Tal vez el gesto que solía hacer Nijimura Shuuzou con los labios, ese famoso pico de pato, no era el epítome de la inteligencia ni daba la mejor referencia sobre su persona. Pero también era bien sabido que nunca había que juzgar al libro del patito feo por su portada; él no tenía ni un solo pelo de tonto, ya era cosa de cada quien si lo creían o no.

Por eso se daba cuenta de lo que pretendía hacer Tatsuya.

Entrecerró los ojos, siguiendo con la mirada a quien bien podría caer en la categoría de "mejor amigo" desde que llegó a Los Ángeles, aligerando la pesada carga que era su situación familiar con su padre. Sabía perfectamente de qué pie cojeaba Tatsuya, lo atractivo que resultaba ser (la primera vez que lo conoció se dijo a si mismo al menos unas veinte veces que era hasta más guapo que Kise, pero prefería no darle tantas vueltas a ese episodio de su vida) y la malicia que podía llegar a demostrar. Malicia que había escogido a Midorima, precisamente a ese Midorima, como blanco.

De hecho, en ese momento Tatsuya hablaba con Midorima sobre los tiros de largo rango de éste último, innecesariamente cerca de él. Y claro, el pobre de su ex compañero estaba en serios aprietos, poco acostumbrado a la invasión de su espacio personal.

Maldito Tatsuya y su pendejo encanto. Todo era culpa del lunar y el flequillo, seguro.

En todo caso, no era asunto de Nijimura intervenir en las conquistas de su amigo… al menos no aún. Tenía una charla pendiente con él que tenía que hacer sí o sí, pero aún no había llegado el momento. Para ser sinceros, tampoco se moría de las ganas de entablar esa conversación.

Suspiró y se secó el sudor de la cara con su toalla antes de desparramarse sin pizca de elegancias en el banquillo. Joder, los de Shutoku eran realmente buenos. Sí, Midorima había mejorado muchísimo desde la última vez que lo había visto jugar, la cosa aquí era que absolutamente todos los jugadores del equipo eran endemoniadamente buenos. Como Takao y su problemática vista del pollo, o del halcón, lo que fuera, no había entendido muy bien ese pasaje de la cháchara de Midorima.

¿Quién nombraba las técnicas de los chiquillos? Incógnitas sin respuesta.

─Ah, mira ¿Ves a lo que me refería? Esos dos tienen buena química.

Nijimura se giró para encontrarse con Takao, quien despedía un aura de felicidad pura mientras observaba a Tatsuya y Midorima, como si fuese él quien estaba viviendo un romance épico. Ah, ese chico en verdad se tomaba muy enserio su trabajo como cupido de quinta. Lo preocupante aquí era que Takao no estuviera dispuesto a ayudar a su mejor amigo a huir de la situación, sino que insistía en empujarlo más y más al despeñadero. Midorima tenía que replantearse sus amistades urgentemente.

─ ¿En serio? ─Nijimura le echó una ojeada rápida a la extraña pareja y se encogió de hombros─. Será. Aunque creo que Midorima está a punto de huir por patas.

─Pues algún día se tenía que acostumbrar Shin-chan a interactuar con las personas, para variar ─contestó Takao, poniendo los ojos en blanco─. Además creo que a Tatsu-chan también parece interesarle.

Nijimura gruñó por toda respuesta. Claro que a Tatsuya le interesaba, no era ningún ciego y mucho menos era tonto, no tendría la vista del pollo como Takao, pero sí tenía neuronas funcionales, gracias.

─Oh, mira, acá vienen. Actúa natural, Shuu-chan, como si no hubiéramos estado planeando su futura relación.

─Pues no estábamos haciendo eso, eres tú el único con la calabaza mental ─espetó Nijimura en voz baja, girándose para mirar a los chicos en cuanto llegaron─. Hey, buen partido Midorima. Ya casi olvidaba lo aterradores que eran tus triples, luego vas y los mejoras ¿De qué vas?

─Naturalmente, no podría jugar en Shutoku si no estuviera practicando ─contestó Midorima, ajustándose las gafas─. Pero usted también ha mejorado, Nijimura, en verdad.

