy… o suya, a decir verdad se abría sin emitir sonido alguno antes de caer con estrépito sobre el suelo.

Durante un eterno minuto todo quedó en completo silencio, ninguno habló, ninguno se movió… aunque Hermione dudaba que él pudiera hacerlo. Se mordió el labio horrorizada al sentir la risa burbujear en su garganta. Intentó contenerla pero fue inútil, una risita brotó de entre sus labios y carraspeó intentando dominarse. Por encima de la mesa vio moverse uno de los pies como con un espasmo y no pudo más. Llorando lágrimas incontenibles comenzó a reir con fuertes y sonoras carcajadas que salían de lo más profundo de su alma. Se agarró la tripa y lloró dolorida, tratando de respirar. Draco soltó un quejido y ella volvió a reir sintiéndose el ser más miserable de la Tierra pero no podía parar.

Cuando logró controlarse un poco se levantó limpiando las comisuras de sus ojos y se acercó a él. Su cara le miraba con mal disimulada furia, pero en el fondo, muy en el fondo creyó distinguir un brillo de diversión que se evaporó tan rápido como llegó a sus ahora castaños orbes.

Hermione le ayudó a ponerse nuevamente en posición propia y carraspeó una vez más ocultando un nuevo acceso de risa. Le pasó uno de los libros abierto por una página en concreto.

— Filtro de Conciencia Plena — Leyó — Vaya nombre de mierda. Fácil no era, desde luego. — Hermione resopló pero la ignoró y siguió leyendo — Esta poción es capaz de intercambiar las conciencias humanas.

La elaboró Igneus Bentcour según cuentan diversos archivos y notas fue un experimento exitoso que le valió de estudio sobre la naturaleza humana.

Los ingredientes son… — Se saltó aquello, nada sorprendido al ver que el cardamomo y el clavo eran dos de ellos. Sonrió con superioridad al ver las varillas de vainilla junto a la escama de dragón y las larvas de acromántula. Que asco, pensó al recordar que se había bebido aquella guarrada — El antídoto le llevó casi un año descubrirlo, año que tuvo que vivir bajo la apariencia de su amigo Bartholomew Barlow. Por lo tanto hay quien mantiene que es éste el legítimo creador de la poción Victoria. Llamada así, al parecer porque, según se dice es lo que gritó el susodicho al conseguir elaborarla con éxito.

Draco volvió la página y arrugó la frente ¿Dónde estaba el otro elixir?

— No esta — respondió ella a su muda pregunta antes de dejarse caer a su lado en otra silla — La he estado buscando pero no encuentro ninguna poción con ese nombre. Podríamos intentar encontrarla a través de uno de los dos nombres de los posibles creadores de la fórmula ¡Pero nos llevaría días!

Draco apoyó los codos en la mesa y se golpeó los labios con las yemas de los dedos pensativo. ¿Dónde había oído aquel nombre antes? Se frotó la frente tratando de acordarse los libros de pociones que había leído durante el curso, pero no, había algo que se le escapaba Barlow…De pronto, como si un rayo hubiera caído del cielo iluminándole lo recordó.

— ¡Claro! — Dijo golpeando la mesa — Bartholomew Barlow fue un férreo defensor de la pureza de la sangre. En uno de los libros de la Sección Prohibida — No prestó atención a la tensión que se adueñó de Granger o si lo hizo no le dio importancia alguna — Habla de la constante rivalidad que tuvo con ese Bentcour.

— ¿Y trabajaron juntos?

Draco se encogió de hombros. Entre otras cosas porque le daba igual, él solo quería recuperar su cuerpo ¿Qué le importaban aquellos dos? Estaban muertos mucho antes de que él si quiera naciera.

— Leí algo de esta historia, del tiempo que pasaron en cada uno en cuerpo del otro, Victoria, Victoria — Repitió y chasqueó los dedos — No fue la expresión que usó al descubrir la solución a su problema — dijo con una sonrisa — Lysange se llamaba su esposa. ¡Lys! — Exclamó y habló como si relatara un texto aprendido de memoria — Bartholomew Barlow férreo defensor de la sangre pura, trabajó con el aclamado alquimista Igneus Bentcour y batallaron durante años por los derechos sobre la poción de Lys...

Hermione sonrió y Draco hizo una mueca al ver aquella franca sonrisa en su propio rostro, coronado por aquel vandálico corte de pelo que le había hecho aquella loca. Esperaba por el propio bien de la sangre sucia que hubiera poción crecepelo en la enfermería o en el armario privado de Snape o Sloughorn.

— ¡Aquí está! — Exclamó feliz la chica — Enciende el caldero Malfoy y busquemos los ingredientes, según esto apenas se tardan unas horas en tenerla lista.

Y ambos trabajaron en silencio, cortando varitas de bambú, pesando las pipas de calabaza y midiendo la leche de tejón, sin apenas dirigirse una sola mirada, esperando que aquella fuera la última vez en su vida que tuvieran que estar tan cerca el uno del otro.

Por suerte, o por desgracia las cosas rara vez sale n como se espera que salgan.