Al fin te has dignado a aparecer en alguna reunión. Ya era hora. Yo puedo encargarme perfectamente de informarte de lo que ha sucedido, claro. Pero esto es también tu responsabilidad y no puedes ignorarlo siempre. Con la excusa de que los Ichinose no sois bien recibidos por los Hiragi, te escudas para saltártelas siempre que puedes. Eso no está bien, Guren. Aun así, para lo que has venido… Llevas un rato dando cabezadas y soltando algún que otro ronquido bajo. Menos mal que estamos al extremo de la larga mesa y no es demasiado evidente.

Te pego una patada en la espinilla por debajo, haciéndote dar un respingo asustado. Me lanzas una mirada envenenada y yo te sonrío benévolo, de esa forma que sé que odias. Juegas con tus guantes en un intento desesperado por distraerte y controlar los bostezos que pugnan por salir de tu boca. Lo reconozco, a mí también me aburren estas reuniones. No me interesan lo más mínimo, solo me interesas tú. Suerte que estas sentado enfrente mía y puedo observarte cuanto quiera. Qué gran placer~

Yo quiero unirme a tu juego y entretenerme. Subo mi pie deslizándolo por tu pierna, tu rodilla, llegando peligrosamente a tu muslo. Te tensas y me miras con una advertencia implícita. Sigo. Un leve rubor aparece en tus mejillas y no puedo evitar reírme entre dientes. Cómo disfruto con esos pequeños placeres.

Tenri se gira, iracundo, hacia nosotros. Parecíamos dos niños rebeldes a los que habían pillado con las manos en la masa. Nos amonesta y nos echa de la reunión. Estás aliviado por haberse librado de ese tormento a la par que avergonzado por el motivo de la expulsión. Te quejas y despotricas contra mí mientras yo me rio, porque sé que en realidad me lo agradeces pero es más cómodo para ti dedicarme palabras malsonantes.

Y quizá por eso te amo.


Nota: Tenri es el jefe de la familia Hiragi.

Shinya nos ha salido juguetón~