Eso le sacó una sonrisa a Nijimura. Midorima no había sido presuntuoso de más en Teiko como algunos podrían creer; más bien era firme creyente de la responsabilidad y un poco pomposo para hablar, al más purito estilo de Akashi. Tanto compromiso en una simple actividad curricular conllevaba a que Midorima hiciera lo humanamente posible por seguir conseguir que todos se comprometieran como un verdadero equipo al igual que él, pese a que todos fueran insoportables a su manera.

Pero aparentemente ahora valoraba más a sus compañeros y eso a Nijimura le inyectaba la tranquilidad que le hacía falta desde que dejó de tener noticias de su equipo. Si Midorima estaba bien, seguro los demás también ¿Verdad?

─Ah, seguro que esos tiros son de los más impresionantes que he visto ─dio la razón Himuro, mirando de refilón a Midorima─. Si pudiera hacerlos sería un arma muy valiosa para nuestro equipo.

─Me parece que subestimas tus propias habilidades. El Tiro Espejismo es complejo y jamás había visto el uso de ese tipo de técnica, para ser honestos.

─Estás exagerando, Shintaro.

─Me ofende que pienses de esa manera. Odio las mentiras.

Nijimura los miró incrédulo ¡Y no era para menos! Ese era el intento más patético de coqueteo que había visto en la vida, pero entendía por qué Tatsuya lo estaba haciendo de esa forma: Sólo así iba a funcionar con Midorima. Takao, para variar, estaba haciendo todo lo que estaba a su alcance para no partirse de risa y, como era de esperarse, falló de la manera más chapucera.

─Bueno ¿Y qué han pensado sobre lo del fin de semana?─preguntó Nijimura, cambiando el tema tan pronto como pudo. No estaba en contra del florecimiento del romance en el campamento, pero no quería estar presente para ver eso si no era estrictamente necesario─. Sé que habíamos dicho que fuéramos a Disneylandia, pero Takao quiere ir a visitar Long Beach.

Midorima enarcó una ceja, mirando con desconfianza a su compañero.

─Creí que ir a Disneylandia era tu sueño. Me hablaste dos horas enteras de ese parque en el avión.

Esas dos horas habían sido un infierno, cabe añadir.

─ ¡Y lo sigue siendo! Pero ahora me apetece más ir a ver el Queen Mary y eso ─contestó Takao─. Y caminar en la playa ¡A Disneylandia podemos ir luego!

─Ya, pero si es así vamos a necesitar un auto para ir ─observó Nijimura─. Yo aún no saco el permiso.

─No importa, yo tengo el mío. Estoy seguro de que mis padres me dejarán tomar el auto si les digo que voy con ustedes.

Nijimura se mordió la lengua para no soltar ninguna idiotez. Increíble que Tatsuya intentara pasar como lo que no era frente a Midorima y Takao: un niño bien portado. Si él bien sabía que iba a tomar el auto se lo dejaran o no.


Al final Tatsuya sí que había tomado el auto sin avisar antes, pero, tal y como él mismo le explicó a Nijimura, ese era un detallito sin importancia. Ya se esperaba algo así desde un inicio, pero de todas formas él estaba allí para hacerle ver a su amigo cuando la estaba cagando.

─Eres de lo peor, Tatsuya y estás consciente de eso ¿Verdad?

El muy descarado se limitó a exhibir su sonrisa leonardesca, recargado en el auto híbrido de sus padres ¡Cuánta cara!

─Lo hice por un bien mayor, no tengo muchas ganas de decepcionar a nuestros invitados. Sé que mis padres entenderán cuando les explique.

Nijimura lo apuñaló con la mirada, pero se limitó a encogerse de hombros. Al final tenía cosas más importantes por las que enfadarse, como que se sentía desvelado después de echar varios partidos con sus hermanitos y la consola.

─Ya ¿A qué hora citaste a Midorima y Takao?

─A las siete. No deben de tardar, Shintaro es una persona muy puntual ¿No?

─Ajá ─asintió Nijimura, recordando de pronto un tema del que quería hablar con Himuro─. Hablando de él ¿Qué pretendes, Tatsuya? Todo éste asunto ya no me está dando buena espina.

─ ¿Qué pretendo de qué? ─preguntó Tatsuya─. Lo dices como si estuviera planeando algo.

─Eso es lo que digo ¿Crees que me como los mocos o qué? Como si no viera que estás tratando de echarle la soga a Midorima.

Tatsuya entrecerró su ojillo visible, juzgando a Nijimura con la mirada.

─No hago nada malo, Shuu, claro que Shintaro me parece interesante y eso no tiene por qué ser un problema.

─No, no tiene por qué serlo, pero oye ─Nijimura suspiró, armándose de paciencia para lo que iba a explicar─. Mira, Midorima se toma las cosas muy en serio y eso incluye a las relaciones, la cosa es que él está de pasada. No estoy diciendo que sea tonto, él sabe perfectamente al juego que se traen, si decide jugarlo o no es cosa suya.

─Sigo sin ver el problema aquí.

─No lo habrá si te abstienes de hacer algo que me lo confunda. Lo único que digo es que quiero que te midas si sólo estás jugando, nada que los comprometa.

Tatsuya guardó silencio al igual que Nijimura durante unos cuántos segundos, sin mover ni un solo músculo de su rostro. Cuando se dignó a hacerlo fue para obsequiar al mundo con una de esas sonrisas enigmáticas tan suyas.

─Es gracioso que aún después de que pasó mucho tiempo desde que lo viste aún quieras ver por el bien de tu compañero. Quién diría que serías tan buen capitán.

─Oye, cuida tu tono─ espetó Nijimura, azorado─. No lo digas como si suena tan difícil de creer.

─Lo siento. Oh, pero te estás preocupando de más, Shuu, no es como si Shintaro y yo estuviéramos saliendo o algo. Sólo somos amigos ─le dio una palmadita en el hombro─. Te estás adelantando demasiado a todo.

─Ya sé, es asunto de ustedes. De todas formas no hagan nada estúpido.

─ ¿Cuándo he hecho yo algo estúpido?

Antes de que Nijimura pudiera mencionar el hecho de que Tatsuya había despojado a sus padres de su auto se escuchó un barullo aproximándose lento pero seguro. Claro que la fuente de tanta contaminación auditiva no podía ser otra más que la bocaza de Takao Kazunari hostigando a Midorima con su cotorreo.

En cierta manera, Nijimura jamás se había sentido tan contento de escuchar su voz. La conversación con Tatsuya sobre sus intenciones con Midorima había sido tan estúpida como incómoda y no tenía ningún deseo de seguir viviendo la experiencia después de haberse comportado como un completo imbécil entrometido. Mejor que se hicieran bolas ellos mismo, él no iba a inmiscuirse más en sus asuntos.

─Hasta que llegan ustedes dos ─les gruñó apenas llegaron hasta ellos.

─Es culpa de Shin-chan, que no encontrábamos su artículo de la suerte en ningún lado ─se deslindó Takao del problema─. Uff, y si crees que nos tardamos deberías de ver cuando me toca pedalear la carretilla con él encima. Eso sí es eterno.

Mientras Takao le contaba a Nijimura los pormenores del maltrato que sufría a manos del pérfido de Midorima, éste se encontraba más atento manteniendo contacto visual con Himuro Tatsuya y su ojillo descubierto.

Sólo tuvieron que pasar un par de segundos para que esa mirada lo atrapara, sumergiéndolo en un mar de sentimientos que no lograba identificar, a falta de haberlos experimentado alguna vez en su miserable vida. Se sentía abrumado por esas emociones y por las preguntas que inundaban su mente; Himuro era una persona misteriosa ¿Qué pretendía? ¿Por qué no podía terminar de leer su rostro? ¿Qué demonios tenía su ojo izquierdo que insistía en cubrirlo con su cabello? Tal vez era bizco.

Al final, consciente de que estaba quedando como un verdadero pasmado, consiguió asentir levemente con la cabeza a modo de saludo y en un intento por parecer digno, pese a que Takao seguía despepitando todas sus atrocidades contra él.

Por alguna razón, Himuro parecía encontrar ese asentimiento digno de una leve sonrisa. Lo dicho: A saber qué clase de pensamientos retorcidos tendría en su cabecita. Lo malo aquí era que Midorima sentía que tenía la obligación de desentrañar esos misterios.

Apretó su artículo de la suerte, una revista de chismes de la farándula y decidió no mirar de más a Himuro. Que estuviera ese día primero en el ranking de la suerte no quería decir que debía ir por ahí tentando al destino.


El aire acondicionado del automóvil era uno de los inventos más maravillosos jamás ideado, especialmente en un lugar como California, ese sitio que no tenía nada que envidiarle a la temperatura del infierno ¿Qué había hecho esa pobre gente para merecer semejante ola de calor?

Cuando bajaron del auto casi se les queda pegado su cuerpo en los asientos de piel de tanto sudor. Asco. Asco y dolor al tener que zafarse de allí a la fuerza, casi dejándose el cuero detrás.

─No entiendo cómo pueden aguantar semejantes condiciones ─comentó Midorima, tomando un trago de su bebida hidratante tras salir del asiento trasero junto a Takao.

Claro que no hay mal que por bien no venga y en éste caso el bien fue que Takao estaba tan deshidratado que en el camino no estuvo armando tanta bulla. Sí, lo hizo, pero pudo haber sido peor, para ser sinceros.

─Al final acabas acostumbrándote ─contestó Nijimura, bajando su mochila de la cajuela─. Entonces ¿Qué hacemos primero?

Himuro y Nijimura no mostraron tanto interés en la vista que les ofrecía el lugar, pero para Midorima y Takao era una historia diferente: Ver el vasto mar, centelleante a causa del intenso sol, así como el imponente Queen Mary varado cerca de ellos era todo un espectáculo. Al final de cuentas no parecía una mala idea haber elegido Long Beach para pasar el día, independientemente de las oscuras intenciones de algunos.

─ ¿Por qué no vamos a ver el submarino ese? ─propuso Takao, recuperando de una sola toda su vitalidad para señalar la atracción turística cercana al Queen Mary─. Y después nos vamos a ver el Titanic.

─Ese no es el Titanic ─corrigió Himuro con infinita paciencia. Como se notaba que no llevaba tantos días lidiando con Takao─. Ese se hundió hace un siglo.

Justo cuando Nijimura pensaba que nadie podía mostrar tan poca lucidez como Aomine o Kise llegaba otra persona a romper los esquemas.

─Aparentemente el submarino se llama Scorpion ─comentó Midorima, tomando uno de los folletos que había tomado prestado del capitán Miyaji, optando por ignorar la estupidez de su amigo por esa ocasión─. Y corresponde a la época de la Segunda Guerra Mundial. Interesante.

─Scorpion es un nombre genial ¿No crees que es como si hicieran honor a nuestro signo, Tatsu-chan? ─soltó Takao en un fallido tono casual─. Claro, porque nosotros los escorpiones somos fascinantes.

─Tú no eres fascinante, Takao ─le informó Midorima. No iba a mentir y ponerse a negar que Himuro no fuera interesante, pero a Takao sí que había que sacarlo de su error.

─Se puede dar un tour dentro del submarino ¿Quieren entrar? ─preguntó Nijimura, dispuesto a cortar las malas vibras del pequeño grupo.

─ ¡Yo sí! Aunque no se ve muy grande desde aquí ─comentó Takao, inspeccionando el submarino.

Ciertamente, por fuera el submarino no parecía tan grande, pero una vez que estuvieron adentro comenzaron a entender por qué era todo un recorrido. Un recorrido claustrofóbico.

─Takao, por el amor de Dios, no se te ocurra tocar nada.

A Midorima no le parecía buena idea haber dejado que Takao entrara al bendito submarino, debería haber una ley que lo prohibiera. El espacio para recorrer el interior era minúsculo tanto a lo ancho como a lo largo, y la idea de que su compañero estuviera manoseando los botones o cualquier otra cosa potencialmente peligrosa no le dejaba estar en paz. Tan concentrado estaba imaginándose el peor de los escenarios que apenas y podía mirar el submarino y preguntarse qué clase de mísera vida habían llevado los tripulantes rusos de ese lugar.

─ ¿Estás bien? ─preguntó Himuro, quedándose rezagado con él mientras Nijimura y Takao intentaban pasar por el estrecho conducto que llevaba a otra especie de sección─. Se te ve un poco pálido. Si quieres podemos salir a que respires.

─Estoy bien ─respondió, soltando un suspiro que había estado conteniendo─. Pero meter aquí a Takao fue lo peor que se nos pudo haber ocurrido.

─ ¿Crees? Yo veo que solamente está emocionado, pero es todo.

─Es porque no lo conoces de mucho.

Himuro sonrió divertido y colocó su mano a media espalda de Midorima. Claro que enseguida obtuvo el efecto deseado: El pobre se había quedado completamente estático y hasta parecía que contenía el aliento. Oh, las reacciones de ese chico mustio eran las mejores.

─Intenta relajarte un poco ¿Por qué no dejamos que Shuu se ocupe de él? ─preguntó con un tono de voz tan suave que hasta parecía que no estaba enviando a su mejor amigo como carne de cañón─. Ellos se llevan bien, después de todo.

─En eso te equivocas. Lo que sucede es que Nijimura tiene muy buena mano con personas problemáticas, de verdad.

─Por eso mismo, deja que ellos dos se las apañen solos por un momento.

Himuro retiró la mano de la espalda de Midorima antes de que se le resbalara sin querer hacia abajo. No hay que confundirse, claro que su intención era ver a Midorima nervioso por sus acciones sugerentes, pero él sí tenía clase para darse a entender con la gente por medio de acciones más sutiles. Él era de la opinión de que pellizcarle el trasero al prójimo era de lo más corriente e invasivo.

Midorima, para distraerse y dejar de estar pensando en que el interior del Scorpion (Ahí de nuevo, los escorpiones iban a ser su perdición) era demasiado cerrado y que Himuro estaba compartiendo ese pequeño espacio, se dispuso a seguir con lo que se suponía que había llegado a hacer: dar un recorrido por el lugar con fines turísticos y formativos. Himuro Tatsuya no iba a seguir desviando sus impolutos propósitos con su encanto, no.

─Increíble el estilo de vida que seguramente llevaron los tripulantes ─comentó para hacerse el interesante.

Más que increíble era triste, por no decir deprimente ¿Quién mierda cabía en ese lugar? ¿En esa mesa? ¿En esas camas? Ni Midorima cuando tenía diez años podría haber usado esa camita que le pertenecía al capitán de la tripulación.

Bueno, tal vez tomar a Midorima, monstruosamente alto para su tiernos diecisiete añitos, no era el mejor ejemplo pero la idea se entendía.

─Parece casa de muñecas. Debió haber sido terrible ¿No? ─Himuro tocando el cristal con los nudillos─. Imagina, todos esos días de recorrido desde Rusia hasta acá.

─La guerra nunca ha sido fácil.

Guardaron un momento de silencio que pareció de lo más solemne, eso hasta que Himuro decidió que tenían que continuar el recorrido.

─Mejor que sigamos o Shuu y Kazunari nos dejarán detrás.

Midorima asintió, completamente de acuerdo con la idea. No le preocupaba la idea de que lo dejaran atrás, estar a solas con Himuro no sonaba nada mal. Pero él bien sabía que la tolerancia de Nijimura era bien limitada y le preocupaba que terminara matando todas las neuronas de Takao a base de zapes. No era un gesto de amistad sin límites, eso ni se discutía, más bien tenía miedo de lidiar con él si lo dejaba completamente idiota.

De alguna manera se las ingeniaron para poder pasar el estrecho conducto que llevaba a la siguiente sección, todo para ser recibidos con otro desafío: las escaleras del diablo. Los escalones eran pocos, pero con la estatura de ambos y la altura ridícula del submarino ese seguramente iba ser un reto más difícil que oponerse al poder de la amistad en un partido.

─Bien, aquí debemos irnos con cuidado ─suspiró Himuro, inclinándose para que su cabeza no fuera a estrellarse.

─Cuidado por donde pisas…

Había dicho que tuviera cuidado, pero parecía que los pies de Himuro lo interpretaron como un "anda y tírate, so animal".

Fue en ese momento, en el que Midorima intentó atraparlo y sólo consiguió acercarse a su muerte por aplastamiento, cuando se dio cuenta de que parecía estar viviendo en un cliché.

Mientras agonizaba en el suelo con Himuro encima de él, evocó las series televisivas pastelosas que su madre y su hermana menor solían mirar con pasión efervescente. Ah, allí era típico que la heroína cayera encima del interés amoroso y así iniciara una bonita historia de romance y sentimientos a flor de piel, donde los protagonistas, para el caso Midorima y Himuro, vivirían una serie de obstáculos que tendrían que superar para conseguir salvar su relación. Una relación que no existía, pero bueno.

Efectivamente, Midorima tenía cero experiencias en el ámbito afectivo.

─Oh, perdón ¿Estás bien?

La voz de Himuro Tatsuya lo trajo de la tierra de los muertos a la realidad, pero no fue sólo su voz en lo que reparó. Ya podría ir apartando su rostro, que el flequillo del chico le estaba haciendo cosquillas en la nariz. De paso también podría quitar las manos de su pecho, porque eso no le estaba haciendo ningún favor ni a Midorima ni a su buen juicio. Hasta se le había nublado el mundo.

─Estoy bien ─contestó incorporándose con lentitud.

Himuro bien pudo haber hecho lo mismo, pero hacerlo a medias. Tan fresco él, sentadito en el regazo de Midorima como si fuera la posición más normal del mundo.

─Ten, se te cayeron.

Resultaba que Midorima no estaba viendo borroso como efecto secundario de los poderes del cliché romántico, lo que había ocurrido era que sus lentes había salido volando tras la caída. Menos mal que tenía allí a Himuro, bien dispuesto a colocarlos en su sitio con una delicadeza insólita.

La buena acción de ese chico habría quedado sólo como eso si no hubiera insistido en rozar de más con sus dedos el rostro mientras le ajustaba los lentes. Esas caricias en las mejillas ya tenían muy poco de amor fraternal, Midorima no tenía tanta experiencia en el amor, más no era un idiota; Himuro Tatsuya le estaba provocando, y lo peor era que estaba funcionando.

─ ¿Mejor? ─preguntó Himuro, haciendo uso de su tono de voz más suave. Y seductor, no nos olvidemos de ese adjetivo en particular.

─Sí, mejor.

En cambio, la voz de Midorima sonaba ridículamente forzada ¿Para qué empeñarse de más, en cualquier caso? Mejor empleo de su tiempo era colocar su mano en el hombro de Himuro mientras mantenía contacto visual con él, lo que inevitablemente le llevó a perderse un rato en su rostro.

Estaba actuando de una manera tan impulsiva como jamás se lo había permitido hasta ese momento, pero ser consciente de eso importaba muy poco ya.

El bonito momento romántico, o lo que pretendiera ser eso, se vio interrumpido por Nijimura, quien estuvo obligado a regresar en busca de apoyo después de que su paciencia fuera colmada por Takao y su cháchara.

─Escuchen, no es por sonar claustrofóbico, pero preferiría que fuéramos a…

Enmudeció ipso facto al ver la escena que se desarrollaba frente a sus castos ojos y Himuro sonrió al ver la cara de incredulidad que se cargaba su mejor amigo. Por Nijimura, y también por el bien de la cordura de Midorima, se puso en pie.

─Oh, lo sentimos, Shuu ¿Qué decías?

─ ¡No me salgas con esas! ─espetó Nijimura, recuperando la capacidad del habla y el mal humor─. ¿Qué se creen que estaban haciendo ustedes dos? ¿No pueden esperar a que salgamos de aquí para eso? Miren que si los pillara alguien de seguridad haciendo sus cosas en el submarino… ¡Ni crean que yo responderé por ustedes!

─ ¡No es lo que tú crees! ¡En lo absoluto! ─se defendió Midorima a la desesperada, poniéndose en pie.

Lamentablemente, la dignidad sí que se le quedó por los suelos.


Nijimura no pudo callarse el incidente del submarino, no. Aparentemente tenía que contárselo al más cotilla del rumbo o no iba a estar contento consigo mismo.

─ ¡No me puedo creer que hayan estado de manita sudada en el submarino apenas les quitamos el ojo de encima! ¿Quién lo diría de ti, Shin-chan? Tan seriecito que te ves y todo.

Midorima estaba seguro de que jamás iba a escuchar el fin de esa cantaleta, ni cuando se regresaran a Japón. Se preguntaba si podría echar a Takao al mar desde la popa del Queen Mary y qué tantas posibilidades tendría para hacerlo pasar como un desafortunado incidente. Al fin y al cabo, Oha-Asa, su puesto número uno en el ranking y su artículo de la suerte, esa revista con la portada de Miley Cyrus, le respaldaba.

¿Lo peor? Himuro actuaba como si la cosa no fuera con él.

─ ¿Sabían que se dice que el Queen Mary está embrujado? Mucha gente ha muerto en este barco, aparentemente ─contó el muy descarado, fungiendo de guía turístico de cuarta─. Incluso en Halloween se hacen fiestas aquí. Ojalá estuvieran aquí para esas fechas, esas fiestas no están nada mal.

─Jo, estás cambiando el tema ─se quejó Takao, sin intenciones de olvidarse de su primicia.

El pobre estaba realmente frustrado por no poder sacar más información a Himuro sobre lo acontecido en el submarino. Aparentemente él hacía un mejor trabajo que Midorima en el arte de esconder sus emociones: mientras Himuro portaba su poker face con mucha gracia –eso era porque no la estaba manteniendo, esa era su naturaleza-, Midorima era un libro abierto. Uno que expresaba puros instintos homicidas hacia su persona, por cierto.

Nijimura, en cambio, si estaba interesado en esa experiencia enriquecedora y escuchaba atentamente al guía, lejos de la pantomima que era la interacción entre Midorima, Tatsuya y el agregado de Takao.

Justo en ese momento el guía les contaba la bonita historia de la gente que había tenido la mala fortuna de morir entre las aspas del barco. Para amenizar el día, sí.

─Puede que éste lugar sea aún más tenebroso que el Scorpion ─comentó Midorima, subiéndose los lentes. Él también apoyaba el cambio de tema de conversación.

─Pero seguro después cambia mucho, ya ves, como el Titanic. Pura clase.

Takao tuvo toda la razón, pese a lo estúpido de su comentario: El Queen Mary era uno de los lugares más elegantes que Midorima había visto en su existencia, y eso que alguna vez entró a la mansión de los Akashi. Que sí, que hedía a abuela pedorra, pero ese era un solo punto en contra; tenía ese aire antiguo y aristócrata propio de los occidentales que le daba un no sé qué al sitio. También estaba el problema de que se decía que estaba embrujado, aparentemente ningún lugar podía ser perfecto.

─Aquí suelen venir parejas de recién casados ─dijo Himuro. El guía los había dejado a la deriva, así que era su deber tomar el relevo─. Es un hotel peculiar.

─Pues yo no sé a qué mierdas quiere venir una pareja de recién casados a un lugar que apesta a viejo ─gruñó Nijimura, completamente ciego a la magia del amor.

─Agh, qué poco romántico que eres, Shuu-chan. Por eso ni tú ni Shin-chan tienen novia ─se burló Takao, para variar─. Apuesto que sólo Tatsu-chan y yo podemos apreciar lo bonito que es que una pareja de casados ande por aquí.

─Bueno…─empezó Himuro, con una sonrisa tan educada como falsa.

─A mí no me metas en tus cosas, Takao ─se indignó Midorima ¿Por qué siempre tenía que sacarlo a colación para todo?

─Aparte de romántico no tiene nada, punto ─se emperró Nijimura, sin entender aún cómo es que desde un principio Takao se había tomado la libertad de hablarles por su nombre de pila.

Claro que el Queen Mary no era solamente lujo, alfombras apolilladas y romance en el aire junto a olores ancestrales. Aprendieron un poquitín de su historia y la vida de los capitanes del ex crucero, quienes, haciendo la comparativa con los desgraciados rusos del Scorpion, vivieron en un lecho de rosas y lujo.

Pero lo verdaderamente emocionante, en opinión de Takao, fue subir a la cubierta y explorar la proa.

A Midorima se le ocurrió que ese punto en específico era muy parecido a lo que había visto alguna vez en esa película de Titanic, claro que él no iba a decir semejante mamarrachada frente a Nijimura y muchísimo menos ante Himuro Tatsuya. Además, para eso tenía a Takao, quien se encargaba de decir las estupideces que él se callaba.

─ ¡Soy el rey del mundo!

─ ¡Oye, que te vas a caer!

Al final Nijimura había conseguido quitar a Takao de la proa donde bien pudo haberse matado. Midorima pensó que no todo en la vida podía ser perfecto.

─Oh, pero qué aguafiestas resultaste ser, Shuu-chan.

Mientras Nijimura se cagaba en los ancestros de Takao, él hizo uso de su Ojo de Halcón para evaluar el ambiente. El sol ya se estaba poniendo y el ambiente era propicio para una bonita escena romántica entre Midorima y Himuro, si es que ellos cooperaban con la causa. Claro que para eso se tenía que deshacer de Shuu, y lo consiguió con los métodos menos ortodoxos, así le costara la vida.

─ ¡Devuélveme el celular, joder!

Los dos comenzaron una humillante callera en la cubierta. Pobre Takao, seguramente allí iba a encontrar su muerte.

─Ah, no cambiarán ─suspiró Himuro, recargándose en el barandal y de paso poniendo nervioso a Midorima.

─Tal vez no deberías recargarte allí.

La sonrisa que le lanzó Himuro le erizó todos los pelos verdes de la nuca. Desde lo sucedido en el Scorpion estaba confirmado que ese chico parecía querer llevárselo a lo oscurito, pero con cada pequeña acción le echaba más leña al fuego de la pasión que ni siquiera sabía que era capaz de mantener.

─No te preocupes. No voy a intentar saltar como Rose.

─No es que se me haya cruzado eso por la cabeza, sólo para aclarar ─musitó Midorima y, como quien no quiere la cosa, se recargó a un lado de él para contemplar la puesta del sol.

Ambos se dedicaron a contemplar el bello paisaje que componía Long Beach, ajenos a los gritos de Nijimura y Takao en algún lugar del crucero. No tenía ningún caso ponerle atención alguna a sus trivialidades cuando podían emplear el tiempo en algo mejor.

Por ejemplo: Himuro encontró que era el momento idóneo para recargar su brazo contra el de Midorima, compartiendo el calor y el contacto físico de una manera un poco más natural, a diferencia de lo que les había sucedido en el submarino. Menuda sorpresa se llevó al encontrarse con que así estaba mucho más a gusto, compartiendo un silencio agradable y un pedacito de tiempo que probablemente no volvería a suceder después, por lo tanto, la mejor opción era disfrutarlo hasta que se les acabara.

Además, el verano aún no terminaba. Ya se encargarían de experimentar más instantes valiosos.


Notas de la autora:

¡Hola! Sé que prometí actualizar pronto, pero por muchas razones se me complicó hacerlo. Espero tardar menos para la otra.

Aún no sé si meter NijiTaka como pareja secundaria, depende del desarrollo y de si les agrada la idea o no. En lo personal, me gusta tanto como una relación amistosa como en el plan romántico. Pero ya veremos. Probablemente esto tenga dos capítulos más (no sé en qué momento se alargó tanto), así que me dará tiempo de pensar.

¡Hasta la otra!